26 de junio de 2016

Seguir a Cristo

Lc 9, 51-62                             

“Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’ pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo. Mientras iban caminando, uno le dijo: ‘Te seguiré adondequiera que vayas.’ Jesús le dijo: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde  reclinar la cabeza.’ A otro dijo: ‘Sígueme.’ El respondió: ‘Déjame ir primero a enterrar a mi padre. ’Le respondió: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.’ También otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.’ Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.’”                              

COMENTARIO

Cuando Jesús llama a Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, “Boanerges” es porque, en verdad, debían ser de armas tomar. Por eso no dudan en querer hacer perecer de mala muerte a los que no han querido recibir a Jesús. Actúan, sólo, como hombres.

Pero Jesús entiende las cosas de otra forma. Y reprende a los hermanos, seguramente, diciéndoles que el amor era más importante que determinadas cosas que, además, se sustentaban, en no conocer al Mesías.

Por eso seguir al Maestro no era fácil. Y por eso muchos, que querían seguirlo pero no querían dejar, del todo, su vida anterior, se ven reprendidos, también, por el Hijo de Dios. Y es que para poder ser discípulo suyo, hay que dejar del todo la vida anterior, el corazón viejo, el viejo vino.


JESÚS, ayúdanos a seguirte como quieres que te sigamos.



Eleuterio Fernández Guzmán


25 de junio de 2016

Le fe salvadora

Sábado XII del tiempo ordinario

Mt 8,5-17

En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: ‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado. 

Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’.

COMENTARIO

Todo lo que se había escrito al respecto del Mesías se estaba cumpliendo palabra por palabra. Por eso nos dice el autor de este Evangelio que, como dejó dicho el profeta Isaías, el Enviado de Dios iba a hacer lo que ahora estaba haciendo Jesús.

El caso es que, entre las curaciones más sonadas está la del criado del soldado romano. Se supone que aquel hombre no debía ser judío pero mostró una fe propia, al menos, de los temerosos de Dios. Y eso fue suficiente como para que Jesús le hiciera aquel gran favor.

Lo que caracteriza a Jesús es que goza con aquellas personas que tienen fe. Es decir, las que manifiestan confianza en lo que podía hacer el Maestro obtienen aquello que piden. Y es lo que pasó con la suegra de Pedro.

JESÚS, ayúdanos a tener fe; a tenerla.



Eleuterio Fernández Guzmán

24 de junio de 2016

El Bautista


Lc 1,57-66.80

Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados. 

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

COMENTARIO

La historia de la salvación iba a tener, digamos, un introductor. Iba a nacer de una mujer a la que llamaban estéril porque a su avanzada edad no había podido concebir un hijo. Y, cuando llegó la hora de que viniera al mundo se cumplió lo que el Ángel del Señor le dijera a Zacarías.

Aquella circunstancias de que a Zacarías se le soltase la lengua fue tomado como gesto de que algo importante había pasado cuando salió mudo del lugar sagrado y ahora mismo, cuando hace un niño de una mujer a la que llamaban estéril.

El nombre de Juan se lo había comunicado el Ángel a Zacarías. Y aquel hombre, que había desconfiado de las palabras del enviado de Dios, supo que su hijo iba a ser alguien muy importante. Y todo lo que el Creador había establecido… se cumplió.


JESÚS, ayúdanos a comprender el mensaje del Bautista.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de junio de 2016

La coherencia en la fe

Jueves XII del tiempo ordinario

Mt 7,21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’. 

‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’.

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.”

COMENTARIO

Debemos reconocer que el final de este texto es verdaderamente genial Y dice mucho acerca de la enseñanza de Jesús y de su santa doctrina. Y es que muchos reconocían que Jesús enseñaba con verdadera autoridad y no como la que decían tener los que, se suponía, debían enseñarles.

El centro de la enseñanza de hoy tiene que ver con la fe que se dice tener y la, en verdad, se tiene. Y es que muchos, al parecer, creían que con dirigirse a Dios alabándolo o cosas por el estilo era suficiente como para cumplir con la voluntad de Dios.

Jesús sabía, sin embargo, que no valía un tipo así de comportamiento. Y es que era necesario algo más que decir que se tenía fe y que se era su discípulo. Hacía falta poner por obra aquello que se había escuchado. Y ahí, casi seguro, muchos fallaban. Exactamente como pasa ahora mismo, entre nosotros.


JESÚS, ayúdanos a ser coherentes con nuestra fe.  



22 de junio de 2016

Lobos y ovejas

Miércoles XII del tiempo ordinario

Mt 7,15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis’”.

COMENTARIO

En este texto del evangelio del que fuera recaudador de impuestos el Hijo de Dios nos hala de una realidad que, muchas veces, obviamos: hay quien quiere engañar a los hijos de Dios y llevarlos por el camino de la perdición. Hay que tener cuidado con ellos.

Hemos de tener cuidado con aquellos que pudiera parecer lo que no son. Hipócritas que tratan de robar a Dios a sus hijos para llevarlos a la casa de Satanás. Lobos que parecen ovejas y que dan frutos malos.

Jesús, además, avisa acerca de qué se hace con aquellos que no dan el fruto que Dios espera y que no lo dan porque se han pasado al lado del Mal. Entonces, son quemados. Y sabemos que se refiere Cristo al Infierno.


JESÚS, ayúdanos a dar buen fruto, fruto bueno.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de junio de 2016

Lo que debemos hacer


         Martes XII del tiempo ordinario

Mt 7,6.12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran.’”

COMENTARIO

Lo que es cosa de Dios ha de ser para los hijos de Dios. Eso nos quiere decir Cristo cuando habla de aquello que, a veces, se pretende a dar a quienes no aman al Todopoderoso para ver si son capaces de darse cuenta de su error.

Hay una regla de oro que Cristo muestra en este texto: hay que hacer al prójimo lo que queremos que nos haga el prójimo a nosotros. Es una forma de decir, por ejemplo, que si no queremos nuestro propio mal no podemos hacérselo a los demás.

Y, al respecto de cómo entrar en el Cielo, el Hijo de Dios habla acerca de lo difícil que es. Hay que entrar por la puerta estrecha que es aquella que supone sacrificio, dejación de uno mismo y, en fin, mucho de lo que no queremos llevar a cabo. Por eso es estrecha. La ancha ni sirve ni vale.


JESÚS,  ayúdanos a entrar en el Cielo por la puerta estrecha.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de junio de 2016

Todo lo que Cristo quiere de nosotros

Mt 7, 1-15

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo?  ¿O cómo vas a decir a tu hermano: Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo?  Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.  ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen.  ‘Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.  Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!  ‘Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. ‘Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran.  ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.’”

COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Mateo es muy rico. En él Cristo nos dice cosas demasiado importantes como pasarlas por alto:

1.           No debemos juzgar como los hombres juzgan.
2.           Se nos medirá con la misma medida que nosotros midamos.
3.           ¡Cuidado con nuestros propios defectos!
4.           Debemos tener en cuenta a qué personas transmitimos la Palabra de Dios.
5.           Hay que acudir al Padre, llamar a la puerta de su corazón.
6.           En realidad, como sabemos, somos malos.
7.           Nos conviene hacer como queramos que los demás hagan con nosotros.
8.           Debemos escoger la puerta estrecha que entra en el definitivo Reino de Dios.
9.           Es difícil el camino que lleva al Padre.
10.        Es muy importante que sepamos quiénes son aquellos que se dicen profetas pero no son, sin, lobos rapaces.

No podemos decir que Jesús no se dirija a nosotros con palabras sabias y santas. Y es Dios, que quiere lo mejor para nosotros, no puede querer nada mejor para nosotros, sus hijos.

JESÚS,


Eleuterio Fernández Guzmán

Saber lo que nos conviene


Lc 9, 18-24

“Y sucedió que mientras él estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos y él les preguntó: ‘¿Quién dice  la gente que soy yo?’  Ellos respondieron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había  resucitado.’ Les dijo: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’ Pedro le contestó: ‘El Cristo de Dios.’ Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.  Dijo: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.’ Decía a todos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?’”

COMENTARIO

Jesús quiere saber quién creemos que es Él. Por eso les pregunta a sus Apóstoles. Unos dicen una cosa y otros, otra porque no acaban de comprender que aquel con quien hablan, el Maestro de Nazaret, es el Mesías enviado por Dios.

Pero Jesús sabe mucho más que ellos. Por eso avisa del sufrimiento que tendrá que soportar y que eso es, absolutamente inevitable porque se trata del cumplimiento de la voluntad de Dios. Y ellos, seguramente, no entendieron nada de aquello que les decía.

Abunda, el Hijo de Dios, en algo que es muy importante: hay cosas que son importantes pero hay otras que no lo son. Y lo que es más importante es salvar el alma que es inmortal. Lo demás tiene mucha menos importancia de lo que creemos casi siempre.


JESÚS,  ayúdanos a darnos cuenta de lo que vale la pena tener en cuenta.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de junio de 2016

Saber servir a Dios

Sábado XI del tiempo ordinario

Mt 6,24-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? 

‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’”.
COMENTARIO
Existe la costumbre de creer que nosotros, los hombres, podemos hacer lo que se nos antoja sin darnos cuenta de que todo depende de Dios y poco, en realidad, de nosotros mismos. En realidad, sólo depende de nosotros decidir qué depende.
Jesús, por eso, tuvo que decir, seguramente muchas veces, que debíamos confiar en Dios Padre porque Él, con su santa Providencia, provee de aquello que nos conviene y, a tal respecto, poco podemos hacer.
Resulta misterioso, porque no lo comprendemos, que Dios todo lo conozca de nosotros. Sin embargo, creemos que Quien todo lo ha creado todo lo conoce. Por eso debemos preocuparnos, en exclusiva, de alcanzar el definitivo Reino de Dios cumpliendo la voluntad de Dios.
JESÚS,  ayúdanos a saber respetar la voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de junio de 2016

Lo que vale la pena tener en cuenta

Viernes XI del tiempo ordinario

Mt 6,19-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. 

‘La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!’”.

COMENTARIO

Lo que solemos querer muchas veces no tiene que ver con lo que, en verdad, nos conviene. Y Cristo, con ser Dios mismo hecho hombre, conoce a la perfección qué es lo que, en efecto, debemos llevar a cabo.

Jesús dice con toda claridad que es aquello que nos conviene: no es lo que en la tierra amontonamos porque eso se ha de perder y siempre hay quien lo robe o malbarate. Es, al contrario, la verdad: no debemos amontonar en la vida terrena sino, en todo caso, hacerlo para la vida eterna.

El Hijo de Dios nos advierte acerca de cómo podemos alcanzar lo bueno y mejor que tanto anhelamos y que no es otra cosa que la vida eterna. Y nos habla de aquello que no debemos tener en cuenta, de aquello que nos sobra y, en fin, de aquello que vale la pena.


JESÚS, ayúdanos a olvidar aquello que nos sobra.


Eleuterio Fernández Guzmán

16 de junio de 2016

Orar, según Cristo

Jueves XI del tiempo ordinario

Mt 6,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’”.

COMENTARIO

Entre lo que Jesús debía enseñar la oración estaba entre sus prioridades. Y es que relacionarse con el Creador era, seguramente, lo más importante de la vida de los hijos.

En cuanto a la forma de orar, el Hijo, que conoce perfectamente el gozo del Padre cuando un hijo suyo se le acerca como Él quiere que se le acerque, sabe que el Creador todo lo sabe y no debemos pedir como si lo ignorara.

Y entonces les enseña la oración que, desde aquel momento, ha sido la enseña de un discipulado que quiere acercarse a Dios Padre Todopoderoso. Decir Padre Nuestro, desde entonces, es saber que el Creador nos está escuchando y, entonces, tener presente nuestra realidad entera y toda.


JESÚS, ayúdanos a decir Padre Nuestro y a creernos que lo es.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de junio de 2016

Comprender la voluntad de Dios


Miércoles XI del tiempo ordinario

Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.

COMENTARIO

Dios ve en lo secreto. Eso lo deja muy claro su Hijo en este texto del Evangelio de San Mateo. Por eso se ve en la obligación de poner ejemplos pues sabe que es la única forma de que entiendan, los que le escuchan, lo que quiere decir.

Lo que dice Cristo es simple. Es decir, no tiene más complicación que entender qué es lo que debemos saber. Así, en los casos propuestos algo queda claro: Dios ve en lo secreto y eso es a lo que debemos dar importancia.

Dice Cristo algo muy importante: aquello que hacemos y que pudiera parecer no tener consecuencia alguna, encuentra eco en el corazón de Dios Padre. Por eso nos dice que nos recompensará Aquel que todo lo ha hecho pero, claro está, si hacemos las cosas como deben hacerse y no de cualquier forma.


JESÚS, ayúdanos a comprender la voluntad de tu Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de junio de 2016

Cuidado con lo que creemos

Martes XI del tiempo ordinario

Mt 5,43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’.

COMENTARIO

La gran mayoría de personas creyentes judías en el tiempo de Jesús tenían en su corazón una serie de realidades espirituales que las tenían por buenas. No habían pensado en otra forma de hacerlas ni en tenerlas en cuenta.

Jesús, sin embargo, debe corregir muchas cosas porque no estaban de acuerdo con la voluntad de Dios que, tantas veces, parece que se alejaban demasiado de aquella que tenían el común de los mortales creyentes.

Lo de hoy tiene que ve mucho con aquello que creía tantos: sólo hay que tener en cuenta a los suyos, a los de sus familias. Sin embargo, según Cristo, eso no tenía mérito alguno porque eso también lo hacían personas que podían estar alejadas de Dios.

JESÚS,  ayúdanos a tener por buenas tus santas palabras


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de junio de 2016

El avance de la Ley de Dios

 Lunes XI del tiempo ordinario

Mt 5,38-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda’”.

COMENTARIO

Muchos siglos antes de que Jesús viniese al mundo se estableció el principio según el cual se aplicaba el ojo por ojo y el diente por diente para evitar lo que, hasta entonces, era una reacción desproporcionada porque ante un delito se podía responder con la fuerza que se quisiera. Era, pues, aquello, un avance.

Jesús, sin embargo, contemplando aquello, da un paso más en la corrección de la conducta humana. En realidad, Dios no podía querer que se respondiese, ante la agresión, con otra aunque la misma pudiera ser, como se dice, de la misma especie y calidad.

El Hijo de dios nos habla, en este texto, de lo que supone el amor yal compresión ante el prójimo. Y es que no hay que responder al mal con otro mal aunque sea igual sino, al contrario, con amor. Y así difundir la voluntad de Dios que se funda en amor. 


JESÚS,  ayúdanos a comprender tu santa voluntad.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de junio de 2016

Saber hacer lo que nos corresponde



Lc 7, 36-8,3

“Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. 37 Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un  frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: ‘Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.’ Jesús le respondió: ‘Simón, tengo algo que decirte.’ El dijo: ‘Di, maestro.’  Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?’ Respondió Simón: ‘Supongo que aquel a quien perdonó más.’ Él le dijo: ‘Has juzgado bien’, y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ‘¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos.  No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.’ Y le dijo a ella: ‘Tus pecados quedan perdonados.’ os comensales empezaron a decirse para sí: ‘¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?’ 

Pero él dijo a la mujer: ‘Tu fe te ha salvado. Vete en paz.’

Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la  que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.”

COMENTARIO

Ciertamente, con Jesús las cosas no son lo que podrían ser según ciertos corazones. Y el caso que nos trae el texto bíblico es síntoma de hasta dónde podemos estar equivocados. Y aquel fariseo lo estaba… y mucho.

Jesús le pone todos los puntos sobre las íes. Y es que aquel hombre creía que todo lo había hecho bien. Pero Jesús le explica que, más bien, habían sido la pecadora quien había cumplido cada uno de los preceptos y de las costumbres de la hospitalidad. Aquel hombre estaba más que equivocado.

Y las mujeres. A Jesús le acompañaban también mujeres. Y no es nada extraño esto porque su madre, la Madre por antonomasia, no podía abandonar al Hijo y, con toda seguridad, había otras que echaron una mano en aquellos difíciles tiempos.


JESÚS, ayúdanos a cumplir con la voluntad de Dios y a entenderla.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de junio de 2016

Decir sí cuando es sí

Sábado X del tiempo ordinario
Mt 5,33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Habéis oído también que se dijo a los antepasados: ‘No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos’. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno’”.

COMENTARIO

En muchas ocasiones el Hijo de Dios se ve en la obligación de corregir lo que se había tenido, hasta entonces, por bueno y verdad. Por eso, como ahora por ejemplo, ha de cambiar una doctrina equivocada. Y no le duelen prendas ni se preocupa por lo que puedan pensar aquellos que le persiguen.

Ahora habla de aquello que, en demasiadas ocasiones, solemos hacer. Ponemos a Dios por testigo de nuestras maldades y de nuestros pecados. Y lo hacemos sin darnos cuenta de que tal comportamiento no es adecuado ni tiene que ver con la voluntad del Creador.

Pero hay algo que es muy importante en este texto. Y es que Jesús no quiere comportamientos tibios ni nada por el estilo que, por cierto, vienen del Maligno. Por eso, la verdad ha de prevalecer y no se puede jugar con ella.


JESÚS, ayúdanos a decir sí y no a lo mejor.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de junio de 2016

La Ley de Dios como es

Viernes X del tiempo ordinario
Mt 5,27-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.

‘También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio’”.

COMENTARIO

La Ley de Dios no era, en mucho, como habían llegado a pensar los poderosos, desde el punto de vista espiritual, de tiempos de Cristo. Ellos la habían adaptado a sus egoístas intereses y eso era algo que el Hijo de Dios no podía aceptar.

Y pone ejemplos. En el caso del adulterio es más que claro. Y todo va más allá de lo que, por lo común, se creía. Y es que el pecado va más allá de lo que suele pensar y, las más de las veces, no comprendemos lo que eso significa.

Pero Jesús dice algo que puede parecer terrible. Sin embargo, cuando habla de cortarse la mano no ha de querer decir, literalmente eso, sino que procuremos no caer en tentaciones como las que nos puede hacer car en el Infierno.


JESÚS,  ayúdanos a comprender el sentido de la Ley de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de junio de 2016

Respetar la Ley de Dios


Jueves X del tiempo ordinario


Mt 5,20-26

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 

‘Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.

‘Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.

COMENTARIO

Como muchas veces tuvo que decir, había venido Cristo para hacer que la Ley de Dios se cumpliese en su totalidad. Y es que, en verdad, no se cumplía a pesar de lo que muchos creyeran. Y pone ejemplos para demostrarlo pero, sobre todo, para mostrar la verdad.

Matar estaba prohibido pero Jesús va más allá. Y es que resulta que no hace falta matar para incurrir en un pecado mortal. Y es que tratar mal a un ser humano despreciándolo ese algo tan malo como matarlo porque, al fin y al cabo, se desprecia su dignidad de hijo de Dios.

El caso es que Jesucristo siempre va más allá de lo que pueda decir la letra de la Ley. Y es que el Amor que Dios tiene por sus criaturas le lleva a querer que las cosas sean más profundas de lo que pudiera parecer su apariencia.

JESÚS, ayúdanos a entender la Ley de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán