30 de junio de 2022

El poder de Dios

Mt 9, 1-8



Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: ‘Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados’.

Algunos escribas pensaron: ‘Este hombre blasfema’.

Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: ‘¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o ‘Levántate y camina’? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.

Él se levantó y se fue a su casa.

Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.”


COMENTARIO


Ni es nada extraño lo que hizo el Hijo de Dios ni que algunos de los presentes no pensaran nada bueno de Quien eso era capaz. Y es que había quien creía que las cosas no se podían hacer así.

En tiempos de Cristo se creía que las enfermedades de las personas eran debidas a los pecados que habían cometido las mismas. Sin embargo, Jesucristo sabía que no era por eso. Y perdona los pecados a aquel paralítico para que todos vean su poder.

Sin embargo, muchos temieron lo que veían porque no podían explicarse que un hombre fuera capaz de hacer aquello que habían visto con sus propios ojos. Y, en realidad, lo que les faltaba era fe.



JESÚS, gracias por actuar así.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de junio de 2022

Pedro

Mt 16, 13-19




Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ‘¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?’.

Ellos le respondieron: ‘Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas’.

‘Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?’.

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: ‘Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo’.

Y Jesús le dijo: ‘Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo’”.


COMENTARIO


No es nada extraño que el Hijo de Dios tuviese interés por saber qué opinaba la gente de Él. Sin embargo, lo que verdaderamente buscaba era lo que pudiesen decirle sus Apóstoles. Y entre ellos… Pedro.


Jesucristo había escogido a Cefas para que fuese quien, entre sus iguales, fuera el primero. Y Pedro contestó como debía contestar quien creyese en que aquel Maestro era el Mesías.


Luego… lo que es conocido por todos: certificó el Hijo de Dios el papel que iba a desempeñar desde entonces Pedro y, así, hasta hoy mismo aunque, no podemos dejar de reconocer que, a lo largo de la historia ha habido “Pedros” que no lo han sido...



JESÚS, gracias por haber escogido, así, a Pedro.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de junio de 2022

No tener poca fe

Mt 8, 23-27




Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a Él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: ‘¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!’


Él les respondió: ‘¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?’ Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.


Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: ‘¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?’”.


COMENTARIO


No debe extrañarnos que aquellos hombres que podían ser muy rudos pero que tenían miedo, manifestaran al Hijo de Dios que tenían cierto temor por la situación por la que estaban pasando. Y es que veían cómo podía hundirse la barca y eso no los tranquilizaba nada de nada. Y mientras tanto… su Maestro estaba tan tranquilo… allí durmiendo.

La verdad es que Jesucristo no dejaba de sorprenderse. Y es que veía como aquellos había escogido como sus discípulos tenían poca fe aunque alguna confianza sí manifestaban cuando se dirigen a Su persona para que les salve…

Tampoco nos extraña nada de nada que los Apóstoles se preguntaran acerca de Quién era aquel hombre… Y es que, al parecer, aún no comprendían...



JESÚS, gracias por tener tanta paciencia con los Apóstoles y con nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de junio de 2022

Seguir a Cristo supone mucho


Mt 8,18-22

En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: ‘Maestro, te seguiré adondequiera que vayas’. Dícele Jesús: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. Otro de los discípulos le dijo: ‘Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Dícele Jesús: ‘Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos’”.

COMENTARIO

Seguir a Cristo, en aquellos momentos primeros de su predicación y ahora mismo, supone algo más que sostener que se es discípulo suyo porque hacer sólo es hacer, exactamente, nada. Y Jesús lo explica muy bien en este texto del evangelio de san Mateo.

Jesús, para empezar, pone todas las cartas sobre la mesa. Ha de saber todo aquel que quiera seguirlo que no va tener una vida fácil. Muchos serán perseguidos porque al Hijo de Dios hay muchos que no lo quieren. Y a ellos les va a pasar lo mismo. Depende, pues, de su voluntad.

El caso es que seguir a Jesús no es poco. Supone, antes que nada, olvidarse de que se ha tenido una vida anterior, un corazón viejo. Supone, por tanto, tener en cuenta que se ha venir a tener un corazón nuevo, de carne.

JESÚS, ayúdanos a serte fieles.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

26 de junio de 2022

Saber seguir a Cristo

Lc 9, 51-62


51 Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, 52 y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; 53 pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. 54 Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’ 55 pero volviéndose, les reprendió; 56 y se fueron a otro pueblo.57 Mientras iban caminando, uno le dijo: ‘Te seguiré adondequiera que vayas.’ 58 Jesús le dijo: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.’ 59 A otro dijo: ‘Sígueme.’ El respondió: ‘Déjame ir primero a enterrar a mi padre.’ 60 Le respondió: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.’ 61 También otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.’ 62 Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.’”

 COMENTARIO

  

Es más que conveniente entender las palabras del Hijo de Dios pues es posible nos pudieran llevar a engaño. Y es que, al parecer, nada de lo nuestro sirve ni vale para poder seguir a Cristo. Y eso, claro, no es así.

Cuando Jesucristo fue enviado al mundo lo fue, digamos, para que la situación, como poco, del pueblo elegido por Dios, cambiase de forma radical pues de raíz era la cosa. Y eso era lo que hacía Cristo cuando, por ejemplo, hablaba y predicaba.

Es, sin duda, muy importante seguir al Hijo de Dios. Pero no se le puede seguir de cualquiera manera, sin por ejemplo, haber olvidado lo que éramos antes y todo lo que eso suponía. Sólo así se puede seguir a Cristo. Y nosotros creemos que Él se refiere a eso: a vino nuevo… odres nuevos, como dice en otra ocasión.

 

 JESÚS,  gracias por decir las cosas como deben ser dichas.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

25 de junio de 2022

Hágase según tu Palabra

Mt 8, 5-17

 

Al entrar en Cafarnaúm, se acercó a Jesús un centurión, rogándole: “Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente”. Jesús le dijo: “Yo mismo iré a sanarlo”. Pero el centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: “Ve”, él va, y a otro: “Ven”, él viene; y cuando digo a mi sirviente: “Tienes que hacer esto”, él lo hace”. Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes”. Y Jesús dijo al centurión: “Ve, y que suceda como has creído”. Y el sirviente se sanó en ese mismo momento. Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y sanó a todos los que estaban enfermos, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “Él tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades”.

 

COMENTARIO

 

El caso de aquel hombre romano y que, por tanto, no era de religión judía, es síntoma de la confianza que se puede llegar a tener en el Hijo de Dios. Y lo que le pasa es, justamente, el resultado de aquella confianza.

 

Sabía muy Jesucristo que aquel hombre, aunque no fuera de religión judía, confiaba en su persona y sabía que sólo Él podría ayudar a su sirviente a quien, por cierto, debía querer mucho para arriesgarse en una conversación como aquella.

 

Lo que podemos ver, tanto en el caso del romano como de la suegra de Pedro es que, en efecto, el Hijo de Dios había venido al mundo a salvar aquello que debía ser salvado. Y bien que lo hizo y hace.

 

 

JESÚS, gracias por cumplir tan bien tu misión.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

24 de junio de 2022

Confesión de fe

Lc 15, 3-7



Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola:

‘Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”.

Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.’


COMENTARIO


Esto que nos dice el Hijo de Dios en este texto del Evangelio de San Lucas acerca de la oveja perdida deberíamos tenerlo muy en cuenta por si somos nosotros los que nos perdemos.

Es cierto que quien encuentre a una oveja perdida ha de sentirse feliz, inmensamente feliz. Y las palabras del pastor son síntoma de gozo porque ha encontrado a la oveja que se le perdió y que fue, por ejemplo, el caso de aquel hijo pródigo que volvió a la casa de su padre…

Nosotros, de todas maneras, es posible que necesitemos conversión o, mejor, confesión de fe que es un, a modo, de conversión diaria. Y es que Dios no ha de querer que sus hijos se despisten en lo referido a la fe...



JESÚS, gracias por esta parábola que tanto nos dice.



Eleuterio Fernández Guzmán

23 de junio de 2022

El Bautista

Lc 1, 57-66.80



“Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: ‘No, debe llamarse Juan’.

Ellos le decían: ‘No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre’.

Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran.


Éste pidió una pizarra y escribió: ‘Su nombre es Juan’.


Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.


Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: ‘¿Que llegará a ser este niño?’ Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.”



COMENTARIO


Este momento de la historia de la salvación es bastante importante. Y es que aquello que le dijo el Ángel a Zacarías acerca del hijo que iba a tener su esposa Isabel se había cumplido e, incluso, había recuperado la voz cuando se le dijo que la recuperaría.


Aquel niño, que había saltado en el seno de Isabel cuando su prima María la había visitado tres meses antes de dar a luz, iba a ser aquel que iba a presentar al mundo al Mesías, al Cordero de Dios.


Es cierto y verdad que Juan había venido al mundo acompañado de muchos prodigios y por eso se pregunta la gente qué sería de aquel recién nacido. Y nosotros, tantos siglos después sabemos lo que de él: fiel a Dios hasta las últimas consecuencias.



JESÚS, da las gracias a tu primo Juan por ser como fue.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de junio de 2022

Dar buen fruto


Mt 7, 17-22

 

“15 ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de  ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis.  Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?  17 Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. 18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. 20 Así que por sus frutos los reconoceréis.’”

 

 

COMENTARIO

 

Hay algo que el Hijo de Dios dice dos veces en este texto del Evangelio de San Mateo: “por sus frutos los reconoceréis”. Y es que, en verdad, una cosa es lo que decimos y otra, a veces muy distinta, lo que hacemos.

 

Es cierto y verdad que resulta difícil que de un árbol malo pueda obtenerse fruto bueno sino que, como es de esperar, el resultado sea malo de toda maldad.

 

En realidad, Jesucristo quiere que nosotros seamos como el árbol bueno que da buen fruto. Así reconocerán que somos discípulos suyos.

 

 

 

JESÚS, gracias por querer que demos buen fruto.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

 

 


21 de junio de 2022

Entrar por la puerta estrecha

Mt 7, 6. 12-14



Jesús dijo a sus discípulos:


‘No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.’”



COMENTARIO

Lo que nos dice el Hijo de Dios en este texto del Evangelio de San Mateo debería hacernos reflexionar, al menos, un poco. Y es que de lo que aporta sobre su sabiduría, muchas veces no hacemos nada de nada.

En primer lugar, es bien cierto que es verdad eso que dice que lo que queramos que nos hagan a nosotros… debemos hacerlo nosotros. Sin embargo, tenemos cierta tendencia a hacer, justamente, lo contrario.

Por otra parte, a nosotros nos gusta la puerta ancha para llegar al Cielo. Sin embargo, la estrecha es la que nos conviene aunque no queramos hacer, tampoco, caso a esto.



JESÚS, gracias por tan sabios consejos espirituales.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de junio de 2022

Oró y repartió

Lc 9, 11b-17



“Les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. 12 Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: ‘Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.’13 El les dijo: ‘Dadles vosotros de comer.’ Pero ellos respondieron: ‘No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.’ 14 Pues había como 5.000 hombres. El dijo a sus discípulos: ‘Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.’ 15 Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos. 16 Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. 17 Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.”



COMENTARIO

Cuando muchos seguían al Hijo de Dios era de esperar que tantas personas no tuviesen nada para comer pues les interesaba escuchar a Jesucristo y no prestan atención a las cosas materiales.

Jesucristo, sin embargo, sabe que es seguro que tengan hambre. Y les pide a sus Apóstoles algo tan humano como que les dieran de comer. Pero aquello era una prueba pues bien sabía Cristo que no tenían dinero para tanto…

El Hijo de Dios, viendo aquello, hace lo que sabe hacer: ora a Dios y le pide por aquellos que, siguiéndolo a Él van a pasar hambre. Y el Todopoderoso no puede negarle nada a su Hijo. Y comen todos y aún sobra… Oró y repartió.


JESÚS, gracias por pedir por los necesitados.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de junio de 2022

Confiar plenamente en Dios

Mt 6, 24-34



Dijo Jesús a sus discípulos:


‘Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.


Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer o qué van a beber, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?
Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?


¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!


No se inquieten entonces, diciendo: ‘¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?’ Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.
Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.’”



COMENTARIO


Lo que dice el Hijo de Dios en este texto del Evangelio de San Mateo tiene su enjundia y su importancia. Y es que, como es bien claro en sus palabras, no podemos servir a dos señores.


Cuando nos dice eso nos quiere poner sobre la mesa que debemos servir, en todo caso, a Dios. Y es que es nuestro Creador y Quien nos ha procurado una vida que, siendo eterna, debe dar el mayor sentido a nuestras vidas.


Por tanto, nos dice Jesucristo, que debemos dejarnos abandonados a la mano y el corazón de Dios. Y, sobre todo, que debemos buscar el Reino de Dios. Sólo nos debe interesar eso.




JESÚS, gracias por decir las cosas como deben ser dichas.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de junio de 2022

Cuidado con lo que vemos

Mt 6, 19-23



Jesús dijo a sus discípulos:

‘No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.


La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!’”


COMENTARIO


En muchas ocasiones el Hijo de Dios pone las cartas sobre la mesa y nos dice lo que, a veces, no queremos oír. Pero como es Jesucristo y es el Enviado del Todopoderoso Quien dijo en alguna que otra ocasión que debíamos escucharlo… pues eso, que debemos escucharlo aunque no como quien ve llover sino con consecuencias para nuestro corazón.

Dos cosas nos dice. En primer lugar que debemos tener en cuenta que debemos acumulara para el Cielo y no para este mundo. Es decir, lo de este mundo, lo de aquí, sólo es polvo y humo y sólo prevalecerá lo que hagamos con vistas a la vida eterna.

Por eso debemos tener muy en cuenta aquello que nuestros sentidos pueden dictarnos. Y el de la vista es uno por el cual, sí, entran en el corazón aberraciones y barbaridades. Y eso sólo nos produce oscuridad.



JESÚS, gracias, de nuevo, por darnos unos consejos tan sabios.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de junio de 2022

El Padre Nuestro

Mt 6-7-15



Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes’”.


COMENTARIO

Es importante tener en cuenta algo que dice el Hijo de Dios. Y es que, según nos dice, los paganos también pueden ser escuchados por el Todopoderoso pues, de otra forma, no diría que hay la posibilidad de que lo sean.

Sin embargo, hay una forma de ser escuchados por Dios. Y es verdad que Jesucristo enseña el Padre Nuestro para que podamos dirigirnos al Todopoderoso de forma correcta y no como creen, por ejemplo, los paganos, que deben orar…

Ahora bien. No podemos olvidar lo otro: si nosotros no perdonamos a quienes nos ofenden no esperemos que Dios haga otra cosa con nosotros. Y no es que sea malo sino que es justo.



JESÚS, gracias por enseñarnos el Padre Nuestro



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de junio de 2022

El cómo debemos hacer

Mt 5, 1-6.16-18



Jesús dijo a sus discípulos:


Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.


Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.


Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.


Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.


Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.’”


COMENTARIO


Limosna, orar y ayunar. Sobre esto es lo que el Hijo de Dios nos advierte pues es más que posible que estemos equivocados en lo que hacemos creyendo, al contrario, que hacemos bien y, en realidad, andamos bastantes errados en la cosa…


Ciertamente, cuando damos limosna, oramos o ayunamos no es que hagamos nada malo sino que son comportamientos adecuados a quien tiene fe y sabe lo que debe llevar a cabo. Sin embargo, no siempre hacemos lo que debemos.


En el fondo, aquí subyace un desconocimiento bastante grande de lo que nos conviene espiritualmente. Y es que Dios, como dice Cristo, ve en lo secreto de nuestro corazón y nos conoce la mar de bien. Por eso debemos cambiar muchas y más actitudes para que sean las que deben ser. 



JESÚS, gracias por aconsejarnos sobre cómo debe ser nuestro comportamiento.



Eleuterio Fernández Guzmán