6 de mayo de 2017

Cuerpo y sangre que salvan.


Sábado III de Pascual

Jn 6,60-69

“En aquel tiempo, muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: ‘Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?’. Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ‘¿Esto os escandaliza? ¿Y cuándo veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen’. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: ‘Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre’. 

COMENTARIO

No es poco cierto que cuando Cristo habla de cosas como comer su carne y beber su sangre muchos se escandalicen. Eso o cuando habla de hacer determinados sacrificios. Pero, ciertamente, hay cosas que considera Jesucristo que aún son más difíciles de comprender.

Ciertamente, para una mentalidad mundana, decir que la carne no sirve para nada es decir mucho. Sin embargo, no es poco cierto que la carne acabará desapareciendo y sólo el Espíritu prevalecerá.

Hay algo que debieron tener en cuenta entonces y que debemos tener en cuenta ahora: la Palabra de Cristo-Dios es la única que da validez a una vida digna de ser vivida como hijo del Todopoderoso. Y esto sabiendo que, de todas formas, es el Padre quien nos escoge.


JESÚS,   ayúdanos aceptar tu cuerpo y tu sangre.


Eleuterio Fernández Guzmán


5 de mayo de 2017

Carne y Sangre de Cristo

Viernes III de Pascua

Jn 6,52-59

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

COMENTARIO

Verdaderamente, lo que dice el Hijo de Dios en este texto evangélico es muy difícil de aceptar si no se comprende el fondo de la realidad. En todo caso, lo que sí hace falta es tener fe en lo que nos dice aquí porque, además, tiene relación con nuestra salvación eterna.

Todo se resume en decir y, luego, aceptar, lo referido a su carne y a su sangre. Sin embargo, no podemos negar que puede costar aceptar una verdad tan misteriosa como que la carne es carne que lleva a la vida eterna y su sangre es sangre que a la vida eterna lleva. Y eso es lo que propone Cristo.

Y dice Jesucristo una gran verdad: mientras los padres en la fe de aquellos judíos que le escuchan comieron el maná como el pan de cielo, no era el pan que lleva a la vida eterna. Y Cristo sí lo es.


JESÚS,  ayúdanos a aceptar tu sangre y tu carne.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de mayo de 2017

Creer para tener vida eterna


Jueves, 4 de mayo de 2017

Jueves III de Pascua

Jn 6,44-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’”.

COMENTARIO

Lo que dice Cristo en este texto evangélico es más que importante. Y es que tiene que ver con la vida eterna como destino de todo aquel que cree que Jesucristo es el Enviado de Dios y el Mesías.

Hay algo, sin embargo, que es crucial conocer y creer: es Dios quien escoge a los que quiere atraer. Sin embargo, eso no es suficiente porque hace falta que quien haya sido atraído por el Todopoderoso crea y acepta tal decisión de su Creador.

Y hay, sobre todo lo que dice Cristo, algo que nunca debemos olvidar: es Él el pan bajado del Cielo. Por eso, sólo quien come de tal pan, del Hijo de Dios, alcanzará la vida eterna. Sólo quien eso haga.


JESÚS, ayúdanos a aceptarte como el pan bajado del Cielo.


Eleuterio Fernández Guzmán


3 de mayo de 2017

Camino, Verdad, Vida

Jn 14,6-14

“En aquel tiempo, Jesús dijo a Tomás: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto’. Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré ‘”.


COMENTARIO

Lo que dice Jesucristo en esta parte de la Última Cena tiene todo que ver con la salvación eterna, con qué es lo que debemos tener en cuenta y, en fin, con lo que verdaderamente interesa a todo discípulo suyo. Él es Camino; es Verdad y es Vida.

Muchos, como Felipe, no se dan cuenta de Quién es Cristo. Es decir, pueden escuchar y leer muchas veces las Sagradas Escrituras y no acabar de entender nada de nada.

Pero, es más. Aquellos que crean en Cristo o, lo que es lo mismo, los que confiesen que es el Hijo de Dios y acepten su superioridad espiritual sobre ellos… tales personas se salvarán porque, además, con tal salvación, se glorificará a Dios.




JESÚS, ayúdanos a seguirte porque eres Camino, porque eres Verdad y porque eres Vida.



Eleuterio Fernández Guzmán

1 de mayo de 2017

Pan bajado del Cielo es Jesucristo

Martes III de Pascua
Jn 6,30-35

En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed’”.

COMENTARIO

Los miembros del pueblo elegido por Dios creen tenerlas todas consigo. Ellos conocen la historia del pueblo judío y eso es envalentona ante el Maestro rico en obras y palabras. Y dudan, sobre todo, de lo que hace y dice.

Pero Jesús sabe que no fueron ellos, sus antepasados, los que hicieron ningún tipo de milagro. Fue Dios quien les dio aquello que anhelaban porque tenían hambre. Y es que les quiere decir que no han de estar tan seguros de una vida espiritual que, en realidad, está más que vacía.

El Hijo de Dios tiene una palabra que puede sanar sus almas: Él es el pan de vida, quien ha bajado del Cielo para darles la vida eterna. Ahora bien, hay que ir a Él y, por eso mismo, de nada vale ni sirve hacer como si todo se supiera y no hubiera duda alguna sobre su fe antigua.


JESÚS, ayúdanos a tener confianza en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de abril de 2017

Esto es la fe tibia



Lc 24, 13-25

“Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. El les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’ Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’ El les dijo: ‘¿Qué cosas?’ Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él  vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no  le vieron.’  El les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’ Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.’ Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino  y nos explicaba las Escrituras?’ Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con  ellos, que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’  Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.”

COMENTARIO

Seguramente, aquellos dos discípulos de Emaús habían querido mucho al Maestro. Les había enseñado mucho y hasta les había dado de comer en alguna que otra situación dificultosa.

Ellos, sin embargo, se desaniman enseguida. Vuelven a Emaús tristes porque su Maestro, según ellos, no había podido terminar su misión. Y ellos vuelven a sus habituales quehaceres sin darse cuenta de que el mismo Jesús les está hablando. Tienen los ojos velados y no pueden conocerlo.

Pero el Hijo de Dios ha de manifestarse. Lo hace a  través de la fracción del pan. Entonces a ellos se les abren los ojos y se dan cuenta de que aquel hombre era el mismísimo Jesús. Y vuelven a Jerusalén a comunicar la buena nueva.


JESÚS,  ayúdanos a no ser tan tibios como aquellos dos de Emaús.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de abril de 2017

El poder de Dios

Sábado II de Pascua

Jn 6,16-21

Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: ‘Soy yo. No temáis’. Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.


COMENTARIO

Era de noche. Con esto se nos ha de querer decir que aquellos hombres, aquellos Apóstoles a lo mejor se sentían solos porque el Maestro no estaba con ellos. En cierto sentido, tenían un miedo palpable.

Jesús, sin embargo, nunca los deja solos. En aquella ocasión no estaba allí pero pronto iba a estar con los que había escogido como sus discípulos principales. Y el mar empezó a causar problemas para aquellos rudos pescadores.

Cuando el Hijo de Dios se les aparece andando sobre el agua del mar no podemos decir que ellos no se asustaran. De hecho,  Jesucristo se ve en la obligación de tranquilizarlos. Y, enseguida, llegaron a tierra donde, seguro, les esperaba el Maestro, puerto seguro donde recalar y quedarse para siempre.


JESÚS,  ayúdanos a tener nunca miedo.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de abril de 2017

Pruebas del poder de Dios y de la necedad del hombre

Viernes II de Pascua

Jn 6,1-15

En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: ‘¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?’. Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: ‘Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco’. Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: ‘Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?’. 

Dijo Jesús: ‘Haced que se recueste la gente’. Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: ‘Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda’. Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: ‘Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo’. Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo.


COMENTARIO

Es más que conocido que a Jesús, en cuanto se difundió su fama de santidad, había muchas personas que le seguían. Y lo hacían como entonces se hacía: a pie o, como mucho, en carro o a caballo. Por eso, en muchas ocasiones, la predicación se llevaba a cabo en despoblado.

Cuando Cristo ve a la multitud sabe, de inmediato, que van a pasar hambre. Y es que iban con lo que tenían y eso era, para sustento, poca cosa. Y prueba a sus Apóstoles. Ellos, sin embargo, actúan como hombres y, claro está, no saben cómo hacer frente a lo que les dice el Maestro de que alimenten a miles de personas.

Jesucristo, sin embargo, sí puede. Es decir, da las gracias a Dios y, milagrosamente, los panes y los peces se multiplican hasta saciar a todos e, incluso, sobrar mucha comida. Y el hombre, sin embargo, sólo atiende al estómago: a aquel Maestro hay que hacerlo Rey porque nos ha dado de comer…



JESÚS, ayúdanos a no ser necios.



Eleuterio Fernández Guzmán

27 de abril de 2017

Creer siempre y siempre creer

Jueves II de Pascua

Jn 3,31-36

El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.

COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Juan pone sobre la mesa una realidad bien importante para un hijo de Dios y discípulo de Cristo: ¿es importante para nosotros Dios y la vida eterna o no lo es?

El Hijo de Dios expone lo que es bueno y lo que es malo. Para eso habla del Cielo, de los que vienen del Cielo. Y ha de querer decir y referirse a los que creen en Dios que, por eso mismo, son del Cielo.

Hay, sin embargo, algo reservado para aquellos que rehúsan creer y se alejan de Dios todopoderoso: la cólera de Dios. Y es que el Creador es bueno pero también es justo y no puede tener la misma consideración para aquellos que no creen en Él a sabiendas de su existencia y de su realidad.


JESÚS, ayúdanos a creer siempre en Dios Padre Todopoderoso y Creador nuestro.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de abril de 2017

Creer es crucial

Miércoles II de Pascua

Jn 3,16-21

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: ‘Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios’”.

COMENTARIO

Lo que dice este texto del Evangelio de San Juan no debería olvidarse nunca. Y es que se refiere a los que creen en Dios y a los que no creen en el Todopoderoso. Y no podemos decir que nada tenga que ver con la vida de los hijos del Creador.

Dios había enviado a Cristo al mundo con un fin esencial: procurar que el mundo se salvase de la perdición en la que estaba metido. No había venido a juzgar pero eso no quería decir que no se pudiese creer en el Enviado de Dios, en el Mesías so capa de no ser juzgados.

Jesucristo distingue muy bien a quien obra el mal. Es decir, quien eso hace no puede querer la Luz que ha venido a traer al mundo. Y, es más (para que nadie pudiese llevarse a engaño), dios todo lo sabe pues todo lo ve.

JESÚS, ayúdanos a estar siempre de tu parte.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de abril de 2017

Enviados al mundo a predicar


San Marcos, evangelista
Mc 16,15-20

“En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien’. 

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

COMENTARIO

El Evangelio de hoy recoge el episodio de la Ascensión al Cielo del Hijo de Dios. Antes, sin embargo, ha de cumplir, digamos, la última misión consistente en enviar a los once Apóstoles al mundo a cumplir, ellos, con su especial misión de evangelizar.

Lo que dice Cristo es fundamental: quien, tras escuchar a los Apóstoles, crea, se salvará y no se salvará quien no crea. Es decir, el camino al Cielo queda, entonces, perfectamente trazado y no cabe duda alguna acerca de qué debemos hacer: creer y, entonces, aplicar eso a nuestra vida ordinaria.

Y, luego, la Ascensión al Cielo de Jesucristo. No iba allí para nada sino para seguir cumpliendo con su especial misión. Y ellos, por cumplir con lo dicho, andan por el mundo anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios.

JESÚS, ayúdanos a ser apóstoles de hoy.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de abril de 2017

Nacer a lo nuevo



Lunes II de Pascua

Jn 3,1-8

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: ’Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él’. Jesús le respondió: ‘En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios’.

Dícele Nicodemo: ‘¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?’. Respondió Jesús: ‘En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu’”.



COMENTARIO

Nicodemo era discípulo, en secreto, de Jesús. Por eso acude donde el Maestro de noche pues tiene miedo de que se sepa que lo es pero, por eso mismo, quiere saber todo lo que el Maestro puede enseñarle.

Lo que Jesús le dice no lo entiende. Y es que, al parecer, debe nacer de nuevo. Y eso es difícil de entender si se habla desde el punto de vista, exclusivamente, humano. Pero Cristo iba más allá de una concepción tan rácana de la fe.

El Hijo de Dios sabe que es muy importante tener en cuenta, en nuestra vida, al Todopoderoso. Por eso le dice a Nicodemo que debe nacer de lo alto, del Espíritu. Y él, seguramente, no lo entendió.

JESÚS,   ayúdanos a nacer del Espíritu Santo



Eleuterio Fernández Guzmán

23 de abril de 2017

Creer, tener fe



Jn 20, 19-31

“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’  Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.’ Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’ Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor.’ Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.’ Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros.’ Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.’ Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío.’ Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído’. Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.


COMENTARIO

El texto nos habla de miedo. Y es que los Apóstoles, y a lo mejor otros más, se habían escondido. Ellos sabían que su final llegaría pronto si los perseguidores de Cristo los encontraban. Y se esconden.

Jesús sabe que debe consolarlos. Debía cumplir con lo que había dicho acerca de su resurrección. Y se aparece ante ellos que no dejan de sorprenderse. El que más se sorprende es Tomás que, simplemente, no cree en eso que le dicen. Necesita pruebas.

Cuando se aparece otra vez, el Hijo del hombre le da a Tomás las pruebas que quiere y necesita. Y cree. Tomás cree. Ahora sí. Por eso el evangelista nos dice que todo eso había sido llevado a cabo para que creyeran. Y creyeron.



JESÚS,  no nos dejes dudar nunca de Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de abril de 2017

No dudar de Cristo


Sábado de la octava de Pascua

Mc 16,9-15

Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación’”.

COMENTARIO

Jesús, tras su resurrección, debía continuar la misión para la que fue enviado al mundo. Por eso se aparece a muchos de sus discípulos (más o menos allegados). Sabe que aún no están preparados para empezar a caminar como Iglesia.

Muchos no creyeron en aquello que otros les decían. Y es que no habían visto con sus propios ojos al Maestro y no era posible, según ellos, que después de haber muerto como murió pudiera estar vivo.

El Hijo de Dios se ve en la obligación de plantarse ante ellos. No nos extraña, para nada, que después de haber vivido lo que habían vivido con Él, pudiesen dudar de que había resucitado. Y los envía al mundo a predicar: el Reino de Dios está aquí, el Hijo ha vuelto al mundo tras su muerte.


JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de abril de 2017

Confiar en la resurrección de Cristo



Viernes de la octava de Pascua

Jn 21,1-14

“En aquel tiempo, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: ‘Voy a pescar’. Le contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo’. Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: ‘Muchachos, ¿no tenéis pescado?’. Le contestaron: ‘No’. Él les dijo: ‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis’. La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: ‘Es el Señor’. Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: ‘Traed algunos de los peces que acabáis de pescar’. Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: ‘Venid y comed’. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’, sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.


COMENTARIO

Aquellos hombres, los que habían sido discípulos más cercanos del Maestro y Mesías Jesucristo habían vuelto a su vida ordinaria. Como eran pescadores la mayoría de ellos… eso es lo que vuelven a hacer. Pero no esperan lo que les va a pasar.

Resulta curioso que no reconozcan al Maestro. Sólo el discípulo más joven, Juan, sabe que es el Señor. Y ellos hacen todo lo que les dice al respecto de dónde debían soltar las redes. Y pescan tanto que casi no pueden con ella.

Pedro, que sabía que había hecho mucho daño en el corazón de Jesucristo cuando lo negó tres veces, en cuanto es reconocido el Maestro, se lanza al agua. Quiere encontrarse con el Señor. Y le pregunta que quién es aunque aquella pregunta iba más allá de aquella persona que tenía ante sí.


JESÚS, ayúdanos a confiar en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de abril de 2017

Cristo nos ayuda a creer



Jueves de la octava de Pascua

Lc 24,35-48

En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo habían conocido a Jesús en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros’. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: ‘¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo’. Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: ‘¿Tenéis aquí algo de comer?’. Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. 

Después les dijo: ‘Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’’. Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas’”.

COMENTARIO

No podemos negar que los discípulos más allegados de Jesús, después de su muerte sintieron miedo. Estaban escondidos y cuando el Hijo de Dios se aparece ante ellos se siente más que extrañados y, además, seguramente con más miedo.

Cristo, sin embargo, les trae la paz y es la paz del corazón, la paz de Dios. Y para que comprendan que se trata de Él, que no es un fantasma, les pide de comer porque los espíritus no comen. A lo mejor, entonces, se convencieron de que era el Maestro.

Entonces, les confirma en todo. Todo lo que estaba escrito en las Sagradas Escrituras de los judíos se había cumplido con su muerte y resurrección. Y ellos, ahora, debían ser testigos de todo aquello para que la humanidad supiese que todo se había cumplido y que se había hecho posible la salvación de quien creyese en el Hijo de Dios.


JESÚS, ayúdanos a creer.



Eleuterio Fernández Guzmán

19 de abril de 2017

Los descreídos de Emaús


Miércoles de la octava de Pascua
Lc 24,13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 

Él les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’. Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’. Él les dijo: ‘¿Qué cosas?’. Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron». Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’. Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. 

Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado’. Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 

Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’. Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

COMENTARIO

El texto referido a los discípulos de Emaús nos muestra lo escasa que puede llegar a ser nuestra fe. Y es que aquellos hombres pronto dejaron de lado la creencia en Quien tanto les había dado. Ellos vuelven a lo suyo en su pueblo.

Jesucristo, sin embargo, sabe que debe abrirles los ojos. Por eso los acompaña y trata de que comprendan que las Sagradas Escrituras judías hablaban de Él y de todo lo que había pasado. Ellos, sin embargo, aún no lo reconocen.

Es al partir el pan cuando aquellos dos discípulos de Emaús reconocen a Jesús. Seguramente, otras muchas veces lo habían visto hacer eso y nadie lo hacía como Jesús. Entonces vuelven a Jerusalén a contar lo que les había pasado. Habían recuperado la fe.



JESÚS,  ayúdanos a reconocerte siempre sin necesidad de signos.




Eleuterio Fernández Guzmán

18 de abril de 2017

Y María Magdalena también vio y creyó.


Martes de la octava de Pascua
Jn 20,11-18

En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: ‘Mujer, ¿por qué lloras?’. Ella les respondió: ‘Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto’. Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?’. Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: ‘Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré’. Jesús le dice: ‘María’. Ella se vuelve y le dice en hebreo: ‘Rabbuní’, que quiere decir ‘Maestro’. Dícele Jesús: ‘No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.

COMENTARIO

Podemos imaginar qué estaría pasando por el corazón de María Magdalena. Ella, que quería con todas sus fuerzas a Jesucristo había estado muy cerca de la Cruz. Lo había visto morir y ahora veía el cuerpo que no estaba…

Los ángeles no saben por qué llora la de Magdala. Y ellos saben que el Hijo de Dios ha resucitado y no comprenden que hay muchos que aún creen que Cristo está en aquel sepulcro.

Tampoco es difícil ver, con el corazón a Magdalena. Al principio no reconoce al Hijo de Dios pero luego, cuando se da cuenta de que es el Maestro que ha resucitado, que lo hecho como bien dijo muchas veces, no duda en correr hacia sus compañeros que están escondidos.  

JESÚS,  ayúdanos a creer en tu Resurrección.


Eleuterio Fernández Guzmán


17 de abril de 2017

Creer que Cristo ha resucitado



Lunes, 17 de abril de 2017

Mt 28,8-15

En aquel tiempo, las mujeres partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: ‘¡Dios os guarde!’. Y ellas se acercaron a Él, y abrazándole sus pies, le adoraron. Entonces les dice Jesús: ‘No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán’. 

Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: ‘Decid: ‘Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos’. Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones’. Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.

COMENTARIO

Podemos decir que hasta después de haber muerto y resucitado, el Hijo de Dios tranquiliza a sus discípulos. Por eso aquellas mujeres debieron sentirse reconfortadas cuando el Maestro les dijo que no debían temer nada.

Pero Cristo no había terminado aún la labor que le había sido encomendada por Dios. Por eso sabe que, hasta su ascensión a los Cielos debe seguir enseñando a los que le han seguido más de cerca.  Y les manda ir a Galilea.

Pero el Mal nunca deja de trabajar. Y es que los mismos que le habían perseguido hasta la muerte, reconociendo lo que había pasado argumentaron lo imposible: los discípulos han robado el cuerpo del Maestro. Muchos, sin embargo, sí le creyeron.  

JESÚS, gracias por haber muerto y haber resucitado.

Eleuterio Fernández Guzmán