1 de octubre de 2016

Circunstancias y verdades


Sábado XXVI del tiempo ordinario
Lc 10,17-24

En aquel tiempo, regresaron alegres los setenta y dos, diciendo: ‘Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre’. Él les dijo: ‘Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos’. 

En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». 

Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: ‘¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron’”.

COMENTARIO

De lo que vale la pena alegrarse

No extraña nada que aquellos que Jesucristo había enviado para predicar la Buena Noticia volvieran gozosos. Y es que se había cumplido lo que les había dicho el Maestro. Sin embargo, era mucho más importante que supieran que sus nombres los tenía Dios en su corazón.

Los sencillos

Jesucristo da gracias al Padre Dios por haber hecho algo crucial para la vida de la humanidad: ha dado importancia a los sencillos revelándoles lo que es importante para su Reino. Los “inteligentes” no recibirían un bien tan grande.

Darse cuenta

De todas formas, aquellos que veían lo que veían y escuchaban lo que escuchaban debían alegrarse. Y es que muchos, históricamente, habían querido conocer lo que ellos estaban conociendo.


JESÚCRISTO, ayúdanos a darnos cuenta de lo que nos importa, de lo que debe importarnos. 


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de septiembre de 2016

Nunca rechazar a Cristo

Viernes XXVI del tiempo ordinario

Lc 10,13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo: ’¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado’”.

COMENTARIO

Sabemos que cuando Jesús empezó su predicación o, mejor, cuando llevaba un tiempo predicando, hubieron muchos que le seguían. Sin embargo, también sabemos que hubo quien no aceptaban lo que decía y, lo que es peor, lo que hacía en cuento signo de su divinidad.

Quien creyera que eso no iba a tener consecuencias no acababa de comprender que Dios es bueno pero que también es justo. Por eso aquellos que no aceptaban el mensaje de Cristo (que era el del Todopoderoso) no querían estar de acuerdo con la voluntad del Creador y eso tendría consecuencias terribles.

Aceptar a Cristo no supone, sólo, hacer lo propio con el Enviado de Dios sino, también, hacerlo con Quien lo envío, Dios mismo. Por eso quien rechaza al Hijo hace lo mismo con el Padre.


JESÚS, ayúdanos a aceptarte como Hijo del Padre y como Dios mismo.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de septiembre de 2016

No caigamos en la ceguera espiritual


Jueves XXVI del tiempo ordinario

Lc 10,1-12

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’. 
‘En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad’”.

COMENTARIO

Aunque pueda sonar duro en el oído de los complacientes con el mundo, muchas veces habla Jesucristo sobre lo que ha de pasar con aquellos que no crean y se conviertan. Y no se trata de ser pájaro de mal agüero sino, simplemente, de decir la verdad de las cosas. Y aquí pasa algo así cuando habla del rigor que habrá con aquellos que no acepten al Hijo como Hijo de Dios.

Antes que eso, sin embargo, sabe Cristo que la santa doctrina de Dios ha de ser transmitida para que no pasa lo que antes hemos dicho. Por eso pide el 
Mesías que oremos a Dios para que envíe a quien haga tal labor espiritual.

El caso es que Jesús dice que el Reino de Dios está cerca. Él es el Reino y, por eso, ha de ser tenido en cuenta como tal. Y por eso, exactamente por eso, quien no lo acepte tendrá un futuro más que oscuro y tenebroso.


JESÚS, ayúdanos a creer en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de septiembre de 2016

Saber qué supone seguir a Cristo

Miércoles XXVI del tiempo ordinario

Lc 9,57-62

En aquel tiempo, mientras iban caminando, uno le dijo: ‘Te seguiré adondequiera que vayas’. Jesús le dijo: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. A otro dijo: ‘Sígueme’. El respondió: ‘Déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Le respondió: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios’. También otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa’. Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios’”.

COMENTARIO

No era nada extraño que muchos quisieran seguir a Jesús. Llevados por un fervor que se asienta en aquello visto (en sus hechos extraordinarios y palabras) querían, muchos, como decimos, ir con aquel Maestro.

Jesús, sin embargo, sabe que una cosa es lo que se piensa y otra lo que, al final, puede hacerse. Y explica con toda claridad su propia realidad: no tiene nada ni nada tiene. Y eso deben saberlo antes de decidir seguirlo.

La prueba de que nada tiene quien le sigue es que Cristo les hace ver que hay que dejarlo todo. Y esto, que no es fácil acaba por no serlo. Y es que seguir al Hijo de Dios debía suponer saber a qué se iba.


JESÚS, danos fuerza para seguirte



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de septiembre de 2016

Saber entender el poder de Dios


Martes XXVI del tiempo ordinario


Lc 9,51-56

Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’. Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.”

COMENTARIO

Lo que este texto del Evangelio de San Lucas nos muestra es que aquellos que seguían a Jesús más de cerca no habían acabado de comprender lo que significaba la voluntad de Dios ni la comprensión hacia el prójimo ni muchas otras cosas.

Los samaritanos no eran bien vistos por los judíos. No extraña, para nada que tampoco los de Samaria miraran muy bien a los fieles judíos. Por eso no quieren recibir a Jesús y a los suyos. Ellos tampoco han comprendido mucho acerca de su predicación.

Jesús, sin embargo, sabe que no es forma de actuar querer el mal para quien no acuerda contigo o no quiere recibirte. Por eso reprende a los Boanerges que quieren, nada más y nada menos, que hacer lo que se hizo con Sodoma y Gomorra en otro tiempo. Jesús prefiere la comprensión y los reprende aunque, con toda seguridad, debieron quedar perplejos…


JESÚS,  ayúdanos a comprender al prójimo.




Eleuterio Fernández Guzmán

26 de septiembre de 2016

Lo que importa

Lunes XXVI del tiempo ordinario

Lc 9,46-50

En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: ‘El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor’. 
Tomando Juan la palabra, dijo: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros’. Pero Jesús le dijo: ‘No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros’”.

COMENTARIO

No es nada extraño que entre los que iban con Jesús quisiesen saber quién era el primero de entre ellos.  Y es que aún no habían acabado de comprender lo que era verdaderamente importante.

Jesús acerca a sí un niño. Lo que quiere decirles con eso es que deben tener en cuenta a los más necesitados porque sólo quien tiene un corazón de carne podrá entrar en el Reino de los Cielos. Así, además, se recibe a Él mismo.

Seguían, de todas formas, con su ansia de poder. Y es que Juan no había gozado mucho con ver que otros predicaban en nombre del Maestro. Pero Jesús, que sabía que eso era necesario para la expansión del Reino de Dios en la Tierra, le reprende cariñosamente sabiendo que lo va a entender. Al menos eso cree Cristo.


JESÚS, ayúdanos a comprenderte

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de septiembre de 2016

Domingo, 25 de septiembre de 2016 – Saber lo que somos




Lc 16, 19-31

“‘Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue  sepultado. ‘Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo  y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.’ Pero Abraham le dijo: ‘"Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.’ ‘Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.’ Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.’ El dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.’ Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.’"

COMENTARIO

No podemos negar que las enseñanzas de Cristo llegan al mismo centro del corazón. Por eso cuando hace uso de las parábolas, sabe que será, más o menos, entendido pero que llegará a ser conocido aquello que quiere decir.

Lo que Cristo dice aquí es algo que nunca debería olvidado: podemos escoger, muchas veces, entre lo bueno y lo malo. Y, para eso, aquel rico (llamado Epulón) tenía dinero el hombre. Podía haber escogido ayudar a Lázaro pero decidió vivir bien sin acordarse de los necesitados. Y tuvo el “premio” que tuvo…

Pero el otro, Lázaro, que tanto estaba sufriendo en vida, iba a tener otro “premio” muy diferente: el seno de Abrahám, su limbo. Allí contemplaba a Epulón pero nada podía hacer: cada uno había obtenido el resultado correspondiente a su vida terrena.


JESÚS, ayúdanos a darnos cuenta de las necesidades del prójimo.



Eleuterio Fernández Guzmán

24 de septiembre de 2016

Comprender

Sábado XXV del tiempo ordinario

Lc 9,43b-45

En aquel tiempo, estando todos maravillados por todas las cosas que Jesús hacía, dijo a sus discípulos: ‘Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres’. Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.”

COMENTARIO

No se puede negar que cuando Jesús empezó a predicar tenía mucho trabajo que llevar a cabo. Y es que no es nadie quisiera escucharlo sino que aquellos que sí querían escucharlo les costaba mucho entenderlo que les decía.

Pero Jesús quiere enseñar. Había venido al mundo a transmitir la Palabra de Dios, la verdadera Palabra y no la manipulación que hacían de ella para sostener intereses egoístas.

Tal era la falta de luces espirituales que tenían aquellos que le escuchaban que cuando les dice lo que le va a pasar (que será entregado, juzgado y matado) no entienden lo que quiere decir.


JESÚS, ayúdanos a comprender.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de septiembre de 2016

¿Quién es Cristo para nosotros?


Viernes XXV del tiempo ordinario
Lc 9,18-22

Sucedió que mientras Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y les preguntó: ‘¿Quién dice la gente que soy yo?’. Ellos respondieron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado’. Les dijo: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Pedro le contestó: ‘El Cristo de Dios’. Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie. Dijo: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día’.


COMENTARIO

Jesús quiere saber. No es que, como Dios, no supiera las cosas sino que, humanamente no estaba en la cabeza de todo hermano suyo. Por eso pregunta acerca de lo que creen los demás sobre Él. Y es que quiere saber si está calando su mensaje y doctrina.

Pedro se adelante. Seguramente era tenido por el más importante entre los Apóstoles. Y dice la verdad más grande: Jesús es el Cristo, el Enviado de Dios… el Hijo del Padre Todopoderoso.

Pero Jesús no puede desdecirse de su labor. Por eso les dice lo que ha de pasar y eso, seguramente, causaría daño en el corazón de aquellos que le escuchaban. Y es que el Hijo de Dios no podía hacer otra cosa… y no la hizo.  


JESÚS, ayúdanos a comprender y a comprenderte


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de septiembre de 2016

Buscando a Cristo

Jueves XXV del tiempo ordinario

Lc 9,7-9
En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: ‘A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?’. Y buscaba verle.

COMENTARIO

Después de haber mandado decapitar a Juan el Bautista, Herodes suponemos que no tenía buena conciencia de lo que había hecho. Y es que sabía que era un profeta y un hombre santo y sólo por respetos humanos había ordenado su muerte.

El caso es que Herodes no tenía muy claro qué es lo que estaba pasando con Aquel del que decían tantas cosas buenas. ¿Sería otro como el Bautista?, debió pensar aquel hombre poderoso pero ciertamente equivocado.

Al igual que había hecho con Juan, a quien ordenó matar, sentía curiosidad por saber Quién era aquel Maestro del que todos hablaban. Quería conocerlo para saber si era cierto todo lo que decían de Él, Quería conocerlo.


JESÚS, ayúdanos a buscarte con santas intenciones.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de septiembre de 2016

Seguir a Cristo

Mt 9,9-13

En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: ‘¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?’. Mas Él, al oírlo, dijo: ‘No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”.

COMENTARIO

Jesús escogió a quien quiso para que fuera apóstol suyo. Y hubo muchos que, al escoger al publicano Mateo se molestaron porque lo consideraban un pecador. Pero el Mesías había venido a salvar a lo que estaba perdido.

Mateo, por su parte, no lo duda. Seguramente tenía el corazón entristecido por la función que estaba llevando a cabo al respecto de los impuestos. Y ve algo en la mirada de Cristo que hace que todo lo deje y le siga. Y él, que era pecador, al parecer, se convirtió a Cristo Jesús.

Y Jesús aprovecha para dar una lección de amor que no iban a olvidar fácilmente. El Hijo de Dios prefiere la misericordia antes que el sacrificio. Y es que había venido a salvar a los que necesitaban salvación… como Mateo.


JESÚS, ayúdanos a seguirte y a no abandonarte nunca



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de septiembre de 2016

Quién es quién


Martes XXV del tiempo ordinario
Lc 8,19-21

En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: ‘Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte’. Pero Él les respondió: ’Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen’”.

COMENTARIO

Ciertamente, Jesús había venido al mundo (como dice Él mismo muchas veces) a traer una doctrina que, en realidad, no era nueva, sino la misma que Dios había establecido para el hombre.

Algunos saben que lo que dice Cristo es muy importante. Por eso hay tantas personas que le buscan y, al encontrarlo, se quedan con Él. No era, pues, nada extraño que muchos estuvieran a su lado y que ni siquiera su Madre pudiera llegar a Él.

Pero el Hijo de Dios pone las cosas en su sitio. Y es que cuando le dicen que han venido a buscarlo no duda en establecer un principio clave: hay que cumplir la Palabra de Dios cuando se conoce y no hacer otra cosa.


JESÚS,  ayúdanos a cumplir la voluntad de tu Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de septiembre de 2016

Que no quede nada oculto


Lc 8, 16, 18

“Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará.”


COMENTARIO

De lo mucho que el Hijo de Dios dijo a lo largo de su vida, hay algo que nunca deberíamos olvidar porque tiene que ver con nuestra salvación eterna porque nada de lo que hacemos deja de tener trascendencia para la misma.

Dios, que todo lo sabe, nos ha dado gratuitamente muchos dones y bienes que no pueden quedar ciegos. También nos ha dado su Palabra que no podemos tenerla egoístamente sino, al contrario, transmitirla en la medida de nuestras posibilidades.

Y algo más que es crucial. Y es Cristo sabe que hay muchos hermanos suyos que creen tener una gran fe cuando, en realidad, son nidos hipócritas y sepulcros blanqueados. Y a esos todo se le quitará…


JESÚS,  ayúdanos a tener una fe firme y franca.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de septiembre de 2016

La astucia del mundo


Lc 16, 1-13

“Decía también a sus discípulos: ‘Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando.’ Se ijo a sí mismo el administrador: ‘¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.’ ‘Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’ Respondió: ‘Cien medidas de aceite.’ Él le dijo: ’Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.’ Después dijo a otro: ‘Tú, ¿cuánto debes?’ Contestó: ‘Cien cargas de trigo.’ Dícele: ‘Toma tu recibo y escribe ochenta.’ ‘El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más  astutos con los de su generación que los hijos de la luz. ‘Yo os digo: Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. Si, pues, no fuisteis fieles en el Dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? ‘Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.’”

COMENTARIO

Ser astutos

El mundo sabe cómo engañar a los hijos de Dios. Por eso utiliza todas las artimañas que puede. Ante esto, Jesús nos conmina a ser astutos para que el mundo no nos atrape con sus mundanidades.

No servir a dos señores

Apoyarse en el Primer Mandamiento de la Ley de Dios supone, sobre todo, tener en cuenta que no se puede estar poniendo una vela a Dios y otra al Diablo. Sólo vale ponerse al Todopoderoso. Lo demás no sirve ni nos conviene.

Saber a quién servir

De todas formas, lo único que nos conviene, por decirlo así, es tener muy claro que a quien debemos servir es a Quien nos ha creado. Todo lo demás está muy alejado de nuestro corazón o, al menos, debería estar más que alejado.


JESÚS, ayúdanos a servir a Dios como nuestro único Señor.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de septiembre de 2016

Aceptar todo de parte de Dios


Sábado XXIV del tiempo ordinario
Lc 8,4-15

En aquel tiempo, habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: ‘Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado». Dicho esto, exclamó: ‘El que tenga oídos para oír, que oiga’. 

Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y Él dijo: ‘A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. 

‘La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que cae en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia’”.

COMENTARIO

La forma de enseñar de Jesús iba al centro de las cosas de una forma instructiva. Por eso hacía uso de parábolas que, por cierto, era una forma muy común de enseñar en su tiempo. Sin embargo, las de Jesús dan muchas claves espirituales.

Aquella del sembrador, Dios mismo que eso hace, tiene mucho que ver con la respuesta que cada uno damos a la Palabra de Dios y su santa Voluntad. Por eso hay diversos grados de aceptación o no de la misma.

Cada uno de tales grados supone, por nuestra parte, una forma de situarnos ante Dios Todopoderoso. Así, desde la que, en apariencia, acepta todo pero enseguida se viene abajo hasta la que acepta todo y hace todo… hay unas muy diversas posibilidades que corresponde a cada uno de nosotros aceptar.


JESÚS, ayúdanos a ser de los que aceptamos todo de parte de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de septiembre de 2016

Iba por el mundo predicando


Viernes XXIV del tiempo ordinario


Lc 8,1-3

En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.”

COMENTARIO

La labor que Jesús había venido a llevar a cabo en el mundo, mandato de Dios, tenía todo que ver con la posibilidad real de que el ser humano se salvase y alcanzase la vida eterna. Para eso debía predicar acerca de eso.

La predicación de Jesús la hizo el Maestro de pueblo en pueblo. Entonces la forma de comunicarse era, más que nada, a pie. Eso fue lo que hizo. Proclamaba la Palabra de Dios y lo que era fundamental: la salvación ha llegado y la Buena Nueva era, precisamente, que Él era el Reino.

Jesús no iba solo. Es de entender que, además de las muchas persona que podían seguirlo y buscarlo, había un grupo que era, digamos, más cercano a Cristo. Y entre el aquel grupo había un de mujeres que, con el paso del tiempo, demostraron que eran, muchas veces, las que más fe tenían.


JESÚS, ayúdanos a aceptar la Buena Noticia, la Palabra de Dios



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de septiembre de 2016

La voluntad de Dios en Cristo


Lc 2,33-35


En aquel tiempo, el padre de Jesús y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones’”.


COMENTARIO

Cuando José y María van al Templo a cumplir con lo escrito en la ley saben que hacen lo que está prescrito. No quieren dejar de hacer lo que deben hacer y presentan a Jesús en la Casa de su Padre.

Aquel anciano, Simeón, había pedido a Dios ver a su Salvador. Por eso, cuando ve a Jesús el Espíritu Santo le sopla que es, sin duda alguna, Aquel que estaba esperando desde hacía tantos años.

Y Simeón, profeta porque profetiza lo que ha de pasar y pasará, alegra el corazón de María pero también lo entristece: aquel Niño es el Salvador del mundo pero a su Madre algo terrible pasará en su corazón.

JESÚS, gracias por haber cumplido con la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de septiembre de 2016

La Cruz de Cristo


La Exaltación de la Santa Cruz

Jn 3,13-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: ‘Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él’”.

COMENTARIO

Aviso de lo por venir

Jesús establece un paralelismo entre lo que supuso la serpiente levantada en el desierto y cuando sea Él levantado en la cruz: tanto en un caso como en otro será para la salvación de los que lo miren.

Entregar al Hijo

Lo que hace Dios a favor de la humanidad nunca podrá ser pagado por nosotros, los hombres. Entregó a su Hijo para que, tras su muerte, la salvación entrara en el mundo y limpiara el mal del siglo.

La salvación del mundo

Y eso, la salvación del mundo, era la causa de la venida del Mesías  a la Tierra. Y es que era la voluntad de Dios que todo aquel que creyera en su Enviado y Ungido y mirara a la Cruz como instrumento de salvación… se salvara.


JESÚS,  ayúdanos a mirarte, ahí, colgado entre dos maderos y agradecerte tu auxilio.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de septiembre de 2016

Misericordia

Martes XXIV del tiempo ordinario
Lc 7,11-17

En aquel tiempo, Jesús se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: ‘No llores. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y Él dijo: ‘Joven, a ti te digo: levántate’. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: ‘Un gran profeta se ha levantado entre nosotros’, y ‘Dios ha visitado a su pueblo’. Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina”

COMENTARIO

Nadie ignora que en el mundo, desde que fue creado por Dios, han sido muchas, y serán, las necesidades que tenemos las personas. Sin embargo, hay necesidades que son más importantes que otras. Y Jesús se da cuenta de eso.

Aquella mujer iba a quedar muy desamparada. Viuda y, además, ahora sin el hijo que se le había muerto, su situación iba a ser terrible. Por eso Jesús tiene misericordia, digamos, no del muerto, sino de la madre que llora desconsolada.

Dice el texto que el temor se apoderó de todos. Sin embargo, lo que más se apoderó de ellos fue el asombro porque se dieron cuenta de que aquel hombre, el Maestro, no era un hombre cualquiera sino que poder de Dios estaba con Él. Y es que era Dios mismo hecho hombre.


JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos.


Eleuterio Fernández Guzmán