14 de agosto de 2021

Ser como un niño

 Mt 19, 13-15


13 Entonces le fueron presentados unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. 14 Mas Jesús les dijo: ‘Dejar que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos’. 15 Y, después de imponerles las manos, se fue de allí.”


COMENTARIO

Tampoco es difícil entender que aquellos que estaban más cerca de Jesús no quisiesen que los niños se le acercasen. Y es que el niño era muy poco tenido en cuenta en tiempos del Hijo de Dios.

Sin embargo, también en aquella circunstancia iban a aprender una lección que debería ser muy importante para ellos y es que aquellos pequeños, aquellos que tenían un corazón limpio aún no corrompido por el mundo, eran muy importantes para Dios. Y ellos, sus discípulos, debían respetar que se le acercasen porque, como dice Jesucristo, hay que ser como un niño para alcanzar el Reino de los Cielos.

El caso es que es fácil decir que un niño… vamos, como que poco sabe. Sin embargo, lo que es importante para Jesucristo no es lo que puedan o no saber sino que tienen el corazón limpio y preparado para recibir a Dios.


JESÚS, gracias por enseñar una verdad tan grande.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de agosto de 2021

Tener en cuenta la Voluntad de Dios


Mt 19, 3-12


"Se acercaron a Jesús algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: '¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”'

Él respondió: '¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, ‘los hizo varón y mujer’; y que dijo: ‘Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne’? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.
Le replicaron: “Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?”''

Él les dijo: 'Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así. Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio'.

Sus discípulos le dijeron: 'Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse'. Y Él les respondió: 'No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!'”

COMENTARIO

Dice el texto bíblico que había quien quería poner a prueba al Hijo de Dios. A veces pensamos que era por ignorancia pues, como bien dice en un momento trágico de su vida, había quien no sabía lo que hacía. Y, en realidad, es seguro que muchos no sabían lo que hacían pero habría alguno que sí lo sabía…

Aquellas preguntas que le hacen a Jesucristo como para cogerlo en un renuncio y, luego, poder utilizar las respuestas en alguna acusación que les viniera bien, estaban hechas por personas que no podían saber que era Dios hecho hombre pues, de otra manera no se entiende que pudieran ser tan necios como para no saber que jamás iban a cogerlo en un renuncio…

El caso es que, como muy bien dice el Hijo de Dios, fue por la dura cerviz y la dureza del corazón por lo que Moisés prescribió que era admisible el acta de divorcio. Vamos, porque no eran capaces de entender que Dios creó al hombre y a la mujer y fue Él mismo quien ofició, como testigo privilegiado, la unión de Adán y Eva. Pero eso, seguramente, quedaba muy lejos para según qué personas...



JESÚS, gracias por dar a entender con toda claridad Tu Voluntad.



Eleuterio Fernández Guzmán

12 de agosto de 2021

Un buen comienzo


 

Setenta veces siete

  Mt 18, 21-35

  

“21 Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’ 22 Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete’. 23 ‘Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. 26 Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.’ 27 Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes.’ 29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.’ 30 Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. 31 Al ver  sus compa1ñeros lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. 32 Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste’. 33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’ 34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.

 

 COMENTARIO

 

El ejemplo que pone el Hijo de Dios a Pedro para que comprenda lo que supone perdonar quizá le sirvió a quien, tiempo después, debería ser perdonado.

 

Aquel siervo debía mucho dinero. Mucho se le debía perdonar. Y su señor le perdona mucho porque mucho le debía. Y debía mostrar agradecimiento. Y a su señor seguro que se lo mostró. Pero no hizo lo mismo con quien a él le debía muy poco.

 

Perdonar lo poco es, también, importante. Pero, de todas formas, el perdón debe alcanzar a todas las ofensas que se nos infieran porque ya dice Jesucristo que debemos perdona… siempre.

 

 

JESÚS,  gracias por enseñarnos, con tu vida, qué es el perdón y hasta dónde llega el mismo.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán