14 de julio de 2015

Darse cuenta del bien que hace Dios


Martes XV del tiempo ordinario



Mt 11,20-24

En aquel tiempo, Jesús se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: ‘¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo a que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti’”.

COMENTARIO

Podemos imaginar que Jesús hizo muchas cosas de las que no tenemos noticia. Y es que unos años de predicación podían dar para mucho y, en realidad, sólo conocemos algunos episodios. Por eso Jesús se extraña del comportamiento de algunas ciudades o personas.

Hay ocasiones en las que Jesús muestra su voluntad de una forma muy extrema. Aquí nos trae el evangelista san Mateo una bien concreta y que consiste en poner sobre la mesa la actuación de determinadas ciudades donde, a pesar de haber hecho muchos prodigios, no se convirtieron.

Jesús avisa acerca del comportamiento de determinadas ciudades. Quieren alcanzar grandes avances humanos pero no quieren saber nada de Dios. Por eso Jesús avisa acerca del Juicio donde pueden salir muy mal paradas y terminar no precisamente en la vida eterna.


JESÚS, ayúdanos a tener fe y no caer en las trampas del Maligno.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de julio de 2015

Lo que vino a hacer Jesús al mundo



 Lunes XV del tiempo ordinario

Mt 10,34--11,1

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: ‘No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. 

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa’”.

COMENTARIO

La misión que debía llevar a cabo Jesús era de una envergadura enorme: debía hacer ver que el Reino de Dios no era lo que muchos creían que era y que muchas cosas debían cambiar. Y eso no era fácil de hacer entender.

Es bien cierto que las palabras de Jesús son muy duras: no ha venido a traer paz al mundo sino guerra. El caso es que, siendo esto muy duro de escuchar, es la pura verdad: había venido a defender la Palabra de Dios y eso podría ocasionar muchos enfrentamientos entre personas.

Había, sin embargo, algo que era esencial: para cumplir con la voluntad de Dios había que seguir a Cristo (con todo lo que eso suponía) y cambiar el corazón: de piedra a uno de carne. Y hacer, además, en cada momento lo que corresponde hacer a cada hermano de Cristo según quiere Dios que se haga.


JESÚS, ayúdanos a cumplir con la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

12 de julio de 2015

Domingo, 12 de julio de 2015 - Enviados para predicar


Domingo XV del tiempo ordinario


Mc 6,7-13

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: ‘Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas’. Y les dijo: ‘Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos’. Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban’”.


COMENTARIO

Cuando Jesús envía a sus apóstoles a que transmita la Buena Noticia de que el Reino de Dios ya estaba entre los hombres, lo hace con la seguridad de que necesitarán hacer muchos signos. Por eso les dona la posibilidad de dominar a los demonios.

Pero Jesús hace otro tipo de advertencias que tienen que ver, primero, con lo que deben llevar: poca cosa, casi nada; segundo, con el lugar donde vayan a predicar: nada de obligar a nadie sino dejar que cada cual acepte lo que crea. Que cada cual asuma las consecuencias de sus actos.

Los apóstoles cumplen con la misión encomendada: transmite que es posible convertirse y, así, aceptar al Mesías, Cristo-Jesús, que había venido al mundo a salvar a la humanidad. Y todos los signos les acompañaban y ayudaban.



JESÚS,  ayúdanos a ser apóstoles tuyos en el mundo de hoy. 

11 de julio de 2015

Discípulos y Maestros



Sábado XIV del tiempo ordinario

Mt 10,24-33

"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: ‘No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!

‘No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos’”.

COMENTARIO

Cada cual conviene que sepamos dónde nos encontramos con respecto a Dios y a Jesucristo. Y nos conviene porque es posible que creamos que estamos mucho más arriba que la verdadera situación que ocupamos.

Dios todo lo sabe. Eso deberíamos tenerlo en cuenta porque es esencial para nosotros comprender que cada cosa que hacemos es conocida por el Creador. Es la única forma, además, de hacer las cosas como corresponde hacerlas.

Algo dice Jesús que es muy importante: quien lo deje de lado ante los hombres recibirá el mismo trato. Es decir, que no podemos mirar para otro lado cuando tratamos a Cristo ante el resto de personas con las que convivimos. Sería, además, una forma muy negativa de agradecer a Dios lo que le debemos.



JESÚS,  ayúdanos a agradecer siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán

10 de julio de 2015

Aceptar a Dios


Jueves XIV del tiempo ordinario

Mt 10,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: ‘Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad’”.

COMENTARIO

Proclamar el Reino de los Cielos

La misión fundamental de todo apóstol de Dios y de todo hijo del Todopoderoso es anunciar que el Reino, la Vida eterna, ya es alcanzable. Con la venida al mundo, por primera vez, del Hijo de Dios, se abrió la puerta que lleva a ella. Y tal verdad debe ser proclamada.

Dar gratis lo recibido gratis

La voluntad expresa de Cristo es que aquello que se ha recibido se entregue sin esperar nada a cambio. Tal “dad gratis” supone, además de una obligación cristiana, una forma de agradecer al Padre el bien hecho a favor nuestro.


Aceptar a los enviados de Dios Padre

Lo que Dios hace por nosotros lo hace a través de aquellos que envía a transmitir la Buena Noticia. Aceptarlos o no, eso es cierto, es cosa de cada cual. Sin embargo, no aceptarlos es cerrar la puerta del corazón a lo que Dios quiere para nosotros.


JESÚS,  ayúdanos a aceptar la Palabra de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de julio de 2015

Proclamar la Verdad


Jueves XIV del tiempo ordinario

Mt 10,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: ‘Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento. En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad’”.

COMENTARIO

Lo que hay que hacer

En este texto recomienda Jesús, a los que envía a predicar por el mundo, una serie de comportamientos que deben tener en cuenta. En general, podemos decir que deben, en efecto, predicar la Buena Noticia para que el mundo se salve.

Lo que no hay que hacer

Sin embargo, hay algo que no deben tener en cuenta: la preocupación por aquello que es material. Sabe Cristo que el Padre va a preocuparse por ellos y no les faltará de nada.

Aceptar o no aceptar la Palabra de Dios

De todas formas, Jesús no obliga a nadie a escuchar a sus enviados. Sólo tiene en cuenta lo bueno de aquellos que anhelan la vida eterna y reciben bien las palabras de sus enviados.

JESÚS,  ayúdanos a aceptar siempre tu mensaje y tu palabra.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de julio de 2015

Enviados

Miércoles XIV del tiempo ordinario



Mt 10,1-7

En aquel tiempo, llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó. A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: ‘No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca’”.


COMENTARIO

Jesús sabe que debe hacer cumplir la misión que tiene encomendad a los que ha escogido como sus apóstoles, los discípulos que más cerca estaban de Él. Por eso los envía a predicar. Y lo envía dando unas instrucciones muy precisas.

Aquí se nos dan los nombres de aquellos que especialmente fueron escogidos por Dios para ser los que, al paso de los siglos, fueran tenidos por los discípulos amados del Hijo.

Les da, Jesús, unas instrucciones claras y sencillas. En primer lugar han de ir a los que forman parte del pueblo de Israel porque las que llama “ovejas perdidas” son las primeras que deben volver al redil de Dios. Además, aquellos enviados deben proclamar la Verdad: el Reino de Dios está cerca… tan cerca como quieran creer aquellos que reciban la Palabra.

JESÚS, ayúdanos a proclamar la llegada del Reino de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de julio de 2015

Trabajadores de la mies de Dios

Martes XIV del tiempo ordinario

Mt 9,32-38

En aquel tiempo, le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: ‘Jamás se vio cosa igual en Israel’. Pero los fariseos decían: ‘Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios’. 

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies’”.

COMENTARIO

Jesús tenía el poder de Dios porque era Dios hecho hombre. Por eso hacía cosas que era imposible hiciera otro ser humano. Ciertamente había personas que no estaban de acuerdo con aquello que hacía y le echaban en cara, incluso, los bienes que hacía aflorar.

Jesús transmitía la Buena Noticia que consistía en sostener que el Reino de Dios ya había llegado al mundo y que había que aceptarlo en el corazón para no contrariar al Todopoderoso. Por eso Jesús caminaba sanando a quien necesitara ser sanado.

De todas formas, sabía Jesús que necesitaba a otras personas que su mensaje. De otra forma difícilmente habría salido de Israel. Por eso pide a sus discípulos que ellos, a su vez, se dirijan a Dios para que suscite, entre ellos, a personas que trabajen en su mies.

JESÚS, ayúdanos a ser trabajadores de la mies del Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de julio de 2015

La fe en Cristo


Lunes XIV del tiempo ordinario

Mt 9,18-26

En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: ‘Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá’. Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: ‘Con sólo tocar su manto, me salvaré’. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ‘¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado’. Y se salvó la mujer desde aquel momento. 

Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: ‘¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida’. Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca’”.

COMENTARIO

El caso de la hija de Jairo es uno de los muchos a los que Jesús dio solución buena y positiva. Y es que el Hijo de Dios caminó por el mundo haciendo el bien y no aquello que no se esperaba de Él.

Aquel hombre, Jairo, era importante. Sin embargo, ni todo su poder había podido hacer nada para evitar que su hija pequeña cayese enferma y que la enfermedad terminara con su vida. Le quedaba la fe, la confianza en el Maestro. Y no dudo en ir a buscar.

Otro tanto le pasó a la mujer que padecía flujos de sangre. También creía que sólo con tocar el manto de Jesús quedaría curada (¡qué gran fe!) Y quedó curada. Y es que Jesús nunca puede resistirse a quien muestra confianza en su persona y en Dios mismo.


JESÚS, ayúdanos a tener fe y que siempre sea franca.


Eleuterio Fernández Guzmán



5 de julio de 2015

Creer en Cristo Jesús


Domingo XIV del tiempo ordinario
Mc 6,1-6

En aquel tiempo, Jesús fue a su patria, y sus discípulos le seguían. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: ‘¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?’. Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio’. Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe’”.

COMENTARIO

Jesús predicó, durante los años que lo hizo, por todos los lugares donde pudo. No es de extrañar que también fuera al pueblo donde había vivido la mayoría de los años de su vida. Y tampoco nos extraña nada de nada que el sábado fuera a la sinagoga.

Sin embargo, sí es de extrañar que los que lo conocían dijeran aquello que decían de Él. Y es que aunque no sepamos nada, es de imaginar que durante los años de su vida llamada escondida manifestara piedad y amor a la Palabra de Dios. Tampoco era tan extraño que hablara como hablaba.

Pero Jesús sabía que muchos de aquellas personas tenían el corazón duro y que no escuchaban lo que decía. Les parecía extraño que un maestro como aquel Maestro pudiera ser tan importante. Por eso Jesús no pudo hacer grandes cosas en su propia tierra aunque, claro está, curara a muchas personas que tenían, seguramente, el corazón más abierto que los considerados sabios.



JESÚS, ayúdanos a tener fe en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán



4 de julio de 2015

Odres nuevos para vino nuevo



Sábado XIII del tiempo ordinario

Mt  9,14-17

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan’”.

COMENTARIO

Es bien cierto que las costumbres judías eran muy seguidas por la gran mayoría de miembros del pueblo elegido por Dios. Prácticas como el ayuno, por ejemplo, eran tenidas por cruciales para comprender la fe de sus miembros.

Sin embargo Jesús sabe que las cosas han de ser de otra forma y que así, con tales costumbres, no llegarán al corazón de Dios. Por eso enseña la forma correcta de llevar a cabo ciertos comportamientos.

Jesús trae lo nuevo. Y lo nuevo no es otra cosa que la Ley de Dios en su comprensión perfecta. Lo que pasaba era que con la forma de entender la misma por parte de muchos judíos no podía en Creador ocupar un sitio, de verdad, en sus corazones. Por eso Jesús predica acerca de los nuevos corazones, de la savia nueva, del vino nuevo. Y tal corazón, tal savia y tal vino requiere de unos depósitos espirituales también nuevos.

JESÚS, ayúdanos a tener el corazón preparado para albergar tu amor y tu misericordia.


Eleuterio Fernández Guzmán



3 de julio de 2015

Felices los que creen sin ver porque ellos creen



Jn 20,24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’. Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré’». 

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente’. Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío’. Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído’”.


COMENTARIO

Cuando Jesús se apareció a los Apóstoles por primera vez Tomás no estaba allí. Seguramente habría salido fuera de la casa donde estaban escondidos por miedo a los judíos a llevar a cabo alguna labor importante para ellos. Pero no estaba.

Cuando conoce que Jesús se ha aparecido no lo cree. No tiene fe y duda de que eso haya pasado. Necesita ver y tocar para creer. Y actúa así porque, al no haber visto al resucitado no concibe la idea de que eso sea posible.

Pero Jesús lo sorprende. No sólo vuelve a aparecer sino que le dice a Tomás que haga lo que decía que iba a hacer. Y Tomás, como pasaría con Pablo, cae del caballo de su increencia y cree. Y Jesús define la fe de forma perfecta: creer sin ver, confiar sin tener que tocar.


JESÚS, ayúdanos a creer sin ver, a tener verdadera fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de julio de 2015

No dudar nunca de Cristo



Jueves XIII del tiempo ordinario

Mt 9,1-8

En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ‘¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados’. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: ‘Éste está blasfemando’. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ‘¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’’. Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.’”

COMENTARIO

Jesús era llamado por aquellos que lo necesitaban de verdad. Por eso hacía lo que, a ojos de los hombres, era imposible de comprender. Y aquel hombre necesitaba mucha ayuda pues padecía de parálisis que era, por decirlo así, una causa de apartamiento de la sociedad en la que vivía.

Jesús le perdona los pecados. Eso lo hace porque en su forma de ver las cosas, la de su cultura, quien está enfermo lo está porque ha pecado él o su familia. Sin embargo, Jesús sabe que eso no es así. Y le perdona los pecados. Pero algunos de ellos saben que eso sólo lo puede hacer Dios y a Jesús no lo tiene por el Padre.

Ante la cerrazón espiritual de los que tienen duro el corazón Jesús hace lo que les ha de abrir los ojos: le dice al paralítico que ande. Lo cura de aquella enfermedad terrible. Eso, al menos, hizo ver a algunos que Dios estaba con Aquel Maestro que enseñaba con autoridad.


JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de julio de 2015

Al encuentro del necesitado de verdad



Miércoles XIII del tiempo ordinario


Mt 8,28-34

“En aquel tiempo, al llegar Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?’. Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: ‘Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos’. Él les dijo: ‘Id’. Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas. Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados. Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término’”.


COMENTARIO

Es bien cierto que lo que Jesús quería no era, siempre, lo que querían aquellos que le rodeaban. Pero el Hijo de Dios quería cumplir con la misión que Dios le había encomendado que no era otra que salvar a los que necesitaban salvación.

Jesús sabía que los endemoniados eran personas que, por eso mismo, habían sido tomados por el Maligno, por sus demonios. Necesitaban una ayuda muy especial, una oración muy profunda y, por decirlo así, la intervención directo del Creador con todo su poder.

Sin embargo, había muchos que no querían que se les estropeara el negocio que hacían. Aquellas personas trabajan con cerdos y la buena acción de Jesús les había perjudicado en el trabajo. Preferían su propio bien antes que el beneficio de alguien tan necesitado como aquel endemoniado. No tenían amor ni sentían misericordia.


JESÚS, ayúdanos a prefería el bien del prójimo a nuestros intereses egoístas.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de junio de 2015

El poder de Dios


Martes XIII del tiempo ordinario

Mt 8,23-27

En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Díceles: ‘¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?’. Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ‘¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?’”.

COMENTARIO

Alguno podría decir y sostener que a Jesús le importaba poco la vida de aquellos con los que iba en aquella barca. Sin embargo, nada de eso es cierto ni verdad. Lo que pasaba es que sabía que podía solucionar pronto aquello.

Los que iban con Jesús le seguían porque lo querían. Sin embargo, como eran seres humanos tenían el miedo que se espera de quien va en una barca y está a punto de hundirse. Nada de eso debería extrañar a nadie.

Sin embargo, Jesús sabe que quien tiene fe no puede tener miedo. Y les echa un pequeño rapapolvo para que se den cuenta que la fe puede contra lo malo de su vida y que, con ella, pueden sobreponerse a lo que les pueda pasar. Pero deben tenerla.


JESÚS, ayúdanos a confiar en Ti siempre, siempre, siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de junio de 2015

Saber quién es Cristo



Mt 16,13-19

“En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.

COMENTARIO

Nosotros sabemos que Jesucristo lo conocía todo de todos. Es decir, que si por él fuera no tendría que hacer preguntas como la que hace y que recoge este texto del evangelio de san Mateo. ¿Quién dicen que soy?

Es cierto que, como muchas personas no tenían un conocimiento completo de las Sagradas Escrituras judías no acababan de entender que Jesús era el Mesías que había de venir. Pero Pedro, aquel hombre que luego negaría a Jesús tres veces lo sabía. Y si eso era sí era porque se lo había revelado el Espíritu Santo.

A Pedro Jesús le hace un encargo muy grande: quiere que sea sobre quien se edifique la Iglesia que va a constituir. Es más, le entrega las llaves de la misma para que ate y desate o, lo que es lo mismo, para que establezca lo que está de acuerdo a la voluntad de Dios y lo que no.


JESÚS, ayúdanos a reconocerte y a amarte.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de junio de 2015

La fe del creyente







Mc 5, 21-43


“Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: ‘Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.

Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto.

Pues decía: ‘Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.’ Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: ‘¿Quién me ha tocado los vestidos?’  Sus discípulos le contestaron: ‘Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"‘ Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le  contó toda la verdad. El le dijo: ‘Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.’

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: ‘Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?’  Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: ‘No temas; solamente ten fe.’

Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: ‘¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.’ Y se burlaban de él. Pero él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los  suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: ‘= Talitá kum =‘, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate.’  La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor.  

Y es insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.”


COMENTARIO
                         
También en el evangelio de san Marcos (el que muestra más hechos extraordinarios de parte de Jesús) se muestra, en muchas ocasiones, lo que supone la fe para Jesús y, así, para Dios. Los dos casos de este texto son muestra de lo que supone la misma.

Aquel hombre, Jairo, estaba muy preocupado por su hija. Sabía que iba a morir y que sólo podía acudir a Jesús. Nadie más podía hacer nada. Seguramente eso le dijeron los médicos. También se lo dijeron los que le dieron la noticia de la muerte de su hija. Lo mismo sucede en el caso de la hemorroísa. Ambas personas tienen confianza en Jesús y por eso acuden al Maestro.

La fe es para Jesús algo tan importante, tan crucial en la vida de un hermano suyo, de un hijo de Dios, que supone, directamente, la salvación para sí o para quien se reclame ayuda. En aquel tiempo, en aquellos primeros tiempos, la fe tenía efecto directo en beneficio de quien se buscaba beneficio.


JESÚS, ayúdanos a tener fe; ayúdanos a no olvidarte y acudir a Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán