30 de octubre de 2013

Lo que Dios exige





Miércoles XXX del tiempo ordinario


Lc 13,22-30

En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: ‘Señor, ¿son pocos los que se salvan?’. El les dijo: ‘Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos’”.

COMENTARIO

Salvarse

Es lógico que aquellos que escuchaban a Jesús estuviesen interesados en la salvación eterna pues era el anhelo de todo miembro del pueblo elegido por Dios. Pregunta porque, además, quieren la salvación eterna.


La puerta estrecha

Jesús sabe que no es fácil entrar en el definitivo Reino de Dios. Para ello no hay que pasar por la puerta grande sino, al contrario, por la estrecha. Tal es así porque ha de haber sacrificio, entrega a los demás y otra serie de acciones que no siempre son fáciles. Por eso la puerta por la que se entra en el definitivo Reino de Dios no es ancha o fácil.

Según hayamos hecho

Para salvarnos, para alcanzar la salvación eterna, se ha de tener en cuenta, muy en cuenta, aquello que, a lo largo de nuestra existencia terrena, hayamos llevado a cabo u omitido hacer.



JESÚS,  es normal que queramos saber mucho acerca de nuestra salvación eterna. Tú sabes perfectamente cuál es el camino para llegar a ella. Ayúdanos a no caer en las tentaciones que nos alejan de la misma.





Eleuterio Fernández Guzmán


29 de octubre de 2013

Lo pequeño y grande de la fe







Martes XXX del tiempo Ordinario

Lc 13,18-21

En aquel tiempo, Jesús decía: ‘¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas’. Dijo también: ‘¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo’”.

COMENTARIO

Jesús, a través de las comparaciones, como a través de las parábolas, enseña la doctrina que debe ser aprendida por sus discípulos. Es una forma sencilla de hacer entender lo que, en el fondo, es muy profundo y, muchas veces, misterioso.

La fe puede ser, considerada así, poca cosa cuando empieza en el corazón de una persona. Sin embargo no es poco cierto que puede llegar a ser muy grande si hay el debido cuidado de la misma por parte de quien la recibe.

También, como pone en el ejemplo Jesucristo, la formación en la fe puede ayudar a que fructifique lo que era semilla o lo que era levadura. Así, el Reino de Dios, que ya está entre nosotros desde que Dios envío a su Hijo al mundo, puede llegar a ser grande en nuestro corazón. Y, desde allí, al prójimo…



JESÚS, Tú eres el Reino de Dios; Tú, eres Dios mismo hecho hombre para acercarte a tus hermanos y a tus hijos. Ayúdanos a recibirte y a quererte siempre con nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán


28 de octubre de 2013

Apóstoles




Lc 6,12-19

En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor. 

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.”


COMENTARIO

Jesús sabía que, para que su misión siguiera cumpliéndose cuando Él se hubiera ido al Padre tenía que escoger, de entre los suyos, a unos que pudieran cumplirla lo mejor posible. Escoge a los 12 que serán los que, a lo largo del tiempo, harán de transmisores de la Palabra de Dios.

Pero había mucha gente que le seguía y que quería escuchar lo que tenía que decirles. Tenían confianza en su persona y en lo que hacía y decía. Por eso le seguían a todas partes y, por eso mismo, esperan pacientemente a ser instruidos.

Pero Jesús también curaba. Decía que había venido a sanar a los enfermos. No sólo enfermedades espirituales sino, también, las físicas que tanto afectaban a las personas que las padecían. Por eso allí mismo le llevan a los enfermos pues, para eso salía de Él, como dice el texto evangélico, un fuerza, la de Dios, que “sanaba a todos”.


JESÚS, eres médico del alma pero también del cuerpo. Ayúdanos a comprender que tu intervención en el mundo es para traernos la Palabra de Dios y la Verdad.





Eleuterio Fernández Guzmán


26 de octubre de 2013

El fruto que Dios espera


  

Sábado XXIX del tiempo ordinario


Lc 13,1-9

En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo’.
Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’’”.

COMENTARIO

Muchas de las personas que vivían en tiempos de Jesús tenían, de la realidad, una visión muy equivocada: estaban seguros que lo que le pasaba a una persona tenía relación directa con lo que hacía. Por eso creían que las personas muertas como dice el evangelista lo habían sido porque eran pecadores.

Jesús sabe que eso no es así y que, en todo caso, serían otras las causas de aquellas muertes tan terribles. Jesús tiene en cuenta una muerte más terrible: la eterna. Por eso pide conversión a los que escuchan: para salvarse.

Pero Dios tiene mucha paciencia con nosotros. No es que nos de uno o dos años para corregirnos sino que nos da todo el tiempo que creamos conveniente o necesitemos. Espera, eso sí, nuestra conversión, nuestra, en todo caso, confesión de fe.




JESÚS, ayúdanos a corregir nuestras imperfecciones y hacernos, así, lo mejor preparados a Dios que podamos. Ayúdanos a dar buen fruto.





Eleuterio Fernández Guzmán

25 de octubre de 2013

Jesús avisa





Viernes XXIX del tiempo Ordinario


Lc 12,54-59

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.

COMENTARIO

Cuando Jesús hablaba a los que le escuchaban no lo hacía por pasar el rato sino que en cada ocasión dejaba una clara huella del paso de Dios por el mundo. En este caso, además, avisa sobre qué debemos hacer de cara a la vida eterna.

El ser humano era, y es, muy experto en predecir lo que va a pasar con relación a su situación personal. Por eso sabe, en efecto, más o menos, el tiempo que va a hacer en unas pocas horas o, incluso, en días. Sin embargo, no parece tan experto en predecir qué le va a suceder a él mismo con respecto al porvenir más importante.

Jesús lo dice con toda claridad: debemos estar a bien con Dios al respecto de nuestro comportamiento en la vida que aquí, en la tierra, llevamos. Es mejor, para nuestro porvenir, arreglar las cosas, confesando nuestros pecados, ahora que esperar, luego, la justicia buena pero justa de Dios.


JESÚS, aquellos que te escuchan saben que dices cosas que nadie había dicho. Ayúdanos a comprenderlas y a llevarlas a nuestra vida y existencia diaria.






Eleuterio Fernández Guzmán


24 de octubre de 2013

El fuego de Dios





 Jueves XXIX del tiempo Ordinario


Lc 12,49-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra’”.

COMENTARIO

La paz de Cristo no es la misma que la de los hombres. Es más, Él mismo dice que no ha venido a lo que muchos creen sino, precisamente, a todo lo contrario: a traer fuego pero un fuego muy especial que nada tiene que ver con el que puede matar al hombre.

Jesús dice las cosas con una claridad bastante meridiana. No ha venido a traer paz sino división. Eso puede sonar muy duro a los oídos de los bienintencionados. Sin embargo, la división que trae tiene mucho que ver con la aceptación de la Verdad.

Cuando Jesús habla de separación viene a querer decir que cuando Él habla y quien escucha acepta lo que dice, es más que probable que no esté de acuerdo con lo que, hasta entonces, había creía a nivel espiritual. Eso puede causar división en el seno de su propia familia y, claro, muchos problemas. Pero supone, también, aceptar a Cristo y, así, a Dios mismo.


JESÚS,  cuando hablas de división quieres darnos a entender que aceptarte a ti puede suponer separación de mucho de lo que hemos querido y amado. Ayúdanos a enfrentarnos a tales situaciones con fe.





Eleuterio Fernández Guzmán


23 de octubre de 2013

Saber esperar a Cristo y a la llamada de Dios



  

 Miércoles XXIX del tiempo Ordinario

Lc 12,39-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre’. 

Dijo Pedro: ‘Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?’. Respondió el Señor: ‘¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. 
‘Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más’”.


COMENTARIO

Sabe Jesús que lo que está diciendo es muy importante. Es más, es absolutamente crucial para los hijos de Dios. Por eso dice “entendedlo bien”. Es necesario que comprendamos aquello relacionado con la llamada de Dios a cada uno de nosotros.

Estar preparado para tal momento no es cosa baladí o de poca importancia. Deberíamos siempre tener en cuenta que al ser llamados ante Dios  no es que no tenga importancia nuestro comportamiento en esta vida como si todo quedara borrado. Es, justamente, al revés.

Existen diversas formas de situar al hijo de Dios ante su Tribunal. Diversas son las circunstancias por las que pasamos y muchas, también, las respuestas que damos a la voluntad de Dios. No creamos que se va a reclamar de igual forma a quien mucho se le dio que a quien se le dio poco.


JESÚS, sabes que debemos estar preparados para cuando seamos llamados ante Dios. Ayúdanos a no olvidar nunca, nunca, que eso sucederá cuando el Creador quiera. Pero que sucederá.





Eleuterio Fernández Guzmán


22 de octubre de 2013

Estar siempre preparados





Martes, XXIX del tiempo Ordinario


Lc 12,35-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!’”.

COMENTARIO

Esperar siempre a Dios

Los hijos de Dios y discípulos de Cristo sabemos que nuestra misión es, además de llevar el Evangelio allá donde estemos y según lo que gamos, esperar la llegada segunda de Dios en su Hijo Jesucristo. Tal es nuestra esperanza y tal nuestro anhelo.

Estar preparados

Pero esperar la segunda venida de Cristo no quiere decir sentarse a esperar y ya está. Debemos prepararnos para que no nos encuentra desprevenidos en cuento oración y corazón limpio. Dios espera de nosotros que nos encontremos preparados porque, en efecto, no sabemos cuán do será el momento.

La dicha de esperar

Esperar no supone, o no debería suponer, desasosiego sino, en todo caso, saber que Dios viene y que debemos estar más que seguros que eso sucederá cuando quiera el Creador. Pero la misma espera ya es dichosa.


JESÚS, esperamos que vengas, que vuelvas, cuando sea la voluntad de Dios. Ayúdanos a no olvidar que siempre estamos esperando y que nuestra preparación no ha de decaer.





Eleuterio Fernández Guzmán


21 de octubre de 2013

Acumular para el otro mundo





Lunes XXIX del tiempo Ordinario


Lc 12,13-21

En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo’. Él le respondió: ‘¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’. Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’.
Les dijo una parábola: ‘Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios’”.

COMENTARIO

Algunos de los que seguían a Jesús lo querían tener, también, como juez. Creían que, por su sabiduría, bien podía ejercitar aquella labor que, en tantas ocasiones, es muy importante. Pero Jesús sabia que tal no era su cometido.

Jesús apunta, en este texto evangélico, una verdad muy importante que no debería ser olvidada ni por nadie ni nunca: no importan los bienes, lo material, de este mundo sino que lo único que nos conviene es preparar nuestra vida junto al Padre.

En cualquier momento podemos ser llamados. Por eso debemos estar preparados y no hacer como el rico de esta parábola que pensaba con mentalidad humana y había olvidado la voluntad de Dios que supone, sobre todo, ejercitarse en la caridad con el necesitado. Él iba a lo suyo pero, para su desgracia, lo suyo también era de Dios empezando por su propia vida.


JESÚS, en demasiadas ocasiones nos aferramos a las cosas del mundo y olvidamos las que, de verdad, nos convienen. Ayúdanos a no olvidar que lo único que debería importarnos es la vida que nos has ganado junto a Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán


19 de octubre de 2013

Seguros de la defensa de Cristo





Sábado XXVIII del tiempo ordinario
Lc 12,8-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

‘Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir’”.

COMENTARIO

A lo mejor existía la creencia entre los que vivían en tiempos de Jesús de que una vez muriera aquel Maestro nada más podría esperarse de Él. Sin embargo eso no era así sino que lo que hagamos ahora tiene mucho que ver con lo que nos corresponda en el más allá.


Cuando actuamos ante nuestro prójimo al respecto de nuestra creencia en Jesucristo, Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre, podemos hacer como si eso no fuera importante para nosotros y negarlo o, al contrario, hacer como que es, que lo es, vital para nuestra propia existencia y proclamarlo a los cuatro vientos.

Jesús nos garantiza algo que es fundamental: cuando tengamos que defendernos nos asistirá el Espíritu Santo. ¿Algo que temer, pues? En realidad se nos ha garantizado la asistencia del mismo Dios en tal trance. Ante esto, no podemos tener miedo por nadie ni por nada.


JESÚS,  sabemos, porque lo dijiste Tú, que siempre estás con nosotros. Ayúdanos a creérnoslo.





Eleuterio Fernández Guzmán


18 de octubre de 2013

DOMUND debe ser siempre








Como cada año, el DOMUND tiene una fecha en la que, especialmente, se recuerda la labor de transmisión de la fe y la dedicación que misioneros y misioneras llevan a cabo a lo largo de los continentes. Y para eso se nos pide una ayuda que es muy especial (por su destino) pero que, por supuesto, no debería quedar circunscrita al día que, en concreto, se recuerda esto.
Este año es, por cierto, el domingo 20 de octubre.

Sin embargo lo que se celebra y recuerda tal día (y otros) no puede circunscribirse a la fecha citada sino que, su sentido, ha de extenderse al resto del año; su efectividad, a siempre.

El lema utilizado para la campaña de 2013 es claro y fácil de comprender para un católico: “Fe + Caridad = Misión. Y, por lo tanto, y en aplicación de lo dicho arriba, no es poco cierto que tanto la fe como la caridad, que se pone en práctica a partir de ella, no pueden limitarse a ser demostradas tal día sino que, por extensión, ha de durar siempre, siempre, siempre.

Se nos dice, al respecto del citado lema, que

“No es legítimo separar, y menos, oponer, fe y caridad, dos virtudes teologales íntimamente unidas. ‘La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de este, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios’ (Benedicto XVI). Contemplación y acción están llamadas a coexistir e integrarse. La acogida salvífica de Dios, su gracia, su perdón por la fe orienta y promueve las obras de la caridad.”

En realidad, no se nos dice nada extraño ni fuera de lugar sino que es algo común, debería serlo, el hecho según el cual quien tiene fe, lo dice y lo sostiene, tiene que poder, digamos, demostrarlo (no a los hombres aunque sean ellos los destinatarios de su acción, a lo mejor y recordando aquello de que nuestra mano derecha no puede saber lo que hace la izquierda, pero sí a Quien conoce lo secreto de su corazón) con otras y, entonces, echar una mano allí donde necesite ser echada, poner de su parte donde antes no ponía y, en general, hacer patente que el amor lo es Amor, con mayúscula porque procede de Dios y a Él nos debemos.

Además, el Papa Francisco, en el número 5 del Mensaje para el DOMUND de este 2013, nos ha dicho que es importante

“Animar y profundizar la conciencia misionera de cada bautizado y de cada comunidad, ya sea llamando a la necesidad de una formación misionera más profunda de todo el Pueblo de Dios, ya sea alimentando la sensibilidad de las comunidades cristianas a ofrecer su ayuda para favorecer la difusión del Evangelio en el mundo”.

Y es que son todas las naciones de la Tierra las que han de verse influenciadas por la luz de Dios plasmada en Su Palabra que, a través de la fe en el Creador se lleva allá donde haya un ser humano susceptible de gozar de ella. Y eso no puede limitarse, claro, a un momento, a un día, a un instante.

No es de extrañar, porque es obligación grave para el discípulo de Dios, que la misión consista, precisamente, en acercar a la misma a todos aquellos que no la han conocido pero que tienen el mismo derecho que los sí la hemos conocido, a gozar de las sílabas preclaras de las Sagradas Escrituras.
Por eso la labor de la Iglesia católica ha de tener, como objetivo principal, alcanzar con el esfuerzo de las piedras vivas que la constituyen, los más alejados rincones del mundo donde nunca se ha hablado de la eternidad ni del Reino de Dios.

Acercar, por eso mismo, a Dios mismo es labor que se no se limita al recordatorio sino que tiene que ser tenida en cuenta siempre.
Por eso DOMUND ha de ser siempre: porque Dios así lo quiso y lo quiere.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

Obreros para la mies del Señor




Lc 10,1-9

“En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 

En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’”.


COMENTARIO

Jesús envía a un grupo número grande de sus discípulos para que avanzaran que la Buena Noticia, el Mesías, el Reino de Dios, había llegado. Sin embargo sabe que aquellas personas no van a ser suficientes. La humanidad era muy grande y necesitaba de trabajadores de Dios para Dios y para el hombre.

Jesús pide que aquellos que le escuchan, incluso nosotros ahora mismo, nos dirijamos a Dios para pedir que muchas personas entreguen su vida por los demás en la función de sacerdotes que colaborarán con el Creador a extender su Reino.

Sabe Jesús que no en todos sitios serán bien recibidos sino que en muchos no querrán ni verlos. Pues bien, en aquellos sitios donde sean bien recibidos… allí mismo tiene que predicar la Buena noticia y, además, curarán a los enfermos como signo de Dios.




JESÚS, envías a tus discípulos para que vayan comunicando al mundo que el  Reino de Dios y está entre ellos. Ayúdanos a no rechazar nunca una verdad tan grande y tan cierta.





Eleuterio Fernández Guzmán


17 de octubre de 2013

Profetas




Jueves XXVIII del tiempo ordinario


Lc 11,47-54

En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: ‘Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán’, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido’.

Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.”

COMENTARIO

A lo largo de la historia del pueblo elegido por Dios el Creador había suscitado entre aquel pueblo una serie de personas, los profetas, que iban avisando de que había cosas que no se podían hacer y que la voluntad de Dios era otra muy distinta.

Sin embargo, como era de esperar, a pocos gustaba lo que decían los profetas. Acababan con su vida porque, a lo mejor, creían que así Dios no sabría lo que hacían. Por eso Jesús acusa a muchos de aquello que hicieron sus antepasados porque ahora, en su tiempo, parece que tenían las mismas ideas.

Y muchos, los poderosos, no querían escuchar lo que Jesús decía. Por ser la verdad. Es más, por ser la Verdad misma hecha hombre era de esperar que quisieran perseguirlo pues, además, como profeta (el más profeta y el mejor de todos pues todo lo sabía) no era, también, bien recibido entre los suyos.


JESÚS, ser profeta no es una buena función, humanamente hablando. Perseguidos por los que más poder pueden perder de cambiar las cosas… Ayúdanos a tener en cuenta lo que Tú mismo dijiste que pasaría… y está pasando.





Eleuterio Fernández Guzmán


16 de octubre de 2013

Lo que Dios quiere




Miércoles XXVIII del tiempo ordinario
Lc 11,42-46

En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!’. Uno de los legistas le respondió: ‘¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!’. Pero Él dijo: ‘¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!’”.

COMENTARIO

Es más que sabido que los miembros del pueblo elegido por Dios para transmitir su Ley había hecho, de la misma, toda una serie de largos preceptos que hacían muy difícil la existencia de los mismos. Jesús lo sabe y lo hace ver a los que, precisamente, son tenidos por los más importantes.

Aquellos fariseos contra los que Jesús lanzó varias diatribas a lo largo de su tiempo de predicación pública no eran, precisamente, el mejor ejemplo de cumplimiento de la voluntad de Dios. Habían olvidado que lo más importante es el amor y no, precisamente, lo relacionado con lo material.

Y también, aquellos que elaboraban las leyes que obligaban fuertemente a los judíos tenían mucho que esconder de su comportamiento. Jesús sabe que las hacían para que los demás las cumpliesen pero ellos mismos no se sometían a ellas pues eran considerados, digamos, de los mejores.
JESÚS,  frente a lo que hace el ser humano con la voluntad de Dios Tú sabes perfectamente cuál es y cómo ha de cumplirse. Ayúdanos a cumplirla sin hacer trampas.





Eleuterio Fernández Guzmán


15 de octubre de 2013

¡Cuidado con la hipocresía!




Martes XXVIII del tiempo ordinario


Lc 11,37-41

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: ‘¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros’”.


COMENTARIO


Muchas de las personas que conocían a Jesús querían tenerlo en su casa. Era costumbre, al parecer, invitar a los Maestros para que predicasen en casas de aquellos que, con poder, podían permitirse determinadas cosas.

Aquel hombre era un ser humano muy pegado a la ley. En realidad, estaba más que seguro que hacía bien siguiendo toda la cantidad de preceptos que se había inventado el hombre para aplicar la Ley de Dios con ser la misma tan sencilla.

Jesús los conoce. Sabe que no es suficiente con tener una apariencia de limpieza exterior de cara a la sociedad sino que es mucho más importante la que es interior (la bondad, la misericordia, el corazón de carne y no de piedra) y recrimina a quienes actúan pensando que es más importante lo de fuera que lo dentro. Y es, justo, al revés.


JESÚS, aparentar que se es lo que, en realidad, no se es, no es sólo una forma de comportarse muy contraria a la voluntad de Dios sino, sobre todo, una forma de ser falso e hipócrita. Ayúdanos a ser francos con nuestro corazón y tenerlo blando y de carne.




Eleuterio Fernández Guzmán


14 de octubre de 2013

Saber Quien es Cristo


 
Lunes XXVIII del tiempo ordinario



Lc 11,29-32

En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’”.


COMENTARIO


Al parecer no les bastaba con lo que decía Jesús en sus momentos de oración o cuando se dirigía a sus oyentes. Aquellos que le seguían, muchos al menos, querían ver una señal, que hiciera algo extraordinario. Así sí creerían.

Jesús, sin embargo, sabe que basta su palabra, que es la de Dios, para alcanzar la vida eterna. Basta tal palabra y, claro, cumplirla en la vida de quien la escuche. No es suficiente con quedarse embelesado con lo que dice el Mesías sino que aquello que dice ha de ser puesto por obra.

Sabe Jesús Quien es. Por lo tanto, siendo Dios hecho hombre, es infinitamente más que cualquiera hombre, rey o siervo, que haya habido en el mundo desde que fue creado por el Todopoderoso. Por eso sabe que aquellos que no creen en Él, aún sabiendo Quien es, terminarán por lamentar lo hecho y dicho en su contra. Pero no por maldad de Dios sino por haber hecho que su voluntad particular, la del hombre, se impusiera sobre la de Dios.


JESÚS, muchos no creían que eras el Mesías. Les parecía imposible que el hijo del carpintero fuera el Rey esperado por Israel. Ayúdanos a reconocerte en todo momento y en todo lugar como Quien eres.




Eleuterio Fernández Guzmán

13 de octubre de 2013

Dar gracias a Dios



Domingo XXVIII (C) del tiempo ordinario
Lc 17,11-19

Un día, sucedió que, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: ‘¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!’. Al verlos, les dijo: ‘Id y presentaos a los sacerdotes’. Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. 

Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: ‘¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?’. Y le dijo: ‘Levántate y vete; tu fe te ha salvado’.

COMENTARIO


Jesús sabía que había sido enviado por Dios para salvar a la humanidad. Eso suponía, también, hacer lo posible para que las personas oprimidas por una enfermedad y separadas del mundo se sintiesen aliviadas de la misma.

Aquellos leprosos sabían que su vida no iba a ser de lo más agradable. Apartados de la sociedad como apestados llevaban una vida miserable al amparo de quien quisiese socorrerlos. Y Jesús quiso.

Sólo uno de ellos, sin embargo, volvió para dar gracias a Jesús, Gracias a Dios. Supo que debía agradecer todo el bien que le acababan de hacer e hizo lo correcto. Y era, para más problema para los judíos, extranjero. La salvación, pues, había llegado para todos.


JESÚS, cuando curas o socorres a alguien no te importa de qué nación sea. Sólo te preocupa su bienestar material y espiritual. Ayúdanos a reclamar aquello que, en realidad, nos conviene.



Eleuterio Fernández Guzmán