4 de noviembre de 2018

Estar cerca del Reino de Dios



Lc 12, 28b-34


“'¿Cuál  es el primero de todos los mandamientos?' Jesús le contestó: 'El primero es:  'Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,   y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y  con todas tus fuerzas. El segundo es: 'Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  No existe otro mandamiento mayor que éstos.' Le dijo el escriba: 'Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que  Él es único y que no hay otro fuera de Él,  y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.' Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: 'No estás lejos del Reino de Dios.' Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.”
       
COMENTARIO

No podemos negar que, aunque había muchos que no querían, para nada, al Hijo de Dios, había, sí, quien quería conocer de verdad lo que enseñaba por si podía aprender algo.

La pregunta acerca de cuál es Mandamiento más importante quiere cerciorarse de que lo que se ha estado creyendo es lo cierto. Y lo es porque Jesucristo no enseña otra cosa que no sea que hay que amar a Dios sobre todas las cosas y sobre todas las circunstancias de la vida.

Resulta curioso que, tras haber respondido de la forma que lo hace, nadie más quiera preguntar nada. Bien sería porque veían en aquel Maestro al verdadero Mesías que respondía con sabiduría verdadera o bien podía ser porque alguno de los presentes lo que quería era no darse a conocer como no discípulo suyo.

JESÚS, ayúdanos a comprender el verdadero sentido de la Ley de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de noviembre de 2018

Acerca de la humildad



Lc 14, 1.7-11

“1 Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. 7 Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: 8 ‘Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, 9 y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. 10 Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. 11 Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado”.

COMENTARIO

No era nada extraño que Jesús fuese invitado a casa de los poderosos para que compartiera con ellos una comida. Muchas veces lo hacían para ver qué decía y, así, poder atender; otras, simplemente, para cogerlo en algún renuncio espiritual.

Como era, entonces y ahora, lógico, en las invitaciones había quien quería ocupar los primeros puestos como para dárselos de importantes. Y es que querían estar siempre en los primeros lugares porque así creían eran mejor vistos por sus vecinos.

El Hijo de Dios, sin embargo, conoce bien el corazón de Dios y, perfectamente, sabe que las cosas no pueden ser así. Y es que humillarse, saber que no es nada ante el Todopoderoso y, tampoco, ante el resto de seres humanos, es una buena actuación de cara al corazón del Padre. Y eso es lo que recomienda el Hijo de Dios.


JESÚS, ayúdanos a saber ser humildes.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de noviembre de 2018

Cristo el Camino, la Verdad, la Vida

Jn 14, 1-6


No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones;  si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo,  para que donde esté yo  estéis también vosotros.  Y adonde yo voy sabéis el camino.’ Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’ Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.  Nadie va al Padre sino por mí’”.

COMENTARIO

Jesús está muy interesado en que sepamos qué es lo que nos conviene para nuestra vida eterna. Sabe que anhelamos alcanzar la misma y estar con Dios y, para eso, debemos creer en Él.

Jesús nos lo dice con toda claridad: está en el Cielo preparándonos estancias para que, cuando Dios quiera, las ocupemos. Y también nos habla de su Parusía, cuando vuelva para juzgar a vivos y muertos.

El camino para ir a Dios lo sabemos porque nos lo dice Jesús: es Él. Sólo, pues, creyendo en el Mesías, en su santa doctrina y en todo aquello que hizo en su primera venida al mundo, podremos comprender lo que supone que sea el Camino, la Verdad y la Vida.




JESÚS, ayúdanos a aceptarte como Verdad, como Camino, como Vida.

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de noviembre de 2018

Los bienaventurados



Mt 5,1-12a

En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos’”.

COMENTARIO

Jesús tuvo que decir, en una ocasión, que no había venido a abolir la Ley de Dios sino a darle cumplimiento. Y eso es lo que hace cuando, subido en un promontorio, proclama las Bienaventuranzas, no dichas para sustituir a los Mandamientos sino para darles, en efecto, cumplimiento.

Cada uno de los “preceptos” que aquí indica Jesús lo son para que sepamos a qué atenernos acerca de lo que es verdaderamente para un discípulo de Cristo. Centran, por así decirlo, nuestra fe  y la hacen efectiva, con relación a Dios Padre Todopoderoso.

Jesús termina las mismas con una gran verdad que ha sido comprobada a lo largo de los siglos: debemos sentirnos bienaventurados si somos perseguidos por Él. Ahí está el centro de nuestra fe: ser perseguidos por Cristo.




JESÚS, ayúdanos a atender a las bienaventuranzas en nuestra vida ordinaria.

Eleuterio Fernández Guzmán


31 de octubre de 2018

Los que se salvan


Lc 13,22-30

“En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: ‘Señor, ¿son pocos los que se salvan?’. El les dijo: ‘Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos’”.


COMENTARIO

Querer salvarse no es nada extraño pues la vida eterna es anhelo de cualquiera que quiera ver a Dios. Por eso aquellos le preguntan si se salvarán muchos o pocos… para ver si están entre los elegidos del Creador. 

Jesús sabe cómo se entra en el definitivo Reino de Dios. Lo dice muchas veces a lo largo de su predicación. Y la cosa no parece fácil pues siempre hace referencia a la dificultad, al a puerta estrecha que es la del sacrificio y la entrega al prójimo.

Muchos, sin embargo, pareciera que no comprendan lo que quiere decir el Señor. Y es así porque no comprenden que importa la misericordia y el amor, la caridad… en suma. Para ellos habrá el rechinar de dientes… y el llanto.




JESÚS, ayúdanos a ser del grupo de los que entran en el definitivo Reino de Dios… por haberlo merecido. 

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de octubre de 2018

Lo pequeño del Reino de Dios



Lc 13, 18-21


“18 Decía, pues: ‘¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? 19 Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas’. 20 Dijo también: ‘¿A qué compararé el Reino de Dios? 21 Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo”.


COMENTARIO

No podemos negar que los ejemplos que pone el Hijo de Dios para enseñar y predicar son aquellos que tienen que ver con la vida ordinaria de las personas de su tiempo. Y eso es lo que hace ahora mismo.

Hablar del grano de mostaza y de la levadura es hacerlo de cosas, digamos, muy pequeñas. Pero resulta que el Reino de Dios, según Jesucristo es así, pequeño, en principio, en el corazón del hombre pero luego se hace grande hasta ser una forma de vida y de existencia.

Lo que nos quiere decir el Mesías es que, aunque a nosotros nos parezca que el Reino de Dios ha de ser, que lo es, algo inmenso y grande, se hace pequeño por y para nosotros porque nuestro Creador sabe que es la única manera de que lo comprendamos.


JESÚS, ayúdanos a aceptar el Reino de Dios como es.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de octubre de 2018

Misericordia quiero

Lc, 13, 10-17

“10 Estaba un sábado enseñando en una sinagoga, 11 y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. 12 Al verla Jesús, la llamó y le dijo: ‘Mujer, quedas libre de tu enfermedad’. 13 Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios. 14 Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado». 15 Replicóle el Señor: ‘¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? 16 Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?’ 17 Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.”


COMENTARIO

No era extraño que aquellos que estaban enfermos necesitaran ayuda. También es cierto que no todos tenían una economía elevada como para hacer frente a los gastos que eso suponía. Y eran las personas que Cristo buscaba.

Aquella mujer suponemos que lo pasaba muy mal. Por eso, Cristo le echa una mano bien grande. No nos extraña nada de nada que alabara a Dios al verse liberada de aquella carga tan grande. Pero había a quien eso, que era curar en sábado, no les parecía nada bien.

Jesús les hacer ver algo que es muy importante pero que ellos no entendían: la misericordia era más importante que contemplar la aplicación a rajatabla de determinados preceptos. Aunque sabemos b bien que a ellos eso no les parecía nada bien.



JESÚS,  ayúdanos a mantener un corazón de carne.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de octubre de 2018

Tener fe como Bartimeo



Mc 10, 46-52

Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’  Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’  Jesús se detuvo y dijo: ‘Llamadle.’ Llaman al ciego, diciéndole: ‘¡Animo, levántate! Te llama.’  Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.  Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ‘¿Qué quieres que te haga?’ El ciego le dijo: ‘Rabbuní, ¡que vea!’  Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado.’ Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.”


COMENTARIO

Resulta bastante curioso que el ser humano que, se supone, cree en Dios y en su Hijo Jesucristo, sea capaz de actuar de una forma que, digamos, no está acorde con lo que el Maestro quiere. Y es que había quien increpaba al ciego ¡porque quería ver!

Aquel hombre no lo debía pasar nada bien. Estaba fuera de Jericó por exclusión social o porque creía que en aquel lugar podía encontrar a muchos viajeros para que le dieran limosna. Pero él quiere otra clase de limosna que tiene que ver con el amor de Dios. Y le grita a Cristo “hijo de David”.

Como Jesucristo no era sordo, escucharía aquello de parte de Bartimeo. Sabía, por tanto, que confiaba en su persona y, por tanto, tenía fe en Él. Y eso, además de la buena voluntad, de por sí grande, de parte de Cristo, hace que sea curado allí mismo. Y es que la fe puede mucho en el corazón de Dios.


JESÚS, ayúdanos a tener fe como tenían Bartimeo.

Eleuterio Fernández Guzmán


27 de octubre de 2018

La paciencia de Dios



Lc 13,1-9

En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo’. 

Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’”.



COMENTARIO

En el pueblo judío había mucha confusión acerca de la Ley de Dios y del cumplimiento de la misma por parte del hombre. Se habían llegado a tener consideraciones sobre la misma que estaban muy equivocadas. Y Jesús las pone sobre la mesa.

Creer que una persona sufría un mal porque era pecadora era un error muy común. Por eso Jesús les dice que no eran más culpables de lo que les había pasado aquellas personas que perecieron a manos de Pilato que ellos mismos.


Jesús predica conversión. Lo hace porque sabe que lo que aquellos que hablan con Él le dicen no es adecuado ni se corresponde con la voluntad de Dios. Por eso el Creador tiene tanta paciencia con sus hijos… porque son y somos tardos en comprender lo que, de verdad, importa.


JESÚS, ayúdanos a comprender, en efecto, que la voluntad de Dios es crucial para nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán


26 de octubre de 2018

Saber lo que nos conviene

Lc 12, 54-59

“54 Decía también a la gente: ‘cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. 55 Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. 56 ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? 57 ‘¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? 58 Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. 59 Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.’”


COMENTARIO

Cuando el Hijo de Dios habla a los que le quiere escuchar lo que dice no es para tenerlo por no escuchado. Y es que sabe que, enseñando, es posible que alguno se salve. Y eso hace al respecto de lo que ha de pasar una vez se ha pecado.

Las palabras de Cristo, a lo mejor, no se entienden porque no son siempre fáciles de entender. El caso es que es bien cierto que, como dice el Señor los fenómenos naturales son relativamente fáciles de prever pero los espirituales…

Aquí dice algo que se debería tener en cuenta: cuando pecamos debemos, por decirlo así, pagar por tal pecado. Y si no somos capaces de pedir perdón ahora en el mundo tendremos que esperar a ser limpiados en el otro mundo antes de entrar en el Cielo.



JESÚS, ayúdanos a saber pedir perdón cuando hayamos pecado.

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de octubre de 2018

El fuego devorador de Cristo


Lc 12,49-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra’”.

COMENTARIO

La misión que Dios había encomendado a Jesús no era nada fácil. Tener que lidiar con aquellos que creían tener el control de la Ley de Dios y de su Palabra siendo, en realidad, que la cosa iba por otro camino, era, en efecto, muy difícil de enfrentar.

Jesús no había venido a abolir la Ley de  Dios. Había venido, como dice el Hijo de Dios, a que el mundo ardiera. Dicho así parecía muy fuerte aquella expresión. Sin embargo, tenía un sentido espiritual que fue, además, lo que acabó cumpliendo.

Se iban a enfrentar unos contra otros… por Él. No quería decir Jesús que iba  sembrar cizaña sino que  por su doctrina santa unos iban a estar a favor y otros en contra. Y tal fuego arrasaría con todo lo que de malo y negativo había en el mundo.




JESÚS, ayúdanos a ser del grupo de los que creen en  Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

24 de octubre de 2018

Estar preparados


Lc 12,39-48


"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre’.

Dijo Pedro: ‘Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?’. Respondió el Señor:’«¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles.

‘Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más’.


COMENTARIO

Estar atentos a la llegada de Cristo

En muchas ocasiones Jesús nos hace ver que es muy importante tener en cuenta que Él ha de volver y que, entonces, seremos juzgados.


Descuidarse en asuntos espirituales

Es posible que no nos interese estar siempre pendientes de cuál es la voluntad de Dios. Miraremos para otro lado y no atenderemos lo  único que nos importa que es, precisamente, nuestra salvación eterna.

Consecuencias de lo que hacemos

Jesús lo dice con toda claridad: lo que hagamos tiene consecuencias para la eternidad: si hacemos bien, seremos recompensados; si hacemos mal, nos espera el llanto y el rechinar de dientes.


JESÚS, ayúdanos a tener siempre en cuenta que nos conviene cumplir la voluntd de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


23 de octubre de 2018

Estar siempre preparados


Lc 12,35-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!’”.


COMENTARIO

No sabemos cuando va a volver Jesucristo para juzgar a vivos y a muertos. Quiere decir que también habrá personas con vida cuando eso suceda. No lo sabemos y, por eso mismo, Jesús nos avisa de qué es lo que tenemos que hacer al tal respecto.

Podemos optar por no hacer nada, por no limpiar nuestra alma de las suciedades que la “adornan”. Es una forma de actuar bastante ciega porque cuando venga el Juzgador Hijo de Dios no tendremos escapatoria alguna.

Podemos, sin embargo, tener en cuenta que ha de venir. Debemos, entonces, prepararnos para tal fin y cuidar nuestra alma procurando limpiarla en el Sacramento de la Reconciliación o Penitencia. Sólo así podremos ser verdaderamente dichosos.


JESÚS, ayúdanos a darnos cuenta de la necesidad de preparación que tenemos de cara a nuestro juicio particular.


Eleuterio Fernández Guzmán


22 de octubre de 2018

Prepararse a conciencia al encuentro con Dios

Lc 12, 13-21

“13 Uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo’. 14 Él le respondió: ‘¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’ 15 Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’. 16 Les dijo una parábola: ‘Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; 17 y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’ 18 Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, 19 y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea.’ 20 Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’ 21 Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios’”.


COMENTARIO

Como suele hacer muchas veces, el Hijo de Dios nos advierte de la verdad de las cosas del alma. Y es, entonces como ahora, muchos confunden las mismas y equivocan el qué hacer y hacia dónde dirigir sus pasos.

Aquel hombre le habla a su alma como si se tratase de otro hombre cualquiera, con sus problemas y sus posibilidades humanas de hacer. No sabía, a lo mejor, que el alma es de Dios y que sólo Dios puede tratar con ella.

Es cierto y verdad que quien hace de los bienes del mundo un tesoro sobre el que existir, es más que probable que acabe cayendo en la fosa de la que tanto habla el salmista. Por eso Jesucristo, que quiere nuestro bien y sólo tiene en cuenta nuestro interés espiritual, nos pone sobre la pista de la verdad: hay que preparar el alma para el encuentro con Dios su Juicio acerca de ella.


JESÚS,  ayúdanos a estar preparados para cuando seamos llamados por tu Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán

21 de octubre de 2018

Saber dónde debemos estar



Mc 10, 35-45

Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: ‘Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos.’ El les dijo: ¿Qué queréis que os conceda?’ Ellos le respondieron: 'Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.’  Jesús les dijo: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?’  Ellos le dijeron: ‘Sí, podemos.' Jesús les dijo: ‘La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.’ Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: ‘Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores  absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.’”

COMENTARIO

No era nada extraño que, aquellos que acompañaban al Maestro quisieran estar en posición privilegiada. Y eso es lo que hacían los Zebedeos cuando se dirigen al Hijo de Dios. Y es que actúan como hombres porque lo son. Aún no han comprendido del todo lo que significa ser discípulos suyos.

Ellos están dispuestos a seguir a Cristo hasta las últimas consecuencias. Y es lo que van a hacer, como les dice el Maestro. Sin embargo, aún no es el momento adecuado de hacer eso sino, mejor, de comprender y entender.

Jesucristo sabe que la Voluntad de Dios tiene relación directa con servir al prójimo. Y eso es lo que predica su Hijo. Había venido, él mismo, a servir y no a ser servido. Y eso es lo que pide a todo el que le quiera seguir.


JESÚS, ayúdanos a saber servir.

Eleuterio Fernández Guzmán


20 de octubre de 2018

Atender al Espíritu Santo


Lc 12, 8-12
  
“8 ‘Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios.  9 Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.  10 ‘A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. 11 Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, 12 porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir’”.


COMENTARIO

Estaba más que claro que el Hijo de Dios debía advertir contra aquello que fuera, directamente, ir contra su Padre del Cielo. Por eso pone sobre la mesa una verdad muy importante: hay que tener cuidado con negarlo a Él porque es negar a Dios mismo.

Era fácil saber que el hombre era pecador. Lo había sido desde el mismo principio de su existencia y eso no había cambiado nada sino que, al contrario, había aumentado su voluntad pecadora.

Hay algo que debemos tener muy en cuenta: no podemos pecar contra el Espíritu Santo porque supone pecar contra Dios mismo. Por eso no se perdona, ni en esta vida ni en la otra, un tal pecado en el que no deberíamos pecar nunca.


JESÚS,  ayúdanos a no pecar contra el Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán


19 de octubre de 2018

No dejarse matar el alma



Lc 12,1-7
En aquel tiempo, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, Jesús se puso a decir primeramente a sus discípulos: ‘Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados. Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos’”.

COMENTARIO

Eran muchos los que seguían a Jesús. Dice el texto que se pisaban unos a otros. Por eso sabía el Hijo de Dios que debía aprovechar todos los momentos posibles para enseñar y cumplir la misión que tenía encomendada.

Jesús sabe que es muy importante que conozcan, que conozcamos, qué es lo importante. Y es aquello que supone nuestra perdición para siempre. Debemos, pues, aceptar aquello que nos conviene de verdad no lo que nos propongan los perdidos y alejados de Dios.

Jesús nos da a entender que Dios todo lo conoce y todo lo sabe. Si tiene contados cada uno de nuestros cabellos ¿qué será del resto de nuestra existencia?





JESÚS, ayúdanos a reconocer lo que es importante para nuestra vida eterna.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de octubre de 2018



Lc 10,1-9

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’’”.


COMENTARIO

Mies y trabajadores

Jesús sabe que transmitir la Palabra de Dios supone que haya personas dispuestas a hacer tal cosa. Por eso pide a sus discípulos que pidan al Creador, en oración, que suscite, de entre ellos, a los que vayan a cumplir tal misión.

Lobos y ovejas

Sabe, de todas formas, Cristo, que allí donde van a ir aquellos enviados habrá muchas personas que no acepten el mensaje que llevan. Pero ellos, sus enviados, deben comportarse con total sometimiento a la Providencia de Dios.

Libertad de espíritu

Sin embargo, el Hijo de Dios, que sabe que el ser humano es libre para aceptar, o no, su mensaje, no les dice a sus enviados que obliguen a aceptar la Buena Noticia. Ellos harán lo que buenamente Dios quiera que hagan.


JESÚS, ayúdanos a ser trabajadores de la mies del Señor y a serlo en el ámbito en el que nos movemos, estamos y existimos.

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de octubre de 2018

No olvidemos que Dios lo conoce todo

Lc 11,42-46

“En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!’. Uno de los legistas le respondió: ‘¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!’. Pero Él dijo: ‘¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!’.


COMENTARIO

Entre los que escuchaban a Jesús también se encontraban aquellos que eran considerados conocedores de la Palabra de Dios y, en general, “sabios”. Creían tener, en su corazón, la Verdad y por eso actuaban, muchas veces, de forma poco de acuerdo a la voluntad del Creador.

Jesús, sin embargo, bien que los conoce. Sabe que en sus corazones no tienen más que rapiña y que saben menos de lo que creen saber acerca de lo que Dios quiere de ellos. Y siempre que tiene ocasión les echa en cara, para que sepan lo que es la Verdad, sus mentiras y sus manipulaciones.

Si había algo que Jesús, siendo Dios hecho hombre, no podía soportar, era el abuso de alguien cuando lo sostenía en el Creador y en su Ley. Por eso llama la atención, por ejemplo, a los legistas que hacían lo posible para que los demás, no ellos, soportasen pesadas cargas.

JESÚS, ayúdanos a cumplir la voluntad de Dios por mucho que sea muy contraria a la nuestra.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de octubre de 2018

Ser mansos y humildes



Mt 11, 25-30


“25 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. 26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. 27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 28 ‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. 29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.’”


COMENTARIO

Decir aquello era muy difícil de entender por los poderosos y aquellos que se sentían superiores. Y es que dar a entender que Dios no les daba a conocer lo importante era muy duro para ciertos corazones.

Pero Cristo lo tiene muy claro. Y, para aquellos que no quieren estar de acuerdo con la verdad según la cual el hijo de María era plenamente consciente de ser el Mesías, lo pone sobre la mesa: sólo el Hijo conoce al Padre. Y con eso está todo dicho.

Pero es Jesucristo quien sabe que acudiendo a Él toda desazón desaparece y la esperanza nunca deja de ocupar el corazón del hombre. Y enseña, además que hay que ser humilde y manso lo cual, cierto es, no parece ser para todos los corazones…


JESÚS,  enséñanos tu mansedumbre y tu humildad.

Eleuterio Fernández Guzmán

15 de octubre de 2018

Ser mansos y humildes

Mt 11, 25-30


“25 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. 26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. 27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. 28 ‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. 29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.’”


COMENTARIO

Decir aquello era muy difícil de entender por los poderosos y aquellos que se sentían superiores. Y es que dar a entender que Dios no les daba a conocer lo importante era muy duro para ciertos corazones.

Pero Cristo lo tiene muy claro. Y, para aquellos que no quieren estar de acuerdo con la verdad según la cual el hijo de María era plenamente consciente de ser el Mesías, lo pone sobre la mesa: sólo el Hijo conoce al Padre. Y con eso está todo dicho.

Pero es Jesucristo quien sabe que acudiendo a Él toda desazón desaparece y la esperanza nunca deja de ocupar el corazón del hombre. Y enseña, además que hay que ser humilde y manso lo cual, cierto es, no parece ser para todos los corazones…


JESÚS,  enséñanos tu mansedumbre y tu humildad.

Eleuterio Fernández Guzmán