29 de noviembre de 2014

Estar siempre preparados

Sábado XXXIV del tiempo ordinario


Lc 21,34-36

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre’”.


COMENTARIO

Sabe Jesús que las cosas del mundo pueden acabar pesando mucho en el corazón del hombre. Incluso que puede llevar a separarse de Dios al hijo que, creado por el Todopoderoso, tanto ama el Padre.

Jesús nos pone sobre la pista de qué debemos hacer. Aunque no resulta fácil cumplir con tal misión, tan particular y tan exigente para nuestro corazón, lo bien cierto es que permanecer a la espera de ser llamados por Dios debería ser una tarea muy importante para cada uno de nosotros.

El caso es que Jesús, como quiere lo mejor para nosotros, no ceja en el empeño de que comprendamos que es crucial para nuestra vida eterna que tengamos el corazón limpio para cuando, al ser llamados por Dios, sepamos cómo comportarnos.





JESÚS,  ayúdanos a velar siempre a la espera de ser llamados por Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


28 de noviembre de 2014

Todo llegará como Cristo dice

Viernes XXXIV del tiempo ordinario

Lc 21,29-33

En aquel tiempo, Jesús puso a sus discípulos esta comparación: ‘Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán’”.

COMENTARIO

Jesús sabía que, aquellos que le escuchaban, encontraban dificultades, algunas veces, en entender qué es lo que les quería decir. Les habla, por eso, en parábolas o haciendo comparaciones con cosas sencillas.

Jesús les pone el ejemplo de la higuera. Saben cuándo va a dar frutos porque tienen aprendido que así será porque Dios determinó, cuando al creó, que así fuera.

Todo, por otra parte, está escrito y, por eso mismo, sabrán que el Reino de Dios habrá llegado definitivamente cuando se produzcan los signos de los que ha hecho referencia. Es más, todo pasará menos la Palabra de Dios… que es eterna.


JESÚS, ayúdanos a esperar con perseverancia en la fe tu definitiva llegada.

Eleuterio Fernández Guzmán


27 de noviembre de 2014

Perseverar en la fe y en la esperanza

Jueves XXXIV del tiempo ordinario
Lc 21,20-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella; porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.
‘¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y cólera contra este pueblo; y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación’”.


COMENTARIO

Jesús, por ser Dios hecho hombre, sabe y conoce todo lo que ha de suceder. Así, por ejemplo, en este evangelio nos habla acerca de lo que puede ser el fin del mundo, su transformación definitiva cuando vuelva a venir en su Parusía.

No es nada bueno, humanamente hablando, lo que ha de suceder. Habrá muchas catástrofes físicas porque todo habrá de cambiar para venir a ser algo nuevo. Muchas señales nos indicarán que llega el Hijo de Dios a juzgar a vivos y a muertos.

Sin embargo, aún quedará esperanza para aquellos que perseveren en la fe. Jesús nos dice, por eso mismo, que los que aún crean en Él y no hayan sucumbido al mundo y al Anticristo, sabrán que se acerca la liberación definitiva.


JESÚS, ayúdanos a perseverar en la fe.

Eleuterio Fernández Guzmán


26 de noviembre de 2014

El gozo de ser mártires de Cristo

Miércoles XXXIV del tiempo ordinario

Lc 21,12-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas’”.

COMENTARIO

Lo que ha de venir… ya vino

Jesús, como profeta que era, sabía que la persecución hacia sus discípulos estaba asegurada. Por eso, entonces, los pone sobre aviso porque incluso sus propios familiares los iban a entregar.

El Espíritu Santo habla por nosotros

El Defensor nos iba a defender. Por eso Jesús nos consuela al respecto de qué decir sobre aquello que es objeto de persecución. Y debemos confiar en su palabra.

La salvación eterna

Jesús pone el acento en una palabra clave: perseverancia. Con ella, con perseverar en la fe y en la confianza en Dios, ganaremos la vida eterna. Ni las persecuciones podrán, han de poder, con nuestro espíritu.


JESÚS, ayúdanos a tener siempre presentes las persecuciones.

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de noviembre de 2014

Los que vienen en nombre de Cristo

Martes XXXIV del tiempo ordinario

Lc 21,5-11

En aquel tiempo, como dijeran algunos acerca del Templo que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: ‘Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida’. 

Le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?’. Él dijo: ‘Estad alerta, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato’. Entonces les dijo: ‘Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo
’”.


COMENTARIO

Estaba claro que aquel Maestro que había enseñado por los caminos y los pueblos, que se había cansado y hasta había llorado por sus amigos que sufrían, conocía lo que iba a suceder. Por eso profetiza acerca de lo que pasará, que acabará pasando, con el Templo de Jerusalén. Pero también habla de un final… final.

Pero muchos han de venir, habrán de venir, diciendo que son Jesucristo y que vienen al salvar al mundo. Pero cuando llegue el momento, terrible si lo pensamos, del fin del mundo, otras cosas, antes, han de pasar.

Jesús nos pone sobre el aviso de qué va a suceder cuando todo se transforme. Todo lo que dice se ha de cumplir, palabra por palabra, porque lo dice Quien ya ha visto que ha de suceder y no otra cosa pasará. Entonces muchos comprenderán que todo lo que dicho ha pasado según lo dijo Quien lo sabía.

JESÚS, ayúdanos a fiarnos de lo que nos dices porque eres la Verdad.

Eleuterio Fernández Guzmán


24 de noviembre de 2014

Todo lo conoce Dios

Lunes XXXIV del tiempo ordinario


Lc 21,1-4

En aquel tiempo, alzando la mirada, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: ‘De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir’”.


COMENTARIO

Jesús sabía que una cosa era lo que se hacía, o aparentaba, y otra, muy distinta, la verdad del corazón de quien algo hacía. Y eso era lo común en la existencia de muchos de su tiempo.

El rico, quien tiene mucho dinero o propiedades puede hacer mucho por aquellos que sufren necesidades. Sin embargo, entonces y ahora había personas que por su condición social podían hacer mucho por los demás pero que, como en el caso del rico que echa donativos en el Templo, hacen poco.

Otros, sin embargo, tienen poco pero se sienten capaces de llevar a cabo grandes acciones (aunque parezca que no lo son) que Dios tiene en cuenta como lo que son: aprovechamientos buenos de la fe que se tiene.


JESÚS, ayúdanos a tener en cuenta, en nuestra vida, las verdaderas necesidades.

Eleuterio Fernández Guzmán


23 de noviembre de 2014

Merecimientos nuestros


Mt 25, 31-46


’Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa  las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.  Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme. ’Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te  dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’ Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.’ Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.’ Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’ Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.’ E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna”.


COMENTARIO

La verdad de Dios

No podemos decir que Jesús no se exprese con claridad acerca de nuestro destino eterno: nos corresponde a nosotros escoger entre lo bueno y lo malo, entre lo que nos proporcionará la vida eterna o la muerte eterna. Y muchas veces dice esto.

Lo que podemos hacer para merecer

Jesús pone ejemplos de qué podemos hacer para merecer ver el rostro de Dios y alcanzar la bienaventuranza. Se trata, sobre todo, de hacer el bien… al prójimo que, por ser hermano de Jesús, también lo es nuestro.


Lo que no debemos hacer

Podemos, de todas formas, hacer lo contrario a nuestros intereses espirituales y llevar una vida en la que el prójimo no sea nada para nosotros: no ayudar nada, no auxiliar nada, no pedir nada a Dios por nuestro prójimo…



JESÚS, ayúdanos a tener en cuenta a nuestro prójimo.

Eleuterio Fernández Guzmán


22 de noviembre de 2014

Resurrección



Sábado XXXIII del tiempo ordinario

Lc 20,27-40

En aquel tiempo, acercándose a Jesús algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; y la tomó el segundo, luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer. Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer’. 

Jesús les dijo: ‘Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven’. 

Algunos de los escribas le dijeron: ‘Maestro, has hablado bien’. Pues ya no se atrevían a preguntarle nada
”.



COMENTARIO

Ciertamente como escribiría San Pablo tiempo después, si la resurrección de Cristo no es cierta, nuestra ve es vana. El caso es que muchos verían a Cristo resucitado y, claro está, era cierto lo que veían sus hermanos. Pues ahora algunos dudan de que eso se posible y le plantean una pregunta a Jesús que sólo tiene en cuenta lo mundano de la situación.

Jesús les responde de forma correcta acerca de cómo es la vida del mundo futuro, de la vida eterna: no se trata de una repetición de la que aquí vivimos sino que es distinta: no se tomará marido ni mujer ni nada será igual que es en la vida terrena. Y eso porque Dios lo es de vivos y no de muertos.

Es bien cierto que ante aquella respuesta los saduceos no estuvieran muy contentos pues esperaban otra cosa. Sin embargo, sí hubo algunos que entendieron lo que quería decir Jesús y así se lo hicieron saber. Es más, a partir de este momento, como dice el texto bíblico de hoy, pocos se atrevieron a preguntarle nada.


JESÚS, ayúdanos a comprender todo acerca de la resurrección, de la tuya y de la nuestra.

Eleuterio Fernández Guzmán


21 de noviembre de 2014

Las cosas de Dios son de Dios


Viernes XXXIII del tiempo ordinario


Lc 19,45-48

"En aquel tiempo, entrando Jesús en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: 'Está escrito: ‘Mi casa será casa de oración’. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!'. Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios".


COMENTARIO

No era de extrañar que pasara lo que acababa de pasar. Jesús, Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre, no podía estar de acuerdo no ya (que también) con la tergiversación de su Ley sino, además, con el hecho de utilizar de forma perversa su Templo.

Dice Jesús que su Casa, el Templo, era casa de oración. Y es que Dios tiene aquellos lugares considerados sagrados como parte, precisamente, de su propio ser y tiene querencia muy especial por ellos porque en los mismos su creatura se dirige de una forma muy especial a Él.

Tampoco es de extrañar que, a partir de entonces, en aquel momento crucial de la vida de Jesús, muchos se dieran cuenta de que aquel Maestro era muy peligroso para sus intereses mundanos pero otros se dieran cuenta de que aquel Maestro era bueno y benéfico para sus corazones.


JESÚS, ayúdanos a no convertir nuestro corazón en un templo mundano sino en el que es propio del Espíritu Santo.


Eleuterio Fernández Guzmán


20 de noviembre de 2014

Lágrimas de Dios


 Jueves XXXIII del tiempo ordinario



Lc 19,41-44

"En aquel tiempo, Jesús, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: '¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita'".


COMENTARIO

Desde que Dios le dijo a Abrahám que dejara todo lo suyo y siguiera por el camino que le diría, el pueblo escogido por el Creador para ser el suyo, había estado esperando la llegada del Mesías que tenía que liberarlo de tantas miserias humanas como estaban pasando.

Llegó Jesús al mundo pero el pueblo no lo recibió. Algunos, sin embargo, sí creyeron en Él y se salvaron pero la gran mayoría hizo caso omiso a sus santas palabras y advertencias.

Jesús llora porque sabe lo que va a pasar con Jerusalén, la ciudad santa. Se entristece porque, a sabiendas de lo que va a pasar, parece que nada puede hacer para evitarlo salvo predicar y que algunos se salven de la muerte eterna.

JESÚS, lloras por tu pueblo porque lo amas. Ayúdanos a no estar ciegos ante tus palabras.



Eleuterio Fernández Guzmán


19 de noviembre de 2014

Dones y talentos



Miércoles XXXIII del tiempo ordinario

Lc 19,11-28

"En aquel tiempo, Jesús estaba cerca de Jerusalén y añadió una parábola, pues los que le acompañaban creían que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo pues: ‘Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva’. Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros’.

'Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: ‘Señor, tu mina ha producido diez minas’. Le respondió: ‘¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades’. Vino el segundo y dijo: ‘Tu mina, Señor, ha producido cinco minas’. Dijo a éste: ‘Ponte tú también al mando de cinco ciudades’. Vino el otro y dijo: ‘Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste’. Dícele: ‘Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses’.

'Y dijo a los presentes: ‘Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas’. Dijéronle: ‘Señor, tiene ya diez minas’. ‘Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí’'.

Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén".


COMENTARIO

Dios nos da talentos. Quiere que hagamos uso de ellos porque, en verdad, nos los da en beneficio de nuestras personas y, claro está, también en beneficio de nuestro prójimo.

A cada cual nos da una serie de dones y talentos que podemos hacer fructificar o no. Está de nuestro lado tal opción pues el Creador nunca obliga a hacer uso de ellos aunque, es de creer, que se apena porque no hagamos el correcto uso de los mismos.

Este texto puede parecer terrible porque pudiera dar la impresión de que Dios es uno que lo es terrible. Sin embargo, es a nosotros a quien corresponde situarse en un lado o en otro de su vida y su Amor.



JESÚS, ayúdanos a hacer rendir nuestros talentos.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de noviembre de 2014

Salvados por la llamada de Dios

Martes XXXIII del tiempo ordinario

Lc 19,1-10

En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: ‘Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa’. Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. 

Al verlo, todos murmuraban diciendo: ‘Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador’. Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: ‘Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo». Jesús le dijo: ‘Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido
’”.

COMENTARIO

Aquel hombre, Zaqueo, sabía que algo debía cambiar en su vida. Era consciente de haber robado a sus semejantes en el desempeño de su labor de recaudador de impuestos y eso le hacía sufrir. Buscaba salvación y perdón y él lo sabía. Pero también lo sabía Jesús.

Cuando sabe que Jesús iba a pasar cerca de su casa y hace lo posible para verlo. Se sube a un árbol porque era bajo de estatura física (pero también moral) y se queda allí mirando. Tiene miedo porque sabe que es un pecador. Pero Jesús también lo sabe.

El Hijo de Dios, que había venido a salvar lo que necesitaba salvación sabía que Zaqueo necesitaba mucho aquel momento. Lo llama porque sabe que él quiere salvarse. Y, a pesar de que los demás murmuran porque saben que es un pecador aquel hombre, Jesús sabe que debe entrar en su casa para que se salve. Y eso hace.


JESÚS, ayúdanos a responder a tu llamada.

Eleuterio Fernández Guzmán


17 de noviembre de 2014

¡Que vea, que veamos!

 Lunes XXXIII del tiempo ordinario


Lc 18,35-43

En aquel tiempo, sucedió que, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: ’¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!’. Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’. Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: ‘¿Qué quieres que te haga?’. Él dijo: ‘¡Señor, que vea!’. Jesús le dijo: ‘Ve. Tu fe te ha salvado’. Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios”.

COMENTARIO

Aquel hombre sería ciego de ojos pero no lo era del corazón. Por eso, cuando escuchó que venía Jesús supo que había llegado el momento de que su situación cambiase para siempre. Confiaba en el Hijo del Hombre y así lo manifestó.

Resulta curioso imaginar a los demás diciéndole a un necesitado tan necesitado como el ciego que se callase. ¿Cómo lo iba a hacer? Y, en efecto, insiste porque sabe que en Jesús está su inmediata salvación y, luego, la eterna.

Y pasa lo que pasa cuando alguien manifiesta confianza en Cristo y, así, fe en el Hijo de Dios: el Señor cura al ciego que, ¡qué menos!, decide seguirlo como discípulo y hacerlo, además, alabando a Dios Quien, al fin y al cabo, le había salvado.

JESÚS, ayúdanos a curar nuestras muchas cegueras.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de noviembre de 2014

…y el rechinar de dientes




Mt 25, 14-30


“‘Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda:  a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos.0 Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado.’ Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.’ Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he  ganado.’  Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra  en el gozo de tu señor.’ Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.’ Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.’”

COMENTARIO

Los dones de Dios

Dios, a cada uno de los seres humanos, nos da unos dones para que hagamos uso de ellos. Algunas veces no los descubrimos pero en las más de las ocasiones somos bien conscientes de los mismos.

Podemos hacer lo que queramos

Dios nos entrega dones pero también nos da libertad. Por eso podemos hacer lo que nos convenga con ellos y, en resumidas cuentas, podemos usarlos o ponerlos en práctica o no.

Seremos retribuidos según uso

Es bien cierto, de todas formas, que seremos retribuidos, en nuestro juicio particular, según hayamos hecho uso de ellos. No creamos que Dios mirará para otro lado a tal respecto y para muchos, será el llorar y el rechinar de dientes...


JESÚS, ayúdanos a usar nuestros talentos en beneficio del prójimo.

Eleuterio Fernández Guzmán


15 de noviembre de 2014

Importantes cosas de parte de Cristo


Sábado XXXII del tiempo ordinario

Lc 18,1-8

En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. ‘Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’”. 

Dijo, pues, el Señor: ‘Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?
’”.


COMENTARIO

Orar. Dirigirse a Dios sin importar en qué momento del día estamos y teniendo en cuenta que siempre nos escucha… Tal realidad e instrumento espiritual lo defiende Cristo porque sabe que es una forma formidable y gozosa de estar con el Padre.

Jesús pone un ejemplo que nos da  entender que, pese a lo que nos pueda pesar, debemos orar con perseverancia. No pensemos que Dios nos escuchará, sin más, a la primera. A lo mejor lo hace pero resulta más conveniente insistir en algo que, a lo mejor, hasta ni nos conviene…

El caso es que Jesús, viendo el panorama que había en su tiempo, se pregunta si cuando vuelva Él podrá encontrar algo de fe sobre la tierra. El caso es que según veía el Hijo de Dios los menos, entonces, habrán alcanzado el estado de fe y creencia conveniente.



JESÚS, ayúdanos a hacer que nuestra fe crezca y se fortalezca.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de noviembre de 2014

Lo por venir


Viernes XXXII del tiempo ordinario


Lc 17,26-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste. 

‘Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada». Y le dijeron: ‘¿Dónde, Señor?’. Él les respondió: Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres
’”.



COMENTARIO

Jesús continua advirtiendo acerca de cómo será el día en el que vuelva el Hijo del Hombre o, lo que es lo mismo, Él. Y dice que será como en tiempo de Noé. Nos quiere decir que las cosas seguirán, más o menos lo mismo: los hombres estarán a las cosas del mundo.

Todo, pues, será igual. Esto ha de querer decir que cuando llegue Cristo en su Parusía también sucederán cosas terribles como sucedió en tiempos de Lot y muchos morirán a fuego como pasó entonces.

Sin embargo, Cristo nos avisa de qué podremos hacer: no debemos mirar atrás sino, sólo, hacia donde mira el Hijo: el definitivo Reino de Dios. Por eso dice Jesús que muchos serán arrebatados para ir al Cielo y otros no lo serán.



JESÚS, ayúdanos a estar preparados para cuando vengas.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de noviembre de 2014

El Reino de Dios ya está aquí

Jueves XXXII del tiempo ordinario


Lc 17,20-25

En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: ‘El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros’. 

Dijo a sus discípulos: ‘Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: ‘Vedlo aquí, vedlo allá’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación
’”.



COMENTARIO

La llega del Reino de Dios era esperada por el pueblo escogido por el Creador con ansia y esperanza. En realidad, era lo que lo había sostenido desde que Abrahám dejó la tierra donde vivía para seguir a Quien le había dicho que lo siguiera.

La cosa, sin embargo, no iba a ser tan fácil. Muchos iban a arrogarse el papel de Mesías y de Enviado de Dios y, así, traer su Reino. Sin embargo deberían tener cuidado, y ahora también, ante tamañas pretensiones.

Lo que quiere decir Jesús a sus discípulos es que el Reino de Dios está, ya, entre ellos. Y es así porque Cristo es el Reino que tanto habían esperado aquellos que, entonces, le escuchaban.






JESÚS, ayúdanos a darnos cuenta de que Tú eres el Reino de Dios y que no debemos esperar más.

Eleuterio Fernández Guzmán