28 de mayo de 2016

Querer engañar a Cristo no es posible

Sábado VIII del tiempo ordinario

Mc 11,27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: ‘¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?’. Jesús les dijo: ‘Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme’.

Ellos discurrían entre sí: ‘Si decimos: ‘Del cielo’, dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Pero, ¿vamos a decir: ‘De los hombres’?’. Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta. Responden, pues, a Jesús: ‘No sabemos’. Jesús entonces les dice: ‘Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto’”.

COMENTARIO

Aquellos que querían muy mal a Jesús y que, por tanto, procuraban su perdición, no dudaban lo más mínimo en aprovechar cualquier ocasión para ponerle trampas para ver si caía en ellas.

Jesús conocía sus corazones y por eso no caía en las que le ponían delante. Y, como ahora, en la que pretenden que diga que actúa siendo Dios o por mandato directo del Todopoderoso, nada les dice.

De todas formas, la cobardía de aquellos que le persiguen es grande. Ellos quieren esconderse bajo la palabra que dicen como si eso les fuera a librar del juicio de Dios.


JESÚS,  ayúdanos a no querer engañarte con nuestras acciones u omisiones.




Eleuterio Fernández Guzmán

27 de mayo de 2016

La fortaleza de la fe

Viernes VIII del tiempo ordinario

Mc 11,11-25

En aquel tiempo, después de que la gente lo había aclamado, Jesús entró en Jerusalén, en el Templo. Y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania. 

Al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de higos. Entonces le dijo: ‘¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!’. Y sus discípulos oían esto. 
Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: ‘¿No está escrito: ‘Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes?’.¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!’. Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. Y al atardecer, salía fuera de la ciudad. 

Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. Pedro, recordándolo, le dice: ‘¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca’. Jesús les respondió: ‘Tened fe en Dios. Yo os aseguro que quien diga a este monte: ‘Quítate y arrójate al mar’ y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis. Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas’.

COMENTARIO


Lo que pasa que nos dice este texto es, verdaderamente significativo. Jesús da muestras de qué se puede hacer si se tiene fe. Y el caso de aquella higuera es bien determinante a tal respecto. Quien tiene fe puede hacer cosas como ésa.

Jesús había venido al mundo a hacer cumplirla Ley de Dios. Y sabía que muchos la habían alterado de tal manera que era irreconocible atendiendo a lo que el Todopoderoso había establecido. Y echar del Templo a los cambistas era una forma muy expresiva de decir que así no se podían hacer las cosas.

Pero había más. Y es que el Hijo de Dios sabía que con fe todo se podía alcanzar. Pero la fe debía expresarse en las circunstancias ordinarias de la vida. Es decir, no valía dirigirse a Dios pero tener el corazón sucio.


JESÚS,  ayúdanos a llevar a nuestro corazón la verdadera Ley de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de mayo de 2016

Querer ver

Jueves VIII del tiempo ordinario

Mc 10,46-52

En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’. Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’. 

Jesús se detuvo y dijo: ‘Llamadle’. Llaman al ciego, diciéndole: ‘¡Ánimo, levántate! Te llama’. Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ‘¿Qué quieres que te haga?’. El ciego le dijo: ‘Rabbuní, ¡que vea!’. Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado’. Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

COMENTARIO

Cristo, a lo largo de lo que hemos dado en llamar “vida pública” tuvo muy en cuenta a las personas que se dirigían a él con fe y con confianza en su persona. Y, al parecer, aquel ciego las tenía.

El ciego Bartimeo lo llama “Hijo de David”. Sabe, por tanto, que es el Mesías enviado por Dios. Y confía de forma absoluta que lo va a curar. Por eso le pide compasión. Tiene fe y eso sólo puede tener una respuesta de parte de Jesús.

Aquel hombre era perseverante. Muchos le decían que se callara porque, a lo mejor, no dejaba escuchar lo que estaba diciendo el Maestro. Ellos no comprendían nada acerca de la necesidad de aquel hombre ciego. Pero Jesús sí comprendía. Y lo curó.


JESÚS, ayúdanos a tener la fe y la confianza de Bartimeo.



Eleuterio Fernández Guzmán

25 de mayo de 2016

Ser servidores

 Miércoles VIII del tiempo ordinario

Mc 10,32-45

En aquel tiempo, los discípulos iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará’. 

Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: ‘Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos’. Él les dijo: ‘¿Qué queréis que os conceda?’. Ellos le respondieron: ‘Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda’. Jesús les dijo: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?’. Ellos le dijeron: ‘Sí, podemos’. Jesús les dijo: ‘La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado’. 

Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: ‘Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’.

COMENTARIO

La ambición humana también se manifestó en aquellos que había escogido Jesús para que fueran sus Apóstoles. Por eso los Zebedeos quieren ocupar un lugar muy buen en su gloria. Pero ellos ignoran muchas cosas.

Jesús sabe lo que va a pasar con ellos. Cada uno de ellos, en efecto, iba a dar su vida, cuando eso tuviera que ocurrir, por Él, el Maestro y el Señor, pero el lugar a ocupar en el Cielo no era cosa más que de Dios que conoce los corazones de sus hijos.

Y algo muy importante que debieron haber aprendido de inmediato: quien quiere ser grande ha de ser servidor de los demás. Y si Él no había venido a ser servido sino a servir… ¡qué decir del resto de mortales!


JESÚS,  ayúdanos a comprender perfectamente la voluntad de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán

24 de mayo de 2016

Querer y saber ser los últimos



Martes VIII del tiempo ordinario
Mc 10,28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’. Jesús dijo: ‘Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros’.


COMENTARIO


Estaba claro para aquellos que habían decido seguir a Jesús más de cerca, sus Apóstoles, que lo habían tenido que dejar todo. Y es que el Hijo de Dios les había dicho que, en efecto, eso tendrían que hacer Y lo hicieron.

Jesús, de todas formas (y conociendo más que de sobre la realidad) consuela. Ellos, según les dice, van a tener mucho más que lo que han perdido. Ahora bien, el sentido de lo que tendrán será muy distinto y mejor.


Es más, Jesús avanza algo que deberían tener muy en cuenta. Y es que conseguían algo más que era crucial para sus vidas futuras: la vida eterna. Y eso siendo los últimos, considerándose los últimos.


JESÚS, ayúdanos a querer ser los últimos y a no ser soberbios.


Eleuterio Fernández Guzmán









                                                                                                   

23 de mayo de 2016

Cumplir enteramente los Mandamientos de Dios



Lunes VIII Tiempo ordinario

Mc 10, 17-27

“Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?’. Jesús le dijo: ‘¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre’. Él, entonces, le dijo: ‘Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud’. Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: ‘Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme`’. Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. 

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: ‘¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!’. Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: ‘¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios’. Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: ‘Y ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dice: ‘Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios’”.

COMENTARIO 

En este texto del Evangelio de San Marcos, Jesús se refiere a la ida eterna. Y es que aquello joven rico quería heredar la misma al considerarse, porque lo era, hijo de Dios.

Jesús tiene por fundamental el cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios. Quien los cumple accederá al definitivo Reino de Dios. Pero su cumplimiento va más allá de su letra. Es decir, significa más de lo que pudiera parecer. Y aquel joven, que era rico, no quería ser totalmente consecuente con ellos.

Jesús les habla del camello y de la aguja. Y eso suponía una dificultad muy grande para entrar en la vida eterna. Es más, como muy bien dice el Hijo de Dios, sólo Dios puede salvarnos.


JESÚS,  ayúdanos a llevar una vida a los Mandamientos de Dios


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de mayo de 2016

Las promesas de Dios siempre las cumple el Todopoderoso.


Jn 16, 12-15

“Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga,  y os anunciará lo que ha de venir.  El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío  y os lo anunciará a vosotros.”

COMENTARIO

Era una gran verdad que aquellos que Jesús había escogido para ser sus apóstoles, aquellos que transmitiesen la Palabra de Dios al mundo y fuesen testigos de su vida y obra, no estaban preparados intelectualmente. Muchos serían analfabetos y había cosas que no acababan de comprender.

Jesús tiene, también para eso, remedio. Ha de enviar al Espíritu Santo para que guíe al pueblo escogido, nuevo pueblo mediante la nueva alianza de Cristo con el Padre. Será el Paráclito Quien nos anunciaría aquello que debía tener importancia.

Pero Jesús anuncia algo muy importante y que determinaba que era Dios mismo hecho hombre: todo lo que tiene Dios es suyo. Por eso era tan importante confesar que, en efecto, era el Hijo de Dios.


JESÚS,  ayúdanos a esperarte.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de mayo de 2016

Recibir el Reino como un niño

Sábado VII del tiempo ordinario

Mc 10,13-16
En aquel tiempo, algunos presentaban a Jesús unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él’. Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.”

COMENTARIO

En tiempos de Jesús, en aquello siglos del Imperio romano y el sometimiento del pueblo elegido por Dios, se tenía poca consideración por el niño. Es decir, no es que los padres no quisieran a sus hijos sino que los tenían en poco valor para el funcionamiento ordinario de la casa.

Jesús, sin embargo, que había venido al mundo al salvar al necesitado no podía olvidar, precisamente, a los que más necesitaban ayuda. Y tiene a los niños por personas fundamentales con relación al Reino de Dios y a la vida eterna.

Nos dice el texto bíblico que Jesús bendecía a los niños. En realidad, hacía lo que debía porque sostenía que de ellos es el Reino de  Dios. Y quería decir que sólo quien tuviese corazón de niño podría comprender ciertas cosas.


JESÚS, ayúdanos a tener corazón de niño.



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de mayo de 2016

Lo dice Cristo


Viernes VII del tiempo ordinario

Mc 10,1-12
“En aquel tiempo, Jesús, levantándose de allí, va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde Él y, como acostumbraba, les enseñaba. Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: ’¿Puede el marido repudiar a la mujer?’. Él les respondió: ‘¿Qué os prescribió Moisés?’. Ellos le dijeron: ‘Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla’. Jesús les dijo: ‘Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre’. 
Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: ’Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio’”.

COMENTARIO

Jesús conocía perfectamente cuál era la situación de la Ley de Dios en el seno del pueblo que el Todopoderoso se había escogido como suyo. Y sabía que no todo lo que se decía era lo que se correspondía con la voluntad de Dios.

Le preguntan, ahora, sobre el repudio o, lo que es lo mismo el divorcio o separación del hombre y de la mujer que han constituido un matrimonio indisoluble a los ojos de Dios. Y es que ellos creen que es posible el mismo porque así lo estableció Moisés.

Sin embargo Jesús, como era de esperar, tenía una sorpresa para ellos. Dios unió al hombre y a la mujer y el hombre no puede separarlos por ley que, además, se diga proviene de Dios. Y, además, el adulterio se entiende desde un punto de vista extendido a lo que, habitualmente se entiende por el mismo.


JESÚS, ayúdanos a comprender y entender le Ley de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de mayo de 2016

Proceder según quiere Dios

Jueves VII del tiempo ordinario

Mc 9,41-50
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa. Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga; pues todos han de ser salados con fuego. Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros’”.

COMENTARIO

Jesús, como se suele decir, no tiene pelos en la lengua. Le importa bien poco lo que puedan decir de sus palabras porque sabe lo que tiene encomendado por parte del Padre. Por eso no calla nada al respecto de los que ayuden a sus discípulos. Tampoco lo que le pasará a quien escandalice a los pequeños en la fe. Y es terrible esto último.

Hay algo, además, que nunca deberíamos olvidar: aquello que nos aleja de Dios debemos, a su vez, alejarnos de nosotros. Sea lo que sea no podemos dejarlo con nosotros en nuestro corazón porque estropeará nuestra relación con el Todopoderoso.

Y, por si fuera poco lo dicho por Cristo, algo crucial: sus discípulos no podemos dejar de serlo en el sentido de hacer como si no lo fuéramos. Tal es una forma de manifestar alejamiento de Dios Padre.


JESÚS, ayúdanos a comprender cuál ha de ser nuestra actuación y nuestro proceder.


Eleuterio Fernández Guzmán


17 de mayo de 2016

El egoísmo no es nada bueno

Miércoles VII del tiempo ordinario


Mc 9,38-40
En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros’. Pero Jesús dijo: ‘No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros’.

COMENTARIO

El egoísmo es una característica muy propia del ser humano. Por eso cuando alguien, como se dice en este texto bíblico, trata de hacer cosas buenas por los demás en nombre del Maestro hay discípulos suyos que no les parece bien.

Sin embargo, Jesús entiende las cosas de una forma muy distinta. Si a él le habían llamado la atención por curar en sábado ¿acaso los suyos iban a hacer lo mismo con otros que hicieran algo bueno?

Algo fundamental dice Jesús que debería ser correctamente entendido: quien no está contra Él está a su favor. Por eso debían tener en cuenta que habría muchas personas que habiéndolo conocido sólo de oídas, hicieran el bien en su nombre.


JESÚS, ayúdanos a no ser egoístas.



Eleuterio Fernández Guzmán

Querer ser el primero sirviendo

Martes VII del tiempo ordinario

Mc 9,30-37

“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban caminando por Galilea, pero Él no quería que se supiera. Iba enseñando a sus discípulos. Les decía: ‘El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará’. Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. 

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: ‘¿De qué discutíais por el camino?’. Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: ‘Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todo’’. Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: ‘El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado’”.

COMENTARIO

Podemos imaginar que cuando Jesús iba diciendo a sus apóstoles que moriría de una determinada forma ellos se entristecieran. Pero también podemos imaginar que alguno de ellos  pensara que quién iba a ser el primero.

Jesús, sin embargo, tenía algo que decirles que, seguramente, les iba a sorprender: el verdadero orden de las cosas espirituales. Quería decir que lo importante no era querer ser importante sino, al contrario, querer ser servidor de cada hermano.

Para demostrar lo que quería decir (pues estaban muy necesitados de signos y señales o, en fin, de algo que apoyara lo que decía el Maestro) les pone delante un niño: alguien muy despreciado por la gran mayoría de personas pero, también, muy querido por Dios. Deben recibirlo como Dios los recibe.


JESÚS,  ayúdanos a comprender lo que nos dices.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de mayo de 2016

El poder de la misericordia de Dios


Lunes VII del tiempo ordinario

Mc 9,14-29

En aquel tiempo, Jesús bajó de la montaña y, al llegar donde los discípulos, vio a mucha gente que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos. Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle. Él les preguntó: ‘¿De qué discutís con ellos?’. ‘Uno de entre la gente le respondió: ‘Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y lo deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido’. 

Él les responde: ‘¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!’. Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. Entonces Él preguntó a su padre: ‘¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?’. Le dijo: ‘Desde niño. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros». Jesús le dijo: ‘¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!’. Al instante, gritó el padre del muchacho: ‘¡Creo, ayuda a mi poca fe!’. 

Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: ‘Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él’. Y el espíritu salió dando gritos y agitándole con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso en pie. Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: ‘¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?’. Les dijo: ‘Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración’".

COMENTARIO

Antes de que Tomás dudara de lo que le habían dicho acerca de la resurrección del Maestro, otros también manifestaron cierto tipo de dudas espirituales. Al parecer, necesitaban pruebas del poder de Jesús.

La cerrazón del corazón pone muchos obstáculos a la acción de Dios. Por eso, aquellos hombres, que no sabían cómo curar al hijo de aquel hombre, no pueden liberarlo del espíritu que lo tiene preso.

Jesús, sin embargo, les da la respuesta adecuada. Y es que para vencer cierto tipo de males espirituales hace falta algo más que la simple oración: hace falta orar con convicción total de la bondad de lo  que se hace.

JESÚS,  ayúdanos a no dudar nunca de tu bondad y tu misericordia.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de mayo de 2016

Amar a Cristo



Jn 14, 15-16. 23b-26

“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre,  ‘Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros.Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.’”

       
COMENTARIO

Cristo quiere que le amemos

Jesús quería que su misión fuera fructífera. Por eso quiere que guardemos sus mandamientos. Lo quiere no por egoísmo sino porque sabe que hacer eso, guárdalo, supone estar a bien con la voluntad de Dios Padre.

Cristo pide al Padre por nosotros

Pero Jesús no queda impasible ante nuestras necesidades. No. Él, como Hijo de Dios, está sentado a la derecha del Todopoderoso e intercede por sus hermanos los hombres ante nuestras necesidades.

El Espíritu Santo nos auxilia

Había prometido Jesús que enviaría el Espíritu Santo cuando volviera a la Casa del Padre. Y que esta Persona de la Santísima Trinidad iba a hacer mucho por cada uno de los seres humanos creados por Dios. Es más, no dejará que olvidemos lo que, verdaderamente, importa.


JESÚS, ayúdanos a escuchar las mociones del Espíritu Santo



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de mayo de 2016

Permanecer en el amor de Cristo


Jn 15, 9-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 

‘Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 

‘No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’”.

COMENTARIO

El Hijo de Dios quiere que cada uno de sus hermanos esté con Él. Sabe que ha sido enviado al mundo para salvar a quien quiera salvarse y, para eso, ha comunicado el mensaje de Dios que consiste, en esencia en creer que el Cristo es el hijo de María y de su padre humano José.

Jesús no dice nada de lo que dice por decirlo. Queremos decir que siempre da ejemplo que acompaña a sus palabras. Y ahora dice eso de que nadie ama más a sus amigos que el que da la vida por ellos. Y Él la dio así.

De todas formas, hay una realidad que a veces olvidamos: es Dios quien nos escoge a nosotros y no nosotros a él. Esto no quiere decir que nosotros no hagamos nada a tal respecto sino que, al contrario, que somos nosotros los que decidimos seguirlo o no. Pero es Él quien escoge y elige.


JESÚS, ayúdanos a no olvidar nunca que debemos responder sí a la llamada de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de mayo de 2016

Los tres sí de Pedro


Viernes VII de Pascua
                                                                                    

Jn 21,15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: ‘Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?’ Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis corderos’. Vuelve a decirle por segunda vez: ‘Simón de Juan, ¿me amas?’. Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas’. 
Le dice por tercera vez: ‘Simón de Juan, ¿me quieres?’. Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ‘¿Me quieres?’ y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras’. Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: ‘Sígueme’”.

COMENTARIO

No es extraño que Pedro estuviese muy preocupado por las tres negaciones que había hecho recaer sobre Jesús. Y es que su corazón se había entristecido en el mismo momento en el que se dio cuenta de que se había cumplido lo que le había dicho el Maestro a tal respecto.

Pero Jesús no puede dejar así a Pedro. Y le pregunta por tres veces si lo quiere. Lo hace para perdonarlo tantas veces como lo había negado. Así, su corazón quedaría limpio de una carga tan pesada.

Es más, Jesús le dice a Pedro la forma en la que morirá: será llevado a la muerte contra su voluntad. Y luego le dice que lo siga. Y Pedro, aquel hombre que lo había negado tres veces y había sido perdonado otras tres, lo sigue hasta la mismísima muerte por Cristo, por ser tu testigo.


JESÚS,  ayúdanos a no negarte nunca.




Eleuterio Fernández Guzmán

12 de mayo de 2016

Lo que quiere Cristo

Jueves VII de Pascua


Jn 17,20-26

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. 

‘Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos’”.

COMENTARIO

En este texto se muestra la verdadera voluntad del Hijo de Dios, Cristo, hermano nuestro. Y esto de que es nuestro hermano y que ha vivido una vida de hombre, con sus alegrías y sus llantos, le lleva a pedir por nosotros.

Quiere Jesús que seamos uno con Él. Por eso otras veces ha dicho que debemos permanecer en Él. Sólo así mostraremos que queremos ser, verdaderamente, hermanos suyos y que Dios nos importa.

Para defendernos ante el Creador, Jesús le dice al Padre que muchos no han creído pero que otros sí lo han hecho. Es decir, que hay quienes lo han aceptado como su Hijo y que, por eso, quería lo mejor para ellos. Y se lo pide, así, con toda confianza.


JESÚS, ayúdanos a aceptarte como Hijo de Dios y hermano nuestro.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de mayo de 2016

Ser unos con Cristo

Miércoles VII de Pascua

Jn 17,11b-19

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. 

‘Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad’”.

COMENTARIO

Jesús había sido enviado al mundo por el Todopoderoso para que cumpliera una misión bien determinada. Es decir, no se encarnó para ver qué hacía, a la suya, sino que tenía instrucciones precisas. Y una de ellas era cuidar de aquellos que Dios le iba a entregar.            

Una de las características de los hermanos de Cristo es que se convierten en seres que no son de este mundo. Es decir, vivimos en este mundo pero el nuestro, el anhelo, es la otra vida, el Cielo, la vida junto al Todopoderoso.

Y Jesús, que sabía que era necesario que su mensaje llegara a todos los confines del mundo, envía  a los suyos para hagan lo propio: transmitir que el Reino de Dios ya había llegado al mundo, que la vida eterna estaba al alcance de un sí. Y todo eso siendo unos con Cristo y Cristo, con Dios.


JESÚS,  ayúdanos a aceptar la Palabra de Dios como camino y como verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán