28 de noviembre de 2013

Cuando Cristo vuelva




 Jueves XXXIV del tiempo ordinario


Lc 21, 20-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella; porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.
‘¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y cólera contra este pueblo; y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación’”.

COMENTARIO

El futuro que se prepara para el ser humano no es lo más halagüeño. Sin embargo, Jesús nos pone sobre la pista de qué es lo que tenemos que hacer cuando llegue el momento, no tan terrible por lo que supone, de la llega del fin del mundo, de este mundo.

Las señales serán de lo más terribles porque no es de esperar que el mundo deje de ser lo que es y pase a ser lo que debe ser de una forma ligera o poco impactante. Todo lo que Jesús dice de tal momento ha de pasar y pasará.

Sin embargo, no estamos del todo perdidos. Jesús nos recomienda, para aquel momento, que tengamos ánimo y que confiemos en lo que ha de venir. Es, será la liberación del pueblo elegido por Dios y eso bien vale cualquier sacrificio.



JESÚS,  nos avisas de lo terrible que será el final de este mundo, de esta forma de llevar las cosas, de esta forma de ser. Ayúdanos a mantener la fe y el ánimo en tu segunda venida.





Eleuterio Fernández Guzmán


27 de noviembre de 2013

Lo difícil que ha de venir


  

Miércoles XXXIV del tiempo ordinario


Lc 21,12-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas’”.

COMENTARIO

Como Jesús es Dios hecho hombre y, por eso mismo, todo lo sabe y conoce, advierte en muchas ocasiones de aquello que ha de suceder para que a nadie le coja por sorpresa y no pueda decir que no estaba advertido.

El porvenir del hermano y discípulo de Cristo no ha sido, desde que es posible serlo, nada cómodo ni la vida del mismo siempre ha sido agradable en el mundo en el que ha vivido y en el que vive. Ya advirtió Jesús que seríamos perseguidos y así es y ha sido.

Jesús, sin embargo, no cesa de darnos confianza en Él y en Dios miso. A pesar de las persecuciones y de las más que posibles muertes de sus discípulos, siempre está con nosotros y nunca nos abandona. La perseverancia, por eso, en la fe, nos ha de salvar.




JESÚS, nos pides que actuemos de una forma que es, casi, sobrehumana. Ayúdanos a perseverar en la fe y a no olvidar nunca lo importante que eso es para nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán


26 de noviembre de 2013

Lo que ha de venir

 Martes XXXIV del tiempo ordinario



Lc 21, 5-11

“Como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo: ‘Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.’  Le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?’ ‘El dijo: ‘Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato.» 10 Entonces les dijo: ‘Se levantará nación contra nación y reino contra reino. 11 Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo.’”
        
COMENTARIO

A los seres humanos nos gustan mucho las realizaciones que llevamos a cabo porque entendemos que son propias de seres inteligentes. Y eso les pasaba a los que, en el Jerusalén, miraban el Templo. Era rico en propiedades de sus materiales pero ¿era también propio de personas con fe?

Jesús sabe que aquella obra humana no vale más que la obra divina. Les dice que todo quedará destruido como, al cabo de los años, en efecto, pasó. Sabe que lo que importa es el Templo es Cristo, Él mismo y que tal realidad espiritual sí vale la pena.

Pero Jesús sabe que lo que ha de venir será terrible para el ser humano antes de que llegue, en su segunda venida, para juzgar a vivos y a muertes. Deberemos mantener, entonces, la calma espiritual porque el fin, aunque aún no cercano, supone su venida.






JESÚS, los que gustan, en exclusiva, de cosas humanas, no acaban de entender lo que, verdaderamente importa. Ayúdanos a deshacernos de lo que nos sobra y centrarnos en lo que nos importa.






Eleuterio Fernández Guzmán


25 de noviembre de 2013

Entregarse por entero




Lunes XXXIV del tiempo ordinario
Lc 21,1-4

En aquel tiempo, alzando la mirada, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: ‘De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir’.

COMENTARIO

Muchas veces pensamos que lo mejor es dar, simplemente, sin tener en cuenta, en verdad, la intención con que se da. Dios, sin embargo, que ve en lo oscuro de nuestro corazón o, lo que es lo mismo, en lo que creemos en el fondo del mismo, sabe que nos equivocamos con lo que hacemos.

Aquellos ricos, cualesquiera de nosotros en cualquier aspecto, creían que eran muy buenos porque daban mucho dinero. Sin embargo, era un dinero que falseaba su verdadera fe porque la sometían al valor de lo material. Su fe era escasa y su bolsillo, grande.

Aquella viuda, que tenía una fe profunda, daba, en efecto, todo lo que tenía para vivir. Lo daba porque sabía que Dios lo era todo para ella y haciendo eso todo lo que tenía lo entregada a su Señor, a su verdadero Señor. Y Dios, seguramente, se lo tuvo en cuenta a la hora de su muerte.


JESÚS, en demasiadas ocasiones creemos que engañamos a Dios cuando hacemos esto o lo otro. Ayúdanos a no caer en tan absurda realidad.



Eleuterio Fernández Guzmán


24 de noviembre de 2013

Jesucristo, Rey del Universo



“El es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él, el existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia”. 

Este texto de la Epístola a los Colosenses (1, 15-17) muestra una raíz espiritual que siempre debemos tener presente. Y es que hoy, 24 del presente mes de noviembre, se da por finalizado el Año de la Fe que convocó, en su día, el emérito Benedicto XVI. Además (y no por casualidad escogió tal fecha) es el día de celebración en el que recordamos que Jesucristo es Rey del Universo en una festividad que el Papa Pío XI instituyó el 11 de diciembre de 1925 y con la que se cierra el tiempo llamado ordinario.

Empecemos, pues, como corresponde a un día como el citado: una oración a Cristo Rey:

“¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.

Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia. 

¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así el reinado de vuestra paz se establezca en el Universo entero. Amén.”

Nos dice mucho esta oración. No nos dirigimos al Hijo de Dios prometiendo cosas sin importancia sino aquellas que son fundamentales para nuestra existencia como hermanos suyos y como hijos de Dios. Por eso le decimos que queremos renunciar al Mal porque sabemos que es lo que Dios quiere de sus hijos; que queremos vivir como cristianos o, lo que es lo mismo, que queremos que Cristo sea nuestro ejemplo a seguir.

A tal respecto, el Predicador de la Casa Pontifica, el P. Raniero Cantalamessa, ofmcap, en su comentario a tal festividad, pero de 2007, dijo esto:

“El interrogante importante que hay que hacerse en la solemnidad de Cristo Rey no es si reina o no en el mundo, sino si reina o no dentro de mí; no si su realeza está reconocida por los Estados y por los gobiernos, sino si es reconocida y vivida por mí. ¿Cristo es Rey y Señor de mi vida? ¿Quién reina dentro de mí, quién fija los objetivos y establece las prioridades: Cristo o algún otro? Según san Pablo, existen dos modos posibles de vivir: o para uno mismo o para el Señor (Rm 14, 7-9). Vivir «para uno mismo» significa vivir como quien tiene en sí mismo el propio principio y el propio fin; indica una existencia cerrada en sí misma, orientada sólo a la propia satisfacción y a la propia gloria, sin perspectiva alguna de eternidad. Vivir «para el Señor», al contrario, significa vivir por Él, esto es, en vista de Él, por y para su gloria, por y para su reino”.

Debemos, por lo tanto responder a tales preguntas, en un a modo de examen de conciencia, para cerciorarnos de si, en verdad, somos tan cristianos como decimos ser o como pretendemos ser. Es decir, si Cristo reina en nosotros y en nuestro corazón, sabemos a qué atenernos en nuestra relación con los que sufren y con los más necesitados; si, por el contrario, el señorío de Cristo sobre nuestra vida no es el que tiene que ser seguramente haremos justamente lo contrario a lo que Dios quiere que hagamos pues no es casualidad que esto pase sino exactamente lo que tiene que pasar cuando Cristo no es Rey, de verdad, de nuestra vida.

Cristo Rey. Es demasiado importante esta expresión de fe. Por eso debemos tenerla muy en cuenta cuando recordamos, por ejemplo, que una expresión como tal, admirativa, agrandaba los corazones de muchos mártires cuando, antes de dar su vida, precisamente, por su Rey, lo proclamaban voz en grito. Así, los mártires mexicanos de la Cristiada; así los españoles de la persecución religiosa del siglo XX; así tantos otros de los que, seguramente, no tenemos noticia pero de la que sí tiene Dios Padre, Padre, precisamente, del Hijo.

En realidad nada decimos de nuevo cuando nos referimos a Cristo como Rey del Universo. Todo fue creado, como sabemos y nos ha recordado san Pablo, por Él y para Él y, por eso mismo, es Todopoderoso por ser Dios hecho hombre. Nosotros, como mucho, afirmamos lo que es verdadero y cierto y, en todo caso, procuramos aceptar en nuestra vida que nada podemos hacer sin nuestro Rey y que sin Él nada es posible. Por eso nos gusta exclamar, como aquellos otros a los que nos hemos referido arriba:

¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva Cristo Rey!

Amén.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de noviembre de 2013

¡Viva Cristo Rey!







La expresión con la que titulamos este artículo significa mucho cuando es dicha por boca de creyentes que están a punto de dar su vida por Jesucristo. Los mártires, muchos de ellos, han pasado y pasan a la otra vida diciendo tales palabras que representan no poco para ellos y, por supuesto, para todo hijo de Dios y discípulo de Cristo.

A ellos, a los mártires, debemos mucho porque, como dijo Tertuliano, su sangre sirve para que nuevos cristianos surjan por doquier siendo, así, semilla de los mismos.

Pero además de esto, o mejor, esto surge por algo y tal algo tiene mucho que ver con nuestra fe y, por supuesto, con lo que supone que Jesucristo sea, en efecto es, Rey del Universo.

Por eso, el Papa Pío XI, en su Carta Encíclica “Quas primas” (11 de diciembre de 1925)  y, en concreto, en el punto 6 de la misma, dejó dicho, sobre la citada realeza de Jesucristo, que

“Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie entre todos los nacidos ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino; porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.”


Con este documento papal quedó instituida la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, y con ella el recuerdo, perenne, de que todo se hizo por y para el Hijo de Dios y que el Padre, Creador y Todopoderoso, lo dejó todo en manos de su Ungido. Es, el domingo en el que se celebra la misma, el último del llamado Tiempo Ordinario y abre las puertas a otro tiempo maravilloso y esperanzador como es el Adviento, pues Quien tiene que venir está a las puertas de nuestro corazón y nuestra vida: Jesucristo Rey, Jesucristo viene aún estando entre nosotros como prometió. Y eso es lo que san Josemaría, en el número 1004 de “Forja” nos da a entender cuando escribe

“¡Luego tú eres rey"... —Sí, Cristo es el Rey, que no sólo te concede audiencia cuando lo deseas, sino que, en delirio de Amor, hasta abandona —¡ya me entiendes!— el magnífico palacio del Cielo, al que tú aún no puedes llegar, y te espera en el Sagrario.

—¿No te parece absurdo no acudir presuroso y con más constancia a hablar con Él?”

Y es que, en verdad, que Cristo sea Rey del Universo quiere decir, antes que nada, que lo es nuestro, de nuestro corazón y de nuestra alma y que, además, quiere serlo y no quiere que le neguemos ante nadie y ante ninguna situación por la que estemos pasando.

Cristo es Rey del Universo y, por eso mismo, tiene toda la potestad y toda la legitimidad de querer que no lo olvidemos nunca. Al fin y al cabo tiene las llaves de la eternidad y, como nos ama más que a ninguna otra realidad creada, nos quiere con Él (es Dios hecho hombre y Padre) y nos entrega su realeza, la entregó en una cruz para que Dios nos perdonara… otra vez.

Por eso, y por todo lo que no hemos sido capaces de plasmar aquí mismo y por agradecer lo que es de agradecer,  no podemos, ni queremos, terminar de otra forma que no sea con una oración dirigida, precisamente, a Cristo Rey. Dice esto:

“¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.

Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.

¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así el reinado de vuestra paz se establezca en el Universo entero. Amén.”

Y sea así por siempre, siempre, siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Soto de la Marina



El celo de Cristo por la fe





Viernes XXXIII del tiempo ordinario


Lc 19,45-48

En aquel tiempo, entrando Jesús en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: “Está escrito: ‘Mi casa será casa de oración’. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!!”. Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.”


COMENTARIO

Jesús era un hombre tranquilo y un hombre de paz. Sin embargo, la paz que Él defendía no era la que, muchas veces, entiende el mundo que es la misma. En alguna que otra ocasión tuvo que demostrar que la paz va más allá de la falta de conflictos.

Jesús parece enojado. No es poco cierto que tiene motivos más que suficientes como para estarlo. La Casa de Dios, la Casa de su Padre, ha sido convertida en un mercado donde de comercia con cosas sagradas y donde se hace negocio con la fe.

Lo que entonces hace Jesús le granjea muchos enemigos. A los que ostentaban el poder y se beneficiaban del mismo no les gusta, para nada, que nadie venga a decir que lo que hacen no es bueno a los ojos de Dios. ¡Si, al fin y al cabo, se hacía por el Creador!. En realidad, estaban más que ciegos.

JESÚS, cuando te enojas de aquella forma no es por falta de razón. Ayúdanos a no caer en los mismos errores que aquellos a los que te dirigías entonces.





Eleuterio Fernández Guzmán


21 de noviembre de 2013

Escuchar siempre a Cristo





Jueves XXXIII del tiempo ordinario
Lc 19,41-44

En aquel tiempo, Jesús, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ‘¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita’”.

COMENTARIO

Conocer lo que Dios nos dice

La voluntad de Dios es fundamental para quien se considere hijo suyo. Conocerla, pues, resulta esencial para llevar una vida que sea acorde con lo que el Creador quiere de nosotros.


Someterse a la voluntad de Dios

Incluso aquello que puede resultar más perjudicial para nosotros pero dependa de lo que Dios quiera para nosotros, ha de ser tenido en cuenta. Dios, que nos ama, no puede querer nada para sus hijos que sea malo o, en el fondo, no le venga bien.

Lo que ha pasado, ha de morir

Antes de ser considerados, por nosotros mismos, hijos de Dios, éramos hijos del mundo, hijos rebeldes de Adán. Pero cuando reconocemos que Dios es nuestro Padre, desde entonces, dejamos de ser esclavos del Demonio, del mundo y de la carne.



JESÚS, nos amas tanto como hermanos tuyos y como hijos tuyos que no cesas de advertirnos acerca de lo que nos conviene. Ayúdanos a  no hacer oídos sordos a tus palabras.





Eleuterio Fernández Guzmán

20 de noviembre de 2013

Tener fe para que aumente


Miércoles XXXIII del tiempo ordinario

Lc 19,11-28

"En aquel tiempo, Jesús estaba cerca de Jerusalén y añadió una parábola, pues los que le acompañaban creían que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo pues: 'Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva’. Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros’.

'Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas’. Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades’. Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas’. Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades’. Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste’. Dícele: ‘Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses’.

'Y dijo a los presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas’. Dijéronle: ‘Señor, tiene ya diez minas’. ‘Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí’".


COMENTARIO

Jesús sabía que el Reino de Dios era muy esperado por aquellos que conformaban el pueblo elegido por el Creador. Todos esperaban, en efecto, de un momento a otro, que se les presentara ante ellos. Ignoraban el verdadero sentido de lo que eso significaba. 

Dios, a cada uno de nosotros, nos entrega, nos da, nos dona, una serie de talentos para que los hagamos rendir. No quiere que los escondamos debajo de cualquier celemín de nuestro egoísmo sino, al contrario, que se vea que los tenemos. 

Dice Jesús que a todo el que no tiene, se le quitará. En realidad, no está diciendo que quien tenga fe, en el momento de ser llamado ante Dios, se le dará más de la que tiene y a quien crea que la tiene pero no la tenga se le quitará hasta eso que cree tener. Y eso es un gran aviso para cada uno de nosotros. 


JESÚS, nosotros queremos tener fe pero no siempre la tenemos. Ayúdanos a acrecentar nuestra fe para que Dios nos la aumente cuando nos llame. 


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de noviembre de 2013

Ovejas perdidas



Martes XXXIII del tiempo ordinario


Lc 19,1-10 

"En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: 'Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa'. Se apresuró a bajar y le recibió con alegría.

Al verlo, todos murmuraban diciendo: 'Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador'. Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: 'Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo'. Jesús le dijo: 'Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido'".

COMENTARIO

Necesidad de ser salvado

Quien es culpable de pecar sabe que necesita ser salvado. A Zaqueo le debía pasar algo por el estilo porque quería ver a Jesús con todas sus fuerzas. Lo intenta de la manera que sea. Lo busca. 

Querer ser salvado

El intento de Zaqueo es perseverante. Se sube, incluso, a un árbol para ver a Quien sabe puede salvarle. A lo mejor lo hace por curiosidad pero, seguramente, lo hace llevado por el Espíritu Santo. 

Salvarse
Zaqueo acepta la salvación. Sabe que ha conocido al Mesías y eso le produce una gran alegría en su corazón. Da lo que ha robado: la salvación, en efecto, ha entrado en aquella casa. 


JESÚS, siempre buscas a quien necesita salvación. ¡Ayúdanos a ser salvados por tu amor y por tu misericordia!

18 de noviembre de 2013

Ver, de verdad

Lunes XXXIII del tiempo ordinario


Lc 18,35-43

"En aquel tiempo, sucedió que, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: '¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!'. Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten compasión de mí!'. Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: '¿Qué quieres que te haga?'. Él dijo: '¡Señor, que vea!'. Jesús le dijo: 'Ve. Tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios".

COMENTARIO

Aquel ciego sabía que lo tenía muy mal con aquella enfermedad que padecía. Sólo podía confiarse a Quien sabía que podía sacarlo de la misma. Perseveró en la petición dirigida al Hijo de Dios. Perseveró en su confianza.

Jesús escucha a quien se dirige a Él con confianza en su persona. Sabe que aquel hombre lo estaba pasando muy mal con aquella enfermedad incapacitante socialmente hablando. Sabe que lo necesita y se para junto a él. 

La fe. Ha salvado al ciego la fe que tenía en el Hijo de Dios. Sólo la fe, su confianza absoluta en Aquel que sabía podía curarlo, ha salvado a quien tanto necesitaba salvación física pues espiritualmente ya estaba salvado.


JESÚS, la confianza plena en Ti salva al ser humano. Ayúdanos a salvarnos teniéndote siempre como Hijo de Dios y Salvador nuestro

16 de noviembre de 2013

Que Cristo encuentre fe




Sábado XXXII del tiempo ordinario

Lc 18,1-8

“En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. ‘Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’.

Dijo, pues, el Señor: ‘Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?’.

COMENTARIO

Era muy común y lo es, también, hoy día, dirigirnos a Dios sólo cuando nos conviene por tener alguna que otra necesidad e, incluso, por saber que las tienen nuestros prójimos. Acudimos al Padre como remediador de nuestros problemas. Sin embargo, Jesús sabe que eso no puede ser.

Dios siempre nos escucha pero es más que cierto que nuestra oración ha de ser perseverante. En muchas ocasiones, desfallecemos en la oración porque creemos que no hemos sido escuchados cuando, en verdad, el problema es que no parece que tuviéramos muchas ganas de orar ante el Padre y enseguida nos hemos venido abajo.

Fe. Cristo pide fe para cuando vuelva. Lo dice con toda claridad que ha de volver a venir. En su Parusía, el Hijo de Dios vendrá a juzgar a vivos y muertos y espera, para entonces, encontrar hermanos suyos que tengan fe. ¿Será así?


JESÚS, sabes que al Padre no podemos orar con prisa ni con prisa querer que nos conceda lo que queremos. A lo mejor no nos conviene o, a lo mejor no tenemos tanta fe como creemos.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de noviembre de 2013

Saber lo que no hay que hacer




Viernes XXXII del tiempo ordinario


Lc 17,26-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

‘Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada’. Y le dijeron: ‘¿Dónde, Señor?’. Él les respondió: ‘Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres’”.

COMENTARIO

Es bien cierto que la Palabra de Cristo, Palabra de  Dios, vale y sirve para todos los tiempos. Por eso también lo que les dice a los que le escuchan acerca de que hay muchas personas que viven pensando sólo, o exclusivamente, en lo material, en lo mundano, también vale para hoy mismo.

Es un error actuar como si no hubiera una vida mejor que esta que nos ha tocado vivir. Hacerlo de tal forma es mostrar, en primer lugar, una gran desconfianza hacia Dios y, en segundo lugar, es mantener una actitud de ceguera ante lo que, de verdad, nos importa o debería importarnos.

Lo que, de verdad, importa, es el espíritu. Nuestro cuerpo se pudrirá, será polvo como el polvo vino al mundo pero nuestra alma no morirá nunca sino que será destinada a donde Dios crea que debe ser destinada. Y para no morir eternamente en el infierno debemos tener en cuenta que lo que aquí hacemos, en este mundo, tendrá repercusión en el otro.


JESÚS, nos adviertes muchas veces que no debemos acumular en este mundo sino, en todo caso, para el que tiene que venir. Ayúdanos a no olvidar una verdad tan trascendental como ésta.






Eleuterio Fernández Guzmán

14 de noviembre de 2013

Profeta Cristo



Jueves XXXII del tiempo ordinario




Lc 17,20-25



“En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: ‘El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros’. 



Dijo a sus discípulos: ‘Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: ‘Vedlo aquí, vedlo allá’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación’”.


COMENTARIO

El ansia por el Reino de Dios era grande entre los hijos del pueblo elegido por el Creador. Por eso Jesús ha de advertir acerca de que es posible que venga algunos que les digan o quieran hacerles ver que son ellos el Reino de Dios. En realidad, el Reino de Dios es Cristo mismo.

Jesús habla acerca de cómo será el momento en el que vuelva a venir del Hijo de Dios, Él mismo. No debemos correr tras el primero que diga que lo es porque Cristo llegará de forma que, indudablemente, se sepa que es Él quien ha venido.

Jesús profetiza acerca de lo que ha de pasar Él mismo. Antes de que pase lo do lo que tiene que pasar tendrá que sufrir mucho y morir de una forma terrible. Y, además, se muy duramente criticado por los suyos.


JESÚS, nos adviertes de que no sigamos al primero que diga que eres Tú y que ya has vuelto. Ayúdanos a reconocerte cuando vuelvas.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de noviembre de 2013

Las gracias de Cristo




Miércoles XXXII del tiempo ordinario

Lc 17,11-19

“Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: ‘¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!’. Al verlos, les dijo: ‘Id y presentaos a los sacerdotes’.

Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: ‘¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?’. Y le dijo: ‘Levántate y vete; tu fe te ha salvado’’”.

COMENTARIO

La fama de santidad se adelantaba a los lugares por donde iba pasando Jesús. Por eso era de lo más normal que, cuando llegaba a un lugar ya había personas esperando para pedir por sus necesidades.

Aquellos leprosos lo pasaban muy mal. No se trataba, que ya era suficiente, de una enfermedad muy grave e incurable sino que la misma los incapacitaba para vivir en sociedad. Y eso los mataba, literalmente, de hambre y de otras muchas necesidades.

Pero no todos los que quedaron curados agradecieron a Jesús el gran favor que había hecho por ellos. Sólo uno, y además extranjero, se volvió para dar gracias. Y es que Jesús sabía que su llamada no era, en exclusiva, para el pueblo judío sino para toda la humanidad.




JESÚS, tus beneficios para nosotros, tus hermanos e hijos de Dios, son innumerables. También el mucho desagradecimiento que muchas veces te mostramos. Ayúdanos a no caer en tal tentación.





Eleuterio Fernández Guzmán


12 de noviembre de 2013

Somos siervos inútiles

Martes XXXII del tiempo ordinario
Lc 17,7-10

"En aquel tiempo, el Señor dijo: ¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’.


COMENTARIO

Jesús acierta siempre con lo que hace y, sobre todo, con lo que dice. Cuando pone ejemplos no se anda con chiquitas ni con disimulos. Sabe que nos conviene lo que nos dice y no calla nada de lo que debe decir. 

El Señor llegará cuando menos lo esperemos. Nos llamará en el momento menos esperado porque, francamente, nadie espera ser llamado todavía porque tenemos tanto que hacer...

Hacer la voluntad de Dios. Es el objetivo de nuestra vida, el destino que tenemos reservado si es que somos hijos que amamos a nuestro Padre. Y después de cumplir con la misma saber que lo hemos hecho aunque sepamos que no somos nada ante Dios. 



JESÚS, ayúdanos a ser humildes y a reconocer que somos, en efecto, siervos inútiles. Inútiles...



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de noviembre de 2013

Palabra de Dios





Lc 17,1-6

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

‘Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás’.

Dijeron los apóstoles al Señor; ‘Auméntanos la fe’. El Señor dijo: ‘Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido’”.


COMENTARIO

Jesús siempre hablaba diciendo aquello que era muy importante para sus discípulos. Por ejemplo, cuando habla de lo que no puede hacerse en lo referido a confundir en la fe a los que menos conocen de ella, quiere decir que debemos tener cuidado con llevar a confusión a tales personas o que otros nos lleven a confusión a nosotros.

Jesús recomienda el perdón. Como Dios misericordioso que es, Dios hecho hombre entre hombres, sabe que perdonar es el mejor camino para ir juntos al encuentro del Creador en su definitivo Reino. Por eso de perdonar siempre, siempre, siempre.

Por otra parte, los que querían que Jesús les aumentase la fe lo hacían porque, a lo mejor, querían poner poco de su parte. Por eso dice que si tuvieran fe como un pequeño grano de mostaza…





JESÚS,  los que quieren escucharte saben siempre que escucharán lo que les convienen. Ayúdanos a tener siempre en cuenta tus palabras.



Eleuterio Fernández Guzmán


10 de noviembre de 2013

Dios de vivos




Domingo XXXII (C) del tiempo ordinario

Lc 20,27-38

En aquel tiempo, acercándose algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; y la tomó el segundo, luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer. Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer’.
Jesús les dijo:’Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven’”.

COMENTARIO

Aquellos que no estaban de acuerdo con Jesús ni, claro, con lo que decía y hacía, procuraban, en la medida de lo que eso era posible, cogerlo en algún fallo teológico. Lo hacían para denunciarlo e intentar, así, callar su santa voz.

Le pregunta por aquel caso de la mujer casada varias veces. Sin embargo ellos no comprenden ni entiende que en el cielo, en la vida eterna, las cosas no son como en la tierra donde peregrinamos. Jesús lo dice con toda claridad: seremos como ángeles.
Jesús les hace ver, nos hace ver, que Dios es, en efecto, un Dios de vivos porque está vivo y porque quiere que todos lo estemos tras nuestro paso por este mundo. Vivos en el Cielo a su lado para siempre, siempre, siempre.


JESÚS, muchos no comprenden que el Padre nos ama y nos quiere con Él, que es un Dios de vivos y no de muertos. Ayúdanos a tenerlo siempre bien presente.



Eleuterio Fernández Guzmán