24 de agosto de 2011

¡Ver, sólo, lo real!



Miércoles, 24 de agosto de 2011


Jn 1,45-51

“En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: ‘Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret’. Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’. Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás’. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’.


COMENTARIO

Natanael debía ser un buen judío y verdadero cumplidor de la Ley de Dios. Sin embargo, también actuaba como hombre, como ser pegado a la tierra en la que habita.

Ver algo extraordinario le produjo a Natanael la sensación de estar, en efecto, ante una persona que era algo más, mucho más, que uno de sus semejantes. Quien podía decir dónde había estado sin haberlo visto físicamente tenía un poder que era algo no muy común.

Pero Jesús dice que eso que le hace ver cosas importantes, en realidad no es nada porque lo que han de ver sí que será, de verdad, digno de ser tenido en cuenta: ver al Hijo del hombre volver del definitivo Reino de Dios para juzgar a vivos y muertos.


JESÚS, lo que, de verdad, importa no es lo que mundanamente podamos considerar de lo que haces o dices. Lo que, en verdad, importa es reconocerte Hijo de Dios, Dios mismo hecho hombre y actuar en consecuencia.





Eleuterio Fernández Guzmán

23 de agosto de 2011

Lo que importa de la Ley de Dios

Martes XXI del tiempo ordinario


Mt 23,23-26

“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!’.



COMENTARIO

Jesús no ceja en el empeño de hacer cumplir la Ley de Dios. Para eso vino y, como Él mismo diría, tenía que cumplirse hasta la última tilde de la misma. Pero hacer eso supone poner a disposición del Creador el mismo corazón.

Es cierto que se llega a tergiversar tanto la voluntad de Dios que acaba por no serlo. Por eso critica tanto Jesucristo lo que hacen aquellas personas y que no es otra cosa que hacer que sea más importante lo que es, en realidad, menos.

Justicia, misericordia y fe. Son tres realidades espirituales y, también, materiales en cuanto se plasmen en la realidad de las personas, que no se tenían en cuenta. Para eso Jesús vino y por eso, precisamente por eso murió de muerte de cruz.



JESÚS, tu querías, siempre, que comprendiésemos la verdadera, la única, voluntad de Dios. Sin embargo, nosotros, tus discípulos (o que nos hacemos llamar así) no nos conviene mucho o, mejor, hacemos que no nos convenga porque nos viene mejor la falta de justicia para satisfacer nuestro egoísmo, la falta de misericordia para imponer nuestro criterio y, con todo, la falta de fe, que sostiene a una y otra virtud.





Eleuterio Fernández Guzmán

22 de agosto de 2011

Hipócritas

Lunes XXI del tiempo ordinario



Mt 23,13-22



“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él’”.



COMENTARIO


No había venido Jesús a ser complaciente con los poderosos espiritualmente hablando. Tenía que hacer cumplir la voluntad de Dios, su Ley, y, por eso mismo, dice lo que no gusta a muchos de los que le escuchan.


A Jesucristo no le gusta que cuando alguien está tratando de cumplir la voluntad de Dios haya personas que obstaculicen lo que tratan de hacer. Si, además, tales personas son las que se supone entienden de la ley del Creador es mucho peor.


Si había algo que molestaba mucho a Jesús era el comportamiento hipócrita de muchos que se decían creyentes pero que, a la hora de la verdad, no eran más que embaucadores de los fieles de Dios que los llevaban por el camino equivocado.




JESÚS, cumplir la voluntad de tu Padre era, y es, lo más importante que un fiel discípulo tuyo puede hacer. Por eso no puede ser del agrado de Dios que se haga como que se cree pero, en realidad, no se sigua su voluntad. Nosotros, a veces actuamos, además, como si el Creador no nos viera y no conociera nuestro corazón.




Eleuterio Fernández Guzmán

20 de agosto de 2011

Cristo, Guía y Pastor

Sábado XX del tiempo ordinario

Mt 23,1-12

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.
‘Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Guías’, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’.

COMENTARIO

Muy bien dice Jesucristo que tenían que hacer lo que los entendidos en la Ley de Dios les decían que tenían que hacer pero que, sin embargo, no hicieran lo que hacían. Esto, seguramente, sería porque no concordaba una cosa con la otra. Poco amor donde tenía que haber amor y mucha soberbia donde tenía que haber humildad.

Cristo es a quien hay que seguir porque es un buen guía y es un buen pastor: es buen Guía porque comunica el camino a seguir para llegar al definitivo Reino de Dios; es buen Pastor porque conduce a sus ovejas sin perder a ninguna y, en caso de perderla, va a buscarla y la regresa al redil de donde no debió salir.

Servir, ser servidor de los demás, del prójimo, es uno de los mensajes que dejó Cristo para que sus discípulos cumpliésemos con él. No cabe, por lo tanto, querer ser servido sino, como dijo Él mismo, servir.


JESÚS, querías que te siguieran porque eras, eres, buen guía y buen pastor. Muchas veces, sin embargo, no hacemos caso de las indicaciones que nos das y miramos, exclusivamente, desde nuestro egoísmo. Entonces nos apartamos de tu persona y, así, de Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán

19 de agosto de 2011

Lo mandado por Dios

Viernes XX del tiempo ordinario


Mt 22,34-40

“En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’. Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’.


COMENTARIO


Aquellos fariseos que preguntaron a Jesús sobre lo más importante en la Ley de Dios querían tenderle una trampa porque no querían saber que era el mismo Creador hecho hombre. Obtienen, sin embargo, una respuesta que les ponía en una difícil situación… exactamente como a nosotros.

Amar a Dios y amar al prójimo es expresión de lo que más importa en la Ley de Dios. Sin embargo, una cosa es decirlo de boca para afuera y otra, muy distinta, sentirlo en el corazón.

Se ama a Dios cuando se le tiene en cuenta para tomar decisiones; se ama al prójimo cuando no se murmura sobre el mismo, cuando no se siembra falso testimonio sobre el mismo y cuando, al fin y al cabo, se le perdona al igual que nosotros pedimos el perdón a Dios.


JESÚS, muy difícil se lo ponías a los que te preguntaban sobre la Ley de Dios y sobre qué era lo más importante. Amar al Creador y el prójimo no siempre resulta fácil para los hijos de Dios que tienen a Quien los creó en poco importante para sus vidas y a su prójimo como a alguien a quien mirar mal las más de las veces. Y eso no lo quiere Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán

18 de agosto de 2011

Cada cual se escoge a sí mismo para la vida eterna

Jueves XX del tiempo ordinario

Mt 22,1-14

“En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.


‘Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos’”.

COMENTARIO

Si hay algo que es más que cierto es que la fe se confiesa cuando quien la tiene quiere seguir teniéndola. A nadie se le obliga a tener fe en Cristo ni se le obliga a creer en Dios Todopoderoso y Creador de lo visible a invisible.

Como creencia no es obligatoria sí, al menos, se exige, que cada cual sea testigo de su propio devenir filial con relación a Dios Padre. Por eso cuando Quien todo lo sabe sale en busca de las personas para acercarlas a su corazón, espera que se le responda de una forma, al menos, agradecida: “Quien te creó sin ti, no te salvará sin ti”, dijo san Agustín.


Es bien cierto que la vida eterna ha sido ganada por Cristo con su muerte de cruz pero no puede ser falso que cada cual puede llegar al definitivo Reino de Dios según haga en este mundo. Cuando Cristo dice que hay que estar preparados porque no se sabe cuándo llegará el dueño de la casa quiere decir, exactamente, eso: estar preparados y no hacer como si no fuera con nosotros tal momento espiritual.



JESÚS, quieres que estemos preparados para cuando sea la llamada de Dios que nos quiere a su lado como un padre quiere a sus hijos. Nosotros, muchas veces, no queremos escuchar la voz del Creador porque puede distorsionar nuestra mundana forma de vivir. Pero Él insiste porque siempre nos quiere a su lado. Nos invita a su fiesta y no deberíamos rechazar, no nos conviene, tal invitación.





Eleuterio Fernández Guzmán

17 de agosto de 2011

Ser últimos para ser los primeros

Miércoles XX del tiempo ordinario

Mt 20,1-16

“En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.


‘Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos’”.


COMENTARIO

Es más que probable que en nuestro mundo, en alguna ocasión, se nos haya presentado la ocasión de ocupar el primer lugar en algo mundano. No podemos decir, con casi toda seguridad, que no nos haya gustado ocuparlo.

Para Jesús las cosas son diferentes y, claro, para Dios, también. Ocupa el primer lugar en el definitivo Reino del Creador aquel que se queda para ser de los últimos. Y esto no por una falsa modestia sino por un sentir que deber ser servidor del resto de hermanos, o no, en la fe.

“Los últimos serán los primeros y los primeros, últimos” es algo, para el mundo y la mundanidad, difícil de aceptar. Se prefieren los primeros lugares de lo necio antes que los últimos de la verdad y la entrega a los demás.


JESÚS, bien sabías que lo mejor es ser último en la relación con los demás pero sabiendo lo que esto quiere decir: servir, no ser servido, era tu forma de actuar y de ser. Tal situación la quieres para tus discípulos que estamos, la mayoría de las veces, a otras cosas que en realidad no nos convienen para la vida eterna.




Eleuterio Fernández Guzmán

16 de agosto de 2011

Cristo cumple lo que promete

Martes XX del tiempo ordinario

Mt 19,23-30


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: ‘Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’.


Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’. Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’”.


COMENTARIO

Cuando Jesucristo habla así a sus discípulos lo hacen para que no se lleven a engaño: seguir al Hijo de Dios es dificultoso y requiera más de un sacrificio; además, no serán bien vistos por casi nadie.

Cristo habla de una “regeneración” o, lo que es lo mismo, que en determinado momento todo se volverá a generar y se producirá una nueva creación, un nuevo mundo devendrá y sustituirá al que ya será viejo. Y esto será en la Parusía cuando Cristo vuelve en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos.

Para tal momento no podemos esperar llegar sin ningún tipo de equipaje del alma. Esto lo que quiere decir es que tenemos que estar preparados porque no sabremos cuando llegará el Señor de nuestra casa. Si, entonces, somos o son los primeros de la sociedad los que, en realidad, no siguen la voluntad de Dios... será el llanto y el rechinar de dientes.



JESÚS, muchas veces avisas a tus discípulos del porvenir. Les dices, sobre todo, cómo tiene que comportarse, qué camino tienen que seguir y, sobre todo, cómo no deben actuar para que, cuando sea el momento oportuno y vengas en tu segunda venida estemos preparados. Sin embargo, muchas veces no nos interesa y miramos para otro lado.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de agosto de 2011

La fe de María

La Asunción de la Virgen María


Lc 1,39-56

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.

Y dijo María: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa."



COMENTARIO

Cuando el Ángel del Señor anunció a María, y aceptó ésta, la voluntad de Dios, partió hacia donde vivía su prima Isabel. Iba para ayudarla en sus últimos meses de embarazo.

La fe que tiene la Virgen María es recompensada por Isabel. El Espíritu Santo ha soplado en su corazón la admiración por aquella joven que llevaba en su seno al Salvador del mundo, Señor del mismo.

Y María responde de una forma no menos importante. Recuerda lo hecho por Dios a favor de su pueblo elegido y lo que el Creador hace por quien tiene fe y cumple su voluntad. Ella así lo hizo y, desde entonces, todas las generaciones, como dice María, la han llamado bienaventurada.


JESÚS, tu madre era el gran amor de tu vida. Cuando fue a casa de tu tía Isabel y quedaban unos meses para que naciera tu primo Juan, que sería quien te bautizara, el Bautista hizo señales de que conocía tu presencia.




Eleuterio Fernández Guzmán

14 de agosto de 2011

Confiar, tener fe

Domingo XX (A) del tiempo ordinario

Mt 15,21-28

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: ‘Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo’. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: ‘Atiéndela, que viene detrás gritando’. Él les contestó: ‘Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel’. Ella los alcanzó y se postró ante Él, y le pidió de rodillas: ‘Señor, socórreme’. Él le contestó: ‘No está bien echar a los perros el pan de los hijos’. Pero ella repuso: ‘Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos’. Jesús le respondió: ‘Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija."


COMENTARIO


No puede negarse que la fe se demuestra cuando se hace efectivo que se tiene. No es exagerado pensar, entonces, que aquella mujer cananea que salió al encuentro de Jesús, tenía fe porque tenía confianza en el Señor.


Pide para otra persona y no para sí misma lo que hace importante el amor que tiene por su hija y, a los ojos de Cristo, se muestra interesada, por querencia, por la curación de la misma. Y está segura que Jesús la sanará de aquel demonio que la trae a mal vivir.


Jesús sabe que aquella mujer tiene fe. Es más, le parece que tiene mucha porque así lo dice: “Qué grande es tu fe”. Y es grande porque cree en Él y le basta que diga que se cure su hija para que, con el poder de Dios, en efecto, se cure. Y así pasa porque la fe siempre tiene buena recompensa para el creyente.


JESÚS, la confianza en Dios es muy importante de cara a dirigirse al Padre porque no es posible entender que una persona pueda querer demandar algo al Creador y, al mismo tiempo, tenga un corazón oscuro y cerrado al Padre. Quien tiene confianza en Cristo sabe que puede ir tras Él y que será, siempre, bien recibido. El problema es que, en muchas ocasiones, no queremos seguir al Hijo de Dios sino alejarnos al saber que pasa por nuestra vida o cerca de ella.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de agosto de 2011

Ser niños

Sábado XIX del tiempo ordinario

Mt 19,13-15


En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos’. Y, después de imponerles las manos, se fue de allí".


COMENTARIO

Jesús tenía un amor muy especial por los desfavorecidos. Los niños, eran, junto a la mujer y a las personas que tenían determinadas enfermedades, los que más sufrían el apartamiento social por no ser muy tenidos en cuenta.

A Jesús le gustaba que los niños se le acercaran. Comprendía que su inocencia y su, aún, no violentado espíritu por las cosas del mundo, era un campo donde poder sembrar con seguridad de obtener buen fruto para el espíritu.

El Reino de los cielos está reservado para quien es como un niño. Con esto lo que quería dar a entender el Hijo de Dios es que deberíamos tener un comportamiento lo más parecido a lo que, en inocencia y sometimiento a los padres, tiene el niño. Sólo así nuestra vida podrá ser entendida como provechosa y no perdida.




JESÚS, los niños querían que les contaras cosas, que les dijeras lo que de bueno veías en ellos. Con corazón aún de carne y no corrompido por las mundanidades, avaricias y egoísmos sin sentido y sin fin, podían ser vistos como aquellos que serían muy bien recibidos en el Reino de tu Padre. Por eso nos pides que seamos como ellos aunque, muchas veces, lo olvidamos porque no nos conviene.



Eleuterio Fernández Guzmán

12 de agosto de 2011

Lo que Dios dice

Viernes XIX del tiempo ordinario

Mt 19,3-12

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’.

Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’.

Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’".

COMENTARIO

Es bien cierto que cuando dijo Jesús que no había venido a derogar la Ley de Dios sino a darle perfección era porque había sido tergiversada por el pueblo que el Creador había elegido.
Pone ejemplos. Ahora éstos, pero en otras ocasiones pone otros para que se viera que el sentido de la norma divina no era el que todos tenían como bueno. Por ejemplo, en el tema del divorcio que Dios no entiende posible porque la criatura no puede ir contra lo establecido por el Creador.
Jesús habla, aquí, del celibato. Es cierto que no todos estamos preparados para ser célibes y dedicar todas nuestras fuerzas a Dios. Sólo aquellos a los que Dios concede tal don pueden, añadiendo esfuerzo personal, seguir el celibato.


JESÚS, la Ley de Dios no era fácil de cumplir. Por eso los hombres la adaptaron a sus particulares circunstancias y egoístas necesidades. Querías que la norma que tu Padre estableció como buena fuera la que tuviera en cuenta pero a veces, incluso ahora, no hacemos caso a lo que Dios quiere sino a lo que nosotros nos interesa.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de agosto de 2011

Como perdonamos a los que nos ofenden...

Jueves XIX del tiempo ordinario


Mt 18,21—19,1

“En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

COMENTARIO

Lo que cuenta Jesús a los que le oyen es importante, como siempre, para nuestras vidas. No está dicho para llenar el tiempo o, simplemente, para mostrarse especialmente inteligente: está dicho por el Mesías.

Pedimos a Dios, en la oración que Cristo enseño a sus apóstoles, que nos perdone las ofensas porque a lo largo del día, a lo largo de una vida, son muchas las veces que ofendemos al Creador. Pedimos en la seguridad de que seremos perdonados.

Nosotros, además, debemos cumplir con la otra parte de tal petición que dice “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. El perdón es una forma especial, una concreción de la caridad porque demostramos tener un corazón de carne y no de piedra. Perdonar de corazón es, además, requisito indispensable para que el perdón sea efectivo.


JESÚS, querías que perdonásemos de corazón. No es una forma más de perdonar sino, siempre, la única que, en puede tener validez para Dios porque si perdonamos sólo con los labios sin tener en cuenta lo que sale de dentro (que es lo que cuenta para Dios) sólo estamos mintiendo sobre nuestros sentimientos y sobre nuestra verdadera voluntad.





Eleuterio Fernández Guzmán

10 de agosto de 2011

Morir para vivir para siempre

Jn 12,24-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará’".

COMENTARIO


Morir para ser. Debió resultar difícil de entender para los que acompañaban a Jesús que les dijera que para poder vivir antes tenían que morir porque no resulta fácil comprender tan extraño acontecimiento.


El hombre viejo, el ser humano que se apega a lo que tenía siendo aquello de poco provecho para la vida eterna debe dejar aquellas viejas cosas en el tiempo pasado y venir a ser un hijo de Dios nuevo, el odre también nuevo la savia del corazón de Cristo.


Jesús promete honra por parte de Dios en caso de seguirlo a Él. A falta de comprensión acerca de su naturaleza divina y de su ser Él mismo el Creador decir que seguirlo supone ganarse la confianza de Dios es, en efecto, una forma de acercar la verdad a sus discípulos.


JESÚS, querías que te siguieran conociendo la verdad. Por eso les dice que Dios honra a quien te sigue pero que, para eso, hay que dejar lo viejo en el pasado y mirar con nuevos ojos y nuevo corazón, de carne, hacia lo que es el ahora mismo. Olvidarse, como en otro momento dirías, incluso, de lo más querido.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de agosto de 2011

Sobre niños y pastores

Martes XIX del tiempo ordinario

Mt 18,1-5.10.12-14


En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: ¡¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?¡. Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: ¡Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños".


COMENTARIO

Jesús había venido para tener en cuenta a los más desfavorecidos. Los niños no eran muy bien considerados en su tiempo porque se les tenía por poca cosa y poco útiles. Pero su inocencia y su amor incondicional hacia los padres era tenida muy en cuenta por el Maestro.


Entrar en el definitivo Reino de Dios era cuestión de mostrar la misma inocencia que los niños y, sobre todo, la misma confianza que los más pequeños demuestran con relación a sus padres.

Son, en cierto modo, como la oveja perdida, perdida por los demás, que busca el pastor. No la encuentra si no va a por ella en su busca porque le interesa devolverla a su redil. Por eso Dios no quiere que se pierda ningún pequeño… que se pierda para su Reino de Amor y de Misericordia.


JESÚS, los niños eran, seguramente, de las personas que más querías. En ellos veías la inocencia y la entrega sin condiciones a su amor infantil pero profundo. No querías que se perdieran y, por eso mismo, recomendabas ser como ellos. Sabemos, por eso mismo que estando con los niños estamos en tierra sagrada porque Dios los quiere mucho.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de agosto de 2011

Aunque la verdad pueda doler

Lunes XIX del tiempo ordinario

Mt 17,22-27

"En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará’. Y se entristecieron mucho.

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: ‘¿No paga vuestro Maestro el didracma?’. Dice Él: ‘Sí’. Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: ‘¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?’. Al contestar Él: ‘De los extraños’, Jesús le dijo: ¡Por tanto, libres están los hijos! Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti’
".



COMENTARIO

Jesús quería que sus discípulos, aquellos que él había escogido de entre sus semejantes, para que fueran testigos directos de su enseñanza conociesen la verdad de la verdad, supieran lo que le iba a suceder: iba a ser maltratado, incluso morir de mala forma pero, luego, resucitaría.

Ellos se entristecen porque no se pueden imaginar la vida sin Jesús, aquel hijo del carpintero que había demostrado, muchas veces, que estaba muy cerca de Dios. Con sus obras y sus palabras les había mostrado el camino recto para ir a definitivo Reino de su Padre.

A pesar de que Jesús no tenía, por ser Dios hecho hombre, que cumplir la ley de los hombres, sabe y enseña que sus discípulos han de atenerse a lo que la misma diga.



JESÚS, no querías que tus apóstoles ignorasen lo que iba a ser tu vida inmediata. Seguramente les dolieron mucho aquellas palabras pero también es cierto que un Maestro sólo puede desear el bien para sus discípulos y tu muerte era el paso previo a tu Resurrección.




Eleuterio Fernández Guzmán

7 de agosto de 2011

Confiar; tener fe

Domingo XIX (A) del tiempo ordinario

Mt 14, 22-33

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ‘¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua’. Él le dijo: ‘Ven’. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: ‘Señor, sálvame’. En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?’. En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: ‘Realmente eres Hijo de Dios’
”.


COMENTARIO

El episodio de la barca y de Jesús que anda sobre las aguas y todo lo que pasa entorno al mismo es síntoma de muchas cosas. No todas son buenas para los creyentes.

Pedro es el discípulo que muchas veces responde a las preguntas de Jesús porque es que más se atreve a contestarlas. Es, digamos, el primero entre ellos y, por eso mismo, se lanza al agua. Lo hace, eso es cierto, pidiendo a Jesús que le mande ir hacia Él.

Pedro no tiene suficiente fe. Aunque enseguida, tras oír que Jesús le ordena que vaya hacia Él, se tira al agua, el miedo humano es más fuerte que la confianza que debía tener en el Maestro. Y se hunde en su falta de fe. Jesús, sin embargo, le salva, otra vez, del abismo.


JESÚS, ¡Cuánto hubieras querido que Pedro no hubiera tenido miedo! De haber tenido suficiente fe te hubiera alcanzado sobre las aguas caminando como tú lo hacías. Desconfiar en la voluntad de Dios no puede ser buena cosa para un hijo del Creador.


Eleuterio Fernández Guzmán

6 de agosto de 2011

Transfiguración de Cristo

La Transfiguración del Señor


Mt 17,1-9


En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’.


Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: ‘Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle’. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: ‘Levantaos, no tengáis miedo’. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos’.



COMENTARIO


En el episodio de la Transfiguración del Señor Pedro se comporta como un hombre. Él quiere quedarse allí porque está a gusto con los profetas y con Cristo. No comprende lo que significa tal momento para su alma y para el resto de la humanidad.

Dios se dirige a los tres discípulos que allí se encuentran. Les dice lo mismo que dijo en el momento del Bautismo del Mesías: Jesucristo es su hijo, el amado, y por eso mismo deben, debemos, escucharlo. Es, por lo tanto, la expresión de la voluntad de Dios: hay que escuchar y seguir a Cristo.

Ciertamente los discípulos allí presentes (Pedro, Santiago y Juan) no comprenden muy bien lo que ha pasado aunque se siente bien. Seguramente tampoco entendieron lo que sobre la resurrección de Cristo les dice el Maestro. Esperarían hasta su muerte y luego comprenderían todo.


JESÚS, cuando te transfiguraste ante tus discípulos lo hiciste par que comprendieran lo que iba a ser tu inmediato futuro. Les dices que no digan nada porque, aún, nada comprenden y, seguramente, harían mal en decir lo que habían visto. Lo guardarían en su corazón hasta el momento de tu resurrección. Ayúdanos a acatar la voluntad de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

5 de agosto de 2011

Salvar la vida

Viernes XVIII del tiempo ordinario


Mt 16,24-28


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino’".


COMENTARIO

El reto que les plantea, que nos plantea, Jesús a sus discípulos no es nada fácil. Seguirlo a Él puede tener consecuencias, en cuanto a lo humano, funestas para el seguidor y, por lo tanto, hay que pensar muy bien lo que se hace antes de tomar tal decisión.


Perder la vida. Resulta dificultoso que una persona acepte, aquí, en este mundo, el hecho de perder la vida que lleva. En realidad no se pierde sin más sino que se pierde para ganarla para siempre.

Sin embargo, no se suele aceptar con gusto (así es la fe débil) que dejemos de ser aquí para serlo en la eternidad cuando lo que se toca y conoce es esto que tenemos.



JESÚS, seguirte a ti puede suponer tener muchas dificultades si es que se quiere hacer un seguimiento como quieres que se haga. Sin embargo, sabes que esta vida es materia y que sólo vale la pena la vida eterna que Tú ofreces.

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de agosto de 2011

¿Quién es Jesucristo para nosotros?

Jueves XVIII del tiempo ordinario

Mt 16,13-23

“En aquellos días, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’. Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’. Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’”.


COMENTARIO

Jesús quería saber qué tenían sus discípulos en su corazón. Por eso les pregunta y por eso mismo Pedro contesta con la verdad: es el Hijo de Dios vivo. Vivo dice quien sería, a partir de entonces el primer Papa de la Iglesia luego llamada católica.
Jesús también nos pregunta a nosotros mismos quién es Él para nuestra vida. No pregunta por preguntar sino para ver qué de lo que decimos lo llevamos a nuestra existencia y cuánto de lo que decimos con la boca lo sentimos de corazón.
Tenemos, al igual que le pasa el mismo Pedro, a Satanás vigilando lo que hacemos para ver qué trampa nos tiende que nos sirva para alejarnos de Cristo y, así, de Dios mismo. Seríamos, así, sólo hijos del mundo pero no de Jesucristo.

JESÚS, quieres que te sigamos pero con todas las consecuencias. Por eso querías que te dijeran quién eras para tus discípulos y, también, a nosotros mismos nos haces la misma pregunta: ¿Quién dices que soy yo? Y contestamos, con los labios lo mismo que dijo Pedro pero, a veces, no demostramos que creemos lo que decimos y pecamos, gravemente, contra el Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán

3 de agosto de 2011

Necesaria fe

Miércoles XVIII del tiempo ordinario

Mt 15,21-28

"En aquel tiempo, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: ‘¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada’. Pero Él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: ‘Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros’. Respondió Él: ‘No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel’. Ella, no obstante, vino a postrarse ante Él y le dijo: ‘¡Señor, socórreme!’. Él respondió: ‘No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’. ‘Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos’. Entonces Jesús le respondió: ‘Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas’. Y desde aquel momento quedó curada su hija".


COMENTARIO


Aquella mujer que seguía a Jesús tenía confianza en su persona y en lo que podía hacer. Seguramente había tenido noticias de Aquel que curaba a los enfermos y sanaba los corazones de los pecadores y acudió al hijo del carpintero.

Lo que más aprecia Jesús es la fe. Nunca deberíamos de olvidar lo que es tan importante en el Reino de Dios. Por eso trata de poner a prueba a la mujer que le pide curación para su hija. Sabe que es una oveja perdida a las que ha venido a salvar.

Aquella mujer sabe que sólo con un poco, con casi nada, de lo que pueda hacer Jesús, su hija quedará curada y saldrá aquel demonio de su interior. Busca lo mínimo, al menos algo de misericordia del corazón del Hijo de Dios y la obtiene. Era grande su fe porque confió en la voluntad de Cristo.


JESÚS, aquella mujer no rogaba por ella misma sino para que su hija sanara de la posesión de un demonio. Pidió con fe porque confió en Ti y, por eso mismo, obtuvo lo que tanto deseaba. Tú, con su Amor y Misericordia sanaste como sanas el corazón de los que, con verdad y franqueza se dirigen a Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de agosto de 2011

Confiar en Cristo

Martes XVIII del tiempo ordinario

Mt 14,22-36

En aquellos días, cuando la gente hubo comido, Jesús obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.

La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino Él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’, y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús
diciendo: ‘¡Animo!, que soy yo; no temáis’. Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir donde tú sobre las aguas’. ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’. Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’. Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios’".

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.


COMENTARIO

Jesús no dejaba de sorprender a sus discípulos, a aquellos que se comportaban como hombres más preocupados por cosas mundanas que por realidades divinas. Los pone a prueba y, como era de esperar, alguno de ellos, ahora también falla.

La fe era, como es lógico pensar, muy importante para el Hijo de Dios. Es más, era lo que más le importaba de entre lo que se pudiera hacer o pensar. Por eso muchas veces curó apoyándose en la confianza que algunas personas le mostraban a su persona. Pero Pedro no tenía suficiente.

Cuando Jesús dice “hombre de poca fe” quiere decir, exactamente, lo que dice. No tenía, Pedro, la suficiente como para confiar en que nada le pasaría. Estaba cerca de Jesús y, sin embargo, lo sustenta su misma humanidad que le hace, al fin, caer al agua. Luego, de la mano de Jesús regresaron a la barca porque ir de la mano del Hijo de Dios es la mejor garantía de paz y tranquilidad.

JESÚS, querías que Pedro tuviera confianza en Tu persona. Acudió a ti pero, al parecer, tenía una fe débil. Eso tú lo sabías y, por eso mismo, le tiendes la mano para que se salve, esta vez y las que vendrán, del mundo en el que vive con miedo al mismo.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de agosto de 2011

Lo que puede la fe

Mt 14,13-21

En aquel tiempo, cuando Jesús recibió la noticia de la muerte de Juan Bautista, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras Él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.

Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: ‘El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida’. Mas Jesús les dijo: ‘No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer’. Dícenle ellos: ‘No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces’. Él dijo: ‘Traédmelos acá’.

Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños".


COMENTARIO

Jesús, como hombre que era, se entristece por la terrible muerte de su primo Juan, quien lo bautizó. Se retira porque es de entender que necesitara un tiempo, aunque fuera escaso, de silencio. Pero, incluso entonces, tampoco descansa.

Siente compasión. El Hijo de Dios se sabe hermano de aquellos sus semejantes creados por su Padre. No puede hacer otra cosa que ayudarles y salir en su defensa y, en tal caso, dirigirse al Padre para pedir un hecho extraordinario.

Había pedido a sus discípulos que les dieran de comer. Ellos, sin embargo, parece no tenían suficiente fe como para poder mover aquella montaña de personas. Jesús sí la tenía y, con la misma, ora y obtiene lo que tanto necesitan los demás. No pidió para Él sino para los demás.



JESÚS, con tu Amor, grande y misericordioso, te repusiste a la muerte del Bautista y te pusiste manos a la obra. Orar al Padre y obtener el alimento fue todo uno. Dios, que escucha a quien le ama, no podía hacer otra cosa.


Eleuterio Fernández Guzmán

29 de junio de 2011

¿Quién es Cristo?

Mt 16,13-19

“En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.


COMENTARIO


Jesús estaba interesado por saber qué pensaban sus contemporáneos de él porque quería conocer si habían aceptado su mensaje y si seguirían su ejemplo.

Había mucha dispersión en las personas que contestaban a la pregunta ¿Quién dice la gente que soy yo? Unas personas decína una cosa y otras, otra porque, en realidad, no conocían, de verdad, a Jesús.

Pedro sí supo qué responder. Inspirado por el Espíritu Santo contesta exactamente lo que Jesús quería escuchar. Le da, por eso mismo, las llaves de su Iglesia, para que pastoreara a su grey.



JESÚS, entregaste a Pedro las llaves de Tu Iglesia. Por eso, desde entonces hasta hoy mismo, el Papa ha sido tu Vicario en la tierra, tu representante, a quien debemos seguir los que nos consideramos hijos de Dios y hermanos tuyos aunque hay algunos creyentes que tienen, para su desgracia, otra forma de pensar.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de junio de 2011

No es fácil ser cristiano

Mt 8,18-22

“En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: ‘Maestro, te seguiré adondequiera que vayas’. Dícele Jesús: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. Otro de los discípulos le dijo: ‘Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Dícele Jesús: ‘Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos’.

COMENTARIO

Jesús solía poner, como se suele decir, las cartas sobre la mesa. Nada de engaños ni de complacencias con el ego que cada cual pudiera tener.

Seguir a Cristo no era cosa fácil. Para empezar, ignoraban dónde y qué iban a comer cada día porque no era tal la primera preocupación del Maestro. Dios proveía y eso, para su Hijo, es más que suficiente. Pero no, claro, todas las personas pensaban lo mismo.

Seguir pensando de la vieja manera, de odre viejo, no era posible para contener el vino nuevo de la Nueva Alianza. Dejar lo muerto atrás y abrazar la nueva vida era la única forma de seguir, de verdad, a Jesucristo.


JESÚS, tu doctrina era dura porque no comprendía el manifestarse de acuerdo con el mundo y sus conveniencias. Seguirte a ti era, es o supone, un sacrificio humano en beneficio del alma. Sin embargo, muchas veces, nosotros mismos no estamos en la seguridad de querer seguirte de tal manera.



Eleuterio Fernández Guzmán

Confiar en Cristo

Mt 8,23-27

“En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Díceles: ‘¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?’. Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ‘¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?’”.

COMENTARIO


Es bien cierto y seguro que esto pasa que en muchas ocasiones de nuestra vida nos encontramos, eso podemos pensar, solos ante el peligro. Bien sea una tentación o el no saber si algo lo vamos a hacer bien o mal.

Aquellos discípulos se encontraban en una situación nada buena. El agua se agitaba y sentían como peligraban sus vidas. No tuvieron demasiada confianza en Jesús y manifestaron un miedo muy humano.

Jesús les amonesta porque les llama “hombres de poca fe”. Seguramente lo hace porque sabe que, en efecto, tienen poca confianza en el Hijo del hombre y no saben hasta qué punto puede dominar la naturaleza. Aquello, seguramente, les sirvió para aprender algo muy importante.

JESÚS, siempre pediste, y pides, que mantengamos una actitud de confianza hacia quien es el Hijo de Dios y hermano nuestro. Sólo la fe, tal forma de comportarse, nos puede salvar aunque a veces no estemos por la labor de manifestar demasiada fe.




Eleuterio Fernández Guzmán

26 de junio de 2011

Cuerpo de Cristo

Jn 6,51-58

“En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: ‘Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’.

Discutían entre sí los judíos y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’”


COMENTARIO


Es bien cierto que las palabras de Jesús referidas a comer su cuerpo son de una dureza difícilmente igualable. No extraña, por lo tanto, que muchos de los que oían se llevaran las manos a la cabeza. Exactamente pasa lo mismo al referirse a su sangre.


El cuerpo y la sangre de Cristo, son, como sabemos, la constatación de presencia verdadera, real y sustancial del Hijo de Dios en las especies pan y vino. A eso se refería Jesús cuando dijo aquello que tanto preocupó a más de uno.


Sólo comiendo el pan bajado del cielo, a Jesús mismo en la Acción de Gracias o Eucaristía podemos aspirar a la Vida Eterna. Todo lo que pueda decir de más, ahora mismo, sobra.


JESÚS, estás presente en el pan y el vino. Tal presencia, que es cierta porque Tú mismo lo dijiste en la Última Cena, no es comprendida por muchos que se dicen discípulos tuyos. A tales personas espero sepas perdonar tal afrenta y lo mismo para cuando nosotros sintamos lo mismo en nuestro corazón.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de junio de 2011

En ti confío, Señor

25 de junio de 2011


Mt 8,5-17

“En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: ‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado.


Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’.


COMENTARIO


Muchas personas se le acercaban a Jesús porque querían que les sanase de alguna enfermedad y que les diera, con tal sanación, una vida mejor. Eso mismo hizo aquel centurión que se preocupaba por su criado.


Pedir por los demás, por las necesidades de los demás, es una forma cristiana de tener en cuenta la fe que se tiene y algo que Dios ha de tener en cuenta para nuestro bien. Y Jesús tiene en cuenta, siempre, la fe que tiene quien le pide su intervención.


La suegra de Pedro sirvió a Jesús en cuanto le curó de su enfermedad. No se fue a pregonar lo que le había hecho el Maestro sino que, agradecida, no pensó más que en agradecer el favor recibido.



JESÚS, muchas personas querían que les sanases de sus diversas enfermedades. Sin embargo, eres, sobre todo, Médico del corazón y procuras la limpieza del alma. Por eso mismo tenías, y tienes, tanto en cuenta la fe con la que la persona se dirige a ti.




Eleuterio Fernández Guzmán

24 de junio de 2011

El Bautista

Lc 1,57-66.80


“Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados.
Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.

Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.”



COMENTARIO


Jesús tenía que tener un precursor a la altura de Quien iba a venir para salvar al mundo y ser el Cordero de Dios. El Bautista, primo de Jesús, había sido suscitado por Dios para que fuera tal persona.

El Ángel del Señor le había dicho a Zacarías que quedaría mudo por haber dudado de su palabra. Volvería a poder hablar cuando hubiera nacido su sucesor al que, además, tenía que poner el nombre de Juan.

Dice la Escritura Santa que el niño creía y su espíritu se iba fortaleciendo. Además, vivió en el desierto, retirado del mundo y acercándose a Dios quien, en su momento oportuno, lo envío a anunciar a Cristo.

JESÚS, tu primo Juan, hijo de Isabel y Zacarías, había saltado en el vientre de la hermana de tu Madre cuando María fue a visitarla tras haber dado el fiat al Ángel Gabriel. Cuando se manifestó a Israel lo hizo para anunciarte. Fue el último profeta del Antiguo Testamento.

Eleuterio Fernández Guzmán

23 de junio de 2011

Creer, de verdad, en Dios

Mt 7,21-29


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’.
‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’.
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas".



COMENTARIO


Es común pensar que orar es suficiente como para que Dios tenga en cuenta nuestras peticiones. Eso Jesús sabe que no es así porque bien podemos estar actuando de forma distinta a como tenemos la realidad de nuestro corazón.

Hacer la voluntad de Dios es la verdadera medida de la creencia en Dios. Así, lo que más debería importarnos es, en sí misma considerada, seguir la voluntad del Creador antes que hacer como que creemos sin creer.
Jesucristo es la roca firme sobre la que debemos cimentar nuestra vida espiritual y, así y por eso mismo, material. Apoyándonos en la piedra que desecharon los arquitectos es la única manera de llevar una vida verdadera cristiana.


JESÚS, cree en Dios ha de ser el único camino que debemos seguir. Por eso no basta con orar porque, aunque sea necesario hacerlo, cumplir con la voluntad de tu Padre es lo que, en verdad, importa.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de junio de 2011

Falsos profetas

Mt 7,15-20


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis’”.


COMENTARIO


Conocer a las personas por su forma, interior, de ser, era algo que Jesucristo tenía por costumbre llevar a cabo. Sabía lo que cualquiera tenía en su corazón porque, como era Dios hecho hombre, sabe lo que hay en lo secreto.

El fruto de las personas es aquello que hacen las mismas y sobre lo que se puede saber su comportamiento según se haga. Por eso dice Jesús que es por los frutos por aquello que se conoce al ser humano. y, por eso, exactamente por eso, los lobos pueden tener piel de oveja para engañar a los fieles creyentes en Dios.

La bondad y la maldad están muy relacionada con lo que cada cual tiene en su corazón. El destino final, la vida eterna, depende, al fin y al cabo, de lo que cada cual haga en su vida.


JESÚS, la bondad del corazón de cada persona es fundamental para que Dios considere que se está cumpliendo su voluntad. Por eso nos dices que es muy importante actuar de forma correcta y de acuerdo a la misma. De otra forma no podremos ser considerados dignos hijos de Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán

21 de junio de 2011

Entrar en la Vida Eterna

Mt 7,6.12-14


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran’”.



COMENTARIO

Los consejos que da Cristo son, a veces, bastante clarificadores acerca de la doctrina que debe seguir un discípulo suyo. La Verdad, al parecer, no puede caer en malas manos porque, seguramente, sólo serviría para hacerla de menos.

Jesús recomienda algo que siempre es útil y que puede sacar de muy malos momentos a las personas: haz lo que quieras que te hagan. De proceder siempre así muchos conflictos se evitarían y se daría al traste con malos momentos.

La Vida Eterna no tiene, por lo aquí dicho, la puerta muy ancha. Es decir, que no se entra de cualquiera manera. Hay que perder mucho de lo malo que nos adorna para poder entrar en el definitivo Reino de Dios; quitar, de nuestro corazón, lo que no puede gustar a Dios para presentarse ante Él.




JESÚS, querías, y quieres, que tus discípulos, sepan a qué atenerse y a qué parte de la realidad arrimarse para no quemarse con la falsa verdad del mundo. En la Vida Eterna bien sabes que se entra con el corazón limpio y, por eso mismo, muchos se alejan de ti.







Eleuterio Fernández Guzmán

19 de junio de 2011

Salvación eterna

Jn 3,16-18

“En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: ‘Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.

COMENTARIO

Nicodemo era un discípulo de los que se dicen que eran secretos. Era un judío importante y, seguramente, no quería que se supiese que seguía a Jesús y que estaba de acuerdo con lo que decía.

Jesús pone en el conocimiento de Nicodemo algo muy importante: Dios tiene la intención de que el mundo se salve del abismo en el que ha caído y, por eso mismo, ha enviado a su Hijo. No juzgará sino que salvará.

Es necesario, obligado, creer. Es bien cierto que no se trata de ninguna imposición de Dios sino, en todo caso, una buena recomendación si es queremos que la vida eterna, para nosotros, sea posible. Es más, quien cree en Jesucristo se salvará y quien no crea tiene un juicio ya terminado.


JESÚS, sabes que lo mejor para tus hermanos en la fe y, en general, para todo ser humano creación de Dios, es la vida eterna. Pero no es fácil, digamos, alcanzarla porque algo tenemos que hacer y no podemos dejar nuestra fe escondida bajo el celemín. Nicodemo también le pregunta por eso y obtiene la respuesta más perfecta: creer es salvarse.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de junio de 2011

Lo que de verdad importa

Mt 6,24-34


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’".



COMENTARIO


En realidad por mucho que nosotros queramos hacer como que nuestra vida depende de nosotros, bien sabemos que es el Padre Dios quien la sostiene. Él la creó y él la mantiene.


Las preocupaciones que nos han de llevar por la vida no deberían ser las de nos sirven para sostener una vida perecedera en este valle de lágrimas sino aquello que nos lleva a la vida eterna y a desear el definitivo Reino de Dios por sobre todas las cosas materiales.


La justicia de Dios no es, precisamente, la humana. La del Padre se sostiene sobre el perdón y la misericordia y a ella tenemos que dirigirnos para llevar una vida acorde con la voluntad del Creador. Tal justicia, la divina, sobrenaturaliza nuestra vida y a ella debemos acogernos.

JESÚS, la búsqueda del definitivo Reino de Dios es una recomendación que nos haces. En realidad, tal es la meta que nunca deberíamos perder de vista porque es lo que, además, nos conviene. Todo lo demás, materia que perece y banalidades humanas no las tendríamos que tener en cuenta.


Eleuterio Fernández Guzmán

17 de junio de 2011

Lo material y lo eterno

Mt 6,19-23


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
‘La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!’".



COMENTARIO


Las cosas del mundo pasan como pasa el mundo también. Por eso Jesús recomienda que no acentuemos nuestra existencia basándola, en exclusiva, en lo que muere.
Jesús nos dice que debemos abundar, en nuestro corazón, en lo que es bueno y benéfico para él: el amor, caridad, la entrega a los demás, el darse, el no querer acumular y sostenerse en el ser. Son los que Jesús llama “tesoros en el cielo”.
Muchas veces lo que vemos lo hacemos nuestro sin ir más allá. Jesús nos recomienda que miremos con ojos limpios al mundo, al prójimo, a quien nos rodea. Que tengamos el corazón limpio a base de ver con limpieza.
JESÚS, el poder que lo material puede tener sobre nosotros no es cosa de poca importancia sino, al contrario, algo decisivo en nuestra vida. Tú nos dices que lo que importa son, en todo caso, los bienes del cielo que son el Amor y la entrega a los demás y el perdón. Nosotros, muchas veces, no te escuchamos porque preferimos las cosas del mundo que podemos ver antes que las de la eternidad que sólo podemos imaginar.

Eleuterio Fernández Guzmán

16 de junio de 2011

Padre Nuestro, nuestro Padre

Mt 6,7-15


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’.



COMENTARIO

Los discípulos tenían un interés entendible en que el Maestro les enseñara a orar porque veían en Jesús a una persona que se relacionaba con Dios de una forma muy especial a través de la oración.

Jesús les enseña la oración que ha de ser principal para un discípulo suyo: el Padre Nuestro. A través de ella se le pide a Dios una serie de realidades espirituales que ningún hijo del Creador puede dejar de pedir.

Jesús les dice algo que es muy importante y que no es otra cosa que Dios ya sabe lo que necesitan. Es más, lo sabe mejor que ellos mismos porque ve en lo secreto del corazón. Sabe, así, lo que nos conviene y no lo que, a veces, creemos que nos conviene.




JESÚS, enseñaste a tus discípulos la oración más amada por ti. Pedir a Dios como hijos que se saben dependen de su Padre es la mejor forma de tener la filiación divina como algo muy importante para nosotros. Sin embargo, no siempre rezamos reconociendo, en nuestra vida, lo que supone lo que decimos.





Eleuterio Fernández Guzmán

15 de junio de 2011

Dios ve en lo secreto

Mt 6,1-6.16-18


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”



COMENTARIO


Que Dios ve en lo secreto es una verdad grande. Quien ha creado todo por fuerza ha de conocer todo y siempre. Por eso Jesús dice a los que le escuchan que han de saber, exactamente, qué hacen.

Dios ve cuando damos limosna. Por eso sabe cuál es nuestra intención y si, en realidad, lo hacemos por disimular o, como aquel que lo hacía para que lo vieran. Igual pasa con la oración que se ha de hacer en lo secreto del corazón y no a vista de los que pueden adularte.

Pero aún hay más porque Jesús sabe que ayunar puede ser un gran sacrificio que se siente como ofrenda a Dios o, simplemente, algo con lo que demostrar que, a lo mejor, crees haciéndolo. Tampoco, aquí, vale hacer como si… pero, en verdad, no sentirlo. Dios también sabe.



JESÚS, todos los consejos espirituales que dabas lo eran para tener una vida lo más cercana posible a Dios. Y sabiendo que ve, que ves, en lo secreto, nada mejor que no ocultar la verdad de las cosas aunque, muchas veces, nosotros no hacemos lo que nos corresponde.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de junio de 2011

Amor sobre todas las cosas

Mt 5,43-48


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”.


COMENTARIO


La Ley de Dios no era, como otras veces puede leerse, como se había llegado a hacer ver que era. Muy al contrario era la voluntad de Dios que se manifestaba a favor del Amor y de la Misericordia.

Jesús sigue diciendo lo que debe ser y no lo que es. Amar es, como se sabe, el primer precepto de la Ley de Dios. Sin él nada se entiende ni, sobre todo, es posible conseguir. Fuera del amor no hay filiación divina.

Amar al prójimo. Eso es lo que, de verdad, quiere Jesús para nosotros. Pero, sobre todo, amar a quien te hace daño es lo importante porque amar a quien te quiera, ciertamente, tiene poco mérito. Tal amor extremo es lo que Dios quiere y es lo que predica Jesús.



JESÚS, el amor es lo que siempre manifestaste en tus relaciones con el prójimo. Perdonaste, incluso, a los que te mataban y por ellos pedías a tu Padre. Nosotros, sin embargo, en muchas ocasiones, no somos capaces de hacer lo que, en cambio, defendemos.





Eleuterio Fernández Guzmán

13 de junio de 2011

La Ley de Dios cumplida por Cristo

Mt 5,38-42


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda”.


COMENTARIO


La ley de Dios no suele coincidir, en muchos aspectos, con la que lo es humana. Es más, muchas veces tiene un sentido y una realidad muy, pero que muy distinta.

Jesús, Él mismo lo dijo, había venido a dar cumplimiento a la Ley de Dios. Eso sería porque en realidad no se cumplía. Y así en muchas ocasiones tiene que rectificar el sentido de lo que Dios quiere que se haga.

Saber perdonar, para un discípulo de Cristo, es algo que resulta del todo fundamental porque supone comprender el Amor de Dios; saber manifestar capacidad de comprensión hacia el prójimo no deja de ser ejemplo de que se tiene como importante la caridad para uno mismo y para con los demás.


JESÚS, por mucho que pudiera dolerle a los que te escuchaban, la Ley de Dios tenía que ser cumplida. Por eso les tienes, nos tienes, que decir que lo que hacemos aunque pudiera parecer de acuerdo con la voluntad de Dios está, las más de las veces, contra ella.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de junio de 2011

Pentecostés

Jn 20,19-23



“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros’. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’.


COMENTARIO


Los discípulos más cercanos a Cristo tenían miedo. Habían visto lo que le habían hecho al Maestro y su reacción fue, humanamente, de esperar. Estaban escondidos pero Jesús, no por eso, los iba a dejar solos.


Cuando Jesús llega a ellos los saluda no con desprecio por el abandono en el que lo habían dejado sino, al contrario, con Amor y Misericordia. La paz les da para que la paz de Dios estuviera con ellos.


La efusión del Espíritu Santo sobre los presentes supuso un primer envío. Jesucristo los enviaba al mundo para transmitir la Buena Noticia y, con eso, para perdonar los pecados o retener los pecados. Como hicieran así quedará para siempre.



JESÚS, Tu misión continuaba y en los discípulos tenías, además de unos amigos a unas personas que tenían que continuar con tu labor de transmisión de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo los acompañaría para siempre y, en sus tribulaciones, podrían acogerse a Él. Nosotros también deberíamos escuchar sus mociones.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de junio de 2011

Todo lo que Jesús hizo

Jn 21,20-25


“En aquel tiempo, volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: ‘Señor, ¿quién es el que te va a entregar?’. Viéndole Pedro, dice a Jesús: ‘Señor, y éste, ¿qué?’. Jesús le respondió: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme’. Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: ‘No morirá’, sino: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga’.

Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.



COMENTARIO



Juan fue testigo privilegiado de muchas de las cosas que le pasó a Jesucristo. Llamado el discípulo amado por el especial amor que le tenía el Hijo de Dios, fue el que le preguntó quién iba a traicionar al Maestro.


Jesús insiste a Pedro para que le siga y que, en realidad, no se preocupe del amor que pueda tener el Hijo de Dios por otras personas. Importa, más bien, el amor que el propio Cefas pueda tener por aquellos que le rodean.


Jesús, diciendo aquello a Pedro, estaba insistiendo en que estaría con ellos siempre y que nos los iba a abandonar. Así, los apóstoles darán continuación a la doctrina de Cristo y llevarán, por el mundo, lo bueno y benéfico que hizo el Maestro.



JESÚS, tú quieres que todos nos salvemos. Por eso, insistes en que todos pueden permanecer contigo siempre que ellos quieran estar con el Hijo de Dios. Nosotros, sin embargo, somos muchas veces como Pedro y no comprendemos que tu Amor y tu misericordia no tienen límites.




Eleuterio Fernández Guzmán

10 de junio de 2011

Seguir a Cristo

Viernes, 10 de junio de 2011

Jn 21,15-19


“Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: ‘Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?’ Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis corderos’. Vuelve a decirle por segunda vez: ‘Simón de Juan, ¿me amas?’. Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas’.
Le dice por tercera vez: ‘Simón de Juan, ¿me quieres?’. Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ‘¿Me quieres?’ y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: ‘Sígueme’”.




COMENTARIO


Jesús tenía que restablecer, en el corazón de Pedro, la tranquilidad que había perdido con las negaciones. Seguramente cuando Cristo pasó ante el negador, aquel se sintió muy mal porque sabía que lo había traicionado.


El Hijo de Dios le pregunta tres veces, las mismas que lo negó, si lo quería. La respuesta sólo podía ser la que fue y, al final, la insistencia de Cristo, produjo una lógica tristeza en el primer Papa de la Iglesia fundada por Jesús.


Jesús, al igual que a otras personas, también dice a Pedro “Sígueme” porque sabía que había elegido bien a aquel que luego le traicionaría. Y Pedro lo siguió hasta dar su vida, como bien dijo el Maestro, por el Enviado de Dios.



JESÚS, entregaste a Pedro las llaves de tu Iglesia. Por eso tenías que hacerle aquellas preguntas que sanaron su corazón triste. A nosotros también nos conviene que nos las hagas pero no tres sino muchas más veces para que respondamos que sí, que te queremos para siempre.





Eleuterio Fernández Guzmán

9 de junio de 2011

Ser uno con Cristo

Jn 17,20-26


“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.


‘Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos’”.



COMENTARIO


Jesús pide al Padre por los que le había entregado. Sabe que tendrán que pasar por duras pruebas y al igual que Él se siente consolado por Dios también quiere tal consuelo para sus discípulos.


El Hijo de Dios espera que sus discípulos y aquellos que, a lo largo de los siglos, lo serán, sean uno con Él y con Dios. Aceptar la Ley de Dios es una forma de empezar a ser uno con el Padre.


Jesús, que en otra ocasión promete estar con nosotros siempre, hasta el fin del mundo, dice que seguirá dando a conocer el Nombre de Dios. Por eso el Emmanuel nunca nos dejará solos ante la tribulación.



JESÚS, quieres que seamos uno contigo y con el Padre. Por eso ruega por nosotros para que no olvidemos la misión que habías venido a cumplir. Ser uno con Dios y contigo ha de ser aceptar la voluntad de tu Padre y Padre nuestro, ser misericordiosos y cumplir los preceptos de Su Ley.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de junio de 2011

No ser del mundo

Jn 17,11b-19


“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.

‘Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad”.



COMENTARIO

Jesús se dirige al Padre porque sabe que va a volver a Él. El Hijo de Dios vino para cumplir la misión que le había sido encomendada: salvar a la humanidad de la perdición. Tales personas le fueron dadas por Dios.

Jesús sabe que el mundo odia y odiará a sus discípulos porque la doctrina del Único Santo no es del gusto del mundo y sus mundanidades. Por eso muchas veces les previene ante lo que tendrán que sufrir y de aquí que la Palabra de Dios les servirá de refugio en la tribulación.

Jesús envía a aquellos que han querido seguirlo. Serán los que transmitirán, a lo largo de los siglos, la Buena Noticia de que el Reino de Dios ha sido implantado y, sobre todo, que la salvación ha sido ganada al precio de la sangre de Cristo.



JESÚS, cuando te diriges al Padre-Dios-Creador lo haces a sabiendas de que te escucha y, por eso, le abres tu corazón que es tierno y de carne y no duro. Preservaste del mundo a los que Dios quiso que preservaras para que, libres de las ataduras del Maligno, se entregarán a la transmisión de tu Doctrina. Y así hasta hoy mismo y, luego, hasta siempre.





Eleuterio Fernández Guzmán

7 de junio de 2011

Somos de Dios


Jn 17,1-11a


"En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

‘Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

‘Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti”.


COMENTARIO


Jesús lo dice con toda claridad: la vida eterna es creer en Dios. Por lo tanto, conocer a Dios y aceptarlo como Padre es la manera, modo y forma más segura de saberse, ya, en su Reino.


Jesús entregó, a sus discípulos y, con ellos, a nosotros mismos, el pensamiento de Dios, su Palabra y su doctrina. Por eso creer en Dios ha de significar tener en cuenta su Ley.


Somos de Dios. Y por ser hijos suyos, no nos cabe otra que hacer su voluntad. No se trata de nada extraño ni que eso suponga someternos a Alguien sino, en todo caso, demostración de una filiación divina digna de ser llamada de tal forma.



JESÚS, quisiste que aquellos que te seguían comprendiesen que eras Dios hecho hombre y que te habían sido entregados todos los hombres para que los salvaras. Algunos hicieron caso a tus palabras pero otros no. A veces nosotros mismos miramos para otro lado porque no nos conviene lo que nos dices.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de junio de 2011

Saberse enviados por Cristo

Mt 28,16-20


“En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: ‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’”.


COMENTARIO

Jesús envía a sus discípulos a evangelizar. La Buena Noticia tiene que ser conocida por todo el universo de personas que, entonces, era conocido.

Había que hacer discípulos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Santísima Trinidad tenía que ser citada porque ahora el velo de la misma había sido destapado y el pueblo elegido de Dios sabía de la misma y de su realidad.

Jesús promete estar con nosotros hasta el fin del mundo o, lo que es lo mismo, hasta que Él vuelva a estar entre sus discípulos. La Parusía no sabemos el día que se manifestará y, por eso mismo, tenemos que estar preparados.



JESÚS, prometiste a sus discípulos estar con ellos, con nosotros, siempre. Eso debería ser suficiente como para que no siguiéramos disimulando como si Tú no estuvieses entre nosotros. Estás presente, estás vivo aunque, a veces, lo olvidemos.




Eleuterio Fernández Guzmán