6 de febrero de 2021

No querer tener pastor

Mc 6, 30-34



“ 30 Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que había enseñado. 31 Él, entonces, les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco’, pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. 31 Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. 33 Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. 34 Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.”



COMENTARIO



Lo que nos dice este texto del Evangelio de San Marcos tiene todo que ver, primero, con el Amor de Dios y, luego, con la misión que había venido a cumplir Su Hijo al mundo.


Aquellas personas seguían a Jesucristo. Seguramente, algunas de ellas para ver a un Maestro famoso o porque querían ver cómo hacía signos. Otras, sin embargo, lo seguían porque de verdad creían en su Palabra y querían escucharla.


El Hijo de Dios tiene compasión de tales personas. Y los que nos dice el texto es que estaban como las ovejas que no tienen pastor y que están perdidas y, seguramente, acabarán perdiéndose por los montes o por los prados. Y eso no estaba dispuesto a que siguiera pasando. Y les enseñó… porque era su misión.




JESÚS, gracias por cumplir tu misión, además, con gozo y con Amor.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de febrero de 2021

Sacrificio de Juan

Mc 6,17-20a.21-29


Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: 'Pídeme lo que quieras, que te lo daré'. Y le juró: 'Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino'. Ella salió a preguntarle a su madre: '¿Qué le pido?'. La madre le contestó: 'La cabeza de Juan el Bautista'. Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: 'Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista'. El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro."



COMENTARIO


Lo que le pasa a Juan el Bautista, por decirlo así, era la crónica de una muerte anunciada. Y es que la labor que había estado llevando en el desierto pero, sobre todo, el hacerle ver a Herodes que no hacía las cosas bien según la Ley y la Voluntad de Dios, no le granjeó algunas amistades que eran verdaderamente peligrosas.


Aquel hombre, Herodes, era víctima de sus vicios y pasiones. Por eso, cuando se ve en la tesitura de cumplir con la palabra que había dado (que era ya algo exagerada) se ve obligado a hacer que corten la cabeza de El Bautista.


Aquel hombre, Juan, había cumplido con la misión que le había sido encomendada: primero, predicó la venida del Mesías; luego, identificó al Cordero de Dios y luego, para cumplirlo todo, se dejó quitar la vida por ser, también eso, fiel a Dios.



JESÚS, da las gracias a tu primo Juan por ser tan fiel.



Eleuterio Fernández Guzmán

4 de febrero de 2021

Predicar

Mc 6, 7-13


"Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.' Y les dijo: 'Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.' Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban."





COMENTARIO



Lo que hace el Hijo de Dios con aquellos que había escogido era meterlos de lleno en la predicación de la Buena Noticia. Tenían que ser mensajeros de la Palabra de Dios y poner negro sobre blanco todo lo que había venido a hacer y decir Jesucristo.


Debían estar sometidos totalmente a la Voluntad de Dios y a su Santa Providencia pues, como dice en otro sitio Jesucristo quien trabaja para Dios bien merece su salario.


Por otra parte, algo dice en contra de aquellos que no recibían o reciben a Dios en su corazón. Y es que, como también dice Cristo en otro lugar, aquellos ya están juzgados...




JESÚS, gracias por ser tan claro.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de febrero de 2021

La falta de fe

 

Mc 6,1-6

 

En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: ‘¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?’. Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio’. Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando”.

 

 

COMENTARIO

 

En la llamada “vida pública” de Jesús tuvo oportunidad de acudir a muchos lugares. Allí donde iba predicaba y, si era necesario, llevaba a cabo extraordinarios portentos propios del poder de Dios que llevaba en su corazón y en su alma.

 

Todos los lugares, sin embargo, no estaban igual de preparados para recibir una doctrina nueva. El caso es que a Jesús le importaba mucho la fe de sus contemporáneos. Por eso aceptaba muy bien cuando se le pedía y quien pedía confiaban su Él.

 

Sin embargo, en su propia tierra parece que no le tenían mucha confianza. Ya habían dicho si es que aquel no era el hijo del carpintero como para hacerlo de menos. Por eso Jesús, como nos dice el texto bíblico, no pudo hacer allí mucho pues no tenían fe en el Hijo de Dios.

 

 

JESÚS, ayúdanos a tener mucha más fe que tus propios vecinos.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

2 de febrero de 2021

Cumplir con la Ley de Dios

Lc 2, 22-35.39-40


"Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era un hombre justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 'Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel.'
Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: 'Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.'
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él.




COMENTARIO



En realidad, los padres del Hijo de Dios no hacían nada raro con llevar al Niño a ser presentado al Todopoderoso. Era lo establecido por la ley y ellos no iban a hacer un feo a Quien todo lo había hecho y mantiene.


Tampoco era extraño que Simeón allí estuviera porque era lo normal. Ya llevaba mucho tiempo haciendo eso. Lo que pasa es que aquel día de la Presentación del Señor en el Templo él sabía que iba a ver al Hijo de Dios o, al menos, se dio cuenta de lo que había tenido tan cerca como para reconocerlo.


Nos dice la Santa Escritura que pasando eso se cumplió la Ley o, mejor, que todo se cumplió según la Voluntad del Creador. Y así se daba inicio la vida, digamos, pública de Cristo.




JESÚS, gracias por haber venido al mundo.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de febrero de 2021

El poder de Dios

Mc 5, 1-2.6-13.16-20

 

“Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él y gritó con fuerte voz: ‘¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.’ Es que él le había dicho: ‘Espíritu inmundo, sal de este hombre.’ Y le preguntó: ‘¿Cuál es tu nombre?’ Le contesta: ‘Mi nombre es Legión, porque somos muchos.’ Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: ‘Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.’ Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara -unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan junto a Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: ‘Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.’ Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.

 

 COMENTARIO


El caso es que aquellos demonios de los que nos habla la Escritura Santa, la verdad, tenían ganas de fastidiar. Y es que, una vez que reconocen al Hijo de Dios y saben que van a ser expulsados de allí donde están produciendo tanto daño, aún piden al Señor que los envíe a unos cerdos que por allí había. Y es que ellos tienen como misión fundamental incordiar al ser humano o, en todo caso, a lo suyo. Y eso es lo que hacen.

 

Allí hay quien, sin embargo, muy a pesar de haber visto cómo es liberado del Mal uno de los suyos, prefiere que lo “suyo” particular no sufra menoscabo. Y le pidieron que se fuera de allí no fuera a ser que aún salieran más perjudicados en sus espurios intereses.

 

Sin embargo, allí había alguien que era inmensamente feliz y no era otra persona que aquella a la que Jesucristo había liberado de la posesión demoníaca. Y quería proclamarlo todo como, además, Cristo mismo le había dicho.

 

JESÚS,  gracias por liberarnos del Mal.

 

Eleuterio Fernández Guzmán