20 de enero de 2021

Ser bueno y misericordioso

Mc 3, 1-6


"Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: 'Levántate ahí en medio.' Y les dice: '¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?' Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: 'Extiende la mano.' Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle."



COMENTARIO


Ciertamente, este texto del Evangelio de San Marcos es más que terrible. Y es que muestra hasta dónde puede llegar un corazón que es de piedra y al que el prójimo le importa, exactamente, nada de nada.

Aquel hombre enfermo estamos seguros de que no lo pasaba nada bien Y es que tener la mano paralizada era una enfermedad verdaderamente incapacitante. Y eso enterneció el corazón del Hijo de Dios.

Otros, al parecer, preferían que aquel hombre siguiera enfermo pues, al parecer, no se podía curar en sábado. Y pensar de tal manera enfureció a Cristo en una de las pocas ocasiones en las que manifestó tal tipo de sentimiento y fue debido a que se dio cuenta del corazón que tenían aquellos que lo criticaban a Él y que, para colmo, se empezaron a confabular para matarlo...

JESÚS, gracias por ser misericordioso.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de enero de 2021

El Señor del sábado

Mc 2, 23-28

"Y sucedió que un sábado cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: 'Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?' Él les dice: '¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?' Y les dijo: 'El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.'" 


COMENTARIO


Lo que les dice el Hijo de Dios a los fariseos que le echan en cara que sus discípulos hagan lo que no está permitido en sábado les debió sentar más que mal porque era algo que ni querían oír y, menos, escuchar.

Aquellos discípulos, al parecer, habían hecho algo más que mal. Y es que los hombres, como tenían hambre, había cogido unas espigas para comer. Y aquello no les pareció bien a los estrictos vigilantes de la ley.

Sin embargo, se ven obligados a escuchar que aquel Maestro, que conoce muy bien las escrituras judías, es el Hijo del hombre y, por lo tanto, el Enviado de Dios, el Mesías. Y por eso podían hacer sus discípulos lo que hacían.



JESÚS, gracias por no arredrarte ante nadie.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de enero de 2021

Corazones de nuevos… de carne

Mc 1, 18-22

 

“18 Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le  dicen: ‘¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?’ 19 Jesús les dijo: ¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. 20 Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. 21 Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se  produce un desgarrón peor. 22 Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.”

  

COMENTARIO

 

Ciertamente, en este texto del Evangelio de San Marcos está muy bien que el Hijo de Dios advierta acerca de que sería cuando Él muriera, cuando se lo llevaran, cuando podrían ayunar sus discípulos. Sin embargo, hay algo más importante que no podemos olvidar porque es la esencia de nuestra fe o, mejor, de la posibilidad de tenerla de verdad y no de forma fingida.

El caso es que Jesucristo habla de pellejos, de odres, etc. Y lo que quiere decirnos es que si no tenemos un corazón nuevo, uno que de carne, no seremos capaces ni podremos aceptar la Buena Noticia. Y es que, como nos dice en este texto, lo nuevo no puede contenerse en lo viejo.

 

JESÚS,  gracias por dar a entender que debemos cambiar nuestro corazón para aceptarte a Ti.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de enero de 2021

Piedra

Jn 1, 35-42

 

35 Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. 36 Fijándose en Jesús que pasaba, dice: 'He ahí el Cordero de Dios'. 37 Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. 38. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: '¿Qué buscáis?'. Ellos le respondieron: 'Rabbi' – que quiere decir 'Maestro' - '¿dónde vives?'. 39 Les respondió: 'Venid y lo veréis'. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron aquel día. Era más o menos la hora décima.

 

40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. 41 Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: 'Hemos encontrado al Mesías', que quiere decir Cristo. 42 Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: 'Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas', que quiere decir 'Piedra'.

 

 

COMENTARIO

 

Es cierto que cuando el Hijo de Dios va escogiendo a los van a ser sus Apóstoles, sabe muy bien a quién escoge. Y es que siempre lo hace teniendo muy en cuenta las características de cada uno de ellos y, aunque a veces le afeen la conducta (como en el caso del recaudador Mateo) lo bien cierto que es que lo que hace, lo hace siempre bien.

 

En el caso de Pedro, que es llamado, digamos, de forma indirecta por su hermano Andrés que le dice que han encontrado al Mesías (¡Al Mesías!, nada más y nada menos), aunque el texto de hoy no nos dice que Pedro lo dejara todo para seguirlo (como sí pasa en otras ocasiones), lo bien cierto es que sabemos que sí, que lo dejó todo para ser, nada más y nada menos, que el primus inter pares, el primero entre los iguales o, lo que es lo mismo, sobre quien se iba a construir la Iglesia de Cristo.

 

 

JESÚS,  gracias por saber escoger muy bien a los tuyos aunque, a veces, no te respondamos bien.

 

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de enero de 2021

No necesitar médico

Mc 2, 13-17

"Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: 'Sígueme.' Él se levantó y le siguió.
Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: '¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?' Al oír esto Jesús, les dice: 'No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.'


COMENTARIO


El caso es que el Hijo de Dios sabía que, para que su misión se cumpliese era necesario que escogiese a los que, tras su muerte y resurrección iban a seguir difundiendo la Buena Noticia Y por eso escoge, por ejemplo, a personas como Mateo, recaudador de impuestos.

Es cierto que muchos no estaban de acuerdo con eso porque no entendían cómo era posible que un Maestro se juntara con según qué tipo de personas que consideraban pecadoras y, por tantos, debían permanecer lejos de los hijos elegidos por Dios.

Sin embargo, Jesucristo sabía muy bien que había sido enviado al mundo no para curar a los sanos sino, al contrario, para hacer lo propio con los enfermos y salvar a los que necesitaban salvación. Y eso hacía.



JESÚS, gracias por cumplir con tu misión salvadora


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de enero de 2021

Admirados por su poder

Mc 2, 1-12


"Entró de nuevo en Cafarnaún; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: 'Hijo, tus pecados te son perdonados.' Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: '¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?' Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: '¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?¿Qué es más fácil, decir al paralítico: `Tus pecados te son perdonados', o decir: `Levántate, toma tu camilla y anda?' Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: `A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.'» Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.'" 


COMENTARIO


Es bien cierto que muchas veces había, en tiempos de la primera venida al mundo, personas que le buscaban las vueltas y que esperaban cualquier ocasión para malmeter contra Jesucristo. Y aquella ocasión del paralítico les venía muy bien…

Aquel hombre contaba con la fe y la confianza de sus amigos. Y confiaban en el Maestro. Por eso lo acercan tanto a Jesucristo y están seguros de que lo va a curar y, en efecto, lo cura de su parálisis.

Ciertamente, hacer aquello y decir, además, que le perdonaba sus pecados, era una afrenta para según qué personas. Pero Jesucristo, que sabía a lo que había venido al mundo, era consciente de todo esto y, también, de que era Dios hecho hombre. De eso, también.



JESÚS, gracias por hacer lo que debías hacer en cada momento.


Eleuterio Fernández Guzmán

14 de enero de 2021

Le seguían a todas partes

Mc 1, 40-45

"Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: 'Si quieres, puedes limpiarme.' Enternecido, extendió su mano, le tocó y le dijo: 'Quiero; queda limpio.' Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: 'Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.' Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes." 


COMENTARIO


Es bien cierto que el pueblo judío estaba ávido de señales por parte de Dios de sus bondades. Es decir, para creer en alguna verdad necesitaban que la misma estuviera respaldada por una señal. Y eso lo dicen muchas veces a lo largo de la Sagrada Escritura.

Cuando el Hijo de Dios cura al leproso le dice que, en todo caso, para que se sepa que ha sido curado, acuda a quien deba acudir y ofrezca, digamos, lo que a ley de Moisés dejó dicho para tales caso. De todas formas, no tenía que ir por ahí diciendo lo que había pasado.

Aquel hombre, como podemos imaginar, no iba a callar pues era algo de carácter más que extraordinario. Y, como suponemos, muchas personas conocerían que era leproso y veían que ahora no lo era y unían una cosa con la otra y, como es lógico, atribuían a Quien eso había hecho, algo más que una enseñanza o una doctrina. Y le seguían… ¿Qué esperar?


JESÚS, gracias por cumplir con tu misión a pesar de los pesares...


Eleuterio Fernández Guzmán