16 de junio de 2016

Orar, según Cristo

Jueves XI del tiempo ordinario

Mt 6,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’”.

COMENTARIO

Entre lo que Jesús debía enseñar la oración estaba entre sus prioridades. Y es que relacionarse con el Creador era, seguramente, lo más importante de la vida de los hijos.

En cuanto a la forma de orar, el Hijo, que conoce perfectamente el gozo del Padre cuando un hijo suyo se le acerca como Él quiere que se le acerque, sabe que el Creador todo lo sabe y no debemos pedir como si lo ignorara.

Y entonces les enseña la oración que, desde aquel momento, ha sido la enseña de un discipulado que quiere acercarse a Dios Padre Todopoderoso. Decir Padre Nuestro, desde entonces, es saber que el Creador nos está escuchando y, entonces, tener presente nuestra realidad entera y toda.


JESÚS, ayúdanos a decir Padre Nuestro y a creernos que lo es.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de junio de 2016

Comprender la voluntad de Dios


Miércoles XI del tiempo ordinario

Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.

COMENTARIO

Dios ve en lo secreto. Eso lo deja muy claro su Hijo en este texto del Evangelio de San Mateo. Por eso se ve en la obligación de poner ejemplos pues sabe que es la única forma de que entiendan, los que le escuchan, lo que quiere decir.

Lo que dice Cristo es simple. Es decir, no tiene más complicación que entender qué es lo que debemos saber. Así, en los casos propuestos algo queda claro: Dios ve en lo secreto y eso es a lo que debemos dar importancia.

Dice Cristo algo muy importante: aquello que hacemos y que pudiera parecer no tener consecuencia alguna, encuentra eco en el corazón de Dios Padre. Por eso nos dice que nos recompensará Aquel que todo lo ha hecho pero, claro está, si hacemos las cosas como deben hacerse y no de cualquier forma.


JESÚS, ayúdanos a comprender la voluntad de tu Padre.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de junio de 2016

Cuidado con lo que creemos

Martes XI del tiempo ordinario

Mt 5,43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’.

COMENTARIO

La gran mayoría de personas creyentes judías en el tiempo de Jesús tenían en su corazón una serie de realidades espirituales que las tenían por buenas. No habían pensado en otra forma de hacerlas ni en tenerlas en cuenta.

Jesús, sin embargo, debe corregir muchas cosas porque no estaban de acuerdo con la voluntad de Dios que, tantas veces, parece que se alejaban demasiado de aquella que tenían el común de los mortales creyentes.

Lo de hoy tiene que ve mucho con aquello que creía tantos: sólo hay que tener en cuenta a los suyos, a los de sus familias. Sin embargo, según Cristo, eso no tenía mérito alguno porque eso también lo hacían personas que podían estar alejadas de Dios.

JESÚS,  ayúdanos a tener por buenas tus santas palabras


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de junio de 2016

El avance de la Ley de Dios

 Lunes XI del tiempo ordinario

Mt 5,38-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda’”.

COMENTARIO

Muchos siglos antes de que Jesús viniese al mundo se estableció el principio según el cual se aplicaba el ojo por ojo y el diente por diente para evitar lo que, hasta entonces, era una reacción desproporcionada porque ante un delito se podía responder con la fuerza que se quisiera. Era, pues, aquello, un avance.

Jesús, sin embargo, contemplando aquello, da un paso más en la corrección de la conducta humana. En realidad, Dios no podía querer que se respondiese, ante la agresión, con otra aunque la misma pudiera ser, como se dice, de la misma especie y calidad.

El Hijo de dios nos habla, en este texto, de lo que supone el amor yal compresión ante el prójimo. Y es que no hay que responder al mal con otro mal aunque sea igual sino, al contrario, con amor. Y así difundir la voluntad de Dios que se funda en amor. 


JESÚS,  ayúdanos a comprender tu santa voluntad.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de junio de 2016

Saber hacer lo que nos corresponde



Lc 7, 36-8,3

“Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. 37 Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un  frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: ‘Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.’ Jesús le respondió: ‘Simón, tengo algo que decirte.’ El dijo: ‘Di, maestro.’  Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?’ Respondió Simón: ‘Supongo que aquel a quien perdonó más.’ Él le dijo: ‘Has juzgado bien’, y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ‘¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos.  No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.’ Y le dijo a ella: ‘Tus pecados quedan perdonados.’ os comensales empezaron a decirse para sí: ‘¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?’ 

Pero él dijo a la mujer: ‘Tu fe te ha salvado. Vete en paz.’

Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la  que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.”

COMENTARIO

Ciertamente, con Jesús las cosas no son lo que podrían ser según ciertos corazones. Y el caso que nos trae el texto bíblico es síntoma de hasta dónde podemos estar equivocados. Y aquel fariseo lo estaba… y mucho.

Jesús le pone todos los puntos sobre las íes. Y es que aquel hombre creía que todo lo había hecho bien. Pero Jesús le explica que, más bien, habían sido la pecadora quien había cumplido cada uno de los preceptos y de las costumbres de la hospitalidad. Aquel hombre estaba más que equivocado.

Y las mujeres. A Jesús le acompañaban también mujeres. Y no es nada extraño esto porque su madre, la Madre por antonomasia, no podía abandonar al Hijo y, con toda seguridad, había otras que echaron una mano en aquellos difíciles tiempos.


JESÚS, ayúdanos a cumplir con la voluntad de Dios y a entenderla.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de junio de 2016

Decir sí cuando es sí

Sábado X del tiempo ordinario
Mt 5,33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Habéis oído también que se dijo a los antepasados: ‘No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos’. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno’”.

COMENTARIO

En muchas ocasiones el Hijo de Dios se ve en la obligación de corregir lo que se había tenido, hasta entonces, por bueno y verdad. Por eso, como ahora por ejemplo, ha de cambiar una doctrina equivocada. Y no le duelen prendas ni se preocupa por lo que puedan pensar aquellos que le persiguen.

Ahora habla de aquello que, en demasiadas ocasiones, solemos hacer. Ponemos a Dios por testigo de nuestras maldades y de nuestros pecados. Y lo hacemos sin darnos cuenta de que tal comportamiento no es adecuado ni tiene que ver con la voluntad del Creador.

Pero hay algo que es muy importante en este texto. Y es que Jesús no quiere comportamientos tibios ni nada por el estilo que, por cierto, vienen del Maligno. Por eso, la verdad ha de prevalecer y no se puede jugar con ella.


JESÚS, ayúdanos a decir sí y no a lo mejor.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de junio de 2016

La Ley de Dios como es

Viernes X del tiempo ordinario
Mt 5,27-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.

‘También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio’”.

COMENTARIO

La Ley de Dios no era, en mucho, como habían llegado a pensar los poderosos, desde el punto de vista espiritual, de tiempos de Cristo. Ellos la habían adaptado a sus egoístas intereses y eso era algo que el Hijo de Dios no podía aceptar.

Y pone ejemplos. En el caso del adulterio es más que claro. Y todo va más allá de lo que, por lo común, se creía. Y es que el pecado va más allá de lo que suele pensar y, las más de las veces, no comprendemos lo que eso significa.

Pero Jesús dice algo que puede parecer terrible. Sin embargo, cuando habla de cortarse la mano no ha de querer decir, literalmente eso, sino que procuremos no caer en tentaciones como las que nos puede hacer car en el Infierno.


JESÚS,  ayúdanos a comprender el sentido de la Ley de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de junio de 2016

Respetar la Ley de Dios


Jueves X del tiempo ordinario


Mt 5,20-26

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 

‘Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.

‘Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.

COMENTARIO

Como muchas veces tuvo que decir, había venido Cristo para hacer que la Ley de Dios se cumpliese en su totalidad. Y es que, en verdad, no se cumplía a pesar de lo que muchos creyeran. Y pone ejemplos para demostrarlo pero, sobre todo, para mostrar la verdad.

Matar estaba prohibido pero Jesús va más allá. Y es que resulta que no hace falta matar para incurrir en un pecado mortal. Y es que tratar mal a un ser humano despreciándolo ese algo tan malo como matarlo porque, al fin y al cabo, se desprecia su dignidad de hijo de Dios.

El caso es que Jesucristo siempre va más allá de lo que pueda decir la letra de la Ley. Y es que el Amor que Dios tiene por sus criaturas le lleva a querer que las cosas sean más profundas de lo que pudiera parecer su apariencia.

JESÚS, ayúdanos a entender la Ley de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de junio de 2016

Cristo vino a que se cumpliera la Ley

Miércoles X del tiempo ordinario

Mt 5,17-19
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.

COMENTARIO

Había muchas personas que, en tiempos de Jesús y dentro del pueblo judío, creían que el Mesías iba a venir a instaurar un nuevo Reino. Para eso debía abolir lo existencia y, así, empezar de nuevo. Sin embargo, Jesús sabía la verdad de todo eso.

No había venido a abolir la Ley de dios sino a que se cumpliese cada coma y cada acento de la misma. Por eso era tan importante tener en cuenta lo que decían quien había venido de parte de Dios Padre Todopoderoso.

Ahora bien, por eso mismo, no se podía tergiversar el sentido de la Ley de  Dios. Y hacer eso, de forma que se perjudicase el presente y el futuro espiritual de los más pequeños en la fe era algo muy grave e importante en lo que no se debía caer.


JESÚS,  ayúdanos a no caer en la trampa del Maligno de querer violentar la Ley de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

7 de junio de 2016

Ser sal y ser luz

Martes X del tiempo ordinario

Mt 5,13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”’.

COMENTARIO

Jesús dice, a quien quiere escucharlo, lo que importa para que la vida sea una que sea acorde con la voluntad de Dios. A veces no gusta lo que pone sobre la mesa porque somos egoístas y no queremos hacerle caso. Y así no va…

En realidad, lo que aquí nos dice es lo básico y lo que debemos tener en cuenta si es que queremos que se diga de nosotros que somos discípulos suyos. Es aquello que, digamos, nos sirve para llevar un caminar recto hacia el definitivo Reino de Dios.
Ser sal y ser luz. Cristo quiere que sus discípulos sean sal y sean luz. En realidad, lo que pretende el Hijo de Dios es que seamos fieles a lo que decimos que somos. Por eso necesario que allí donde estemos demos fuerza a la masa y luz para que, quien esté perdido encuentre el camino hacia la vida eterna. Y eso es lo que quiere Cristo de nosotros. 

JESÚS, ayúdanos a ser sal y a ser luz.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de junio de 2016

Bienaventurados seamos

Lunes X del tiempo ordinario

Mt 5,1-12
En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros’.

COMENTARIO
Si hay un texto en los Santos Evangelios que muestre a la perfección la verdad de la voluntad de Dios expresada a través de su Hijo Jesucristo es, sin duda, el que hace constar el momento en el que Jesús proclama lo que supone ser bienaventurado.
Decir algo sobre las Bienaventuranzas supone poner sobre la mesa el sentido exacto del comportamiento de quien quiere mostrar, al menos a Dios, que es hijo del Todopoderoso.
Son bienaventurados aquellos que siguen las conductas, que llevan a su corazón lo que vale la pena y, en fin, quienes tienen por verdad lo dicho, a tal respecto, por Jesús el Cristo. Los que lloran, los que esperan, los que son perseguidos por ser discípulos de Cristo… Y ahí se encierra, para quien quiere entrar, la vida eterna.
 JESÚS, ayúdanos, queremos, a ser bienaventurados.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de junio de 2016

Reconocer la necesidad ajena

Lc 7, 11-17              

“Y sucedió que a continuación se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: ‘No llores.’ Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: ‘Joven, a ti te digo: Levántate.’  El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él = se lo dio a su madre. =  El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: ‘Un gran profeta se ha levantado entre nosotros’, y ‘Dios ha visitado a su pueblo’.  Y lo que se decía de él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.”

COMENTARIO  

“A continuación”. Nos dice el texto bíblico que Jesús no dejaba de cumplir la misión para la que había sido enviado. Por eso camina por los caminos del mundo transmitiendo la Palabra de Dios y haciendo lo posible para que se entendiese la verdad de la misma.

A Jesús le era muy difícil ver que alguien sufría y no procurar restaurar el corazón de quien estuviese pasando por una mala situación. Sabía, además, que una viuda sin el hijo lo iba a pasar muy mal. Y le devuelve al muerto porque la misericordia era su línea de comportamiento habitual.

Cuando pasa aquello podemos imaginar cómo quedaron los presentes. Tampoco nos extraña, para nada, que la fama de Jesús se extendiera por toda la región. Sabían que había Alguien que había sido enviado por Dios.


JESÚS, ayúdanos a tener esperanza en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

4 de junio de 2016

Las cosas de Dios


Sábado después del Domingo II después de Pentecostés: El Corazón Inmaculado de María

Lc 2,41-51

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. 

Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: ‘Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando’. Él les dijo: ‘Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?’. Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.”

COMENTARIO      

Aunque pueda pensarse, porque así se dice muchas veces, que Jesús no era consciente de ser el Hijo de Dios, lo bien cierto es que este texto demuestra justamente lo contrario. Jesús sabe Quién es y por eso se queda en el Templo.

María lo encuentra en el Templo. Se enfada. Y es que no es nada extraño que una madre, la Madre además, cuando pasa eso con su hijo, se quede tan ancha sin decirle nada. Y se lo hace ver.

Jesús, sin embargo, sabe que ha hecho lo correcto porque su Padre quiere que esté con Él en su Templo. De todas formas, vivió sujeto a sus padres porque era la voluntad de Dios.


JESÚS, ayúdanos a comprender cuál es nuestra misión.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de junio de 2016

¿Nos hemos perdido?

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
                             
Lc 15, 3-7

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a los fariseos y maestros de la Ley: ‘¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, contento, la pone sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión’”.

COMENTARIO

Pasa ahora y pasaba entonces, en tiempos del Mesías, que las cosas no se entienden cómo deben entenderse. Y el caso de la oveja perdida, de lo que hay acerca de ella y con ella es síntoma de no entender nada de lo que supone ser hijo de Dios.

Jesús sabe que hay muchos de los que viven en su tiempo que se han perdido. Ellos creen que siguen la ley aunque, en verdad no siguen la Ley de Dios sino que se han salido del camino y se han ido del redil en el que pacían con gozo en el Amor del Todopoderoso.

Jesús, sin embargo, el Buen Pastor, busca a cada oveja que se ha perdido y la lleva con Dios, allí donde el corazón vive su mejor vida porque es la que se goza con el Todopoderoso. Y allí es donde Cristo lleva a la oveja perdida.


JESÚS, ayúdanos no irnos nunca de tu santa mano.




Eleuterio Fernández Guzmán

2 de junio de 2016

El Mandamiento número uno

Jueves IX del tiempo ordinario
Mc 12,28-34

En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que estos’. 

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. 

Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.’”


COMENTARIO

Había quien quería coger al Maestro en un renuncio. Por eso se le hacían preguntas con trampa. Pero también había quien quería aprender de verdad o, al menos, comprobar lo que se creía saber.

Preguntar a Jesús, sin saber que es Dios mismo, tiene mucho que ver con aquella forma de comportarse de quien quiere aprender. Y Jesús le responde con la verdad: el Primer Mandamiento de la Ley de Dios es amar al 
Todopoderoso con todo el corazón.

Aquel hombre, ciertamente, sabía lo que, de verdad, era importante. Por eso Jesús le dice que está cerca del Reino de los Cielos. En verdad aún le faltaba, a lo mejor, llevar su creencia a la práctica… la verdad.


JESÚS, ayúdanos a tener por bueno y verdad el Primer Mandamiento.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de junio de 2016

Dios lo es de vivos


Miércoles IX del tiempo ordinario

Mc 12,18-27

En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer’.

Jesús les contestó: ‘¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error’”.

COMENTARIO

Los saduceos no creían en la resurrección de la carne. Por eso no era de extrañar que cuando se encontraran con Jesús le preguntaran, mediante preguntas-trampa, sobre tal tema. Y ellos esperaban, seguramente, una respuesta no muy de acuerdo a sus ideas.

Jesús los sorprende bastante. Ellos, al no creer en la resurrección, saben que Jesús no podrá responder de forma directa. Sin embargo, no esperan que les salga por donde les sale diciéndoles que en el Cielo los seres humanos no tienen material sino espiritual.

De todas formas, al final de aquella conversación Jesús les pone sobre la pista de una gran verdad que debería haber sido suficiente como para que no dudaran más: Dios lo es de vivos. Por eso debemos resucitar.


JESÚS, ayúdanos a comprender la resurrección de la carne.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de mayo de 2016

Magnificat

Lc 1,39-56

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.

Y dijo María: ‘Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.”

COMENTARIO

Cuando María supo, por el Ángel Gabriel, que su prima Isabel, estaba embarazada de seis meses no dudo lo más mínimo en desplazarse a su casa para echarle una mano. Y eso que ella también lo estaba aunque de mucho menos tiempo.

El saludo de Isabel está, sin duda, inspirado por el Espíritu Santo porque ¿Cómo era posible que supiera que su prima María estaba embarazada? Además, que lo estaba del Mesías sólo podía serle dicho por Dios mismo a través de su Espíritu.

Y María responde con el Magnificat: verdadera manifestación del amor por el Todopoderoso y de agradecimiento por lo que había hecho Dios por ella y, en general, por el mundo y el más necesitado de auxilio y ayuda.


JESÚS, ayúdanos a aceptarte en nuestra vida como lo hizo María.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de mayo de 2016

Dios, dueño de la viña

Mc 12, 1-12

“Y se puso a hablarles en parábolas: ‘Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó. Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña.  Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.’ Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: = La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; = = fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’ = Trataban de detenerle - pero tuvieron miedo a la gente – porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.’”

COMENTARIO

Los que preguntaban a Jesús con ánimo de cogerlo en un fallo al respecto de la ley no sabían que aquel hombre, aquel Maestro era más que un hombre y más que un Maestro. Ignoraban, al parecer, que era la Verdad misma.

Aquella parábola del dueño de la viña tenía mucho que ver con Dios. A lo largo de la historia del pueblo de Israel, había enviado muchos profetas para que dijeran el camino que debía seguir aquel pueblo. Sin embargo, acaban matándolos porque no era de su gusto lo que les decía.

El caso es que aquellos que escuchaban a Jesús sabía que, en efecto, hablaba por ellos. Y tratan de detenerle porque sabía perfectamente que era verdad lo que les decía y eso haría que muchos pensasen que eran como aquellos viñadores malos.


JESÚS, ayúdanos a no ser como aquellos viñadores desagradecidos.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de mayo de 2016

El poder de Dios


Lc 9, 11b-17

“Les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: ‘Despide a la gente para que vayan  a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.’  El les dijo: ‘Dadles vosotros de comer.’ Pero ellos respondieron: ‘No tenemos más que cinco panes y dos peces;  a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.’ Pues había como 5.000 hombres. El dijo a sus discípulos: ‘Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.’ Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos.

Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.”

COMENTARIO

Los que seguían a Jesús eran muchas personas. En este caso el texto bíblico habla, al menos, de 5000 personas pero serían muchas más. Y era de esperar que tuvieran hambre porque en aquel lugar no había nada que comer.

Jesús pide ayuda a sus apóstoles. Bien sabía que, humanamente nada podía hacer. Aquella situación requería una forma de actuar muy distinta a cómo ellos hubieran querido hacer. Pero no comprendían nada aún.

Jesús se dirige a Dios. Bendice los alimentos y pide al Todopoderoso que haga uso de su poder absoluto. Y el resultado del orar y de pedir a Dios es el que todos conocemos: comieron hasta saciarse y, además, sobró.


JESÚS,  ayúdanos a tener por buenas tus acciones.



Eleuterio Fernández Guzmán