Jn 1, 29-34
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel'.
Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios”.
Jn 1, 29-34
Jn 1, 19-28
“Y este fue el testimonio de Juan,
cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a
preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’ El confesó, y no negó; confesó: ‘Yo no soy el
Cristo.’ 21 Y le preguntaron: ‘¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?’ Él dijo: ‘No lo
soy.’ – ‘¿Eres tú el profeta?’ Respondió: ‘No.’ Entonces le dijeron: ‘¿Quién
eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de
ti mismo?’ Dijo él: ‘o soy = voz del que clama en el desierto: Rectificad el
camino del Señor, = como dijo el profeta Isaías.’ Los enviados eran fariseos. Y
le preguntaron: ‘¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni
el profeta?’ Juan les respondió: ‘Yo bautizo con agua, pero en medio de
vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no
soy digno de desatarle la correa de su sandalia. Esto ocurrió en Betania, al
otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.”
COMENTARIO
En la historia de la salvación, ha habido
personas que han comprendido cuál era su misión. El Bautista sabía que no era
el Hijo de Dios y que Otro iba a venir para cumplir una misión más que
importante.
En efecto, el Bautista es la voz que
clama en el desierto de la espiritualidad judía. Había llegado, el pueblo
elegido por Dios, a una tal situación que estaba como si anduviera de nuevo por
el desierto a la espera de la tierra prometida.
Juan es consciente de que quien tiene que
venir es una persona más que importante. Sabe, además, que ya ha llegado al
mundo porque dice que está en medio de los que le escuchan o, lo que lo mismo,
que ha ya nacido.
JESÚS, ayúdanos a
cumplir la misión que nos sea encomendada.
Eleuterio Fernández Guzmán
Lc 2,16-21
“En aquel tiempo, los
pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño
acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho
acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los
pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las
meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a
Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de
Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.”
COMENTARIO
Aquellos pastores no dudaron lo más
mínimo acerca de lo que les había dicho el Ángel. Por eso no debieron
extrañarse cuando vieron la escena que les había sido dicha. Tampoco debe
extrañarnos que contaran a todos lo que les había pasado.
La Virgen María, como en otros episodios
que contienen las Sagradas Escrituras, guarda en su corazón aquello que le está
pasando con relación a su recién nacido hijo. Y es que debería servir de
alimento espiritual para toda una vida de amor y de entrega.
Y le pusieron por nombre Jesús. Aquel era
el que les había dado el enviado de Dios. Cumpliendo con lo establecido en la
Ley no dudan en hacer todo lo que se les había dicho. Y es que cumplir con la
voluntad de Dios no era nada extraño en ellos.
JESÚS, ayúdanos a ser
tan cumplidores con la Ley de Dios como lo fueron José y María, alabando a Dios
con ello.
Eleuterio Fernández Guzmán
Jn 1, 1-18
"Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como
testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por
medio de él. Él no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por
medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos
no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en
su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no
nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del
hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros
hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él, al declarar:
'Este es Aquél del que yo dije: El que viene después de mí me ha
precedido, porque existía antes que yo'.
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Dios Hijo único, que está en el seno del Padre."
COMENTARIO
Este texto del Evangelio de San Juan, por ser el que da comienzo al mismo, está repleto de realidades espirituales que son muy ricas y profundas. Desde el mismo principio del mismo hasta el final todo de todo lo que nos dice podemos obtener gran provecho.
La Palabra, Dios... todo apunta a la Verdad más extrema y todo nos dirige al tiempo en el que todo se hizo, en el que Dios creó y manifestó su Amor hacia todo lo creado.
Sin embargo, como bien sabemos por la realidad de las cosas y por otros textos bíblicos... a la luz hubo quien no quiso recibirla e, incluso, procuró que se apagara aunque, claro, eso ni lo consiguieron ni todo el Mal con sus secuaces lo conseguirá nunca.
JESÜS, gracias por estar siempre donde tienes que estar.
Eleuterio Fernández Guzmán
Es cierto y verdad que estas letras que Lolo escribe, en cierto modo, también son para él mismo. Y es que al tratar del amplio mundo del enfermo… si hay alguien que se pueda sentir concernido es él.
Lolo nos habla de la importancia que tiene la labor santificante que las personas enfermas, misioneras de tal misión, que, muy a pesar de sus circunstancias, son un verdadero tesoro para el creyente.
Dice Manuel que el enfermo es “millonario de dolor” pero que tal caudal no se desperdicia o se pierde sino que, bien encauzado, ayuda y mucho en la salvación del prójimo. Y es que así, en efecto, fue su vida.
Recomiendo, encarecidamente, la lectura de lo que sigue. Y la lectura serena y pausada de lo que es un maravilloso y gozoso artículo: pura luz espiritual.
Publicado en la revista Enfermos Misioneros, en octubre de 1961
MILLONARIOS
Estas letras han nacido y van, de corazón a corazón, de cicatriz a cicatriz. Me gustaría que las leyeras por la tarde en la terraza, ahora que ya hay bochorno de siesta, que fuera la primera cosa que hagas cuando suene el timbre para el fin del reposo, todavía con la preocupación por la gráfica, las hidracinas, la sobrealimentación o los gestos del médico.
Mi carta es para ese escozor de tu vida cuadriculada y matemática: a las siete en punto el despertar; a las nueve, la visita sanitaria; a las doce, a las tres, a las seis, la comida, el reposo, los recreos, la leve compañía… Un hombre escribe, pensando en acompañar a otro que está en un sanatorio como si de pronto empezara a encenderse en su corazón la cerilla de una caja con premio.
Muchas tardes, cuando la luz se derrumba, anaranjada, por detrás de los pinares, tú, amigo, has sentido como una mano dura que agarraba tu alma como un limón y lo goteaba por los ojos en lágrimas. Es tu vida gallarda, la sangre joven que te hierve y los paseos, el corro de amigos o la tarde de campo que abandonas lo que astilla las ásperas horas de quietud, de silencio, de monotonía. Duele, y con razón, sentir un líquido de fuego por las venas, mirarse las manos que antes jugaban al frontón o empuñaron un martillo y verlas leves y desmadejadas sobre el colchón. Apenas si la primavera se ha deshojado sobre ti diecinueve, veintidós, ¿veinticuatro? Veces; pero ya tu memoria archiva un gran legajo de sufrimientos. Y es que –joven- al fin y al cabo, eres, en verdad, un MILLONARIO DE DOLOR.
CALVARIO SIGLO XX
Hay una vieja historia que se repite todos los días sobre las calles y los modos de nuestro tiempo. La vivimos todos, y cada uno tiene su buen papel en la representación. Tú, todos los días, a las seis, pones el termómetro debajo del brazo, mientras un sudor compacto y ardiente te escribe en los pómulos una estampa de agonía. De noche, cuando apenas si se oyen en los pasillos las leves pisadas de los enfermeros, una corona de preocupaciones va ribeteándote la cabeza, que arde como una corona de espinas. En la madrugada, cuando ya en el bosque hay trinar y un ruido de caracolas en las ramas, una tos, honda, seca y cansina, golpea y hiere brutalmente tus costillas como en una dura flagelación. Mañana y tarde -¿has visto tus pies?- tus pies briosos, los de la ronda, el taller o la mañana de clase, están retenidos sobre la cama casi taladrados por los clavos de una quietud forzosa y necesaria. Y así, con la fatiga o con el hondo sufrimiento de los compañeros que temen a tu enfermedad – “Perdónales, que no saben lo que hacen”-, minuto a minuto, dolor a dolor, va quedando sobre el fondo airoso y geométrico de tu sanatorio la imagen acabada de tu caminar de crucificado.
Hombre en Cruz, Cristo de hoy, tal vez sientas el temblor y la emoción de unos nombres que nacieron en un plano divino. ¿Se puede hablar de crucificados o apellidarse Cristos, desde un cuerpo que es atribulado y siente las justas limitaciones de su naturaleza? Te asustan –nos asustan- nombres que son de Dios pero entre aparatos de radio y medicamentos, con oxígeno y cartas por avión, se alza en el cuarto 18 de la Planta B tu perfil, reflejo vivo del Cristo, en la moderna Pasión horizontal de las sábanas. Y es que, con las altas palabras, con las divinas palabras, no usurpamos soberbiamente una categoría, sino que es Cristo el que desciende y va metiendo en la vida de cada uno ese fabuloso milagro de Dios en nosotros. Tú y yo, que también sufro, gracias a Él y a su generosidad, CRISTOS DEL SIGLO XX, y CALVARIOS, NUESTROS SANATORIOS. Fatiga, sangre, dolor, abandono, agonía, pero todo con el mágico fulgor y el centelleo de un signo de redención.
SUSPENSO EN GEOGRAFÍA
Más de uno está mereciendo un buen palmetazo de bachillerato. No, las capitales de la gran nación de las almas no están en Madrid, San Sebastián o Valencia, ni tienen poblaciones millonarias. Radican en las afueras, casi siempre altas, casi nunca remontando los 500 habitantes y con unos nombres que se llaman el Tomillar, Valdelatas, Montearagón, Guadarrama y El Neveral. Son conocimientos de geografía que conviene rectificar, como también que allí están los lingotes de oro o los filones de oro o los filones de metales preciosos y no en el Banco de España, Rodalquilar o El Centenillo. Desde los sanatorios viene una sabia gobernación por la que el mundo rueda, pese a todo, por un aire de esperanza.
Es la impotencia del dolor transcendido, el soberano poder de la fe que mueve montañas, de las ofrendas purificadas y vertidas en el río de la sangre de Dios. En el mundo de las almas, los pantanos se fabrican en las alturas y allí se represa la energía que luego va encendiendo un corazón aquí y otro allá, al norte y al sur, en casa o en el país donde nace el sol y hay gentes de ojos rasgados o piel de ébano, con tantanes o noches de seis meses. Las verdaderas fuerzas del mundo no residen en las bombas de destrucción; se crecen sobre los ‘átomos’ de unas celdas serranas, con gráficas y camas de esmalte. Los desalientos del mundo, las caídas o las desgracias son trajinados para la esperanza desde esas gotas de dolor humano que se acepta y trabajan las turbinas del amor de Dios para mover positivamente, aunque sea palmo a palmo, a toda la humanidad.
CREER Y NO VER
Miro a la pluma y me digo que va trazando palabras muy solemnes, que huelen a luces, a ideales, a campañas y a triunfo. Pero mi pluma está también entre cuatro paredes, junto a la sal, la jeringa o la monotonía. Y desde el baño gris de cada hora, vuelvo a mis palabras y las noto seguras, auténticas, fundamentales, como rocas de cimientos. Nunca estaré solo mientras tenga un corazón que vuela. El sol está fijo más arriba de mi telón de nubes cárdenas.
¿Qué supone sólo una queja que se respira antes de nacer? Apenas nada desde mi dimensión de hombre; bastante desde el montón de quejas que son retenidas y aunadas con las de todos los lechos de dolientes de la tierra. En algún lugar -¡y qué lugar!-, un ángel factura el mundo de los colores que pudo corresponder a unos ojos sin luz que aceptaron la renuncia, y en el cielo que se junta con los andares sin estrenar de un hombre paralítico, o con la espina dorsal, siempre rígida, de una chica con ojos azules; y el ‘levántate y anda’ de Cristo que le corresponde se escucha en un alma acartonada por el materialismo, en un profesor de instituto malayo que dice de pensar en la otra orilla, en las ruinas de una fe, en los cimientos de una esperanza… Sin salacot, sin pasaporte, con ‘esquijama’ y la silla de cristal, centenares de misioneros no oficiales van jalonando de claridad y de gloria la ruta salvadora de la Iglesia. Son muchos casi oscuros e invisibles, pero sus corazones rezan todos los días por el dolor de las almas sin luz y bajo la almohada tienen un diploma de la Unión de Enfermos Misioneros. Hasta ella les impulsó un día la conciencia de la unidad y el deseo de ser útiles. Apenas si necesitaron más que la aceptación de la voluntad de Dios en sus dolores y el propósito de vivir los sufrimientos con un giro amplio y misionero. Ninguno de ellos ha visto la espiga de su sementera, pero todos jurarían que su grano va germinando. Tan fijo es como el fulgor de las estrellas. La aceptación se nimba con la fe. Dan y dan gratuitamente, sin cápsulas de botella con premio, porque es hermoso continuar creyendo y confiando y amando al Dios-Padre providente.
¿Comprendes ahora que yo te escriba con amor, casi de rodillas, con el temblor en la pluma y la emoción de tu vida y mi vida esperanzadas, ricas y poderosas?
EL MEJOR PLAN MARSHALL
Tal vez me leas al filo de un día que es ancho y hermoso. En Pentecostés viven nuestros aldeanos la fiesta de unos trabajos y sudores que se coronan en el volumen de la cosecha. Pentecostés, para todos, es la celebración de la Gracia, de la santificación sin fronteras. Los bancos y los comercios recuentan sus cajas al filo de la Nochevieja. La Iglesia capitaliza a la luz clara de este día. Hace arqueo de almas que sufren, de cuerpos que sangran, de espíritus que viven en la pobreza y los pasa por la ventana abierta de la santidad. Del presupuesto de circunstancias dolorosas que aporta la JORNADA DE LOS ENFERMOS ha de vivir durante todo el año; y, no obstante, su saldo es una hermosa cifra de esperanza.
Mt 2, 13-15.19-23
Lc 2, 22-35
Mt 2, 13-18
COMENTARIO
No podemos negar que el texto que se nos ha reservado para hoy es bastante terrible. Y es que muestra, por un lado, la codicia del hombre y, por otro, la falta de comprensión y, en suma, de amor.
Aquel hombre, Herodes, no podía soportar que se dijera que iba a nacer el Rey de Israel. Por eso busca matar al Niño y por eso se le avisa a José para que marche lejos, lo más lejos posible que es a Egipto.
Y al fondo pueden escucharse los lamentos de las madres que, al ver morir a sus hijos de forma tan injusta y tan ilegítima, no tienen consuelo alguno. Es más, ni siquiera quieren consuelo...
JESÚS, consuela a los Inocentes de entonces y de hoy mismo.
Eleuterio Fernández Guzmán
Jn 20, 1a.2-8
Mt 10, 17-22
“Guardaos de
los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus
sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que
deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os
preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os
comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino
el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. ‘Entregará a la muerte
hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los
matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que
persevere hasta el fin, ése se salvará.’”
COMENTARIO
Lo que dice Jesús en este texto del
Evangelio de San Mateo no podemos negar que sea poca cosa. Y es que nos habla
de lo que pasará con aquellos que quieran seguirle y ser sus discípulos.
Humanamente nada bueno.
El futuro es terrible, si lo consideramos
desde el punto de vista terreno. Serán entregados los que sigan a Cristo pero
ellos tendrán defensa en el Espíritu Santo que hablará por ellos. Y deben
dejarse conducir por Él.
Pero lo bueno, aquello que vale la pena,
sirve para el bien del discípulo de Cristo. El odio hacia los que sigan a
Cristo tendrá un gran don y un gran regalo de Dios: la salvación eterna. Para
alcanzarla, sin embargo, hace falta perseverar en la fe y en la oración.
JESÚS, ayúdanos a
perseverar en la fe y en la oración.
Eleuterio Fernández Guzmán
Jn 1, 1-18
“1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con
Dios, y la Palabra era Dios. 2 Ella estaba en el principio con Dios. 3 Todo se
hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. 4 En ella estaba la
vida y la vida era la luz de los hombres, 5 y la luz brilla en las tinieblas, y
las tinieblas no la vencieron. 6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba
Juan. 7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que
todos creyeran por él. 8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de
la luz. 9 La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a
este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no
la conoció. 11 Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. 12 Pero a todos
los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen
en su nombre; 13 la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que
nació de Dios. 14 Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad. 15 Juan da testimonio de él y clama:
‘Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de
mí, porque existía antes que yo.’ 16 Pues de su plenitud hemos recibido todos,
y gracia por gracia. 17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia
y la verdad nos han llegado por Jesucristo. 18 A Dios nadie le ha visto jamás:
el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.’”
COMENTARIO
No
podemos negar que este texto evangélico del que lo de San Juan está repleto de
mensajes que debemos tener en cuenta, sencillamente, porque son verdad.
Desde
el mismo principio de todo hasta la gran verdad según la cual a Dios sólo lo ha
visto el Hijo se nos dice algo que ese terrible: vino la Luz al mundo y muchos
no la recibieron…
De
todas formas, es cierto y verdad que el Hijo vino al mundo e hizo Morada entre
nosotros. Y gracias a eso, y a otras cosas que pasarían años más tarde,
nosotros hemos sido salvados.
JESÚS, gracias por
ser Tú siempre.
Eleuterio Fernández Guzmán
Lc 1, 67-79
COMENTARIO
Aquel hombre que había dudado de aquello que le dijera el Ángel acerca de que su mujer, Isabel, iba a concebir y tener un hijo, es cierto que se da cuenta de que todo es verdad y cierto.
Lo que dice Zacarías, imposible que no sea por inspiración del Espíritu Santo que ve todo y ve el porvenir, nos mueve a pensar que, como había pasado en otras ocasiones, todo lo escrito debía cumplirse.
Y, verdaderamente, se cumplió.
JESÚS, gracias por cumplir con lo escrito
Eleuterio Fernández Guzmán
Lc 1, 46-56
Lc 1, 39-45