22 de septiembre de 2018

Nuestro corazón debe ser un buen campo


Lc 8, 4-15

En aquel tiempo, habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: ‘Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado’. Dicho esto, exclamó: ‘El que tenga oídos para oír, que oiga’.

Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y Él dijo: ‘A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.

La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que cae en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia’".

COMENTARIO

Dios siembra en el corazón

Jesús nos pone ante los ojos una imagen muy sugerente: Dios, Creador nuestro, pone en nuestro corazón una simiente de gracia y de gloria que quiere que aceptemos porque nos lleva a la vida eterna.

Aceptar la simiente

Ante tal actitud de Dios podemos aceptar lo que el Todopoderoso ha sembrado en nuestro corazón. Es una actitud de buen hijo que supone aceptar la voluntad de Creador y no perdernos por los recovecos del mundo.

No aceptar la simiente

Pero también podemos optar por no aceptar lo que Dios quiere para nosotros. Así nos perdemos y nos alejamos del Creador. El Señor nos da tal posibilidad pero espera de nosotros, hijos suyos, que no caigamos en tal tentación.


JESÚS, la parábola del sembrador nos dice tanto… Ayúdanos a ser buena tierra donde la semilla de Dios entre y germine dando mucho fruto.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de septiembre de 2018

Ser perdonados por Cristo

Mt 9, 9-13

"9 Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: 'Sígueme'. El se levantó y le siguió. 10 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Al verlo los fariseos decían a los discípulos: '¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?' 12 Mas él, al oírlo, dijo: 'No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. 13 Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores'".

COMENTARIO

Ciertamente, el Hijo de Dios, llama la atención a los que se extrañan de que llame, para que le siga, a quien ellos consideran un pecador. Y es que Mateo era recaudador de impuestos para el invasor romano.

Aquel hombre, que sabía más que bien que no era muy bien considerado, tuvo que ver algo muy gozoso en Aquel que le llamaba. Y lo deja todo para seguir al Hijo de Dios. Y queda, así, perdonado.

Había algo que era importante que comprendiesen aquellos que lo acusaban de algo (pues querían acusarlo de algo): era muy importante ser misericordioso y, más aún, con los pecadores. Aunque ellos, a lo mejor, no tenían pecado...

JESÚS, gracias por perdonar, en Mateo y nosotros, tantas cosas.


Eleuterio Fernández Guzmán


20 de septiembre de 2018

La fe salva



Lc 7,36-50

En aquel tiempo, un fariseo rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. 
Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: ‘Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora’. Jesús le respondió: ‘Simón, tengo algo que decirte’. Él dijo: ‘Di, maestro». «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?’. Respondió Simón: ‘Supongo que aquel a quien perdonó más’. Él le dijo: ‘Has juzgado bien’, y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ‘¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra. 

Y le dijo a ella: ‘Tus pecados quedan perdonados’. Los comensales empezaron a decirse para sí: ‘¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?’. Pero Él dijo a la mujer: ‘Tu fe te ha salvado. Vete en paz’”.


COMENTARIO

La contemplación del pecado ajeno y no hacer lo propio con el que cada uno llevamos y provocamos parece ser actitud de muchos seres humanos desde el principio de los tiempos. Y juzgar  al prójimo, también.

Aquellos hombres, que al parecer no comprendían al Maestro, lo criticaban por lo que hacía con aquella mujer que, con mucha fe, había acudido a los pies de Jesús para implorar su perdón. Y Jesús la perdona porque mucho confiaba en Él.

Sin embargo, aquellos ricos, aquellos “sabios” no habían cumplido, siquiera, con las mínimas normas de cortesía social cuando llegó el Hijo de Dios a la casa a la que había sido invitado. Erraban, en exceso, con aquella actitud.


JESÚS, aquellos que confían en Ti saben que nunca las vas a fallar porque siempre estás con quien te necesita. Ayúdanos a tener una fe grande en tu corazón.

Eleuterio Fernández Guzmán


19 de septiembre de 2018

Ciegos ante Dios



Lc 7, 31-35

En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonando endechas, y no habéis llorado’. Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ‘Demonio tiene’. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos’”.

COMENTARIO

Jesús, siendo Dios hecho hombre, tenía una idea bastante clara de qué pensaba el hombre de su tiempo y, para ser más exacto, lo que tenía en su corazón el que formaba parte del pueblo elegido por Dios.

Sabe Jesús que los poderosos de entre los suyos actuaban con propio interés. Controlando y dominando al pueblo hacían dejación de lo que, en verdad, era la misión que tenían encomendada que era llevar la Palabra de Dios a los miembros del que lo era judío.

Sin embargo ni con el Bautista ni con Jesús aquellos sabios hacen lo que deben hacer. A uno por defecto y al Hijo de Dios por exceso (según ellos) los tienen por malos para sus intereses. Y los persiguen. Y es que no acaban de comprender la verdad, la Verdad.


JESÚS, muchos de los poderosos de tu tiempo no te quieren ni querían a tu primo Juan. Ayúdanos a no ser ciegos voluntarios como ellos lo fueron.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de septiembre de 2018

Jesús siempre está




Lc 7,11-17

En aquel tiempo, Jesús se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: ‘No llores’. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y Él dijo: ‘Joven, a ti te digo: levántate’. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: ‘Un gran profeta se ha levantado entre nosotros’, y ‘Dios ha visitado a su pueblo. Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina”.



COMENTARIO

Jesús conocía el mal que acaecía en el corazón de sus hermanos. Por eso cuando ve a la muchedumbre que acompaña a una viuda y sabe que, además, era hijo único, estaba en la seguridad de que aquella mujer lo iba a pasar muy mal a lo largo de su vida.

Jesús consuela a la madre. Seguramente no encontraba consuelo alguno por la muerte de su hijo. Pero en la voz de aquel Maestro encuentra lo que buscaba. Y Jesús obra el milagro: vuelve a la vida a quien había muerto, lo resucita.

Cuando los testigos ven aquello no pueden, por menos, que proclamar que, en efecto, había llegado al mundo un gran profeta y que Jesús no era una persona como otras lo eran sino que llevaba el mandato de Dios en su corazón.



JESÚS, los que te necesitan siempre te tienen a su lado. Ayúdanos a llamarte en nuestras necesidades y en las necesidades de las personas por las que pedimos.

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de septiembre de 2018

Tener fe vale la pena



Lc 7, 1-10

“1 Cuando hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. 2 Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. 3 Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. 4 Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: ‘Merece que se lo concedas, 5 porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga’. 6 Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: ‘Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, 7 por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. 8 Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’ y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto", y lo hace’.

9 Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: ‘Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande’. 10 Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.

COMENTARIO

En muchas ocasiones, la fe es síntoma de que se sabe lo que se quiere en materia espiritual. Por eso, en tales ocasiones, el Hijo de Dios echa una mano más que grande a quien muestra que, en verdad, cree en Dios.

Aquel soldado, al parecer había hecho mucho por el pueblo judío. Debería ser uno de los llamados “temerosos de Dios” porque era, por así decirlo, candidato a formar parte del pueblo elegido. Por eso muestra aquella fe tan grande al respecto de Cristo.

El Mesías sabe que quien dice lo que dice aquel soldado que, teniendo poder, se aquieta a la simple voluntad del Maestro, bien puede ser atendido. Por eso no nos extraña que dijera Cristo que no había encontrado una fe tan grande. Y es que lo era.

JESÚS,  muchas gracias por recompensar la fe de una tal manera… o de otras.



Eleuterio Fernández Guzmán

16 de septiembre de 2018

Conocer a Cristo


Mc 8, 27-35

Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus  discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que soy yo?’ Ellos le dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.’ Y él les preguntaba: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’’ Pedro le contesta: ‘Tú eres el Cristo.’ Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.’ Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí  mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará’”.

COMENTARIO

Jesús, más que querer saber lo que, en general, se dice de Él, quiere conocer el parecer de aquellos discípulos que más cercan van de su persona. Y Pedro, seguro, acierta diciendo que es el Cristo, el Mesías, el Enviado de Dios.

Pero tenía el Hijo de Dios, una mala noticia. Y es que, según sabía que iba a pasar, iba a pasarlo muy mal en manos de aquellos que, queriéndolo matar desde hacía mucho tiempo, lo iban a conseguir. Pero eso, a Pedro, no le parece bien.

Sin embargo, menos bien le parece a Jesucristo que se quiere violentar la Voluntad de Dios. Por eso dice lo que es tan importante: al Hijo de Dios sólo se le puede seguir cargando con la cruz que, cada cual, tiene. Entonces, sí, es posible que perdamos la vida pero, por haberla perdido por Cristo, ganaremos la eterna.

JESÚS, gracias por ser tan franco con tus discípulos.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de septiembre de 2018

Junto a la Cruz de Cristo



Jn 19, 25-27

“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: 'Mujer, ahí tienes a tu hijo'. Luego dice al discípulo: 'Ahí tienes a tu madre'. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.”


COMENTARIO

Nos dice el texto evangélico que había algunas personas junto a la Cruz de Cristo. Y es que no todos abandonaron al Hijo del hombre en el momento más duro de su Pasión. Y eso fue recompensado, como vemos.

Jesús sabía que su madre, la Madre de Dios, no podía quedar desamparada en un mundo donde tan poca atención recibían las viudas (menos aún las que perdían a su único hijo). Encomienda, por tanto, a su discípulo más joven, Juan, que tenga cuidado de ella. Y será, así, Madre de todos.

Y María, que tanto amaba a su hijo Jesús, sabía que al lado de Juan tendrían una vida acorde con su situación personal: junto a quien tanto había amado a su hijo seguro que podría pasar los años que le quedaran de vida de forma gozosa.

JESÚS, gracias por entregarnos a tu Madre.


Eleuterio Fernández Guzmán


14 de septiembre de 2018

Cruz, la Cruz




Jn 3, 13-17

“13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga, por él, vida eterna. 16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.“

COMENTARIO

Lo que dice el Hijo de Dios en este texto del Evangelio de san Juan justifica la misma vida eterna ganada, por su sangre, cuando fue colgado en dos maderos que conformaron mucho más que un símbolo: la Cruz.

Jesucristo advierte de que va a ser levantado como fue la serpiente. Y aquella serpiente fue levantada para que no murieran los israelitas. Lo mismo pasara con quien mire la Cruz y la siga.

Dios, como bien dice el Mesías, no lo ha enviado a Él para que juzgue al mundo sino, justamente, al contrario. Y es que la salvación de la semejanza de Dios, imagen suya, era la Voluntad suprema de Aquel que la había creado y la mantenía.



JESÚS, infinitas gracias debemos darte por haber muerto, de aquella manera, en la Cruz.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de septiembre de 2018

Ama y haz el bien sin mirar a quien




Lc 6, 27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos. 

‘Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá’”.


COMENTARIO

El amor. Tal expresión de la misericordia de Dios quiere el Creador que sea reflejada en nuestras vidas a través de un corazón tierno, limpio. Jesús, por eso mismo, se manifestó en tal sentido y dio ejemplo de lo bueno y mejor que debemos hacer.

Es expresión hacer de eso hacer el bien. Sin embargo Jesús va más lejos y no se queda en la superficie de las cosas. Por eso pide a amar a los enemigos. Se obtiene, así, una gran recompensa porque el Creador quiere que amor entre todos sus hijos que somos todos.

También hay que ser compasivo y no juzgar y no condenar y perdonar… Jesús, como se puede apreciar en este texto del evangelio de San Lucas, pone el listón muy alto para sus discípulos. Y es que, en efecto, según hagamos así seremos juzgados por Dios.




JESÚS, lo que nos dices siempre es por nuestro bien. Ayúdanos a escucharte y, luego, a reflejar lo que escuchamos en nuestra vida ordinaria.

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de septiembre de 2018

Bienaventurados


Lc 6,20-26

En aquel tiempo, Jesús alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: ‘Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. 

‘Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas’”.


COMENTARIO


Jesús, según diría Él mismo, había venido al mundo no para abolir la Ley de Dios sino para que se cumpliera. Las Bienaventuranzas plasman a la perfección cuál es la voluntad de dios y hacia dónde quiere que vayan los seres humanos, creación suya.

Cada una de las que aquí recoge el evangelista San Lucas tienen todo que ver con aquellos que sufren. Así, los pobres, los que tienen hambre, los que lloran son los especialmente protegidos por Dios y por Cristo.

Sin embargo la Ley de Dios también prescribe lo que no está de acuerdo con la voluntad de Creador. Por eso se refiere a los que no hacen uso de su dinero abundante a favor de los necesitados o de los que hacen de su estómago el eje de su vida. En general, se refiere a los que no se dan cuenta de que lo que tienen es cosa de Dios.



JESÚS, son bienaventurados aquellos que lo pasan mal sin culpa. Ayúdanos a darnos cuenta de quién nos necesita.


Eleuterio Fernández Guzmán


11 de septiembre de 2018

Los escogió tras orar


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Lc 6,12-19

En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos”.


COMENTARIO


Jesús oraba mucho. Decir eso pudiera parecer algo normal. Sin embargo, hay que añadir, además de que fuera normal que orara mucho, que lo hacía para encontrar respuesta a lo que su corazón le estaba pidiendo. Y eso hace en esta ocasión.

Jesús ha de escoger a los que estarán más cerca de Él. Y escoge no a ilustres personajes de su tiempo sino a personas humildes con trabajos humildes. Los quiere así porque su corazón no estaba viciado de las tergiversaciones a las que habían llegado los “sabios” acerca de la Ley de Dios.

No tarda nada Jesús en enseñar a sus apóstoles. En cuanto bajan de allí se encuentran a mucha gente que quiere ver al Maestro. Y el Maestro no les niega su ayuda sino que, al contrario, cura a todo enfermo y transmite la Palabra de Dios a todo aquel que quiera escucharle.



JESÚS, aquellos a los que escoges para ser sus apóstoles, tus principales testigos, ven lo que puedes hacer. Ayúdanos a creer como ellos creyeron.

Eleuterio Fernández Guzmán


10 de septiembre de 2018

Cuando no prevalece la misericordia

Lc 6, 6-11

6 Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. 7 Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. 8 Pero él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate y ponte ahí en medio’. El, levantándose, se puso allí. 9 Entonces Jesús les dijo: ‘Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla’. 10 Y mirando a todos ellos, le dijo: ‘Extiende tu mano’. Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. 11 Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.”


COMENTARIO

En sábado había cosas que no se podían hacer. En tiempos de Cristo, muchas actividades estaban, sencillamente, prohibidas. Y, al parecer, curar, también lo estaba.

Aquel hombre tenía la mano seca. Eso, seguramente, le hacía llevar una vida pobre. Pero eso, al parecer, no era de importancia para los fariseos y los escribas. Ellos esperaban para ver qué hacía el Hijo de Dios. Y es que era sábado.

Cuando cura al hombre aquejado por aquella enfermedad, muchos hacen prevalecer las normas de los hombres por encima de la de la caridad y el amor que era la principal Ley del Reino de Dios. Ni entendían ni querían entender.


JESÚS, ayúdanos a aceptar la Voluntad de Dios aunque nos sea difícil.


Eleuterio Fernández Guzmán

9 de septiembre de 2018

Todo lo ha hecho bien




Mc 7, 31-37


Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: = ‘Effatá’, que quiere decir: ‘¡Abrete!’ Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.’”


COMENTARIO

En tiempos de Jesús, como hoy día, había muchas personas necesitadas de ayuda. Sobre aquellas que estaban enfermas recaía, además, un gran peso: se las tenía, por estar enfermas, por pecadoras y eso las apartaba de la sociedad.

Aquel hombre lo debía estar pasando muy mal. En sus circunstancias (sordo y casi mudo) debía ser tenido por un gran pecador. Pero Jesús sabía que aquella enfermedad no tenía que ver con el pecado. Y lo cura de aquella terrible carga. No nos extraña, para nada, que por mucho que dijera el Hijo de Dios que nada dijeran de aquello el hombre no pudiera callar tan gran gracia.

Tampoco nos extraña que aquellos que habían visto aquel extraordinario milagro de parte de Dios en manos de Jesucristo dijeran que todo lo había hecho bien y que, además, se estaban cumpliendo las Sagradas Escrituras.


JESÚS, ayúdanos a recibir la sanación de tu parte.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de septiembre de 2018

Nace María, Madre de Dios y Madre nuestra

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María, pequeño retoño de Dios
venido al mundo
para que el mundo se salve;
María, luz entre las luces
que Dios ha puesto,
salvadora de los hombres
y esperanza de una humanidad
cansada y tibia.

María, naces por Voluntad
del Padre,
Inmaculada, Virgen serás siempre
e intercesora de tus hijos
los hombres.

María, recordamos que tu corazón
diría sí, luego, años después.
Y así, en aquel momento,
Ana y Joaquín, tus padres del mundo,
supieron que Dios es grande
y es bueno.

María, recordamos tu nacimiento
y la venida al mundo
de la Mediadora.

María, ahora que hay quien no cree,
que hay quien blasfema,
que hay quien no ama a Dios, tu Padre y el nuestro,
María, decimos, pide al Creador
por aquellos que no aman, que blasfeman,
que no creen.

María, amada y anhelada María,
ahora naces para cada uno de nosotros
y nosotros te agradecemos que quisieras, luego,
que todos fuéramos hijos tuyos.

María, hoy naces y lo haces siempre,
en nuestro corazón, como otra Natividad,
la que Dios quiso que fuera, con la tu hijo,
ejemplo.

María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán


7 de septiembre de 2018

Sobre odres y vino



Lc 5,33-39

En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: ‘Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben’. Jesús les dijo: ‘¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días’.

Les dijo también una parábola: ‘Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’’”.
             
COMENTARIO

La enseñanza de Cristo es, eminentemente práctica. Por eso hace uso de cosas rutinarias, de la vida ordinaria. Sabe que es una forma de transmitir la Palabra de Dios que ha de calar en el corazón de aquellos que le escuchan.

Él aún estaba presente entre ellos. Por eso sus discípulos no han de mostrar ningún tipo de tristeza. Cuando muera (y lo dice en este texto refiriéndose al novio) entonces será el momento ideal para hacer ayunos en su recuerdo. Ahora, aún no.

El caso es que todo se trata de darse cuenta de que las cosas, con Cristo, cambiaron y han cambiado. No valen los odres viejos para contener la nueva Ley de Dios (que es la de siempre pero hecha realidad). Por eso conviene que el vino nuevo, Cristo dado por Dios, entre en un corazón nuevo. Por eso es necesaria la conversión.


JESÚS, ayúdanos a ser odres nuevos que contengan el vino nuevo de la Palabra de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


6 de septiembre de 2018

Reconocerse pecador




Lc 5,1-11

En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar’. Simón le respondió: ‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes’. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: ‘Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador’. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: ‘No temas. Desde ahora serás pescador de hombres’. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.”
                                                        
COMENTARIO

Jesús continuaba con la misión que le había encomendado el Padre. Enseñaba acerca de lo que era importante conocer para salvarse y para alcanzar la vida eterna. Ahora lo hace desde una barca, en concreto la de quien llamaría Pedro.

Pero era necesario que Jesús escogiera a los que iban a transmitir, de primera mano, la Palabra de Dios y su santa doctrina. Ya había escogido a Simón y, como lo conocía el pescador, se fía de lo que le dice el Maestro. Y obtiene el resultado adecuado a su fe y confianza porque, además, se reconoce pecador.

Santiago y Juan también eran pescadores como Simón. Ellos, sin duda alguna, se quedan sorprendidos por aquello de una pesca tan de improviso. Y Jesús los llama también a ellos. Van a ser pescadores de hombres. Y, sin dudarlo ni nada por el estimo, lo dejan todo y le siguen. Y muestran confianza en aquel que los ha escogido.


JESÚS, ayúdanos a reconocer lo que somos.

Eleuterio Fernández Guzmán


5 de septiembre de 2018

Para eso había sido enviado





Miércoles, 5 de septiembre de 2018


Lc 4,38-44
En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. 
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: ‘También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado’. E iba predicando por las sinagogas de Judea.”


COMENTARIO

Allá por donde iba Jesús lo hacía llevando la verdad del Reino de Dios, la llamada Buena Noticia porque era bueno que se cumpliera la voluntad de Dios de enviar al Mesías para salvar a su pueblo. Por eso Jesús cura ahora a la suegra de Pedro.

Y ella se puso a servirles. Es síntoma de haber comprendido la misión que debe llevar a cabo el discípulo de Cristo el ponerse a servir. El servicio es manifestación de quien, sintiéndose hijo de Dios, sabe que el prójimo lo necesita muchas veces.

La gente buscaba a Jesús. Seguramente se había sabido lo de la suegra de Simón y otras muchas cosas que había hecho aquel hombre que iba por el mundo dando, del poder de Dios, lo mejor. Y, como dice el texto, iba predicando, transmitiendo la Verdad.


JESÚS, ayúdanos a servir como lo hizo la suegra de Pedro.

Eleuterio Fernández Guzmán