27 de octubre de 2012

El bien que nos ganamos



Sábado XXIX del tiempo ordinario

Lc 13, 1-9

“En aquel tiempo, llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo’.

Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’. Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’’”.

COMENTARIO

En tiempos de Jesús existía la creencia según cuando una persona sufría alguna enfermedad o alguna desgracia era porque había hecho algo malo y porque, en general, su espíritu estaba sucio y maldito.

Jesús, sin embargo, sabía que eso no era así. Cuando alguna desgracia caía sobre una persona se debía a causas que no tenían que ver con un supuesto castigo de Dios pues, seguramente, la propia persona se había puesto en situación de sufrirla.
Jesús predica acerca de una realidad que es un muy importante: la conversión. En realidad, lo que condena a una persona es, sobre todo, el hecho mismo de no haberse convertido y aceptado a Dios en su corazón. Pero aceptación cierta y verdadera y no falsa. Convertirse, con todas sus consecuencias, es salvarse.


JESÚS, nos dices aquello que es verdaderamente esencial e importante para nuestra vida eterna. Lo malo lo descartas como maldito y lo bueno lo fomentas. Sin embargo, en demasiadas ocasiones nos abocamos a lo malo en detrimento de lo malo.




Eleuterio Fernández Guzmán


26 de octubre de 2012

Año de Fe: año de evangelización

 







El pasado día 11 del presente mes de octubre Benedicto XVI inauguró, con una ceremonia llevaba a cabo en la Plaza de San Pedro, el denominado “Año de la fe” que finalizará el  24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey.  

El Año de la Fe tiene una relación muy directa con la Nueva Evangelización porque no es poco cierto que transmitir la fe es evangelizar y, por lo tanto, llevar a quien lo necesita la imagen de un Dios misericordioso y bueno.

No debería entender que evangelizar es tarea exclusiva de aquellas personas que, dentro de la Iglesia católica, llevan a cabo una labor especial como es la de ministros consagrados. Muy al contrario es la verdad: a todos, a ellos y a los laicos nos corresponde hacer lo que bien podamos para que la transmisión de la fe sea una realidad.

Como es bien sabido que los ministros consagrados ya juegan un papel muy importante en la Nueva Evangelización, es al laicado a quien corresponde (aunque sólo sea, o aunque sea, por la gran mayoría de católicos que lo constituyen) llevar a cabo una misión muy especial como es la de llevar a Cristo a todo quien lo quiera conocer e, incluso, a quien no sabiendo de su existencia, también lo necesita.

A este respecto, bien podemos seguir lo que San Pedro, en su Primera Epístola (2, 1-10), dejó escrito cuando dijo:

“Rechazad, por tanto, toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias. Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que, por ella, crezcáis para la salvación, si es que habéis gustado que el Señor es bueno. Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo. Pues está en la Escritura: = He aquí que coloco en Sión una piedra angular, elegida, preciosa y el que crea en ella no será confundido. Para vosotros, pues, creyentes, el honor; pero para los incrédulos, la piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido,  en piedra de tropiezo y roca de escándalo. Tropiezan en ella porque no creen en la Palabra; para esto han sido destinados. Pero vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz  vosotros que en un tiempo no  erais  pueblo  y que ahora sois el Pueblo de Dios, de los que antes  no se tuvo compasión,  pero ahora  son compadecidos.”

Nos reconocemos de un linaje especial porque Dios ha puesto en nuestros corazones la posibilidad de llevarlo a todo el mundo. Colaboramos, los laicos, con los ministros consagrados cuando corresponde hacerlo y siguiendo lo establecido por la santa Madre Iglesia pero nos corresponde, a cada uno de nosotros, ser sal y ser levadura en nuestra vida ordinaria y en nuestros quehaceres ordinarios. Sólo así podremos decir que evangelizamos y sólo así cumpliremos con tan especial, importante y decisiva misión.

Vivimos en un mundo descreído e, incluso, en medio de una apostasía que no hace ruido de abandonos sino que es peor porque silenciosamente va produciendo corazones no ya tibios sino directamente tibios al no considerar a Dios con verdad y con eficacia en la existencia de uno mismo. Pues ahí, en el momento en el que vivimos, es en el que nos toca ser y estar.

Por eso, la Constitución dogmática sobre la Iglesia que, con el título de Lumen gentium salió del Concilio Vaticano II dice, en su punto 25, que “Cristo, gran Profeta, que con el testimonio de su vida y la fuerza de su palabra, proclamó el Reino del Padre, está cumpliendo su oficio profético hasta la más plena manifestación de la gloria no sólo a través de la Jerarquía, que enseña en Su nombre y con Su poder, sino también a través de los laicos, a quienes, por consiguiente, constituye en testigos y los adorna con el sentido de la fe y con la gracia de la palabra, para que brille la fuerza del Evangelio en la vida cotidiana, familiar y social”.

No nos cabe otra. A los laicos nos corresponde tener un papel muy importante en la evangelización porque, en efecto, somos testigos (mártires en sentido extenso y, a veces, en sentido sacrificial) pero, sobre todo, porque somos hijos de Dios y al Padre nada más puede agradarle que su descendencia proclame en las terrazas la fe que tiene y no la esconda debajo de cualquier celemín.

De otra forma lo dice el fundador del Opus Dei, San Josemaría, cuando en “Conversaciones “ (9) nos dice que “la específica participación del laico en la misión de la Iglesia consiste precisamente en santificar ab intra –de manera inmediata y directa- las realidades seculares, el orden temporal, el mundo”.

El mundo… aquel que, tantas veces, nos atrae y nos aleja de Dios. Ahí está el papel del laico y, ahí, precisamente ahí, se encuentra el campo donde sembrar la voz del Creador. Y ahora, en este Año de la Fe, se nos llama para que cumplamos con esta grave y gozosa obligación.



Eleuterio Fernández Guzmán



Publicado en Análisis Digital

Saber lo que nos conviene




Viernes XXIX del tiempo Ordinario

Lc 12, 54-59

“En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: ‘Va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: ‘Viene bochorno’, y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo’”.

COMENTARIO

Aquellos que escuchaban a Jesús, muchos de ellos, llevaban una vida poco acorde con la voluntad de Dios y, aunque estaban en la seguridad de que hacían lo correcto, bien sabía el Hijo de Dios que no era así.

Jesús sabía, sin embargo, que debían conocer la Ley de Dios en su verdadero sentido porque, sin duda alguna, a lo largo de lo siglos, habían tenido muchos estudiosos que habían llegado a comprender el sentido de la misma.

Antes de comparecer ante el Tribunal de Dios (aunque no sepamos cuándo va a ser sabemos que, seguro, será) podemos remediar nuestra situación acudiendo al Sacramento de la Penitencia. De tal forma, es posible que acudamos ante el mismo con el corazón algo más limpio.


JESÚS, por mucho que se equivocaran aquellos que contigo vivían al respecto de la Ley de Dios, sabías que les ibas a enseñar y que podían corregir su mala situación espiritual. Nosotros, sin embargo, puede dar la impresión de que no te conocemos… por la forma de actuar que llevamos a cabo.




Eleuterio Fernández Guzmán


25 de octubre de 2012

Obligadamente contra el laicismo








Una de las vocaciones, malas, del laicismo imperante en España (a pesar de todo, imperante), es la voluntad de, a ser posible, hacer desaparecer a Dios, a su influencia en los corazones de las personas para que, por ejemplo, los valores que se derivan de lo que dijo Cristo y que son el eje a través del cual se transmite la voluntad del Creador, vengan a menos o, simplemente, desparezcan.

Por eso, es fácil deducir que lo que pretende el “pensamiento único” (1), ayudado hasta la extenuación de medios por el relativismo imperante y el lacerante nihilismo, es la sustitución de Dios por un comportar ajeno a toda voluntad inmersa en el mundo que la rodea; de lo que se trata es, sencillamente, de la instauración de un poder omnímodo basado en la anulación de la virtud rectamente entendida, en los valores cristianos anulados, en la dejación inmisericorde de la misericordia y el amor al prójimo; de la fijación de un sistema de pensamiento que anuda su raíz en el egoísmo; en la tergiversación de toda ayuda altruista; en la destrucción del concepto de “vida” asentado en una concepción natural y humana sin intervención de técnica mecánica alguna.

La contraposición entre ciencia y Dios no deja de ser el ejemplo más claro de manipulación de la realidad misma. No cabe someterse a la concepción que la primera tenga sobre el segundo ya que son dimensiones de pensamiento distintas. Como dice Javier Igea (2) las realidades de la fe no son verificables científicamente. Cuando desde el “laboratorialismo(3) sólo cabe la comprensión de una realidad basada en la práctica y en la demostración unívoca de aquella, de lo que se deriva, irremisiblemente, que todo lo que queda fuera de sus manos no deja ser más que ensoñación y visión negativa de la realidad del hombre en la tierra, queda claro que se veda toda visión trascendente del ser humano, que todo lo que no “es” no puede ser, sin darse cuenta que todo lo que puede ser ya fue en la mente de Dios.

Lo que se pretende, con toda la proliferación de “sectas” sociales y pseudo religiosas (con la difusión de esoterismos, de cartomancias, de astrologías adaptadas a los más bajos instintos humanos, de echadores de cartas astrales al oído del buen pagador, etc.) es verificar, en la praxis, la vertebración social socavando los cimientos de una sociedad milenaria con su devenir de justicia basado en un derecho natural esencialmente atento al causar humano y de un devenir acorde con unos principios que se sostengan sobre el bienestar de la comunidad, la construcción de un camino vacío de espíritu porque se quiere llenar de materia, yermo de felicidad donde arraigue la desazón y el desencuentro, donde la entrega sea sinónimo de abuso, el abrazo prólogo de la asfixia.

Atender a toda la metralla de laicismos que buscan la aniquilación, por las buenas de su difusión y por las malas de su aplicación, de una concepción de la vida arraiga en la comprensión del mensaje de Dios en Cristo y dejarse engañar por el materialismo al uso que aconseja desligarse de vinculaciones supraterrenales y atarse a preocupaciones detentadoras y acaparadoras de bienes sin tino y cuento es sustituir a Dios por la nada. Es, también, asegurarse un porvenir en el que la misión de cada cual sea la defensa numantina de su existencia sin tener en cuenta las necesidades del otro, en el que el amanecer de cada día sea el final de un futuro lleno de dicha sustentado en la misteriosa voluntad de Dios hacia nosotros, en el que, se quiera o no, como Padre nuestro, debemos confiar la existencia que, por eso, nos dio.

Otra concepción del mundo y de nuestro ser no deja de ser engaño, voluntaria ceguera. Ésta nos aliena y deja nuestra vida en manos, con toda seguridad, menos amorosas y en mentes, con toda certeza, mucho menos clarividentes y sometidas a la ya citada dictadura del relativismo, ese gran monstruo que cobija, lamentablemente, a tantas buenas personas que se dejan dominar por la comodidad de lo subjetivo y del deseo propio e irrefrenable del tener.
Requiescant in pace a los valores cristianos y a su práctica si esto se sigue difundiendo y no hacemos nada para invertir esa tendencia tan actual y terrible.


NOTAS
(1) La teoría del pensamiento único no es una ensoñación ni una quimérica justificación de todo lo que se ha dicho en estas cortas páginas. Este pensamiento, tan difundido por el relativismo y por todos los movimientos que aniquilan la posibilidad de desarrollo de la persona tienen, cosa que no debe de ser casual, un fin bien definido: poner fin a lo que se ha denominado “era cristiana” y dar paso a lo que se llama “era de acuario”. Así, al acabar con la aquella se pretende que el hombre, liberado de ese “opio del pueblo”  que es la religión, cristiana se entiende, se encontrará  a sí mismo y se desarrollará como persona de una forma más “libre”. Entendemos que se trata de una libertad no precisamente libre sino de un sometimiento a la voluntad del más fuerte; una vuelta a una vieja teoría ya muy caduca que tuvo resultados nefastos, nunca mejor dicho lo de contrario al fas o justo religioso, que no queremos recordar, en el siglo pasado.
Sin embargo, si seguimos el ejemplo de la segunda (o era de acuario) y la aplicación que su ideología tiene en los ámbitos más extensos en los que se difunde –prácticamente todos- podremos observar, si no estamos cegados por la realidad que se pretende imponer, por ese gran monstruo que supone, que los resultados son más bien negativos: experimentación con el ser humano a través de técnicas científicas que aniquilan a la propia persona en aras de un provecho también humano (reproducción in vitro, utilización de técnicas de uso de células madre en busca de “bienes” terapéuticos, etc.); sometimiento de la persona al castigo de la adoración del dinero por el poder que supone su acumulación; escasa asistencia al desvalido  por no considerarle válido para la sociedad opulenta en la que se inserta, alineación del pensamiento por sometimiento de éste al que se considera válido y del que no se puede discrepar; utilización de los medios a su alcance para acallar las opiniones contrarias a su difusión, etc. Por lo tanto, está en las manos de cada una de las personas que puedan conocer la existencia real de este pensamiento único, de lo que busca y encuentra, el batirse en duelo espiritual con él, de no arredrarse ante sus embates y de no disimular como si la cosa no fuera con ellos ya que, de otra forma, no será posible combatir nada porque ese enemigo despiadado que tanto ataca a nuestros corazones con sus ponzoñas habrá vencido esta cruenta batalla que, calladamente, está librando con los medios más potentes: sus propias posibilidades y la ignorancia gigantesca de sus destinatarios sobre los fines perseguidos.
(2) En su artículo titulado “El engañoso materialismo”, publicado en el número 386 del semanario católico Alfa y Omega, este sacerdote y astrofísico, que ha sido miembro del Observatorio Vaticano y profesor de Cosmología filosófica, da su opinión sobre lo que llama la “ilusión del materialismo”.
(3) Término con el que nos referimos a todo desarrollo del ser humano asentado en una praxis puramente mecánica y en el que el espíritu no tiene la mayor importancia; en el que la concepción de lo humano es, claramente, perjudicial para su necesario fluir hacia el mundo.


Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

Fuego de Dios




Jueves XXIX del tiempo Ordinario


Lc 12, 49-53

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra’”.

COMENTARIO

Lo que vino Cristo a llevar a cabo no era, precisamente, nada fácil. En un mundo en el que a la Ley de Dios se la habían dado muchas vueltas para adaptarla a las conveniencias humanas, tenía que transmitir justamente lo contrario.

Dice Jesús que ha venido al mundo a traer fuego. Es un fuego que purifica el alma y la limpia, con su acción, de todo aquello que es contrario a la voluntad de Dios. Es un fuego santo y su santidad la determina haber sido traído por el Creador hecho hombre.

El Hijo de Dios tampoco ha venido a traer paz en el sentido de conformismo sino todo lo contrario: lucha para que venza la voluntad de Dios en un mundo que, como el de ahora mismo, es relativista y aparta al Creador de su misma realidad. La paz de Dios sólo llega cuando se cumple su voluntad.



JESÚS, cuando viniste al mundo, en el que estás acompañándonos hasta el fin de los tiempos, sabías que tu labor no iba a ser nada fácil. Nosotros, sin embargo, aún sabiendo eso, no actuamos muchas veces como debemos.




Eleuterio Fernández Guzmán


24 de octubre de 2012

Prepararse para la llamada de Dios



Miércoles XXIX del tiempo Ordinario

Lc 12, 39-48

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre’.

Dijo Pedro: ‘Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?’. Respondió el Señor: ‘¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles.

‘Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más’".

COMENTARIO

Estar prevenidos para cuando Dios nos llame no es, esto es cierto, nada fácil porque solemos tener la tendencia de acostumbrarnos al mundo y a sus mundanidades.

Si, esperando la llamada de Dios, nos dedicamos a no hacer nada de lo que debemos, el resultado de tal forma de actuar no puede ser nada bueno para nosotros. Así, seremos consideramos no de forma positiva en el tribunal de Dios porque estamos más que avisados de lo que puede suceder en tal caso.

Si, al contrario, actuamos como debemos y mantenemos un estado espiritual sano y limpio, seremos considerados de forma positiva en el tribunal de Dios porque también así está escrito y el Creador no miente nunca.



JESÚS, a nosotros nos toca escoger entre una y otra forma de comportarnos ante la que será segura llamada de Dios. Bien o mal… así actuamos y, por desgracia, demasiado mal en demasiadas ocasiones.




Eleuterio Fernández Guzmán


23 de octubre de 2012

Estar preparados




Martes XXIX del tiempo Ordinario

Lc 12, 35-38

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!’".

COMENTARIO

Estar preparados para cuando Dios nos llame ha de ser importante para nosotros porque supone saber que, en cualquier momento podemos ser requeridos para comparecer ante su tribunal. No estar preparado es, al contrario, muy perjudicial para nosotros mismos.

Ante esta tesitura podemos adoptar dos decisiones. La primera es no permanecer atentos a nuestro espíritu y vivir como si nunca tuviéramos que comparecer ante Dios. Es una forma ciega de comportarse que, además, tendrá muy negativas consecuencias para nosotros.

Por otro lado, podemos estar atentos a la oración y tratar, al menos tratar, de estar preparados a ser llamados en cualquier momento. No perder, pues, de vista los Mandamientos de Dios ni lo que los mismos significan y, en fin, actuar según su voluntad.



JESÚS, es cierto que puede darnos la impresión de que Dios no se acordará de que tiene que llamarnos. Así, al menos, actuamos más veces de las que deberíamos actuar.




Eleuterio Fernández Guzmán

22 de octubre de 2012

Lo que, de verdad, importa






Lunes XXIX del tiempo Ordinario

Lc 12,13-21

“En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo’. Él le respondió: ‘¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’. Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’.

Les dijo una parábola: ‘Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios’”.


COMENTARIO


Los seres humanos tenemos la costumbre de poner nuestro interés en realidades que, en el fondo, no nos interesan. Así, por ejemplo, damos mucha importancia a los bienes materiales por sobre los espirituales que son, al fin y al cabo, los que nos facilitan la vida eterna.

Dice Jesús que, en realidad, aquello que es, que debería ser, de nuestro interés, está muy lejos de lo que solemos tener por bueno y benéfico para nosotros. Lo material desaparece pero lo espiritual siempre permanece.

Dice Cristo algo que es muy importante y que no deberíamos olvidar nunca: tenemos que estar preparados para cuando seamos llamados por Dios a comparecer ante su Tribunal. Por eso deberíamos cambiar muchos de nuestros intereses.


JESÚS,  aquellos que te seguimos no podemos olvidar que hay cosas que no son importantes para nosotros. Sin embargo, es triste que olvidemos con demasiada facilidad que el espíritu es más importante que la materia.



Eleuterio Fernández Guzmán


20 de octubre de 2012

Escuchar y creer a Cristo




Sábado XXVIII del tiempo ordinario

Lc 12,8-12


“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

‘Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir’”.

COMENTARIO

Jesús ni se andaba ni se anda con medias tintas. Dice lo que nos conviene tener en cuenta para nuestras vidas y, sobre todo, para la que lo es eterna. Por eso hay que escucharle con atención pero no olvidar lo que dice.

A Jesús se le puede tener como el Hijo de Dios o como un hombre que, habiendo sido bueno, no es nada más. Sin embargo, hacerlo de una manera o de otra tiene consecuencias muy graves para la persona.

Aceptar a Cristo como el Enviado de Dios y seguir sus mandatos y doctrinas trae como consecuencia que Él mismo hable por nuestro bien. Si hacemos otra cosa, bien lo dice Jesús, nada bueno hará a favor nuestro. Y eso lo deberíamos tener en cuenta.

JESÚS, aquellos que te escuchaban lo hacían, muchos de ellos, porque creían que eras el Enviado de Dios. Otros, sin embargo, no hacían caso alguno a lo que decías. Y, a veces, esos mismos somos nosotros.




Eleuterio Fernández Guzmán


19 de octubre de 2012

¡Cuidado con la falsedad ajena!



Viernes XXVIII del tiempo ordinario

Lc 12, 1-7

“En aquel tiempo, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, Jesús se puso a decir primeramente a sus discípulos: ‘Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse. Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados. Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos’”.

COMENTARIO

Jesús nos previene contra aquellos que, en apariencia, obedecen a Dios pero que, en el fondo de su corazón, pervive la falsedad y el comportamiento contrario a la voluntad del Creador. Estar atentos, pues, a lo que dicen y hacen nos puede reportar un gran beneficio espiritual porque Dios lo ve todo.

Hay algo que es mucho peor que la muerte física. Sabemos que vamos a morir y eso, por lo tanto, no podemos evitarlo. Sin embargo quien pierde el alma en este mundo por avenirse con aquellos que pervierten el corazón y lo pudren ha perdido, sencillamente, la vida eterna.

Dios protege a sus hijos y los ama por encima de todas las cosas y de todas las circunstancias. Por eso mismo no debemos temer a los que pretenden acabar con su descendencia. Sin embargo, sí de aquellos que pueden tener por objetivo quemar nuestra alma. A esos sí.


JESÚS, nos previenes contra aquello o aquellos que no quieren más que hacernos perder la vida eterna. Sin embargo, y a pesar de saber que eso es así, en muchas ocasiones, nos entregamos a sus manos.




Eleuterio Fernández Guzmán


18 de octubre de 2012

Trabajar para Dios




Lc 10, 1-9

“En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.

‘En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’’”.

COMENTARIO

Jesús sabía a la perfección que su doctrina tenía que ser transmitida cuando, tras la Pasión que tenía como cierta, verdadera y aceptada, quedaran aquellos que le seguían más de cerca y a los que conocemos como sus apóstoles.

El Hijo de Dios, Mesías esperado por el pueblo elegido, envía a un grupo de personas a que lleven a cabo la labor evangelizadora. Y les da instrucciones de cómo cumplir aquella muy especial misión. Recibirán lo merecido porque Dios nunca abandona a los suyos.

De todo lo que deben decir hay algo que sobresale por encima: “El Reino de Dios está cerca de vosotros”. En realidad, estaba tan cerca como ellos quisieran aceptarlo. En su corazón, para más señas.

JESÚS, los que te siguen han de transmitir lo que dijiste porque es voluntad de Dios que así sea. Sin embargo, muchas veces no nos tomamos, siquiera, la molestia de intentarlo.



Eleuterio Fernández Guzmán

17 de octubre de 2012

La voluntad de Dios es la que es


  
Miércoles XXVIII del tiempo ordinario


Lc 11, 42-46

“En aquel tiempo, el Señor dijo: ‘¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!’. Uno de los legistas le respondió: ‘¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!’. Pero Él dijo: ‘¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!’.


COMENTARIO

Las apariencias, en materia de fe, pueden valer para con el prójimo que, a lo mejor, desavisado de cómo somos, puede creer lo que no es. Sin embargo, tal forma de actuar no vale para Dios porque el Creador conoce nuestro corazón.

Una cosa es hacer ver que tenemos fe y que cumplimos con los Mandamientos de Dios y otra, muy distinta, la razón por la que llevemos a cabo tal tipo de comportamiento. Si hacemos una cosa pero, dentro de nosotros mismos, queremos otra, Dios sabrá que no es cierto lo que hacemos y lo tendrá en cuenta.

Cada uno de nosotros podemos actuar según sea la voluntad de Dios o, en realidad, según sea la nuestra. Todos, pues, podemos sentirnos atacados por Cristo cuando nos dice la verdad porque la misma no es de nuestro gusto.


JESÚS, la voluntad de Dios no suele ser la misma que la nuestra y, por eso mismo, actuamos como si no la conociéramos.




Eleuterio Fernández Guzmán


16 de octubre de 2012

Ser santo








De muchas maneras se puede definir la palabra “Santo”. Por ejemplo, es santa aquella persona que ha amado a Dios sobre todas las cosas, cumpliendo, así, su voluntad. Por eso, no sólo lo son las personas que están en los altares porque a nosotros también nos es dado amar al Padre y podemos llamarnos, así, santos.

Por tanto, por la forma del amor, a nadie le está vedado ser santo sino, al contrario, favorecida tal posibilidad porque depende de nuestra voluntad cumplir tal mandamiento divino.

Así, sabemos cómo se puede ser santo y, entonces, quién puede serlo.

Por eso, ante la situación de la fe por la que pasa nuestra sociedad, bien podemos exclamar, con San Josemaría, lo que éste dice en el nº 301 de su libro “Camino”: “Un secreto. —Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos.  —Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. —Después... "pax Christi in regno Christi" —la paz de Cristo en el reino de Cristo”.

Por su parte, Benedicto XVI, al referirse al día de Todos los Santos, en 2007, dijo que el cristiano “ya es santo, pues el Bautismo le une a Jesús y a su misterio pascual, pero al mismo tiempo tiene que llegar a ser santo, conformándose con Él cada vez más íntimamente”. Entonces “A veces se piensa que la santidad es un privilegio reservado a unos pocos elegidos. En realidad, ¡llegar a ser santo es la tarea de cada cristiano, es más podríamos decir, de cada hombre!”

Realidad de Cristo es que los hijos de Dios formamos parte del Cuerpo de Aquel (imagen, ésta, dotada de mucha fuerza, porque representa todo el depósito de la fe en la que vivimos y existimos)

Por tanto, la santidad está destinada a todos.

Por otra parte, dice el evangelista Mateo, o recoge, una expresión de Jesucristo que centra, muy bien, la cuestión de la santidad hoy día porque supone, en realidad, un buen punto de partida: “sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48) que es, más exactamente, una parte de lo que sigue al Sermón del Monte en el que predicó acerca de las Bienaventuranzas.

Hay que ser, pues, perfectos, aunque sabemos que no es, tal realidad espiritual, nada fácil de conseguir. Por eso, vale la pena recordar lo que en el Génesis (17,1) dice Dios: “Anda en mi presencia y sé perfecto” porque, al menos, nos dice que hemos de tener presente, siempre, a Dios en nuestra vida y tal presencia la hemos de transformar en fruto para que pueda decirse de nosotros lo que San Josemaría dice y que no es otra cosa que “Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo” (número 2 de “Camino”)

Pero, para que tengamos conciencia de lo que la santidad supone, el Concilio Vaticano II, en la Constitución Lumen Gentium (11) dejó dicho que “Todos los fieles, cualesquiera que sean su estado y condición, están llamados por Dios, cada uno en su camino, a la perfección de la santidad, para lo que el mismo Padre es perfecto”. Entonces, “A todos los cristianos nos pertenece, por propia vocación, buscar el reino de Dios, tratado y ordenado según Dios los asuntos temporales” (Ibídem, 31)

Por tanto, además, de tener a Dios en nuestras vidas, hemos de llevar a la práctica lo que el Concilio Vaticano II llama “asuntos temporales” es decir, aquellos que corresponden a nuestras vidas mientras peregrinamos por el mundo hacia el definitivo reino de Dios.

Ordenar la vida según Dios es lo que, fundamentalmente, nos acerca a la santidad, lo que nos procura el Amor del Padre y lo que, al fin  y al cabo, nos hace santos.

Vemos, pues, que todos los santos que en el cielo no son todos los santos que en el mundo hubo sino una porción de las personas a las que se les reconoció, y se reconoce, el cumplimiento de la perfección citada supra.

Y, sobre todo esto dicho, las Sagradas Escrituras dicen esto tan importante:

“Sed santos para mí, porque yo, Dios, soy santo, y os he separado de las gentes para que seáis míos”, en Lev 20,26.

“Pero el que guarda sus palabras, en ese la caridad de Dios es verdaderamente perfecto. En esto conocemos que estamos en Él”, en 1Jn 2,5.

“Por cuanto que en Él  nos eligió antes de la constitución del mundo para que fuésemos santos e inmaculados ante Él en caridad”, en Ef 1,4.

Por eso, porque fuimos elegidos desde la misma eternidad, merece Dios la santidad que nos reclama pero no como deuda sino como pura devoción y amor.

Eleuterio Fernández Guzmán


Publicado en Soto de la Marina

El corazón ha de estar limpio de cierta miseria




Martes XXVIII del tiempo ordinario

Lc 11,37-41

“En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: ‘¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros’”.

COMENTARIO


Seguir la Ley de Dios según de qué forma se siga no es, sólo, una costumbre del tiempo de Jesús sino, también y por desgracia, de hoy mismo. Pero Jesús, entre sus contemporáneos, pudo apreciar cuán equivocados llegaban a estar muchos de ellos.

Hacer ver, en el exterior, que se es muy piadoso no es lo más adecuado si el en interior, en el corazón, no florece de verdad la caridad y, así, el amor. Y Jesús se daba cuenta de cuanta falsedad había en muchas personas.

El corazón ha de dar limpiamente de lo que tiene. De la bondad del corazón habla la boca…

JESÚS, muchos estaban equivocados a la hora de hacer ver que eran lo que, ciertamente, no eran: fieles hijos de Dios. Nosotros, incluso hoy mismo, caemos en las mismas trampas y no parece que nos queramos dar cuenta de ello.




Eleuterio Fernández Guzmán


15 de octubre de 2012

Tener fe de verdad





Lunes XXVIII del tiempo ordinario


Lc 11, 29-32

“En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’”.


COMENTARIO

Es cierto que, muchas veces, sólo creemos en aquello que es demostrado o, lo que es lo mismo, que tenemos de la realidad espiritual, incluso de ella, un sentido puramente pragmático. Y eso les pasaba a los que preguntaban a Jesús.

Estaban seguros que creerían si el Señor les hacía una señal como, por ejemplo, mover una montaña o elevar un árbol del suelo o algo por el estilo. No creían por fe y, por eso mismo, demandaban lo que, por otra parte, nunca iba a consentir Jesús llevar a cabo.

Sabía Jesús que aquello que le pedían era muestra más que suficiente de su falta de fe. Serían juzgados, cuando llegara el momento, por los que sí demostraron tenerla de verdad. Se les quitará hasta la poca fe que creían tener porque, en realidad, era falsa.


JESÚS,  seguirte a Ti supone manifestar algo más que una fe de superficie. Dios quiere y Tú quieres que sea cierta y verdadera y que no necesita de más prueba que la misma fe. Y eso es lo que, muchas veces, nos pasa a nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán


14 de octubre de 2012

Seguir a Cristo






Domingo XXVIII (B) del tiempo ordinario

Mc 10,17-30

“En aquel tiempo, cuando Jesús se ponía en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: ‘Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?’. Jesús le dijo: ‘¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre’. Él, entonces, le dijo: ‘Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud’. Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: ‘Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme’.

Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: ‘¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!’. Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: ‘¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja que un rico entre en el Reino de Dios’. Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: ‘Y ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dice: Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios’. Pedro se puso a decirle: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido’. Jesús dijo: ‘Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna’”.

COMENTARIO

Una cosa es lo que decimos que somos y otra, muy distinta, lo que en realidad somos. En cuanto a la fe, esto es así. Y eso fue lo que pasó al joven que, teniendo una buena fortuna no quiso desprenderse de ella para seguir a Cristo. Escogió estar en el lado equivocado.

Jesús sabe que para seguirle a Él y, así, para entrar en el definitivo Reino de Dios, es necesario algo más que decir que se tiene fe y que se han cumplido los mandamientos de Dios. Hay que cumplir el más importante que es el de la caridad. Y hacerlo de forma radical. Y aquel joven rico no quiso pasar por tal trance económico.

Seguir a Cristo tiene, por otra parte, un gran premio, una gran gracia de Dios y, en fin, un resultado a no desdeñar: entrar en el definitivo Reino de Dios con plenos derechos de goce y disfrute de la visión beatífica. Y otra forma de comportamiento... no.


JESÚS,  seguirte a Ti tiene sus dificultades pues ya dijiste que no tenías ni donde recostar la cabeza. Sin embargo, la vida eterna bien vale la pena aunque, muchas veces, parece que no nos demos cuenta.



Eleuterio Fernández Guzmán