28 de enero de 2017

La falta de fe


Sábado III del tiempo ordinario

Mc 4,35-41

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Pasemos a la otra orilla’. Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con Él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: ‘Maestro, ¿no te importa que perezcamos?’.

Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: ‘¡Calla, enmudece!’ El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ‘¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?’. Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: ‘Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?’”.

COMENTARIO

Podemos imaginar que en muchas ocasiones aquellos que caminaban predicando muy cerca de Jesucristo se habían encontrado en situaciones difíciles. Y ellos, como es de esperar, reaccionaban como hombres que eran, como seres mundanos.

Jesús, sin embargo, estaba tranquilo. Confiaba en Dios. Por eso duerme sin preocuparse mientras que los que están a su alrededor andan muy preocupados. Ellos, al parecer, confían menos.

Cuando Jesús para al viento y le hace callar, aquellos que lo ven no deja de estar maravillados. Ellos, a lo mejor, habían visto poco de lo que Jesús podía hacer y se preguntan que quién es. Ellos se lo preguntan…


JESÚS,  ayúdanos a confiar siempre en Ti.




Eleuterio Fernández Guzmán

27 de enero de 2017

Reino de Dios




Viernes III del tiempo ordinario

Mc 4,26-34

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega’. 

Decía también: ‘¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra’. Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

COMENTARIO

La forma de enseñar de Cristo no era nada extraña en su época. Ciertamente, cuando no se dispone de medios como los que actualmente existen había que enseñar de una forma oral. Y eso es lo que hace el Hijo de Dios mediante parábolas.

El Reino de Dios, cuando entra en el corazón del hijo de Dios, crece dentro del mismo sin que, a lo mejor, lo sepa quien eso recibe. Es como un don, como un regalo que el Todopoderoso hace a quien tanto ama.

Pero, también, el Reino de Dios es como aquello que es muy pequeño pero que poco a poco va creciendo. A quien eso comprenda lo llena de dicha y hace que su vida sea mejor y más provechosa para la humanidad.


JESÚS,  ayúdanos a aceptar el Reino de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de enero de 2017

La medida con la que midamos


Jueves III del tiempo ordinario
Mc 4,21-25

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga’. 

Les decía también: ‘Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará’”.

COMENTARIO

No se puede esconder la Verdad

A pesar de lo que el ser humano, semejanza de Dios, crea o entienda que cree, no puede hacer como si lo que conoce del Todopoderoso y de su voluntad no existiese. Eso no puede esconderse.

Todo lo sabe Dios

Hay algo que muchas veces no se tiene en cuenta: Dios todo lo conoce y todo lo sabe. Por eso sus hijos debemos actuar reconociendo que nada de lo que hagamos quedará oculto al corazón del Padre.

La medida con la que midamos

Cristo nos dice algo que es muy importante para sus hermanos los hombres: debemos tener en cuenta que según hagamos con nuestro prójimo así se nos tendrá en cuenta a nosotros. A lo malo, malas consecuencias; a lo bueno, buenas espirituales.


JESÚS, ayúdanos a medir al prójimo con una medida de amor y misericordia.



Eleuterio Fernández Guzmán

25 de enero de 2017

Creer para salvarse

Mc 16,15-18

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Éstas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien’”.

COMENTARIO

Cuando Jesucristo, Mesías y Enviado de Dios, envía a sus Apóstoles al mundo para que prediquen no lo hace de cualquier forma. No. Lo hace de forma que tengan que llevar a cabo una misión clara y bien determinada.

Dice Jesús algo importante: para salvarse hay que creer y bautizarse. Es decir, la salvación eterna requiere una serie de requisitos que se han de cumplir. Así, se salvará quien crea que Cristo es el Hijo de Dios y, además, se bautice en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Pero aquellos hombres, enviados por Cristo al mundo a predicar, iba a tener una gran ayuda: van a poder llevar a cabo hechos maravillosos que mostrarán al mundo que eso sólo puede llevarlo a cabo quien está enviado por Alguien muy especial.

JESÚS, ayúdanos a transmitir la Buena Noticia.



Eleuterio Fernández Guzmán

24 de enero de 2017

Verdaderos discípulos de Cristo


Martes III del tiempo ordinario
Mc 3,31-35

En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: ‘¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan’. Él les responde: ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’. Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: ‘Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre’”.

COMENTARIO

No nos extraña que la Virgen María quisiera ver a Jesús. Podemos imaginar que quería acercarse porque haría mucho tiempo que no lo veía. Por eso que acudiera allí a donde estuviera predicando era de esperar.

Aquellos que lo están escuchando reaccionan de forma muy natural. Y es que cuando la madre de alguien lo busca nada de extrañar que los que están con él se lo digan. Pero Jesucristo tenía algo importante que decir.

Quizá se podría pensar que estaba despreciando a su madre. Pero nada más lejos de la realidad porque su Madre era quien había cumplido la voluntad de Dios. Era la primera y mejor discípula Suya.


JESÚS,  ayúdanos a cumplir con la santa voluntad de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán

23 de enero de 2017

No pecar contra el Espíritu Santo

 Lunes III del tiempo ordinario
Mc 3,22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: ‘Está poseído por Beelzebul’ y ‘por el príncipe de los demonios expulsa los demonios’. Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: ‘¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno’. Es que decían: ‘Está poseído por un espíritu inmundo’”.

COMENTARIO

Acusar de que Jesús expulsaba a los demonios porque estaba al servicio de Satanás era decir cosas que, por ridículas, no podían hacerle daño al Hijo de Dios. Sin embargo, eso no quería decir que nada tuviera que decir quien así era atacado.

Aquello que decían aquellos que querían atacar a Jesús no tenía razón de ser. Y Cristo les hace ver lo absurdo de sus afirmaciones porque uno puede ir contra sí mismo. Por tanto, si Él actuaba contra los demonios era porque no era parte de los demonios.

Había, sin embargo, algo muy importante que debía ser conocido por todos: ciertamente, Dios perdona siempre a sus hijos. Sin embargo, hay una blasfemia que no se podía perdonar y era la que se decía contra el Espíritu Santo y, como consecuencia peor, la muerte eterna.


JESÚS, ayúdanos a no pecar nunca contra el Espíritu Santo.




Eleuterio Fernández Guzmán

22 de enero de 2017

Escogiendo a los suyos


Mt 4, 12-23

“Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:= ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! == El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte  una luz les ha amanecido. = Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: ‘Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.’ Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: ‘Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.’  Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron. Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.”

COMENTARIO

Cuando Jesús conoció la noticia de Juan el Bautista (que había sido hecho preso por Herodes) sabía que había llegado la hora que tanto tiempo había estado esperando: era el momento de predicar acera del Reino de Dios.

La conversión que Jesús predica tiene todo que ver con el cambio del corazón. Y es que aquellos que, hasta entonces, habían sido hermanos suyos en la fe, deben cambiar muchas cosas acerca de su propia fe. Por eso deben cambiar.

Y, poco a poco, va escogiendo a los que cree que debe escoger. Lo más curioso es que a los que se dirige no dudan lo más mínimo en dejarlo todo y seguirlo. Y a partir de entonces recorrió el mundo más cercano enseñando y curando que era, justamente, lo que había venido a llevar a cabo.


JESÚS,  ayúdanos a seguirte como te siguieron tus Apóstoles.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de enero de 2017

Estar fuera de sí


Sábado II del tiempo ordinario
Mc 3,20-21

En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: ‘Está fuera de sí’”.

COMENTARIO

Podemos imaginar que Jesús volvió muchas veces a su casa de Nazaret. Iría a visita a su familia pero, sobre todo, a ver a su Madre, la Virgen María. Tampoco nos extraña nada que muchos quisieran verlo.

Nos dice este texto que se agolpó mucha gente en la casa donde estuviera predicando. Y es que la fama de buen predicador y buen Maestro llegó hasta los rincones más recónditos de Israel. Y tal era el gentío que no podían ni comer.

Es de creer que la Virgen María quería ver a su hijo. Por eso fue a buscarlo allí donde se encontraba. Y lo que nos dice este texto bíblico es extraño: estaba “fuera de sí”. Y es que podemos imaginar, también, a Jesucristo enseñando con todo el gozo del mundo y eso, para según qué mentalidades, podía parecer algo extraño.


JESÚS,  ayúdanos a hacernos cargo de tu enseñanza.



Eleuterio Fernández Guzmán

20 de enero de 2017

Escoger a sus Apóstoles


Viernes II del tiempo ordinario
Mc 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.

COMENTARIO

Jesús sabía que la labor de transmitir la llegada del Reino de Dios y su posterior aceptación necesita de la colaboración de más personas. Escoge a los que quiere porque sabe que eso es necesario.

El texto nos dice que llamó a los que quiso. En realidad, la voluntad de Dios, que estaba en Él por ser Dios hecho hombre, era precisamente la de escoger a unos hombres que, quizá no eran grandes sabios pero que tenían el corazón preparado para recibir la Buena Noticia.

Cada uno de aquellos hombres, que constituirían el grupo de los Doce tienen una vida particular. Cristo los hace todos uno y uno que le va a seguir para aprender lo que el Hijo de Dios quiera enseñarles. Incluso escoge al que le va a entregar. Él lo sabía ya.


JESÚS, ayúdanos a ser apóstoles de hoy.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de enero de 2017

Muchos acudían a Él


Jueves II del tiempo ordinario
Mc 3,7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: ‘Tú eres el Hijo de Dios’. Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

COMENTARIO

Muchos le seguían

Es de creer que cuando se corrió la voz (casi única forma entonces de saber lo que pasaba) acerca de un Maestro que hacía prodigios y hablaba con autoridad, muchos lo buscaran. Querían conocer a Quien muchos llamaban Mesías.

Curó a muchos

La misión de Cristo estaba bien definida: salvar a los que habían necesidad de ser salvados. Por eso cura a muchos que se encuentran enfermos: físicamente o del alma (por posesión demoníaca) y por eso muchos comprobaron que, en efecto, aquel hombre era más que un hombre.

Lo reconocieron

El Mal, por mucho que se quiera apoderar de los hijos de Dios, conoce al Bien. Es decir, los demonios que dominaban a personas sabían que Jesús podía derrotarlos. Y lo reconocían, ante el estupor de todos aquellos que aquello veían


JESÚS, ayúdanos a confiar en tu poder.



Eleuterio Fernández Guzmán

18 de enero de 2017

Saber lo que es misericordia


Miércoles II del tiempo ordinario
Mc  3,1-6

“En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate ahí en medio’. Y les dice: ‘¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?’. Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: ‘Extiende la mano’. Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.

COMENTARIO

No hay duda alguna acerca de las intenciones de aquellos que perseguía a Cristo. No tenían la más mínima intención de creer en lo que decía pero aún tenían menos a la hora de aceptar lo que hacía. Si eso era en sábado, aún menos.

Aquel hombre estaba muy necesitado de curación. Tener la mano paralizada le suponía una pobreza asegurada porque no podrían trabajar de forma, digamos,  normal. Sin embargo, aquellos hombres rígidos de corazón no entendían que Jesús pudiera curarlo ¡en sábado!

Jesús, sin embargo, conoce el corazón de Dios. Sabe, por tanto, que el Todopoderoso no puede querer que alguien sufra so capa de cumplir determinada norma. Por eso Cristo hace el bien: porque debe hacer el bien aunque sea sábado.


JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos.


Eleuterio Fernández Guzmán

17 de enero de 2017

Lo lícito para Dios

Martes II del tiempo ordinario
Mc 2,23-28

Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: ‘Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?’. Él les dice: ‘¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?’. Y les dijo: ‘El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado’”.

COMENTARIO

No era nada extraño que hubiese muchos que mirasen qué hacía Jesús y sus discípulos. Por eso les extraña que hagan algo que no está permitido en sábado porque tal precepto es muy importante para ellos.

Pero Jesús, que los conoce bien, sabe que lo que dice no es correcto. Y es que ellos parecen ciegos que no quieren ver y no entienden que las cosas no son como ellos creen.

En realidad, Cristo lo dice más que bien: el mundo está hecho para el hombre pero no el hombre para las necesidades particulares del mundo. Y con esto les quería decir que Él era quien establecía lo que, en realidad, era la voluntad de Dios.


JESÚS, ayúdanos a comprender la voluntad de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán





16 de enero de 2017

Odres nuevos para vino nuevo

Mc 2, 18-22

“Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: ‘¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?’ Jesús les dijo: ‘¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.”

COMENTARIO

No es poco cierto que aquellos que no querían a Jesús y tenían intención de ponerlo mal en cualquier circunstancia aprovechaban lo que fuera para hacer eso. Y, evidentemente, el tema del ayuno era uno de los preferidos. Al parecer, sus discípulos no ayunaban los días que eso estaba prescrito.

Pero Cristo, que sabe que su vida tendrá un final, ciertamente, terrible, sabe cómo hacer frente a aquellas alegaciones. En realidad, Él es el novio de la boda y sus amigos han de festejar que están con Él hasta que se lo lleven o, lo que es lo mismo, hasta que muera. Pero ellos, eso de la muerte seguramente no lo entendieron.

Y entonces el Hijo de Dios aprovecha para hablarles de lo que deben cambiar: sus corazones. Y es que para recibir el vino nuevo que es, en realidad, la antigua Palabra de Dios, necesitan venir a ser otros, que todo cambie para que sus vidas se vean interpeladas, de verdad, por Dios.

JESÚS,  ayúdanos a tener nuestros corazones bien dispuestos para Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de enero de 2017

Todo se cumple




Jn 1, 29-34

“Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.’  Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.’ Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.’”


COMENTARIO

El Cordero de Dios

El Bautista sabía que aquel hombre que había bautizado era el Enviado de Dios. Sabía que existía antes que él aunque supiera que había nacido unos meses después.

Quien tenía que venir

Aquel hombre, aquel  de quien decía el Bautista que era el Cordero de Dios que quitaba el pecado del mundo era quien tanto había estado esperando el pueblo judío.

El Bautista fue avisado

Lo más curioso de esto es que nada es mentira. Es decir, Juan el Bautista, que  no era el Mesías, tuvo que ser avisado por el Espíritu Santo de todo lo que estaba pasando. Sólo así se entiende que supiera aquello.


JESÚS, gracias por haber venido y por haber cumplido con la misión encargada por Dios Todopoderoso.




Eleuterio Fernández Guzmán

14 de enero de 2017

Necesitados de salvación

Sábado I del tiempo ordinario
Mc 2,13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: ‘¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?’. Al oír esto Jesús, les dice: ‘No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores’”.

COMENTARIO

Jesús, cuando necesita escoger a los hombres que van a ser sus discípulos más allegados, sus Apóstoles, sabe que debe escoger a algunos que, a lo mejor, no son bien recibidos. Y Mateo es uno de ellos.

Aquel hombre, Leví, era recaudador de impuestos, publicano, para el invasor romano. No era nada bien visto por sus hermanos de nación y de religión. Sin embargo, lo deja todo cuando Jesús lo llama y, luego, acude a su casa a comer.

Muchos de los contemporáneos de Cristo no entendían cómo era posible que hiciera aquellas cosas con los que ellos consideraban pecadores. Sin embargo, Jesús desmonta toda sus objeciones al decirles que no necesitan médico los sanos pero sí los pecadores.


JESÚS, ayúdanos a no a aceptar tu santa voluntad.


Eleuterio Fernández Guzmán





13 de enero de 2017

La fe mueve corazones

Viernes I del tiempo ordinario

Mc 2,1-12

Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.  Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: ‘Hijo, tus pecados te son perdonados’. 

Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: ‘¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?’. Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: ‘¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’”. 

COMENTARIO
Cuando Jesús iba a determinado lugar, una vez se había extendido la fama de autoridad que llegó a tener, no era extraño que muchos acudieran a escucharlo. También que muchos quisieran obtener algún auxilio.

Aquellos amigos querían mucho a su amigo. Por eso, confiando en el poder de sanación del Maestro, acuden a su encuentro. Hacen lo posible y lo imposible para que lo vea. Y Jesús, que conoce los corazones de los hombres según hace, eso es lo que hace.

Pero muchos dudan del poder de aquel que dice que perdona los pecados. No lo creen Dios. Sin embargo, para que vean que sí lo es no sólo le perdona los pecados sino que le cura de la parálisis. Y eso debía haberles convencido de Quién era.


JESÚS, ayúdanos a tener la fe de aquellos amigos.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de enero de 2017

Querer quedar limpios

 Jueves I del tiempo ordinario
Mc 1,40-45

En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: ‘Quiero; queda limpio’. Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: ‘Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio’. 

Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.

COMENTARIO

Había muchos que necesitaban curación. Muchos lo era espiritual pero otros tantos era física la que necesitaban. Y aquel leproso, apartado de la sociedad por su enfermedad, necesitaba mucho ser curado. Pero, además, confiaba.

La confianza que tenía el leproso acerca de que el Maestro podía curarlo lo expresa cuando dice “Si quieres”. Es decir, sabía que podía curarlo tan sólo con pedírselo y pedírselo manifestado tal creencia y confianza.

Jesús no puede resistirse a la petición de aquel hombre que sufre de la lepra. Y es que cuando aprecia confianza en su persona, fe en su persona, no puede hacer otra cosa que curarlo. No quiere que nadie lo sepa pero ya podemos imaginar que el leproso no puede evitar dar gracias a Dios y decir quién lo ha curado.


JESÚS, ayúdanos a confiar siempre en Ti.




Eleuterio Fernández Guzmán

11 de enero de 2017

Para eso vino Cristo al mundo

Miércoles I del tiempo ordinario
Mc 1,29-39

En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. 

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. 

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan’. El les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido’. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.


COMENTARIO

La misión de Cristo consistía, sobre todo, en salvar lo que necesitaba ser salvado. Y las enfermedades físicas encerraban al ser humano en sí mismo y, muchas veces, lo apartaban de la sociedad que, además, los rechazaba según la consideración que se tenía de las mismas.

Tanto la suegra de Simón como aquellos endemoniados a los que curó Cristo fueron testigos de que la autoridad con la que hablaba y actuaba era propia de ser el Mesías, el Enviado de Dios y no un ser humano corriente.

Pero Jesús sabía que había venido al mundo a hacer lo que debía hacer. Y la expresión “para eso he salido” mostraba, bien a las claras, que no tenía intención de volverse atrás sino, muy al contrario, de seguir adelante.


JESÚS, ayúdanos a aceptarte en nuestro corazón para siempre.




Eleuterio Fernández Guzmán

10 de enero de 2017

La santa doctrina de Cristso


Martes I del tiempo ordinario
Mc 1,21-28

Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús, entonces, le conminó diciendo: ‘Cállate y sal de él’. Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. 

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen’. Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

COMENTARIO

Para cumplir con la misión que tenía encomendada, Cristo debía predicar por el mundo que tenía a su alcanza. Por eso la sinagoga era el lugar más adecuado para hacer tal cosa. Muchos, claro, no estaban de acuerdo con lo que decían, pero otros sí.

Cristo acompañaba sus palabras con signos. Y es que el pueblo judío estaba necesitado de signos para entender qué se le decía. Por eso curó a muchos poseídos por el demonio, el Mal que procuraba poner trabas a la misión de Cristo.

No extraña nada que pasar lo que pasó. Es decir que, cuando muchos vieron lo que decía y hacía, y que era verdaderamente extraordinario, corrieron a comunicarlo a los que conocía. Y es que Jesucristo enseñaba con una autoridad que antes no se había visto.



JESÚS, ayúdanos a aceptar tu santa Palabra. 


Eleuterio Fernández Guzmán