12 de enero de 2014

Dicen que hay que escuchar















En esta gran pantalla de humo que se ha convertido, y es, el Anteproyecto de ley del aborto, hay muchos dentro del propio partido político que lo ha propuesto, el Popular, que, al parecer, no les parece nada bien que el sentido del mismo sea el que es. Y quieren que haya reformas, que se les escuche, como si no se escuchara bastante la sangre de los miles de asesinatos que se producen en los miles de abortos que se provocan y no se estuviera al cabo de la calle de que la misma clama al cielo como clamaba la de Abel tras ser asesinado por su hermano Caín. ¡Cuántos Caínes hay hoy día y qué instrumentos modernos, materiales y legales, de matar utilizan!

En realidad, todo esto es una gran tomadura de pelo. Al final no quedará nada de nada y todo seguirá igual que estaba. Es más, ahora mismo ya está igual que estaba.

Se va a seguir matando con el beneplácito de muchos en el mundo de la política que, como sabemos, están a sus propios intereses y les importa un rábano o un pito lo que pueda pasar con la vida ajena. Si, además, la vida ajena es la más indefensa… aún resulta, todo esto, más macabro y matarífico, de matarife o matador.

Los bien pensantes dentro del Partido Popular creen, o deben hacerlo creer así, que su partido político de verdad está haciendo algo contra el aborto. Viven en su mundo feliz donde toda decisión del partido hay que tomarla por buena caiga quien caiga.

Sin embargo, las personas que sabemos que el aborto va a seguir campando a sus anchas estamos más que seguras que nada de lo que se diga va a afectar a la definitiva ley que se apruebe pues ninguna que no se la de aborto legalizado cero valdrá para nada de nada y todo será disimulo y hacer de su capa un sayo.
Pero, incluso, esto que, en sí mismo, es malo de solemnidad, puede ser mucho peor. Puede parecer imposible pero puede ser multiplicado por mucho su nigérrima realidad.

Esto lo decimos porque está bien, aunque esté mal, que ciertos políticos vayan a la suya y quieran hacernos ver que lo negro es blanco y que la sangre derramada por los miles y miles de aborto no es más que, en todo caso, cosa necesaria. Sin embargo, es peor que peor que haya pastores nuestros o, lo que es lo mismo, aquellos que deben llevar a las ovejas de Dios hacia su definitivo Reino, que muestren algo que jamás deberían mostrar.

No es exagerado si decimos que los pastores que se muestran a favor de “esta” ley (ahora anteproyecto, luego nada de nada) como si eso supusiera un bien objetivo al respecto de la “otra” que ahora está vigente, están actuando directamente contra la Iglesia católica a la que pertenecen. Algunos han dicho, sin embargo, que no les parece bien ni la letra ni la música de esta norma que se pretende aprobar pero hay otros que dan un visto bueno a la misma como sosteniendo aquello del “mal menos” que es peor de los males en determinados casos, como éste, porque supone decir sí donde debe ser dicho no. Y eso bien claro que lo dijo Jesucristo: donde es sí, ha de ser sí y donde es no, ha de ser otro.

Otra cosa es tibieza, pura tibieza. Y estamos más que seguros que los pastores que no se muestran a favor de una ley del aborto cero, cero patatero, zapatero y rajoyero, y son tibios saben, mejor que el que esto escribe, qué dice el Apocalipsis que hace Dios con los tibios.

Pues eso, a convertirse, de verdad, a la fe católica. Aún están a tiempo.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

Jesús es el Hijo





Mt 3,13-17

En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: 'Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?'. Jesús le respondió: 'Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia'. Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: 'Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco'.

COMENTARIO

Reconocer lo que somos ante Dios

El Bautista sabe, ya lo dijo a los que le habían preguntado, que él no era el Mesías, el Enviado de Dios. Por eso no le cuesta nada afirmar que ante Quien ha venido a ser bautizado no es nada y que debería ser bautizado por Jesús. Se sabe y se reconocer humilde.

Cumplir la voluntad del Creador

Jesús tiene en cuenta, en toda la vida que le conocemos como pública, qué es lo que quiere su Padre. Todo tiene que cumplirse como está escrito y por eso ha de ser bautizado por Juan.

Reconocer al Hijo de Dios

El Padre Dios, Todopoderodoso y Creador, reconoce en Jesús a su Hijo, engendrado y no creado. Por eso se complace en su persona y por eso lo presenta al mundo cuando sale Cristo de las aguas del Jordán.


JESÚS, eres el Mesías. Dios así lo confirma cuando eres bautizado por Juan. Ayúdanos a tenerte siempre presente en nuestra vida y en nuestros quehaceres diarios.



Eleuterio Fernández Guzmán


Jesús es el Hijo





Mt 3,13-17

En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: 'Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?'. Jesús le respondió: 'Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia'. Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: 'Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco'.

COMENTARIO

Reconocer lo que somos ante Dios

El Bautista sabe, ya lo dijo a los que le habían preguntado, que él no era el Mesías, el Enviado de Dios. Por eso no le cuesta nada afirmar que ante Quien ha venido a ser bautizado no es nada y que debería ser bautizado por Jesús. Se sabe y se reconocer humilde.

Cumplir la voluntad del Creador

Jesús tiene en cuenta, en toda la vida que le conocemos como pública, qué es lo que quiere su Padre. Todo tiene que cumplirse como está escrito y por eso ha de ser bautizado por Juan.

Reconocer al Hijo de Dios

El Padre Dios, Todopoderodoso y Creador, reconoce en Jesús a su Hijo, engendrado y no creado. Por eso se complace en su persona y por eso lo presenta al mundo cuando sale Cristo de las aguas del Jordán.


JESÚS, eres el Mesías. Dios así lo confirma cuando eres bautizado por Juan. Ayúdanos a tenerte siempre presente en nuestra vida y en nuestros quehaceres diarios.



Eleuterio Fernández Guzmán


11 de enero de 2014

Signos de Dios


  
Lc 5, 12-16

Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: ‘Señor, si quieres, puedes limpiarme’. Él extendió la mano, le tocó, y dijo: ‘Quiero, queda limpio’. Y al instante le desapareció la lepra. Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: ‘Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio’. Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. Pero Él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.”


COMENTARIO

La lepra era una enfermedad que incapacitaba socialmente a quien la padecía. Por eso los leprosos, al no conocerse cura para tal padecimiento, estaban apartados físicamente de las ciudades. Por eso aquel leproso necesitaba tanto la ayuda de Jesús.

El leproso confía en Jesús, tiene fe en el Maestro. Por eso le dice que si quieres puede curarle. Eso es clara manifestación de estar seguro que, en efecto, si quiere el Hijo de Dios puede curarle. Y, como era de esperar en persona tan necesitada y, además, de fe, obtiene lo que quiere.

Jesús, sin embargo, le dice que vaya al sacerdote y haga la ofrenda que está escrita en la ley para que se sepa que ha sido curado por intervención divina, de Dios. no es de extrañar, por lo tanto, que la fama de Jesús se extendiese por todo el mundo cercano a su tierra.







JESÚS, cuando curas al leproso haces algo que nadie había hecho hasta entonces. Es un signo de tu poder y de que Dios está contigo. Ayúdanos a tener siempre en cuenta que lo que pasa es que eres el Creador hecho hombre.





Eleuterio Fernández Guzmán


10 de enero de 2014

Jesús se proclama Hijo del Padre

Lc 4,14-22

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor’. 

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: ‘Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy’. Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.”

COMENTARIO

Cuando se corre la voz, de boca en boca y de corazón en corazón, de que aquel Maestro llamado Jesús hace cosas que no son de este mundo sino que han de venir, por fuerza, de Dios, no es extraño que su fama de santidad corra por todo el territorio. Y así pasa.

Jesús continúa con su labor de predicación. Vuelve a Nazaret donde había pasado una parte muy importante de su vida. Hace lo que otras muchas veces habría hecho y acude a la sinagoga. Aquello que lee impresiona a muchos pues se refiere, exactamente, al envío por parte de Dios del Mesías.

Cuando Jesús acaba de leer aquello que dicen las Sagradas Escrituras sabe que todos, que conocen su vida pública. Esperan escuchar las palabras que, de su boca, certifiquen que es el Mesías. Y así lo hace, para estupefacción de todos los que le escuchan.


JESÚS, con toda claridad dices que eres en Enviado de Dios. Muchos te creyeron pero en el corazón de otros anidó lo contrario. Ayúdanos a ser, siempre, del primer grupo.





Eleuterio Fernández Guzmán


9 de enero de 2014

No conviene que temamos



Mc 6,45-52

“Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús enseguida dio prisa a sus discípulos para subir a la barca e ir por delante hacia Betsaida, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y Él, solo, en tierra. 

Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero Él, al instante, les habló, diciéndoles: ‘¡Ánimo!, que soy yo, no temáis!’. Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.”


COMENTARIO

Jesús sabía que aquellos que había elegido para ser sus apóstoles no entendían mucho de lo que hacía. Debía explicarles, con signos y con palabras, que había venido al mundo para liberar al mundo del pecado y de la desesperanza.

Cuando Jesús se despide de aquella multitud a la que había alimentado con muy poca comida ante la estupefacción de todos los que aquello contemplaron, se retira a orar. Seguramente a dar gracias al Padre por aquel prodigio de los panes y los peces. Supo ser agradecido.

Pero aquellos que le siguen de cerca continúan con sus labores de pescadores. No comprenden que cuando Jesús va a hacia ellos andando sobre las aguas Quien va es el Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre. Por eso dice la escritura que su mente estaba embotada.


JESÚS, cuando haces determinados signos para que se comprenda lo que quieres decir muchos te entienden pero otros no. Ayúdanos a comprender la verdad de tus palabras y de tu acción.





Eleuterio Fernández Guzmán


8 de enero de 2014

Los panes y los peces



Mc 6,34-44

En aquel tiempo, vio Jesús una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas. Y como fuese muy tarde, se llegaron a Él sus discípulos y le dijeron: ‘Este lugar es desierto y la hora es ya pasada; despídelos para que vayan a las granjas y aldeas de la comarca a comprar de comer’. Y Él les respondió y dijo: ‘Dadles vosotros de comer’. Y le dijeron: ‘¿Es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?’. Él les contestó: ‘¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo’. Y habiéndolo visto, dicen: ’Cinco, y dos peces’. 

Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos de comensales sobre la hierba verde. Y se sentaron en grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces y levantando los ojos al cielo, bendijo, partió los panes y los dio a sus discípulos para que los distribuyesen; también partió los dos peces para todos. Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. Y recogieron doce cestas llenas de los trozos que sobraron de los panes y de los peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.”



COMENTARIO

A Jesús le preocupaba mucho la situación por la que pasaban aquellos que le seguían porque querían escuchar lo que les tenía que decir. Como Buen Pastor cuida de sus ovejas y procura lo mejor para ellas. Y ahora tenían hambre.

Cuando Jesús les dice a sus más cercanos que den de comer a tanta gente lo hace para ponerlos a prueba. ¿Tendrían un comportamiento humano o espiritual? Sin duda los conoce y sabe que poco van a hacer desde el punto de vista humano.

Pero Jesús pide. Pida al Padre una intervención sobrenatural y procura alimento para todos. Incluso sobra comida. Nada de lo que sobra puede perderse porque cualquier hijo de Dios, por muy diminuto que se considere a sí mismo, puede dejarse perder.


JESÚS, los que te siguen saben que siempre estarás con ellos, en lo bueno y en lo malo. Ayúdanos a no abandonar nunca tu seguimiento.





Eleuterio Fernández Guzmán


7 de enero de 2014

Jesús predica acerca de su Reino



Mt 4,12-17.23-25


“En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, se retiró a Galilea. Y dejando la ciudad de Nazaret, fue a morar en Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Neftalí. Para que se cumpliese lo que dijo Isaías el profeta: 'Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz'.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: 'Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca'. Y andaba Jesús rodeando toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Y corrió su fama por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían algún mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalén y de Judea, y de la otra ribera del Jordán.” 

COMENTARIO

Juan ha sido encarcelado por Herodes. Como en el caso de otros profetas, también ha de sufrir la misma muerte inmerecida y provocada por el egoísmo de los poderosos de su pueblo. Se cumplen, por eso mismo, las profecías. También en su caso pasa lo que ya está escrito que ha de pasar. 

Jesús sabe que ha llegado el momento exacto en el que decir al mundo lo que no le gustará escuchar. El Reino de Dios ha llegado pero las cosas no son como Dios quiere que sean. Por eso Jesús, como profeta, también se está “ganando” una muerte cruel e inmerecida. 

Pero el Creador sabía para qué había enviado a su Hijo. Cura enfermos y salva del Mal a los endemoniados. Y esto es lo que estaba escrito que pasaría cuando llegara el Mesías. Y a pesar de las pruebas claras de la divinidad del hijo del carpintero, muchos no le creyeron.


JESÚS, cuando empiezas a predicar sobre la llegada del Reino de Dios muchos no te creen. Pero otros muchos sí te siguen y creen en Ti. Ayúdanos a ser del segundo grupo... siempre. 



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de enero de 2014

Aquellos Magos que tuvieron fe





Mt 2,1-12

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: '¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle'. En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: 'En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’'.

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: 'Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle'.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

COMENTARIO

Aquellos hombres habían recibido, digamos, el aviso de que el Rey del Universo iba a nacer en una tierra muy lejana a la suya propia. Creen lo que se les dice y se ponen en camino siguiendo la estrella que les llevaría hasta Belén.

El Mal, en la persona de Herodes, siempre trabaja para rechazar al Bien. Por eso quiere saber dónde nacerá el Rey que todos esperan. Pero no lo quiere saber para adorarlo sino para matarlo que es lo que hace cuando conoce que los Magos no han vuelto para decirle nada.

Aquellos hombres se habían convertido al conocer al Niño recién nacido. Vuelven por otro camino a su tierra o, lo que es lo mismo, además del que lo es físico por otro espiritual. Y allí llevarían, seguramente, la noticia, la Buena Noticia.


JESÚS, aquellos hombres que te llevan oro, incienso y mirra saben muy bien que eres el Hijo de Dios. Tuvieron fe. Ayúdanos, hermano y Padre, a no perderla nunca.



Eleuterio Fernández Guzmán


5 de enero de 2014

La Luz y la Palabra



Jn 1,1-18

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él y clama: 'Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo'. Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.”

COMENTARIO

Lo primero que nos dice san Juan en su Evangelio refiere lo que sucedió en el Principio de todo. Dios creaba y el Hijo, la Palabra, permanecía junto a Él. Por y en la Palabra todo se hizo.

La Palabra, la Luz, sin embargo, al venir al mundo no fue recibida por todos sino rechazada por muchos. Y a pesar de eso dio la posibilidad de considerarse y ser hijos de Dios a los que la aceptan pues para serlo hay que aceptar al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Por eso cuando Juan, que bautizaba en el Jordán se da cuenta de que Jesús ha venido enviado por Dios pues fue éste Quien le dijo al Bautista que la señal se cumpliría sobre el Hijo, anuncia la venida de la Palabra y que ese momento tenía que llegar.


JESÚS, Tú permanecías junto a Dios en el mismo momento de la Creación porque eras antes que todo existiera. Ayúdanos a creer en tan gran e importante misterio.



Eleuterio Fernández Guzmán


4 de enero de 2014

Lo dejan todo por Cristo



Jn 1,35-42

“En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: ‘He ahí el Cordero de Dios’. Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: ‘¿Qué buscáis?’. Ellos le respondieron: ‘Rabbí —que quiere decir, ‘Maestro’— ¿dónde vives?’. Les respondió: ‘Venid y lo veréis’. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: ‘Hemos encontrado al Mesías’ —que quiere decir, Cristo—. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: ‘Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas’ —que quiere decir, ‘Piedra’.

COMENTARIO

Qué tendría Jesús que unos hombres, apenas conocerlo quieren seguirle… Jesús les pregunta que qué es lo que buscan. Les pregunta acerca de sus verdaderas necesidades. Y ellos contestan con la verdad: quieren saber dónde vive Él, el Maestro.

Empieza, Jesús, a escoger a los que le han de servir como apóstoles. Muy bien sabe uno de los jóvenes que lo siguió, el propio Juan autor de este evangelio, lo que hizo porque indica la hora exacta en la que sucedió aquello.

Andrés no puede callar aquello que ha escuchado. Sabe que ha visto al Mesías y se lo dice a su hermano Simón. Lo lleva donde Jesús y éste, porque sabe que será muy importante, le cambia el nombre.  Ya no será Simón sino Pedro, Piedra, porque sobre aquella Piedra iba a edificar su Iglesia.


JESÚS,  todos los que te conocen lo dejan todo por Ti. Ayúdanos a no ser como aquellos que no quieren escucharte ni tenerte en cuenta en sus vidas.





Eleuterio Fernández Guzmán


3 de enero de 2014

¿Qué pedir a los Reyes Magos?
















Cuando llega un momento tan importante como es el del nacimiento del Hijo de Dios, muchos acontecimientos van unidos al mismo. Por eso es esencial comprender qué pueden significar en nuestra vida y no tener esto que todos los años recordamos como una fecha más sin importancia en nuestra vida.
Jesús ha nacido. Lo han visitado, digamos, los más pobres del lugar. Por eso unos pastores, avisados por mensajeros celestiales, han acudido a Belén en busca de Aquel que han identificado los ángeles como el Mesías.

Aquellos pobres hombres acuden con ansia de conocer a quien tanto había sido esperado por el pueblo judío que fue, no lo debemos olvidar nunca, el elegido por Dios para transmitir su Palabra. No escogió a otro porque no quiso y quiso que así fuera y, ha de ser, para siempre, tenido eso en cuenta.

Pero también fueron otras muchas personas. Algunas porque les llamaba la atención que en un lugar tan pobre muchos se acercasen. Otros, también es posible, porque intuían algo o algo les había soplado en el corazón el Espíritu Santo… que de todo habría.

Pero entre aquellas personas, tres (se supone que tal número es el correcto por los regalos que llevaban) señores, ataviados con ricos ropajes, acuden también. Quieren adorar a un niño recién nacido porque se les ha dicho que es un Rey. Pero no un rey cualquiera sino el Rey por antonomasia, el Hijo de Dios.

Aquellos Magos o Reyes Magos considerados así por sus especiales conocimientos sobre el devenir de las estrellas, llevan, como hemos dicho y es más que conocido por todos, oro, incienso y mirra. También tenemos una cierta idea de lo que cada uno de tales regalos significa: el oro, el metal del Rey; el incienso, con su significado religioso y la mirra, relativo el sufrimiento que, con el tiempo, soportaría aquel Niño tan tierno que acababa de nacer.

En general, podemos decir que a los Reyes Magos, hoy día, también podemos pedirles regalos. No siempre materiales sino que supongan una entrega de algo que nos gustaría tener y que siempre es deseado. A lo mejor no sabemos cómo alcanzar tales regalos que son bienes preciados para nosotros y, por eso, les pedimos, por ejemplo:

-Paciencia para saber soportar a quienes son difíciles de soportar.

-Misericordia para quienes puedan zaherirnos.

-Amor para comprender al prójimo.

-Entrega propia, de uno mismo, para quien necesite nuestras manos y nuestro corazón.

-Capacidad de darnos cuenta de las necesidades del otro.

-Luz para iluminar el camino que llevamos pues, a veces, vivimos en la tiniebla.

-Ímpetu espiritual para salir de la tibieza en la que solemos vivir.

-Voluntad de llevar a cabo la de Dios en nuestra vida.

Y así podríamos estar un buen rato porque a cada cual se le pueden ocurrir muchas cosas que pedir a aquellos tres que acudieron con fe (creyeron sin ver) e hicieron posible que, cada siglo que ha pasado desde entonces, hayan sido millones y millones de personas las que han esperado, en fechas tan señaladas, un detalle o una atención de parte de quien les quiere.

Gracias a los tres llegados de allende las fronteras del Imperio Romano podemos decir que Dios llega a todas partes y que su voluntad ha de ser cumplida por todos sus hijos o, lo que es lo mismo, por toda la humanidad, creación suya que creó y mantiene.

Por tanto, podemos pedir por nosotros y para nosotros o por otros y para otros. El corazón, que ha de ser bien tierno y de carne y no duro o de piedra, ha de saber lo que, en verdad, necesitamos.

Ahora bien, no se nos olvide dejar algún alimento espiritual para tan dadivosos enviados de Dios al mundo. Por ejemplo, digamos, la promesa a cumplir de ser fieles al Creador y de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Y bien la podemos dejar escrita en nuestra alma, para que ellos la vean y a nosotros no se nos olvide nunca.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina


Aquellos Magos llegados de oriente

ELEUTERIO





Cuando nace el Hijo de Dios, en aquel mismo momento, unos hombres pobres que andan con su ganado cerca de Belén son avisados por un Ángel de que, en efecto, en aquel villorrio ha nacido, nada más y nada menos, que quien todos estaban esperando. 
Ni qué decir tiene que aquellos hombres raudos fueron en busca de su Salvador. Tantos siglos había esperado, generación tras generación, la llegada del Enviado de Dios que ellos no dudaron nada de nada al caminar hacia aquel Niño.
Pero en lugares muy lejanos de aquellas pocas casas que debía constituir el Belén bíblico donde, según las Sagradas Escrituras, iba a nacer el Mesías, algunos sabios habían sido avisados (¿también por el Ángel del Señor?) de que en una tierra muy alejada de sus naciones, iba a nacer alguien a quien debían adorar. Y eso, para unos hombres de ciencia conocedores de muchas realidades ajenas a la gran mayoría de las gentes, era cosa muy a tener en cuenta.
Y se ponen en marcha. Podemos imaginar que no todos partieron del mismo sitio sino que, de diversos reinos se encontraron, siguiendo a la Estrella, en un lugar determinado del camino o, a lo mejor, en algún cruce de sendas de importancia notable donde confluían los que venían de determinados territorios.
Aquellos llamados magos (no por practicantes de magia al uso sino, seguramente, por conocer, científicamente, muchas realidades) podemos decir que tuvieron fe.
En realidad será fácil decir que no conocían en quién debían fijar su creencia y que, por decirlo de una forma sencilla, seguían la estela de la estrella que les había sido indicada. Sin embargo, no podía faltar la confianza que ponían en los signos que habían adivinado de todo lo que estaba pasando entonces o estaba a punto de pasar.
Y caminaron. Siguieron un camino no exento de peligros y lo hicieron en la seguridad de llegar, un día, donde iba a nacer un ser humano muy especial. E Iban a adorarlo pues era Rey.
Es más que conocido que llevaban presentes. Partiendo del conocimiento que nos dice que, en aquella época era impensable que una persona se presentase en casa de una persona considerada superior, socialmente hablando, sin llevar un presente, no es de extrañar que aquellos hombres, por muy de ciencia que fueran, entendiendo que iban a postrarse ante un Rey, llevasen consigo lo que todos sabemos que llevaban.
Cada cual, con un significado propio, le acercó al Niño-Dios su regalo.
Quien llevó oro sabía que lo hacía ante un gran hombre aún pequeño y recién nacido; quien llevo incienso sabía que se encontraría ante una persona muy relacionada con Dios; y quien llevaba mirra estaba en la seguridad de que, como otros hombres, pasarían por graves y dolorosos momentos en su vida de ser humano ordinario.
Los Reyes Magos, los hombres de ciencia, los conocedores de las realidades escondidas a muchos, estaban por encima de otros tantos comportamientos mundanos. Y por eso no dudan en cumplir la misión que se les había encomendado: plantarse ante el Niño y mostrar su sometimiento, gozoso, a Quien se les ha dicho que lucirá por encima de todas las luminarias que hasta entonces han habido en el mundo.
Llegaron a Belén, tras hablar con Herodes y causar, sin ellos saberlo, la muerte de tantos niños inocentes. Y cuando allí encontraron, en aquel pesebre pobre, al Niño cumplieron lo que debían cumplir. Y fueron enviados de Dios para adorar a Quien merecía ser adorado.
Y, como sabemos, volvieron a sus respectivas tierras. Y allí llevaron la narración de cuanto les había pasado y de cómo, el mejor días de sus vidas, se postraron ante un Niño al que, ya, algunos odiaban. Pero ellos, poderosos en conocimiento se hicieron aún más pequeños que aquel recién nacido y supieron ser humildes, abajarse a la altura de Quien nada podía hacer según su situación de nacido. 
Algunos de entre los pastores dijeron, según cuentan por aquellas tierras de Galilea, que los Magos venidos de oriente lloraron como niños cuando se postraron ante el hijo de María. Y aunque eso no ha pasado a la historia, seguro que sí quedó en el corazón de la Madre, ahí, aquella mujer que guardaba todo bien dentro de sí misma.

Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Análisis Digital

El Cordero de Dios presentado por Juan




Jn 1,29-34

“Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios’”.

COMENTARIO

Juan se ha dado cuenta de que Jesús es el Enviado de  Dios, aquel Cordero que, luego, será llevado al matadero. Por eso lo presenta como Quien es y no como aquel hombre, de nombre Jesús que, además, es primo suyo por parte de madre.

Dice Juan que Jesús existía antes que él. Eso, dicho con pensamiento humano, no podría ser posible porque el Bautista nació unos meses antes que el hijo de María. Sin embargo, si hablamos de eternidad y de creación se entiende que, en efecto, el Emmanuel ha estado siempre desde siempre y, por tanto, mucho antes que el Bautista.

Da, también, una pista, sobre Quien le envió a bautizar. Dios mismo le dice lo que ha de pasar y que será de tal forma la que deberá tener en cuenta para identificar a Jesús. Por eso, cuando el Espíritu Santo se posa sobre Jesús sabe que, en efecto, es el Enviado de Dios.


JESÚS, tu primo Juan cumple con la misión que tenía encomendada. Ayúdanos a tenerlo siempre presente en nuestra vida y a no olvidar lo que dijo acerca de enderezar los caminos del Señor.





Eleuterio Fernández Guzmán



2 de enero de 2014

La voz que clama en el desierto y cumple la voluntad de Dios



Jn 1,19-28

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron adonde estaba él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: '¿Quién eres tú?'. El confesó, y no negó; confesó: 'Yo no soy el Cristo'. Y le preguntaron: '¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?'. El dijo: 'No lo soy'. '¿Eres tú el profeta?'. Respondió: 'No'. Entonces le dijeron: '¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?'. Dijo él: 'Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías'.

Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: '¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?'. Juan les respondió: 'Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia'. Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.”


COMENTARIO

Juan el Bautista sabía que la misión que estaba cumpliendo era voluntad de Dios, que pronto vendría el Mesías y que era a él a quien le había correspondido presentarlo al mundo a través de aquel bautismo. Pero muchos no sabían a qué atenerse.

Los enviados de los fariseos debían volver a sus enviantes con alguna respuesta pues no habrían entendido que nada le dijesen de aquel que parecía ser el Enviado de Dios. Sin embargo Juan sabe que no lo es y que sólo cumple con la misión de tratar de enderezar los caminos que llevan a Dios.

Sabía Juan que el Enviado de Dios ya estaba en el mundo. Incluso dice que está entre los que le preguntan porque debe tener alguna información, digamos, “secreta”, de parte del Espíritu Santo. Por eso sabe que él no es nada y que quien tiene que venir lo es todo.

JESÚS, tu primo sabe a ciencia cierta que no es el Mesías. Por tanto tiene el conocimiento de que has de venir y presentarte al mundo para cumplir con la misión encomendada por Dios. Ayúdanos a esperar tu segunda venida y estar preparados para ello.,



Eleuterio Fernández Guzmán


1 de enero de 2014

María, José y Jesús



Lc 2,16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.”

COMENTARIO

Los pastores, fieles a lo que les habían dicho los ángeles, acuden a Belén para ver al Niño que acababa de nacer. Creyeron en el Mesías antes de verlo porque su fe era sencilla y confiaba en los mensajes de Dios.

María, Madre de Dios sabía que todo aquello que estaba pasando era muy especial. Lo fue la Encarnación y, luego, lo que sucedía. Por eso todo lo meditaba y aprendía de ello.

María y José eran judíos que cumplían con las leyes de los hombres y con las de Dios. Por eso acuden al Templo en el momento oportuno para cumplir con la ceremonia de circuncisión de Jesús que fue el nombre que le pusieron cumpliendo, otra vez, el mandato de Dios.


JESÚS, tus padres cumplían con las leyes porque sabían que era la voluntad de Dios. Ayúdanos a no olvidarlo nunca.




Eleuterio Fernández Guzmán