13 de mayo de 2015

El Espíritu Santo nos guía


Miércoles VI de Pascua


Jn 16,12-15

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros’”.

COMENTARIO

Jesús, en el tiempo aquel en el que sabía que su muerte se aproximaba, sabía que debía consolar a los discípulos más allegados, a los que eran sus apóstoles. Los necesita fuertes de espíritu y de corazón.

Jesús, como había hecho otras veces, les habla del Espíritu Santo. Pero, para que sea enviado desde el definitivo Reino de Dios, él debe marchar junto al Padre o, lo que es lo mismo debe morir. Y eso lo deben tener por muy bueno.

El Espíritu Santo cumplirá su misión según le sería encomendada. Iba a guiar al pueblo de Dios por los caminos tortuosos que el hombre había establecido. Lo hará, además, porque todo lo que transmita lo habrá recibido de Dios Padre y, por tanto, habrá recibido de parte de Cristo.


JESÚS, ayúdanos a confiar en las mociones del Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de mayo de 2015

El Espíritu Santo nos ilumina

Martes VI de Pascua

Jn 16,5-11

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’. Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado’”.


COMENTARIO

No hay que extrañarse de que los discípulos de Jesús que andaban con él por los caminos se entristecieran porque les dijera que debía morir. El caso es que Jesús les recompensa con una verdad muy importante que tiene que ver con la tercera persona de la Santísima Trinidad.

El Espíritu Santo lo iba a enviar Cristo en cuanto subiera a la Casa del Padre. Antes de eso o, mejor, para poder hacer eso, debía pasar por la muerte y una muerte de cruz. Pero la venida del Espíritu Santo, como luego vino sobre ellos, supondría mucho para la humanidad.

El Espíritu Santo no iba a venir al mundo a pasar el rato. No. El Espíritu Santo Dios debía cumplir una misión muy importante como era, por ejemplo, llevar al mundo por el camino recto hacia el definitivo Reino de Dios. Los iba a convencer de la Verdad y de todo aquello que no habían sido capaces de entender mientras Jesús se lo decía.



JESÚS, ayúdanos a escuchar las mociones del Espíritu Santo.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de mayo de 2015

El Paráclito



Lunes VI de Pascua


Jn 15, 26—16,4

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho’”.


COMENTARIO

Jesús sabe que cuando vaya a la Casa del Padre y vuelva con Aquel de quien salió, cumplirá una misión muy importante para el ser humano: enviará al Paráclito, al Espíritu Santo para que el mismo cumpla lo que tenía encomendado por parte del Todopoderoso.

Jesús los pone sobre la pista de lo que pasará. No dice que es posible que persigan a sus discípulos sino que, en efecto, van a ser perseguidos. Pero, además, hay algo que es mucho peor: que crean sus perseguidores que eso es lo que quiere el Creador.

Jesús sabe que es posible que cuando les está diciendo tales cosas muchos no crean que eso se va a cumplir. Sin embargo les confirma que pasará y que creerán cuando vean que, en efecto, se ha cumplido lo que tantas veces les había dicho.



JESÚS, ayúdanos a creer en tus promesas.


Eleuterio Fernández Guzmán



10 de mayo de 2015

El mandamiento del amor



Jn 15, 9-17.


“Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto,  para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros   como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos,  porque el siervo no sabe lo que hace su amo;  a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí,  sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre  os lo conceda. Lo que os mando es   que os améis los unos a los otros.”
       
COMENTARIO

Jesús, a lo largo de su predicación, enseñó mucho acerca del Reino de Dios y de cómo alcanzarlo. Sin embargo, debía enseñar algo que fuera esencial y crucial para tal fin: el mandamiento principal de tal Reino.

El amor, dice Jesús, es lo primero, lo principal. Por eso lo enseña como el mandamiento nuevo. No es que antes los hijos de Dios no se amasen sino que ahora se deben amar de una forma distinta, más profunda: perdonando siempre, por ejemplo.

Jesús nos dice, también, que no es que hayamos sido elegidos para que estemos pagados de eso y vivamos mirando para otro lado. No. Jesús nos dice que debemos dar fruto y lo damos si hacemos la voluntad de Dios y aplicamos, a nuestra vida ordinaria, el Amor del Padre.




JESÚS, ayúdanos a amar siempre y a tener el amor como la principal ley de nuestra vida ordinaria.

Eleuterio Fernández Guzmán


9 de mayo de 2015

No ser del mundo



Sábado V de Pascua

Jn 15,18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado’”.



COMENTARIO

Jesús sabía que sus discípulos iban a ser perseguidos. Él lo había sido y el discípulo no puede ser más que el Maestro. Pero eso no debe preocuparnos porque al igual que Cristo venció a la muerte también  nosotros resultaremos vencedores de las asechanzas del Maligno.

Jesús escoge a sus discípulos. Por eso tenemos la garantía divina de haber sido salvados por una muerte en cruz. Por eso el mundo odia a sus discípulos y por eso, precisamente por eso, la victoria la tenemos asegurada.

Jesús, sin embargo, nos pide algo: debemos guardar su Palabra, Palabra de Dios. Así, poniéndola en práctica en nuestra vida ordinaria alcanzaremos la vida eterna por haber cumplido la voluntad de Dios.


JESÚS, ayúdanos a guardar tu santa y verdadera Palabra.

Eleuterio Fernández Guzmán


8 de mayo de 2015

El Amor de Dios



Viernes V de Pascua


Jn 15,12-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’”.



COMENTARIO

La doctrina de Cristo es doctrina de Dios. Por eso su Hijo enseña lo mejor que debemos aprender. Y el mandamiento nuevo, aquel que había traído al mundo del definitivo Reino de Dios: el amor.

El Amor de Dios es el mandamiento más amado por el Padre. Quien ama según es la voluntad de Dios hace lo mejor para sí mismo y para su prójimo. Por eso Jesús se entregó a sus amigos y al mundo entero con una muerte terrible: lo hizo por amor.

Dice Jesús algo importante: es Él quien nos elige a nosotros y lo hace no para que nos quedemos mirando nuestra fe y la escondamos debajo de cualquier celemín sino para que vayamos al mundo y demos fruto abundante.



JESÚS, ayúdanos a saber amar como tú amas.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de mayo de 2015

Guardar los mandamientos de Dios

Jueves V de Pascua



Jn 15,9-11

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado’”.

COMENTARIO

El máximo interés de Jesús está en la salvación de las almas de aquellos que son hermanos suyos o, lo que es lo mismo, de la humanidad toda y entera. Por eso siempre, a lo largo de su predicación dedicó mucho tiempo a instruir sobre tal tema.

¿Qué hacer para salvarse? Jesús lo dice con toda claridad: hay que guardar los mandamientos de Dios. Y eso quiere decir que debemos hacer lo posible para que los mismos guíen nuestra vida y no sólo los tengamos como algo bonito y bien traído i dicho.

Pero Jesús no se limita a instruir sino que hace todo lo posible para que su vida sirva de ejemplo a nosotros, sus hermanos. Por eso vive de forma que de su vida pueda deducirse el cumplimiento de la voluntad de Dios. Así permanece en Dios y Dios en Él.


JESÚS, ayúdanos a consentir tu permanencia en nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán


6 de mayo de 2015

Vid y sarmientos


Miércoles V de Pascua

Jn 15,1-8

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos’”.


COMENTARIO

Para los que no tuvieran muy claro qué era y qué suponía ser discípulo de Cristo, el Hijo del hombre, en este texto del evangelio de san Juan lo dice con toda claridad.

Jesús hace uso de imágenes propias de su tiempo. No busca elucubraciones teológicas que nadie entienda sino, como ahora, lo más sencillo. Busca ser entendido. Y la imagen de la vid y los sarmientos es clara, sencilla y fácil de comprender.

Si no estamos unidos a la vid, Cristo, nosotros, sarmientos de la misma, no podemos hacer nada. Eso se entiende con facilidad porque es lo que pasa al respecto de una vid y de sus sarmientos. Sólo quien permanece en Cristo, vid, da fruto. Quien no permanece unido a la vid… sencillamente muere.


JESÚS, ayúdanos a estar siempre unidos a ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de mayo de 2015

Cristo se fue para volver

Martes V de Pascua

Jn 14,27-31a

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado’”.


COMENTARIO

Cuando Jesús habla con sus discípulos acerca de la paz que les da lo dice con toda claridad: no da la paz del mundo sino como la da quien es Dios mismo hecho hombre. Y es una paz que tiene validez universal y que vale para la vida eterna.

También les dice algo muy importante que tenía que ver no con el hecho de irse al Padre sino, sobre todo, con el de volver. Jesús anuncia que iba a volver, que volvería.  Y lo decía para que, al ver que sucedía lo que decía, creyeran.

A lo largo de su vida, Jesús no había hecho su voluntad sino la de Dios. Es bien cierto que tuvo que llevar a cabo muchas acciones que dependerían de su voluntad pero siempre guiadas por la del Padre. Por eso dice que actuaba guiado según lo ordenado por Dios.

JESÚS, ayúdanos a amarte siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de mayo de 2015

Guardar la Palabra


Lunes V de Pascua

Jn 14,21-26

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él’. Le dice Judas, no el Iscariote: ‘Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?’. Jesús le respondió: ‘Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho’”.


COMENTARIO

Jesús no se anda con poca cosa cuando habla acerca de la verdad y del Reino de Dios. Por eso a muchos les parecía que sus palabras eran demasiado directas y que sus burdos y mundanos intereses se iban a ver perjudicados. Al parecer, había que acercarse demasiado a él.

Lo que nos dice Jesús en este texto evangélico es muy sencillo: quien le ama a él ama al Padre, es decir, a Dios mismo. Por eso era tan importante tener en cuenta todo lo que hacía y decía porque no lo hacía y decía sino por ser voluntad de Dios.

Jesús avanza algo muy importante para la humanidad: el Espíritu Santo, que Dios enviará en el momento oportuno, tendrá una misión muy importante que cumplir: transmitir la Verdad, enseñar acerca de la misma.

JESÚS, ayúdanos a guardar tu Palabra que es Palabra de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de mayo de 2015

Cristo, la vid; nosotros, los sarmientos



Jn 15,1-8

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 

‘Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos”
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COMENTARIO

Jesús utiliza elementos de la vida ordinaria de su pueblo. Así habla de las ovejas, de la semilla que se siembra y, aquí, de la vid. La vid es un buen ejemplo porque el pueblo judío se tenía como la que había sido plantada por Dios y se consideraba fruto de aquella vida.

Jesús quiere que aquellos que son discípulos permanezcan en su corazón. Pero también quiere que su corazón permanezca en nosotros. Sólo así se alcanza la vida eterna. Y lo debemos hacer porque los sarmientos no pueden vivir alejados de la vida en la que nacieron y crecieron para dar fruto.

Pero Jesús dice algo más que nunca deberíamos olvidar: existe el Infierno y allí van a parar aquellos que, conociendo a Jesús, no quieren permanecer en Él. Y no se trata de una amenaza vana sino de algo que es cierto porque lo dice el Hijo de Dios.



JESÚS, ayúdanos a permanecer en ti y que tú permanezcas en nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de mayo de 2015

Confiar en lo que nos dice Cristo


Jn 14, 7-14


“’Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.’ Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta.’ Le dice Jesús: ‘’¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘“Muéstranos al Padre’”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.  En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré’”.


COMENTARIO

Los que cenaban con Jesús en aquella Última Cena aún no conocían del todo al Maestro. Habían estado algunos años junto a Él pero no acababan de entender lo que decía. Jesús, por eso, debió entristecerse cuando Felipe le dijo aquello que le dijo acerca de querer que se le mostrase al Padre.

Jesús lo dice con toda claridad: Él no actúa por sí mismo en el sentido no de que esté controlado por Dios o dominado por el Padre sino porque el Todopoderoso permanece en Él como Él permanece en Dios. Por eso podía hacer aquello que había hecho con tantos milagros.

Jesús predica la confianza en Él. No es que lo haga por querer controlar a los apóstoles ni nada por el estilo sino por todo lo contrario: quiere que hagan lo mismo que ha hecho con ellos. Y les enseña, aquella última noche antes de su Pasión, acerca de lo verdaderamente importante.


JESÚS, ayúdanos a permanecer siempre en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán



1 de mayo de 2015

Las mansiones de Cristo


Viernes IV de Pascua



Jn 14,1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino’. Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’. Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí’”.

COMENTARIO


Jesús sabía que debía hacer ver a sus discípulos más allegados (también a los demás, claro) que había algo que debían tener siempre en su corazón: la vida eterna. Por eso los anima hablándoles de cómo es la vida junto al Padre.

Jesús se iba a ir porque debía hacer algo: preparar las mansiones que, luego, ocuparían sus discípulos, aquellos que, habiéndole conocido lo habían amado y, convirtiéndose, habían creído en Él.

Jesús, además, afirma algo que es esencial para todo discípulo suyo: es el Camino, es la Verdad… es la Vida. Y con tales verdades aquellos que le siguen han de hacer el camino hacia el definitivo Reino de Dios teniendo en cuenta quién es la Verdad y quién les da la vida eterna.


JESÚS, ayúdanos a no olvidar nunca que eres el Camino, la Verdad y la Vida.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de abril de 2015

Servir como sirvió Cristo

Jueves IV de Pascua

Jn 13,16-20

Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado’”.


COMENTARIO

Después de haber lavado lo pies a sus apóstoles, Jesús debía comunicarles algo que iba a ser muy importante para ellos y, también, para el resto de la humanidad a lo largo de los siglos: no se puede pretender ser más que Dios.

Jesús sabía que Judas lo iba a traicionar. Por eso habla de que alguien que ha comido con él, que estaba comiendo entonces, iba a cometer una verdadera barbaridad con su persona. Pero sabe que Satanás ha entrado en su corazón.

Jesús nos dice que debemos creer en Él. En realidad, sabe que es Dios hecho hombre y que, al creer en Él, hacemos lo propio con el Creador Todopoderoso. Por eso, acogerlo a Él en el corazón es tener a Dios el su templo.





JESÚS, ayúdanos a creer en Ti.


29 de abril de 2015

Creer en Cristo es creer en Dios


Miércoles IV de Pascua


Jn 12,44-50

En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: ‘El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí’”.

COMENTARIO

Nadie podía decir que Jesús se callaba lo que era importante. Por eso, para que ninguno de los que le estaba escuchando tuviese duda alguna lo dice con toda claridad: creer en él es hacer lo mismo como el Padre que lo envió.

Jesús dice algo que es muy importante: ha venido a salvar al mundo y, para eso, ha de procurar que la voluntad de Dios se cumple de forma total y perfectamente. Por eso rechazarlo a Él es hacer lo propio con el Padre que lo envió.

El mandato de Dios no es cosa pequeña ni de poca importancia. Al contrario es la verdad. Por eso Jesús hace ver que lo que manda el Padre cumplir no es por capricho ni por controlar a sus hijos. Lo hace porque sabe que es lo mejor para ellos, para nosotros.


JESÚS, ayúdanos a tener por bueno y verdad que creer en ti es creer en Dios. Y hacerlo siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de abril de 2015

Creer que Cristo es el Mesías y Dios hecho hombre


Martes IV de Pascua

Jn 10,22-30

“Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: ‘¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente’. Jesús les respondió: ‘Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno’”.

COMENTARIO

Podía parecer que muchos de los que escuchaban a Jesús no habían entendido nada. Es bien cierto que muchos de aquellos eran sencillas personas que no alcanzaba a comprender muchas cosas pero otros hacían ver que no entendían para no darse cuenta de lo que eso significaba en sus vidas.

Pero Jesús lo dice de muchas formas: es el Mesías. Y hace mucho para demostrar que lo es: signos como ellos querían, hechos extraordinarios… Y, a pesar de eso, había muchos que ni lo querían ver ni lo amaban.

Jesús, sin embargo, sabía lo más importante: quien le sigue tiene la vida eterna asegurada porque tal es la voluntad del Padre. No habrá muerte eterna para los que crean en Cristo y en la misión que tiene encomendada.



JESÚS, ayúdanos a tener siempre presente que Tú el Padre sois Uno.


Eleuterio Fernández Guzmán