13 de octubre de 2017

Estar con Cristo


Lc 11,15-26

“En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. 

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘«Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

‘Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio’”.


COMENTARIO

No es posible negar que había muchos, de los que perseguían a Jesús, que esperaban cualquier momento para zaherirlo y para ponerle las cosas difíciles. Al menos, eso era lo que creían ellos cuando lo acusa de estar con los demonios.

El Hijo de sabe que ellos, los que no lo quieren bien, tienen muy a bien que haya un enviado de parte de Dios. Y es que tal era la promesa del Todopoderoso para cuando llegara la culminación de los tiempos. Pero ellos no acaban de entender nada de lo que les dice.

Con toda claridad lo proclama Jesucristo: hay que estar con Él o contra Él. Es más, quien crea que no siguiéndole va a hacer algo bueno… está completamente equivocado.




JESÚS,  ayúdanos a estar siempre contigo.


Eleuterio Fernández Guzmán


12 de octubre de 2017

Guardar la Palabra de Dios y no olvidarla

Lc 11, 27-28

27 Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: 'Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron'. 28 Pero él dijo: 'Dichos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan'”.


COMENTARIO

Jesús enseñaba siempre que podía y, por tanto, no es nada extraño que este pasaje recoja un momento, de los mucho que tuvo que haber, en el que hablaba a los que querían escucharlo.

Alguien alaba a la Virgen María. Tampoco nos extraña que alguien diga que es dichosa aquella mujer que ha amamantaron a un Maestro como era Jesucristo. Pero eso, al contrario de lo que pudiera pensarse, hizo pensar al Hijo de Dios sobre eso mismo.

No es que Jesús no quisiera a su madre, la Madre. Lo que pasa es que sabe el Hijo de Dios que hay que hacer la voluntad del Todopoderoso. Y, por eso mismo, muestra, diciendo lo que dice, que su Madre es la primera que ha escuchado la Palabra de Dios y la ha guardado en su corazón.


JESÚS, ayúdanos a guardar la Palabra de Dios en nuestro corazón y hacerla efectiva en nuestra vida.

Eleuterio Fernández Guzmán


11 de octubre de 2017

Padre nuestro; Dios nuestro



Lc 11,1-4

Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: ‘Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos’. Él les dijo: ‘Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación’”.

COMENTARIO


Los apóstoles quieren orar. Bueno, lo que querían era orar como veían que lo hacía Jesús. Debían verlo tan concentrado en la oración que ellos no querían hacer menos que Él. Y por eso le piden que les enseñe a orar.

Jesús lo hace a su modo y manera: les enseña una oración sencilla. El caso es que tal oración es para dirigirse directamente a Dios, Padre de Cristo y Padre nuestro. Con la misma espera que comprendan que hablar con el Todopoderoso no es cosa imposible.

Esta oración que les enseña Jesús tiene todo lo que ha de tener una que sea agradable a los oídos del Padre: se le pide cosas que son intrínsecamente buenas para el hombre y, por eso mismo, es escuchada con gozo por el Creador. Y en cada una de las peticiones está puesto el corazón de Cristo… además.




JESÚS, nos enseñas una oración sencilla pero, a la vez, profunda. Ayúdanos a tenerla siempre presente en nuestra vida.

Eleuterio Fernández Guzmán








10 de octubre de 2017

Mejor es ser como María

Lc 10, 38-42

“En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude’. Le respondió el Señor: ‘Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada’”.

COMENTARIO


Los ejemplos que nos pone el evangelio de hoy, los de las amigas de Jesús y hermanas de Lázaro, son buenos porque nos ponen sobre la mesa dos actitudes distintas que podemos ofrecer ante Dios mismo y ante su Hijo Jesucristo.

Podemos ser Marta o María porque, es bien cierto que podemos optar por la actitud de ayuda a los demás, al estilo de Marta o tener en cuenta, más, en nuestra vida, la fe y lo espiritual.

En realidad debemos ser, a la vez, Marta y María. Así, por un lado, optamos por ser las manos de quienes las necesiten y, de paso, no olvidamos que lo hacemos por fe y por querer al prójimo como a nosotros mismos. Y tal ha de ser nuestra forma de actuar: ser Marta y María.


JESÚS, ayúdanos a tenerte en cuenta en nuestra vida sin olvidar, para nada, las necesidades del prójimo.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de octubre de 2017

Lo que debemos hacer lo dice Cristo



Lc 10-25-37

“25 Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿Qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?’ 26 El le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?’ 27 Respondió: = ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas = y con toda tu mente; = y a tu prójimo como a ti mismo.’ = 28 Díjole entonces: ‘Bien has respondido. Haz eso y vivirás.’ 29 Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ‘Y ¿quién es mi prójimo?’

30 Jesús respondió: ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó
en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. 31 Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. 32 De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. 33 Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; 34 y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. 35 Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.” 36 ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?’

37 El dijo: ‘El que practicó la misericordia con él.’ Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo.’


COMENTARIO

Podemos pensar que aquel hombre le pregunta a Jesús con intención, de verdad, de saber. Quiere conocer qué debe hacer para alcanzar la vida eterna. Y tal anhelo no era poca cosa sino, al contrario, muy mucho y muy mucho.

Jesucristo no le dice que, para alcanzar la vida eterna, deba hacer grandes cosas, grandes empresas emprender ni nada por el estilo. Simplemente pone ante la mesa la parábola del buen samaritano.

El buen samaritano es aquel que, de verdad, quiere alcanzar la vida eterna y es misericordioso con su prójimo aunque el mismo (y seguramente entonces más aún) no sea de su agrado. Auxilia a quien lo necesita sin mira cuáles son las circunstancias de su vida.


JESÚS,  ayúdanos a ser buenos samaritanos.


Eleuterio Fernández Guzmán


8 de octubre de 2017

Lo que Dios quiere para sus hijos

Mt 21, 33-43


“En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: ‘Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. 

‘Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?’. Dícenle: ‘A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo’. Y Jesús les dice: ‘¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos’”.


COMENTARIO

Jesús sabía, lo mismo que aquellos que entonces le escuchaban, que el pueblo elegido por Dios que el Todopoderoso había suscitado profetas de entre sus hijos y que otros de sus hijos los habían matado porque no les gustaba nada de nada lo que ponía en su boca Dios mismo.

Cuando ellos escuchan aquellas palabras que, estamos más que seguros, no eran de su agrado, debieron enfadarse mucho con aquel Maestro que les echaba en cara lo que habían hecho sus padres. Y es que ignoraban que ellos harían lo mismo con el Hijo de Dios.

Eso le sirve a Jesucristo para mostrarse como la piedra que había sido desechada por los llamados arquitectos del pueblo judío. Ellos lo habían rechazado pero Dios lo iba a convertir en la piedra sobre la que se iba a construir su Iglesia.



JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de la santísima voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán



7 de octubre de 2017

La llena de Gracia

Lc, 1, 26-28


“26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.’”


COMENTARIO

El Ángel Gabriel, enviado de Dios a una aldea de Israel, debía estar algo nervioso. Y es que la misión que debía cumplir no es que fuera difícil sino que se le escapaba de las manos. Era la joven a la que se dirigía la que debía decidir.

Aquella joven, apenas poco más de diez años, era fiel a Dios Todopoderoso. Oraba con intensidad pidiendo la salvación del pueblo elegido por el Creador. Se entregaba, por eso mismo, a la oración con ansia y perseverancia. Ella esperaba…

Cuando Gabriel se le presenta en aquella casa de Nazaret debió encontrarla rezando. Lo que le dice no podemos pensar que no fuera recibido con extrañeza por María. Sin embargo, aquel “llena de gracia” era mucho y suponía más que mucho.


JESÚS, ayúdanos a amarte como te amaba tu Madre.

Eleuterio Fernández Guzmán


6 de octubre de 2017

Escuchar a Cristo

Lc 10,13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado’”.


COMENTARIO


Jesús, mientras llevó una vida pública de predicación y, por tanto, de transmisión de la Palabra de Dios, hizo muchos milagros. Hechos extraordinarios jalonaron un caminar que hacía gozar a los que veían aquello que hacía. Pero no todos le creían.

Había muchos que, sin embargo, parecía no entender la misión que estaba cumpliendo el Maestro. No se arrepentían de sus pecados y, además, pretendían ser justos. Y Jesús sabe que tal no es, precisamente, la voluntad de Dios.

Jesús dice algo que es muy importante: escucharlo a Él es de una importancia tal que otra cosa mejor no hay. Hay que seguir lo que Cristo dice pues, siendo Dios hecho hombre, nada malo puede querer para nosotros. Y hacer otra cosa, además, tiene negativas consecuencias que no deberíamos olvidar.




JESÚS, quien a Ti te escucha hace lo propio con Dios. Ayúdanos a tenerte siempre presente en nuestro corazón y a acariciar tus palabras porque son Palabra de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


5 de octubre de 2017

Todos han de conocer la Palabra de Dios

Lc 10,1-12

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’. 

‘En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca’. Os digo que en aquel día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad’”.


COMENTARIO


Jesús sabe que es muy importante que su labor evangelizadora se difunda allá por donde eso sea posible. Por eso escoge a setenta y dos discípulos y los envía predicar. Y les da las oportunas instrucciones a tal efecto.

No han de contar salvo que con la Palabra de Dios. Nada han de llevar consigo pues Dios ha de proveer para los trabajadores de su mies. Pero, a la vez, han de rogar a Dios para que envíe a más trabajadores a su mies porque es grande y ha de ser labrada con la savia de su Palabra.

No obliga, sin embargo, Jesús a aceptar la Palabra de Dios y su doctrina. El ser humano es libre. Sin embargo, no deja de reconocer que Dios es justo y que, cuando sea el momento oportuno, se apartará de los que antes se apartaron de Él.




JESÚS, quieres que todos conozcan la Palabra de Dios. Ayúdanos a ser modernos apóstoles tuyos.

Eleuterio Fernández Guzmán
  

4 de octubre de 2017

Seguir a Cristo sin mirar atrás

 Lc 9,57-62
En aquel tiempo, mientras iban caminando, uno le dijo: ‘Te seguiré adondequiera que vayas’. Jesús le dijo: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. A otro dijo: ‘Sígueme’. El respondió: ‘Déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Le respondió: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios’. También otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa’. Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios’.

COMENTARIO


Era cierto que seguir a Jesús tenía que hacerse de forma radical, de raíz. Pero era normal que aquellos que querían hacer eso no olvidaran, de golpe y porrazo, lo que había sido su vida hasta tal momento.

Jesús sabe a qué atenerse. Sabe que no es fácil seguirle porque, en realidad, no tiene nada. Nada de nada aunque sabe que sólo le basta el Amor del Padre y su santa voluntad.

El Hijo de Dios dice algo muy grave (para los oídos de según qué personas): hay que dejarlo todo, no mirar atrás… para seguirle. En realidad, se trata, de querer hacer eso, de cambiar el corazón y, para eso, deben cambiar muchas cosas.



JESÚS, quieres que te sigamos pero que lo hagamos con todas las consecuencias. Ayúdanos a hacer eso.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de octubre de 2017

Sobra la ira y la rabia

Lc 9,51-56

Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’. Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.”


COMENTARIO


Jesús, a pesar de los intentos de Satanás (en boca de Pedro) para que evitar aquello que, por voluntad de Dios, debía sucederle, sabía que nada podía hacer para oponerse a la misma. En realidad, podía pero, como hijo fiel, no quería.

Jesús quiere ir a Jesuralén porque sabe que allí le darán muerte y que la misma será para bien de la humanidad. Y algunos de sus discípulos, que al parecer, no entendían lo que estaba pasando, manifiestan una ira y una rabia que no era la propia del Reino de  Dios.

Jesús no puede permitir que se utilice el poder de Dios para hacer daño. Él, portavoz de la paz verdadera no estaba dispuesto que en nombre del Creador se pudiera dañar al prójimo. Y los reprende.


JESÚS, algunos de los tuyos manifiesta una ira y una rabia que no puedes permitir. Ayúdanos a tener un corazón blando, limpio, puro jovial y no vengativo.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de octubre de 2017

Ser como niños


Lc 9,46-50

“En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: ‘El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor’.

Tomando Juan la palabra, dijo: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros’. Pero Jesús le dijo: ‘No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros’”.



COMENTARIO

No es nada extraño (ni entonces ni ahora) que cuando hay posibilidad de ser el primero entre iguales, haya quien quiera ser primero entre iguales. Por eso alguno de los que seguía a Jesús más de cerca quería ser el primero, el mayor, el más importante.

Jesús, como tantas veces sucede, tiene una opinión muy distinta de aquellos que ansían el poder y ser los primeros. Y es que el Hijo de Dios sabe que lo que su Padre quiere no es, precisamente, lo que ellos entienden por poder.

El ejemplo del niño (al que da una importancia desusada en su tiempo) es claro: el corazón de un infante, aún no limitado por los egoísmos adultos, es un campo más que adecuado para sembrar el amor de Dios y para dirigirse al Padre. Y así deben ser los que le siguen.


JESÚS,  ayúdanos a ser como niños.


Eleuterio Fernández Guzmán


1 de octubre de 2017

Lo que Dios quiere para nosotros


Mt 21, 28-32

"En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes: '¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la  viña’. Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue.

'¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?'. 'El primero', le dicen. Díceles Jesús: 'En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en Él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en Él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en Él'".



COMENTARIO

Este texto del Evangelio nos muestra hasta qué punto podemos llegar a mentir a Dios. Y Jesucristo, como podemos imaginar, no quería que eso sucediera. Por eso pone sobre la mesa el caso de aquellos hijos que no querían, en el fondo, hacer lo que quería su padre.

Uno de ellos dice sí, pero luego es no; el otro, dice no pero, al final es sí. Por eso, Cristo pregunta sobre quién hace lo que debe hacer siendo, el segundo de ellos, quien ha hecho lo correcto. Se ha corregido, arrepentido.

Le sirve esto, al Hijo de Dios, para hablar de lo que, verdaderamente, importa que no es otra cosa que comprender la voluntad de Dios y creer que es verdadera y cierta para la vida de un hijo suyo. 



JESÚS, ayúdanos a aceptar lo que Dios quiere para nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de septiembre de 2017

Temer a la Verdad


Lc 9,43b-45

En aquel tiempo, estando todos maravillados por todas las cosas que Jesús hacía, dijo a sus discípulos: ‘Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres’. Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto”.


COMENTARIO

Dice este texto del evangelio de San Lucas que aquellos que veían a Jesús estaban maravillados de aquello que hacía. Todos aquellos estaban deslumbrados por el don de su palabra y por los hechos extraordinarios que llevaba a cabo.

Jesús, sin embargo, sabía que no toda iba a ser de color de rosa. Tendría que llegar el momento en el que su vida sería de poca importancia para muchos. Entregaría su vida y lo haría a manos de aquellos que tantos habían seguido. Tal era la verdad.

Aquellos que escuchaban lo que les decía acerca de su futuro tenían miedo. No entendían mucho de lo que les estaba diciendo y si, además, tenía que ser con su muerte… mucho menos. Temían a la verdad.






JESÚS, el miedo es algo natural en el hombre. Ayúdanos a no tenerlo cuando se refiera a Ti y a la Verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán

29 de septiembre de 2017

Querer ser como Natanael

Jn 1, 47-51

“En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Jesús le contestó: ‘«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores’. Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’”.

COMENTARIO

No podemos negar que aquel hombre, Natanael, podía sentirse feliz porque el Maestro lo hubiera señalado de forma tan especial. Y es que, al parecer, ya lo conocía antes de que él mismo hubiera hablado con Él.

Natanael se sorprende. En realidad, no era para menos porque Jesucristo le dice que lo ha visto en un lugar donde, con toda seguridad, sólo estaba él. Y eso lo ve como manifestación de ser el Hijo de Dios.

Jesucristo que, en efecto, es el Hijo de Dios, sabe que eso no es nada. Es decir, que tanto Natanael como muchos otros han de ver, todavía, cosas extraordinarias que han de afirmar que, como decía aquel discípulo de Cristo, era Quien era.


JESÚS, ayúdanos a ser como Natanael: creyentes.

Eleuterio Fernández Guzmán


28 de septiembre de 2017

Querer conocer a Jesucristo

Lc 9,7-9

En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo:’ Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?’. Y buscaba verle”.


COMENTARIO

Es muy normal que el mundo se sorprenda de aquello que no entiende o que no quiere entender. El caso del mundano Herodes muestra lo que eso significa. No se entera de nada porque no cree, no tiene fe. Por eso mandó decapitar a Juan el Bautista.

Lo cierto es que hay gran desconcierto. Cuando la gente escucha a Jesús predicar no sabe, a ciencia cierta, quién es. Por eso el Hijo de Dios pregunta muchas veces, a sus apóstoles, que quién cree la gente que es.

Herodes, sin embargo, podía no estar perdido para siempre. Cuando sabe de Jesús quiere verle. Seguramente lo decía por curiosidad, por conocer de quien tanto bueno se decía. Podía, entonces, haberse convertido al conocer a Jesús de no haber sido por las circunstancias de aquel conocimiento…




JESÚS, los que no te conocen no pueden conocer a Dios. Por eso el mundo está tan perdido y alejado del Padre. Ayúdanos a tenerte siempre presente.


Eleuterio Fernández Guzmán


27 de septiembre de 2017

Caminar con Dios

Lc 9,1-6

En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: ‘No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos’. Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes”.


COMENTARIO

Cuando Jesús escogió a los doce que iban a ser sus apóstoles debía hacer algo más. Por eso les dona una serie de gracias propias de Dios y del poder del Todopoderoso. Por eso pueden, a partir de tal momento, curar enfermedades.

Pero Jesús les conmina a actuar de una forma muy concreta. Así, por ejemplo, no deben querer bienes materiales de forma que puedan ser dominados por ellos. Dios ha de proveer todo para aquellos que envía y eso es más que suficiente.

Aquellos escogidos salen a los caminos, van a los pueblos y hacen todo lo posible para cumplir con la misión que Jesús les había encomendado. Transmite, así, la Buena Noticia de que el Reino había llegado a la Tierra y que Dios había enviado al Mesías para procurar la salvación del mundo.






JESÚS, cuando envías a tus discípulos les das instrucciones muy válidas para un discípulo tuyo. Ayúdanos a serlo con conciencia de que lo somos.

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de septiembre de 2017

Lo que importa es cumplir la voluntad de Dios


Lc 8,19-21

En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: ’Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte’. Pero Él les respondió: ‘Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen’”.



COMENTARIO

No es nada extraño que cuando Jesús acudía a su pueblo, Nazaret, y estaba predicando en alguna casa, allí hubiera mucha gente. Y es que muchos querían escuchar a aquel vecino que se había hecho tan famoso.

Como era natural, la Madre del Hijo de Dios, y algunos de sus parientes, querrían hablar con Él. Y es que todo el tiempo debía estar predicando y, como sabemos, a veces no tenía tiempo ni para comer. Y van a buscarlo.

Los que no habían acabado de comprender el mensaje de Cristo lo llaman. Viene su familia. Pero Jesucristo, que lo tenía todo muy claro y sabía dónde estaba cada cosa, tenía que decirlo: su madre y sus hermanos de fe son aquellos que cumplen la voluntad de Dios. Por eso no es que desprecia a la Virgen María sino que, al contrario, la señala como quien ha hecho la voluntad del Padre antes que nadie.



JESÚS,  ayúdanos a cumplir la voluntad de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán


Dios todo lo sabe; nosotros no debemos ocultar nada



Lc 8, 16-18

“16 ‘Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. 17 Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. 18 Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará.’”

COMENTARIO

Lo que dice el Hijo de Dios y que recoge San Lucas en su Evangelio, tiene todo que ver con la que tenemos pero, sobre todo, con la que decimos tener. Y es que nos pone sobre la pista de qué es lo que, a tal respecto, debemos hacer y qué no debemos hacer.

Lo que no debemos hacer es ocultar nuestra fe como si nos diera vergüenza o tuviéramos miedo de mostrarla. Y es que luz, para que alumbre a quien la necesite, ha de ser puesta, digamos, a disposición de tal necesidad. Y muchos necesitan la fe aunque, a lo mejor, no lo sepan.

Pero hay algo más. Y es que dice algo enigmático sobre que se le quitará a quien no tenga… Ciertamente eso, dicho así, puede causar extrañeza. Sin embargo, deja de ser extraño si entendemos que se refiere a quien cree tener fe pero, en verdad, no la tiene por ser mera apariencia, tibieza o disimulo.

JESÚS,  ayúdanos a no ser tibios en nuestra fe.


Eleuterio Fernández Guzmán


24 de septiembre de 2017

Aceptar la voluntad de Dios



Mt 20-1-16

“1 ‘En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. 2 Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. 3 Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, 4 les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.’ 5 Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. 6 Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’ 7 Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado.’ Díceles: ‘Id también vosotros a la viña.’
8 Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a
los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.’
9 Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada
uno. 10 Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos
también cobraron un denario cada uno. 11 Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, 12 diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.’ 13 Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? 14 Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. 15 ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. 16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.’”


COMENTARIO

La parábola que Jesucristo pone en los oídos y en el corazón tiene que ver con lo que, al fin y al cabo, supone aceptar la voluntad de Dios que es, no lo podemos negar, lo único que debería importar a un hijo suyo.

Aquellos hombres, los primeros que habían sido llamados, creían que tenían más derechos. Lo único que tenían eran más tiempo para cumplir con la voluntad de aquel que los había llamado.

Dios, al respecto  de sus hijos, llama a cada uno de ellos a edades diversas. Lo mismo que en esta parábola, al principio del día, de la vida ordinaria, a mitad o al final de la misma. Lo que importa no es cuándo se ha sido llamado sino la respuesta que se da a tal llamada.


JESÚS, ayúdanos a saber escuchar la llamada de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán