Fe y Obras
16 de agosto de 2026
Lo que puede la fe
15 de agosto de 2026
Magnífica María
Lc 1, 39-56
"En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: 'Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!' Y dijo María:' Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada'. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia- como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
14 de agosto de 2026
Entender lo que Dios quiere
Mt 19, 3-12
13 de agosto de 2026
Perdonar; el perdón
Mt 18, 21-19, 1
"En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: 'Señor, si mi hermano me ofende, ¿Cuántas veces lo tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?' Jesús le contesta: 'No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano. Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.'"
12 de agosto de 2026
Corrección fraterna
Mt, 18, 15-20
11 de agosto de 2026
La Voluntad de Dios
Mt 18, 1-5. 10, 12-14
"En
aquel tiempo se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: '¿Quién
es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?' Él llamó a un niño, le
puso en medio de ellos y dijo: 'Yo os aseguro: si no cambiáis y os
hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues,
quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de
los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me
recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os
digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi
Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien
ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las
noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a
encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por
las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad
de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños.'"
COMENTARIO
Ellos querían saber la importancia de estar en el Reino de los Cielos. Lo que pasaba es que no acababan de entender cómo es la Voluntad de Dios y eso les llevaba a tener consideraciones que, seguramente, nada tenían que ver con lo que el Creador tenía por bueno y mejor.
El Hijo de Dios lo dice con toda claridad: hay que tener el espíritu de un niño pues no es de esperar que quisiera decir que hay que ser tan travieso como, por lo general, es un niño. No. Cristo se refería a otras cosas que más tienen relación con el espíritu que con el cuerpo al respecto de los niños.
Y luego... la oveja perdida. Si se consideraban ovejas perdidas a los niños porque no se les tenía en cuenta para nada... aquí quedaba bien clara la Voluntad de Dios: no quiere que se pierda ninguno de los pequeños...
JESÚS,
Eleuterio Fernández Guzmán
6 de agosto de 2026
Escuchar a Cristo
Mt 17, 1-9
"En aquel tiempo toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: 'Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías'. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: 'Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle'. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: 'Levantaos, no tengáis miedo'. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: 'No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos'".