20 de enero de 2019

El exacto poder de Dios

Jn 2, 1-11

“Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: ‘No tienen vino.’ Jesús le responde: ‘¿Qué tengo yo contigo mujer?, Todavía no ha llegado mi hora.’ Dice su madre a los sirvientes: = ‘Haced lo que él os diga.’ = Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: ‘Llenad las tinajas de agua.’ Y las llenaron hasta arriba. ‘Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.’ Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían  sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: ‘Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.’ Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos.”
       


COMENTARIO


En aquellos días eran aún pocos los discípulos de Jesús. Sin embargo, ya le siguen, a Él y a su Madre, María, como invitados a una boda. Y no podemos negar que la Madre quería mucho a los novios porque, e un momento determinado se da cuenta, ella se da cuenta, de que pronto va a faltar el vino. Y conmina a su hijo a que haga algo. Y lo hace porque sabe que puede. Pero Jesús cree que aún no ha llegado su hora o, al menos, eso nos hace ver.

Sin embargo, no puede decir no a su Madre y convierto el agua en el mejor vino que nunca se haya podido beber. Y eso lo dice el maestresala. Por eso, aquellos que le seguían sabían que allí había algo más que un simple hombre.


JESÚS, gracias por manifestarte de aquella manera en Caná.

Eleuterio Fernández Guzmán


19 de enero de 2019

Seguir a Cristo


  
Mc 2,13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: ‘¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?’. Al oír esto Jesús, les dice: ‘No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”.

COMENTARIO

Aunque no hacía mucho tiempo que Jesús llevaba predicando la Buena Noticia lo bien cierto es que su fama de buen Maestro parece que se había extendido. Por eso se nos dice que muchas personas acudían donde Él iba.

Jesús sabe que necesita algunos, de entre sus contemporáneos, que transmitan su santa doctrina. Pero, además, no escoge, digamos, a lo más granado de la espiritualidad judía sino a unos hombres normales y corrientes como Leví, Mateo que era, además, considerado como pecador por ser recaudador de impuestos.

Pero había muchos que no tenían tan acción por buena sino, al contrario, por muy mala. Sin embargo Jesús sabe, y lo dice, que no ha venido a curar a los que no necesitan cura sino a los enfermos. Y eso hace, precisamente, con Mateo y con muchos otros.

  

JESÚS, cúranos de nuestra ceguera espiritual y acércanos a Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de enero de 2019

Jesús salva, Dios salva




Mc 2,1-12

Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra. 

Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: ‘Hijo, tus pecados te son perdonados’. 

Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: ‘¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?’. Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: ‘¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’’. 

Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: ‘Jamás vimos cosa parecida’.”


COMENTARIO

Entre los contemporáneos de Jesús había muchos que no creían en lo que decía ni, menos aún, en lo que hacía. Ciegos como estaban ante la Verdad cualquier realidad que pudiera mostrar el Hijo de Dios les era indiferente cuando no preocupante.

Aquel hombre paralítico necesitaba una ayuda más que grande. Sus amigos tiene fe en Jesús y se acercan al Maestro para que lo cure. Pero no puede pues es difícil acceder a su cercanía. Hacen todo lo posible porque confían en Jesús.

Jesús sabe que la fe salva. Cura al paralítico porque tiene fe él y sus amigos, porque creen que le podrá salvar. Sin embargo, aquellos que dudan de Jesús no quedaron convencidos, ni siquiera, con aquello que habían visto.


JESÚS, los que te persiguen quieren ver cómo actúas contra Dios y contra su Palabra. Ayúdanos a nos ser como ellos y a creer siempre en Ti.




Eleuterio Fernández Guzmán

17 de enero de 2019

Una fe muy grande




Mc 1,40-45

En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: ‘Quiero; queda limpio’. Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: ‘Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio’.
Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes”.

COMENTARIO

Muchos necesitados sabían que Jesús podía hacer mucho por ellos. Por eso aquel leproso se arrodilla, en señal de adoración, ante Jesús. Quiere quedar limpio de la terrible enfermedad de la lepra que le aparta de la sociedad.

Jesús se compadece de aquel hombre que muestra confianza en su persona. Y es que le dice que si quiere puede curarlo. ¡Si quiere! Es expresión de entender que el Maestro puede, si quiere, hacer mucho por él. Y Jesús lo cura. No puede hacer menos por quien le muestra una tal fe, una tal confianza.

Jesús no quiere que se sepa aun que ha llegado el Mesías. Sabe que no están preparados todavía. Pero aquel hombre, curado de su enfermedad, no puede callar. Nos lo podemos imaginar dando loas y alabanzas a grito pelado por los caminos.

JESÚS, ayúdanos a tener una fe tan grande como la que manifestó aquel leproso.


Eleuterio Fernández Guzmán

16 de enero de 2019

Para eso ha venido Cristo


  
Mc 1,29-39

En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. 

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. 

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan’. El les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido’. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”
.

COMENTARIO

La misión que tenía encomendada Cristo la estaba cumpliendo a la perfección. Sin dejarse llevar por respetos humanos o el qué dirán de aquellos que mal le querían, caminaba, como muchos reconocieron, haciendo el bien.

Había muchos que no creían en Él. Sin embargo, los humildes, los más pequeños de entre sus contemporáneos confiaban en Aquel que enseñaba de una forma distinta a como lo hacían sus otros maestros. Por eso se le acercaban y buscaban consuelo en su corazón y curación en sus manos y palabras.

Jesús dice, entonces, algo muy importante que viene a demostrar que es el Hijo de Dios. Y dice que ha salido, precisamente, para predicar y enseñar al mundo la Palabra del Padre. Era Él elegido por el Creador y, por eso mismo, continuaba cumpliendo con aquella necesidad de predicación que tenía el mundo, entonces, caído en el abismo.


JESÚS, ayúdanos a seguirte siempre como Quien eres: el Hijo amado de Dios a quien debemos escuchar.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de enero de 2019

Enseñar con la autoridad de Dios



Mc 1, 21b-28

21 Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. 22 Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. 23 Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: 24 «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». 25 Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». 26 Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. 27 Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». 28 Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

COMENTARIO

Que el Hijo de Dios enseñara con una autoridad no conocida hasta entonces no es nada extraño para nosotros que sabemos que era Él, precisamente, Quien había venido al mundo a anunciar la Buena Noticia. Por eso cuando, en la sinagoga se levanta y se pone a enseñar no lo hace como lo podría hacer otro judío cualquiera porque, sin duda, no era una persona cualquiera. Y echa un espíritu inmundo de una persona (todo un exorcismo, podríamos decir) porque no dejaba vivir a quien poseía. Y aquellos que eso veían no podían hacer otra cosa que admirar una forma de enseñar así y de actuar de tal manera.

JESÚS, gracias por cumplir con tu misión.

Eleuterio Fernández Guzmán

14 de enero de 2019

Escuchar a Cristo y seguirlo


Mc 1, 14-20

“14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: 15 ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva’. 16 Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: ‘Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres’. 18 Al instante, dejando las redes, le siguieron. 19 Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; 20 y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.”


COMENTARIO

Era evidente que Jesucristo sabía que era Dios hecho hombre y que llegaría un momento en el que debía cumplir la misión para la que había sido enviado a la Tierra. Por eso, el encarcelamiento de su primo Juan, el Precursor, debía ser la señal a partir de la cual empezar su tiempo de predicación.  Y lo hacía anunciando la Buena Nueva según la cual el Reino de Dios había llegado al mundo y, lo que es mejor, que la vida eterna ahora era posible alcanzarla. Y fue buscando a los que serían sus discípulos más cercanos, los Apóstoles. Y ellos, que debían ver algo en la mirada y en las palabras de aquel hombre que los llamaba, no dudan en dejar todo lo que tienen entren las manos y se van con Él.


JESÚS,  gracias por haber escogido de aquella forma a los Apóstoles.

Eleuterio Fernández Guzmán

13 de enero de 2019

El Hijo de Dios



Lc 3, 15-16. 21-22


“15 Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; 16 respondió Juan a todos, diciendo: ‘Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego’.

21 Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, 22 y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo:  ‘Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado’”.
       
COMENTARIO

Juan el Bautista sabía más que bien que él no era el Mesías. Eso lo tenía muy bien asimilado y aprendido. Y es que Quien lo había enviado a bautizar con agua (como dice él mismo) le había dicho que haría lo propio con Su Enviado. Por eso sabe que el Mesías, a diferencia de él, ha de bautizar con Espíritu Santo y fuego y eso va mucho más allá porque supone una limpieza total del alma. Y todo eso se confirma cuando, al ser bautizado el Hijo de Dios y salir del río Jordán donde Juan le había aplicado el agua de su bautismo, es Dios mismo quien todo lo que tiene que decir, dice. Y es que el Padre del Mesías quería dejar bien sentado y claro, para que no nadie se llevara a engaño, que Aquel sobre quien se posaba la paloma (símbolo del Espíritu Santo, entre otros) era su Hijo amado, engendrado y no creado.

JESÚS, gracias por aceptar la misión que Dios te había encomendado.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de enero de 2019

Signos de Dios



Lc 5,12-16

Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: ‘Señor, si quieres, puedes limpiarme’. Él extendió la mano, le tocó, y dijo: ‘Quiero, queda limpio’. Y al instante le desapareció la lepra. Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: ‘Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio’. Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. Pero Él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.”


COMENTARIO

La lepra era una enfermedad que incapacitaba socialmente a quien la padecía. Por eso los leprosos, al no conocerse cura para tal padecimiento, estaban apartados físicamente de las ciudades. Por eso aquel leproso necesitaba tanto la ayuda de Jesús.

El leproso confía en Jesús, tiene fe en el Maestro. Por eso le dice que si quieres puede curarle. Eso es clara manifestación de estar seguro de que, en efecto, si quiere el Hijo de Dios puede curarle. Y, como era de esperar en persona tan necesitada y, además, de fe, obtiene lo que quiere.

Jesús, sin embargo, le dice que vaya al sacerdote y haga la ofrenda que está escrita en la ley para que se sepa que ha sido curado por intervención divina, de Dios. no es de extrañar, por lo tanto, que la fama de Jesús se extendiese por todo el mundo cercano a su tierra.




JESÚS, cuando curas al leproso haces algo que nadie había hecho hasta entonces. Es un signo de tu poder y de que Dios está contigo. Ayúdanos a tener siempre en cuenta que lo que pasa es que eres el Creador hecho hombre.



Eleuterio Fernández Guzmán


10 de enero de 2019

Se cumple la voluntad de Dios



Lc 4,14-22

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. 

Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor’. 

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: ‘Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy’. Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca
”.


COMENTARIO

En realidad, Jesús no estaba haciendo nada extraño de lo que había hecho a lo largo de la vida que conocemos como “no pública”. Es de creer que en aquellos años de los que no sabemos nada acudiera a la sinagoga a llevar a cabo el culto a Dios y que leyera las Escrituras Santas.

Ahora, sin embargo, pasa algo extraordinario. Cuando le da a leer del libro del profeta Isaías busca un texto que pueda ser entendido teniendo en cuenta Quien es Él. La misión que Dios le ha encomendado está allí mismo escrita: anunciar a los pobres la Buena Noticia de que ha llegado el Reino de Dios y los que están cautivos van a ser liberados.

Es cierto que muchos, incluso en el pueblo donde había crecido en sabiduría y en gracia de Dios, no entendían como el hijo del carpintero decía lo que decía. Sin embargo, otros muchos sí creyeron en sus palabras y se dieron cuenta de que eran santas.



JESÚS, ayúdanos a no duda de tus palabras y a tenerlas como Palabra de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


9 de enero de 2019

El poder de Dios


Mc 6,45-52

Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús enseguida dio prisa a sus discípulos para subir a la barca e ir por delante hacia Betsaida, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y Él, solo, en tierra. 

Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero Él, al instante, les habló, diciéndoles: ‘¡Ánimo!, que soy yo, no temáis!’. Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada
”.


COMENTARIO

No dejamos de recordar, en este texto del evangelio de san Marcos, el milagro de los panes y los peces. Jesús, tras haberse dirigido al Padre en buscar de ayuda no puede, ¡qué menos!, que acudir al monte a orar. Allí se encuentra con Dios y es el lugar perfecto para tener la necesaria intimidad con el Creador.

Pero aún deben ver, sus apóstoles, algo más extraordinario. Jesús va a hacia ellos caminando sobre las aguas y eso les da miedo. No lo reconocen y lo tienen por fantasma… En realidad no saben que es Quien les va a salvar… inmediatamente.

Dice el texto que aquellos que más cerca andaban con Jesús no acababan de entender el episodio milagroso de la multiplicación de los panes. Lo que pasa es que, como también nos dice san Marcos, su mente no estaba abierta, aún, a la Verdad.




JESÚS, ayúdanos a no tener la mente embotada.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de enero de 2019

Lo consigue la confianza

Mc 6,34-44

En aquel tiempo, vio Jesús una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas. Y como fuese muy tarde, se llegaron a Él sus discípulos y le dijeron: ‘Este lugar es desierto y la hora es ya pasada; despídelos para que vayan a las granjas y aldeas de la comarca a comprar de comer’. Y Él les respondió y dijo: ‘Dadles vosotros de comer’. Y le dijeron: ‘¿Es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?’. Él les contestó: ‘¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo’. Y habiéndolo visto, dicen: ‘Cinco, y dos peces’.

Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos de comensales sobre la hierba verde. Y se sentaron en grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces y levantando los ojos al cielo, bendijo, partió los panes y los dio a sus discípulos para que los distribuyesen; también partió los dos peces para todos. Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. Y recogieron doce cestas llenas de los trozos que sobraron de los panes y de los peces. Los que comieron eran cinco mil hombres
”.


COMENTARIO


Cuando Jesús se encontraba ante una situación difícil de solucionar siempre hacia lo mismo: se dirigía a su Padre y le pedía por aquellos necesitados que, en efecto, lo estaban del cuerpo o del alma.

En aquella ocasión prueba a sus apóstoles. Les pide que sean ellos los que ayuden a los muchos necesitados de comida que allí se encuentra. Sin embargo ellos no saben cómo enfrentarse a una situación tan difícil. Les falta, aún, algo de fe.

Pero Jesús sabe qué hacer: bendice aquellos pocos bienes que se entregan y pide a Dios. Pide con tal intensidad y tal confianza en su santa Providencia que consigue lo imposible: aún sobraron doce cestas de pan y peces después de alimentar a miles de personas.
  


JESÚS, ayúdanos a tener más fe que aquellos apóstoles tuyos.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de enero de 2019


Y cumplió Cristo con su misión


Mt 4, 12-17.23-25

12 Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. 13 Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; 14 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: 15 ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! 16 El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido. 17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado». 23 Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó. 25 Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.”


COMENTARIO

Jesucristo, que sabía más que bien que era el Mesías, sabe que, cuando llegue el momento oportuno, sabrá que debe dar comienzo su misión predicadora. Y llega cuando conoce que su primo Juan había sido apresado porque sabe que su futuro no puede ser muy alentador al haber caído en manos de un pecador. Y comienza a predicar la conversión porque es bien cierto que tiene conocimiento perfecto acerca de cómo se alcanza la salvación. Y tal es la Buena Nueva, la Buena Noticia que lleva al mundo conocido entonces. Y, por eso, no nos extraña nada de nada que hubiese un gran número de personas que, escuchando la voz y la palabra de quien enseñaba con autoridad, les prometía el Cielo a cambio de una conversión verdadera y no falsa.



JESÚS, gracias por predicar la conversión de los corazones.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de enero de 2019

Tener fe como los Magos



Mt 2,1-12

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: ‘En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’’. 

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: ‘Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle’. 

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino
”.


COMENTARIO

Aquellos hombres sabios que habían recorrido un gran trecho desde sus tierras hasta Belén habían ido tras una estrella. Pero Herodes quería saber algo más acerca de quién iba a nacer. En realidad no podía admitir otro rey más que él mismo.

Los Reyes Magos acuden al lugar donde la estrella les indica. Saben el lugar exacto donde ha nacido el niño porque han sido guiados por el Espíritu Santo. Y le llevan regalos como era costumbre en aquella época cuando alguien iba de visita a la casa de alguien.

Los tres regalos que le llevan son más que conocidos: oro, incienso y mirra. Cada uno de ellos tiene un significado que es más que conocido, también. Y la actitud de Herodes, tras darse cuenta de que no sabía, tiempo después, dónde había nacido aquel rey, también la conocemos…


JESÚS, ayúdanos a regalarte aquello que tenemos y que es nuestra vida misma.

Eleuterio Fernández Guzmán


5 de enero de 2019


Debemos reconocer a Cristo



Jn 1, 43-51

43 Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: ‘Sígueme.’ 44 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe se encuentra con Natanael y le dice: ‘Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.’
46 Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’ Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás.’ 47 Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.’ 48 Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’ Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.’
49 Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.’ 50 Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.’ 51 Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.’”


COMENTARIO

Había quien descubrió pronto que Jesús era el Mesías. Ciertamente, eran muy pocos los que se dieron cuenta de eso. Pero, como Andrés, no dudan en comunicarlo a quienes conocen como, por ejemplo, a su hermano Simón, luego llamado Pedro por Cristo que sería el primer Papa de la Iglesia que fundaría el Mesías. Y Natanael era otro de los que supo ver la verdad. Lo hizo, sin embargo, por lo que consideraba un prodigio haber sido visto sin estar allí por parte del Maestro. Pero eso era, en verdad, muy poco y el Hijo de Dios se lo hacer ver. Y es que vendría un tiempo, vendrá porque aún no ha llegado, que veremos volver a Jesucristo en todo el poder de Dios para juzgar a vivo y a muertos.  



JESÚS, ayúdanos a esperar con fe el momento de tu nueva venida al mundo.

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de enero de 2019

Buscar a Cristo


Jn 1,35-42

En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: ‘He ahí el Cordero de Dios’. Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: ‘¿Qué buscáis?’. Ellos le respondieron: ‘Rabbí —que quiere decir, “Maestro”— ¿dónde vives?’. Les respondió: ‘Venid y lo veréis’. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: ‘Hemos encontrado al Mesías’ —que quiere decir, Cristo—. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: ‘Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas’ —que quiere decir, ‘Piedra’”.

COMENTARIO

En aquel tiempo, el del pueblo elegido por Dios, todo creyente esperaba la llegada del Mesías prometido por Dios. Por eso cuando Juan el Bautista señala a su primo Jesús como el Cordero de Dio hay quien, al escucharlo y sabiendo que Juan era un gran profeta, lo siguen: Juan, que sería Evangelista y Andrés, hermano de Pedro, lo siguen. Y no tardan en comunicar a los suyos que han encontrado al Cristo, al Mesías enviado por Dios. Y tampoco tarda nada el Hijo de cambiar el nombre a Pedro. Y es que tenía una misión reservada para él de suma importancia y, por eso mismo, lo llamará, desde entonces, “Piedra” porque sobre ella iba a edificar su Iglesia. Y lo hizo, como bien sabemos.

JESÚS,  gracias por haber escogido a Pedro de una forma tan especial.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de enero de 2019

Cumpliendo, siempre, la Ley de Dios


Lc 2, 21-24


“21 Cuando se cumplieron los ocho días para circundidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno. 22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos,según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor 23 como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor 24 y para ofrecerle en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.”

COMENTARIO

Por si no era ya suficiente con ver que la Sagrada Familia cumplía la Ley al haber acudido, antes del nacimiento del Hijo de Dios, a Belén para inscribirse en el censo ordenado hacer, ahora los vemos haciendo lo propio, no ya con la ley del hombre, sino con la de Dios. Y acuden a circundidar al recién nacido y, luego, a presentar al Niño a Dios. Y es que todo primer hijo debía ser presentado al Todopoderoso y, digamos, para rescatarlo, entregar determinadas ofrendas con la cuales se hacía tal cosa. Y, para que veamos que la Sagrada Familia no era una que lo fuera potentada o poderosa, hace entrega de los más humilde de entre los ofrecimientos en sacrificio. Y es que Dios que, en su bondad, quiso que las cosas sucedieran como sucedieron, así lo quería.

JESÚS, fuiste presentado a tu Padre del Cielo y allí se quedó tu corazón.

Eleuterio Fernández Guzmán


2 de enero de 2019

Quien ha de venir

Jn 1, 19-28


“Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’ El confesó, y no negó; confesó: ‘Yo no soy el Cristo.’ 21 Y le preguntaron: ‘¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?’ Él dijo: ‘No lo soy.’ – ‘¿Eres tú el profeta?’ Respondió: ‘No.’ Entonces le dijeron: ‘¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?’ Dijo él: ‘o soy = voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, = como dijo el profetaIsaías.’ Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: ‘¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?’ Juan les respondió: ‘Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia. Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.”

COMENTARIO

En la historia de la salvación, ha habido personas que han comprendido cuál era su misión. El Bautista sabía que no era el Hijo de Dios y que Otro iba a venir para cumplir una misión más que importante.

En efecto, el Bautista es la voz que clama en el desierto de la espiritualidad judía. Había llegado, el pueblo elegido por Dios, a una tal situación que estaba como si anduviera de nuevo por el desierto a la espera de la tierra prometida.

Juan es consciente de que quien tiene que venir es una persona más que importante. Sabe, además, que ya ha llegado al mundo porque dice que está en medio de los que le escuchan o, lo que lo mismo, que ha ya nacido.

JESÚS, ayúdanos a cumplir la misión que nos sea encomendada.

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de enero de 2019

Alabar a Dios

Lc 2,16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.”


COMENTARIO

Aquellos pastores no dudaron lo más mínimo acerca de lo que les había dicho el Ángel. Por eso no debieron extrañarse cuando vieron la escena que les había sido dicha. Tampoco debe extrañarnos que contaran a todos lo que les había pasado.

La Virgen María, como en otros episodios que contienen las Sagradas Escrituras, guarda en su corazón aquello que le está pasando con relación a su recién nacido hijo. Y es que debería servir de alimento espiritual para toda una vida de amor y de entrega.

Y le pusieron por nombre Jesús. Aquel era el que les había dado el enviado de Dios. Cumpliendo con lo establecido en la Ley no dudan en hacer todo lo que se les había dicho. Y es que cumplir con la voluntad de Dios no era nada extraño en ellos.

JESÚS, ayúdanos a ser tan cumplidores con la Ley de Dios como lo fueron José y María, alabando a Dios con ello.

Eleuterio Fernández Guzmán