10 de agosto de 2012

Seguir a Cristo supone la vida eterna



Jn 12,  24-26

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará’”.


COMENTARIO

Dejar de ser lo que éramos antes de convertirnos o de darnos cuenta de la importancia de la fe que teníamos, es fundamental para poder seguir a Cristo. Morir al pasado y abrir las puertas y ventanas de nuestro corazón para que la luz de Dios entre en él es requisito necesario y obligado que debemos cumplir. Perdemos, así, para ganar lo que de verdad importa.

No debemos, como ya dice Cristo, acumular en este mundo donde la polilla de la mundanidad lo corroe todo. Al contrario, deberíamos tener en cuenta más el valor que tiene para nosotros la vida futura, la eterna, y actuar en consecuencia.

Seguir a Cristo es servir a la Palabra de Dios y tener presente la doctrina que el Mesías enseñó a lo largo de su vida pública tal como la conocemos hoy día. Así se sirve a Jesucristo y así, exactamente así, somos justos herederos del Reino de Dios.



JESÚS, conoces la importancia de seguirte. Y no es por egoísmo tuyo sino porque conoces la voluntad de Dios y quieres que todos nos acojamos a ella y la sigamos. Sin embargo, la fuerza del mundo nos atrae, en demasiadas ocasiones, hacia abajo.




Eleuterio Fernández Guzmán


9 de agosto de 2012

Cristo es la Verdad




Jueves XVIII del tiempo ordinario

Mt 16, 13-23

“En aquellos días, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’. Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’. Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’".


COMENTARIO

El interés de Jesús por saber qué piensa la gente de Él es lógico. Quiere saber si van comprendiendo lo que les dice y si su magisterio está siendo aceptado. Y, en general, existe un despiste bastante generalizado y pocos saben Quién, en verdad.

Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, dice la verdad y pone, sobre la realidad que viven, lo que Jesús sabe que necesita que se comprenda: es el Hijo de Dios y por eso deben escucharle. Y, entonces, convierte a Pedro en el primer Papa de la Iglesia católica.

Sin embargo, no está alejado aquel pescador de la maldad del Maligno. No quiere, en verdad, creer que a su Maestro le pase lo que dice que le va a pasar. Se comporta como hombre carnal y no espiritual y eso se lo hace ver Jesús. La Verdad ha de prevalecer.


JESÚS, aunque parece que Pedro sí sabe Quién eres no lo acaba de comprender y se manifiesta como hombre, en exclusiva. Lo mismo nos pasa a nosotros que no acabamos de creer que seas el Envidado de Dios al mundo para que el mundo se salve.




Eleuterio Fernández Guzmán


8 de agosto de 2012

La fe siempre salva




Miércoles XVIII del tiempo ordinario

Mt 15,  21-28

“En aquel tiempo, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: ‘¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada’. Pero Él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: ‘Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros”. Respondió Él: ‘No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel’. Ella, no obstante, vino a postrarse ante Él y le dijo: ‘¡Señor, socórreme!’. Él respondió: ‘No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’. ‘Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces Jesús le respondió: ‘Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas’. Y desde aquel momento quedó curada su hija."


COMENTARIO

Nunca se dirá suficientes veces la importancia que tiene la fe en la vida de Jesucristo y, sobre todo, lo que era, en aquel entonces, para el Hijo de Dios que alguien manifestara que tenía confianza en Él. En realidad, lo era todo.

Es sabido que el pueblo judío no se llevaba bien con otros pueblos que no lo fueran. Eso podría parecer decisivo para que Cristo hiciera o no a favor de personas que no fueran de su propia espiritualidad. Sin embargo, Jesús, que es Dios hecho hombre, muestra las entrañas de misericordia del Creador y comprende a la perfección que cuando alguien manifiesta fe no puede irse de vacío a su casa.

Cuando se manifiesta aunque sea un mínimo de confianza en Jesús (pero cierta y verdadera) no puede quedar sin recompensa tal forma de ser y de actuar. Eso pasa en el caso de la mujer que pide no para ella sino para una hija que se encuentra endemoniada. Y tal forma de proceder obtiene el favor de Cristo al que conmueve la fe franca de las personas.


JESÚS, cuando alguien manifiesta que, de verdad, tiene confianza en Ti,  no puedes quedarte con los brazos cruzados y con el corazón quieto. Sin embargo, nosotros, aún sabiendo esto, solemos olvidarte en nuestra vida y no decimos lo que creemos si es que, en verdad, lo creemos.




Eleuterio Fernández Guzmán


7 de agosto de 2012

Confiar en Cristo




 
Martes XVIII del tiempo ordinario

Mt 14, 22-36

“En aquellos días, cuando la gente hubo comido, Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.

La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino Él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’, y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: ‘¡Animo!, que soy yo; no temáis’. Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir donde tú sobre las aguas’. ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’. Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’. Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios’”.

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados."

COMENTARIO

En muchas ocasiones, a pesar de la fe que decimos tener, nos falla, precisamente, la confianza que debemos tener en Aquel que nos conforta y hacemos como si, en realidad, todo dependiese de nosotros.

Algo parecido le pasó a Pedro que, aún confiando en lo que Cristo le decía, no tuvo la suficiente confianza como para creer, en definitiva, de forma total en Quien tanto le había enseñado. Dudó, en un momento determinado y eso le hizo caer al agua. Pero Jesús sí confió en él y le tendió la mano.

Otros, sin embargo, tenían tanta confianza en Cristo que les bastaba, para sanar, con poder tocar la orla de su manto o, lo que es lo mismo, algo muy pequeño en comparación con Jesús. Ellos sí sabían que Cristo les iba a salvar y no dudaban para nada ante su propia realidad.



JESÚS,  ante las dudas que, muchas veces, nos acechan y que hacen vencer nuestra fe, tan sólo nos queda afianzar nuestra confianza en Ti y en Quien eres. Es una lástima que, a veces, se nos olvide.



Eleuterio Fernández Guzmán


6 de agosto de 2012

Escuchar a Cristo, Hijo de Dios





La Transfiguración del Señor

Mt 17,1-9

“En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’.

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: ‘Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle’. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: ‘Levantaos, no tengáis miedo’. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos’".

COMENTARIO

Los hechos puntuales y determinantes son muy importantes en la vida de Jesucristo. Así, su Bautismo, los hechos extraordinarios que lleva a cabo y éste, el de la Transfiguración, hay que destacarlos por ser, teológicamente, decisivos para los discípulos de Cristo.

Dios lo dice con toda claridad refiriéndose a Jesús: es su hijo y, por lo tanto, hay que escucharle. Eso, en general, ha de querer decir que no nos debemos limitar a oírle sino que debemos ir más allá de tal gesto simple y profundizar, en nuestro corazón, aquello que nos dice. 

Como en otras ocasiones, Jesús tranquiliza a los suyos. Humanamente tienen miedo por aquello que no comprenden. Y Cristo, haciendo uso de su amor y misericordia, les avisa de algo que no deben hacer: no decir a nadie aquello que habían visto. ¿Fueron fieles hasta tanto?


JESÚS,  Dios sabe que eres Su Hijo y que, así, debemos tenerlo en cuenta en nuestra vida. Escucharte y hacer, como en una ocasión diría tu Madre, lo que tú digas, ha de ser esencial para nuestra existencia. Sin embargo, muchas veces ni te escuchamos a Ti ni, lo que es más grave, hacemos lo propio con Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán


5 de agosto de 2012

Sentido de la Biblia en nuestra vida

 
 




Dice Francisco Varo (1), tomando palabras de Gregorio Magno, que la Biblia es, al fin y al cabo, “una carta de Dios dirigida a su criatura”. Y, por eso mismo, un “mensaje que le hace llegar quien lo conoce bien y lo quiere”.

La Palabra de Dios, contenida en los libros que forman las Sagradas Escrituras, es, pues, para los que nos consideramos hijos del Padre, un instrumento poderoso que, bien conocido y utilizado, fundamenta nuestra propia existencia y da sentido a nuestro caminar hacia el definitivo Reino de Dios.

Supone, por tanto, una especie de asidero al que poder acudir en nuestro quehacer; un, a modo, de piedra angular sobre la que se construye nuestra vida.

Así, seguimos las palabras de San Juan, que, en su Primera Epístola (1, 2-3) dejó escrito que “Os anunciamos la vida eterna: que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que también vosotros viváis en esta unión nuestra que nos une con el Padre y con su Hijo Jesucristo”.

Por otra parte, el sentido que tiene la Biblia para los cristianos, aquí católicos, lo expresa bien la Constitución Dei Verbum cuando, en su número 13 dice que “Sin mengua de la verdad y de la santidad de Dios, la Sagrada Escritura nos muestra la admirable condescendencia de Dios, ‘para que aprendamos su amor inefable y cómo adapta su lenguaje con providencia solícita por nuestra naturaleza’” (2)

¿Podemos entender, por otra parte, que lo dicho en las Sagradas Escrituras tiene alguna utilidad en un mundo tan alejado de Dios como el que nos ha tocado vivir?

En primer lugar, lo que, en realidad, supone, es una voluntad (en quien se acerca a ellas) de ver transformada su vida. Bien sabemos que, siendo Palabra de Dios está, ahí, puesta, para mostrarnos el camino hacia el Padre y no como una bella forma de decir las cosas.

Tenemos pues, como dice Francisco Varo (en el libro citado supra) “un largo forcejeo íntimo contra sí mismo” que cada cual realizamos cuando, al enfrentarnos con la lectura de la Biblia, vemos que lo que allí se propone dista mucho de nuestra voluntad, muchas veces mundana.

Al transformar nuestro corazón (de uno de piedra, si lo era, a uno de carne) nuestras relaciones con los demás han de cambiar porque bajo el prisma de las Sagradas Escrituras la relación con el otro deviene fraterna y con eso, seguramente, dejaremos de apuntar los errores ajenos en piedra para escribirlos, cribados por la misericordia de tan nuevo corazón, en el agua donde, fácilmente, se borran. Y eso porque habrá perdón.

Por otra parte, ver el mundo a la luz de la Biblia no es, por decirlo así, una manifestación de buenismo ni algo como alejado de la dureza de las cosas sino, al contrario, un afrontar las mismas con el consejo sabio de Cristo y la mano experta y paterna de Dios.

Es, sobre todo, y más que nada, algo eminentemente útil la lectura y comprensión de las Sagradas Escrituras.

A la luz de Dios el encuentro con el Padre en los libros que componen el Antiguo y el Nuevo Testamento, es tan válido para nuestra vida que prescindir de ello no es algo recomendable ni, tampoco, admisible para un cristiano. Agua viva que no podemos dejar de beber.


 
NOTAS


(1) Profesor del Antiguo Testamento en la Universidad de Navarra. Aquí la referencia es al libro “¿Sabes leer la Biblia?”, publicado en la Editorial Planeta.
(2) San Juan Crisóstomo (último entrecomillado), In Gen.3.8.hom 17,1.


Eleuterio Fernández Guzmán


 Publicado en Soto de la Marina 
 

El alma, ciertamente, corrompida de más de uno


Cuando tras cada asesinato de la banda terrorista ETA se ha sucedido la justa repulsa por el mismo y por haber demostrado, una vez más, que hay un grupo de personas que se creen con derecho a disponer de la vida de otros semejantes, hay una realidad que, a lo mejor, no ha sido bien definida y puesta sobre el papel. Y es esto: atentar contra la vida de una persona, arrogándose un inexistente derecho a disponer de ella, es muy propio de seres que, más que humanos, hay que considerarlos alejados de la misma naturaleza que Dios nos dio como especie y, más bien, incluirlos en alguna de las que, como alimañas, pululan por la Tierra.

Son, por decirlo pronto, los sin alma o, como poco, los de alma corrompida.

Es muy conocida la frase de San Agustín según la cual “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti” porque pone, sobre el tapete de la realidad de cada cual, que, el Creador, aún dándonos la vida y haciendo posible, incluso, el perdón del pecado original en el bautismo (o de la forma que Dios quiera en otras manifestaciones religiosas y que, seguramente, ignoramos) nos da la libertad para que, aceptando su voluntad, caminemos hacia su Reino de una forma, digamos, correcta y adecuada.

Muchas veces se argumenta que tal predicación no sirve si no es aceptada por quien la puede recibir. Y eso, en esencia, es cierto, porque entra, de lleno, dentro de la libertad donada por Dios a cada uno de nosotros.
Sin embargo, no es menos cierto que, a pesar de eso, la verdad no deja de ser verdad aunque no la aceptemos porque está ahí y, por decirlo así, permanece sobre nuestros pensamientos y obras.

Por tanto, las personas que, a lo largo de las décadas, han tomado la decisión de decidir sobre la vida ajena de tal forma que, bien tiroteando o poniendo bombas o de la forma que haya sido, han acabado con la de sus semejantes (¡Hijos e hijas de Dios, también!) deben saber que también serán juzgados cuando corresponda y, por la forma que le hayan dado al contenido de su alma, las decisiones tomadas no serán olvidadas.

Seguramente eso les importará muy poco porque, de ser de otra forma, jamás hubieran empuñado el arma que mató a Ignacio ni hubieran puesto los explosivos que tantas vidas han segado, ni, ni ni…

No podemos pensar, por otra parte, que carecen de alma porque, como dice el número 366 del Catecismo de la Iglesia Católica, “La Iglesia enseña que cada alma espiritual es directamente creada por Dios”

En eso son iguales a los demás seres humanos: en tener alma, pero no en corromperla que es, por eso mismo de la corrupción, acción propia de cada cual, decisión personal e intransferible.

Y, sin embargo, como fieles de la Iglesia católica también afirmamos, con el Catecismo (el mismo número 366 citado arriba) que el alma “no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo al cuerpo en la resurrección final”.

Lo que yo no sé es qué tipo de alma van a presentar algunos cuando les llegue tal momento y ya no tengan remedio sus malas acciones, sus tergiversaciones de la Ley de Dios y, sobre todo, el escaso conocimiento que demuestran de la naturaleza que, con benevolencia, les entregó el Creador.

Y, a pesar de todo lo dicho, les hemos de tener, a los asesinos y a los instigadores de las muertes, bastante pena porque parecen desconocer lo más básico de un comportamiento adecuado y necesitan, seguro, de mucha oración a su favor.

Sin embargo aunque comprendo que resulte difícil dar el paso que hay del odio al perdón tenemos que saber que existe, a pesar de ser, todos, hijos de Dios, una notable diferencia entre quien sabe que matar es pecado y ha de perdonar y quienes, al contrario, ven, en la muerte ajena, un escabel desde donde ver la parte de infierno que han escogido habitar.

Por eso sabemos que Dios existe.


Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Análisis Digital

Cristo es el Pan de vida





Domingo XVIII del tiempo ordinario

Jn 6, 24-35

“En aquel tiempo, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello’.

Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?’. Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado’. Ellos entonces le dijeron: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: ‘Pan del cielo les dio a comer’’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed’”.

COMENTARIO


Muchas personas seguían a Jesús. Unas lo hacían porque habían escuchado lo que decía y les parecía bueno y, además, les enseñaba con la Verdad y no como otros de sus maestros; otras porque habían visto algún milagros de los muchos que hasta entonces había hecho.  Pero cada cual, según su interés, seguían a Cristo.

Alguno, pobre hombre, le pregunta que qué deben hacer para hacer lo mismo que Él hace. Y la respuesta debió sorprenderle bastante porque hacer lo que Dios permite hacer supone, antes que nada, creer en su Enviado o, lo que es lo mismo, en Jesús.

Pero Cristo es, sobre todo, lo que Él mismo dice: el pan de vida. No como el que comieron los israelitas cuando Dios les envió el maná al desierto. Cristo es, en verdad, el alimento que no perece y que sacia el corazón del creyente.  



JESÚS,  sabes que es muy importante que re reconozcamos en el prójimo porque es la manera más correcta de vivir. Sin embargo, muchas veces se nos olvida tan gran verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán


4 de agosto de 2012

Ser como Juan el Bautista




Sábado XVII del tiempo ordinario

Mt 14, 1-12

“En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: ‘Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas’.

Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: ‘No te es lícito tenerla’. Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta.

Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, ‘dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.”

COMENTARIO

Juan el Bautista no fue una persona cualquiera en la vida de las Sagradas Escrituras. Por ser el último profeta del último testamento y anunciador de Jesús como el Cordero de Dios, su papel y función fue perfectamente cumplida en vida de tan gran hermano en la fe.

Al Bautista había algunas personas que lo querían bastante mal. No es de extrañar esto porque a lo largo de la vida del pueblo de Israel muchos otros profetas acabaron sus días de forma brusca al verse sometidos al juicio terrible de quienes no querían escuchar lo que les decía ni siquiera teniendo en cuenta que lo decía en nombre de Dios.

La muerte de Juan, hijo de Isabel y Zacarías, sobrino de la Virgen María y primo de Jesús, supone la apertura de una nueva etapa en la historia de la humanidad. Termina con él el Antiguo Testamento y comienza la vida pública de Cristo, Hijo de Dios y hermano nuestro. También, en eso, dio una lección importante el hijo de Isabel."



JESÚS, tu primo Juan murió por decir la verdad que es, exactamente, lo mismo que te pasó a ti. Deberíamos, nosotros mismos, tener en cuenta esto para conducir nuestras vidas por la senda que, derecha, lleva al definitivo Reino de  Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


3 de agosto de 2012

Cristo, Profeta



 Viernes XVII del tiempo ordinario

Mt 13, 54-58

“En aquel tiempo, Jesús viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: ‘¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?’. Y se escandalizaban a causa de Él. Mas Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio’. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe."


COMENTARIO

Era lógico que Jesús volviera al pueblo donde había vivido muchos años sin darse a conocer como el Mesías y como el Ungido de Dios. No era, pues, extraño que quisiera, allí también, dar a ver la Verdad.

El ser humano común, no el santo, suele tener envidia de aquello que ha conseguido otro ser de su misma especie. Se buscan excusas para no dar por bueno lo que hace otro y eso, exactamente, es lo que hacen con Jesús. Se extrañan que haga lo que hace porque conocen de dónde viene. Bueno, conocen dónde vivió pero no, al parecer, de dónde viene que es de Dios.

Jesús, sin embargo, no deja su tierra sin hacer algo bueno. Dice San Mateo que no hizo muchos milagros pero que, al menos, hizo algunos. Y eso porque su fe no estaba arraigada en Dios sino, seguramente, en los hombres que les habían llevado por el camino de la perdición espiritual. Y no quieren seguir al verdadero Profeta de Dios.



JESÚS, quieres que todos conozcan Quién eres y lo que eres capaz de hacer y decir. Sin embargo, al igual que te pasó entonces, ahora tampoco queremos ser consecuentes con la fe que decimos tener y seguir.




Eleuterio Fernández Guzmán


2 de agosto de 2012

Sentido de la Biblia en nuestra vida

 



Dice Francisco Varo (1), tomando palabras de Gregorio Magno, que la Biblia es, al fin y al cabo, “una carta de Dios dirigida a su criatura”. Y, por eso mismo, un “mensaje que le hace llegar quien lo conoce bien y lo quiere”.

La Palabra de Dios, contenida en los libros que forman las Sagradas Escrituras, es, pues, para los que nos consideramos hijos del Padre, un instrumento poderoso que, bien conocido y utilizado, fundamenta nuestra propia existencia y da sentido a nuestro caminar hacia el definitivo Reino de Dios.

Supone, por tanto, una especie de asidero al que poder acudir en nuestro quehacer; un, a modo, de piedra angular sobre la que se construye nuestra vida.

Así, seguimos las palabras de San Juan, que, en su Primera Epístola (1, 2-3) dejó escrito que “Os anunciamos la vida eterna: que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos para que también vosotros viváis en esta unión nuestra que nos une con el Padre y con su Hijo Jesucristo”.

Por otra parte, el sentido que tiene la Biblia para los cristianos, aquí católicos, lo expresa bien la Constitución Dei Verbum cuando, en su número 13 dice que “Sin mengua de la verdad y de la santidad de Dios, la Sagrada Escritura nos muestra la admirable condescendencia de Dios, ‘para que aprendamos su amor inefable y cómo adapta su lenguaje con providencia solícita por nuestra naturaleza’” (2)

¿Podemos entender, por otra parte, que lo dicho en las Sagradas Escrituras tiene alguna utilidad en un mundo tan alejado de Dios como el que nos ha tocado vivir?

En primer lugar, lo que, en realidad, supone, es una voluntad (en quien se acerca a ellas) de ver transformada su vida. Bien sabemos que, siendo Palabra de Dios está, ahí, puesta, para mostrarnos el camino hacia el Padre y no como una bella forma de decir las cosas.

Tenemos pues, como dice Francisco Varo (en el libro citado supra) “un largo forcejeo íntimo contra sí mismo” que cada cual realizamos cuando, al enfrentarnos con la lectura de la Biblia, vemos que lo que allí se propone dista mucho de nuestra voluntad, muchas veces mundana.

Al transformar nuestro corazón (de uno de piedra, si lo era, a uno de carne) nuestras relaciones con los demás han de cambiar porque bajo el prisma de las Sagradas Escrituras la relación con el otro deviene fraterna y con eso, seguramente, dejaremos de apuntar los errores ajenos en piedra para escribirlos, cribados por la misericordia de tan nuevo corazón, en el agua donde, fácilmente, se borran. Y eso porque habrá perdón.

Por otra parte, ver el mundo a la luz de la Biblia no es, por decirlo así, una manifestación de buenismo ni algo como alejado de la dureza de las cosas sino, al contrario, un afrontar las mismas con el consejo sabio de Cristo y la mano experta y paterna de Dios.

Es, sobre todo, y más que nada, algo eminentemente útil la lectura y comprensión de las Sagradas Escrituras.

A la luz de Dios el encuentro con el Padre en los libros que componen el Antiguo y el Nuevo Testamento, es tan válido para nuestra vida que prescindir de ello no es algo recomendable ni, tampoco, admisible para un cristiano. Agua viva que no podemos dejar de beber.

 Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Soto de la Marina
 
NOTAS
(1) Profesor del Antiguo Testamento en la Universidad de Navarra. Aquí la referencia es al libro “¿Sabes leer la Biblia?”, publicado en la Editorial Planeta.
(2) San Juan Crisóstomo (último entrecomillado), In Gen.3.8.hom17,1

Saber qué pasará



Jueves XVII del tiempo ordinario

Mt 13, 47-53

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?’ Dícenle: ‘Sí’. Y Él les dijo: ‘Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo’. Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí".

COMENTARIO

Jesús continúa avisando acerca de lo que será el fin del mundo y la vida eterna. Lo que dice a veces no nos viene bien porque en demasiadas ocasiones actuamos, en exclusiva, como seres humanos demasiado mundanos.

Separar lo bueno de lo malo. Eso dice Jesús acerca de lo que será, cuando Dios quiera, la separación de los seres humanos que hayan actuado de acuerdo a la voluntad del Creador y los que no hayan cumplido con la misma.

No ser de lo viejo sino de lo nuevo es algo que, con la visión en la vida eterna, debemos tener en cuenta porque, de otra forma, no disfrutaremos de la visión beatífica. Y nos conviene, también de forma egoísta, no ser de lo viejo sino, al contrario, odres nuevos que contengan lo nuevo de Dios en nosotros.

JESÚS, quieres que todos disfrutemos de la vida eterna y por eso mismo en tantas ocasiones nos dices lo que nos conviene. Sin embargo, ni siquiera sabiendo Quién eres, solemos hacerte mucho caso.




Eleuterio Fernández Guzmán


1 de agosto de 2012

Darlo todo por la vida eterna



Miércoles XVII del tiempo ordinario

Mt 13,44-46

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

‘También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra’”.

COMENTARIO

Es común no tener en cuenta la importancia que tiene, para nuestra vida, la que es eterna y, en definitiva, nuestra estancia para siempre, siempre, siempre, en el definitivo Reino de  Dios. Y, así, nos apartamos del Creador porque, el fin y al cabo, porque no nos conviene seguirlo.

De forma muy contraria debemos actuar porque la vida eterna es un destino que nos es reservado por Dios para cada uno de nosotros. Cuando la encontremos, entonces, no queremos perderla nunca porque es un bien que ni tiene precio ni podemos esperar anda mejor de parte del Creador.

Pero también podemos buscar la vida eterna. Nos es dada por Dios porque quiere pero tampoco podemos negar que no podemos sentarnos a esperar que nos sea dada sin hacer nada. Por eso dijo San Pablo que no debía comer quien no trabajara...




JESÚS,  la vida eterna nos es entregada por Dios porque así es su voluntad. Nosotros, sin embargo, en demasiadas ocasiones, hacemos como si no supiésemos nada de ella y como si, en realidad, no nos interesara.



Eleuterio Fernández Guzmán


31 de julio de 2012

Ser cizaña o buen trigo




Martes XVII del tiempo ordinario

Mt 13,36-43

“En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: ‘Explícanos la parábola de la cizaña del campo’. Él respondió: ‘El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

‘De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga’”.

COMENTARIO

Todos conocían qué hacía la cizaña en un campo donde salía y no era otra cosa que estropear y hacer que una cosecha viniera a menos pues la labor de tan mala hierba era y es, casi, menospreciar lo bueno en aras del beneficio de lo malo.

Jesús no calla nada de lo que es muy importante y que debían saber aquellos que lo escuchaban. Todo lo que les dice se ha de cumplir palabra por palabra y, por eso mismo, no deberíamos hacer oídos sordos a lo que entonces dijo.

El Hijo del hombre ha de venir por segunda vez. Entonces los ángeles de Dios cumplirán con la misión de separar lo bueno de lo malo, la cizaña del buen trigo y, en fin, a los que han de ir a la condenación eterna o al definitivo Reino de Dios.


JESÚS,  sabes que es muy importante que no seamos como la cizaña. A cada uno de nosotros nos corresponde decidir qué somos aquí, en este valle de lágrimas. Es una pena que, en demasiadas ocasiones nos guste tanto ser cizaña.



Eleuterio Fernández Guzmán


30 de julio de 2012

El Reino de Dios es más normal de lo que parece



Lunes XVII del tiempo ordinario

Mt 13,31-35

“En aquel tiempo, Jesús propuso todavía otra parábola a la gente: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas’.

Les dijo otra parábola: ‘El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo». Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: ‘Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo’”.


COMENTARIO

Ejemplos de la vida ordinaria, común, utiliza Jesús en muchas ocasiones. Sabe que es la mejor forma de que aquellos que le escuchan entiendan lo que quiere decirles sin entrar en profundidades teológicas que pudieran no entender.

El Reino de Dios es como... es la forma habitual de empezar una parábola. Podemos entender que se refiere a Dios mismo. En un caso el Creador es como una semilla muy pequeña que entra en el corazón y, si la dejamos fructificar, hace mucho bien en nosotros.


También es el Reino de Dios como la levadura que transforma aquello que toca, la masa de harina, para que lo que era de un tamaño determinado devenga mayor y mejor. Así, la Palabra de Dios es como tal producto casero y hace en nosotros un efecto similar.


JESÚS,  sabes que lo simple es mejor para nuestro corto entendimiento de hombres. Así, con lo poco haces mucho y con lo que es pequeño, grandes realidades espirituales. A veces nosotros, sin embargo, no prestamos la debida atención a lo que nos dices.



Eleuterio Fernández Guzmán


29 de julio de 2012

Teoría y práctica católica - Doctrina católica elemental

Teoría y práctica católica-Doctrina católica elemental

Si a un católico se le dice que tiene que cumplir tal o cual precepto seguramente te dirá que no está obligado porque la Ley de Dios no se impone su cumplimiento. Y esto, con ser cierto, no está totalmente de acuerdo con la naturaleza de la fe que tiene y de la que tenía que tener formación adecuada.

Por eso, exactamente por eso, tener un conocimiento siquiera elemental de la fe que se dice tener no deja de ser obligación grave de todo católico. Así, si hablamos de los Mandamientos de la Ley de Dios y, pasando por las Bienaventuranzas, seguimos con El Credo como expresión de una fe adulta, concluiremos que no es poco lo que se hace necesario aprender (pues se trata, también, de ser enseñado) y que es abundante el campo que se debe labrar para obtener un buen fruto de tal labranza que sólo saldrá a la luz si es que se cumple con lo que se dice ser o, lo que es lo mismo, si la teoría se lleva a la práctica.



El autor: Eleuterio Fernández Guzmán es seglar, catequista y licenciado en Derecho. Nació en Granada en 1963 y vive, actualmente, en Torrent (Valencia-España) Está casado y tiene dos hijos.


Datos técnicos:

Editorial: Lulu (http://www.lulu.com/spotlight/eleuterio63)
Materia: Religión y espiritualidad
Destinatarios: Creyentes católicos
Formato: 18,9 x 24,59
Páginas: 209
ISBN: 580008500569
Precio con Iva :10 € en formato papel; 1 € en formato pdf.


Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Acción Digital