6 de octubre de 2018

Querer ser de los sencillos



Lc 10, 17-24

“17 Regresaron los 72 alegres, diciendo: ‘Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». 18 El les dijo: ‘Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; 20 pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos». 21 En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. 22 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». 23 Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: ‘¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! 24 Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron’”.


COMENTARIO

Cuando los que había enviado Jesucristo a predicar acerca de la Buena Noticia regresan sólo tienen buenas palabras. Han podido hacer muchas cosas dados los dones que les había entregado el Hijo de Dios.

Sin embargo, aquello no era lo más importante. Jesucristo sabía que Dios tenía en cuenta otras cosas que eran más importantes que eso (aún siéndolo). Y lo más importante era que el Creador los tenía, muy especialmente, en su corazón.

Algo, de todas formas, había muy importante en aquellas palabras: Dios oculta lo mejor a lo que se consideran sabios en el mundo pero, en materia de fe y creencia en el Todopoderoso, no eran tan sabios como ellos creían.


JESÚS, gracias por revelarnos lo importante de nuestra fe.

Eleuterio Fernández Guzmán


5 de octubre de 2018

Pedir a Dios porque nos escucha


Mt 7, 7-11

7 “'Pedid y se os dará:; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. 8 Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; 10 o si le pide un pez, le dé una culebra? 11 Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!'”


COMENTARIO


Lo que nos quiere decir el Hijo de Dios en este texto del Evangelio de San Mateo es que debemos tener una relación directa con su Padre del Cielo. Por eso nos dice que debemos pedir y llamar al corazón del Todopoderoso.

Cristo, para que se entienda lo que quiere decir, pone el ejemplo de un padre y de alguno de sus hijos. Y, como es fácil entender, nadie (que sea padre ordinario y común) haría lo malo con relación a un hijo suyo.

El caso es que Cristo dice algo muy importante: somos malos. Y tal forma de decir las cosas está dicha así para que se comprenda que debemos pedir a Dios su perdón y, en lo sucesivo, no caer más en la tentación del Maligno.


JESÚS, gracias por poner las cosas claras para que no nos llevemos a engaño.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de octubre de 2018

Todos han de conocer la Palabra de Dios



Lc 10,1-12

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 

En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’. 

‘En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad’”.


COMENTARIO


Jesús sabe que es muy importante que su labor evangelizadora se difunda allá por donde eso sea posible. Por eso escoge a setenta y dos discípulos y los envía predicar. Y les da las oportunas instrucciones a tal efecto.

No han de contar salvo que con la Palabra de Dios. Nada han de llevar consigo pues Dios ha de proveer para los trabajadores de su mies. Pero, a la vez, han de rogar a Dios para que envíe a más trabajadores a su mies porque es grande y ha de ser labrada con la savia de su Palabra.

No obliga, sin embargo, Jesús a aceptar la Palabra de Dios y su doctrina. El ser humano es libre. Sin embargo, no deja de reconocer que Dios es justo y que, cuando sea el momento oportuno, se apartará de los que antes se apartaron de Él.




JESÚS, quieres que todos conozcan la Palabra de Dios. Ayúdanos a ser modernos apóstoles tuyos.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de octubre de 2018

Seguir a Cristo con todas las consecuencias


Lc 9, 57-62

57 Mientras iba caminando, uno le dijo: 'Te seguirá adondequiera que vayas.' 58 Jesús le dijo: 'Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.' 59 A otro dijo: 'Sígueme.' Él respondió: 'Déjame ir primero a enterrar a mi padre.' 60 Le respondió: 'Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.' 61 También otro le dijo: 'Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.' 62 Le dijo Jesús: 'Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.'”


COMENTARIO

Era de esperar que cuando un Maestro como Jesucristo iba por los caminos, y teniendo en cuenta todo lo que había dicho y hecho desde que comenzara su predicación, muchos quisiesen seguirlo.

El Hijo de Dios sabe que la cosa no es tan fácil como pudiera parecer. Y es que para seguirle se ha de tener en cuenta que no tiene bienes ni es rico ni nada por el estilo. Al contrario: es pobre como los más pobres de entre los que eran del pueblo judío.

El hombre, de todas formas, no quiere olvidar lo que ha sido su vida. Y dejarlo todo para seguir al Hijo de Dios no era del todo sencillo. Sin embargo, bien lo dice Jesucristo y se ha de tener siempre en cuenta: no se puede mirar atrás para alcanzar el Reino de los Cielos y se ha de olvidar el hombre que se haya sido antes.


JESÚS, perdónanos si miramos muchas veces atrás.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de octubre de 2018

¡Cuidado con menospreciar a los pequeños en la fe!



Mt 18, 1-5.10

“1 En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: '¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los cielos?'. 2 Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos 3 y dijo: 'Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. 4 Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. 7 Y el que reciba a un niño cómo este en mi nombre, a mí me recibe.'

10 'Guardanos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos'”.


COMENTARIO

Como aquellos que querían ser el mayor de entre ellos mismos no acababan de comprender eso de ser el primero, el mayor, le pregunta al Hijo de Dios. Alguno, seguramente, pensaría que la respuesta no le iba a gustar.

Jesucristo sabe, a ciencia y corazón ciertos, que los que le escuchan no creen que los niños tenga demasiada importancia. Sin embargo, el Hijo de Dios los pone como ejemplo. Hay que ser, entendiendo eso, como un niño, para entrar en el definitivo Reino de Dios.

Pero, como era posible que no acabaran de estar de acuerdo con Cristo, el hijo de María les pone sobre la pista de las cosas que deben comprender y aceptar: los ángeles de los niños ven el rostro de Dios y, claro está, pueden hablar muy de cerca con el Todopoderoso.


JESÚS,  guárdanos de menospreciar a los pequeños en la fe.

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de octubre de 2018

Es conveniente saber la verdad


Lc 9, 46-50

“46 Se suscitó una discusión entre ellos sobre quién de ellos sería el mayor. 47 Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, 48 y les dijo: ‘El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor’. 49 Tomando Juan la palabra, dijo: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros’. 50 Pero Jesús le dijo: No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros’”.

COMENTARIO

No es nada de extrañar que, entre los discípulos de Jesús que andaban con Él, digamos, al lado suyo (los Apóstoles, queremos decir) se quisiera saber quién era el más importante. Era cosa humana y mundana, como sabemos.

Cristo, sin embargo, sabía que el orden de las cosas, en el Reino de Dios, no es el mismo que en el mundo. Y pone como ejemplo a un niño que, ciertamente, era tenido por poco. Pero para Dios, los menos suelen ser los más.

Tampoco extraña nada que hubiera quien quisiera apropiarse del apostolado y de la transmisión de la Verdad. Pero, eso también, tenía un orden de cosas muy diferente para Cristo. Y así se lo hacer ver… para que aprendan y, sobre todo, comprenda.


JESÚS,  gracias por poner sobre la mesa la verdad de las cosas del alma.

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de septiembre de 2018

Saber lo que nos conviene



Mc 9, 38-43. 45. 47-48

Juan le dijo: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.’ Pero Jesús dijo: ‘No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea  capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.’ ‘Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su  recompensa.’ ‘Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser  arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde = su gusano no muere y el fuego no se apaga’”.

COMENTARIO

No podemos negar que, cuando el Hijo de Dios quiere advertirnos de algo grave le pone toda la intención a su Palabra. Y aquí, es bien cierto esto, nos pone los pelos de punta… como poco. Y es que nuestra vida eterna está en juego.

No podemos escandalizar. Y con ellos nos quiere decir Cristo que no podemos dar mal ejemplo a los que creen. Y es que es fácil que se desvíen por nuestra culpa y eso es algo más que grave. Por eso dice lo de la piedra de molino.

Sin duda alguna, la última advertencia es grave: no podemos entrar en el Cielo de cualquier forma. Es más, no podemos entrar, sencillamente, sin haber limpiado el alma y podado aquellos que nos sobra.

JESÚS, gracias por estas sabias advertencias.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de septiembre de 2018

Querer ser como Natanael


  
Jn 1, 47-51

“47 Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. 48 Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’ Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. 49 Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. 50 Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores’. 51 Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’”.

COMENTARIO

No podemos negar que aquel hombre, Natanael, podía sentirse feliz porque el Maestro lo hubiera señalado de forma tan especial. Y es que, al parecer, ya lo conocía antes de que él mismo hubiera hablado con Él.

Natanael se sorprende. En realidad, no era para menos porque Jesucristo le dice que lo ha visto en un lugar donde, con toda seguridad, sólo estaba él. Y eso lo ve como manifestación de ser el Hijo de Dios.

Jesucristo que, en efecto, es el Hijo de Dios, sabe que eso no es nada. Es decir, que tanto Natanael como muchos otros han de ver, todavía, cosas extraordinarias que han de afirmar que, como decía aquel discípulo de Cristo, era Quien era.


JESÚS, ayúdanos a ser como Natanael: creyentes.

Eleuterio Fernández Guzmán


28 de septiembre de 2018

Saber quién es Cristo



Lc 9,18-22

Sucedió que mientras Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y les preguntó: ‘¿Quién dice la gente que soy yo?’. Ellos respondieron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado’. Les dijo: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Pedro le contestó: ‘El Cristo de Dios’. Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie. Dijo: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día’”.


COMENTARIO


El interés de Jesús por saber qué piensa la gente acerca de su persona no es por ignorancia. Es decir, no es que no lo sepa sino que quiere ver si sus apóstoles están al cabo de la calle de lo que pasa al respecto del Maestro.

Parece que hay bastante despiste. En realidad, nadie parece saber quién es Jesús. Y no es que Él no se haya explicado a través de su Palabra y de sus hechos sino que el pueblo es de dura cerviz.

Jesús profetiza acerca de su muerte. Les dice todo porque no quiere ocultarles nada. No pueden negar, sus más allegados discípulos, que no tuvieran conocimiento de lo que tenía que pasar. Además, tampoco deben decir que Él es el Mesías enviado por Dios porque aún no es el tiempo de que se sepa.




JESÚS, eres el Mesías, el Enviado de Dios pero muchos no se dan cuenta de eso. Ayúdanos a tenerlo siempre, siempre, presente.

Eleuterio Fernández Guzmán


26 de septiembre de 2018

Querer ver a Cristo... de verdad



Lc 9,7-9

En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo:’ Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?’. Y buscaba verle”.


COMENTARIO

Es muy normal que el mundo se sorprenda de aquello que no entiende o que no quiere entender. El caso del mundano Herodes muestra lo que eso significa. No se entera de nada porque no cree, no tiene fe. Por eso mandó decapitar a Juan el Bautista.

Lo cierto es que hay gran desconcierto. Cuando la gente escucha a Jesús predicar no sabe, a ciencia cierta, quién es. Por eso el Hijo de Dios pregunta muchas veces, a sus apóstoles, que quién cree la gente que es.

Herodes, sin embargo, podía no estar perdido para siempre. Cuando sabe de Jesús quiere verle. Seguramente lo decía por curiosidad, por conocer de quien tanto bueno se decía. Podía, entonces, haberse convertido al conocer a Jesús de no haber sido por las circunstancias de aquel conocimiento…

  
JESÚS, los que no te conocen no pueden conocer a Dios. Por eso el mundo está tan perdido y alejado del Padre. Ayúdanos a tenerte siempre presente.

Eleuterio Fernández Guzmán


Caminar con Dios



Lc 9,1-6

En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: ‘No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos’. Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes”.


COMENTARIO

Cuando Jesús escogió a los doce que iban a ser sus apóstoles debía hacer algo más. Por eso les dona una serie de gracias propias de Dios y del poder del Todopoderoso. Por eso pueden, a partir de tal momento, curar enfermedades.

Pero Jesús les conmina a actuar de una forma muy concreta. Así, por ejemplo, no deben querer bienes materiales de forma que puedan ser dominados por ellos. Dios ha de proveer todo para aquellos que envía y eso es más que suficiente.

Aquellos escogidos salen a los caminos, van a los pueblos y hacen todo lo posible para cumplir con la misión que Jesús les había encomendado. Transmite, así, la Buena Noticia de que el Reino había llegado a la Tierra y que Dios había enviado al Mesías para procurar la salvación del mundo.






JESÚS, cuando envías a tus discípulos les das instrucciones muy válidas para un discípulo tuyo. Ayúdanos a serlo con conciencia de que lo somos.

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de septiembre de 2018

Entender a Cristo es más que conveniente


Lc 8, 19-21

19 Se presentaron donde él su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente. 20 Le anunciaron: 'Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte'. 21 Pero él les respondió: ' Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumple'”.

COMENTARIO

En principio, estas palabras del hijo de María pueden parecer duras. Y es que da la impresión de que hace menos a la Virgen María, algo así como despreciar a quien lo trajo al mundo.

Las cosas, como es de esperar, son muy distintas. Y es que el Hijo de Dios, cuando predica y enseña la Voluntad de su Padre del Cielo lo que hace es querer que se sepa qué es lo que Dios quiere.

Al contrario de lo que pudiera parecer, pues, es lo que pasa: Jesucristo tiene muy a bien que su Madre sea quien se porque ella ha cumplido y cumple la Palabra de Dios después de haberla escuchado, además, de boca de su hijo Jesús.


JESÚS, gracias por darnos a entender qué es lo que importa.

Eleuterio Fernández Guzmán


24 de septiembre de 2018

Sobre lo que nos conviene saber y más que bien saber


Lc 8, 16-18


“16 ‘Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. 17 Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. 18 Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará’”.


COMENTARIO


Las palabras del Hijo de Dios, no olvidemos que son la Palabra, dicen mucho más de lo que, en un principio podría suponerse que dicen. Y en este caso, como lo es siempre, también pasa eso.

La Palabra de Dios, verdadera Luz para el mundo, no puede esconderse debajo de ningún celemín porque sería ocultar el Bien y el Bien vino al mundo para quedarse.

Es más, aquí Cristo hace una grave advertencia. Y es que hace una advertencia de cara al Juicio particular a que cada uno de nosotros seremos sometidos: más nos vale que nuestra fe sea de verdad porque, de lo contrario, se nos quitará.


JESÚS,  gracias por hacernos una advertencia tan clarificadora.


Eleuterio Fernández Guzmán



23 de septiembre de 2018

Lo que es importante



Mc 9, 30-37

“Y saliendo de allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: ‘El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le  matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.’ Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: ‘¿De qué discutíais por el camino?’ Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: ‘Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.’ Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo:  ‘El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado.’”

COMENTARIO

No era nada extraño que el Hijo de Dios hablase, a sus discípulos más allegados, de qué era lo que le iba a pasar. Tampoco era extraño que ellos, ante las palabras que les decía, se entristecieran y no quisiesen preguntar.

Los discípulos que habían sido escogido como Apóstoles tenían ansias de poder humano. Por eso discuten sobre quién ha de ser el primero de entre ellos, el mayor. Y cuál será su sorpresa ante la respuesta del Maestro.

Ser como un niño. Es decir, no tener ambiciones excesivas y tener confianza en el padre y, en este caso en el Padre del Cielo. Y, es más, recibir a un niño en el nombre del Hijo de Dios no es hacer, sólo, eso sino recibir al mismo Dios. Y eso debió ser entendido por ellos. Debió...

JESÚS, gracias por darnos a entender qué es lo importante

Eleuterio Fernández Guzmán


22 de septiembre de 2018

Nuestro corazón debe ser un buen campo


Lc 8, 4-15

En aquel tiempo, habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: ‘Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado’. Dicho esto, exclamó: ‘El que tenga oídos para oír, que oiga’.

Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y Él dijo: ‘A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.

La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que cae en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia’".

COMENTARIO

Dios siembra en el corazón

Jesús nos pone ante los ojos una imagen muy sugerente: Dios, Creador nuestro, pone en nuestro corazón una simiente de gracia y de gloria que quiere que aceptemos porque nos lleva a la vida eterna.

Aceptar la simiente

Ante tal actitud de Dios podemos aceptar lo que el Todopoderoso ha sembrado en nuestro corazón. Es una actitud de buen hijo que supone aceptar la voluntad de Creador y no perdernos por los recovecos del mundo.

No aceptar la simiente

Pero también podemos optar por no aceptar lo que Dios quiere para nosotros. Así nos perdemos y nos alejamos del Creador. El Señor nos da tal posibilidad pero espera de nosotros, hijos suyos, que no caigamos en tal tentación.


JESÚS, la parábola del sembrador nos dice tanto… Ayúdanos a ser buena tierra donde la semilla de Dios entre y germine dando mucho fruto.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de septiembre de 2018

Ser perdonados por Cristo

Mt 9, 9-13

"9 Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: 'Sígueme'. El se levantó y le siguió. 10 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Al verlo los fariseos decían a los discípulos: '¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?' 12 Mas él, al oírlo, dijo: 'No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. 13 Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores'".

COMENTARIO

Ciertamente, el Hijo de Dios, llama la atención a los que se extrañan de que llame, para que le siga, a quien ellos consideran un pecador. Y es que Mateo era recaudador de impuestos para el invasor romano.

Aquel hombre, que sabía más que bien que no era muy bien considerado, tuvo que ver algo muy gozoso en Aquel que le llamaba. Y lo deja todo para seguir al Hijo de Dios. Y queda, así, perdonado.

Había algo que era importante que comprendiesen aquellos que lo acusaban de algo (pues querían acusarlo de algo): era muy importante ser misericordioso y, más aún, con los pecadores. Aunque ellos, a lo mejor, no tenían pecado...

JESÚS, gracias por perdonar, en Mateo y nosotros, tantas cosas.


Eleuterio Fernández Guzmán


20 de septiembre de 2018

La fe salva



Lc 7,36-50

En aquel tiempo, un fariseo rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. 
Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: ‘Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora’. Jesús le respondió: ‘Simón, tengo algo que decirte’. Él dijo: ‘Di, maestro». «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?’. Respondió Simón: ‘Supongo que aquel a quien perdonó más’. Él le dijo: ‘Has juzgado bien’, y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ‘¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra. 

Y le dijo a ella: ‘Tus pecados quedan perdonados’. Los comensales empezaron a decirse para sí: ‘¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?’. Pero Él dijo a la mujer: ‘Tu fe te ha salvado. Vete en paz’”.


COMENTARIO

La contemplación del pecado ajeno y no hacer lo propio con el que cada uno llevamos y provocamos parece ser actitud de muchos seres humanos desde el principio de los tiempos. Y juzgar  al prójimo, también.

Aquellos hombres, que al parecer no comprendían al Maestro, lo criticaban por lo que hacía con aquella mujer que, con mucha fe, había acudido a los pies de Jesús para implorar su perdón. Y Jesús la perdona porque mucho confiaba en Él.

Sin embargo, aquellos ricos, aquellos “sabios” no habían cumplido, siquiera, con las mínimas normas de cortesía social cuando llegó el Hijo de Dios a la casa a la que había sido invitado. Erraban, en exceso, con aquella actitud.


JESÚS, aquellos que confían en Ti saben que nunca las vas a fallar porque siempre estás con quien te necesita. Ayúdanos a tener una fe grande en tu corazón.

Eleuterio Fernández Guzmán


19 de septiembre de 2018

Ciegos ante Dios



Lc 7, 31-35

En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonando endechas, y no habéis llorado’. Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ‘Demonio tiene’. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos’”.

COMENTARIO

Jesús, siendo Dios hecho hombre, tenía una idea bastante clara de qué pensaba el hombre de su tiempo y, para ser más exacto, lo que tenía en su corazón el que formaba parte del pueblo elegido por Dios.

Sabe Jesús que los poderosos de entre los suyos actuaban con propio interés. Controlando y dominando al pueblo hacían dejación de lo que, en verdad, era la misión que tenían encomendada que era llevar la Palabra de Dios a los miembros del que lo era judío.

Sin embargo ni con el Bautista ni con Jesús aquellos sabios hacen lo que deben hacer. A uno por defecto y al Hijo de Dios por exceso (según ellos) los tienen por malos para sus intereses. Y los persiguen. Y es que no acaban de comprender la verdad, la Verdad.


JESÚS, muchos de los poderosos de tu tiempo no te quieren ni querían a tu primo Juan. Ayúdanos a no ser ciegos voluntarios como ellos lo fueron.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de septiembre de 2018

Jesús siempre está




Lc 7,11-17

En aquel tiempo, Jesús se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: ‘No llores’. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y Él dijo: ‘Joven, a ti te digo: levántate’. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: ‘Un gran profeta se ha levantado entre nosotros’, y ‘Dios ha visitado a su pueblo. Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina”.



COMENTARIO

Jesús conocía el mal que acaecía en el corazón de sus hermanos. Por eso cuando ve a la muchedumbre que acompaña a una viuda y sabe que, además, era hijo único, estaba en la seguridad de que aquella mujer lo iba a pasar muy mal a lo largo de su vida.

Jesús consuela a la madre. Seguramente no encontraba consuelo alguno por la muerte de su hijo. Pero en la voz de aquel Maestro encuentra lo que buscaba. Y Jesús obra el milagro: vuelve a la vida a quien había muerto, lo resucita.

Cuando los testigos ven aquello no pueden, por menos, que proclamar que, en efecto, había llegado al mundo un gran profeta y que Jesús no era una persona como otras lo eran sino que llevaba el mandato de Dios en su corazón.



JESÚS, los que te necesitan siempre te tienen a su lado. Ayúdanos a llamarte en nuestras necesidades y en las necesidades de las personas por las que pedimos.

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de septiembre de 2018

Tener fe vale la pena



Lc 7, 1-10

“1 Cuando hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. 2 Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. 3 Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. 4 Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: ‘Merece que se lo concedas, 5 porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga’. 6 Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: ‘Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, 7 por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. 8 Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’ y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto", y lo hace’.

9 Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: ‘Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande’. 10 Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.

COMENTARIO

En muchas ocasiones, la fe es síntoma de que se sabe lo que se quiere en materia espiritual. Por eso, en tales ocasiones, el Hijo de Dios echa una mano más que grande a quien muestra que, en verdad, cree en Dios.

Aquel soldado, al parecer había hecho mucho por el pueblo judío. Debería ser uno de los llamados “temerosos de Dios” porque era, por así decirlo, candidato a formar parte del pueblo elegido. Por eso muestra aquella fe tan grande al respecto de Cristo.

El Mesías sabe que quien dice lo que dice aquel soldado que, teniendo poder, se aquieta a la simple voluntad del Maestro, bien puede ser atendido. Por eso no nos extraña que dijera Cristo que no había encontrado una fe tan grande. Y es que lo era.

JESÚS,  muchas gracias por recompensar la fe de una tal manera… o de otras.



Eleuterio Fernández Guzmán