22 de octubre de 2016

Perseverancia con los frutos

Sábado XXIX del tiempo ordinario

Lc 13,1-9

En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo’.

Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’”.


COMENTARIO

Jesús enseña a través de lo que todos pueden conocer y, además, con ejemplos de su misma actualidad. Por eso hace uso de aquel caso de los que murieron en un accidente o el de la sangre que Pilato había mezclado de compatriotas de Jesucristo.

El caso es que el Hijo de Dios debe corregir muchos errores espirituales como, precisamente, aquel que tenía por verdad que cuando alguien recibía determinado mal era porque era un pecador. Eso, lógicamente, no ha de ser siempre así y, menos aún, creer que siempre era así.

Jesús, por otra parte, nos habla de la paciencia que debemos tener a la hora de dar fruto. No podemos querer que de buenas a primeras nuestras acciones lo obtengan sino que, con perseverancia en nuestra acción misericordiosa y trabajadora por el Reino de Dios, sea el Creador quien obtenga el fruto de tal labor nuestra.


JESÚS, ayúdanos a perseverar en nuestra fe.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de octubre de 2016

Estar preparados



Lc 12,54-59

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.

COMENTARIO

Jesús se refiere a las realidades más importantes de una forma sencilla. Y es que bien sabía el Hijo de Dios que casi todos los que le escuchaban necesitaban de signos y, en fin, de una forma accesible a su corazón y conocimiento.

Hay algo seguro: hemos de morir. Por eso Jesucristo quiere que, cuando eso suceda, no nos coja por sorpresa espiritualmente hablando. Y hace uso del tiempo, de aquello que, por experiencia, nos hace decir si va a pasar esto o lo otro.

Nos conviene llevar a cabo un arreglo con Dios: nosotros cumplimos con su voluntad y Él cumple con la promesa de salvarnos. De otra forma, nuestra salvación caerá por su peso.


JESÚS, ayúdanos a no descuidar nuestro espíritu.



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de octubre de 2016

El fuego de Dios


Jueves XXIX del tiempo ordinario
Lc 12,49-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra’”.

COMENTARIO

Para que no haya duda alguna, el Hijo de Dios lo dice: ha venido al mundo a llevar a cabo una misión que no es fácil pero que debe cumplir porque ha sido puesta por el Todopoderoso, su Padre y el nuestro.

Pero es más: Jesús no ha venido, no vino, al mundo, a traer una paz que el mundo otorga con sus correspondientes trampas. No. Lo que vino a hacer es a traer la guerra, la división pero una guerra y una división que tienen que ver con la voluntad de Dios, con el hecho mismo de cumplirla.

Por eso pone sobre la pista de lo que iba a pasar… y pasó. Y es que dentro de una familia habría divisiones porque unos lo amarían a Él y otros estarían en su contra. Y así ha sido desde entonces.


JESUCRISTO, ayúdanos a procurar que el mundo arda según tú quieres que arda.

Eleuterio Fernández Guzmán

19 de octubre de 2016

Este es un buen aviso de parte de Cristo

Miércoles XXIX del tiempo ordinario

Lc 12,39-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre’. 

Dijo Pedro: ‘Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?’. Respondió el Señor: ‘¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. 

‘Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más’”.

COMENTARIO

A lo largo de su vida, la llamada pública, Jesús se encargó de decir muchas veces lo que era importante se supiera para la salvación de cada quien aceptara que era el Hijo de Dios.

Otras tantas veces avisa acerca de qué es lo que debemos hacer. Y no podemos decir, por eso, que no sepamos que no podemos ser descuidados en nuestra preparación de cara a presentarnos ante el tribunal de Dios.

Es más, Jesucristo nos dice algo que es muy importante: debemos tener cuidado, más cuidado, cuanto mayor conocimiento tengamos de nuestra fe porque entonces, en tal circunstancia, se nos exigirá más. Eso no quiere decir que lo mejor sea no saber nada sino, precisamente, todo lo contrario.

JESÚS,  ayúdanos a estar preparados.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de octubre de 2016

Cumplir la voluntad de Dios


Lc 10,1-9

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’”.

COMENTARIO            

El Hijo de Dios envía a los suyos al mundo a predicar la Buena Noticia. Pero no los envía para que impongan nada sino para vayan diciendo lo que es bueno supieran aquellos que los pudieran escuchar. Además, debían pedir a Dios que enviara muchos servidores suyos porque, en efecto, el campo para trabajar era muy grande.

Jesús sabía que el mundo no los iba a recibir muy bien. Y es que en aquel tiempo el paganismo o el propio pueblo judío no estaba preparado para aceptar según qué cosas. Por eso sabe que deben andar con cuidado y, como diría en otra ocasión, ser astutos como serpientes.

Su misión, sin embargo, estaba bien clarificada: debían llevar la Paz, la de Dios, al mundo. Si el mundo, alguien del mundo, estaba preparado para recibirla, la recibiría y se salvaría. Y todo ello bajo el paraguas del Reino de Dios, que debía ser anunciado.


JESUCRISTO,  ayúdanos a ser anunciadores del Reino de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de octubre de 2016

Atesorar lo que nos conviene


Lunes, 17 de octubre de 2016

Lunes XXIX del tiempo ordinario
Lc  12,13-21

En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo’. Él le respondió: ‘¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’. Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’.

Les dijo una parábola: ‘Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios’”.



COMENTARIO

El Hijo de Dios reconocía que, a veces, era difícil que los que le escuchaban entendiesen del todo lo que quería decirles. Sin embargo, no por eso iba a seguir intentando que lo entendiesen. Por eso les habla en parábolas como esta del hombre rico, demasiado rico como para darse cuenta de lo que le importaba de verdad.

Aquel hombre quería más. Al parecer no estaba satisfecho con lo que tenía. Soñaba, seguramente, con un futuro de riquezas. Por eso piensa en qué hacer con lo que aún no tiene. Pero no sabe que por encima de él hay Alguien mucho más importante y con mucho más poder.

Jesucristo nos dice algo muy importante: lo que debemos tener en cuenta no es eso que, al parecer, más nos interesa sino lo que es la voluntad de Dios. Y aquel hombre no hacía eso sino, al contrario, sólo se preocupaba de su riqueza material. Y tal forma de actuar no era, precisamente, nada buena para él ni para nadie que así actúe.



JESUCRISTO,  ayúdanos a atesorar lo que nos conviene.


Eleuterio Fernández Guzmán

16 de octubre de 2016

La importancia de orar


        
Lc 18, 1-8

“Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer. ‘Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ¡Hazme justicia contra mi adversario!’ Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme.’ Dijo, pues, el Señor: ‘Oíd lo que dice el juez injusto;  y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?’”.

COMENTARIO

En alguna ocasión a Jesucristo le preguntaron sus apóstoles por cómo orar bien a Dios Padre. Les enseñó el Padrenuestro como oración principal. Sin embargo, era muy importante que entendiesen lo que ahora les iba a decir.

El caso es que orar, rezar, pedir a Dios o dar gracias, se puede hacer, digamos, esporádicamente. Muchas veces, podía pensar Cristo, cuando necesitamos algo. Sin embargo, la perseverancia en la oración era fundamental supiesen que debían manifestarla. Pedir lo mismo una y otra vez. 

No desfallecer. Hay algo, sin embargo, que Cristo debía decir con pena. Y es que debía ver que la fe de aquellos que se decían sus discípulos no era tan arraigada como Él hubiera querido que fuera. Por eso dice eso de que si cuando vuelva el Hijo del hombre, Él en su Parusía, es posible que haya alguien con fe. ¿Alguien con fe? Seguramente sabía que eso era difícil, muy difícil.



JESUCRISTO,  ayúdanos a tener fe y que sea verdadera y no fingida.




Eleuterio Fernández Guzmán

15 de octubre de 2016

Confiar en Jesucristo

                                             Sábado XXVIII del tiempo ordinario
Lc 12,8-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

‘Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir’”.

COMENTARIO

Es bien cierto que una cosa es llamarse discípulo de Cristo y otra serlo cuando las cosas no vienen bien dadas. Y eso sabía el Hijo de Dios que iba a pasar con aquellos que iban a decidir seguirlo. Por eso los anima con palabras como las que aquí traemos hoy.

Confiar en el Mesías es, eso, confiar en el Mesías. Eso ha de querer decir que, cuando se dé el caso de manifestar tal pertenencia espiritual no se puede racanear y negar, tipo Pedro en la noche de la Pasión de Cristo, lo que somos. Entonces, el Hijo de Dios negará haberlo conocido.

Es más, la confianza en tal verdad la manifiesta la que debemos tener en el Espíritu Santo enviado por Dios en Pentecostés. Él nos enseña lo que debemos saber y nos recuerda lo que nunca debemos olvidar. Por eso es muy importante confiar en la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.


JESUCRISTO, ayúdanos a confiar en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de octubre de 2016

Debemos temer la muerte del alma

Viernes XXVIII del tiempo ordinario
Lc 12,1-7

En aquel tiempo, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, Jesús se puso a decir primeramente a sus discípulos: ‘Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados. Os digo a vosotros, amigos míos: no temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos’”.


COMENTARIO

Con la levadura, la masa del pan consigue un tamaño mayor. Por eso Jesucristo utiliza a la misma muchas veces para hablar de la fe que se ha de tener, que ha de ser como tal levadura, que llena y de amplitud. Por eso avisa acerca de la de los fariseos que no es buena.

Jesús nos avisa acerca de aquellos que, al parecer, se conforman con matar el cuerpo. A esos no hay que tenerles miedo. Hay, sin embargo, que tener miedo a los que pueden matar el alma porque la misma es inmortal y si muere lo hace para siempre.

Dios, sin embargo, nos tiene en su corazón y cuida de nosotros. Y eso, que su Hijo lo sabe a la perfección por haber visto al Padre, ha de servirnos para no temer a los que no debemos temer pero a temer a los que sí debemos temer. A esos sí.


JESUCRISTO,  ayúdanos a no caer en la trampa que mata el alma.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de octubre de 2016

Para no sentirse señalado por Cristo

Lc 11, 47-54

“¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis.  Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación.

‘¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.’

Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.”

COMENTARIO

La misión que había venido Cristo a llevar a cabo en el mundo requería de tener mucho aplomo y mucha personalidad. Por eso el Hijo de Dios no tiene respeto humano alguno y no tiene comportamientos políticamente correctos: dice lo que debe decir y lo que es necesario que se sepa.

No por casualidad los que no querían ver a Cristo ni en pintura eran de los más poderosos. Por eso cuando el Hijo de Dios les pone, ante sus ojos, la verdad de lo que con ellos pasa, se enfadan tanto y buscan ocasión para acusarlo.

De todas formas, lo que dice Jesús no está nada alejado de la realidad. Ellos se sienten retratados y se dan cuenta de que el pueblo está empezando a entender lo que han sido sus vidas en manos de unos individuos a los que Cristo llama sepulcros blanqueados. Y, entonces, que quieran matarlo no es nada extraño.


JESÚS, ayúdanos a no ser como aquellos que ocultan la Verdad a su prójimo.


Eleuterio Fernández Guzmán


12 de octubre de 2016




Lc 11, 27-28


“Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: ‘¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!’ Pero él dijo: ‘Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.’

COMENTARIO

Hay quien pudiera pensar que Jesucristo se muestra desabrido con su Madre que, al fin y al cabo, es la Madre de Dios. Sin embargo, es muy importante entender lo que nos quiere decir el Maestro cuando, en apariencia, hace de menos a quien lo trajo al mundo.

En primer lugar, aquellos que le dicen lo que le dicen a Cristo no hacen nada malo. Aquella mujer, en concreto, agradece a María que llevar a Jesús en su seno y que lo criara. Y eso, en sí mismo, no es nada malo.

Jesús, sin embargo, ahonda en aquella situación. En realidad, hace mucho de más a su Madre y no de menos. Y eso es así porque su Madre es quien escucha la Palabra de Dios y la guarda en su corazón poniéndola en práctica. Y eso la pone por encima de su naturaleza de madre, digamos, natural, porque la eleva al mismo Cielo.


JESÚS,  ayúdanos a ser como María, Madre tuya y Madre nuestra por gracia de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de octubre de 2016

No ser sepulcros blanqueados

Martes XXVIII del tiempo ordinario

Lc 11,37-41

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: ‘¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros’”.

COMENTARIO

No podemos negar que había muchos que querían conocer a Jesús. Sin embargo, entre esos muchos los había que lo invitaban, por ejemplo, a comer, porque era un Maestro con cierta fama y querían presumir de eso.

Aquel fariseo, al parecer, tenía sus cosas muy claras. No entendía cómo era posible que Jesús no cumpliera con las rituales abluciones antes de la comida. Pero Jesús le tenía reservada una sorpresa espiritual que no le iba a gustar mucho.

Aquel hombre quería, sí, limpiar por fuera las manos y la parte del cuerpo que estuviera destinada a tal menester con las abluciones. Sin embargo, según Cristo (y debía ser cierto) no cuidaba tanto el interior, su corazón. Y los llama insensatos porque sabe que, en su interior, no está nada, pero nada, limpios.

JESÚS, ayúdanos a no ser sepulcros blanqueados.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de octubre de 2016

Lo que, al fin y al cabo, valdrá y servirá


Lc 11, 29-32

“Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.”

COMENTARIO

En tiempos de Cristo, dar una señal de lo que se decía ser era la muestra más cierta y comprensible de que, en efecto, se era lo que se decía que se era. Y a Jesús le piden una señal para creer que es el Mesías enviado por Dios.

Jesús da una pista. Y es que Jonás estuvo tres días en el estómago de una ballena y Él va estar tres días muerto para luego resucitar. Y tal será la señal más evidente de que estaban ante el Hijo de Dios y que lo habían dejado pasar.

Además, hace Cristo una advertencia. Se la hace a los que le escuchaban pero vale también para hoy. Y es que quien no se convierta a Cristo como Hijo de Dios perecerá en el abismo del Infierno por no haber confesado Quién era.


JESÚS, ayúdanos a creer en Ti y tu envío mesiánico.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de octubre de 2016

Dar gracias a Dios




Lc 17, 11-19

“Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: ‘¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!’ Al  verlos, les dijo: ‘Id y presentaos a los sacerdotes.’ Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: ‘¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?  ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?’ Y le dijo: ‘Levántate y vete; tu fe te ha salvado.’”


COMENTARIO

No es poco cierto que, en muchas ocasiones, gozamos con los bienes y dones que Dios nos entrega porque nos ama. Lo que pasa es que, como aquellos que seguían a Jesús para que los curase, da la impresión que no sabemos de dónde vienen.

Jesús, que cumple con lo establecido, dice a los leprosos que acudan a los sacerdotes para que los encargados de certificar la curación lo hagan y puedan integrarse en la sociedad de la que durante su incurable enfermedad habían estado separados.

Dice el texto de San Lucas que de los diez leprosos sólo uno de ellos se volvió para dar gracias. Y, además, era considerado extranjero, por samaritano, por el pueblo judío. Y es que Dios, que no se deja ganar en generosidad, cura y sana a todo aquel que lo necesita.


JESÚS, ayúdanos a dar gracias, a reconocer el auxilio de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de octubre de 2016

Escuchar a Dios y hacer, ser

Sábado XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, sucedió que una mujer de entre la gente alzó la voz, y dijo: ‘¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!’. Pero Él dijo: ‘Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan’”.


COMENTARIO

No es nada extraño ni era poco de esperar que aquellos que escuchaban al Hijo de Dios con gozo y encontraban en sus palabras consuelo y amor, tuvieran palabras buenas para aquella mujer que lo había traído al mundo.

Pero Jesucristo, sin hacer de menos a María, la Virgen Inmaculada, a la que quería muchísimo, sabe que hay algo que es, incluso, más importante que tal amor: saber escuchar a Dios, Padre Todopoderoso.

Y había algo más. Y es que no era suficiente, ¡No!, con escuchar a Dios quedarse, digamos, tan ancho. No. Había que actuar en consecuencia y llevar sus santas palabras a la vida ordinaria, al cada día. Entonces, se era verdadero hijo de Dios.


JESÚS, ayúdanos a ser hijos de Dios de los que se pueda decir que, de verdad, lo son.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de octubre de 2016

Saber con Quién nos corresponde estar


Viernes XXVII del tiempo ordinario
Lc 11,15-26

“En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. 

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

‘Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio’”.

COMENTARIO

Decir una cosa como dicen aquellos que, aquí, quieren atacar a Jesús, era decir algo muy grave. Y es que decir que trabajaba para Satanás era un poco exagerado y, además, una falsedad más que grande.

Jesucristo, ante esto, arremete con sus propias palabras. Sin duda alguna, ellos no podían creer que sus hijos expulsaban demonios por orden de Satanás. Y eso justificaba, a la perfección, que era Él el Hijo de Dios y que el Reino había llegado.

Por eso el Hijo del Padre Todopoderoso sabe que nos conviene más que mucho seguirlo a Él. Es la única forma de no desparramar ni perder el tiempo sino, al contrario, recogerlo todo en nuestro corazón y llevarlo al prójimo como expresión de amor a Dios.

JESÚS, ayúdanos a no equivocarnos en nuestra elección espiritual, a seguirte a Ti siempre.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de octubre de 2016

Perseverar en la oración J

Jueves XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,5-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos’, os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.
‘Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!’”.

COMENTARIO

La mejor forma de enseñar es aquella que hace uso de situaciones de la vida ordinaria que puedan resultar conocidas para quien ha de recibir la enseñanza. Y eso es lo que hace Jesús.  En este caso con aquello del amigo que acude en busca de ayuda.

La oración tiene mucho que ver con esto. Pedir a Dios ha de cumplir con un requisito esencial: ha de ser perseverante. Y es que sólo quien insiste puede obtener, si le es conveniente, del Todopoderoso, lo que necesita.

Jesús, para mostrar que eso es así, insiste en decir que quien llama al a puerta del corazón de Dios es escuchado y quien busca al Padre porque lo necesita… también será escuchado. Y es que Dios no se deja ganar en generosidad y amor a sus hijos.


JESÚS,  ayúdanos a ser perseverantes en la oración.



Eleuterio Fernández Guzmán

5 de octubre de 2016

Aprendiendo a orar a Dios Padre Todopoderoso

Miércoles XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,1-4

Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: ‘Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos’. Él les dijo: ‘Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación’”.

COMENTARIO

Aquellos que seguían a Jesús más de cerca, los Apóstoles, veían cómo el Maestro se retiraba muchas veces para orar. Allí, en aquella aparente soledad lo veían hablando con Dios de una forma muy profunda y querían aprender.

Jesús, que sabe que necesitan aprender lo más básico de la relación con el Padre, les va a enseñar. Podía haberles enseñado una oración muy difícil de comprender y que pudiera parecer muy importante de cara al mundo pero no hace eso. Y es que conoce que lo mejor es que comprendan desde lo sencillo pero profundo.

La oración que les enseña, el Padrenuestro, tiene relación directa con el Dios Todopoderoso que todo lo ha creado y mantiene. Lo que en ella se dice no es nada complicado sino que pedimos lo que es esencial y necesario para cada hijo de Dios.


JESÚS, ayúdanos a orar, enséñanos a orar.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de octubre de 2016

Saber lo que nos conviene

Martes XXVII del tiempo ordinario
Lc 10,38-42

En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude’. Le respondió el Señor: ‘Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada’”.

COMENTARIO

Que Jesucristo acudiera muchas veces a casa de sus amigos de Betania no era nada extraño. Marta, María y Lázaro habían convivido con él durante muchos años y ahora no los iba a olvidar fácilmente. Y es de suponer que acudiera con otros de los suyos.

En casa de sus amigos debía haber mucho jaleo. Trabajo mucho se acumulaba cuando, de repente, acudían muchas personas que debían ser atendidas respondiendo a la afectividad y a la atención personal. Por eso Marta se enfada con María que, al parecer, no quiere ayudarla.

Pero Jesús entiende las cosas de forma distinta. María sabía que escuchar a Jesús era bueno y por eso se quedaba a sus pies. Mientras, Marta hacía otro trabajo que también era necesario. Pero el Cristo sabía qué era lo importante, lo único importante.


JESUCRISTO,  ayúdanos a aceptar lo que nos conviene aceptar.




Eleuterio Fernández Guzmán

3 de octubre de 2016

Lunes, 3 de octubre de 2016


Lunes XXVII del tiempo ordinario

Lc 10,25-37

“En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: ’Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?’. Él le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?’. Respondió: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo’. Díjole entonces: ‘Bien has respondido. Haz eso y vivirás’.

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ‘Y ¿quién es mi prójimo?’. Jesús respondió: ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?’. Él dijo: ‘El que practicó la misericordia con él’. Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo’.

COMENTARIO

“Ir por lana y salir trasquilado”. Eso es lo que le pasó al maestro de la ley que quiso poner a prueba a Jesús. Quiere saber, seguramente cree que lo sabe, qué ha de hacer para ganar la vida eterna. Y Jesús se lo dice, pero el buen hombre no le parece suficiente aquella respuesta. E iba a obtener una que no le iba a gustar mucho.

La parábola del buen samaritano encierra, contiene, nos trae, muchas lecciones para las almas tibias o atenidas tan sólo a sus intereses personales. Y es aquel maestro de la ley no esperaba que se le dijese que tenía que hacer algo por alguien que pudiese herir su supuesta pureza espiritual.

Recibe, además, una gran lección: el único que socorrió al atacado por los ladrones no fue uno de los considerados “sabios” por el común del pueblo. No. Fue un samaritano, enemigo declarado para el pueblo judío, de la fe. Y es que la misericordia de Dios no era muy bien entendida por según qué personas.


JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos con nuestro prójimo.

Eleuterio Fernández Guzmán