8 de junio de 2016

Cristo vino a que se cumpliera la Ley

Miércoles X del tiempo ordinario

Mt 5,17-19
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.

COMENTARIO

Había muchas personas que, en tiempos de Jesús y dentro del pueblo judío, creían que el Mesías iba a venir a instaurar un nuevo Reino. Para eso debía abolir lo existencia y, así, empezar de nuevo. Sin embargo, Jesús sabía la verdad de todo eso.

No había venido a abolir la Ley de dios sino a que se cumpliese cada coma y cada acento de la misma. Por eso era tan importante tener en cuenta lo que decían quien había venido de parte de Dios Padre Todopoderoso.

Ahora bien, por eso mismo, no se podía tergiversar el sentido de la Ley de  Dios. Y hacer eso, de forma que se perjudicase el presente y el futuro espiritual de los más pequeños en la fe era algo muy grave e importante en lo que no se debía caer.


JESÚS,  ayúdanos a no caer en la trampa del Maligno de querer violentar la Ley de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

7 de junio de 2016

Ser sal y ser luz

Martes X del tiempo ordinario

Mt 5,13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”’.

COMENTARIO

Jesús dice, a quien quiere escucharlo, lo que importa para que la vida sea una que sea acorde con la voluntad de Dios. A veces no gusta lo que pone sobre la mesa porque somos egoístas y no queremos hacerle caso. Y así no va…

En realidad, lo que aquí nos dice es lo básico y lo que debemos tener en cuenta si es que queremos que se diga de nosotros que somos discípulos suyos. Es aquello que, digamos, nos sirve para llevar un caminar recto hacia el definitivo Reino de Dios.
Ser sal y ser luz. Cristo quiere que sus discípulos sean sal y sean luz. En realidad, lo que pretende el Hijo de Dios es que seamos fieles a lo que decimos que somos. Por eso necesario que allí donde estemos demos fuerza a la masa y luz para que, quien esté perdido encuentre el camino hacia la vida eterna. Y eso es lo que quiere Cristo de nosotros. 

JESÚS, ayúdanos a ser sal y a ser luz.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de junio de 2016

Bienaventurados seamos

Lunes X del tiempo ordinario

Mt 5,1-12
En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros’.

COMENTARIO
Si hay un texto en los Santos Evangelios que muestre a la perfección la verdad de la voluntad de Dios expresada a través de su Hijo Jesucristo es, sin duda, el que hace constar el momento en el que Jesús proclama lo que supone ser bienaventurado.
Decir algo sobre las Bienaventuranzas supone poner sobre la mesa el sentido exacto del comportamiento de quien quiere mostrar, al menos a Dios, que es hijo del Todopoderoso.
Son bienaventurados aquellos que siguen las conductas, que llevan a su corazón lo que vale la pena y, en fin, quienes tienen por verdad lo dicho, a tal respecto, por Jesús el Cristo. Los que lloran, los que esperan, los que son perseguidos por ser discípulos de Cristo… Y ahí se encierra, para quien quiere entrar, la vida eterna.
 JESÚS, ayúdanos, queremos, a ser bienaventurados.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de junio de 2016

Reconocer la necesidad ajena

Lc 7, 11-17              

“Y sucedió que a continuación se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: ‘No llores.’ Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: ‘Joven, a ti te digo: Levántate.’  El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él = se lo dio a su madre. =  El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: ‘Un gran profeta se ha levantado entre nosotros’, y ‘Dios ha visitado a su pueblo’.  Y lo que se decía de él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.”

COMENTARIO  

“A continuación”. Nos dice el texto bíblico que Jesús no dejaba de cumplir la misión para la que había sido enviado. Por eso camina por los caminos del mundo transmitiendo la Palabra de Dios y haciendo lo posible para que se entendiese la verdad de la misma.

A Jesús le era muy difícil ver que alguien sufría y no procurar restaurar el corazón de quien estuviese pasando por una mala situación. Sabía, además, que una viuda sin el hijo lo iba a pasar muy mal. Y le devuelve al muerto porque la misericordia era su línea de comportamiento habitual.

Cuando pasa aquello podemos imaginar cómo quedaron los presentes. Tampoco nos extraña, para nada, que la fama de Jesús se extendiera por toda la región. Sabían que había Alguien que había sido enviado por Dios.


JESÚS, ayúdanos a tener esperanza en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

4 de junio de 2016

Las cosas de Dios


Sábado después del Domingo II después de Pentecostés: El Corazón Inmaculado de María

Lc 2,41-51

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. 

Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: ‘Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando’. Él les dijo: ‘Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?’. Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.”

COMENTARIO      

Aunque pueda pensarse, porque así se dice muchas veces, que Jesús no era consciente de ser el Hijo de Dios, lo bien cierto es que este texto demuestra justamente lo contrario. Jesús sabe Quién es y por eso se queda en el Templo.

María lo encuentra en el Templo. Se enfada. Y es que no es nada extraño que una madre, la Madre además, cuando pasa eso con su hijo, se quede tan ancha sin decirle nada. Y se lo hace ver.

Jesús, sin embargo, sabe que ha hecho lo correcto porque su Padre quiere que esté con Él en su Templo. De todas formas, vivió sujeto a sus padres porque era la voluntad de Dios.


JESÚS, ayúdanos a comprender cuál es nuestra misión.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de junio de 2016

¿Nos hemos perdido?

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
                             
Lc 15, 3-7

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a los fariseos y maestros de la Ley: ‘¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, contento, la pone sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión’”.

COMENTARIO

Pasa ahora y pasaba entonces, en tiempos del Mesías, que las cosas no se entienden cómo deben entenderse. Y el caso de la oveja perdida, de lo que hay acerca de ella y con ella es síntoma de no entender nada de lo que supone ser hijo de Dios.

Jesús sabe que hay muchos de los que viven en su tiempo que se han perdido. Ellos creen que siguen la ley aunque, en verdad no siguen la Ley de Dios sino que se han salido del camino y se han ido del redil en el que pacían con gozo en el Amor del Todopoderoso.

Jesús, sin embargo, el Buen Pastor, busca a cada oveja que se ha perdido y la lleva con Dios, allí donde el corazón vive su mejor vida porque es la que se goza con el Todopoderoso. Y allí es donde Cristo lleva a la oveja perdida.


JESÚS, ayúdanos no irnos nunca de tu santa mano.




Eleuterio Fernández Guzmán

2 de junio de 2016

El Mandamiento número uno

Jueves IX del tiempo ordinario
Mc 12,28-34

En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que estos’. 

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. 

Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.’”


COMENTARIO

Había quien quería coger al Maestro en un renuncio. Por eso se le hacían preguntas con trampa. Pero también había quien quería aprender de verdad o, al menos, comprobar lo que se creía saber.

Preguntar a Jesús, sin saber que es Dios mismo, tiene mucho que ver con aquella forma de comportarse de quien quiere aprender. Y Jesús le responde con la verdad: el Primer Mandamiento de la Ley de Dios es amar al 
Todopoderoso con todo el corazón.

Aquel hombre, ciertamente, sabía lo que, de verdad, era importante. Por eso Jesús le dice que está cerca del Reino de los Cielos. En verdad aún le faltaba, a lo mejor, llevar su creencia a la práctica… la verdad.


JESÚS, ayúdanos a tener por bueno y verdad el Primer Mandamiento.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de junio de 2016

Dios lo es de vivos


Miércoles IX del tiempo ordinario

Mc 12,18-27

En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo. Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer’.

Jesús les contestó: ‘¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos. Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error’”.

COMENTARIO

Los saduceos no creían en la resurrección de la carne. Por eso no era de extrañar que cuando se encontraran con Jesús le preguntaran, mediante preguntas-trampa, sobre tal tema. Y ellos esperaban, seguramente, una respuesta no muy de acuerdo a sus ideas.

Jesús los sorprende bastante. Ellos, al no creer en la resurrección, saben que Jesús no podrá responder de forma directa. Sin embargo, no esperan que les salga por donde les sale diciéndoles que en el Cielo los seres humanos no tienen material sino espiritual.

De todas formas, al final de aquella conversación Jesús les pone sobre la pista de una gran verdad que debería haber sido suficiente como para que no dudaran más: Dios lo es de vivos. Por eso debemos resucitar.


JESÚS, ayúdanos a comprender la resurrección de la carne.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de mayo de 2016

Magnificat

Lc 1,39-56

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.

Y dijo María: ‘Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.”

COMENTARIO

Cuando María supo, por el Ángel Gabriel, que su prima Isabel, estaba embarazada de seis meses no dudo lo más mínimo en desplazarse a su casa para echarle una mano. Y eso que ella también lo estaba aunque de mucho menos tiempo.

El saludo de Isabel está, sin duda, inspirado por el Espíritu Santo porque ¿Cómo era posible que supiera que su prima María estaba embarazada? Además, que lo estaba del Mesías sólo podía serle dicho por Dios mismo a través de su Espíritu.

Y María responde con el Magnificat: verdadera manifestación del amor por el Todopoderoso y de agradecimiento por lo que había hecho Dios por ella y, en general, por el mundo y el más necesitado de auxilio y ayuda.


JESÚS, ayúdanos a aceptarte en nuestra vida como lo hizo María.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de mayo de 2016

Dios, dueño de la viña

Mc 12, 1-12

“Y se puso a hablarles en parábolas: ‘Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó. Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña.  Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.’ Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: = La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; = = fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’ = Trataban de detenerle - pero tuvieron miedo a la gente – porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.’”

COMENTARIO

Los que preguntaban a Jesús con ánimo de cogerlo en un fallo al respecto de la ley no sabían que aquel hombre, aquel Maestro era más que un hombre y más que un Maestro. Ignoraban, al parecer, que era la Verdad misma.

Aquella parábola del dueño de la viña tenía mucho que ver con Dios. A lo largo de la historia del pueblo de Israel, había enviado muchos profetas para que dijeran el camino que debía seguir aquel pueblo. Sin embargo, acaban matándolos porque no era de su gusto lo que les decía.

El caso es que aquellos que escuchaban a Jesús sabía que, en efecto, hablaba por ellos. Y tratan de detenerle porque sabía perfectamente que era verdad lo que les decía y eso haría que muchos pensasen que eran como aquellos viñadores malos.


JESÚS, ayúdanos a no ser como aquellos viñadores desagradecidos.



Eleuterio Fernández Guzmán

29 de mayo de 2016

El poder de Dios


Lc 9, 11b-17

“Les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: ‘Despide a la gente para que vayan  a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.’  El les dijo: ‘Dadles vosotros de comer.’ Pero ellos respondieron: ‘No tenemos más que cinco panes y dos peces;  a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.’ Pues había como 5.000 hombres. El dijo a sus discípulos: ‘Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.’ Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos.

Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.”

COMENTARIO

Los que seguían a Jesús eran muchas personas. En este caso el texto bíblico habla, al menos, de 5000 personas pero serían muchas más. Y era de esperar que tuvieran hambre porque en aquel lugar no había nada que comer.

Jesús pide ayuda a sus apóstoles. Bien sabía que, humanamente nada podía hacer. Aquella situación requería una forma de actuar muy distinta a cómo ellos hubieran querido hacer. Pero no comprendían nada aún.

Jesús se dirige a Dios. Bendice los alimentos y pide al Todopoderoso que haga uso de su poder absoluto. Y el resultado del orar y de pedir a Dios es el que todos conocemos: comieron hasta saciarse y, además, sobró.


JESÚS,  ayúdanos a tener por buenas tus acciones.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de mayo de 2016

Querer engañar a Cristo no es posible

Sábado VIII del tiempo ordinario

Mc 11,27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: ‘¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?’. Jesús les dijo: ‘Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme’.

Ellos discurrían entre sí: ‘Si decimos: ‘Del cielo’, dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Pero, ¿vamos a decir: ‘De los hombres’?’. Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta. Responden, pues, a Jesús: ‘No sabemos’. Jesús entonces les dice: ‘Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto’”.

COMENTARIO

Aquellos que querían muy mal a Jesús y que, por tanto, procuraban su perdición, no dudaban lo más mínimo en aprovechar cualquier ocasión para ponerle trampas para ver si caía en ellas.

Jesús conocía sus corazones y por eso no caía en las que le ponían delante. Y, como ahora, en la que pretenden que diga que actúa siendo Dios o por mandato directo del Todopoderoso, nada les dice.

De todas formas, la cobardía de aquellos que le persiguen es grande. Ellos quieren esconderse bajo la palabra que dicen como si eso les fuera a librar del juicio de Dios.


JESÚS,  ayúdanos a no querer engañarte con nuestras acciones u omisiones.




Eleuterio Fernández Guzmán

27 de mayo de 2016

La fortaleza de la fe

Viernes VIII del tiempo ordinario

Mc 11,11-25

En aquel tiempo, después de que la gente lo había aclamado, Jesús entró en Jerusalén, en el Templo. Y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania. 

Al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de higos. Entonces le dijo: ‘¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!’. Y sus discípulos oían esto. 
Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: ‘¿No está escrito: ‘Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes?’.¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!’. Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. Y al atardecer, salía fuera de la ciudad. 

Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. Pedro, recordándolo, le dice: ‘¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca’. Jesús les respondió: ‘Tened fe en Dios. Yo os aseguro que quien diga a este monte: ‘Quítate y arrójate al mar’ y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis. Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas’.

COMENTARIO


Lo que pasa que nos dice este texto es, verdaderamente significativo. Jesús da muestras de qué se puede hacer si se tiene fe. Y el caso de aquella higuera es bien determinante a tal respecto. Quien tiene fe puede hacer cosas como ésa.

Jesús había venido al mundo a hacer cumplirla Ley de Dios. Y sabía que muchos la habían alterado de tal manera que era irreconocible atendiendo a lo que el Todopoderoso había establecido. Y echar del Templo a los cambistas era una forma muy expresiva de decir que así no se podían hacer las cosas.

Pero había más. Y es que el Hijo de Dios sabía que con fe todo se podía alcanzar. Pero la fe debía expresarse en las circunstancias ordinarias de la vida. Es decir, no valía dirigirse a Dios pero tener el corazón sucio.


JESÚS,  ayúdanos a llevar a nuestro corazón la verdadera Ley de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

26 de mayo de 2016

Querer ver

Jueves VIII del tiempo ordinario

Mc 10,46-52

En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’. Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’. 

Jesús se detuvo y dijo: ‘Llamadle’. Llaman al ciego, diciéndole: ‘¡Ánimo, levántate! Te llama’. Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ‘¿Qué quieres que te haga?’. El ciego le dijo: ‘Rabbuní, ¡que vea!’. Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado’. Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

COMENTARIO

Cristo, a lo largo de lo que hemos dado en llamar “vida pública” tuvo muy en cuenta a las personas que se dirigían a él con fe y con confianza en su persona. Y, al parecer, aquel ciego las tenía.

El ciego Bartimeo lo llama “Hijo de David”. Sabe, por tanto, que es el Mesías enviado por Dios. Y confía de forma absoluta que lo va a curar. Por eso le pide compasión. Tiene fe y eso sólo puede tener una respuesta de parte de Jesús.

Aquel hombre era perseverante. Muchos le decían que se callara porque, a lo mejor, no dejaba escuchar lo que estaba diciendo el Maestro. Ellos no comprendían nada acerca de la necesidad de aquel hombre ciego. Pero Jesús sí comprendía. Y lo curó.


JESÚS, ayúdanos a tener la fe y la confianza de Bartimeo.



Eleuterio Fernández Guzmán

25 de mayo de 2016

Ser servidores

 Miércoles VIII del tiempo ordinario

Mc 10,32-45

En aquel tiempo, los discípulos iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de Él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará’. 

Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: ‘Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos’. Él les dijo: ‘¿Qué queréis que os conceda?’. Ellos le respondieron: ‘Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda’. Jesús les dijo: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?’. Ellos le dijeron: ‘Sí, podemos’. Jesús les dijo: ‘La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado’. 

Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: ‘Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’.

COMENTARIO

La ambición humana también se manifestó en aquellos que había escogido Jesús para que fueran sus Apóstoles. Por eso los Zebedeos quieren ocupar un lugar muy buen en su gloria. Pero ellos ignoran muchas cosas.

Jesús sabe lo que va a pasar con ellos. Cada uno de ellos, en efecto, iba a dar su vida, cuando eso tuviera que ocurrir, por Él, el Maestro y el Señor, pero el lugar a ocupar en el Cielo no era cosa más que de Dios que conoce los corazones de sus hijos.

Y algo muy importante que debieron haber aprendido de inmediato: quien quiere ser grande ha de ser servidor de los demás. Y si Él no había venido a ser servido sino a servir… ¡qué decir del resto de mortales!


JESÚS,  ayúdanos a comprender perfectamente la voluntad de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán

24 de mayo de 2016

Querer y saber ser los últimos



Martes VIII del tiempo ordinario
Mc 10,28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’. Jesús dijo: ‘Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros’.


COMENTARIO


Estaba claro para aquellos que habían decido seguir a Jesús más de cerca, sus Apóstoles, que lo habían tenido que dejar todo. Y es que el Hijo de Dios les había dicho que, en efecto, eso tendrían que hacer Y lo hicieron.

Jesús, de todas formas (y conociendo más que de sobre la realidad) consuela. Ellos, según les dice, van a tener mucho más que lo que han perdido. Ahora bien, el sentido de lo que tendrán será muy distinto y mejor.


Es más, Jesús avanza algo que deberían tener muy en cuenta. Y es que conseguían algo más que era crucial para sus vidas futuras: la vida eterna. Y eso siendo los últimos, considerándose los últimos.


JESÚS, ayúdanos a querer ser los últimos y a no ser soberbios.


Eleuterio Fernández Guzmán









                                                                                                   

23 de mayo de 2016

Cumplir enteramente los Mandamientos de Dios



Lunes VIII Tiempo ordinario

Mc 10, 17-27

“Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?’. Jesús le dijo: ‘¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre’. Él, entonces, le dijo: ‘Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud’. Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: ‘Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme`’. Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. 

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: ‘¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!’. Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: ‘¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios’. Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: ‘Y ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dice: ‘Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios’”.

COMENTARIO 

En este texto del Evangelio de San Marcos, Jesús se refiere a la ida eterna. Y es que aquello joven rico quería heredar la misma al considerarse, porque lo era, hijo de Dios.

Jesús tiene por fundamental el cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios. Quien los cumple accederá al definitivo Reino de Dios. Pero su cumplimiento va más allá de su letra. Es decir, significa más de lo que pudiera parecer. Y aquel joven, que era rico, no quería ser totalmente consecuente con ellos.

Jesús les habla del camello y de la aguja. Y eso suponía una dificultad muy grande para entrar en la vida eterna. Es más, como muy bien dice el Hijo de Dios, sólo Dios puede salvarnos.


JESÚS,  ayúdanos a llevar una vida a los Mandamientos de Dios


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de mayo de 2016

Las promesas de Dios siempre las cumple el Todopoderoso.


Jn 16, 12-15

“Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga,  y os anunciará lo que ha de venir.  El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío  y os lo anunciará a vosotros.”

COMENTARIO

Era una gran verdad que aquellos que Jesús había escogido para ser sus apóstoles, aquellos que transmitiesen la Palabra de Dios al mundo y fuesen testigos de su vida y obra, no estaban preparados intelectualmente. Muchos serían analfabetos y había cosas que no acababan de comprender.

Jesús tiene, también para eso, remedio. Ha de enviar al Espíritu Santo para que guíe al pueblo escogido, nuevo pueblo mediante la nueva alianza de Cristo con el Padre. Será el Paráclito Quien nos anunciaría aquello que debía tener importancia.

Pero Jesús anuncia algo muy importante y que determinaba que era Dios mismo hecho hombre: todo lo que tiene Dios es suyo. Por eso era tan importante confesar que, en efecto, era el Hijo de Dios.


JESÚS,  ayúdanos a esperarte.


Eleuterio Fernández Guzmán