4 de julio de 2016

La fe salva




Lunes XIV del tiempo ordinario
Mt 9,18-26

En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: ‘Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá’. Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: ‘Con sólo tocar su manto, me salvaré’. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ‘¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado’. Y se salvó la mujer desde aquel momento. 
Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: ‘¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida’. Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.”

COMENTARIO

Todos conocemos el amor que Cristo sentía por sus semejantes, sus hermanos los hombres. Si, además, concurría petición basada en la fe o confianza en su persona… el resultado ya podemos imaginar cuál era.

Aquella mujer confiaba mucho en el amor de Cristo. Pensaba que tan sólo con tocar un poco de su manto iba a quedar curada. Y Cristo, que sabe que eso es posible no puede hacer otra cosa que curarla.

La fe de aquella mujer la salvó. Lo mismo pasa con la hija de aquel hombre, Jairo, que pretende que Jesús le eche una mano bien grande. Y eso es lo que pasa porque el Hijo de Dios nunca abandona a quien lo necesita de verdad.

JESÚS, ayúdanos a no perder nunca la fe.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de julio de 2016

Domingo, 3 de julio de 2016 - Lo que debe importarnos



Lc 10, 1-12.17-20

“Después de esto, designó el Señor a otros 72, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: "Paz a esta casa.’ Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: "El Reino de Dios está cerca de vosotros."  En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: ‘Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca.’  Os digo que en aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad.

Regresaron los 72 alegres, diciendo: ‘Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.’ El les dijo: ‘Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los  cielos.’”      

COMENTARIO

Jesús envía a un grupo de 72 de sus discípulos. Los envía con la misión de predicar, de anunciar que el Reino de Dios estaba muy cerca. Ellos, sin embargo, debían ir por el mundo sometidos a la santa Providencia de Dios.

Con eso quería decirles que no debían preocuparse por lo que sería su sustento. Dios iba a proveer para ellos que, además, debían pedir al Padre que enviara muchos trabajadores a su mies porque el campo a sembrar era muy grande.

Sin embargo, a pesar de que los enviados volvieron muy satisfechos de la misión que habían desarrollado, Jesús les hace saber que eso no era lo que debía importarles más sino que su hombre estaba escrito en el corazón de Dios.

JESÚS,  ayúdanos a discernir lo que es importante para nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de julio de 2016

Sábado, 2 de julio de 2016 - Vino y odres


Mt 9,  14-17

“Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’ Jesús les dijo: ‘Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.   Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce  un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.’”

COMENTARIO

Muchos de los que iban tras Jesús para acusarlo de incumplir alguna ley o algún precepto de los muchos establecidos no dejaban de plantearle preguntas. Ellos no es que quisiera saber sino que querían, en todo caso, conocer si lo que decía aquel Maestro coincidía con lo que ellos pensaban.

Pero Jesús sabe que aquellos que le preguntan no tienen muy claro qué es lo que les conviene y, por esto, con palabras suaves pero firmes trata de que aprendan lo que deberían conocer y aprender.

Cuando vino Cristo al mundo lo hizo para traer una Ley que no era nueva sino que era la verdadera. Pero, para que aquella Ley, la de Dios, se asentara en los corazones de sus hermanos los hombres, estos debían abandonar sus antiguas costumbres y atenerse a ella. Necesitaban, pues, para el vino nuevo, un odre nuevo.


JESÚS,  ayúdanos a ser odre nuevo para recibir la Palabra de Dios, siempre nueva y siempre eterna.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de julio de 2016

Cristo busca a los pecadores


Viernes XIII del tiempo ordinario

Mt 9,9-13

“En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: ‘¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?’. Mas Él, al oírlo, dijo: ‘No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”

COMENTARIO

Lo que había venido Cristo a hacer en la Tierra no era cosa que tuviera poca importancia. Con Él se iba a abrir el Cielo y quería que todos sus hermanos los hombres llegaran a él. Por eso buscaba a los que necesitan auxilio.

Seguramente aquel hombre, Mateo, tenía el corazón preparado para seguir a Cristo. Sus pecados, probablemente relacionados con el dinero, no debían dejar su corazón tranquilo y cuando aquel Maestro lo llamó no lo dudo ni un segundo. Lo dejó todo y lo siguió.

Los que querían mal a Cristo murmuran acerca del acercamiento que tenía y mantenía con los pecadores o, al menos, con los que ellos consideraban así. Sin embargo, Cristo, adalid del amor y de la misericordia ni podía ni quería hacer otra cosa.


JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de junio de 2016

Así es el poder de Dios


Jueves XIII del tiempo ordinario

Mt 9,1-8

En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ‘¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados’. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: ‘Éste está blasfemando’. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ‘¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’. Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.”

COMENTARIO

Jesús tiene muy en cuenta la fe de aquellos que se dirigen a Él. Si, además, los que a Él se dirigen lo hacen para interceder por el prójimo abunda en gracia y en dones. Y es lo que pasa en este caso.

Aquellos amigos querían mucho al amigo. Por eso hacen lo posible  o imposible para que Jesús lo vea y lo cure. Ellos están seguros que lo va a curar. Y Jesús lo cura. Y, además, da una lección a muchos de los allí presentes.

Los que vigilan, según dicen, la ley, están en contra de que Jesús diga que perdona los pecados. Eso sólo puede hacer Dios. Y, entonces, mostrando que es Dios hecho hombre, el Cristo cura de la parálisis al hombre y, además, le perdona los pecados.


JESÚS,  ayúdanos a confiar en Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán


29 de junio de 2016

¿Quién es Cristo para ti?


Mt 16,13-19

En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.


COMENTARIO

Jesús quería saber qué se pensaba acerca de su persona pero, en realidad, lo que quería era que sus apóstoles le dijeran que si sabían quién era él. Y, al parecer, uno de ellos, el primero entre iguales, lo sabe.
Jesús sabe que el hecho de que Pedro le diga que es el Mesías, el Enviado de 

Dios esperado por el pueblo judío, no es cosa ni de él ni de otro hombre sino cosa de Dios. Le ha revelado eso a través de su Espíritu.

Entonces, Jesús nombra a Pedro primer Papa. Sobre él iba a edificar la Iglesia que, con el tiempo, se llamaría católica. Es más, le concedía el atar y desatar o, lo que es lo mismo, la facultad de decidir, espiritualmente, lo que era cierto y lo que no.


JESÚS, ayúdanos a saber que eras todo para nosotros, tus hermanos.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de junio de 2016

La poca fe que, a veces, tenemos


Martes XIII del tiempo ordinario

Mt 8,23-27

En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Díceles: ’¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?’. Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ‘¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?’”.

COMENTARIO

Que Jesús subiera a una barca no era nada extraño porque muchas veces lo había hecho y había recorrido el lago en busca de aquellos que querían escucharle aunque, en otras ocasiones, se retiraba algo lejos para enseñar a sus discípulos más allegados.

Aquellos hombres, muchos de ellos pescadores profesionales, también tenían miedo. Es decir, cuando la tempestad se levanta había pocos hombres que dejaran de pasar por malos momentos. Y ellos, que ven como Jesús duerme, acuden a Él, le necesitan.

Pero Jesús sabe que todo aquello no es más que una prueba de fe. Ellos, al parecer, no confían tanto en Quien llevan consigo en la barca. Y aquella forma de actuar de Cristo los deja en muy mal lugar…


JESÚS, ayúdanos a tener fe y a tenerla en Ti y en Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de junio de 2016

Seguir a Cristo supone mucho



Lunes XIII del tiempo ordinario
Mt 8,18-22
En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: ‘Maestro, te seguiré adondequiera que vayas’. Dícele Jesús: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. Otro de los discípulos le dijo: ‘Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Dícele Jesús: ‘Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos’”.

COMENTARIO

Seguir a Cristo, en aquellos momentos primeros de su predicación y ahora mismo, supone algo más que sostener que se es discípulo suyo porque hacer sólo es hacer, exactamente, nada. Y Jesús lo explica muy bien en este texto del evangelio de san Mateo.

Jesús, para empezar, pone todas las cartas sobre la mesa. Ha de saber todo aquel que quiera seguirlo que no va tener una vida fácil. Muchos serán perseguidos porque al Hijo de Dios hay muchos que no lo quieren. Y a ellos les va a pasar lo mismo. Depende, pues, de su voluntad.

El caso es que seguir a Jesús no es poco. Supone, antes que nada, olvidarse de que se ha tenido una vida anterior, un corazón viejo. Supone, por tanto, tener en cuenta que se ha venir a tener un corazón nuevo, de carne.


JESÚS, ayúdanos a serte fieles.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de junio de 2016

Seguir a Cristo

Lc 9, 51-62                             

“Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: ‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?’ pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo. Mientras iban caminando, uno le dijo: ‘Te seguiré adondequiera que vayas.’ Jesús le dijo: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde  reclinar la cabeza.’ A otro dijo: ‘Sígueme.’ El respondió: ‘Déjame ir primero a enterrar a mi padre. ’Le respondió: ‘Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.’ También otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.’ Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.’”                              

COMENTARIO

Cuando Jesús llama a Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, “Boanerges” es porque, en verdad, debían ser de armas tomar. Por eso no dudan en querer hacer perecer de mala muerte a los que no han querido recibir a Jesús. Actúan, sólo, como hombres.

Pero Jesús entiende las cosas de otra forma. Y reprende a los hermanos, seguramente, diciéndoles que el amor era más importante que determinadas cosas que, además, se sustentaban, en no conocer al Mesías.

Por eso seguir al Maestro no era fácil. Y por eso muchos, que querían seguirlo pero no querían dejar, del todo, su vida anterior, se ven reprendidos, también, por el Hijo de Dios. Y es que para poder ser discípulo suyo, hay que dejar del todo la vida anterior, el corazón viejo, el viejo vino.


JESÚS, ayúdanos a seguirte como quieres que te sigamos.



Eleuterio Fernández Guzmán


25 de junio de 2016

Le fe salvadora

Sábado XII del tiempo ordinario

Mt 8,5-17

En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: ‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado. 

Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’.

COMENTARIO

Todo lo que se había escrito al respecto del Mesías se estaba cumpliendo palabra por palabra. Por eso nos dice el autor de este Evangelio que, como dejó dicho el profeta Isaías, el Enviado de Dios iba a hacer lo que ahora estaba haciendo Jesús.

El caso es que, entre las curaciones más sonadas está la del criado del soldado romano. Se supone que aquel hombre no debía ser judío pero mostró una fe propia, al menos, de los temerosos de Dios. Y eso fue suficiente como para que Jesús le hiciera aquel gran favor.

Lo que caracteriza a Jesús es que goza con aquellas personas que tienen fe. Es decir, las que manifiestan confianza en lo que podía hacer el Maestro obtienen aquello que piden. Y es lo que pasó con la suegra de Pedro.

JESÚS, ayúdanos a tener fe; a tenerla.



Eleuterio Fernández Guzmán

24 de junio de 2016

El Bautista


Lc 1,57-66.80

Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados. 

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

COMENTARIO

La historia de la salvación iba a tener, digamos, un introductor. Iba a nacer de una mujer a la que llamaban estéril porque a su avanzada edad no había podido concebir un hijo. Y, cuando llegó la hora de que viniera al mundo se cumplió lo que el Ángel del Señor le dijera a Zacarías.

Aquella circunstancias de que a Zacarías se le soltase la lengua fue tomado como gesto de que algo importante había pasado cuando salió mudo del lugar sagrado y ahora mismo, cuando hace un niño de una mujer a la que llamaban estéril.

El nombre de Juan se lo había comunicado el Ángel a Zacarías. Y aquel hombre, que había desconfiado de las palabras del enviado de Dios, supo que su hijo iba a ser alguien muy importante. Y todo lo que el Creador había establecido… se cumplió.


JESÚS, ayúdanos a comprender el mensaje del Bautista.


Eleuterio Fernández Guzmán

23 de junio de 2016

La coherencia en la fe

Jueves XII del tiempo ordinario

Mt 7,21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’. 

‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’.

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.”

COMENTARIO

Debemos reconocer que el final de este texto es verdaderamente genial Y dice mucho acerca de la enseñanza de Jesús y de su santa doctrina. Y es que muchos reconocían que Jesús enseñaba con verdadera autoridad y no como la que decían tener los que, se suponía, debían enseñarles.

El centro de la enseñanza de hoy tiene que ver con la fe que se dice tener y la, en verdad, se tiene. Y es que muchos, al parecer, creían que con dirigirse a Dios alabándolo o cosas por el estilo era suficiente como para cumplir con la voluntad de Dios.

Jesús sabía, sin embargo, que no valía un tipo así de comportamiento. Y es que era necesario algo más que decir que se tenía fe y que se era su discípulo. Hacía falta poner por obra aquello que se había escuchado. Y ahí, casi seguro, muchos fallaban. Exactamente como pasa ahora mismo, entre nosotros.


JESÚS, ayúdanos a ser coherentes con nuestra fe.  



22 de junio de 2016

Lobos y ovejas

Miércoles XII del tiempo ordinario

Mt 7,15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis’”.

COMENTARIO

En este texto del evangelio del que fuera recaudador de impuestos el Hijo de Dios nos hala de una realidad que, muchas veces, obviamos: hay quien quiere engañar a los hijos de Dios y llevarlos por el camino de la perdición. Hay que tener cuidado con ellos.

Hemos de tener cuidado con aquellos que pudiera parecer lo que no son. Hipócritas que tratan de robar a Dios a sus hijos para llevarlos a la casa de Satanás. Lobos que parecen ovejas y que dan frutos malos.

Jesús, además, avisa acerca de qué se hace con aquellos que no dan el fruto que Dios espera y que no lo dan porque se han pasado al lado del Mal. Entonces, son quemados. Y sabemos que se refiere Cristo al Infierno.


JESÚS, ayúdanos a dar buen fruto, fruto bueno.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de junio de 2016

Lo que debemos hacer


         Martes XII del tiempo ordinario

Mt 7,6.12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran.’”

COMENTARIO

Lo que es cosa de Dios ha de ser para los hijos de Dios. Eso nos quiere decir Cristo cuando habla de aquello que, a veces, se pretende a dar a quienes no aman al Todopoderoso para ver si son capaces de darse cuenta de su error.

Hay una regla de oro que Cristo muestra en este texto: hay que hacer al prójimo lo que queremos que nos haga el prójimo a nosotros. Es una forma de decir, por ejemplo, que si no queremos nuestro propio mal no podemos hacérselo a los demás.

Y, al respecto de cómo entrar en el Cielo, el Hijo de Dios habla acerca de lo difícil que es. Hay que entrar por la puerta estrecha que es aquella que supone sacrificio, dejación de uno mismo y, en fin, mucho de lo que no queremos llevar a cabo. Por eso es estrecha. La ancha ni sirve ni vale.


JESÚS,  ayúdanos a entrar en el Cielo por la puerta estrecha.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de junio de 2016

Todo lo que Cristo quiere de nosotros

Mt 7, 1-15

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo?  ¿O cómo vas a decir a tu hermano: Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo?  Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.  ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen.  ‘Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.  Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!  ‘Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. ‘Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran.  ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.’”

COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Mateo es muy rico. En él Cristo nos dice cosas demasiado importantes como pasarlas por alto:

1.           No debemos juzgar como los hombres juzgan.
2.           Se nos medirá con la misma medida que nosotros midamos.
3.           ¡Cuidado con nuestros propios defectos!
4.           Debemos tener en cuenta a qué personas transmitimos la Palabra de Dios.
5.           Hay que acudir al Padre, llamar a la puerta de su corazón.
6.           En realidad, como sabemos, somos malos.
7.           Nos conviene hacer como queramos que los demás hagan con nosotros.
8.           Debemos escoger la puerta estrecha que entra en el definitivo Reino de Dios.
9.           Es difícil el camino que lleva al Padre.
10.        Es muy importante que sepamos quiénes son aquellos que se dicen profetas pero no son, sin, lobos rapaces.

No podemos decir que Jesús no se dirija a nosotros con palabras sabias y santas. Y es Dios, que quiere lo mejor para nosotros, no puede querer nada mejor para nosotros, sus hijos.

JESÚS,


Eleuterio Fernández Guzmán

Saber lo que nos conviene


Lc 9, 18-24

“Y sucedió que mientras él estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos y él les preguntó: ‘¿Quién dice  la gente que soy yo?’  Ellos respondieron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había  resucitado.’ Les dijo: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’ Pedro le contestó: ‘El Cristo de Dios.’ Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.  Dijo: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.’ Decía a todos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?’”

COMENTARIO

Jesús quiere saber quién creemos que es Él. Por eso les pregunta a sus Apóstoles. Unos dicen una cosa y otros, otra porque no acaban de comprender que aquel con quien hablan, el Maestro de Nazaret, es el Mesías enviado por Dios.

Pero Jesús sabe mucho más que ellos. Por eso avisa del sufrimiento que tendrá que soportar y que eso es, absolutamente inevitable porque se trata del cumplimiento de la voluntad de Dios. Y ellos, seguramente, no entendieron nada de aquello que les decía.

Abunda, el Hijo de Dios, en algo que es muy importante: hay cosas que son importantes pero hay otras que no lo son. Y lo que es más importante es salvar el alma que es inmortal. Lo demás tiene mucha menos importancia de lo que creemos casi siempre.


JESÚS,  ayúdanos a darnos cuenta de lo que vale la pena tener en cuenta.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de junio de 2016

Saber servir a Dios

Sábado XI del tiempo ordinario

Mt 6,24-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? 

‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’”.
COMENTARIO
Existe la costumbre de creer que nosotros, los hombres, podemos hacer lo que se nos antoja sin darnos cuenta de que todo depende de Dios y poco, en realidad, de nosotros mismos. En realidad, sólo depende de nosotros decidir qué depende.
Jesús, por eso, tuvo que decir, seguramente muchas veces, que debíamos confiar en Dios Padre porque Él, con su santa Providencia, provee de aquello que nos conviene y, a tal respecto, poco podemos hacer.
Resulta misterioso, porque no lo comprendemos, que Dios todo lo conozca de nosotros. Sin embargo, creemos que Quien todo lo ha creado todo lo conoce. Por eso debemos preocuparnos, en exclusiva, de alcanzar el definitivo Reino de Dios cumpliendo la voluntad de Dios.
JESÚS,  ayúdanos a saber respetar la voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de junio de 2016

Lo que vale la pena tener en cuenta

Viernes XI del tiempo ordinario

Mt 6,19-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. 

‘La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!’”.

COMENTARIO

Lo que solemos querer muchas veces no tiene que ver con lo que, en verdad, nos conviene. Y Cristo, con ser Dios mismo hecho hombre, conoce a la perfección qué es lo que, en efecto, debemos llevar a cabo.

Jesús dice con toda claridad que es aquello que nos conviene: no es lo que en la tierra amontonamos porque eso se ha de perder y siempre hay quien lo robe o malbarate. Es, al contrario, la verdad: no debemos amontonar en la vida terrena sino, en todo caso, hacerlo para la vida eterna.

El Hijo de Dios nos advierte acerca de cómo podemos alcanzar lo bueno y mejor que tanto anhelamos y que no es otra cosa que la vida eterna. Y nos habla de aquello que no debemos tener en cuenta, de aquello que nos sobra y, en fin, de aquello que vale la pena.


JESÚS, ayúdanos a olvidar aquello que nos sobra.


Eleuterio Fernández Guzmán