29 de junio de 2013

¿Quién es Cristo para nosotros?





Mt 16, 13-19

“En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.

COMENTARIO

Jesús conocía los pensamientos de todos aquellos con los que andaba y, también, de los que no iban con Él. Sin embargo, al igual que Dios, que conoce nuestras necesidades gusta de que oremos dirigiéndonos a Él para pedir o dar gracias, también quería el Maestro, saber lo que se decía de Él.

Pedro, aquel hombre que tanto quería a Jesús, sabe que el Maestro con quien lleva caminando bastante tiempo es alguien más que un simple hombre. Lo que hacía y lo que decía sólo podía venir de Dios. Por eso sabe, y lo dice, que Jesús es el Hijo de Dios vivo.

Jesús, por su parte, también sabe que aquel hombre que luego le traicionará ha de ser muy importante para su Iglesia, la piedra sobre la que edificarla. Por eso le entrega las llaves del Reino de Dios y le da poder para atar y desatar.


JESÚS,  saber, creer y decir que eres el Hijo de Dios vivos más que importante porque supone ir por el camino recto que lleva al definitivo Reino de Dios. Por eso es triste que, demasiadas veces, hagamos como si no lo supiéramos.





Eleuterio Fernández Guzmán


28 de junio de 2013

La Fe todo lo puede





Viernes XII del tiempo ordinario


Mt 8,1-4

“En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante Él, diciendo: ‘Señor, si quieres puedes limpiarme’. Él extendió la mano, le tocó y dijo: ‘Quiero, queda limpio’. Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: ‘Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio’”.

COMENTARIO

En el tiempo de Jesús, determinadas enfermedades no sólo afectaban físicamente a las personas que las padecían sino que, socialmente, les excluía de la vida común y eran apartadas del mundo. El caso del leproso era uno de mucha importancia en tal aspecto.

El leproso sabe que sólo aquel hombre que cura a quien lo necesita puede sacarle de la situación en la que se encontraba. Por eso pide con fe, con confianza; le pide su curación. Le dice a Jesús que si es su voluntad, lo puede curar con toda seguridad. Y consigue la curación de las manos del Mesías.

Jesús no quiere, sin embargo, que nadie sepa lo que ha hecho sino que quiere someterse a la ley vigente. Por eso le dice al leproso que acuda al templo para ofrecer una ofrenda, prescrita para tal caso por Moisés, pues, además, así se reconocerá que su curación ha sido obra de Dios. Y eso, además, era la pura verdad.


JESÚS,  quien acude a Ti con fe y con la confianza que se pone en El Salvador, obtiene lo que necesita. A lo mejor eso nos debería hacer pensar qué es lo que a nosotros, en tal aspecto, nos pasa.






Eleuterio Fernández Guzmán


27 de junio de 2013

Hacer según se dice creer




Jueves XII del tiempo ordinario


Mt 7,21-29

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’.

‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’.

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas”.

COMENTARIO

No basta con creer que se tiene fe. En realidad, lo único que puede ser tenido en cuenta por Dios es el efecto que causa en nosotros la creencia en el Todopoderoso y en su Hijo Jesucristo. Si no hay reflejo en nuestra vida de lo que decimos creer, de nada sirve de cara al Creador.

Construir sobre roca es la única forma de hacer las cosas espirituales según vale la pena hacerlas. Otra forma de actuar es, en primer lugar, actuar como un necio y, en segundo lugar, no darse cuenta de que Dios lo sabe todo y lo ve todo.

Cuando Jesús decía cosas como éstas había muchas personas que no estaban de acuerdo con Él y le perseguían, digamos, a muerte. Sin embargo, otros muchos se dieron cuenta de que no era un maestro más sino, en efecto, el Maestro y que hablaba con verdadera autoridad y no como la de muchos que decían tenerla por normas o reglamentos del Templo.


JESÚS, construir contigo es hacer las cosas como hay que hacerlas y, además, la única forma de alcanzar la vida eterna. Nosotros, sin embargo, no siempre parece que comprendamos lo que es tan sencillo de comprender.





Eleuterio Fernández Guzmán


26 de junio de 2013

Frutos buenos y frutos malos



Miércoles XII del tiempo ordinario

Mt 7,15-20

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis’”.


COMENTARIO

Aunque para Dios nada hay imposible, sí lo hay para el comportamiento del ser humano pues, a lo largo de los siglos, se ha podido comprobar que lo que no puede ser, difícilmente será. Y eso pasa, según decía Jesús, con algunos que se hacían pasar por profetas cuando no eran más que heraldos del Mal.

Jesús tiene muy en cuenta aquello que dice que según ha hecho una persona sí hay que tenerla en cuenta. Y los lobos rapaces, como dice el Hijo de Dios, no pueden dar frutos bueno sino muy malo porque de quien es malo nada bueno puede salir.

Jesús advierte sobre algo que es muy importante y que no deberíamos olvidar nunca: ser malos, contrarios a la voluntad de Dios, tiene consecuencias que no son, precisamente, nada halagüeñas sino que tiene que ver con el infierno donde están destinados aquellos que han hecho lo que no tenían que hacer.


JESÚS, dar buenos frutos sólo es posible si la semilla es buena y ha sido regada con Agua Viva. Pero, incluso cumpliendo estas dos condiciones, en determinadas ocasiones, no los damos.





Eleuterio Fernández Guzmán


25 de junio de 2013

La regla de oro de Dios



Martes XII del tiempo ordinario


Mt 7,6.12-14

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran’”.


COMENTARIO

Los consejos espirituales que da Jesús no eran, ni son, fáciles de seguir porque, muchas veces, convierten lo que parecía bueno en algo irremediablemente malo o negativo para nosotros. Por eso muchos de los que le escuchaban no estaban de acuerdo, para nada, con lo que decía.

Si hay algo fundamental en la vida del discípulo de Cristo es seguir lo que dice. En este caso particular la que podemos denominar regla de oro del cristianismo: hacer a los demás lo que los demás queramos que nos hagan. Y eso, es así, no siempre lo solemos hacer porque nos gusta la puerta ancha y no la estrecha.

Sobre el caso de la puerta para entrar en el definitivo Reino de Dios, lo bien cierto es que nosotros preferimos la ancha. Sin embargo, es la entrega a los demás, el sacrificio y todo lo que supone seguir la voluntad de Creador la que la hace bien estrecha. Y así, venciendo tal estrechez, vencemos nuestra tendencia a ser poco útiles a Dios.


JESÚS, prefieres que sepamos la verdad y, aunque sea difícil de soportar, la tengamos en cuenta. El caso es que, en demasiadas ocasiones no hacemos nade de caso a la misma porque no nos interesa. Así de sencillo y, a la vez, de terrible.





Eleuterio Fernández Guzmán


24 de junio de 2013

Dueños de vidas y haciendas



Pablo Cabellos Llorente








Al leer el título, quizás el amable lector piense que voy a recordar al Conde Lucanor, un buen libro que gusta a Del Bosque. También que desee referirme a los señores feudales que, efectivamente, eran dueños de vidas y haciendas. Incluso pueden recordar a Octavio Paz escribiendo del cacique americano, casi otro modelo de señor feudal. Estos últimos irían menos descaminados respecto a  mi propósito, porque voy a referirme a algunas formas de totalitarismo, que no tienen nada que envidiar a los señores medievales.

Bien recientemente, hemos sufrido totalitarismos engullidores del hombre: Nazismo y Comunismo, del que algunos no han logrado salir, no ya en China o Cuba, sino en las propias naciones democráticas. Y los populismos americanos actuales, tipo Chávez y acompañantes, inspirados en el marxismo de Castro. Para decirlo pronto, me refiero al estatismo  de muchos  países democráticos.

Puede verse en elucidación ideológica: por un lado, la izquierda pensante que ve todo en clave pública, entendiendo por tal lo realizado por el Estado. Pero, como los extremos se tocan, también el Fascismo fue estatista. Y por si fuera poco, hasta esos términos están obsoletos, porque la triste y final realidad es que cada uno -con honrosas excepciones- va a lo suyo. Y si precisan alquilarse a quien tenga poder y dinero, pues lo hacen. Digo alquilarse tomando una idea de Emilio Romero que, acusado de venderse, respondió impertérrito: yo no me vendo, me alquilo. Hay mucha vivienda para arrendar, pero no sé si existen más profesionales en alquiler.

Si alguien suma los que, más o menos legítimamente, viven en este país del Estado, el asunto resulta alarmante: los funcionarios, que son legión, unos muy necesarios y otros absolutamente prescindibles. Una minucia: un parado acude para apuntarse al INEM. El primer día escucha el tradicional vuelva usted mañana, falta un papel. Retorna con el documento. Cola  larga hasta acceder a la ventanilla para cubrir un cuestionario. A cierta altura del rellenado, le dicen que siga en la ventanilla contigua,  no en directo sino volviendo al último de la fila, asunto que se repite una tercera vez hasta  completar la relación. Posiblemente sobraran los tres porque existe Internet.

Hay jueces que no paran, envueltos en papeles, otros se deben a los medios o a la política; oficinistas que no pegan ni sello: conozco  un ingeniero que cuando va a interesarse por uno de esos asuntos eternos, como no admiten preguntas orales, le indican que presente una nueva instancia. Ya lleva tres. Pero podemos ir al nivel de algunos trabajadores municipales o gente que actúa en una obra pública de las pocas existentes, y vemos mucho descanso, mucho pitillo, mucho vinito... Esto lo pagamos todos, pero los primeros en contribuir son sus compañeros que sí trabajan.

Dadas esas pinceladas, continuamos con la suma: los legítimamente jubilados también han de ser mantenidos. Los cargos públicos -por cierto, la mayoría mal pagados- hacen subir el montante a límites increíbles: un gobierno central, diecisiete autonomías, un montón de municipios -algunos yuxtapuestos a otros- con su campo deportivo cubierto y descubierto, piscina, asesores duplicados, secretario, corporación, colegio público, uno frente al otro... Miren todo eso en cada provincia, autonomía, y gobierno e instituciones centrales, también con asesores, diputados, etc., etc., que hasta consumen más barato en los bares de edificios oficiales, sin saberse muy bien por qué. Eso no hay bolsillo que lo aguante: al final de 2012 el 20,78% de los trabajadores eran empleados públicos. Y habían descendido.  Presumo que no cuentan los políticos.

Vayamos a partidos y sindicatos. Aun dejando al margen las malversaciones económicas emergentes cada minuto, ¿por qué razón  han de sostenerse con impuestos de ciudadanos no afiliados al partido o sindicato? Pueden decir que los votan, lo que sólo es una partecita de la verdad porque, ¿qué porcentaje vota en las elecciones sindicales? El de partidos ya lo sabemos. Mas, en todo caso, ¿por qué hemos de pagar a unos señores con dedicación profesional a estos menesteres? Por lo mismo, podíamos pagar a los publicistas, por ejemplo.  Progresa el asombro si avistamos el paro sangrante: ¿Hay alguna encuesta de parados que digan si les ayuda algún sindicato? Los dueños de vidas y haciendas: todo Estado. Sin embargo, la inmensa mayoría trabaja mucho.


¿Por qué escribo todo esto?  Porque son temas éticos presentes en toda boca.  Hay más: ¿qué sentido tiene actualmente -en realidad, nunca- la ostentación en forma de coches aparatosos, comidas sibaritas, indumentaria carísima...? Acabo con dos proposiciones complementarias. Juan Pablo II en "Centesimus annus": "Al intervenir directamente y quitar responsabilidad a la sociedad, el Estado asistencial provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos, dominados por las lógicas burocráticas más que por la preocupación de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos". Parece que pensaba en la España actual. San Josemaría: "Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del amor del Corazón de Cristo". Pensaba en ti y en mí.

P. Pablo Cabellos Llorente

Publicado en www.lasprovincias.es

El Precursor





Lc 1,57-66.80

“Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados.

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.”


COMENTARIO

Aunque nadie creía que Isabel, la esposa de Zacarías, podría tener hijos a su edad, lo bien cierto es que nada hay imposible para Dios. María supo, por el Ángel Gabriel, que su prima estaba embarazada, entonces, de 3 meses, y acudió a echarle una mano.

A Zacarías le había dicho el Ángel del Señor que recuperaría la voz, que había perdido por falta de fe en lo que le decía enviado de Dios, cuando naciera el hijo al que tendría que ponerle de nombre Juan. Y eso sucedió, exactamente, cuando le dijo que sucedería.

Según lo que todos habían visto, aquel niño sólo podía estar destinado por Dios para cumplir una misión muy importante. Dios estaba con aquel que, con el tiempo, sería el Precursor, quien anunciaría al Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo.

JESÚS, tu primo Juan llegaba el mundo con múltiples señales de parte de Dios. Muchos, sin embargo, no le harían caso y conspirarían para que muriera. En cierto modo, nosotros hacemos lo mismo cuando no enderezamos los caminos que llevan al definitivo Reino de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de junio de 2013

Providencia de Dios





Sábado XI del tiempo ordinario

Mt 6, 24-34

”En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’”.



COMENTARIO

Servir a Dios

Para Jesús servir al Dios antes que al hombre o, lo que es lo mismo, cumplir la voluntad del Creador, es lo más importante y crucial en la vida de un hijo que ama a su Padre.


Providencia de Dios

El hijo de Dios ha de confiar en su Padre del Cielo. Así, más que querer someterse a dictados de magos o quiromantes o realidades similares debe estar más que seguro que el Creador vela por su vida y por sus circunstancias. Y confiar, ser fiel, tener fe.


Hacer lo que corresponde a cada día

Preocuparse por lo que tiene que venir sin tener en cuenta lo que ahora mismo hay que hacer no tiene sentido alguno. Nosotros no podemos hacer nada por el porvenir porque está escrito. Sin embargo, sí podemos decidir qué hacemos ahora porque está en nuestras manos. Y ha de estar entregarse al prójimo y amar a Dios sobre todas las cosas. Lo demás… ya vendrá.


JESÚS, las realidades más elementales las tenías que enseñar. En realidad, no solemos tenerlas en cuenta y así nos va…





Eleuterio Fernández Guzmán


21 de junio de 2013

Lo único que vale la pena



Viernes XI del tiempo ordinario

Mt 6,19-23

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

‘La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!”.

COMENTARIO

Los seres humanos tenemos la tendencia de creer que sólo vale la pena aquello que hacemos mientras vivimos en la tierra, aquí mismo, en este valle de lágrimas. Olvidamos lo más importante de la existencia de un hijo de Dios.

Jesús sabe, pues es Dios mismo, que lo único que debemos tener en cuenta es aquello que, de verdad, es importante para nosotros: la vida eterna y lo que hay más allá de esta vida de hombres de carne. Sólo guardando aquello que es necesario para alcanzar la vida eterna, podremos gozar de la misma. No, sin embargo, con lo mundano y perecedero.

Todo, pues, aquello que se opone a la vida eterna y a vivir siempre junto al Creador y al Cordero, debe ser desechado por nosotros porque sólo vale la pena aquello que nos servirá para siempre. Por eso Jesús insiste tantas veces en que lo que nos sobra debemos echarlo fuera de nosotros.


JESÚS,  sólo vale la pena aquello que nos conduce a la vida eterna. Es una pena que, tantas y tantas veces, no queramos darnos cuenta de esto.






Eleuterio Fernández Guzmán


20 de junio de 2013

Padre y Nuestro





Jueves XI del tiempo ordinario


Mt 6,7-15

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.

Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’”.

COMENTARIO

Jesús quería que sus discípulos aprendiesen a dirigirse al Padre. No quería que hicieran como muchos de sus hermanos en la fe que rezaban de forma, seguramente, mecánica y sólo con intención de aparentar.

Cuando Jesús les enseña el Padre Nuestro porque sabe que Dios es Padre y que, además, es Nuestro. Por eso sabe lo que el Creador quiere  de cada uno de nosotros y, sobre todo, cómo debemos pedirle lo que es importante para nosotros.

El Padre Nuestro es la oración con la que el Hijo de Dios sabe que somos especialmente escuchados por su Padre que, además y por eso mismo, es también nuestro. Decir tales peticiones creyendo que son importantes, una a una y despacio, es el mejor camino para ser escuchados.


JESÚS,  enseñas el Padre Nuestro porque sabes que es la auténtica forma de traer a Dios a nuestra vida. ¡Cuántas veces lo decimos sin sentir lo que decimos!





Eleuterio Fernández Guzmán


19 de junio de 2013

Tener en cuenta que Dios nos ve y nos mira






Miércoles XI del tiempo ordinario

Mt 6,1-6.16-18

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.



COMENTARIO

Lo que dice Jesús, entonces y ahora mismo, es bueno para sus discípulos y, en general, para el hombre. Sin embargo, mucho de lo que dice no es bien comprendido por las personas a las que iba y va dirigido.

Hacer como que Dios no nos ve y no nos mira sólo puede tener malas consecuencias para nosotros. Así, por ejemplo, si sólo miramos a qué piensan de nosotros cuando damos limosna no tenemos en cuenta lo que Dios piensa de nosotros: no será nada bueno porque hemos hecho alharacas con nuestra limosna.

Otras cosas muy importantes dice Jesús. Tanto en el tema de orar como en el del ayuno sólo tenemos que saber que es a Dios a quien nos debemos dirigir para ofrecer la oración o el ayunar. Poco importa lo que piensen los demás sino sólo lo que Dios vea y mire.


JESÚS, nos dice lo bueno para nosotros y para nuestra salvación eterna. Nosotros, sin embargo, no lo tenemos siempre en cuenta es más ¿lo tenemos en cuenta alguna vez?



Eleuterio Fernández Guzmán


18 de junio de 2013

Cuando Dios pide casi lo imposible



Martes, 18 de junio de 2013



Martes XI del tiempo ordinario

Mt 5,43-48

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”.

COMENTARIO

Los que seguían a Jesús estaban más que acostumbrados, el Maestro era así, a escuchar cosas que no cabían en sus cabezas y, menos aún, en su corazón. Pero aún les quedaba mucho por escuchar, por asimilar y por creer.

Jesús se dirige al corazón de aquellos que le escuchan y, desde aquel momento, a nosotros mismos. Cuando se nos ofende no es que haya que perdonar a quien incurre en tal comportamiento sino que, además, hay que amar a nuestros enemigos.

Eso parece casi imposible pero Jesús argumenta con muy buen tino: si sólo amamos a quienes nos aman ¿qué merito tenemos? En realidad, lo que quiere decir es que eso del amor al prójimo es una verdad, a veces, demasiado grande para nosotros.

JESÚS,  como Tú tienes entrañas de misericordia quieres que hagamos lo mismo nosotros pero, muchas veces, pudiera dar la impresión, más que cierta, que no queremos hacerlo.





Eleuterio Fernández Guzmán


17 de junio de 2013

La ley de Dios, exactamente, como es





Lunes XI del tiempo ordinario

Mt 5,38-42

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda’”.

COMENTARIO

Era lógico, según aquella forma de pensar, que cuando una persona, por ejemplo, lesionaba a otra, existía la intención de devolver el daño que se había hecho. Así no se actuaba con ninguna caridad ni con ninguna comprensión.

Jesús, que había venido a que se cumpliera la Ley de Dios punto por punto, no podía entender cómo se actuaba de aquella forma teniendo el Creador un corazón de misericordia. Así no se era un buen hijo de Dios.

La Ley de Dios llevaba implícito un gran cambio del corazón. Por eso debió extrañar mucho a los que le escuchaba que dijera que si alguien te pedía algo tenías que darle, a ser posible, más todavía y que era crucial, para la salvación eterna, ser bueno y misericordioso.


JESÚS,  sabes que el corazón del hombre es, demasiadas veces, duro y que no comprende ni entiende lo que, en verdad, es importante. Por eso te pedimos nos ayudes a ser buenos, misericordiosos y a tener un corazón limpio.





Eleuterio Fernández Guzmán

16 de junio de 2013

El perdón misericordioso de Dios




Domingo XI (C) del tiempo ordinario

Mt 7,36—8,3

“Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.



Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora. Jesús le respondió: ‘Simón, tengo algo que decirte’. Él dijo: ‘Di, maestro’. ‘Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?’. Respondió Simón: ‘Supongo que aquel a quien perdonó más’. Él le dijo: ‘Has juzgado bien’, y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ‘¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra’.



Y le dijo a ella: ‘Tus pecados quedan perdonados’. Los comensales empezaron a decirse para sí: ‘¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?’. Pero Él dijo a la mujer: ‘Tu fe te ha salvado. Vete en paz’.



Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes".

COMENTARIO

Los fariseos se creían mejor que otros creyentes del pueblo de Israel. Por eso miraban a muchas personas por encima del hombre y les extrañaba, por ejemplo, que Jesús no tuviera malas palabras para aquella mujer que era, según ellos, mala.

Jesús, sin embargo, sabía que sólo quien mucho ha pecado ha de ser perdonado en mucho. Y eso le pasa a la mujer que entra donde está comiendo y ella, la pecadora, tiene más atenciones con Jesús que quien lo ha invitado, no pecador (supone él).

La fe de aquella mujer la salva. Aquella mujer, que era pecadora y todos lo sabían, necesitaba mucho el perdón de Dios. Eso es lo que obtiene de Jesús y es la forma en la que nos dice, a los que entonces escuchaban y a nosotros mismos, que la fe salva.



JESÚS, salvaste, perdonaste, a la mujer que, aunque mucho había pecado, mucha fe había demostrado al ser capaz de acercarse donde estabas. ¿También nosotros seremos capaces de hacer eso?





Eleuterio Fernández Guzmán

15 de junio de 2013

Creer, hoy día, en Jesús y creer en Cristo

 




Quizá el título de este artículo pueda resultar un tanto curioso o producir extrañeza. Es cierto que se suele decir que se cree en Jesucristo. Sin embargo, muchas veces lo que, en realidad, se hace, es estar de acuerdo con Jesús-hombre, pero no se siente lo mismo por Jesús-Dios, como separando una realidad de otra.

Pero, ¿cómo es posible creer en Jesús y no en Cristo?

Pues, por ejemplo, se cree en Jesús, en exclusiva, cuando se incardina su vida entre los hombres como si no tuviese más misión que la de ser hombre, alejada su realidad de la divinidad sustancial que lo sustentaba pues por mucho Reino de Dios que trajera se cree, quien así lo haga, que Dios es otro.
Por ejemplo, se cree en Jesús, en exclusiva, cuando se pretende hacer de su humanidad el eje de un mensaje como si fuera motu propio ajeno a su verdadera naturaleza.

Por ejemplo, se cree en Jesús, en exclusiva, cuando, desde su postura doctrinal tendente a hacer efectiva la Ley de Dios se entiende, con eso, que no era Dios sino que venía de su parte, a dar efectividad a lo que había establecido el Creador y que no se cumplía.

Por ejemplo, se cree en Jesús, en exclusiva, cuando de su defensa del pobre, del desvalido y del excluido social se hace bandera partidista como si el hecho de haber comido, y hablado, con ricos, no fuera para amonestar su actuación (ahí tenemos a mal llamado Epulón, el de la parábola de Lázaro) y sólo lo hubiera hecho para denunciar, de una forma quasi revolucionaria, su inservible ser social.

Por ejemplo, se cree en Jesús, en exclusiva, como hombre, cuando se oculta el misterio de su ser bajo el pretexto de la historicidad de su persona y se trata de escamotear la propia divinidad que, como Dios, tiene y se hace ver y pensar que una cosa es la humanidad de Jesús y otra la divinidad de Dios, olvidando todo lo dicho en Concilios como el de Calcedonia y el de Éfeso (sobre la confesión a uno solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo en el primero de ellos y la imposibilidad de atribuir a dos personas o dos hipóstasis en el segundo de ellos) porque, claro, ya sabemos que lo hacía y decía la “jerarquía de la Iglesia” con lo cual, por supuesto, para algunos díscolos discípulos de Jesucristo, es razón más que suficiente para no tener en cuenta nada de lo que dijeran entonces.

Sin embargo, se cree en Jesucristo, Emmanuel, cuando se reconoce que su vida entre hombres lo fue como expresión de la voluntad de Dios que, encarnándose en Jesús, quiso vivir entre sus hijos, como un igual pero sin dejar de reconocer (el Mesías) Quien era y, claro, sin poder atribuírsele pecado alguno.

Además, se cree en Jesucristo, Emmanuel, cuando se comprende y se acepta que su humanidad lo es en el ejercicio de una misión centrada en la constitución de la Iglesia como transmisora de aquella y como fiel heredera y difusora de sus sacramentos.

Además, se cree en Jesucristo, Emmanuel, cuando se entiende que su apoyo al pobre no es un escabel sobre el que subirse para defender posturas o opiniones políticas causantes de la separación contra la que siempre luchó Jesús y para cuya solución planteó, al Creador, aquel “para que sean uno como nosotros” que recoge San Juan en su Evangelio (17, 11) y que el Beato Juan Pablo II meditó en su Carta Encíclica Ut Unum sint, por eso apostillada con referencia al “Empeño Ecuménico”.

Por eso, se cree en Jesucristo, Emmanuel, cuando se es capaz de asimilar que, independientemente de su forma humana, Jesús tenía conciencia de ser Dios, así lo entendía y así lo hizo ver con actos y palabras a lo largo de su vida, conocida, como pública.

Por eso, se cree en Jesucristo, Emmanuel, cuando, dejando de lado toda visión mundana del Hijo de Dios, se confía, se entrega, nuestra confianza, en Aquel que perdona porque es Dios; en Aquel que se entregó para que fuésemos justificados.

Y así podríamos estar mucho rato porque las cosas de la fe son como son y no como a algunos les gustaría que fuesen. Pero, por desgracia, la utilización de la fe, hoy día es, muchas veces, así y aunque el Sagrado Corazón de Jesús seguro que perdona algunos pensamientos, no está mal presentarlos para que se sepa que hay más de un hermano en la fe que está bastante equivocado.

Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Soto de la Marina