18 de octubre de 2012

Trabajar para Dios




Lc 10, 1-9

“En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’’”.

COMENTARIO

Jesús sabía a la perfección que su doctrina tenía que ser transmitida cuando, tras la Pasión que tenía como cierta, verdadera y aceptada, quedaran aquellos que le seguían más de cerca y a los que conocemos como sus apóstoles.

El Hijo de Dios, Mesías esperado por el pueblo elegido, envía a un grupo de personas a que lleven a cabo la labor evangelizadora. Y les da instrucciones de cómo cumplir aquella muy especial misión. Recibirán lo merecido porque Dios nunca abandona a los suyos.

De todo lo que deben decir hay algo que sobresale por encima: “El Reino de Dios está cerca de vosotros”. En realidad, estaba tan cerca como ellos quisieran aceptarlo. En su corazón, para más señas.

JESÚS, los que te siguen han de transmitir lo que dijiste porque es voluntad de Dios que así sea. Sin embargo, muchas veces no nos tomamos, siquiera, la molestia de intentarlo.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de octubre de 2012

La voluntad de Dios es la que es


  
Miércoles XXVIII del tiempo ordinario


Lc 11, 42-46

“En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!’. Uno de los legistas le respondió: ‘¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!’. Pero Él dijo: ‘¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!’.


COMENTARIO

Las apariencias, en materia de fe, pueden valer para con el prójimo que, a lo mejor, desavisado de cómo somos, puede creer lo que no es. Sin embargo, tal forma de actuar no vale para Dios porque el Creador conoce nuestro corazón.

Una cosa es hacer ver que tenemos fe y que cumplimos con los Mandamientos de Dios y otra, muy distinta, la razón por la que llevemos a cabo tal tipo de comportamiento. Si hacemos una cosa pero, dentro de nosotros mismos, queremos otra, Dios sabrá que no es cierto lo que hacemos y lo tendrá en cuenta.

Cada uno de nosotros podemos actuar según sea la voluntad de Dios o, en realidad, según sea la nuestra. Todos, pues, podemos sentirnos atacados por Cristo cuando nos dice la verdad porque la misma no es de nuestro gusto.


JESÚS, la voluntad de Dios no suele ser la misma que la nuestra y, por eso mismo, actuamos como si no la conociéramos.




Eleuterio Fernández Guzmán


16 de octubre de 2012

Ser santo








De muchas maneras se puede definir la palabra “Santo”. Por ejemplo, es santa aquella persona que ha amado a Dios sobre todas las cosas, cumpliendo, así, su voluntad. Por eso, no sólo lo son las personas que están en los altares porque a nosotros también nos es dado amar al Padre y podemos llamarnos, así, santos.

Por tanto, por la forma del amor, a nadie le está vedado ser santo sino, al contrario, favorecida tal posibilidad porque depende de nuestra voluntad cumplir tal mandamiento divino.

Así, sabemos cómo se puede ser santo y, entonces, quién puede serlo.

Por eso, ante la situación de la fe por la que pasa nuestra sociedad, bien podemos exclamar, con San Josemaría, lo que éste dice en el nº 301 de su libro “Camino”: “Un secreto. —Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos.  —Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. —Después... "pax Christi in regno Christi" —la paz de Cristo en el reino de Cristo”.

Por su parte, Benedicto XVI, al referirse al día de Todos los Santos, en 2007, dijo que el cristiano “ya es santo, pues el Bautismo le une a Jesús y a su misterio pascual, pero al mismo tiempo tiene que llegar a ser santo, conformándose con Él cada vez más íntimamente”. Entonces “A veces se piensa que la santidad es un privilegio reservado a unos pocos elegidos. En realidad, ¡llegar a ser santo es la tarea de cada cristiano, es más podríamos decir, de cada hombre!”

Realidad de Cristo es que los hijos de Dios formamos parte del Cuerpo de Aquel (imagen, ésta, dotada de mucha fuerza, porque representa todo el depósito de la fe en la que vivimos y existimos)

Por tanto, la santidad está destinada a todos.

Por otra parte, dice el evangelista Mateo, o recoge, una expresión de Jesucristo que centra, muy bien, la cuestión de la santidad hoy día porque supone, en realidad, un buen punto de partida: “sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48) que es, más exactamente, una parte de lo que sigue al Sermón del Monte en el que predicó acerca de las Bienaventuranzas.

Hay que ser, pues, perfectos, aunque sabemos que no es, tal realidad espiritual, nada fácil de conseguir. Por eso, vale la pena recordar lo que en el Génesis (17,1) dice Dios: “Anda en mi presencia y sé perfecto” porque, al menos, nos dice que hemos de tener presente, siempre, a Dios en nuestra vida y tal presencia la hemos de transformar en fruto para que pueda decirse de nosotros lo que San Josemaría dice y que no es otra cosa que “Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo” (número 2 de “Camino”)

Pero, para que tengamos conciencia de lo que la santidad supone, el Concilio Vaticano II, en la Constitución Lumen Gentium (11) dejó dicho que “Todos los fieles, cualesquiera que sean su estado y condición, están llamados por Dios, cada uno en su camino, a la perfección de la santidad, para lo que el mismo Padre es perfecto”. Entonces, “A todos los cristianos nos pertenece, por propia vocación, buscar el reino de Dios, tratado y ordenado según Dios los asuntos temporales” (Ibídem, 31)

Por tanto, además, de tener a Dios en nuestras vidas, hemos de llevar a la práctica lo que el Concilio Vaticano II llama “asuntos temporales” es decir, aquellos que corresponden a nuestras vidas mientras peregrinamos por el mundo hacia el definitivo reino de Dios.

Ordenar la vida según Dios es lo que, fundamentalmente, nos acerca a la santidad, lo que nos procura el Amor del Padre y lo que, al fin  y al cabo, nos hace santos.

Vemos, pues, que todos los santos que en el cielo no son todos los santos que en el mundo hubo sino una porción de las personas a las que se les reconoció, y se reconoce, el cumplimiento de la perfección citada supra.

Y, sobre todo esto dicho, las Sagradas Escrituras dicen esto tan importante:

“Sed santos para mí, porque yo, Dios, soy santo, y os he separado de las gentes para que seáis míos”, en Lev 20,26.

“Pero el que guarda sus palabras, en ese la caridad de Dios es verdaderamente perfecto. En esto conocemos que estamos en Él”, en 1Jn 2,5.

“Por cuanto que en Él  nos eligió antes de la constitución del mundo para que fuésemos santos e inmaculados ante Él en caridad”, en Ef 1,4.

Por eso, porque fuimos elegidos desde la misma eternidad, merece Dios la santidad que nos reclama pero no como deuda sino como pura devoción y amor.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

El corazón ha de estar limpio de cierta miseria




Martes XXVIII del tiempo ordinario

Lc 11,37-41

“En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: ‘¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros’”.

COMENTARIO


Seguir la Ley de Dios según de qué forma se siga no es, sólo, una costumbre del tiempo de Jesús sino, también y por desgracia, de hoy mismo. Pero Jesús, entre sus contemporáneos, pudo apreciar cuán equivocados llegaban a estar muchos de ellos.

Hacer ver, en el exterior, que se es muy piadoso no es lo más adecuado si el en interior, en el corazón, no florece de verdad la caridad y, así, el amor. Y Jesús se daba cuenta de cuanta falsedad había en muchas personas.

El corazón ha de dar limpiamente de lo que tiene. De la bondad del corazón habla la boca…

JESÚS, muchos estaban equivocados a la hora de hacer ver que eran lo que, ciertamente, no eran: fieles hijos de Dios. Nosotros, incluso hoy mismo, caemos en las mismas trampas y no parece que nos queramos dar cuenta de ello.




Eleuterio Fernández Guzmán


15 de octubre de 2012

Tener fe de verdad





Lunes XXVIII del tiempo ordinario


Lc 11, 29-32

“En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’”.


COMENTARIO

Es cierto que, muchas veces, sólo creemos en aquello que es demostrado o, lo que es lo mismo, que tenemos de la realidad espiritual, incluso de ella, un sentido puramente pragmático. Y eso les pasaba a los que preguntaban a Jesús.

Estaban seguros que creerían si el Señor les hacía una señal como, por ejemplo, mover una montaña o elevar un árbol del suelo o algo por el estilo. No creían por fe y, por eso mismo, demandaban lo que, por otra parte, nunca iba a consentir Jesús llevar a cabo.

Sabía Jesús que aquello que le pedían era muestra más que suficiente de su falta de fe. Serían juzgados, cuando llegara el momento, por los que sí demostraron tenerla de verdad. Se les quitará hasta la poca fe que creían tener porque, en realidad, era falsa.


JESÚS,  seguirte a Ti supone manifestar algo más que una fe de superficie. Dios quiere y Tú quieres que sea cierta y verdadera y que no necesita de más prueba que la misma fe. Y eso es lo que, muchas veces, nos pasa a nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán


14 de octubre de 2012

Seguir a Cristo






Domingo XXVIII (B) del tiempo ordinario

Mc 10,17-30

“En aquel tiempo, cuando Jesús se ponía en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?’. Jesús le dijo: ‘¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre’. Él, entonces, le dijo: ‘Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud’. Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: ‘Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme’.

Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: ‘¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!’. Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: ‘¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja que un rico entre en el Reino de Dios’. Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: ‘Y ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dice: Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios’. Pedro se puso a decirle: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’. Jesús dijo: ‘Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna’”.

COMENTARIO

Una cosa es lo que decimos que somos y otra, muy distinta, lo que en realidad somos. En cuanto a la fe, esto es así. Y eso fue lo que pasó al joven que, teniendo una buena fortuna no quiso desprenderse de ella para seguir a Cristo. Escogió estar en el lado equivocado.

Jesús sabe que para seguirle a Él y, así, para entrar en el definitivo Reino de Dios, es necesario algo más que decir que se tiene fe y que se han cumplido los mandamientos de Dios. Hay que cumplir el más importante que es el de la caridad. Y hacerlo de forma radical. Y aquel joven rico no quiso pasar por tal trance económico.

Seguir a Cristo tiene, por otra parte, un gran premio, una gran gracia de Dios y, en fin, un resultado a no desdeñar: entrar en el definitivo Reino de Dios con plenos derechos de goce y disfrute de la visión beatífica. Y otra forma de comportamiento... no.


JESÚS,  seguirte a Ti tiene sus dificultades pues ya dijiste que no tenías ni donde recostar la cabeza. Sin embargo, la vida eterna bien vale la pena aunque, muchas veces, parece que no nos demos cuenta.



Eleuterio Fernández Guzmán


13 de octubre de 2012

Llevar a nuestra vida la Palabra de Dios







Sábado XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,27-28

“En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, sucedió que una mujer de entre la gente alzó la voz, y dijo: ‘¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!». Pero Él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan’”.

COMENTARIO

Los que vivían con Jesús atribuían lo bueno que hacía a su propia familia. Era la forma de proceder del pueblo elegido por Dios pues tenía la costumbre de creer que lo bueno y lo malo que a una persona sucedía tenía relación directa con lo que hubieran o no hecho los suyos.

Jesús pone las cosas en su sitio. Una cosa es que la familia haya podido influir en el proceder de una persona pero otra muy distinta es la consideración que Dios tiene del ser humano. Hay, por eso mismo, que escuchar, querer escuchar, la Palabra de Dios para poder decir que se es dichoso.

También es necesario hacer algo más. Quien escucha la Palabra de Dios pero no lleva a su corazón lo que escucha no hace grandes cosas por sí mismo pero tampoco las hará por el prójimo porque no acaba de asumir lo que el Creador quiere que se haga y lleve a cabo. En tal caso no es dichoso sino todo lo contrario.

JESÚS,  los que te siguen han de comprender que no importa decir que se te sigue sino que, en efecto, se te sigue si se hace lo que dices que es lo mismo que decir que es hacer lo que Dios quiere que hagamos. Pero nosotros no solemos hacer tal cosa.


Eleuterio Fernández Guzmán


12 de octubre de 2012

María, pilar de la Fe


 






Para los cristianos y, en concreto los católicos, tenemos en mucho a la Madre de Dios y la amamos de una forma por la que, muchas veces, se nos tilda de exagerados. Sin embargo, bien sabemos que todo el amor que mostremos por María, la Virgen Santísima e Inmaculada, será poco.  

¿Por qué hacemos esto?

Dijo el Beato Juan Pablo II, en su último viaje a España, al despedirse, que nuestra patria es, en efecto, “tierra de María”. Y lo es porque aquí se nos ofreció la Madre como Madre y la aceptamos como Madre al igual que hiciera el discípulo Juan al pie de la cruz.

Tenemos muchas razones para tener a María como pilar de la Fe que tenemos. Las mismas tienen mucho que ver con lo que aquella joven judía ha sido para millones de creyentes, es para millones de creyentes y será para millones de creyentes.

Por ejemplo, la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium (LG), dice en su número 58, que “La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba amorosamente su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima que Ella había engendrado. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26-27)”.

Por tanto, la Virgen María nos antecede en la voluntad de seguir a Cristo y es, así, ejemplo de perseverancia y de sufrimiento aceptado por la gracia de Dios. Es, digamos, un espejo donde mirar lo que quien cree en el Creador puede llegar a llevar a cabo y a sentir en su corazón.

Pero, por su parte, el Catecismo de la Iglesia católica, nos dice que María es nuestra Madre en el orden de la gracia porque (967) “Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es ‘miembro supereminente y del todo singular de la Iglesia’ (LG 53), incluso constituye ‘la figura’ [typus] de la Iglesia (LG 63).”

Si procuramos, pues, imitar a María haremos todo lo posible para mantener nuestra fe y creencia en Dios y para ser, con el prójimo, caritativos en extremo. Así la tomaremos como lo que es: icono de esperanza en Cristo.

Dice, por otra parte, Horacio Bojorge, S.J. en “La Virgen María en los Evangelios” (editado por la Fundación Gratis Date)  lo siguiente:

“Se comprende así lo bien fundada en la Sagrada Escritura que está la contemplación eclesial de la figura de María como nueva Eva, esposa del Mesías y Madre de una humanidad nueva de Hijos de Dios. En efecto, en la tradición de la Iglesia se ha interpretado que en el apelativo Mujer está la revelación de grandes misterios acerca de la identidad de María. Por un lado, se ha reconocido en ella a la Nueva Eva que nace del costado del Nuevo Adán, abierto en la cruz por la lanza del soldado. Como nueva Eva ella celebra a los pies de la cruz un misterioso desposorio con el Nuevo Adán, que la hace Esposa del Mesías en las Bodas del Cordero. Allí por fin, Jesús la hace y proclama Madre, parturienta por los mismos dolores de la redención que fundan su título de corredentora. Madre de una nueva humanidad, de la cual Juan será el primogénito y el representante de todos los creyentes.”

Vemos, pues, que María no es, con serlo, una mujer sin más sino que es la que suscita en Dios un amor tal que, por su intervención, entró la salvación al mundo al decir sí a la petición del Ángel Gabriel y, luego, al dar a luz a su Hijo Jesús. Madre, como bien dice el P. Bojorge, de una humanidad que ya no es la pecadora sino la limpia de pecado y la que hace un nuevo pacto con  Dios.

María es, también, mediadora como reconoció Pío XI en el número 15 de su Carta Encíclica “Miserentissimus Redemptor” (8 de mayo de 1928) al escribir que “Nos, confiados en su intercesión con Cristo, que siendo el ‘único Mediador entre Dios y los hombres’ (52), quiso asociarse a su Madre como abogada de los pecadores, dispensadora de la gracia y mediadora” o como, por ejemplo, deja dicho la Constitución citada arriba Lumen Gentium (62) cuando dice que “Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora”.
María es, pues, mediadora y como tal es pilar de una creencia que la tiene como apoyo espiritual al que dirigirse en los momentos de tribulación como muy bien nos recuerda el Santo Rosario en las Letanías que dedica a la Theotokos desde que así fuese llamada en el Concilio celebrado en Éfeso en el año de Nuestro Señor de 431.

María, pilar de la Fe; María, pilar de la creencia en  Dios Todopoderoso, en su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo, ruega por nosotros.


Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Análisis Digital

Estar con Cristo




Viernes XXVII del tiempo ordinario


Lc 11, 15-26

“En aquel tiempo, después de que Jesús hubo expulsado un demonio, algunos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios». Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo.

Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

‘Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: ‘Me volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio’”.

COMENTARIO

Para aquellos que no estaban de acuerdo con lo que decía y hacía Jesús toda persecución contra su persona estaba justificada y todo intento de hacerlo que dar mal también lo estaba. Con preguntas, por ejemplo, que pudieran ponerlo en evidencia.

Jesús, sabe, sin embargo, más que nadie. En realidad lo sabe todo porque es Dios mismo. Por eso Cristo expulsa demonios con el poder del Creador y por eso mismo debían estar con Él y no contra Él. Ellos que, como muy diría después el Hijo de Dios, no sabían lo que hacían.

La tentación de hacer el mal y no seguir el bien puede, sin embargo, rechazarse. Cuando se es capaz de volver la cara a lo que se propone que no es bueno sino malo para nuestra vida, se gana al Mal y se hace lo mejor para el Bien. Ahora bien, si no hay rechazo total y absoluto es más que probable que la tentación acabe prevaleciendo.


JESÚS, los que te persiguen buscan hacerte daño pero los conoces muy bien y por eso les planteas lo que, de verdad, es importante para ellos. Nosotros, sin embargo, aún sabiéndolo ya, hacemos como si no te conociéramos.




Eleuterio Fernández Guzmán


11 de octubre de 2012

Amor se escribe con mayúscula







Durante el rezo del Ángelus del domingo 26 de septiembre de 2010, Benedicto XVI dijo que “¡Sólo el Amor con mayúscula da la verdadera felicidad!” dando a entender que hay, por decirlo así, dos tipos de amor: el ordinario y el extraordinario que bien podemos escribirlo, por lo que supone y por lo que es, con mayúscula.

La letra mayúscula, llamada también capital, se utiliza, como bien sabemos, en ocasiones diversas. Una de ellas es la que privilegia el sentido de lo que se quiere decir por el que lo es común u ordinario. Así, cuando hablamos de Amor, con mayúscula ¿qué queremos decir o a qué nos referimos?

Al fin y al cabo, el Amor bien se puede expresar a través de lo escrito, en el número 969 de Camino por S. Josemaría: “Los que, dejando la acción para otros, oran y sufren, no brillarán aquí, pero ¡cómo lucirá su corona en el Reino de la Vida! -¡Bendito sea el ‘apostolado del sufrimiento’!”.

Por tanto, vemos que el Amor, expresado como dolor y expresado como sufrimiento por otros hermanos (todos somos hijos de Dios) es buen ejemplo de lo que tal expresión puede llegar a ser.

Pero el Amor también se vive de otras formas.

Por ejemplo, es servicio a los demás que nos libera de nuestros egoísmos y encauza, nuestra vida, por la senda recta y comprometida que nos lleva al definitivo reino de Dios. Servicio que con Amor se hace, seguro que es recompensado por Dios cuando llegue el momento oportuno que sólo Él conoce y sabe.

Pero, sobre todo, lo que entendemos como Amor es, propiamente, el amor de Dios que, como extensión, aunque sea mínima del mismo, expresamos sus criaturas o creación.

Así, tal Amor es:

-Misericordioso.

-Comprensivo.

-Perdonador.

-Bondadoso.

-Cercano.

-Abierto.

-Liberador.

-Ejemplo de franqueza porque no engaña sobre lo que supone considerarse hijo suyo.

Y así hasta una, seguro, innumerable relación de formas a través de las cuales se manifiesta el Amor de Dios, Padre que, no conforme con crearnos, nos dio libertad para no amarlo que es una forma de Amor llevada hasta el extremo.

Bien podemos decir, al respecto de lo minimamente escrito aquí, que el Amor de Dios es, por eso mismo, Caridad en estado puro, esencia que debemos tratar de captar si es que, acaso, pretendemos que se nos vea como lo que somos: descendencia Suya y, entonces, herederos de Su reino del que tantas veces nos alejamos con nuestros egoísmos y amores en minúscula consideración humanizada.

Siempre, sin embargo, ante nuestras tribulaciones y caídas en manos del Maligno, sabemos que nos socorre el Amor, el verdadero Amor, aquel que, naciendo de Dios acogemos en nuestro corazón.

Y como expresión del Amor, María, que, con su Fiat supo decir sí a Quien la buscaba. Vayamos, pues, de la mano de la Madre de Dios hacia donde nos llama el Padre, Amor.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

Pedir y ser escuchados


Jueves XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,5-13

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle’, y aquél, desde dentro, le responde: ‘No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos’, os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.

‘Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!’”.

COMENTARIO

Es cierto que aquellos que seguían a Jesús podían tener algo de miedo si sabían que se podían dirigir a Dios de una forma directa y no, seguramente, como antes lo hacían en su religión judía. Por eso Jesús insiste en la cercanía que deben tener con el Creador.

Jesús dice y, por lo tanto, dice Dios, que hay que pedir y que, pidiendo, se obtiene lo que se pide. Sin embargo, no se puede pedir de cualquiera manera y sin tener en cuenta el amor que se le debe, de deber grave, a Quien nos ha creado. Se pide, por lo tanto, con confianza y, así, con fe.

Hay, también, que llamar a la puerta de Dios para que nos deje entrar. Y esto porque no hay que adoptar una actitud de pasividad. Muy al contrario… hay que pedir y buscar porque pidiendo y buscando se demuestra que se tiene en cuenta al Creador y que por eso le buscamos.


JESÚS, pedir y llamar a la puerta de tu Padre es la mejor forma de demostrar que sabemos que existe y que, por eso mismo, sabemos que nos escucha. Nosotros, sin embargo, solemos hacer como si nos escuchara.




Eleuterio Fernández Guzmán


10 de octubre de 2012

Padre Nuestro


Miércoles XXVII del tiempo ordinario

Lc 11,1-4


“Sucedió que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: ‘Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos’. Él les dijo: ‘Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación’".



COMENTARIO

Señor, enséñanos a orar

Los discípulos de Cristo le piden al Maestro que les diga cómo dirigirse al Padre porque no les servía con lo que, hasta entonces, tenían. Ahora están seguros de poder mantener una relación más directa con Dios y así se dirigen a Jesús.

Cuando oréis

Jesús sabe que Dios no gusta de oraciones entretejidas con exceso verbal. Le basta con una serie de peticiones que dirigimos al Creador para manifestar que le amamos y que estamos con Él siempre.


Dirigirse a Dios

El Creador siempre espera nuestra atención y si la misma se traslada a través de la oración, es el Padre que, atento, está a lo bueno de los hijos y olvida lo malo. Dirigirse a Dios es garantía, a su vez, de ser escuchado.



JESÚS,  nos enseñas a dirigirnos al Padre con una oración en la que le pedimos mucho y mucho esperamos del Creador. Sin embargo, ¡cuántas veces no cumplimos con la parte que nos corresponde!



Eleuterio Fernández Guzmán


9 de octubre de 2012

Ser Marta o ser María




Martes XXVII del tiempo ordinario


Lc 10, 38-42


“En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude’. Le respondió el Señor: ‘Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada’”.


COMENTARIO

Los cristianos tenemos muchas de comportarnos con arreglo a la fe que decimos seguir. Hacer lo que Dios quiere que hagamos o, por el contrario, mirar para otro lado como si, en realidad, poco nos importara que el Creador crea que lo debemos hacer es lo mejor para nosotros.

Marta trabaja mucho. Es, en tales momentos, mujer entregada al prójimo que, en cierto sentido, la necesita y ella se entrega haciendo lo mejor que puede en tal momento. Sin embargo, se olvida de lo más importante que es, precisamente, escuchar a Jesús.

María, sin embargo, parece que no hace nada por el prójimo. Sin embargo está llenando su corazón con lo mejor que es escuchar al Señor. Dice, además, Jesús, que lo que hace María no le será quitado porque demuestra creer en Él de una forma preferente a las cosas del mundo.


JESÚS, cuando decimos que somos discípulos tuyos  queremos dar a entender que hacemos según es tu voluntad. Sin embargo, muchas veces, tristemente, lo hacemos más que nada para aparentar que te seguimos pero mirando demasiadas veces hacia atrás.




Eleuterio Fernández Guzmán


8 de octubre de 2012

Hacer el bien



Lunes XXVII del tiempo ordinario

Lc 10,25-37

“En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: ‘Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?’. Él le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?’. Respondió: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo’. Díjole entonces: ‘Bien has respondido. Haz eso y vivirás’.

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ‘Y ¿quién es mi prójimo?’. Jesús respondió: ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?’. Él dijo: ‘El que practicó la misericordia con él’. Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo’".

 

COMENTARIO

Era lógico que aquellos que perseguían a Jesús para apartarlo de la vida pública le planteasen pruebas para ver qué respondía y, así, si consideraban que no respondía conforme a la ley humana judía, acusarlo ante las autoridades. Pero Jesús era mucho más inteligente que ellos.

Lo hecho por aquel samaritano que socorre a quien, según se pensaba entonces, no podía quererlo, era el ejemplo que mejor podía poner Jesús para que aprendiesen, en aquellas otras carnes, qué era la caridad que se debía tener, sobre todo (otra cosa no tiene mérito alguno) con quien no se quería.

Todos los presentes saben, al parecer, la parte teórica de aquello que contaba Jesús. Tenían claro que lo bueno y el bien hacer era socorrer a quien lo necesitaba. Sin embargo, no parecía que hiciesen lo mismo y lo esperable era que en sus vidas ordinarias despreciaran a quien no era de los suyos.



JESÚS,  seguirte supone, además de conocer la Ley de Dios, algo que muchos en tu tiempo no llevaban a cabo: cumplirla. Muchos predicaban pero no daban trigo que es la forma en la que, demasiadas veces, nos comportamos contigo.



Eleuterio Fernández Guzmán


7 de octubre de 2012

Esto es lo que quiere Dios





Domingo XXVII (B) del tiempo ordinario

Mc 10,2-16

“En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: ‘¿Puede el marido repudiar a la mujer?’. Él les respondió: ‘¿Qué os prescribió Moisés?’. Ellos le dijeron: Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla’. Jesús les dijo: ‘Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre’. Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: ‘Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio’”.

Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él». Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos".


COMENTARIO

Las leyes que hacen los hombres no suelen ser, ni mucho menos, las que cumplen la voluntad de Dios. Es más, la mayoría de las veces se alejan tanto de la misma que la  impresión de que nunca han sabido que existe una norma que está por encima de las humanas.

Dice Jesús que lo que Dios une no lo puede separar el hombre. Por eso se extrañan aquellos que le preguntan acerca de que sí pueden separarse, gracias a Moisés, aquellos hijos de Dios. En efecto, así es pero es por la dureza del corazón de aquellos que se sabían pueblo elegido por el Creador.

Es más, Jesús pone muy por encima de la consideración que entonces tenían los niños a los pequeños. Ser como niño que tiene a su padre como alguien que siempre le defenderá ante la adversidad es una forma de comportarse con confianza y, en realidad, como Dios quiere. Por eso quien no actúe como un niño no entrará en el definitivo Reino de Dios.


JESÚS,  aquellos que te siguen tienen que comprender que la ley de Dios no es la que ellos, muchas veces, creen que es sino otra muy distinta. Pero eso, otras tantas veces, no nos conviene a nosotros y miramos para otro lado.



Eleuterio Fernández Guzmán