18 de mayo de 2017

Permanecer en el amor de Cristo


Jueves V de Pascua

Jn 15,9-11

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado’”.

COMENTARIO

Lo que dice Cristo en este texto del Evangelio de San Juan es tan importante que encierra, tiene, muestra, qué es lo que debemos hacer y llevar a cabo para amar, verdaderamente, a Quien entregó su vida por cada uno de nosotros.

Guardar los Mandamientos. Esto lo dice Cristo algunas veces. Y lo dice porque sabe que es crucial en la vida de cada uno de sus discípulos. Y es que hacer otra cosa es no mostrar lo que debemos ser como hijos de Dios.

El caso es que permanecer en el amor supone hacer lo mismo en el de Dios Padre Todopoderoso. Por eso nos dice que Él permanece en el amor del Creador y que a nosotros nos conviene, muy mucho, hacer lo mismo.


JESÚS, ayúdanos a permanecer en tu amor siempre, siempre, siempre.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de mayo de 2017

Vid y sarmientos

Jn 15, 1-8


“’Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto,  lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia,          para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo,                      si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.
        
COMENTARIO

Cristo sabe que nosotros, sus discípulos, no somos seres humanos que dependemos de nosotros mismos para llevar una vida espiritual. No. Nosotros formamos parte de una imagen que utiliza en este texto bíblico y que nos dice mucho.

Nosotros somos parte de la viña que es Dios mismo. Y, como sarmientos, dependemos del alimento que nos da el Padre. Y si, por alguna de esas cosas que pasan, nos desviamos del camino que lleva a su definitivo Reino, Él corta aquello que nos sobra. Y así damos más fruto porque hemos sido sanados y limpiados.

Sin embargo, existe la posibilidad de que quien no quiera dar fruto por negligencia o por tibieza lo pase mal, muy mal. Y es que, entonces, será podado y echado al fuego. Y eso sólo puede referirse al fuego del Infierno.


JESÚS, ayúdanos a ser fieles discípulos tuyos.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de mayo de 2017

Algo de lo que es extraño alegrarse

Jn 14, 27-31

“Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo.      No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros.’ Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.  Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.      Levantaos. Vámonos de aquí.”
       

COMENTARIO

No podemos negar que Cristo les pide a sus Apóstoles que tengan mucha confianza en su persona y que crean todo lo que les está diciendo. Por eso habla acerca de lo que le va a pasar y por lo que ellos no se deben entristecer más de lo necesario.

Jesús sabe que va a morir y que va a ir al Padre. Por eso está exultante. Ellos, sin embargo, no acaban de comprender que eso tenga que ser así y su corazón se acaba turbando. Pero el Hijo de Dios le pide confianza en lo que les está diciendo.

Jesús avisa de algo más que grave: va a ser enviado al mundo Satanás. Y eso sí debe preocuparles. A Él, claro está, no le va a afectar pero sí a los que en el mundo habitan. Y deben, entonces, mantener una mayor confianza en lo que les está diciendo.

JESÚS, ayúdanos a mantener firme la confianza en tu persona.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de mayo de 2017

Guardar los Mandamientos de Dios

Lunes V de Pascua

Jn 14,21-26

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él’. Le dice Judas, no el Iscariote: ‘Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?’. Jesús le respondió: ‘Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho’”.

COMENTARIO

Lo que dice Jesucristo en este diálogo es de una gran importancia porque manifiesta lo que es crucial sea conocido, aprendido y llevado a la práctica. Los Mandamientos de la Ley de Dios no están puestos para ser adorados sin más sino para ser cumplidos.

Hay algo que es muy importante que nunca deberíamos olvidar: guardar la Palabra de Dios. Y eso supone, sobre todo, llevarla a la práctica pues no se puede referir el Hijo de Dios a guardar en el sentido de no tener en cuenta sino esconderla…

Lo que apunta aquí Jesucristo es que lo que dice no es cosa suya sino que es de Dios mismo. Y aunque nosotros eso lo sepamos hoy día, aquellos que entonces escuchaban aquellas palabras no acababan de entenderlas.

JESÚS,  ayúdanos a aceptar la Palabra de Dios como nuestra.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de mayo de 2017

Domingo, 14 de mayo de 2017-Cristo Camino, Cristo Verdad, Cristo Vida



Jn 14, 1-12

“‘No se turbe vuestro corazón.  Creéis en Dios: creed también en mí.   En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho;  porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino.’ Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’ Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.  Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.’  Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta.’ Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.  Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí.  Al menos, creedlo por las obras.  En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún,  porque yo voy al Padre.’”

COMENTARIO

Cuando Jesús comunica, ya por última vez, qué le va a pasar, hay muchos de sus Apóstoles que se preocupan mucho. Ellos aún no han acabado de comprender lo de la resurrección y, por eso, manifiestan no pocas dudas.

Jesús, sin embargo, sabe que ellos creen en Dios Todopoderoso y que, como miembros del pueblo elegido por su Padre, están preparados para cambiar su corazón. Por eso refiere su relación con el Creador.

Cristo es, como dice en este texto bíblico, el Camino, la Verdad y la Vida. Ellos deben, por tanto, seguir aquel Camino, tener en cuenta aquella Verdad y acogerse a aquella Vida. Sólo así alcanzarían la vida eterna.

JESÚS, ayúdanos a seguirte siempre.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de mayo de 2017

Dios está en Cristo

Sábado IV de Pascua

Jn 14,7-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto’. Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. 

‘Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré’”.

COMENTARIO

Es de comprender que fuera muy difícil entender para muchos aquello que el Maestro decía en ciertas ocasiones. No es que fuera imposible acercarse a su corazón sino que, espiritualmente hablando, decía cosas, a veces, demasiado profundas.

Bastaba, sin embargo, la fe. Por eso le dice a Felipe que parecía mentira que aún no se hubiera dado cuenta de la relación entre su Maestro y Dios mismo. Había estado mucho tiempo con ellos y, al parecer, no se habían dado cuenta de casi nada.

Ellos, sin embargo, sí creían por las obras. En realidad, era cierto que aún no estaban del todo preparados para según qué cosas del alma. Debían, de todas formas, saber que podían dirigirse al Creador a través de su santísimo Hijo.


JESÚS, ayúdanos a creer en Ti, a creerte.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de mayo de 2017

Confiar en Cristo

Viernes IV de Pascua

Jn 14,1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino’. Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’. Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí’”.

COMENTARIO

No es de extrañar, para nada, que aquellos que escuchaban a Jesús y que, según eso, sabían que lo que iba a pasar pronto no era lo más agradable, sintieran turbación en su corazón. Pero el Maestro tiene palabras de gozo que deben escuchar.

Jesús se va a ir, va a dejarlos, va a morir. Sin embargo, conviene mucho que eso sea así porque, de llevarse a cabo su muerte según Él dice subirá al Cielo y lo preparará para sus discípulos. Entonces… volverá para juzgar a vivos y muertos.

Es más, para que no cunda el miedo entre ellos, dice lo que es tan conocido y tan verdad: es, Él, el Camino, la Verdad y la Vida. Y se va al Cielo, precisamente, a través de Él. No lo puede decir más claro ni más fácil de entender.

JESÚS, ayúdanos a seguir tu Camino, tu Verdad y amar tu Vida.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de mayo de 2017

Acoger a Dios y a Cristo es lo mismo


Jueves IV de Pascua
Jn 13,16-20

Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado’”.

COMENTARIO

Todo, en la vida del Hijo de Dios, tiene que ver con Aquel que lo ha enviado al mundo a salvar a todo aquel que lo confiese, precisamente, como el Mesías. Y eso lo dice Cristo muchas veces.

Lo que predica Jesucristo es que no hay que escucharlo y, luego, olvidar lo que ha dicho. No. Lo que deben hacer sus discípulos es poner en práctica lo escuchado y prendido. Así seremos dichosos y muy bien vistos por Dios Todopoderoso.

Es más, quien hace eso es que se ha dado cuenta de algo fundamental: Dios ha enviado a su Hijo al mundo; luego, todo lo que el Hijo hace, lo hace por voluntad del Creador y, así, quien a Él lo acoge, hace lo propio con Quien a todos nos ha creado y mantiene.


JESÚS, ayúdanos a tenerte siempre por Enviado de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de mayo de 2017

Creer en Dios-Cristo


Miércoles IV de Pascua
Jn 12,44-50

En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: ‘El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí’”.

COMENTARIO

El Hijo de Dios dice muchas veces verdades como las que dice hoy. Y es que la misión que había venido a llevar a cabo suponía advertir de qué era lo importante para quien quisiera ser discípulo suyo.

Todo lo que dice ha de ser conocido y aprendido si es que queremos salvarnos. Por eso nos habla de que quien cree en Él cree, además, en Dios mismo, que lo ha enviado. Y si es la Luz, como lo es, creer eso supone aceptar a Quien lo ha enviado.

Pero debemos tener algo muy en cuenta: rechazar al Enviado de Dios, al Mesías, supone rechazar a Dios, que lo ha enviado. Por eso habla Cristo de lo que ha oído del Padre y por eso, precisamente por eso, debemos aceptarlo como es y supone.


JESÚS,  ayúdanos a creer siempre en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de mayo de 2017

Creer lo que dice Cristo

Martes IV de Pascua
Jn 10,22-30

Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: ‘¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente’. Jesús les respondió: ‘Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno’.

COMENTARIO

Ciertamente, habían quien o bien estaba muy ciego o bien disimulaba más que bien. Y es que aquellos que habían visto lo que Jesús había dicho y hecho no parece se hayan dado cuenta de nada.

El Hijo de Dios les advierte acerca de que les ha dicho muchas veces que es el Mesías: con palabras o con obras pero no ha salido de su corazón nada que no sea eso: decir y advertir acerca de lo que supone no creerlo.

Avisa, además, el Hijo de Dios, acerca de lo que supone saberse hijo de Dios por parte de cada uno de sus discípulos: nunca seremos arrebatados de la mano del Todopoderoso.


JESÚS, ayúdanos a creerte siempre.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de mayo de 2017

El Buen Pastor sí cuida a las ovejas

Lunes IV de Pascua

Jn 10,11-18

En aquel tiempo, Jesús habló así: ‘Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre’”.

COMENTARIO

Tenemos que reconocer que cuando muchos escucharon lo que decía Cristo acerca de “otras” ovejas no quedaron demasiado contentos. Y es que, sin duda, se refería a las que no eran hijos del pueblo elegido por Dios.

Cristo, sin embargo, había venido al mundo para que todos se salvasen aunque bien sabía que eso no sería así porque muchos lo iban a rechazar, entonces, en su tiempo, y luego también. Por eso dice lo que dice acerca de lo que debe hacer; juntar un solo rebaño.

Avanza, además, algo que iba a pasar después: iba a morir de una forma, eso es cierto, no muy común pero, en realidad, iba a dar su vida porque quería darla. Y ahí radicaba lo importante de la misión que estaba cumpliendo: hacer lo propio sobre la voluntad de su Padre.

JESÚS,  ayúdanos a comprender lo que supone ser hijos de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de mayo de 2017

Comprender a Cristo




Domingo IV de Pascua
Jn 10,1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús: ‘En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños’.

Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: ‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’.

COMENTARIO

Jesús sabe perfectamente que la historia del pueblo escogido por Dios, el judío, es larga. Por eso es consciente de que muchos han venido antes que Él pero que sólo Él es el Mesías.

Dice, por eso, que es la puerta. Y ha de querer decir entonces y ahora que se entra en el Cielo a través de Él. Por eso hay que seguirlo porque es la única forma establecida por Dios de acudir donde el Padre tiene su definitivo Reino.

Jesucristo, además, insiste en algo que dice muchas veces y que es, al fin y al cabo, el objeto de su venida al mundo: ha venido a que el mundo que crea en Él se salve. Y, es más, sólo se salvará quien crea en el Enviado de Dios, en su Mesías.

JESÚS, ayúdanos a no dejar de creer en ti nunca.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de mayo de 2017

Cuerpo y sangre que salvan.


Sábado III de Pascual

Jn 6,60-69

“En aquel tiempo, muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: ‘Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?’. Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ‘¿Esto os escandaliza? ¿Y cuándo veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen’. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: ‘Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre’. 

COMENTARIO

No es poco cierto que cuando Cristo habla de cosas como comer su carne y beber su sangre muchos se escandalicen. Eso o cuando habla de hacer determinados sacrificios. Pero, ciertamente, hay cosas que considera Jesucristo que aún son más difíciles de comprender.

Ciertamente, para una mentalidad mundana, decir que la carne no sirve para nada es decir mucho. Sin embargo, no es poco cierto que la carne acabará desapareciendo y sólo el Espíritu prevalecerá.

Hay algo que debieron tener en cuenta entonces y que debemos tener en cuenta ahora: la Palabra de Cristo-Dios es la única que da validez a una vida digna de ser vivida como hijo del Todopoderoso. Y esto sabiendo que, de todas formas, es el Padre quien nos escoge.


JESÚS,   ayúdanos aceptar tu cuerpo y tu sangre.


Eleuterio Fernández Guzmán


5 de mayo de 2017

Carne y Sangre de Cristo

Viernes III de Pascua

Jn 6,52-59

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

COMENTARIO

Verdaderamente, lo que dice el Hijo de Dios en este texto evangélico es muy difícil de aceptar si no se comprende el fondo de la realidad. En todo caso, lo que sí hace falta es tener fe en lo que nos dice aquí porque, además, tiene relación con nuestra salvación eterna.

Todo se resume en decir y, luego, aceptar, lo referido a su carne y a su sangre. Sin embargo, no podemos negar que puede costar aceptar una verdad tan misteriosa como que la carne es carne que lleva a la vida eterna y su sangre es sangre que a la vida eterna lleva. Y eso es lo que propone Cristo.

Y dice Jesucristo una gran verdad: mientras los padres en la fe de aquellos judíos que le escuchan comieron el maná como el pan de cielo, no era el pan que lleva a la vida eterna. Y Cristo sí lo es.


JESÚS,  ayúdanos a aceptar tu sangre y tu carne.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de mayo de 2017

Creer para tener vida eterna


Jueves, 4 de mayo de 2017

Jueves III de Pascua

Jn 6,44-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’”.

COMENTARIO

Lo que dice Cristo en este texto evangélico es más que importante. Y es que tiene que ver con la vida eterna como destino de todo aquel que cree que Jesucristo es el Enviado de Dios y el Mesías.

Hay algo, sin embargo, que es crucial conocer y creer: es Dios quien escoge a los que quiere atraer. Sin embargo, eso no es suficiente porque hace falta que quien haya sido atraído por el Todopoderoso crea y acepta tal decisión de su Creador.

Y hay, sobre todo lo que dice Cristo, algo que nunca debemos olvidar: es Él el pan bajado del Cielo. Por eso, sólo quien come de tal pan, del Hijo de Dios, alcanzará la vida eterna. Sólo quien eso haga.


JESÚS, ayúdanos a aceptarte como el pan bajado del Cielo.


Eleuterio Fernández Guzmán


3 de mayo de 2017

Camino, Verdad, Vida

Jn 14,6-14

“En aquel tiempo, Jesús dijo a Tomás: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto’. Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré ‘”.


COMENTARIO

Lo que dice Jesucristo en esta parte de la Última Cena tiene todo que ver con la salvación eterna, con qué es lo que debemos tener en cuenta y, en fin, con lo que verdaderamente interesa a todo discípulo suyo. Él es Camino; es Verdad y es Vida.

Muchos, como Felipe, no se dan cuenta de Quién es Cristo. Es decir, pueden escuchar y leer muchas veces las Sagradas Escrituras y no acabar de entender nada de nada.

Pero, es más. Aquellos que crean en Cristo o, lo que es lo mismo, los que confiesen que es el Hijo de Dios y acepten su superioridad espiritual sobre ellos… tales personas se salvarán porque, además, con tal salvación, se glorificará a Dios.




JESÚS, ayúdanos a seguirte porque eres Camino, porque eres Verdad y porque eres Vida.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de mayo de 2017

Pan bajado del Cielo es Jesucristo

Martes III de Pascua
Jn 6,30-35

En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed’”.

COMENTARIO

Los miembros del pueblo elegido por Dios creen tenerlas todas consigo. Ellos conocen la historia del pueblo judío y eso es envalentona ante el Maestro rico en obras y palabras. Y dudan, sobre todo, de lo que hace y dice.

Pero Jesús sabe que no fueron ellos, sus antepasados, los que hicieron ningún tipo de milagro. Fue Dios quien les dio aquello que anhelaban porque tenían hambre. Y es que les quiere decir que no han de estar tan seguros de una vida espiritual que, en realidad, está más que vacía.

El Hijo de Dios tiene una palabra que puede sanar sus almas: Él es el pan de vida, quien ha bajado del Cielo para darles la vida eterna. Ahora bien, hay que ir a Él y, por eso mismo, de nada vale ni sirve hacer como si todo se supiera y no hubiera duda alguna sobre su fe antigua.


JESÚS, ayúdanos a tener confianza en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de abril de 2017

Esto es la fe tibia



Lc 24, 13-25

“Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. El les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’ Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’ El les dijo: ‘¿Qué cosas?’ Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él  vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no  le vieron.’  El les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’ Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.’ Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino  y nos explicaba las Escrituras?’ Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con  ellos, que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’  Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.”

COMENTARIO

Seguramente, aquellos dos discípulos de Emaús habían querido mucho al Maestro. Les había enseñado mucho y hasta les había dado de comer en alguna que otra situación dificultosa.

Ellos, sin embargo, se desaniman enseguida. Vuelven a Emaús tristes porque su Maestro, según ellos, no había podido terminar su misión. Y ellos vuelven a sus habituales quehaceres sin darse cuenta de que el mismo Jesús les está hablando. Tienen los ojos velados y no pueden conocerlo.

Pero el Hijo de Dios ha de manifestarse. Lo hace a  través de la fracción del pan. Entonces a ellos se les abren los ojos y se dan cuenta de que aquel hombre era el mismísimo Jesús. Y vuelven a Jerusalén a comunicar la buena nueva.


JESÚS,  ayúdanos a no ser tan tibios como aquellos dos de Emaús.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de abril de 2017

El poder de Dios

Sábado II de Pascua

Jn 6,16-21

Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: ‘Soy yo. No temáis’. Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.


COMENTARIO

Era de noche. Con esto se nos ha de querer decir que aquellos hombres, aquellos Apóstoles a lo mejor se sentían solos porque el Maestro no estaba con ellos. En cierto sentido, tenían un miedo palpable.

Jesús, sin embargo, nunca los deja solos. En aquella ocasión no estaba allí pero pronto iba a estar con los que había escogido como sus discípulos principales. Y el mar empezó a causar problemas para aquellos rudos pescadores.

Cuando el Hijo de Dios se les aparece andando sobre el agua del mar no podemos decir que ellos no se asustaran. De hecho,  Jesucristo se ve en la obligación de tranquilizarlos. Y, enseguida, llegaron a tierra donde, seguro, les esperaba el Maestro, puerto seguro donde recalar y quedarse para siempre.


JESÚS,  ayúdanos a tener nunca miedo.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de abril de 2017

Pruebas del poder de Dios y de la necedad del hombre

Viernes II de Pascua

Jn 6,1-15

En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: ‘¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?’. Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: ‘Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco’. Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: ‘Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?’. 

Dijo Jesús: ‘Haced que se recueste la gente’. Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: ‘Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda’. Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: ‘Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo’. Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo.


COMENTARIO

Es más que conocido que a Jesús, en cuanto se difundió su fama de santidad, había muchas personas que le seguían. Y lo hacían como entonces se hacía: a pie o, como mucho, en carro o a caballo. Por eso, en muchas ocasiones, la predicación se llevaba a cabo en despoblado.

Cuando Cristo ve a la multitud sabe, de inmediato, que van a pasar hambre. Y es que iban con lo que tenían y eso era, para sustento, poca cosa. Y prueba a sus Apóstoles. Ellos, sin embargo, actúan como hombres y, claro está, no saben cómo hacer frente a lo que les dice el Maestro de que alimenten a miles de personas.

Jesucristo, sin embargo, sí puede. Es decir, da las gracias a Dios y, milagrosamente, los panes y los peces se multiplican hasta saciar a todos e, incluso, sobrar mucha comida. Y el hombre, sin embargo, sólo atiende al estómago: a aquel Maestro hay que hacerlo Rey porque nos ha dado de comer…



JESÚS, ayúdanos a no ser necios.



Eleuterio Fernández Guzmán