Sábado XXI del tiempo ordinario
Mt 25,14-30
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor.
‘Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’.
‘Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’’”
COMENTARIO
Aunque a veces no nos demos cuenta de que Dios nos da una serie de talentos, que son sus dones hacia nosotros sus hijos, lo bien cierto es que no puede dejar a ninguna persona sin su particular capacidad.
Lo bien cierto es que, a veces, no nos interesa reconocer nuestros talentos porque, de hacerlo así, tendríamos que hacerlos rendir o, en caso contrario, enfrentarnos a Quien nos los dio y esperaba, de nosotros, algún tipo de fruto.
Nuestra pereza nos lleva, por lo general, a esconder bajo el celemín aquello que podría ser puesto en alto para que se sepa que existe pero, sobre todo, para que fuera provecho del prójimo y no causa de egoísmo. Los talentos los tenemos, por lo tanto, para hacerlos rendir.
JESÚS, tus hermanos en la fe e hijos de Dios somos duros de entendimiento para descubrir qué es lo que tu Padre nos dona como talento. Miramos para otro lado para no cumplir con nuestra obligación de buenos hijos que aman a su Padre y hacen lo posible para que de sus talentos se obtengan los mayores beneficios. Ciegos voluntarios, entonces, somos.
Eleuterio Fernández Guzmán
27 de agosto de 2011
Talentos y dones de Dios
26 de agosto de 2011
Estar preparados para el Reino de Dios
Viernes XXI del tiempo ordinario
Mt 25,1-13
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora’”.
COMENTARIO
Es muy clara la intención de Jesucristo de darnos a entender que el Reino de Dios se alcanza, sin duda por voluntad de Dios y por su infinita Misericordia, pero también, o al menos se llega de una forma o de otra, según hagamos en este mundo.
Estar preparados para cuando el Señor venga es algo sobre lo que insiste en varias ocasiones el Mesías. Lo hacer porque sabe, a la perfección, que es fundamental que cuando El Señor venga o nos llame no podemos haber hecho como si no nos concerniera nada. Al contrario, es de vital importancia saber y reconocer que es importante para nosotros.
No sabemos ni el día ni la hora. Jesús nos pone sobre aviso de la verdad: en cualquiera momento viene el Señor y, por eso mismo, en todo momento tenemos que estar preparados: oración, expiación, dolor de los pecados, ayuda al prójimo… en fin, ser caritativos.
JESÚS, quieres que estemos en el definitivo Reino de Dios de la forma mejor posible. No pides hacer ni no hacer sino que cada cual haga lo que le corresponda, según sus propias características y su propia vida para alcanzar el fin más deseado: alcanzar las praderas del Reino del Creador habiendo sabido cumplir su voluntad.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 25,1-13
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora’”.
COMENTARIO
Es muy clara la intención de Jesucristo de darnos a entender que el Reino de Dios se alcanza, sin duda por voluntad de Dios y por su infinita Misericordia, pero también, o al menos se llega de una forma o de otra, según hagamos en este mundo.
Estar preparados para cuando el Señor venga es algo sobre lo que insiste en varias ocasiones el Mesías. Lo hacer porque sabe, a la perfección, que es fundamental que cuando El Señor venga o nos llame no podemos haber hecho como si no nos concerniera nada. Al contrario, es de vital importancia saber y reconocer que es importante para nosotros.
No sabemos ni el día ni la hora. Jesús nos pone sobre aviso de la verdad: en cualquiera momento viene el Señor y, por eso mismo, en todo momento tenemos que estar preparados: oración, expiación, dolor de los pecados, ayuda al prójimo… en fin, ser caritativos.
JESÚS, quieres que estemos en el definitivo Reino de Dios de la forma mejor posible. No pides hacer ni no hacer sino que cada cual haga lo que le corresponda, según sus propias características y su propia vida para alcanzar el fin más deseado: alcanzar las praderas del Reino del Creador habiendo sabido cumplir su voluntad.
Eleuterio Fernández Guzmán
25 de agosto de 2011
Estar preparados
Jueves XXI del tiempo ordinario
Mt 24,42-51
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.
COMENTARIO
El hecho de no saber cuándo seremos llamados por Dios para presentarnos ante su tribunal es una realidad que nos debería hacer pensar más de lo que, por lo general, nos hace pensar. Hay que estar preparados.
Prepararse para la venida de Jesucristo en su Parusía o para presentarse ante Dios sólo se puede hacer de una forma: siguiendo la voluntad del Creador y cumpliendo su Ley.
El nuestra preparación para tal momento resultará bien un juicio para bien o un juicio para mal eterno nuestro. Estamos, por lo tanto, avisados de qué tenemos que hacer y, por lo tanto, no podemos argumentar a favor nuestro pretextando ignorancia: Dios lleva muchos siglos diciendo que, en cualquier momento, viene o nos llama.
JESÚS, nos quieres preparados. La preparación es seguirte y hacer como haces Tú, Hijo de Dios y hermano nuestro. Es cierto que no siempre podemos porque nos sentimos atraídos por el mundo y sus vivencias. Sin embargo, depende de lo que hagamos lo que será nuestra vida eterna.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 24,42-51
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.
COMENTARIO
El hecho de no saber cuándo seremos llamados por Dios para presentarnos ante su tribunal es una realidad que nos debería hacer pensar más de lo que, por lo general, nos hace pensar. Hay que estar preparados.
Prepararse para la venida de Jesucristo en su Parusía o para presentarse ante Dios sólo se puede hacer de una forma: siguiendo la voluntad del Creador y cumpliendo su Ley.
El nuestra preparación para tal momento resultará bien un juicio para bien o un juicio para mal eterno nuestro. Estamos, por lo tanto, avisados de qué tenemos que hacer y, por lo tanto, no podemos argumentar a favor nuestro pretextando ignorancia: Dios lleva muchos siglos diciendo que, en cualquier momento, viene o nos llama.
JESÚS, nos quieres preparados. La preparación es seguirte y hacer como haces Tú, Hijo de Dios y hermano nuestro. Es cierto que no siempre podemos porque nos sentimos atraídos por el mundo y sus vivencias. Sin embargo, depende de lo que hagamos lo que será nuestra vida eterna.
Eleuterio Fernández Guzmán
24 de agosto de 2011
¡Ver, sólo, lo real!
Miércoles, 24 de agosto de 2011
Jn 1,45-51
“En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: ‘Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret’. Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’. Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás’. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ‘¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’.
COMENTARIO
Natanael debía ser un buen judío y verdadero cumplidor de la Ley de Dios. Sin embargo, también actuaba como hombre, como ser pegado a la tierra en la que habita.
Ver algo extraordinario le produjo a Natanael la sensación de estar, en efecto, ante una persona que era algo más, mucho más, que uno de sus semejantes. Quien podía decir dónde había estado sin haberlo visto físicamente tenía un poder que era algo no muy común.
Pero Jesús dice que eso que le hace ver cosas importantes, en realidad no es nada porque lo que han de ver sí que será, de verdad, digno de ser tenido en cuenta: ver al Hijo del hombre volver del definitivo Reino de Dios para juzgar a vivos y muertos.
JESÚS, lo que, de verdad, importa no es lo que mundanamente podamos considerar de lo que haces o dices. Lo que, en verdad, importa es reconocerte Hijo de Dios, Dios mismo hecho hombre y actuar en consecuencia.
Eleuterio Fernández Guzmán
23 de agosto de 2011
Lo que importa de la Ley de Dios
Martes XXI del tiempo ordinario
Mt 23,23-26
“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!’.
COMENTARIO
Jesús no ceja en el empeño de hacer cumplir la Ley de Dios. Para eso vino y, como Él mismo diría, tenía que cumplirse hasta la última tilde de la misma. Pero hacer eso supone poner a disposición del Creador el mismo corazón.
Es cierto que se llega a tergiversar tanto la voluntad de Dios que acaba por no serlo. Por eso critica tanto Jesucristo lo que hacen aquellas personas y que no es otra cosa que hacer que sea más importante lo que es, en realidad, menos.
Justicia, misericordia y fe. Son tres realidades espirituales y, también, materiales en cuanto se plasmen en la realidad de las personas, que no se tenían en cuenta. Para eso Jesús vino y por eso, precisamente por eso murió de muerte de cruz.
JESÚS, tu querías, siempre, que comprendiésemos la verdadera, la única, voluntad de Dios. Sin embargo, nosotros, tus discípulos (o que nos hacemos llamar así) no nos conviene mucho o, mejor, hacemos que no nos convenga porque nos viene mejor la falta de justicia para satisfacer nuestro egoísmo, la falta de misericordia para imponer nuestro criterio y, con todo, la falta de fe, que sostiene a una y otra virtud.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 23,23-26
“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!’.
COMENTARIO
Jesús no ceja en el empeño de hacer cumplir la Ley de Dios. Para eso vino y, como Él mismo diría, tenía que cumplirse hasta la última tilde de la misma. Pero hacer eso supone poner a disposición del Creador el mismo corazón.
Es cierto que se llega a tergiversar tanto la voluntad de Dios que acaba por no serlo. Por eso critica tanto Jesucristo lo que hacen aquellas personas y que no es otra cosa que hacer que sea más importante lo que es, en realidad, menos.
Justicia, misericordia y fe. Son tres realidades espirituales y, también, materiales en cuanto se plasmen en la realidad de las personas, que no se tenían en cuenta. Para eso Jesús vino y por eso, precisamente por eso murió de muerte de cruz.
JESÚS, tu querías, siempre, que comprendiésemos la verdadera, la única, voluntad de Dios. Sin embargo, nosotros, tus discípulos (o que nos hacemos llamar así) no nos conviene mucho o, mejor, hacemos que no nos convenga porque nos viene mejor la falta de justicia para satisfacer nuestro egoísmo, la falta de misericordia para imponer nuestro criterio y, con todo, la falta de fe, que sostiene a una y otra virtud.
Eleuterio Fernández Guzmán
22 de agosto de 2011
Hipócritas
Lunes XXI del tiempo ordinario
Mt 23,13-22
“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él’”.
COMENTARIO
No había venido Jesús a ser complaciente con los poderosos espiritualmente hablando. Tenía que hacer cumplir la voluntad de Dios, su Ley, y, por eso mismo, dice lo que no gusta a muchos de los que le escuchan.
A Jesucristo no le gusta que cuando alguien está tratando de cumplir la voluntad de Dios haya personas que obstaculicen lo que tratan de hacer. Si, además, tales personas son las que se supone entienden de la ley del Creador es mucho peor.
Si había algo que molestaba mucho a Jesús era el comportamiento hipócrita de muchos que se decían creyentes pero que, a la hora de la verdad, no eran más que embaucadores de los fieles de Dios que los llevaban por el camino equivocado.
JESÚS, cumplir la voluntad de tu Padre era, y es, lo más importante que un fiel discípulo tuyo puede hacer. Por eso no puede ser del agrado de Dios que se haga como que se cree pero, en realidad, no se sigua su voluntad. Nosotros, a veces actuamos, además, como si el Creador no nos viera y no conociera nuestro corazón.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 23,13-22
“En aquel tiempo, Jesús dijo: ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él’”.
COMENTARIO
No había venido Jesús a ser complaciente con los poderosos espiritualmente hablando. Tenía que hacer cumplir la voluntad de Dios, su Ley, y, por eso mismo, dice lo que no gusta a muchos de los que le escuchan.
A Jesucristo no le gusta que cuando alguien está tratando de cumplir la voluntad de Dios haya personas que obstaculicen lo que tratan de hacer. Si, además, tales personas son las que se supone entienden de la ley del Creador es mucho peor.
Si había algo que molestaba mucho a Jesús era el comportamiento hipócrita de muchos que se decían creyentes pero que, a la hora de la verdad, no eran más que embaucadores de los fieles de Dios que los llevaban por el camino equivocado.
JESÚS, cumplir la voluntad de tu Padre era, y es, lo más importante que un fiel discípulo tuyo puede hacer. Por eso no puede ser del agrado de Dios que se haga como que se cree pero, en realidad, no se sigua su voluntad. Nosotros, a veces actuamos, además, como si el Creador no nos viera y no conociera nuestro corazón.
Eleuterio Fernández Guzmán
20 de agosto de 2011
Cristo, Guía y Pastor
Sábado XX del tiempo ordinario
Mt 23,1-12
“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.
‘Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Guías’, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’.
COMENTARIO
Muy bien dice Jesucristo que tenían que hacer lo que los entendidos en la Ley de Dios les decían que tenían que hacer pero que, sin embargo, no hicieran lo que hacían. Esto, seguramente, sería porque no concordaba una cosa con la otra. Poco amor donde tenía que haber amor y mucha soberbia donde tenía que haber humildad.
Cristo es a quien hay que seguir porque es un buen guía y es un buen pastor: es buen Guía porque comunica el camino a seguir para llegar al definitivo Reino de Dios; es buen Pastor porque conduce a sus ovejas sin perder a ninguna y, en caso de perderla, va a buscarla y la regresa al redil de donde no debió salir.
Servir, ser servidor de los demás, del prójimo, es uno de los mensajes que dejó Cristo para que sus discípulos cumpliésemos con él. No cabe, por lo tanto, querer ser servido sino, como dijo Él mismo, servir.
JESÚS, querías que te siguieran porque eras, eres, buen guía y buen pastor. Muchas veces, sin embargo, no hacemos caso de las indicaciones que nos das y miramos, exclusivamente, desde nuestro egoísmo. Entonces nos apartamos de tu persona y, así, de Dios.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 23,1-12
“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.
‘Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Guías’, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’.
COMENTARIO
Muy bien dice Jesucristo que tenían que hacer lo que los entendidos en la Ley de Dios les decían que tenían que hacer pero que, sin embargo, no hicieran lo que hacían. Esto, seguramente, sería porque no concordaba una cosa con la otra. Poco amor donde tenía que haber amor y mucha soberbia donde tenía que haber humildad.
Cristo es a quien hay que seguir porque es un buen guía y es un buen pastor: es buen Guía porque comunica el camino a seguir para llegar al definitivo Reino de Dios; es buen Pastor porque conduce a sus ovejas sin perder a ninguna y, en caso de perderla, va a buscarla y la regresa al redil de donde no debió salir.
Servir, ser servidor de los demás, del prójimo, es uno de los mensajes que dejó Cristo para que sus discípulos cumpliésemos con él. No cabe, por lo tanto, querer ser servido sino, como dijo Él mismo, servir.
JESÚS, querías que te siguieran porque eras, eres, buen guía y buen pastor. Muchas veces, sin embargo, no hacemos caso de las indicaciones que nos das y miramos, exclusivamente, desde nuestro egoísmo. Entonces nos apartamos de tu persona y, así, de Dios.
Eleuterio Fernández Guzmán
19 de agosto de 2011
Lo mandado por Dios
Viernes XX del tiempo ordinario
Mt 22,34-40
“En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’. Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’.
COMENTARIO
Aquellos fariseos que preguntaron a Jesús sobre lo más importante en la Ley de Dios querían tenderle una trampa porque no querían saber que era el mismo Creador hecho hombre. Obtienen, sin embargo, una respuesta que les ponía en una difícil situación… exactamente como a nosotros.
Amar a Dios y amar al prójimo es expresión de lo que más importa en la Ley de Dios. Sin embargo, una cosa es decirlo de boca para afuera y otra, muy distinta, sentirlo en el corazón.
Se ama a Dios cuando se le tiene en cuenta para tomar decisiones; se ama al prójimo cuando no se murmura sobre el mismo, cuando no se siembra falso testimonio sobre el mismo y cuando, al fin y al cabo, se le perdona al igual que nosotros pedimos el perdón a Dios.
JESÚS, muy difícil se lo ponías a los que te preguntaban sobre la Ley de Dios y sobre qué era lo más importante. Amar al Creador y el prójimo no siempre resulta fácil para los hijos de Dios que tienen a Quien los creó en poco importante para sus vidas y a su prójimo como a alguien a quien mirar mal las más de las veces. Y eso no lo quiere Dios.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 22,34-40
“En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?’. Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’.
COMENTARIO
Aquellos fariseos que preguntaron a Jesús sobre lo más importante en la Ley de Dios querían tenderle una trampa porque no querían saber que era el mismo Creador hecho hombre. Obtienen, sin embargo, una respuesta que les ponía en una difícil situación… exactamente como a nosotros.
Amar a Dios y amar al prójimo es expresión de lo que más importa en la Ley de Dios. Sin embargo, una cosa es decirlo de boca para afuera y otra, muy distinta, sentirlo en el corazón.
Se ama a Dios cuando se le tiene en cuenta para tomar decisiones; se ama al prójimo cuando no se murmura sobre el mismo, cuando no se siembra falso testimonio sobre el mismo y cuando, al fin y al cabo, se le perdona al igual que nosotros pedimos el perdón a Dios.
JESÚS, muy difícil se lo ponías a los que te preguntaban sobre la Ley de Dios y sobre qué era lo más importante. Amar al Creador y el prójimo no siempre resulta fácil para los hijos de Dios que tienen a Quien los creó en poco importante para sus vidas y a su prójimo como a alguien a quien mirar mal las más de las veces. Y eso no lo quiere Dios.
Eleuterio Fernández Guzmán
18 de agosto de 2011
Cada cual se escoge a sí mismo para la vida eterna
Jueves XX del tiempo ordinario
Mt 22,1-14
“En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
‘Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos’”.
COMENTARIO
Si hay algo que es más que cierto es que la fe se confiesa cuando quien la tiene quiere seguir teniéndola. A nadie se le obliga a tener fe en Cristo ni se le obliga a creer en Dios Todopoderoso y Creador de lo visible a invisible.
Como creencia no es obligatoria sí, al menos, se exige, que cada cual sea testigo de su propio devenir filial con relación a Dios Padre. Por eso cuando Quien todo lo sabe sale en busca de las personas para acercarlas a su corazón, espera que se le responda de una forma, al menos, agradecida: “Quien te creó sin ti, no te salvará sin ti”, dijo san Agustín.
Es bien cierto que la vida eterna ha sido ganada por Cristo con su muerte de cruz pero no puede ser falso que cada cual puede llegar al definitivo Reino de Dios según haga en este mundo. Cuando Cristo dice que hay que estar preparados porque no se sabe cuándo llegará el dueño de la casa quiere decir, exactamente, eso: estar preparados y no hacer como si no fuera con nosotros tal momento espiritual.
JESÚS, quieres que estemos preparados para cuando sea la llamada de Dios que nos quiere a su lado como un padre quiere a sus hijos. Nosotros, muchas veces, no queremos escuchar la voz del Creador porque puede distorsionar nuestra mundana forma de vivir. Pero Él insiste porque siempre nos quiere a su lado. Nos invita a su fiesta y no deberíamos rechazar, no nos conviene, tal invitación.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 22,1-14
“En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: ‘Decid a los invitados: Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
‘Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos’”.
COMENTARIO
Si hay algo que es más que cierto es que la fe se confiesa cuando quien la tiene quiere seguir teniéndola. A nadie se le obliga a tener fe en Cristo ni se le obliga a creer en Dios Todopoderoso y Creador de lo visible a invisible.
Como creencia no es obligatoria sí, al menos, se exige, que cada cual sea testigo de su propio devenir filial con relación a Dios Padre. Por eso cuando Quien todo lo sabe sale en busca de las personas para acercarlas a su corazón, espera que se le responda de una forma, al menos, agradecida: “Quien te creó sin ti, no te salvará sin ti”, dijo san Agustín.
Es bien cierto que la vida eterna ha sido ganada por Cristo con su muerte de cruz pero no puede ser falso que cada cual puede llegar al definitivo Reino de Dios según haga en este mundo. Cuando Cristo dice que hay que estar preparados porque no se sabe cuándo llegará el dueño de la casa quiere decir, exactamente, eso: estar preparados y no hacer como si no fuera con nosotros tal momento espiritual.
JESÚS, quieres que estemos preparados para cuando sea la llamada de Dios que nos quiere a su lado como un padre quiere a sus hijos. Nosotros, muchas veces, no queremos escuchar la voz del Creador porque puede distorsionar nuestra mundana forma de vivir. Pero Él insiste porque siempre nos quiere a su lado. Nos invita a su fiesta y no deberíamos rechazar, no nos conviene, tal invitación.
Eleuterio Fernández Guzmán
17 de agosto de 2011
Ser últimos para ser los primeros
Miércoles XX del tiempo ordinario
Mt 20,1-16
“En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.
‘Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos’”.
COMENTARIO
Es más que probable que en nuestro mundo, en alguna ocasión, se nos haya presentado la ocasión de ocupar el primer lugar en algo mundano. No podemos decir, con casi toda seguridad, que no nos haya gustado ocuparlo.
Para Jesús las cosas son diferentes y, claro, para Dios, también. Ocupa el primer lugar en el definitivo Reino del Creador aquel que se queda para ser de los últimos. Y esto no por una falsa modestia sino por un sentir que deber ser servidor del resto de hermanos, o no, en la fe.
“Los últimos serán los primeros y los primeros, últimos” es algo, para el mundo y la mundanidad, difícil de aceptar. Se prefieren los primeros lugares de lo necio antes que los últimos de la verdad y la entrega a los demás.
JESÚS, bien sabías que lo mejor es ser último en la relación con los demás pero sabiendo lo que esto quiere decir: servir, no ser servido, era tu forma de actuar y de ser. Tal situación la quieres para tus discípulos que estamos, la mayoría de las veces, a otras cosas que en realidad no nos convienen para la vida eterna.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 20,1-16
“En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.
‘Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos’”.
COMENTARIO
Es más que probable que en nuestro mundo, en alguna ocasión, se nos haya presentado la ocasión de ocupar el primer lugar en algo mundano. No podemos decir, con casi toda seguridad, que no nos haya gustado ocuparlo.
Para Jesús las cosas son diferentes y, claro, para Dios, también. Ocupa el primer lugar en el definitivo Reino del Creador aquel que se queda para ser de los últimos. Y esto no por una falsa modestia sino por un sentir que deber ser servidor del resto de hermanos, o no, en la fe.
“Los últimos serán los primeros y los primeros, últimos” es algo, para el mundo y la mundanidad, difícil de aceptar. Se prefieren los primeros lugares de lo necio antes que los últimos de la verdad y la entrega a los demás.
JESÚS, bien sabías que lo mejor es ser último en la relación con los demás pero sabiendo lo que esto quiere decir: servir, no ser servido, era tu forma de actuar y de ser. Tal situación la quieres para tus discípulos que estamos, la mayoría de las veces, a otras cosas que en realidad no nos convienen para la vida eterna.
Eleuterio Fernández Guzmán
16 de agosto de 2011
Cristo cumple lo que promete
Martes XX del tiempo ordinario
Mt 19,23-30
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: ‘Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’.
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’. Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’”.
COMENTARIO
Cuando Jesucristo habla así a sus discípulos lo hacen para que no se lleven a engaño: seguir al Hijo de Dios es dificultoso y requiera más de un sacrificio; además, no serán bien vistos por casi nadie.
Cristo habla de una “regeneración” o, lo que es lo mismo, que en determinado momento todo se volverá a generar y se producirá una nueva creación, un nuevo mundo devendrá y sustituirá al que ya será viejo. Y esto será en la Parusía cuando Cristo vuelve en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos.
Para tal momento no podemos esperar llegar sin ningún tipo de equipaje del alma. Esto lo que quiere decir es que tenemos que estar preparados porque no sabremos cuando llegará el Señor de nuestra casa. Si, entonces, somos o son los primeros de la sociedad los que, en realidad, no siguen la voluntad de Dios... será el llanto y el rechinar de dientes.
JESÚS, muchas veces avisas a tus discípulos del porvenir. Les dices, sobre todo, cómo tiene que comportarse, qué camino tienen que seguir y, sobre todo, cómo no deben actuar para que, cuando sea el momento oportuno y vengas en tu segunda venida estemos preparados. Sin embargo, muchas veces no nos interesa y miramos para otro lado.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 19,23-30
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: ‘Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’.
Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’. Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’”.
COMENTARIO
Cuando Jesucristo habla así a sus discípulos lo hacen para que no se lleven a engaño: seguir al Hijo de Dios es dificultoso y requiera más de un sacrificio; además, no serán bien vistos por casi nadie.
Cristo habla de una “regeneración” o, lo que es lo mismo, que en determinado momento todo se volverá a generar y se producirá una nueva creación, un nuevo mundo devendrá y sustituirá al que ya será viejo. Y esto será en la Parusía cuando Cristo vuelve en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos.
Para tal momento no podemos esperar llegar sin ningún tipo de equipaje del alma. Esto lo que quiere decir es que tenemos que estar preparados porque no sabremos cuando llegará el Señor de nuestra casa. Si, entonces, somos o son los primeros de la sociedad los que, en realidad, no siguen la voluntad de Dios... será el llanto y el rechinar de dientes.
JESÚS, muchas veces avisas a tus discípulos del porvenir. Les dices, sobre todo, cómo tiene que comportarse, qué camino tienen que seguir y, sobre todo, cómo no deben actuar para que, cuando sea el momento oportuno y vengas en tu segunda venida estemos preparados. Sin embargo, muchas veces no nos interesa y miramos para otro lado.
Eleuterio Fernández Guzmán
15 de agosto de 2011
La fe de María
La Asunción de la Virgen María
Lc 1,39-56
“En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.
Y dijo María: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa."
COMENTARIO
Cuando el Ángel del Señor anunció a María, y aceptó ésta, la voluntad de Dios, partió hacia donde vivía su prima Isabel. Iba para ayudarla en sus últimos meses de embarazo.
La fe que tiene la Virgen María es recompensada por Isabel. El Espíritu Santo ha soplado en su corazón la admiración por aquella joven que llevaba en su seno al Salvador del mundo, Señor del mismo.
Y María responde de una forma no menos importante. Recuerda lo hecho por Dios a favor de su pueblo elegido y lo que el Creador hace por quien tiene fe y cumple su voluntad. Ella así lo hizo y, desde entonces, todas las generaciones, como dice María, la han llamado bienaventurada.
JESÚS, tu madre era el gran amor de tu vida. Cuando fue a casa de tu tía Isabel y quedaban unos meses para que naciera tu primo Juan, que sería quien te bautizara, el Bautista hizo señales de que conocía tu presencia.
Eleuterio Fernández Guzmán
Lc 1,39-56
“En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.
Y dijo María: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa."
COMENTARIO
Cuando el Ángel del Señor anunció a María, y aceptó ésta, la voluntad de Dios, partió hacia donde vivía su prima Isabel. Iba para ayudarla en sus últimos meses de embarazo.
La fe que tiene la Virgen María es recompensada por Isabel. El Espíritu Santo ha soplado en su corazón la admiración por aquella joven que llevaba en su seno al Salvador del mundo, Señor del mismo.
Y María responde de una forma no menos importante. Recuerda lo hecho por Dios a favor de su pueblo elegido y lo que el Creador hace por quien tiene fe y cumple su voluntad. Ella así lo hizo y, desde entonces, todas las generaciones, como dice María, la han llamado bienaventurada.
JESÚS, tu madre era el gran amor de tu vida. Cuando fue a casa de tu tía Isabel y quedaban unos meses para que naciera tu primo Juan, que sería quien te bautizara, el Bautista hizo señales de que conocía tu presencia.
Eleuterio Fernández Guzmán
14 de agosto de 2011
Confiar, tener fe
Domingo XX (A) del tiempo ordinario
Mt 15,21-28
“En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: ‘Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo’. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: ‘Atiéndela, que viene detrás gritando’. Él les contestó: ‘Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel’. Ella los alcanzó y se postró ante Él, y le pidió de rodillas: ‘Señor, socórreme’. Él le contestó: ‘No está bien echar a los perros el pan de los hijos’. Pero ella repuso: ‘Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos’. Jesús le respondió: ‘Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija."
COMENTARIO
No puede negarse que la fe se demuestra cuando se hace efectivo que se tiene. No es exagerado pensar, entonces, que aquella mujer cananea que salió al encuentro de Jesús, tenía fe porque tenía confianza en el Señor.
Pide para otra persona y no para sí misma lo que hace importante el amor que tiene por su hija y, a los ojos de Cristo, se muestra interesada, por querencia, por la curación de la misma. Y está segura que Jesús la sanará de aquel demonio que la trae a mal vivir.
Jesús sabe que aquella mujer tiene fe. Es más, le parece que tiene mucha porque así lo dice: “Qué grande es tu fe”. Y es grande porque cree en Él y le basta que diga que se cure su hija para que, con el poder de Dios, en efecto, se cure. Y así pasa porque la fe siempre tiene buena recompensa para el creyente.
JESÚS, la confianza en Dios es muy importante de cara a dirigirse al Padre porque no es posible entender que una persona pueda querer demandar algo al Creador y, al mismo tiempo, tenga un corazón oscuro y cerrado al Padre. Quien tiene confianza en Cristo sabe que puede ir tras Él y que será, siempre, bien recibido. El problema es que, en muchas ocasiones, no queremos seguir al Hijo de Dios sino alejarnos al saber que pasa por nuestra vida o cerca de ella.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 15,21-28
“En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: ‘Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo’. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: ‘Atiéndela, que viene detrás gritando’. Él les contestó: ‘Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel’. Ella los alcanzó y se postró ante Él, y le pidió de rodillas: ‘Señor, socórreme’. Él le contestó: ‘No está bien echar a los perros el pan de los hijos’. Pero ella repuso: ‘Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos’. Jesús le respondió: ‘Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija."
COMENTARIO
No puede negarse que la fe se demuestra cuando se hace efectivo que se tiene. No es exagerado pensar, entonces, que aquella mujer cananea que salió al encuentro de Jesús, tenía fe porque tenía confianza en el Señor.
Pide para otra persona y no para sí misma lo que hace importante el amor que tiene por su hija y, a los ojos de Cristo, se muestra interesada, por querencia, por la curación de la misma. Y está segura que Jesús la sanará de aquel demonio que la trae a mal vivir.
Jesús sabe que aquella mujer tiene fe. Es más, le parece que tiene mucha porque así lo dice: “Qué grande es tu fe”. Y es grande porque cree en Él y le basta que diga que se cure su hija para que, con el poder de Dios, en efecto, se cure. Y así pasa porque la fe siempre tiene buena recompensa para el creyente.
JESÚS, la confianza en Dios es muy importante de cara a dirigirse al Padre porque no es posible entender que una persona pueda querer demandar algo al Creador y, al mismo tiempo, tenga un corazón oscuro y cerrado al Padre. Quien tiene confianza en Cristo sabe que puede ir tras Él y que será, siempre, bien recibido. El problema es que, en muchas ocasiones, no queremos seguir al Hijo de Dios sino alejarnos al saber que pasa por nuestra vida o cerca de ella.
Eleuterio Fernández Guzmán
13 de agosto de 2011
Ser niños
Sábado XIX del tiempo ordinario
Mt 19,13-15
“En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos’. Y, después de imponerles las manos, se fue de allí".
COMENTARIO
Jesús tenía un amor muy especial por los desfavorecidos. Los niños, eran, junto a la mujer y a las personas que tenían determinadas enfermedades, los que más sufrían el apartamiento social por no ser muy tenidos en cuenta.
A Jesús le gustaba que los niños se le acercaran. Comprendía que su inocencia y su, aún, no violentado espíritu por las cosas del mundo, era un campo donde poder sembrar con seguridad de obtener buen fruto para el espíritu.
El Reino de los cielos está reservado para quien es como un niño. Con esto lo que quería dar a entender el Hijo de Dios es que deberíamos tener un comportamiento lo más parecido a lo que, en inocencia y sometimiento a los padres, tiene el niño. Sólo así nuestra vida podrá ser entendida como provechosa y no perdida.
JESÚS, los niños querían que les contaras cosas, que les dijeras lo que de bueno veías en ellos. Con corazón aún de carne y no corrompido por las mundanidades, avaricias y egoísmos sin sentido y sin fin, podían ser vistos como aquellos que serían muy bien recibidos en el Reino de tu Padre. Por eso nos pides que seamos como ellos aunque, muchas veces, lo olvidamos porque no nos conviene.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 19,13-15
“En aquel tiempo, le presentaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos’. Y, después de imponerles las manos, se fue de allí".
COMENTARIO
Jesús tenía un amor muy especial por los desfavorecidos. Los niños, eran, junto a la mujer y a las personas que tenían determinadas enfermedades, los que más sufrían el apartamiento social por no ser muy tenidos en cuenta.
A Jesús le gustaba que los niños se le acercaran. Comprendía que su inocencia y su, aún, no violentado espíritu por las cosas del mundo, era un campo donde poder sembrar con seguridad de obtener buen fruto para el espíritu.
El Reino de los cielos está reservado para quien es como un niño. Con esto lo que quería dar a entender el Hijo de Dios es que deberíamos tener un comportamiento lo más parecido a lo que, en inocencia y sometimiento a los padres, tiene el niño. Sólo así nuestra vida podrá ser entendida como provechosa y no perdida.
JESÚS, los niños querían que les contaras cosas, que les dijeras lo que de bueno veías en ellos. Con corazón aún de carne y no corrompido por las mundanidades, avaricias y egoísmos sin sentido y sin fin, podían ser vistos como aquellos que serían muy bien recibidos en el Reino de tu Padre. Por eso nos pides que seamos como ellos aunque, muchas veces, lo olvidamos porque no nos conviene.
Eleuterio Fernández Guzmán
12 de agosto de 2011
Lo que Dios dice
Viernes XIX del tiempo ordinario
Mt 19,3-12
“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’.
Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’.
Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’".
COMENTARIO
Es bien cierto que cuando dijo Jesús que no había venido a derogar la Ley de Dios sino a darle perfección era porque había sido tergiversada por el pueblo que el Creador había elegido.
Pone ejemplos. Ahora éstos, pero en otras ocasiones pone otros para que se viera que el sentido de la norma divina no era el que todos tenían como bueno. Por ejemplo, en el tema del divorcio que Dios no entiende posible porque la criatura no puede ir contra lo establecido por el Creador.
Jesús habla, aquí, del celibato. Es cierto que no todos estamos preparados para ser célibes y dedicar todas nuestras fuerzas a Dios. Sólo aquellos a los que Dios concede tal don pueden, añadiendo esfuerzo personal, seguir el celibato.
JESÚS, la Ley de Dios no era fácil de cumplir. Por eso los hombres la adaptaron a sus particulares circunstancias y egoístas necesidades. Querías que la norma que tu Padre estableció como buena fuera la que tuviera en cuenta pero a veces, incluso ahora, no hacemos caso a lo que Dios quiere sino a lo que nosotros nos interesa.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 19,3-12
“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’.
Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’.
Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’".
COMENTARIO
Es bien cierto que cuando dijo Jesús que no había venido a derogar la Ley de Dios sino a darle perfección era porque había sido tergiversada por el pueblo que el Creador había elegido.
Pone ejemplos. Ahora éstos, pero en otras ocasiones pone otros para que se viera que el sentido de la norma divina no era el que todos tenían como bueno. Por ejemplo, en el tema del divorcio que Dios no entiende posible porque la criatura no puede ir contra lo establecido por el Creador.
Jesús habla, aquí, del celibato. Es cierto que no todos estamos preparados para ser célibes y dedicar todas nuestras fuerzas a Dios. Sólo aquellos a los que Dios concede tal don pueden, añadiendo esfuerzo personal, seguir el celibato.
JESÚS, la Ley de Dios no era fácil de cumplir. Por eso los hombres la adaptaron a sus particulares circunstancias y egoístas necesidades. Querías que la norma que tu Padre estableció como buena fuera la que tuviera en cuenta pero a veces, incluso ahora, no hacemos caso a lo que Dios quiere sino a lo que nosotros nos interesa.
Eleuterio Fernández Guzmán
11 de agosto de 2011
Como perdonamos a los que nos ofenden...
Jueves XIX del tiempo ordinario
Mt 18,21—19,1
“En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
COMENTARIO
Lo que cuenta Jesús a los que le oyen es importante, como siempre, para nuestras vidas. No está dicho para llenar el tiempo o, simplemente, para mostrarse especialmente inteligente: está dicho por el Mesías.
Pedimos a Dios, en la oración que Cristo enseño a sus apóstoles, que nos perdone las ofensas porque a lo largo del día, a lo largo de una vida, son muchas las veces que ofendemos al Creador. Pedimos en la seguridad de que seremos perdonados.
Nosotros, además, debemos cumplir con la otra parte de tal petición que dice “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. El perdón es una forma especial, una concreción de la caridad porque demostramos tener un corazón de carne y no de piedra. Perdonar de corazón es, además, requisito indispensable para que el perdón sea efectivo.
JESÚS, querías que perdonásemos de corazón. No es una forma más de perdonar sino, siempre, la única que, en puede tener validez para Dios porque si perdonamos sólo con los labios sin tener en cuenta lo que sale de dentro (que es lo que cuenta para Dios) sólo estamos mintiendo sobre nuestros sentimientos y sobre nuestra verdadera voluntad.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 18,21—19,1
“En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
COMENTARIO
Lo que cuenta Jesús a los que le oyen es importante, como siempre, para nuestras vidas. No está dicho para llenar el tiempo o, simplemente, para mostrarse especialmente inteligente: está dicho por el Mesías.
Pedimos a Dios, en la oración que Cristo enseño a sus apóstoles, que nos perdone las ofensas porque a lo largo del día, a lo largo de una vida, son muchas las veces que ofendemos al Creador. Pedimos en la seguridad de que seremos perdonados.
Nosotros, además, debemos cumplir con la otra parte de tal petición que dice “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. El perdón es una forma especial, una concreción de la caridad porque demostramos tener un corazón de carne y no de piedra. Perdonar de corazón es, además, requisito indispensable para que el perdón sea efectivo.
JESÚS, querías que perdonásemos de corazón. No es una forma más de perdonar sino, siempre, la única que, en puede tener validez para Dios porque si perdonamos sólo con los labios sin tener en cuenta lo que sale de dentro (que es lo que cuenta para Dios) sólo estamos mintiendo sobre nuestros sentimientos y sobre nuestra verdadera voluntad.
Eleuterio Fernández Guzmán
10 de agosto de 2011
Morir para vivir para siempre
Jn 12,24-26
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará’".
COMENTARIO
Morir para ser. Debió resultar difícil de entender para los que acompañaban a Jesús que les dijera que para poder vivir antes tenían que morir porque no resulta fácil comprender tan extraño acontecimiento.
El hombre viejo, el ser humano que se apega a lo que tenía siendo aquello de poco provecho para la vida eterna debe dejar aquellas viejas cosas en el tiempo pasado y venir a ser un hijo de Dios nuevo, el odre también nuevo la savia del corazón de Cristo.
Jesús promete honra por parte de Dios en caso de seguirlo a Él. A falta de comprensión acerca de su naturaleza divina y de su ser Él mismo el Creador decir que seguirlo supone ganarse la confianza de Dios es, en efecto, una forma de acercar la verdad a sus discípulos.
JESÚS, querías que te siguieran conociendo la verdad. Por eso les dice que Dios honra a quien te sigue pero que, para eso, hay que dejar lo viejo en el pasado y mirar con nuevos ojos y nuevo corazón, de carne, hacia lo que es el ahora mismo. Olvidarse, como en otro momento dirías, incluso, de lo más querido.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará’".
COMENTARIO
Morir para ser. Debió resultar difícil de entender para los que acompañaban a Jesús que les dijera que para poder vivir antes tenían que morir porque no resulta fácil comprender tan extraño acontecimiento.
El hombre viejo, el ser humano que se apega a lo que tenía siendo aquello de poco provecho para la vida eterna debe dejar aquellas viejas cosas en el tiempo pasado y venir a ser un hijo de Dios nuevo, el odre también nuevo la savia del corazón de Cristo.
Jesús promete honra por parte de Dios en caso de seguirlo a Él. A falta de comprensión acerca de su naturaleza divina y de su ser Él mismo el Creador decir que seguirlo supone ganarse la confianza de Dios es, en efecto, una forma de acercar la verdad a sus discípulos.
JESÚS, querías que te siguieran conociendo la verdad. Por eso les dice que Dios honra a quien te sigue pero que, para eso, hay que dejar lo viejo en el pasado y mirar con nuevos ojos y nuevo corazón, de carne, hacia lo que es el ahora mismo. Olvidarse, como en otro momento dirías, incluso, de lo más querido.
Eleuterio Fernández Guzmán
9 de agosto de 2011
Sobre niños y pastores
Martes XIX del tiempo ordinario
Mt 18,1-5.10.12-14
“En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: ¡¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?¡. Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: ¡Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños".
COMENTARIO
Jesús había venido para tener en cuenta a los más desfavorecidos. Los niños no eran muy bien considerados en su tiempo porque se les tenía por poca cosa y poco útiles. Pero su inocencia y su amor incondicional hacia los padres era tenida muy en cuenta por el Maestro.
Entrar en el definitivo Reino de Dios era cuestión de mostrar la misma inocencia que los niños y, sobre todo, la misma confianza que los más pequeños demuestran con relación a sus padres.
Son, en cierto modo, como la oveja perdida, perdida por los demás, que busca el pastor. No la encuentra si no va a por ella en su busca porque le interesa devolverla a su redil. Por eso Dios no quiere que se pierda ningún pequeño… que se pierda para su Reino de Amor y de Misericordia.
JESÚS, los niños eran, seguramente, de las personas que más querías. En ellos veías la inocencia y la entrega sin condiciones a su amor infantil pero profundo. No querías que se perdieran y, por eso mismo, recomendabas ser como ellos. Sabemos, por eso mismo que estando con los niños estamos en tierra sagrada porque Dios los quiere mucho.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 18,1-5.10.12-14
“En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: ¡¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?¡. Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: ¡Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños".
COMENTARIO
Jesús había venido para tener en cuenta a los más desfavorecidos. Los niños no eran muy bien considerados en su tiempo porque se les tenía por poca cosa y poco útiles. Pero su inocencia y su amor incondicional hacia los padres era tenida muy en cuenta por el Maestro.
Entrar en el definitivo Reino de Dios era cuestión de mostrar la misma inocencia que los niños y, sobre todo, la misma confianza que los más pequeños demuestran con relación a sus padres.
Son, en cierto modo, como la oveja perdida, perdida por los demás, que busca el pastor. No la encuentra si no va a por ella en su busca porque le interesa devolverla a su redil. Por eso Dios no quiere que se pierda ningún pequeño… que se pierda para su Reino de Amor y de Misericordia.
JESÚS, los niños eran, seguramente, de las personas que más querías. En ellos veías la inocencia y la entrega sin condiciones a su amor infantil pero profundo. No querías que se perdieran y, por eso mismo, recomendabas ser como ellos. Sabemos, por eso mismo que estando con los niños estamos en tierra sagrada porque Dios los quiere mucho.
Eleuterio Fernández Guzmán
8 de agosto de 2011
Aunque la verdad pueda doler
Lunes XIX del tiempo ordinario
Mt 17,22-27
"En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará’. Y se entristecieron mucho.
Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: ‘¿No paga vuestro Maestro el didracma?’. Dice Él: ‘Sí’. Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: ‘¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?’. Al contestar Él: ‘De los extraños’, Jesús le dijo: ¡Por tanto, libres están los hijos! Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti’".
COMENTARIO
Jesús quería que sus discípulos, aquellos que él había escogido de entre sus semejantes, para que fueran testigos directos de su enseñanza conociesen la verdad de la verdad, supieran lo que le iba a suceder: iba a ser maltratado, incluso morir de mala forma pero, luego, resucitaría.
Ellos se entristecen porque no se pueden imaginar la vida sin Jesús, aquel hijo del carpintero que había demostrado, muchas veces, que estaba muy cerca de Dios. Con sus obras y sus palabras les había mostrado el camino recto para ir a definitivo Reino de su Padre.
A pesar de que Jesús no tenía, por ser Dios hecho hombre, que cumplir la ley de los hombres, sabe y enseña que sus discípulos han de atenerse a lo que la misma diga.
JESÚS, no querías que tus apóstoles ignorasen lo que iba a ser tu vida inmediata. Seguramente les dolieron mucho aquellas palabras pero también es cierto que un Maestro sólo puede desear el bien para sus discípulos y tu muerte era el paso previo a tu Resurrección.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 17,22-27
"En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará’. Y se entristecieron mucho.
Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: ‘¿No paga vuestro Maestro el didracma?’. Dice Él: ‘Sí’. Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: ‘¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?’. Al contestar Él: ‘De los extraños’, Jesús le dijo: ¡Por tanto, libres están los hijos! Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti’".
COMENTARIO
Jesús quería que sus discípulos, aquellos que él había escogido de entre sus semejantes, para que fueran testigos directos de su enseñanza conociesen la verdad de la verdad, supieran lo que le iba a suceder: iba a ser maltratado, incluso morir de mala forma pero, luego, resucitaría.
Ellos se entristecen porque no se pueden imaginar la vida sin Jesús, aquel hijo del carpintero que había demostrado, muchas veces, que estaba muy cerca de Dios. Con sus obras y sus palabras les había mostrado el camino recto para ir a definitivo Reino de su Padre.
A pesar de que Jesús no tenía, por ser Dios hecho hombre, que cumplir la ley de los hombres, sabe y enseña que sus discípulos han de atenerse a lo que la misma diga.
JESÚS, no querías que tus apóstoles ignorasen lo que iba a ser tu vida inmediata. Seguramente les dolieron mucho aquellas palabras pero también es cierto que un Maestro sólo puede desear el bien para sus discípulos y tu muerte era el paso previo a tu Resurrección.
Eleuterio Fernández Guzmán
7 de agosto de 2011
Confiar; tener fe
Domingo XIX (A) del tiempo ordinario
Mt 14, 22-33
“Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ‘¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua’. Él le dijo: ‘Ven’. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: ‘Señor, sálvame’. En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?’. En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: ‘Realmente eres Hijo de Dios’”.
COMENTARIO
El episodio de la barca y de Jesús que anda sobre las aguas y todo lo que pasa entorno al mismo es síntoma de muchas cosas. No todas son buenas para los creyentes.
Pedro es el discípulo que muchas veces responde a las preguntas de Jesús porque es que más se atreve a contestarlas. Es, digamos, el primero entre ellos y, por eso mismo, se lanza al agua. Lo hace, eso es cierto, pidiendo a Jesús que le mande ir hacia Él.
Pedro no tiene suficiente fe. Aunque enseguida, tras oír que Jesús le ordena que vaya hacia Él, se tira al agua, el miedo humano es más fuerte que la confianza que debía tener en el Maestro. Y se hunde en su falta de fe. Jesús, sin embargo, le salva, otra vez, del abismo.
JESÚS, ¡Cuánto hubieras querido que Pedro no hubiera tenido miedo! De haber tenido suficiente fe te hubiera alcanzado sobre las aguas caminando como tú lo hacías. Desconfiar en la voluntad de Dios no puede ser buena cosa para un hijo del Creador.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 14, 22-33
“Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ‘¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua’. Él le dijo: ‘Ven’. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: ‘Señor, sálvame’. En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?’. En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: ‘Realmente eres Hijo de Dios’”.
COMENTARIO
El episodio de la barca y de Jesús que anda sobre las aguas y todo lo que pasa entorno al mismo es síntoma de muchas cosas. No todas son buenas para los creyentes.
Pedro es el discípulo que muchas veces responde a las preguntas de Jesús porque es que más se atreve a contestarlas. Es, digamos, el primero entre ellos y, por eso mismo, se lanza al agua. Lo hace, eso es cierto, pidiendo a Jesús que le mande ir hacia Él.
Pedro no tiene suficiente fe. Aunque enseguida, tras oír que Jesús le ordena que vaya hacia Él, se tira al agua, el miedo humano es más fuerte que la confianza que debía tener en el Maestro. Y se hunde en su falta de fe. Jesús, sin embargo, le salva, otra vez, del abismo.
JESÚS, ¡Cuánto hubieras querido que Pedro no hubiera tenido miedo! De haber tenido suficiente fe te hubiera alcanzado sobre las aguas caminando como tú lo hacías. Desconfiar en la voluntad de Dios no puede ser buena cosa para un hijo del Creador.
Eleuterio Fernández Guzmán
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