19 de septiembre de 2021

Ser como un niño

Mc 9, 30-37

 

30 Y saliendo de allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera, 31 porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: ‘El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le  matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.’ 32      Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. 33 Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: ‘¿De qué discutíais por el camino?’ 34 Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. 35    Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: ‘Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.’ 36 Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: 37 ‘El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado.’”

 

COMENTARIO

 

Tampoco debería extrañarnos que aquellos hombres, que apenas habían entendido nada de lo que les estaba enseñando el Hijo de Dios, tampoco comprendiesen aquello de que su Maestro iba a morir y luego a resucitar.

 

Al contrario era la verdad: no entendían casi nada y lo único que les preocupaba era saber, por decirlo pronto, quién era el primero de ellos porque querían el poder que ellos entendían que eso suponía.

 

Sin embargo, las cosas no iban por ese camino sino que, al contrario, debían ser como niños si es que querían ser recibidos por Dios. Y ellos, seguros estamos de eso, aún se extrañaron más que Cristo les hablara así de aquellas personas, los niños, a los que ellos consideraban tan poca cosa…

 

JESÚS,  gracias por poner las cosas en su sitio.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

18 de septiembre de 2021

Salió el sembrador…

Lc 8, 4-8.11-15



"Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, Él les dijo, valiéndose de una parábola: 'El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas, y éstas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno'.

Y una vez que dijo esto, exclamó: '¡El que tenga oídos para oír, que oiga!'

Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: 'A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.

La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.

Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás.

Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia'”.


COMENTARIO

Si hay una parábola que nos muestra hasta dónde podemos llegar en cuanto fieles discípulos de Cristo e hijo de Dios es la llamada “del sembrador”. Y es que en ella podemos apreciar los niveles, por decirlo así, de fe a los que podemos llegar siendo alguno de ellos más común de lo que creemos y, a lo mejor, alguno que otro menos común aunque debería ser el más común de todos.

Nosotros somos la tierra donde el sembrador, que suponemos es Dios mismo, pone la semilla de la fe para que la misma crezca. Sin embargo, no siempre estamos preparados para recibir tal semilla y muchas veces la cosecha no es buena y no damos buen rendimiento espiritual.

El caso es que nosotros deberíamos ser como la tierra bien preparada para recibir la semilla de la fe y que, luego, diera un rendimiento alto, más que alto, altísimo.


JESÚS, gracias por poner sobre la mesa que debemos ser tierra buena.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de septiembre de 2021

Aquellas mujeres


Lc 8, 1-3


1 Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce. 2 y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios. 3 Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes. “



COMENTARIO


Este texto del Evangelio de San Lucas nos muestra que, en tiempos del Hijo de Dios, Jesucristo fue un avanzado a su tiempo y trató por igual a hombres y a mujeres. Pero no lo hizo por algún tipo de modernidad ni nada por el estilo sino porque siempre protegía a las personas más desprotegidas como, en su tiempo, decimos, era la mujer. Y por eso, además de los DOCE lo acompañaban una cantidad grande de mujeres a las que, además, se las nombra.

Seguramente, hoy día no parece importante eso del nombre. Sin embargo, en las Sagradas Escrituras que alguien aparezca sin nombrarlo es signo inequívoco de desprecio. Y aquí las mujeres son citadas por nombre por lo que podemos entender que se les daba mucha más importancia de la que parece y la que, hoy día, se insinúa al respecto de Cristo o, mejor, de los discípulos que luego vinieron.



JESÚS, gracias por tu bondad y misericordia.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de septiembre de 2021

La fe mueve corazones

Lc 7, 36-38.41-50


"Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de Él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: 'Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!'

Pero Jesús le dijo: 'Simón, tengo algo que decirte'. 'Di, Maestro', respondió él.

'Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?' Simón contestó: 'Pienso que aquél a quien perdonó más'.

Jesús le dijo: 'Has juzgado bien'. Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: '¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados. Por eso demuestra mucho amor. Pero aquél a quien se le perdona poco demuestra poco amor'.

Después dijo a la mujer: 'Tus pecados te son perdonados'".


COMENTARIO


El caso que nos muestra hoy el Evangelio de San Lucas nos viene muy bien para muchas cosas. Y es que aquella mujer que entró donde había sido invitado el Hijo de Dios destapó muchas cosas.

En primer lugar, destapó los corazones de muchos de los presentes que, al parecer, se creían mejor que ella porque se creían no pecadores mientras que ella era considerada una pecadora pública. Pero no comprendían que sus corazones podían esconder el pecado.

En segundo lugar, destapó el amor de Cristo por aquellas personas que pecan. Y es que aquella mujer fue perdonada de sus pecados porque mostró gran amor por el Maestro y porque sabía que sólo Él podía comprenderla.


JESÚS, gracias por ser bueno y misericordioso.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de septiembre de 2021

Y nos la dio por Madre

Jn 19,25-27



Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre,María, mujer de Clopás, y María Magdalena. 26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo.’ 27 Luego dice al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre.’ Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.”


COMENTARIO


Este momento de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es, por un lado, más que entrañable pero, sobre todo, es la base de una fe arraigada en la Voluntad de Dios pues el momento en el que el Hijo de Dios nos entrega a su Madre.

Son pocos, como vemos, los que se encuentran junto a la Cruz en aquel momento tan difícil como debió ser el de la muerte de Cristo. Y entre ellos se encuentra Juan, aquel joven que quiso dejarlo todo para seguir al Maestro de Nazaret y que será quien reciba a María en su casa.

El caso es Jesucristo sabía muy bien en el desamparo que podía quedar su Madre. Por eso se la entrega a Juan para que en ella viera a una Madre como la había visto él mismo.



JESÚS, gracias por entregar a María para que fuera Madre nuestra.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de septiembre de 2021

Para que el mundo se salve

Jn 3, 13-17



13 Nadie ha subido al cielo sino el que ajó del cielo, el Hijo del hombre. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna. 16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.”

COMENTARIO

Verdaderamente, las palabras que contiene ese texto del Evangelio de San Juan son tan importantes que nunca deberían ser olvidadas por todo aquel que tenga el anhelo de la vida eterna.

En muchas ocasiones el Hijo de Dios dice, en estas pocas palabras, qué es lo que debemos hacer si ansiamos la vida eterna. Y lo dice de forma más que sencilla atribuyéndose lo que es Voluntad del Todopoderoso y que no es otra cosa que haber sido enviado al mundo para que el mundo se salvase.

Lo dice bien claro: todo el que crea en Jesucristo y, como podemos imaginar, eso demuestre a lo largo de su vida con acciones y, a veces, con omisiones (como no caer en el pecado, por ejemplo) se salvará. Es así de sencillo y así se simple: quien crea en Cristo alcanzará la vida eterna. Y ya.


JESÚS, gracias por ponernos sobre la pista de la vida eterna.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de septiembre de 2021

La fe mueve corazones

Lc 7, 1-10

 

“Jesús entró en Cafarnaúm. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a sanar a su servidor. Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: ‘Él merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga’. Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: ‘Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo –que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes– cuando digo a uno: ‘Ve’, él va; y a otro: ‘Ven’, él viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘¡Tienes que hacer esto!’, él lo hace”. Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: ‘Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe”’ Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

 

COMENTARIO

 

 

El caso de aquel centurión que pide, con toda humildad y fe, es síntoma de lo que debe hacer un creyente y que no es otra cosa que creer. Y es que aquel hombre confiaba en el Maestro de Nazaret y sólo podía esperar algo bueno de su ser y actuar.

 

Este texto del Evangelio de San Lucas es un ejemplo de qué es lo que nosotros debemos hacer. Y no se trata de algo que pudiera considerarse grandilocuente sino, al contrario, bien sencillo: creer.

 

La fe mueve el corazón del Hijo de Dios. Y lo mueve en beneficio de aquel que pide intercediendo por su prójimo a quien, como aquí vemos, quería mucho. Y eso sólo pudo derretir el corazón de Cristo.

 

 

 

JESÚS,  gracias por ser bueno y misericordioso.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

12 de septiembre de 2021

Saber quién es Cristo

 

Mc 8, 27-35

 

27 Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus  discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que soy yo?’ 28 Ellos le dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.’ 29 Y él les preguntaba: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’’ Pedro le contesta: ‘Tú eres el Cristo.’ 30 Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. 31 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. 32 Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. 33 Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.’ 34 Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí  mismo, tome su cruz y sígame.35 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará’”.

 

COMENTARIO

 

No es nada extraño que cuando alguien nos dice que va a sufrir mucho por culpa de otros intentemos que eso no sea así porque no comprendemos que pueda serlo Y eso es lo que pasa con Pedro.

 

Pedro no quiere el mal para el Hijo de  Dios. Y eso no es nada raro sino, humanamente, comprensible. Sin embargo, Jesucristo, que conocía a la perfección la Voluntad de Su Padre, sabía que su discípulos hablaba como hombre.

 

De todas formas, bien lo dice Jesucristo: quien quiera salvar su vida, la eterna, deberá perder la mundana. Sólo así es posible alcanzar la existencia que añora todo hijo de Dios.

 

JESÚS,  gracias por mostrarnos el camino hacia el Cielo.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de septiembre de 2021

No conviene ser necios

Lc 6, 43-49


"No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.

El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla su boca.

¿Por qué ustedes me llaman: 'Señor, Señor', y no hacen lo que les digo? Yo les diré a quién se parece todo aquél que viene a mí, escucha mis palabras y las practica. Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la inundación, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.

En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande."



COMENTARIO

Lo que nos dice en este texto el Hijo de Dios no es que no se entienda sino que, al contrario, se entiende más que bien. Y es que Jesucristo, que tiene la misión de que el mundo se salve, lo dice con toda claridad: no basta con escuchar la Palabra de Dios sino que, luego, hay que ponerla en práctica pues ya sabemos que el Creador nada malo quiere para su descendencia.

Es cierto y verdad que no hay mucha duda en esto: hay que ir en pos de Cristo para luego escuchar y poner en práctica. Y eso no parece nada raro ni que sea imposible de llevar a cabo. Sin embargo…

En realidad, no nos conviene ser como el necio que construye su casa sobre arena pues ya sabemos que, a las más mínima, se va a venir abajo. Al contrario de la verdad: debemos construir sobre roca, sobre la Roca que es Cristo. Y ya.



JESÚS, gracias por poner firmes fundamentos para vivir para siempre.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de septiembre de 2021

¡Cuidado con lo que creemos ser!

Lc 6, 39-42



39 Les añadió una parábola: ‘¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿ No caerán los dos en el hoyo? 40 No está el discípulo por encima del maestro. Todo el que esté bien formado, será como su maestro. 41 ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? 42 ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano. “

COMENTARIO

Lo que nos dice hoy el Hijo de Dios no es que esté lejos de la realidad o que esté exagerando Jesucristo sino que, al contrario, pone sobre la mesa una verdad más grande que el antiguo Templo de Jerusalén.

No es poco frecuente que nos demos cuenta de los errores que puedan cometer los demás y, es más, es hasta posible que se los hagamos ver para ver si los corrigen. Y eso, en forma de corrección fraterna no está mal.

Ciertamente, lo de arriba esta, digamos, bien pero deberíamos darnos cuenta de que nosotros también cometemos muchas faltas y pecados y que muchas veces bien no nos damos cuenta bien no queremos darnos cuenta. Y tales vigas, en muchas ocasiones, lastra nuestra visión espiritual y hasta la otra.



JESÚS, gracias por hacernos ver las cosas como son.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de septiembre de 2021

¿Ley?, la de Dios

Lc 6, 27-38


"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 'Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos. Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá'".



COMENTARIO

Ciertamente, al escuchar las palabras que recoge hoy el Evangelio de San Lucas y dichas por el Hijo de Dios, es más que posible que pensemos que lo que nos dice es muy difícil de llevar a cabo. Y es que amar a los enemigos no siempre es fácil, bendecir a los que nos maldicen, no siempre es fácil, rogad por los que nos difaman, no siempre es fácil, dar de lo nuestro, tampoco es siempre fácil y amar a los que nos odian… en fin, ¡qué decir de eso!

Lo bien cierto es que hacer eso es mostrar, o supone mostrar, que hemos comprendido la Voluntad de Dios para nuestra vida, para la vida de sus hijos. Y eso es lo que, por tanto, debemos llevar a cabo por muy difícil que nos resulta pues a veces, dada nuestra tozudez y falta de fe, es, simplemente, imposible.



JESÚS, gracias por ponernos en el buen camino.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de septiembre de 2021

Nace María, Madre de Dios y Madre nuestra

María, pequeño retoño de Dios

venido al mundo

para que el mundo se salve;

María, luz entre las luces

que Dios ha puesto,

salvadora de los hombres

y esperanza de una humanidad

cansada y tibia.

 

María, naces por Voluntad

del Padre,

Inmaculada, Virgen serás siempre

e intercesora de tus hijos

los hombres.

 

María, recordamos que tu corazón

diría sí, luego, años después.

Y así, en aquel momento,

Ana y Joaquín, tus padres del mundo,

supieron que Dios es grande

y es bueno.

 

María, recordamos tu nacimiento

y la venida al mundo

de la Mediadora.

 

María, ahora que hay quien no cree,

que hay quien blasfema,

que hay quien no ama a Dios, tu Padre y el nuestro,

María, decimos, pide al Creador

por aquellos que no aman, que blasfeman,

que no creen.

 

María, amada y anhelada María,

ahora naces para cada uno de nosotros

y nosotros te agradecemos que quisieras, luego,

que todos fuéramos hijos tuyos.

 

María, hoy naces y lo haces siempre,

en nuestro corazón, como otra Natividad,

la que Dios quiso que fuera, con la tu hijo,

ejemplo.

 

María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros.

 

  

Eleuterio Fernández Guzmán

7 de septiembre de 2021

Y escogió a Doce

 

Lc 6,12-19

 

“En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 


Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos”.

 

 

COMENTARIO

 

 

Jesús oraba mucho. Decir eso pudiera parecer algo normal. Sin embargo, hay que añadir, además de que fuera normal que orara mucho, que lo hacía para encontrar respuesta a lo que su corazón le estaba pidiendo. Y eso hace en esta ocasión.

 

Jesús ha de escoger a los que estarán más cerca de Él. Y escoge no a ilustres personajes de su tiempo sino a personas humildes con trabajos humildes. Los quiere así porque su corazón no estaba viciado de las tergiversaciones a las que habían llegado los “sabios” acerca de la Ley de Dios.

 

No tarda nada Jesús en enseñar a sus apóstoles. En cuanto bajan de allí se encuentran a mucha gente que quiere ver al Maestro. Y el Maestro no les niega su ayuda sino que, al contrario, cura a todo enfermo y transmite la Palabra de Dios a todo aquel que quiera escucharle.

 

 

 

JESÚS, aquellos a los que escoges para ser sus apóstoles, tus principales testigos, ven lo que puedes hacer. Ayúdanos a creer como ellos creyeron.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

6 de septiembre de 2021

Una lección de misericordia

 

Lc 6,6-11

“Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate y ponte ahí en medio’. Él, levantándose, se puso allí. Entonces Jesús les dijo: ‘Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla’. Y mirando a todos ellos, le dijo: ‘Extiende tu mano’. Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.”

 

 

COMENTARIO

 

Los que persiguen a Jesús aprovechan cualquier situación para ponerlo en entredicho y hacer ver que, según ellos, incumple muchos preceptos de la Ley. Aquel del sábado, además, era de los más importantes.

 

Jesús sabe, sin embargo, que su misión no consistía en contentar a los poderosos sino en tener en cuenta a los necesitados y aquel hombre, que tenía la mano derecha seca, no era poco necesitado. Y lo cura.

 

Ellos, los que lo persiguen, no creen que sea importante curar sino hacerlo en sábado. Y Jesús, que tenía más claras las prioridades a seguir y a tener en cuenta, no duda lo más mínimo en hacer lo que debe hacer. Por eso los malvados se preguntaban qué iban a hacer con Jesús…

 

 

JESÚS, ayúdanos a tener en cuenta la misericordia de Dios.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

5 de septiembre de 2021

Todo lo hace bien

 

Mc 7, 31-37

 

 

“31 Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. 32 Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. 33 El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.    34 Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: = ‘Effatá’, que quiere decir: ‘¡Abrete!’35 Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. 36 Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. 37 Y se maravillaban sobremanera y decían ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.’”

 

 

 

COMENTARIO

 

 

No es nada raro que hubiera quien se extrañara de lo que hacía el Hijo de Dios porque no entraba en su cabeza aquello que era, verdaderamente, extraordinario.

 

Es cierto y verdad que aquella persona lo estaba pasando más que mal en su situación: sordo y, como podemos imaginar, casi mudo, no tenía un lugar muy apropiado para vivir en aquella sociedad.

 

Tampoco nos extraña nada de nada que dijeran de Jesucristo que todo lo había hecho bien porque es más que seguro que conocieran todos sus haceres y decires y de eso sólo se podía decir que, en efecto, todo lo había hecho bien.

 

 

 

JESÚS,  gracias por hacerlo todo bien.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de septiembre de 2021

Señor del sábado

Lc 6, 1-5



"1.Sucedió que cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. 2. Algunos de los fariseos dijeron: '¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?' 3.Y Jesús les respondió: '¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, 4.cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?' 5.Y les dijo: 'El Hijo del hombre es señor del sábado.'"



COMENTARIO

En no pocas ocasiones, aquellos que se creen y se sienten sabios tienen por conveniente afear la conducta del Hijo de Dios o de aquellos que lo acompañan. Y es que tienen por bueno su conocimiento de la ley y eso les hace tenerse por mejores que los demás.

Jesucristo, como suele pasar siempre, aprovecha la ocasión para decir mucho sin, apenas, decir mucho, muchas palabras. Y es que dice eso de que “El hijo del hombre es Señor del sábado”. Y ahí quedó la cosa.

Muy sabían aquellos que le preguntaron a Cristo lo que le preguntaron qué es lo que quería decir aquel Maestro de Nazaret diciendo aquello. Y es que quería decir que Él era el Mesías, el hijo del hombre. Y ya podemos imaginar que se rasgó más de una vestidura...


JESÚS, gracias por decir las cosas como deben ser dichas a pesar de muchos.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de septiembre de 2021

Odres y corazones

Lc 5, 33-39


"Los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: 'Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben'”.

Jesús les contestó: '¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar'.

Les hizo además esta comparación: 'Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a éste no quedará bien en el vestido viejo. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. El vino nuevo se pone en odres nuevos. Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: el añejo es mejor'”.


COMENTARIO

Es más que común que el Hijo de Dios utilice expresiones que todos conocen para predicar y que, así, se le entienda mejor. Eso lo hace muchas veces y a lo largo de la Sagrada Escritura lo podemos ver. Y eso es lo que hace ahora cuando necesita que comprendan los que le escuchan que lo que debió pasar… pues debió pasar.

El caso es que eso de los odres viejos y los odres nuevos y, por tanto, el vino viejo y el vino nuevo lo dice Jesucristo porque sabe muy bien que la doctrina santa que viene a traer al mundo no puede acogerse en un corazón dado a las cosas viejas de la fe. Por eso necesita que se cambie el corazón, el odre viejo, y se mude a uno nuevo, el odre nuevo pues, de tal manera, podrán recibir la Buena Noticia sin estropicios espirituales sino, al contrario, con gran provecho para quien eso haga.

Pues eso es lo que pasa hoy mismo con nosotros y ahora.



JESÚS, gracias por ser claro sobre lo que nos conviene.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de septiembre de 2021

Seguir a Cristo

Lc 5, 1-11


"En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y Él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: 'Navega mar adentro, y echen las redes'.

Simón le respondió: 'Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si Tú lo dices, echaré las redes'. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: 'Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador'. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.

Pero Jesús dijo a Simón: 'No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres'.

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron."



COMENTARIO

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que aquellos que vivían en tiempos de la primera venida al mundo estaban necesitados de señales a la hora de creer en lo que alguien podía sostener. Y eso es lo que pasa con aquellos que, viendo lo que hacía Jesucristo, le siguen.

No es nada anormal sorprenderse cuando alguien dice que el pescado está en un sitio determinado y luego… ¡está ahí! Y eso sólo podía suponer que aquella persona, el Hijo de Dios, es capaz de ordenar a los peces que vayan a un sitio a morir.

Lo último que se nos dice aquí es muy importante: aquellos hombres lo dejaron todo y siguieron al Maestro de Nazaret. Y eso que aún no habían visto nada de lo que aún tenían que ver.



JESÚS, gracias por hacer lo que debías hacer para que todos vieran y entendieran.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de septiembre de 2021

La Buena Nueva del Reino


Lc 4, 38-44

"Al salir de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y ésta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.

Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y Él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. De muchos salían demonios, gritando: '¡Tú eres el Hijo de Dios!' Pero Él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.

Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero Él le dijo: 'También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado'”.


COMENTARIO

No nos extraña nada de nada que aquellos que contemplaban lo que hacía el Hijo de Dios quisiesen acercarse a Él lo más posible. Y es que ver curar a enfermos, digamos, uno detrás de otro, sólo puede causar admiración y saber, saberlo de verdad, que Quien eso hace sólo puede ser el Enviado de Dios, el Mesías. Y por eso había muchas personas que perseguían, literalmente, a Jesucristo y querían estar con Él.

El caso es que Jesucristo, para aquellos que aún puedan dudar, sabía más que bien que era el Hijo de Dios. Por eso dice que había venido al mundo para anunciar la Buena Noticia, que el Reino de Dios había, por fin, llegado.

Y había quien, en aquellos tiempos, aún tenían dudas...




JESÚS, gracias por haber traído, en ti, el Reino de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán