16 de noviembre de 2012

Lo que, de verdad, nos debería importar




Lc 17, 26-37

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

‘Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada». Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?». Él les respondió: ‘Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres’”.

COMENTARIO

Alguien podrá sostener la idea según la cual no se nos ha avisado acerca del porvenir que nos espera. Es decir, que no sabemos, en realidad, qué va a pasar cuando tenga que pasar.

Jesús, sin embargo, a lo largo de su vida pública, hace uso, en muchas ocasiones, de la palabra para advertir sobre lo que, más allá de nuestro ahora, cuando vuelva Él mismo, va a suceder. Y, seguramente, no será muy bueno para muchas personas que, entonces, hayan abandonado a Dios de forma definitiva.

Dice tanto Jesús en este texto de San Lucas… Por ejemplo, que lo más importante es conservar la vida espiritual y no la material; que es mejor perder la vida entregándola por los demás, por ejemplo, a no ser egoísta; y que, también, que el cuerpo es corruptible pero no el alma…



JESÚS, gracias a tus avisos deberíamos tener en cuenta lo que nos puede suceder si seguimos determinadas conductas. Sin embargo, en demasiadas ocasiones no hacemos el mínimo caso a los mismos.




Eleuterio Fernández Guzmán


15 de noviembre de 2012

Cristo es el Reino




Jueves XXXII del tiempo ordinario

Lc 17, 20-25

“En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: ‘El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros’.

Dijo a sus discípulos: ‘Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: ‘Vedlo aquí, vedlo allá’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación’”.

COMENTARIO

Era difícil entender que el Reino de Dios no llegaría de la forma que muchos esperaban y que no era otra que con un tropel de tropas para vencer al enemigo invasor del pueblo judío. Muchos, además, no querían otro Reino de Dios distinto a ése.

Jesús sabe que Él es el Reino. Dice, por eso mismo, que ya está entre aquellos otros nosotros el tan ansiado y anhelado Reino de Dios. Dice “ya está” porque, en efecto, con la venida del Mesías, el Creador se manifestó al mundo de forma perfecta.

Queda, sin embargo, una realidad que esperar: el Reino de Dios será perfecto cuanto, precisamente, el Enviado sea perseguido, padezca y muera en la cruz de forma injusta. Entonces se cumplirá todo lo escrito en las Sagradas Escrituras como expresión de la voluntad de Dios.

JESÚS, cuando viniste, por primera vez, al mundo, se cumplió la promesa de Dios. Entonces muchos no comprendieron ni estuvieron de acuerdo contigo. Y eso, muchas veces, es lo que manifestamos nosotros.




Eleuterio Fernández Guzmán


14 de noviembre de 2012

Agradecer a Dios los bienes


Miércoles XXXII del tiempo ordinario

Lc 17,11-19

“Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: ‘¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!’. Al verlos, les dijo: ‘Id y presentaos a los sacerdotes’.

Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: ‘¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?’. Y le dijo: ‘Levántate y vete; tu fe te ha salvado’".

COMENTARIO

Podemos estar enfermos de muchas cosas. Y no sólo físicamente sino, más que nada, moralmente. Y nuestras enfermedades pueden llevarnos, directamente, al infierno que, como sabemos, es bien cierto que existe.

Aquellos hombres padecían una enfermedad discapacitante socialmente hablando. La lepra apartaba de la sociedad a quien la padecía. Y buscaban remedio donde podían encontrarlo que no era más que en Jesús. Y quedaron curados.

Todos, sin embargo, no acudieron a dar gracias a Quien los había sanado y, socialmente, integrados en la sociedad. Sólo uno de ellos acudió raudo a dar las gracias a Cristo. Y, además, era extranjero para los judíos. Por eso Jesús salva a todo el que quiere salvarse.

JESÚS, los salvaste a todos pero sólo uno de ellos te dio las gracias. Y eso, muchas veces, nos pasa a nosotros que no acudimos a ti a agradecerte lo mucho y bueno que nos haces.




Eleuterio Fernández Guzmán


13 de noviembre de 2012

La perversión de la Ley








Sabemos que el poder establecido, desde el principio de los tiempos de la organización del ser humano, ha tenido la tendencia a extralimitarse en sus funciones y, con ello, a elaborar normas a su gusto y antojo para mantener, más que nada, la situación a su favor.

Algunas de estas normas están en contra de principios morales elementales y, también, de los que tienen un contenido religioso. Se ataca, así, una doctrina que es seguida y amada por millones de personas.

A veces lo que se establece está tan en contra de lo arriba citado que bien podemos definir a tales normas como intrínsecamente perversas que son aquellas que no tienen que ser cumplidas porque su cumplimiento estaría en contra de tales principios morales y religiosos básicos y, por eso mismo, no prescindibles.

No hay, a este respecto, otra propuesta que se tenga que aceptar porque lo que es inaceptable no tiene razón de ser aceptado.

Por otra parte, nuestro modo de proceder ha de estar de acuerdo con unos valores, con unos principios, que sostienen nuestra forma de ver la vida. Y esa forma de ver la vida no es una invención del momento, ni está traída a nuestra existencia por la casualidad ni por la modernidad. Tampoco puede tratarse de una adaptación a cada circunstancia como si se tratara de algo hecho por el hombre. No. Esto no puede ser así.

Muy al contrario de lo dicho, lo que nos une, lo que hace universal a lo católico, es ese hilo que tiende, desde las Sagradas Escrituras, una conexión entre la humanidad y que se basa, sobre todo, en una conducta, en un proceder, en un decir y hacer de Aquel que vino, que había venido como dijo Él mismo, para perfeccionar la Ley de Dios y no para derogarla; y no para derogarla, repito.

Por lo tanto, nadie está en el derecho de preterir la norma divina por el mero hecho de ostentar un interino poder y un humano comportamiento. Por eso no podemos permanecer de brazos cruzados cuando, por ejemplo, se elabora y se exige el cumplimiento de la ley del aborto (se llame como se llama la misma y se pretenda lo que se pretende con ella) porque es bien conocido quién pervierte la realidad de las cosas, qué se pervierte y por qué se pervierte. Y colaborar con tal perversión no está al alcance de ningún cristiano, aquí católico, ni excusa alguna puede permitir tal cosa.

Un día el que esto escribe oyó, en programa televisivo, al filósofo Fernando Savater decir que el problema que tenía la jerarquía eclesiástica es que no estaban de acuerdo con el hecho de que la sociedad no siguiese sus indicaciones. Esto dicho como si la Verdad fuera un programa establecido por unas personas en el seno de la Conferencia Episcopal Española y hecha a su antojo.

Y cosas como este tipo de pronunciamientos son las que dañan a la Fe porque atentan contra el sentido mismo que tiene aquella y ponen, como quien dice, a los pies de los caballos a las personas que, entregando su vida por los demás, hacen del trabajo que realizan el ejercicio de un instrumento en manos de Dios.

No podemos, por lo tanto, dejar que las circunstancias que se están tratando de imponer se impongan por el mero hecho de tener que responder sí a un poder totalitario porque sea un poder establecido ni aunque se haya establecido con la fuerza de las urnas y de unas elecciones regladas y legítimas.

Las leyes, por eso, que son intrínsecamente perversas no deben ser cumplidas ni siquiera porque hayan sido elaboradas por el César y esté separado de Dios. La separación la establece, en todo caso, quien quiere dejar apartado al Creador de su existencia y del convivir social porque supone sostener un compromiso moral muy elevado y una exigencia alta de entrega a la voluntad de Dios que, como sabemos, no siempre es fácil llevar a cabo.

Pero la Ley, la de Dios, es la Ley de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

Hacer lo que debemos hacer




Martes XXXII del tiempo ordinario

Lc 17, 7-10

“En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’’”.

COMENTARIO

Es bien cierto que, como personas, queremos o tenemos la tendencia a que se reconozca lo que hacemos. Es natural, en nuestra naturaleza mortal, que busquemos, seguramente,  el agradecimiento y la gloria del mundo.

Las cosas, para Dios, son un tanto distintas, porque el Creador, que todo lo es y todo lo tiene, no ha de querer, para nosotros, una gloria mundana tan efímero y que queda aquí, en el mundo, cuando marchamos del mismo.

Debemos considerar nuestra situación en el mundo pero con relación a Dios. Nosotros ni somos nada comparados con el Todopoderoso ni podemos hacer nada sin Cristo. Por eso nos conviene que hagamos lo que debemos con arreglo a su voluntad ni no a la nuestra.

JESÚS, una cosa es lo que queremos hacer y llevamos a cabo y otra, muy distinta, es la que sustentaría en el cumplimiento de la voluntad de Dios. Buscamos, sin embargo, lo que no nos corresponde buscar.




Eleuterio Fernández Guzmán

12 de noviembre de 2012

Grandes avisos de Cristo






Lc 17,1-6

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

‘Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás’.

Dijeron los apóstoles al Señor; ‘Auméntanos la fe’. El Señor dijo: ‘Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido’·".

COMENTARIO

Cuidado con causar escándalo a los pequeños en la fe...

Corrige al hermano en la fe que se ha equivocado...

Nos conviene aumentar la fe...



JESÚS,  gracias por hacer unas recomendaciones que nos viene más que bien para la vida eterna.



Eleuterio Fernández Guzmán


11 de noviembre de 2012

No ser falsos


 
Domingo XXXII (B) del tiempo ordinario

Mt 25,1-13

“En aquel tiempo, dijo Jesús a las gentes en su predicación: ‘Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa’.

Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: ‘Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir’”.


COMENTARIO

Jesús sabía que había muchas realidades espirituales que no eran comprendidas por aquellos que le seguían. Sin embargo, siempre trata de hacerles ver lo importante que son algunas de ellas.

No gusta mucho al Hijo de Dios el que se pretenda ocupar los primeros puestos en la sociedad. En realidad, como todo lo de este mundo acaba perdiéndose y se apolilla supone un amontonamiento que no tiene sentido alguno. Los últimos serán los primeros y, lógicamente, los primeros serán los últimos. 

Es muy fácil, por otra parte, desprenderse de lo que a uno le sobra. No le damos valor y, por lo tanto, tampoco lo tiene que lo hagamos por un fin, aunque sea, caritativo, porque en el fondo de nuestro corazón existe el convencimiento de estar dando lo que no queremos. Y eso lo tiene en cuenta Dios para avisarnos de qué es lo que no debemos hacer de cara a la vida eterna.


JESÚS,  Tener en cuenta lo que en verdad nos importa está muy alejado, a veces, de nuestro pensamiento que mira, las más de las veces, a los supuestos bienes de este mundo.



Eleuterio Fernández Guzmán






10 de noviembre de 2012

Dios conoce nuestro corazón




Sábado XXXI del tiempo ordinario

Lc 16, 9-15

“En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos: ‘Yo os digo: Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. Si, pues, no fuisteis fieles en el Dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero’.

Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que eran amigos del dinero, y se burlaban de Él. Y les dijo: ‘Vosotros sois los que os la dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios’".

COMENTARIO

Para cumplir con la Ley de Dios hay que hilar muy fino porque no es tan sencillo como pudiera parecer. Por eso se requiere oración y tener en cuenta que el Creador nos quiere limpios de pecado y de malas intenciones.

En muchas ocasiones creemos que basta con ser fieles en determinados aspectos de nuestra vida. Jesús, al decir que nos conviene ser fieles en todo quiere decir que tanto en lo poco como en lo mucho. Por eso tenemos que tener en cuenta todo: lo poco y lo mucho.

Algo que Jesús repite en muchas ocasiones es que Dios lo conoce todo pero que, sobre todo, conoce nuestro corazón y lo más secreto del mismo. Por eso no podemos ser infieles en lo poco porque el Creador lo sabe. Y por eso Cristo nos avisa de qué debemos hacer.


JESÚS, sabemos que Dios todo lo ve y todo lo sabe pero, en demasiadas ocasiones hacemos como si nos diéramos cuenta y hacemos lo que no debemos hacer y decimos lo que no debemos decir.




Eleuterio Fernández Guzmán


9 de noviembre de 2012

Entender lo que dice Cristo


 
Jn 2,13-22

“Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: ‘Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado’. Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.

Los judíos entonces le replicaron diciéndole: ‘Qué señal nos muestras para obrar así?’. Jesús les respondió: ‘Destruid este templo y en tres días lo levantaré’. Los judíos le contestaron: ‘Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?’. Pero Él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.”


COMENTARIO

No es poco cierto que Jesús, siendo Dios, debía sentir molesto por lo que se había llegado a permitir en su Casa, el Templo de Jerusalén. Cuando, en tantas ocasiones, había visto que allí se hacían negocios indignos (con lo que suponían los mismos) de Dios, tuvo que pensar que eso no podía seguir permitiéndose.

Pero Jesús llega más lejos. Dice que si se destruye el Templo lo reconstruirá en 3 días. Aquellos que le escuchaban no entendían que se eso pudiera ser posible. Pero lo decían así porque no entendían que se refería a su propio cuerpo, Templo del Espíritu Santo.
Al resucitar, muchos comprendieron lo que había querido decir, entonces, con aquellos días a los que se refería que volverían a ser vida si era destruido el Templo. Comprendieron y, así, creyeron.


JESÚS,  el Templo, que eres Tú desde que viniste al mundo, se destruyó para volver a la vida, la eterna, una vez pasados aquellos tres días que profetizaste. Y eso supuso nuestra salvación aunque, a veces, no queramos darnos cuenta.



Eleuterio Fernández Guzmán


7 de noviembre de 2012

Seguir siempre a Cristo



Miércoles XXXI del tiempo ordinario

Lc 14,25-33

“En aquel tiempo, caminaba con Jesús mucha gente, y volviéndose les dijo: ‘Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

‘Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.’”



COMENTARIO

Seguir a Cristo no es nada fácil. Lo dice Él mismo en muchas ocasiones. Y lo hace, seguramente, para que sepamos a qué atenernos si escogemos estar a su lado y a querer la eternidad. Lo que es bueno para nosotros suele ser costoso y difícil.

Dice Jesús que hay que dejarlo todo para seguirlo. En realidad, hay que cambiar el corazón  y que el mismo ha de ser de carne y ya no de piedra. Dejarlo todo es venir a ser un ser humano renovado por dentro. Sólo así recibiremos el vino nuevo de la savia de Dios.

Pero también habla Jesús de la cruz. No se refiere, ahora, a la suya sino a la que cada cual cargamos. Seguirlo a Él supone, sin duda, no dejarla atrás sino llevarla con nosotros porque el Hijo de Dios nos ayuda a llevarla. No nos abandona y, por eso mismo, nos pide que estemos a su lado como somos.


JESÚS, nos quieres contigo con todas nuestras cargas. Como hermanos tuyos que somos sabemos, debemos saber, que nunca nos vas a abandonar. El caso es que, en demasiadas ocasiones olvidamos tan gran verdad y nos alejamos de ti.




Eleuterio Fernández Guzmán


6 de noviembre de 2012

Un extraño progreso humano

 





A lo largo de la historia de la humanidad, el ser que se llama, a sí mismo, humano, ha caído hasta profundidades grandes en materia moral, ética y de simple comportamiento entre iguales.

Así, por ejemplo, cuando se han sucedido grandes conflictos entre naciones (pensemos, por ejemplo, en la I y II Guerra Mundial) la depravación más horrenda se ha apoderado del comportamiento de seres que, de ordinario, se hubieran tenido por pacíficos y entre sus comunidades de vecinos habrían pasado por buenas personas y ejemplares padres.

Sin embargo, no hace falta que nos encontremos ante algo que se pueda calificar como extraordinario para que podamos entender que la humanidad ha venido a menos. Es más, en lo más ordinario de todo comportarse el ser humano puede llegar bajo, muy bajo.

Por ejemplo, en el caso del aborto, sale a la luz pública la malsana creencia de determinados seres humanos de estar en la seguridad de que pueden disponer de la vida ajena.
A eso, además, lo llaman “progreso”.

Se trata, pues, de la muerte de seres humanos inocentes e imposibilitados para defenderse que es a lo que, vulgarmente, se le llama asesinato. Así de simple.

Entonces ¿Qué es lo que aquí debe preocupar? Pues el sentido que suele dársele al aborto y que es lo que sigue.

La tranquilidad que, al parecer, pueden tener las personas que tengan intención, o puedan tenerla, de abortar: todo está controlado, permitido y fomentado por el poder establecido.
Las mujeres que, a lo mejor, se ven determinadas por el ambiente al aborto pueden saber que está protegida su voluntad aniquiladora.

Los profesionales de la medicina que hacen del aborto su negro y sangriento negocio y que pueden dormir tranquilos pues ya han demostrado su nula conciencia por saberse protegidos por la ley.

La absoluta determinación porque tienen más que claro que el objeto del aborto es acabar con determinado tipo de personas a las que no se les quiere por lo que son, ni por su dignidad ni nada de nada. Determinación, por supuesto, maligna y aberrante, nefasta y contraria a todo orden moral o ético.

Por eso, con personas como las que defienden el aborto podemos tener bastante claro que la humanidad es una que está caída porque ha puesto el interés egoísta por encima de el que tendría que ser fundamental: la defensa de la vida.

Por tanto, quien crea, aún, que es posible mantener algún tipo de relación positiva con personas como las defensoras del aborto puede ir despertando del sueño en el que está sumido y, además, volver de Babia que es donde debe haber pasado los últimos decenios que son los que lleva, en España, en vigor, la legislación que facilita el asesinato de seres humanos.

Dice, muchas veces, el salmista o, mejor, escribe sobre el abismo en el que es más que posible caer según se haga qué cosas y según se actúe contra la Ley de Dios. Y eso es lo que, exactamente, está pasando ahora mismo porque mientras alguien lee este artículo más de un ser humano va a dejar de existir porque una norma humana entiende que puede morir sin tener ningún tipo de mala conciencia. Y a esto lo llaman, de forma inapropiada, progreso... pero, también, negocio lucrativo.

Y, sí... ciertamente es un progreso, pero uno que nos llevará hacia una tumba colectiva y tan grande como pequeño es el corazón de piedra de quienes la están cavando.
Mirar para otro lado es un pecado que, seguro, nunca se perdonará.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

Confesar, de verdad, la fe




Martes XXXI del tiempo ordinario

Lc 14, 15-24

En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de los que comían a la mesa: ‘¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!». Él le respondió: ‘Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’.

‘Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena’”.

COMENTARIO

Es cierto que muchas personas se dicen creyentes porque han sido bautizadas y se siente, como están, en el seno de la Iglesia católica. Por eso no dudan en decir que, en efecto, creen en Dios y que se siente bien dentro de la Esposa de Cristo.

Muchas veces las mismas personas son requeridas para cumplir determinada misión en la misma Iglesia católica a la que dicen pertenecer. Todo, entonces, son excusas y problemas que acuden en defensa de sus cosas. No están, de verdad, a las cosas de Dios.

Nadie debería olvidar que Dios es bueno y es misericordioso pero que, también, es justo y que su justicia es divina. No se equivoca con ninguno de sus hijos porque los conoce a todos. Por eso ha de tener en cuenta lo que hacemos en nuestra supuesta vida de fe.


JESÚS, muchos de los que te siguen no lo hacen con franqueza y mienten en la realidad de su corazón. Por eso muchas veces no somos dignos hermanos tuyos ni, tampoco, dignos hijos de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


5 de noviembre de 2012

Lo que, verdaderamente, importa




Lunes XXXI del tiempo ordinario


Lc 14,12-14

”En aquel tiempo, Jesús dijo también a aquel hombre principal de los fariseos que le había invitado: ‘Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos’”.

COMENTARIO

Estar a bien con los que son familia propia aunque no siempre es fácil, es bien cierto que es la forma más “humana” de actuar. Así, sólo vemos lo que nos conviene ver y a los nuestros los tenemos como ejemplo de lo que hay que hacer.

Ser feliz con los nuestros es lo que se espera en la vida. Sin embargo, Jesús hace hincapié en lo que de bueno y magnífico tiene amar al prójimo. Como uno de los mandamientos de Dios hay que seguirlo porque daríamos cumplimiento a la voluntad del Padre.

Es cierto que aquí, en la tierra en la que peregrinamos hacia el definitivo Reino de Dios, tenemos tendencia a acumular bienes y a hacer prevaler el tener sobre el ser. Sin embargo, Jesús sabe y nos dice que es preferible acumular en riquezas del cielo o, lo que es lo mismo, en caridad y en amor.


JESÚS,  sabes que es mejor tener en cuenta a los que nos necesitan. Sin embargo, en demasiadas ocasiones miramos para otro lado y no tenemos muy en cuenta a los que, en verdad, necesitan de nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán


4 de noviembre de 2012

Amar a Dios y al prójimo


   
Domingo XXXI (B) del tiempo ordinario

Mc 12, 28-34


“En aquel tiempo, se acercó a Jesús uno de los escribas y le preguntó: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos’.

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que El es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios’. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.”


COMENTARIO

Ciertamente eran muy atrevidas aquellas personas que querían hacerle preguntas a Jesús. Muchas veces había encontrado la ocasión para enseñar la doctrina divina a costa de aquello que le preguntaban. Ahora también iban a aprender algo.

De sobra sabe Jesús cuáles son, y el sentido de, los mandamientos de la Ley de Dios. Desde el primero hasta el último los conoce y practica a la perfección. Sabe que amar a Dios es lo más importante pero sin dejar, por ello, de amar al prójimo.
¡Qué sorpresa se llevan aquellos que le preguntan! Esperaban que su respuesta no fuera la adecuada y, así, acusarlo de una cosa o de la otra. Pero quien le pregunta sabe que ha contestado con certeza y verdad y que, a lo mejor, ellos mismos no siguen tan de cerca aquellos dos mandamientos fundamentales.

JESÚS,  amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos son dos realidades espirituales que no podemos olvidar. Pero en demasiadas ocasiones las olvidamos.



Eleuterio Fernández Guzmán


2 de noviembre de 2012

Ser humildes



Sábado XXX del tiempo ordinario

Lc 14, 1.7-11

“Un sábado, sucedió que, habiendo ido Jesús a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: ’Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba’. Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’”.

COMENTARIO

Es de comportamiento humano ordinario y más que normal que tengamos voluntad de ser los primeros. Por unas causas o por otras, la humildad la olvidamos en algún cajón porque no nos interesa, para nada, ponerla en práctica.

Aquellos hombres que iban a los convites a los que acudía Jesús también querían ser los primeros. Pero Jesús sabía que era, precisamente, al contrario como debían actuar: los últimos para ser los primeros.

El puesto de honor corresponde a Dios decir a quien corresponde. Por eso Jesús predica acerca de la humildad que debemos practicar. Con ella actuaremos como, en verdad, corresponde a un hijo suyo: siendo quien no tiene ansia de poder sino de servicio.


JESÚS,  ser humilde es una de tus cualidades. Enseñas, por eso, que es muy importante y que, de todas formas, sólo podemos y debemos actuar así. Nosotros, sin embargo, somos demasiado engreídos y no le prestamos, la mayoría de las veces, mucho caso.




Eleuterio Fernández Guzmán


Aceptar a Cristo como Quien es






Lc 23 ,33.39-43

“Cuando los soldados llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores colgados le insultaba: ‘¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!’. Pero el otro le respondió diciendo: ‘¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho’. Y decía: ‘Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino’. Jesús le dijo: ‘Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso’”.


COMENTARIO

Ante Jesús, aquellos que lo conocían o habían oído hablar de aquel Maestro que hacía tantas cosas extraordinarias, se podía mantener una doble actitud: se le creía o no se le creía. Según se adoptara una posición u otra, aquel momento de la cruz, de Su cruz y Pasión, se vivía de una forma u otra.

Aquel ladrón, llamado bueno, comprendió que Aquel hombre que estaba colgado con ellos en unos palos cruzados, no era culpable de nada que le hiciese acreedor al castigo que le estaban provocando. Entendió que Jesús era Dios.

Aceptar a Cristo es aceptar, sin duda alguna, al mismo Creador. Por eso Jesús sabe que aquel hombre se ha convertido y, por eso mismo, lo tendrá en su Reino dentro de muy poco tiempo. Aceptó a Jesús y su corazón fue aceptado, de inmediato, en el Cielo.


JESÚS,  aquellos que te aceptan sin medida y sin poner traba alguna, alcanzan la vida eterna. Muchas veces lo dijiste pero otras tantas veces nosotros mismos, los que mucho creemos saber de Ti, rechazamos tus palabras con nuestros gestos.



Eleuterio Fernández Guzmán


1 de noviembre de 2012

Bienaventurados





Mt 5, 1-12a

“En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos’”.

COMENTARIO

A lo largo de su época de predicación, Jesús iluminó mucho la vida de aquellos que le escuchaban. De los encuentros con el Maestro siempre salían con el gozo de haber estado con quien les podía salvar porque era el Enviado de Dios.

Jesús, sin embargo, en el llamado Sermón del Monte, hace algo muy importante que es crucial para la humanidad: nos enseña lo que es bueno para nuestro corazón y para nuestra vida eterna. Bienaventuranzas que son la respuesta a la situación por la que pasa el ser humano y que le vienen muy bien para saber a qué atenerse.

Ser limpio de corazón, manso, humilde y todo lo que Jesús dice, a lo mejor, en varias ocasiones pero recogido en este texto del evangelio de san Mateo, es expresión de la voluntad de Dios y de o que es mejor para nosotros.



JESÚS, llamas bienaventurados a los que llevan determinada forma de vida. Sin embargo, en demasiadas ocasiones las rechazamos porque no convienen a nuestro egoísta forma de ver las cosas.




Eleuterio Fernández Guzmán