18 de febrero de 2020

No entender a Cristo


Mc 8, 14-21
"Se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Él les hacía esta advertencia: 'Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.' Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: ¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?' 'Doce', le dicen.'Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?' Le dicen: 'Siete.' Y continuó: '¿Aún no entendéis?'"

COMENTARIO

No podemos negar que aquellos hombres, los que había escogido el Hijo de Dios para ser sus Apóstoles, no las tenían todas consigo. Es decir, muy a pesar de todo lo que habían aprendido estando con Jesucristo, al parecer, no habían entendido mucho.
Es bien cierto que hay que comprender las circunstancias por la ellos pasaban que no son las mismas que por la que pasamos nosotros, tantos siglos después. Y es que no se pueden aplicar criterios de hoy a tiempos pasados, tanto tiempo pasados…
Jesucristo trata de prevenirlos contra mucho de lo que hacen los fariseos, contra su levadura porque si entra en sus corazones puede hacer crecer una fe muchas veces equivocada y torcida.

JESÚS, gracias por explicar las cosas para que las entienda nuestro rudo corazón.


Eleuterio Fernández Guzmán

17 de febrero de 2020

Dudar tiene sus consecuencias


Mc 8, 11-13

“11 Y salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. 12 Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: ‘¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará, a esta generación ninguna señal.’ 13 Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.”

COMENTARIO

Seguramente, al Hijo de Dios nada le extrañaba que hubiera quien, de entre los llamados “sabios” quisiera polemizar con Él acerca de lo que predicaba. Y es que creían tener la verdad y por eso lo hacían.

También sabemos que, en realidad, poco querían saber acerca de la predicación de Jesucristo. Y es que su verdadera intención era acusarlo del incumplimiento de alguna Ley.

Ellos, además, querían señales. Y es que no es les debía parecer bastante con aquello que predicaba el Hijo de Dios ni aquello que hacía…


JESÚS,  hiciste lo que debías hacer con aquellos que dudaban de tu naturaleza y tu Palabra.

Eleuterio Fernández Guzmán

16 de febrero de 2020

Es sí donde es sí…




Mt 5, 20-22a. 27-28. 33-34a. 37
“20 ‘Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 21 ‘Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás;  y aquel que mate será reo ante el tribunal. 22 Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano ‘imbécil’, será reo ante el Sanedrín; 27 ‘Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. 28 Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola,  ya cometió adulterio con ella en su corazón. 33 ‘Habéis oído también que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. 34 Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo,  porque es el trono de Dios, 35 ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. 36 Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. 37 Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.”


COMENTARIO

Digamos que el Hijo de Dios tenía un concepto manifiestamente mejorable de los fariseos y determinadas personas por el estilo. Es decir, que sabía que no hacían lo que debían hacer y eso podría hacer que el pueblo judío se perdiese.

Jesucristo enseña, por tanto, ir más allá de lo que ellos enseñan o, mejor, ir justo hasta donde Dios quiere que se vaya. Por eso enseña cosas que para algunos eran impensables. Y es que, en realidad, no enseñaban lo que debían enseñar.

Todo, de todas formas, se resumen en una expresión que es meridianamente clara: donde nuestra fe dice sí siempre ha de ser sí por muchas pegas que se nos puedan poner; donde diga la fe que es no puede ser sí sino no.


JESÚS,  gracias por enseñar las cosas como son.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de febrero de 2020

Para eso había salido


“29 Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de
Simón y Andrés. 30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. 31 Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. 32 Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; 33 la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. 34 Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. 35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. 36 Simón y sus compañeros fueron en su busca; 37 al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan.’ 38 Él les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.’ 39 Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.”


COMENTARIO

El caso de la suegra de Pedro era uno de tantos a los que se enfrentó Jesucristo en su vida de predicación y de transmisión de la Buena Noticia. Y hace lo único que puede hacer quien puede hacerlo: curar, sanar, dejar limpio el cuerpo y el alma.

No debe extrañarnos nada de nada lo que hacen aquellos que necesitan el auxilio del Hijo de Dios. Por eso, en cuanto se dan cuenta de que ha ido a determinado lugar, van a buscarlo. Lo necesitan de verdad.

Lo que dice Jesucristo es muy importante y dice mucho, debería decir mucho, a los que creen que aquel Maestro no sabía que era Dios hecho hombre. Y es que dice que ha salido para eso, para predicar. Y es era plenamente consciente de su ser y de su naturaleza.


JESÚS,  gracias por cumplir tan bien con tu misión.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de febrero de 2020

Anunciar y confiar


Lc 10, 1-9
"1 Después de esto, designó el Señor a otros 72, y los envió de dos en delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. 2 Y les dijo: 'La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. 3 Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. 4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 5 En la casa en que entréis, decid primero: 'Paz a esta casa.' 6 Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. 7 Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. 8 En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; 9 curad los enfermos que haya en ella, y decidles: 'El Reino de Dios está cerca de vosotros.'”

COMENTARIO

Lo que hace el Hijo de Dios en este texto evangélico de San Lucas no es más que cumplir con la misión para la que había sido enviado. Y es que una cosa es que fuera enviado por Dios y otra que nadie más le echara una mano, por decirlo así.
Lo que Jesucristo dice a los que envía no es, por ejemplo, algo así como “Acopiad toda serie de cosas que podáis porque el camino y el esfuerzo serán largos”. No. Hace algo muy distinto que, ahora, debe incumbir a los que ha enviado.
Los enviados deberán confiar en la santísima Providencia de Dios que ha de proveer todo lo que necesiten. Y, es seguro, habrá sitios en los que no serán bien recibidos. Ellos, sin embargo, deberán anunciar la llegada del Reino de Dios. Para ellos han sido enviados.

JESÚS, gracias por haber enviado a tus discípulos a transmitir la Buena Noticia.

Eleuterio Fernández Guzmán

13 de febrero de 2020

La confianza hace cosas así

Mc 7, 24-30
"24 Y partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, 25 sino que, en seguida, habiendo oído hablar de él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. 26 Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. 27 El le decía: 'Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.' 28 Pero ella le respondió: 'Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños.' 29 El, entonces, le dijo: 'Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija.» 30 Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido."
COMENTARIO

Es lógico pensar que en el tiempo del Hijo de Dios, cuando vino por primera vez al mundo siendo enviado por el Todopoderoso, había muchas personas que sufrían de enfermedades y los más variados sufrimientos. Y había, también, quien quería que sanaran.
Aquella madre no pedía para ella sino para su hija. Y lo hacía con la confianza de quien sabe que será curada acudiendo al médico adecuado. Pero el padecimiento no era físico sino espiritual porque estaba endemoniada. Y ella confía en el Maestro y acude ante Él.
Jesucristo, que debió reconocer en ella a quien sufre por el prójimo, no duda lo más mínimo en curar a la hija porque, además, la mujer que le pide un tal favor sabe cuál es su situación ante Él.

JESÚS, gracias por ser bueno y magnífico.

Eleuterio Fernández Guzmán

12 de febrero de 2020

Lo que creemos no siempre es la verdad

Mc 7, 14-23
"Llamó otra vez a la gente y les dijo: 'Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga.'
Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: '¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?' -así declaraba puros todos los alimentos-. Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.'"

COMENTARIO
No podemos negar que el pueblo judío, lo mismo que otros de su tiempo o de ahora, tenía por buenas algunas realidades que, a lo largo de los siglos, se habían considerado válidas. Por eso a muchos les extrañaba que el Hijo de Dios diese la impresión de que quería terminar con ellas como manifestándose contra la tradición.
El caso es que Jesucristo sabía bien que, en materia de corazón y de fe, no importaba lo que para muchos era importante. Por eso pone como ejemplo lo de los alimentos que eran considerados impuros. Y no cree el hijo de María y, adoptivo, de José, que lo malo pueda entrar en el cuerpo a pervertirlo.
En realidad, tiene mucha razón Jesucristo cuando dice que todo lo malo que el hombre hace sale de su corazón y que, en realidad, lo que viene de fuera no puede estar impuro en tal sentido. Y decir eso era, claro está, ir muy en contra de lo establecido con lo cual se ganó enemigos más que poderosos...

JESÚS, gracias por decir las cosas como son.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de febrero de 2020

Una señal para la eternidad

Jn 2, 1-11

"1 A los tres días, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2 Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

3 Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: 'No tienen vino'. 4 Jesús le dice: 'Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora'. 5 Su madre dice a los sirvientes: 'Haced lo que él os diga'. 6 Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. 7 Jesús les dice: 'Llenad las tinajas de agua'. Y las llenaron hasta arriba. 8 Entonces les dice: 'Sacad ahora y llevadlo al mayordomo'. Ellos se lo llevaron. 9 El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo 10 y le dijo: 'Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora'.

11 Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él."

COMENTARIO

Es cierto y verdad que lo que sucedió en Caná de Galilea en aquella boda a la que fue invitado Jesús con su Madre y los pocos discípulos que entonces tenía es un texto bíblico que hemos leído y escuchado muchas veces. Sin embargo, cada lectura revela algo nuevo que vale la pena destacar y guardar en nuestro corazón porque, para eso, es Palabra de Dios.
Que el Hijo de Dios hiciera caso a su Madre cuando le dice que aún no ha llegado su hora o, lo que es lo mismo, el momento oportuno para manifestarse, supone mucho en lo tocante al amor que sentía Jesús por María. Y también supone que la Virgen María sabía más que bien que su hijo era el de Dios.
Lo que hace Jesucristo entonces supone la manifestación, primero, del poder de Dios y, a través del mismo y en segundo lugar, la suya propia. A lo mejor no había llegado el momento, como dice él mismo, pero había llegado el que su Madre quiso que llegara por una mera cuestión de amor y de misericordia hacia aquellos novios. Y eso pudo más que otra cosa en el corazón de Cristo.

JESÚS, gracias por ser un hijo tan bueno y obediente.

Eleuterio Fernández Guzmán

10 de febrero de 2020

Reconocer a Cristo

Mc 6, 53-56


“53 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.
54 Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, 55 recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba. 56 Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.”

COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Marcos nos muestra la concepción que el pueblo judío tenía de la enfermedad. Así, consideraban salvados a los que habían sido curados porque tenían al enfermo, también, por un pecador por la relación que establecían entre enfermedad y castigo de Dios

Muchos sabían que aquel Maestro no era como otros de los muchos que había en Israel. Y es que le reconocían una autoridad superior a los demás. Por eso le llevaban a los enfermos, para que curaran de sus muchas dolencias.

Allí donde iba Jesús mucho sabían que podían acudir a Él. Tenían confianza y fe en aquel hombre que era más que un hombre. Y, como en toras ocasiones, la fe les había curado y, a la vez, salvado.


JESÚS,  ayúdanos a tener fe en ti siempre, siempre, siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de febrero de 2020

La Misericordia de Dios

Mc 6, 30-34
"Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: 'Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.' Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas."
COMENTARIO

Este texto, este Evangelio de San Marcos, nos habla de algo que es fundamental entender y sin lo cual no podemos alcanzar a comprender la misión a la que había sido enviado el Hijo de Dios: enseñar, predicar.
Jesucristo, de todas formas, sabía que había escogido a sus Doce Apóstoles porque ellos debían anunciar la Buena Nueva. Pero, para eso, debía enseñarles de una forma tal que, en efecto, pudieran comprender. Por eso quiere que se aparten de las multitudes.
Sin embargo, aquellos que querían escuchar al Maestro, a Quien enseñaba con autoridad, no se arredraban ante nada y, en cuanto sabía dónde estaba Jesucristo acudían prestos y con ansia de aprender. Y Él, de corazón puro y grande, no podía hacer otra cosa que mostrar su Misericordia y enseñarles. En realidad, para eso había salido.

JESÚS, gracias por tu inmensa generosidad y ternura para con nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán

7 de febrero de 2020

Por tener fe y cumplir con su misión

Mc 6, 17-20a.21-29
"Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: 'Pídeme lo que quieras, que te lo daré'. Y le juró: 'Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino'. Ella salió a preguntarle a su madre: '¿Qué le pido?'. La madre le contestó: 'La cabeza de Juan el Bautista'. Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: 'Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista'. El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro."
COMENTARIO
El caso de Juan el Bautista es síntoma o, mejor, ejemplo de hasta dónde se puede llegar si se tiene fe y la misma no es un adorno sino que supone mucho para quien la tiene. Y es que aquel hombre, que predicaba en el desierto y lo hacía para que se convirtieran los que estaban perdidos, había caído en manos del Mal en la persona de Herodes, sometido al respeto humano por el qué dirán.
Lo que lleva a prisión y, luego a su muerte, a Juan es haber cumplido con la misión que se le había designado cumplir. Decir la verdad en cuanto a la fe y a la Voluntad de Dios, hace que aquellos que se sentían perjudicados por sus palabras actúen en su contra.
Sin duda alguna, quizá pueda pensarse que el caso del Bautista es uno que lo es extremo. Sin embargo, en un extremo como el suyo está la verdadera misión que debemos cumplir cada uno de los hijos de Dios. Y lo demás es mero disimulo.

JESÚS, agradece a Juan su martirio y su sacrificio.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de febrero de 2020

Confiar siempre en Dios en su Santa Providencia

Mc 6, 7-13
"Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: 'Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.' Y les dijo: 'Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.' Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban."
COMENTARIO

Podemos decir, y no nos vamos a equivocar nada de nada, que este Evangelio es el de la Confianza, así escrito con mayúscula porque supone el dejarse en las manos de Dios y esperar que sea lo que quiera nuestro Creador.
El caso es que aquellos hombre, los Doce que había escogido Jesucristo habían sido elegidos para hacer algo. Es decir, no iban a limitarse a estar junto a su Maestro sino que debían cumplir, ellos también, una misión.
Salir al mundo a predicar la Buena Noticia. Eso era lo que debían hacer. Pero lo iban a llevar a cabo sin tener en cuenta nada más. Y es que Dios iba a proveer todas sus necesidades siendo ellos los portavoces, entonces, de su Hijo bien amado y querido. Y ellos cumplían con aquello mientras los demonios se les sometían. Confiaron y vencieron.

JESÚS, gracias por haber enviado a tus Apóstoles a que confiaran en Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

5 de febrero de 2020

No creer en Jesucristo

Mc 6, 1-6
"Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: '¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?' Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: 'Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.' Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe."

COMENTARIO

Es bien cierto y verdad que hoy día, tantos siglos después de que el Hijo de Dios caminara por el mundo, por su nación judía, a nosotros aquello que le pasó nos puede resultar extraño. Sin embargo, no deberíamos mirar con pensamientos actuales lo que otros han hecho tanto tiempo atrás.
El caso es que sí, muchos habían oído que un vecino suyo, el Hijo de María y adoptivo (eso lo sabemos nosotros, ellos, salvo María y José, no lo sabían) de José hacía cosas que eran consideraban extraordinarias y predicaba de una forma muy distinta a como otros maestros lo hacían. Y no confiaban en Él.
Que hubiera quien no creyera en Jesucristo, aquel vecino de Nazaret que había salido de su tierra para transmitir la Buena Noticia, no extrañaba para nada a Jesucristo. Y por eso se nos dice que allí hizo pocos milagros. E hizo pocos porque no le tenían confianza y no tenían fe.
JESÚS,

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de febrero de 2020

Fe, la fe que salva


Mc 5,21-43

“En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: ‘Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva". Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: ‘Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré’. Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: ‘¿Quién me ha tocado los vestidos?’. Sus discípulos le contestaron: ‘Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’’. Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: ‘Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad’.

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: ‘Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?’. Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: ‘No temas; solamente ten fe’. Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: ‘Talitá kum’, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate’. La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.”

COMENTARIO

A Jesús se le acercaban muchas personas porque sabían que era un Maestro distinto a los demás. Confiaban en su persona y en lo que podía hacer por las personas por las que pedían o por ellas mismas.

Jairo necesitaba la ayuda de aquel hombre que demostraba ser mucho más que un hombre. Nadie más podía ayudar a su hija, que se estaba muriendo. Acude a Jesús con fe y, por eso mismo, obtiene lo que tanto quiere: su hija vuelve a la vida pues había muerto.

Aquella mujer, que tenía flujos de sangre, sabía que Jesús sería su salvación. Sólo con tocar algo de Él sabía que estaría curada. Por eso le dice el Hijo de Dios que la había curado su fe pues mucha era su confianza.



JESÚS, seguramente lo que más aprecias es la fe. Tenerla es muy importante para cada uno de nosotros. Ayúdanos a no perderla nunca o a encontrarla si es que, en verdad, no la tenemos.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de febrero de 2020

El poder del Amor y de la Misericordia


Mc 5, 1-2.6-13.16-20


“1 Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. 2 Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros,
un hombre con espíritu inmundo.

6 Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él 7 y gritó con gran voz: ‘¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.’ 8 Es que él le había dicho: ‘Espíritu inmundo, sal de este hombre.’ 9 Y le preguntó: ‘¿Cuál es tu nombre?’ Le contesta: ‘Mi nombre es Legión, porque somos muchos.’ 10 Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. 11 Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; 12 y le suplicaron: ‘Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.’ 13 Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara - unos 2.0000 se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. 16 Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. 17 Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. 18 Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. 19 Pero no se lo concedió, sino que le dijo: ‘Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.’ 20 Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.”



COMENTARIO

No es difícil entender que aquellos que habían visto lo que había hecho Jesucristo con aquel hombre endemoniado se admirasen de lo que estaban viendo. Y es que no es muy común asistir a un exorcismo y, entonces, quedar como si nada se hubiera visto.

El caso es que aquellos demonios conocían al Hijo de Dios. Y eso apuntaba tan certeramente a la verdad que todos deberían haber comprendido (al menos, aquellos que allí estaban) que sí, que el Maestro era el Mesías.

A otro respecto, siempre  podemos ver a Jesucristo caminando de un lado para otro. Y es que debía cumplir con la misión que se le había enviado al mundo y, de ninguna de las maneras iba a decepcionar a su Padre del Cielo.

JESÚS,  gracias por ser misericordioso.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de febrero de 2020

En la Casa de su Padre



Lc 2, 22-40

“22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, 23 como está escrito en la Ley del Señor: = Todo varón primogénito será consagrado al Señor = 24 y para ofrecer en sacrificio = un par de tórtolas o dos pichones =, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. 25 Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. 26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. 27 Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, 28 le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29 ‘Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; 30 porque han visto mis ojos tu salvación, 31 la que has preparado a la vista de todos los pueblos, 32 luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.’ 33 Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. 34 Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción – 35 ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.’ 36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, 37 y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. 38 Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. 39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.”


COMENTARIO

José y María presentan al Niño Jesús porque la Ley así lo establece. Ellos no van a incumplir nunca una norma porque es Voluntad de Dios que así sea. Y cuando se presentan en el Templo es de suponer que hay mucha gente.

Aquellas personas especiales, Simeón y Ana, saben que allí hay alguien muy importante. Y ellos profetizan aquello que van a pasar porque han sido advertidos por el Espíritu Santo.

Lo que nos dice el Texto bíblico es que aquel Niño, cuando vuelve a su casa de Nazaret, crece, como hace cualquier otro niño. Pero no lo hace igual que cualquiera porque lo hace en sabiduría y en gracia de Dios.


JESÚS,  gracias por cumplir, en todo, la Voluntad de tu Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de febrero de 2020

Tener miedo o tener dudas


Mc 4, 35-41
"Este día, al atardecer, les dice: 'Pasemos a la otra orilla.' Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: 'Maestro, ¿no te importa que perezcamos?' Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: '¡Calla, enmudece!' El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: '¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?' Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: 'Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?'"

COMENTARIO

Como podemos imaginar, a lo largo de la vida, digamos, pública, del Hijo de Dios, tuvieron que pasar por muchas malas situaciones aquellos que le seguían más de cerca. Por eso no nos extraña que tuvieran miedo aquellos que, aún siendo la mayoría rudos pescadores, veían que la barca se iba a pique.
Ellos, al parecer no tienen aún demasiada confianza en Aquel que les acompaña. Y sí, está durmiendo Jesucristo pero eso no quiere decir que no sepa lo que pasa. Humanamente, a lo mejor no pero, como Dios hecho hombre, estaba al cabo de la calle de todo.
Ellos tienen miedo y, además, dudan. Y lo hacen porque se preguntan acerca de quién es Aquel que es capaz de dominar al viento y al mar. En realidad, pareciera que aún tenían velado el corazón para comprender que Aquel que les acompañaba era el Mesías enviado por Dios para que el mundo se salvase ya sabemos cómo...

JESÚS, gracias por comprender a los que no siempre tienen fe o confianza en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

31 de enero de 2020

Lo pequeño es grande

Mc 4, 26-34
"También decía: 'El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.'

Decía también: '¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.» Y les anunciaba la palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado."

COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Marcos nos viene la mar de bien para darnos cuenta de cómo la fe crece en nosotros sin que, en efecto, nos demos cuenta. Y es que poco a poco va creciendo en nuestro corazón y, desde allí, sale al encuentro del prójimo.
La parábola del grano de mostaza es símbolo perfecto de esto. Y es que el mismo, al parecer, es de un tamaño más bien diminuto. Lleva, sin embargo, la vida dentro y, por eso mismo, crece hasta convertirse en lugar donde hasta pueden anidar las aves. Y así es nuestra fe en nosotros.
Hay, sin embargo, un detalle importante aquí: nos dice el texto bíblico que Jesucristo enseñaba en parábolas pero a sus discípulos, entendemos que quiere decir a sus Apóstoles, todo se lo enseñaba en privado porque quería que comprendiesen mejor aquello que trataba de enseñar.

JESÚS, gracias por enseñarnos de forma que seamos capaces de entenderte.

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de enero de 2020

No esconder la fe que tenemos


Mc 4, 21-25

"Les decía también: '¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga.'
Les decía también: 'Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.'"

COMENTARIO
Este texto del Evangelio de San Marcos es muy rico en lo que se refiere a realidades espirituales que nunca deberíamos olvidar. Y es que decirnos, en tan pocas líneas, que debemos tener muy en cuenta la fe que tenemos, a la vez que debemos tener cuidado con cómo somos y, por fin, que a lo mejor no creemos tanto como estamos seguros… en fin, que es mucho para tan pocas líneas.
El caso es que hay quien cree que la fe que tiene es para sí mismo y la guarda como si fuera un secreto cuando, en realidad, ha de proclamar (aunque sea con el ejemplo) que la tiene. Y es que nada que sea bueno puede ocultarse porque puede haber quien se “aproveche” de eso.
Tampoco podemos hacer como si lo que llevamos a cabo no tuviera importancia de cara al corazón de Dios. Y es que la tiene y más que la tiene. Por eso debemos tener muy en cuenta cómo somos con los demás…
Y, sobre todo, no debemos creer que nuestra fe es grande porque si no hacemos lo que Dios quiere que hagamos y cumplamos su santísima Voluntad… en fin, eso se nos puede quitar cuando llegue el momento adecuado y oportuno.

JESÚS, gracias por decirnos la verdad de nuestra fe.

Eleuterio Fernández Guzmán

29 de enero de 2020

Cristo, el sembrador


Mc 4, 1-20

Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción:
«Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento.» Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. Él les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone.»
Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la palabra, sucumben en seguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento.»
COMENTARIO

Seguramente la Parábola llamada del sembrador es una de las más comentadas de las que contiene la Sagrada Escritura. Y lo es porque tiene la misma un contenido que se podía aplicar entonces, cuando salió de labios del Hijo de Dios, ahora mismo y en el futuro.
Hay, entre los discípulos de Jesucristo, no acaba de comprender esta Parábola. Los había entonces y, claro, los hay hoy mismo. Y es que no es que sea difícil sino que nos cuesta mucho saber a qué atenernos en cuanto a ser tierra donde caiga tal semilla que siembra el Sembrador.
Hay, como dice Jesucristo, unas cuantas clases de tierra, digamos corazones, donde puede caer la semilla que siembra el Hijo de Dios. Y a nosotros nos conviene ser de la buena o, lo que es lo mismo, tener el corazón bien preparado para recibirla porque, de ella, sacaremos la mismísima vida eterna.

JESÚS, gracias por decirnos qué tipo de tierra-corazón debemos ser y tener.

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de enero de 2020

Saber quién es hermano de Cristo

Mc 3, 31-35

31 Llegan su madre y sus hermanos, y quedándose fuera, le envían a llamar. 32 Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: ‘¡Oye!, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.’ 33 Él les responde: ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’ 34 Y mirando en torno a los que estaban senados en corro, a su alrededor, dice: ‘Estos son mi madre y mis hermanos. 35 Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.’”

COMENTARIO

No puede resultarnos nada extraño que la Virgen María quisiera ver a Jesús, su hijo, cuando estuviera cerca de su casa porque pasaba mucho tiempo alejada de ella. Por eso lo buscan y, al encontrarlo, quieren hablar con Él.
Tampoco debe extrañarnos que hubiera allí quien le hiciera notar que su familia y algunos de sus discípulos habían ido a buscarlo. Es reacción humana ordinaria que la cosa sea de tal guisa.
El Hijo de Dios, sin embargo, aprovecha para enseñar algo muy importante: está bien escucharlo y más bien aún, hacer lo que dice que se debe hacer. Y ahí reside el ser hermano y hermana suya: en escuchar y hacer y no en escuchar y hacer como si nada se hubiera oído.

JESÚS, gracias por darnos pistas de cómo ser como quieres que seamos.

Eleuterio Fernández Guzmán

27 de enero de 2020

Ser fuertes para no caer



Mc 3, 22-30

“22 Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: ‘Está poseído por Beelzebul’ y ‘por el príncipe de los demonios expulsa los demonios.’ 23 El, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: ‘¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir.  25 Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. 26 Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. 27 Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. 28 Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. 29 Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.’ 30 Es que decían: ‘Está poseído por un espíritu inmundo.’’


COMENTARIO

Resulta curioso, o no tanto si bien lo pensamos, que este texto bíblico empiece y termine con lo mismo. Y es que, al parecer, había quien creía que el Hijo de Dios no lo era del Todopoderoso sino, al contrario, un elegido del Mal y de Satanás.

En realidad, lo que pasaba es que muchos no acababan de entender que, siendo Dios hecho hombre, Jesucristo tenía poder sobre todo y, en tal todo, entraban los demonios. Podía, por tanto, dominarlos y echarlos de allí de donde estaban.

Jesucristo, de todas formas, como era y es bueno, advierte a los que le quieran escuchar acerca de que hagan como hacen aquellos que blasfeman contra el Espíritu Santo. Y, en realidad, ni le convenía a ellos hacer eso ni nos conviene a nosotros porque seremos reos de una condenación que no termina ni mañana ni pasado ni dentro del tiempo que se quiera pensar. Ciertamente, una condenación como es para siempre, siempre, siempre.


JESÚS,  gracias por decirnos la verdad como merecemos sabrela.

Eleuterio Fernández Guzmán

25 de enero de 2020

Creer y salvarse


Mc 16, 15-18

15 Y les dijo: ‘Id por el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. 17 Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien’”.

COMENTARIO

Aunque haya pasado mucho tiempo desde que el Hijo de Dios dijera estas palabras y quedaran recogidas, por ejemplo, en el Evangelio de San Marcos, nada de lo que las mismas suponen ha pasado sino que cada instante se hace realidad.
Jesucristo no dice nada que tenga sentido y en este caso particular es tan importante que nunca lo deberíamos olvidar porque supone algo más que un aviso y es, en realidad, lo único que debería importarnos.
El Hijo de Dios no lo duda en absoluto. Y es que nos dice que quien cree y se bautice se salvará y quien no crea… pues se condenará. Por tanto, nada más claro y sencillo de entender se puede decir ni hace falta que se diga.

JESÚS, gracias por ser tan claro en tus palabras.

Eleuterio Fernández Guzmán