Mt 14,13-21
“En aquel tiempo, cuando Jesús recibió la noticia de la muerte de Juan Bautista, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras Él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.
Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: ‘El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida’. Mas Jesús les dijo: ‘No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer’. Dícenle ellos: ‘No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces’. Él dijo: ‘Traédmelos acá’.
Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños".
COMENTARIO
Jesús, como hombre que era, se entristece por la terrible muerte de su primo Juan, quien lo bautizó. Se retira porque es de entender que necesitara un tiempo, aunque fuera escaso, de silencio. Pero, incluso entonces, tampoco descansa.
Siente compasión. El Hijo de Dios se sabe hermano de aquellos sus semejantes creados por su Padre. No puede hacer otra cosa que ayudarles y salir en su defensa y, en tal caso, dirigirse al Padre para pedir un hecho extraordinario.
Había pedido a sus discípulos que les dieran de comer. Ellos, sin embargo, parece no tenían suficiente fe como para poder mover aquella montaña de personas. Jesús sí la tenía y, con la misma, ora y obtiene lo que tanto necesitan los demás. No pidió para Él sino para los demás.
JESÚS, con tu Amor, grande y misericordioso, te repusiste a la muerte del Bautista y te pusiste manos a la obra. Orar al Padre y obtener el alimento fue todo uno. Dios, que escucha a quien le ama, no podía hacer otra cosa.
Eleuterio Fernández Guzmán
1 de agosto de 2011
Lo que puede la fe
29 de junio de 2011
¿Quién es Cristo?
Mt 16,13-19
“En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.
COMENTARIO
Jesús estaba interesado por saber qué pensaban sus contemporáneos de él porque quería conocer si habían aceptado su mensaje y si seguirían su ejemplo.
Había mucha dispersión en las personas que contestaban a la pregunta ¿Quién dice la gente que soy yo? Unas personas decína una cosa y otras, otra porque, en realidad, no conocían, de verdad, a Jesús.
Pedro sí supo qué responder. Inspirado por el Espíritu Santo contesta exactamente lo que Jesús quería escuchar. Le da, por eso mismo, las llaves de su Iglesia, para que pastoreara a su grey.
JESÚS, entregaste a Pedro las llaves de Tu Iglesia. Por eso, desde entonces hasta hoy mismo, el Papa ha sido tu Vicario en la tierra, tu representante, a quien debemos seguir los que nos consideramos hijos de Dios y hermanos tuyos aunque hay algunos creyentes que tienen, para su desgracia, otra forma de pensar.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos’”.
COMENTARIO
Jesús estaba interesado por saber qué pensaban sus contemporáneos de él porque quería conocer si habían aceptado su mensaje y si seguirían su ejemplo.
Había mucha dispersión en las personas que contestaban a la pregunta ¿Quién dice la gente que soy yo? Unas personas decína una cosa y otras, otra porque, en realidad, no conocían, de verdad, a Jesús.
Pedro sí supo qué responder. Inspirado por el Espíritu Santo contesta exactamente lo que Jesús quería escuchar. Le da, por eso mismo, las llaves de su Iglesia, para que pastoreara a su grey.
JESÚS, entregaste a Pedro las llaves de Tu Iglesia. Por eso, desde entonces hasta hoy mismo, el Papa ha sido tu Vicario en la tierra, tu representante, a quien debemos seguir los que nos consideramos hijos de Dios y hermanos tuyos aunque hay algunos creyentes que tienen, para su desgracia, otra forma de pensar.
Eleuterio Fernández Guzmán
28 de junio de 2011
No es fácil ser cristiano
Mt 8,18-22
“En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: ‘Maestro, te seguiré adondequiera que vayas’. Dícele Jesús: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. Otro de los discípulos le dijo: ‘Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Dícele Jesús: ‘Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos’.
COMENTARIO
Jesús solía poner, como se suele decir, las cartas sobre la mesa. Nada de engaños ni de complacencias con el ego que cada cual pudiera tener.
Seguir a Cristo no era cosa fácil. Para empezar, ignoraban dónde y qué iban a comer cada día porque no era tal la primera preocupación del Maestro. Dios proveía y eso, para su Hijo, es más que suficiente. Pero no, claro, todas las personas pensaban lo mismo.
Seguir pensando de la vieja manera, de odre viejo, no era posible para contener el vino nuevo de la Nueva Alianza. Dejar lo muerto atrás y abrazar la nueva vida era la única forma de seguir, de verdad, a Jesucristo.
JESÚS, tu doctrina era dura porque no comprendía el manifestarse de acuerdo con el mundo y sus conveniencias. Seguirte a ti era, es o supone, un sacrificio humano en beneficio del alma. Sin embargo, muchas veces, nosotros mismos no estamos en la seguridad de querer seguirte de tal manera.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: ‘Maestro, te seguiré adondequiera que vayas’. Dícele Jesús: ‘Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. Otro de los discípulos le dijo: ‘Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre’. Dícele Jesús: ‘Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos’.
COMENTARIO
Jesús solía poner, como se suele decir, las cartas sobre la mesa. Nada de engaños ni de complacencias con el ego que cada cual pudiera tener.
Seguir a Cristo no era cosa fácil. Para empezar, ignoraban dónde y qué iban a comer cada día porque no era tal la primera preocupación del Maestro. Dios proveía y eso, para su Hijo, es más que suficiente. Pero no, claro, todas las personas pensaban lo mismo.
Seguir pensando de la vieja manera, de odre viejo, no era posible para contener el vino nuevo de la Nueva Alianza. Dejar lo muerto atrás y abrazar la nueva vida era la única forma de seguir, de verdad, a Jesucristo.
JESÚS, tu doctrina era dura porque no comprendía el manifestarse de acuerdo con el mundo y sus conveniencias. Seguirte a ti era, es o supone, un sacrificio humano en beneficio del alma. Sin embargo, muchas veces, nosotros mismos no estamos en la seguridad de querer seguirte de tal manera.
Eleuterio Fernández Guzmán
Confiar en Cristo
Mt 8,23-27
“En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Díceles: ‘¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?’. Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ‘¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?’”.
COMENTARIO
Es bien cierto y seguro que esto pasa que en muchas ocasiones de nuestra vida nos encontramos, eso podemos pensar, solos ante el peligro. Bien sea una tentación o el no saber si algo lo vamos a hacer bien o mal.
Aquellos discípulos se encontraban en una situación nada buena. El agua se agitaba y sentían como peligraban sus vidas. No tuvieron demasiada confianza en Jesús y manifestaron un miedo muy humano.
Jesús les amonesta porque les llama “hombres de poca fe”. Seguramente lo hace porque sabe que, en efecto, tienen poca confianza en el Hijo del hombre y no saben hasta qué punto puede dominar la naturaleza. Aquello, seguramente, les sirvió para aprender algo muy importante.
JESÚS, siempre pediste, y pides, que mantengamos una actitud de confianza hacia quien es el Hijo de Dios y hermano nuestro. Sólo la fe, tal forma de comportarse, nos puede salvar aunque a veces no estemos por la labor de manifestar demasiada fe.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Díceles: ‘¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?’. Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: ‘¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?’”.
COMENTARIO
Es bien cierto y seguro que esto pasa que en muchas ocasiones de nuestra vida nos encontramos, eso podemos pensar, solos ante el peligro. Bien sea una tentación o el no saber si algo lo vamos a hacer bien o mal.
Aquellos discípulos se encontraban en una situación nada buena. El agua se agitaba y sentían como peligraban sus vidas. No tuvieron demasiada confianza en Jesús y manifestaron un miedo muy humano.
Jesús les amonesta porque les llama “hombres de poca fe”. Seguramente lo hace porque sabe que, en efecto, tienen poca confianza en el Hijo del hombre y no saben hasta qué punto puede dominar la naturaleza. Aquello, seguramente, les sirvió para aprender algo muy importante.
JESÚS, siempre pediste, y pides, que mantengamos una actitud de confianza hacia quien es el Hijo de Dios y hermano nuestro. Sólo la fe, tal forma de comportarse, nos puede salvar aunque a veces no estemos por la labor de manifestar demasiada fe.
Eleuterio Fernández Guzmán
26 de junio de 2011
Cuerpo de Cristo
Jn 6,51-58
“En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: ‘Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’.
Discutían entre sí los judíos y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’”
COMENTARIO
Es bien cierto que las palabras de Jesús referidas a comer su cuerpo son de una dureza difícilmente igualable. No extraña, por lo tanto, que muchos de los que oían se llevaran las manos a la cabeza. Exactamente pasa lo mismo al referirse a su sangre.
El cuerpo y la sangre de Cristo, son, como sabemos, la constatación de presencia verdadera, real y sustancial del Hijo de Dios en las especies pan y vino. A eso se refería Jesús cuando dijo aquello que tanto preocupó a más de uno.
Sólo comiendo el pan bajado del cielo, a Jesús mismo en la Acción de Gracias o Eucaristía podemos aspirar a la Vida Eterna. Todo lo que pueda decir de más, ahora mismo, sobra.
JESÚS, estás presente en el pan y el vino. Tal presencia, que es cierta porque Tú mismo lo dijiste en la Última Cena, no es comprendida por muchos que se dicen discípulos tuyos. A tales personas espero sepas perdonar tal afrenta y lo mismo para cuando nosotros sintamos lo mismo en nuestro corazón.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: ‘Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’.
Discutían entre sí los judíos y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’”
COMENTARIO
Es bien cierto que las palabras de Jesús referidas a comer su cuerpo son de una dureza difícilmente igualable. No extraña, por lo tanto, que muchos de los que oían se llevaran las manos a la cabeza. Exactamente pasa lo mismo al referirse a su sangre.
El cuerpo y la sangre de Cristo, son, como sabemos, la constatación de presencia verdadera, real y sustancial del Hijo de Dios en las especies pan y vino. A eso se refería Jesús cuando dijo aquello que tanto preocupó a más de uno.
Sólo comiendo el pan bajado del cielo, a Jesús mismo en la Acción de Gracias o Eucaristía podemos aspirar a la Vida Eterna. Todo lo que pueda decir de más, ahora mismo, sobra.
JESÚS, estás presente en el pan y el vino. Tal presencia, que es cierta porque Tú mismo lo dijiste en la Última Cena, no es comprendida por muchos que se dicen discípulos tuyos. A tales personas espero sepas perdonar tal afrenta y lo mismo para cuando nosotros sintamos lo mismo en nuestro corazón.
Eleuterio Fernández Guzmán
25 de junio de 2011
En ti confío, Señor
25 de junio de 2011
Mt 8,5-17
“En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: ‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’.
COMENTARIO
Muchas personas se le acercaban a Jesús porque querían que les sanase de alguna enfermedad y que les diera, con tal sanación, una vida mejor. Eso mismo hizo aquel centurión que se preocupaba por su criado.
Pedir por los demás, por las necesidades de los demás, es una forma cristiana de tener en cuenta la fe que se tiene y algo que Dios ha de tener en cuenta para nuestro bien. Y Jesús tiene en cuenta, siempre, la fe que tiene quien le pide su intervención.
La suegra de Pedro sirvió a Jesús en cuanto le curó de su enfermedad. No se fue a pregonar lo que le había hecho el Maestro sino que, agradecida, no pensó más que en agradecer el favor recibido.
JESÚS, muchas personas querían que les sanases de sus diversas enfermedades. Sin embargo, eres, sobre todo, Médico del corazón y procuras la limpieza del alma. Por eso mismo tenías, y tienes, tanto en cuenta la fe con la que la persona se dirige a ti.
Eleuterio Fernández Guzmán
Mt 8,5-17
“En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Y dijo Jesús al centurión: ‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: ‘Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades’.
COMENTARIO
Muchas personas se le acercaban a Jesús porque querían que les sanase de alguna enfermedad y que les diera, con tal sanación, una vida mejor. Eso mismo hizo aquel centurión que se preocupaba por su criado.
Pedir por los demás, por las necesidades de los demás, es una forma cristiana de tener en cuenta la fe que se tiene y algo que Dios ha de tener en cuenta para nuestro bien. Y Jesús tiene en cuenta, siempre, la fe que tiene quien le pide su intervención.
La suegra de Pedro sirvió a Jesús en cuanto le curó de su enfermedad. No se fue a pregonar lo que le había hecho el Maestro sino que, agradecida, no pensó más que en agradecer el favor recibido.
JESÚS, muchas personas querían que les sanases de sus diversas enfermedades. Sin embargo, eres, sobre todo, Médico del corazón y procuras la limpieza del alma. Por eso mismo tenías, y tienes, tanto en cuenta la fe con la que la persona se dirige a ti.
Eleuterio Fernández Guzmán
24 de junio de 2011
El Bautista
Lc 1,57-66.80
“Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados.
Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.
Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.”
COMENTARIO
Jesús tenía que tener un precursor a la altura de Quien iba a venir para salvar al mundo y ser el Cordero de Dios. El Bautista, primo de Jesús, había sido suscitado por Dios para que fuera tal persona.
El Ángel del Señor le había dicho a Zacarías que quedaría mudo por haber dudado de su palabra. Volvería a poder hablar cuando hubiera nacido su sucesor al que, además, tenía que poner el nombre de Juan.
Dice la Escritura Santa que el niño creía y su espíritu se iba fortaleciendo. Además, vivió en el desierto, retirado del mundo y acercándose a Dios quien, en su momento oportuno, lo envío a anunciar a Cristo.
JESÚS, tu primo Juan, hijo de Isabel y Zacarías, había saltado en el vientre de la hermana de tu Madre cuando María fue a visitarla tras haber dado el fiat al Ángel Gabriel. Cuando se manifestó a Israel lo hizo para anunciarte. Fue el último profeta del Antiguo Testamento.
Eleuterio Fernández Guzmán
“Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: ‘No; se ha de llamar Juan’. Le decían: ‘No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre’. Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados.
Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.
Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: ‘Pues ¿qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.”
COMENTARIO
Jesús tenía que tener un precursor a la altura de Quien iba a venir para salvar al mundo y ser el Cordero de Dios. El Bautista, primo de Jesús, había sido suscitado por Dios para que fuera tal persona.
El Ángel del Señor le había dicho a Zacarías que quedaría mudo por haber dudado de su palabra. Volvería a poder hablar cuando hubiera nacido su sucesor al que, además, tenía que poner el nombre de Juan.
Dice la Escritura Santa que el niño creía y su espíritu se iba fortaleciendo. Además, vivió en el desierto, retirado del mundo y acercándose a Dios quien, en su momento oportuno, lo envío a anunciar a Cristo.
JESÚS, tu primo Juan, hijo de Isabel y Zacarías, había saltado en el vientre de la hermana de tu Madre cuando María fue a visitarla tras haber dado el fiat al Ángel Gabriel. Cuando se manifestó a Israel lo hizo para anunciarte. Fue el último profeta del Antiguo Testamento.
Eleuterio Fernández Guzmán
23 de junio de 2011
Creer, de verdad, en Dios
Mt 7,21-29
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’.
‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’.
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas".
COMENTARIO
Es común pensar que orar es suficiente como para que Dios tenga en cuenta nuestras peticiones. Eso Jesús sabe que no es así porque bien podemos estar actuando de forma distinta a como tenemos la realidad de nuestro corazón.
Hacer la voluntad de Dios es la verdadera medida de la creencia en Dios. Así, lo que más debería importarnos es, en sí misma considerada, seguir la voluntad del Creador antes que hacer como que creemos sin creer.
Jesucristo es la roca firme sobre la que debemos cimentar nuestra vida espiritual y, así y por eso mismo, material. Apoyándonos en la piedra que desecharon los arquitectos es la única manera de llevar una vida verdadera cristiana.
JESÚS, cree en Dios ha de ser el único camino que debemos seguir. Por eso no basta con orar porque, aunque sea necesario hacerlo, cumplir con la voluntad de tu Padre es lo que, en verdad, importa.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’.
‘Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’.
Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas".
COMENTARIO
Es común pensar que orar es suficiente como para que Dios tenga en cuenta nuestras peticiones. Eso Jesús sabe que no es así porque bien podemos estar actuando de forma distinta a como tenemos la realidad de nuestro corazón.
Hacer la voluntad de Dios es la verdadera medida de la creencia en Dios. Así, lo que más debería importarnos es, en sí misma considerada, seguir la voluntad del Creador antes que hacer como que creemos sin creer.
Jesucristo es la roca firme sobre la que debemos cimentar nuestra vida espiritual y, así y por eso mismo, material. Apoyándonos en la piedra que desecharon los arquitectos es la única manera de llevar una vida verdadera cristiana.
JESÚS, cree en Dios ha de ser el único camino que debemos seguir. Por eso no basta con orar porque, aunque sea necesario hacerlo, cumplir con la voluntad de tu Padre es lo que, en verdad, importa.
Eleuterio Fernández Guzmán
22 de junio de 2011
Falsos profetas
Mt 7,15-20
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis’”.
COMENTARIO
Conocer a las personas por su forma, interior, de ser, era algo que Jesucristo tenía por costumbre llevar a cabo. Sabía lo que cualquiera tenía en su corazón porque, como era Dios hecho hombre, sabe lo que hay en lo secreto.
El fruto de las personas es aquello que hacen las mismas y sobre lo que se puede saber su comportamiento según se haga. Por eso dice Jesús que es por los frutos por aquello que se conoce al ser humano. y, por eso, exactamente por eso, los lobos pueden tener piel de oveja para engañar a los fieles creyentes en Dios.
La bondad y la maldad están muy relacionada con lo que cada cual tiene en su corazón. El destino final, la vida eterna, depende, al fin y al cabo, de lo que cada cual haga en su vida.
JESÚS, la bondad del corazón de cada persona es fundamental para que Dios considere que se está cumpliendo su voluntad. Por eso nos dices que es muy importante actuar de forma correcta y de acuerdo a la misma. De otra forma no podremos ser considerados dignos hijos de Dios.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis’”.
COMENTARIO
Conocer a las personas por su forma, interior, de ser, era algo que Jesucristo tenía por costumbre llevar a cabo. Sabía lo que cualquiera tenía en su corazón porque, como era Dios hecho hombre, sabe lo que hay en lo secreto.
El fruto de las personas es aquello que hacen las mismas y sobre lo que se puede saber su comportamiento según se haga. Por eso dice Jesús que es por los frutos por aquello que se conoce al ser humano. y, por eso, exactamente por eso, los lobos pueden tener piel de oveja para engañar a los fieles creyentes en Dios.
La bondad y la maldad están muy relacionada con lo que cada cual tiene en su corazón. El destino final, la vida eterna, depende, al fin y al cabo, de lo que cada cual haga en su vida.
JESÚS, la bondad del corazón de cada persona es fundamental para que Dios considere que se está cumpliendo su voluntad. Por eso nos dices que es muy importante actuar de forma correcta y de acuerdo a la misma. De otra forma no podremos ser considerados dignos hijos de Dios.
Eleuterio Fernández Guzmán
21 de junio de 2011
Entrar en la Vida Eterna
Mt 7,6.12-14
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran’”.
COMENTARIO
Los consejos que da Cristo son, a veces, bastante clarificadores acerca de la doctrina que debe seguir un discípulo suyo. La Verdad, al parecer, no puede caer en malas manos porque, seguramente, sólo serviría para hacerla de menos.
Jesús recomienda algo que siempre es útil y que puede sacar de muy malos momentos a las personas: haz lo que quieras que te hagan. De proceder siempre así muchos conflictos se evitarían y se daría al traste con malos momentos.
La Vida Eterna no tiene, por lo aquí dicho, la puerta muy ancha. Es decir, que no se entra de cualquiera manera. Hay que perder mucho de lo malo que nos adorna para poder entrar en el definitivo Reino de Dios; quitar, de nuestro corazón, lo que no puede gustar a Dios para presentarse ante Él.
JESÚS, querías, y quieres, que tus discípulos, sepan a qué atenerse y a qué parte de la realidad arrimarse para no quemarse con la falsa verdad del mundo. En la Vida Eterna bien sabes que se entra con el corazón limpio y, por eso mismo, muchos se alejan de ti.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran’”.
COMENTARIO
Los consejos que da Cristo son, a veces, bastante clarificadores acerca de la doctrina que debe seguir un discípulo suyo. La Verdad, al parecer, no puede caer en malas manos porque, seguramente, sólo serviría para hacerla de menos.
Jesús recomienda algo que siempre es útil y que puede sacar de muy malos momentos a las personas: haz lo que quieras que te hagan. De proceder siempre así muchos conflictos se evitarían y se daría al traste con malos momentos.
La Vida Eterna no tiene, por lo aquí dicho, la puerta muy ancha. Es decir, que no se entra de cualquiera manera. Hay que perder mucho de lo malo que nos adorna para poder entrar en el definitivo Reino de Dios; quitar, de nuestro corazón, lo que no puede gustar a Dios para presentarse ante Él.
JESÚS, querías, y quieres, que tus discípulos, sepan a qué atenerse y a qué parte de la realidad arrimarse para no quemarse con la falsa verdad del mundo. En la Vida Eterna bien sabes que se entra con el corazón limpio y, por eso mismo, muchos se alejan de ti.
Eleuterio Fernández Guzmán
19 de junio de 2011
Salvación eterna
Jn 3,16-18
“En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: ‘Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
COMENTARIO
Nicodemo era un discípulo de los que se dicen que eran secretos. Era un judío importante y, seguramente, no quería que se supiese que seguía a Jesús y que estaba de acuerdo con lo que decía.
Jesús pone en el conocimiento de Nicodemo algo muy importante: Dios tiene la intención de que el mundo se salve del abismo en el que ha caído y, por eso mismo, ha enviado a su Hijo. No juzgará sino que salvará.
Es necesario, obligado, creer. Es bien cierto que no se trata de ninguna imposición de Dios sino, en todo caso, una buena recomendación si es queremos que la vida eterna, para nosotros, sea posible. Es más, quien cree en Jesucristo se salvará y quien no crea tiene un juicio ya terminado.
JESÚS, sabes que lo mejor para tus hermanos en la fe y, en general, para todo ser humano creación de Dios, es la vida eterna. Pero no es fácil, digamos, alcanzarla porque algo tenemos que hacer y no podemos dejar nuestra fe escondida bajo el celemín. Nicodemo también le pregunta por eso y obtiene la respuesta más perfecta: creer es salvarse.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: ‘Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
COMENTARIO
Nicodemo era un discípulo de los que se dicen que eran secretos. Era un judío importante y, seguramente, no quería que se supiese que seguía a Jesús y que estaba de acuerdo con lo que decía.
Jesús pone en el conocimiento de Nicodemo algo muy importante: Dios tiene la intención de que el mundo se salve del abismo en el que ha caído y, por eso mismo, ha enviado a su Hijo. No juzgará sino que salvará.
Es necesario, obligado, creer. Es bien cierto que no se trata de ninguna imposición de Dios sino, en todo caso, una buena recomendación si es queremos que la vida eterna, para nosotros, sea posible. Es más, quien cree en Jesucristo se salvará y quien no crea tiene un juicio ya terminado.
JESÚS, sabes que lo mejor para tus hermanos en la fe y, en general, para todo ser humano creación de Dios, es la vida eterna. Pero no es fácil, digamos, alcanzarla porque algo tenemos que hacer y no podemos dejar nuestra fe escondida bajo el celemín. Nicodemo también le pregunta por eso y obtiene la respuesta más perfecta: creer es salvarse.
Eleuterio Fernández Guzmán
18 de junio de 2011
Lo que de verdad importa
Mt 6,24-34
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?
‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’".
COMENTARIO
En realidad por mucho que nosotros queramos hacer como que nuestra vida depende de nosotros, bien sabemos que es el Padre Dios quien la sostiene. Él la creó y él la mantiene.
Las preocupaciones que nos han de llevar por la vida no deberían ser las de nos sirven para sostener una vida perecedera en este valle de lágrimas sino aquello que nos lleva a la vida eterna y a desear el definitivo Reino de Dios por sobre todas las cosas materiales.
La justicia de Dios no es, precisamente, la humana. La del Padre se sostiene sobre el perdón y la misericordia y a ella tenemos que dirigirnos para llevar una vida acorde con la voluntad del Creador. Tal justicia, la divina, sobrenaturaliza nuestra vida y a ella debemos acogernos.
JESÚS, la búsqueda del definitivo Reino de Dios es una recomendación que nos haces. En realidad, tal es la meta que nunca deberíamos perder de vista porque es lo que, además, nos conviene. Todo lo demás, materia que perece y banalidades humanas no las tendríamos que tener en cuenta.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?
‘Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal’".
COMENTARIO
En realidad por mucho que nosotros queramos hacer como que nuestra vida depende de nosotros, bien sabemos que es el Padre Dios quien la sostiene. Él la creó y él la mantiene.
Las preocupaciones que nos han de llevar por la vida no deberían ser las de nos sirven para sostener una vida perecedera en este valle de lágrimas sino aquello que nos lleva a la vida eterna y a desear el definitivo Reino de Dios por sobre todas las cosas materiales.
La justicia de Dios no es, precisamente, la humana. La del Padre se sostiene sobre el perdón y la misericordia y a ella tenemos que dirigirnos para llevar una vida acorde con la voluntad del Creador. Tal justicia, la divina, sobrenaturaliza nuestra vida y a ella debemos acogernos.
JESÚS, la búsqueda del definitivo Reino de Dios es una recomendación que nos haces. En realidad, tal es la meta que nunca deberíamos perder de vista porque es lo que, además, nos conviene. Todo lo demás, materia que perece y banalidades humanas no las tendríamos que tener en cuenta.
Eleuterio Fernández Guzmán
17 de junio de 2011
Lo material y lo eterno
Mt 6,19-23
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
‘La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!’".
COMENTARIO
Las cosas del mundo pasan como pasa el mundo también. Por eso Jesús recomienda que no acentuemos nuestra existencia basándola, en exclusiva, en lo que muere.
Jesús nos dice que debemos abundar, en nuestro corazón, en lo que es bueno y benéfico para él: el amor, caridad, la entrega a los demás, el darse, el no querer acumular y sostenerse en el ser. Son los que Jesús llama “tesoros en el cielo”.
Muchas veces lo que vemos lo hacemos nuestro sin ir más allá. Jesús nos recomienda que miremos con ojos limpios al mundo, al prójimo, a quien nos rodea. Que tengamos el corazón limpio a base de ver con limpieza.
JESÚS, el poder que lo material puede tener sobre nosotros no es cosa de poca importancia sino, al contrario, algo decisivo en nuestra vida. Tú nos dices que lo que importa son, en todo caso, los bienes del cielo que son el Amor y la entrega a los demás y el perdón. Nosotros, muchas veces, no te escuchamos porque preferimos las cosas del mundo que podemos ver antes que las de la eternidad que sólo podemos imaginar.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
‘La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!’".
COMENTARIO
Las cosas del mundo pasan como pasa el mundo también. Por eso Jesús recomienda que no acentuemos nuestra existencia basándola, en exclusiva, en lo que muere.
Jesús nos dice que debemos abundar, en nuestro corazón, en lo que es bueno y benéfico para él: el amor, caridad, la entrega a los demás, el darse, el no querer acumular y sostenerse en el ser. Son los que Jesús llama “tesoros en el cielo”.
Muchas veces lo que vemos lo hacemos nuestro sin ir más allá. Jesús nos recomienda que miremos con ojos limpios al mundo, al prójimo, a quien nos rodea. Que tengamos el corazón limpio a base de ver con limpieza.
JESÚS, el poder que lo material puede tener sobre nosotros no es cosa de poca importancia sino, al contrario, algo decisivo en nuestra vida. Tú nos dices que lo que importa son, en todo caso, los bienes del cielo que son el Amor y la entrega a los demás y el perdón. Nosotros, muchas veces, no te escuchamos porque preferimos las cosas del mundo que podemos ver antes que las de la eternidad que sólo podemos imaginar.
Eleuterio Fernández Guzmán
16 de junio de 2011
Padre Nuestro, nuestro Padre
Mt 6,7-15
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’.
COMENTARIO
Los discípulos tenían un interés entendible en que el Maestro les enseñara a orar porque veían en Jesús a una persona que se relacionaba con Dios de una forma muy especial a través de la oración.
Jesús les enseña la oración que ha de ser principal para un discípulo suyo: el Padre Nuestro. A través de ella se le pide a Dios una serie de realidades espirituales que ningún hijo del Creador puede dejar de pedir.
Jesús les dice algo que es muy importante y que no es otra cosa que Dios ya sabe lo que necesitan. Es más, lo sabe mejor que ellos mismos porque ve en lo secreto del corazón. Sabe, así, lo que nos conviene y no lo que, a veces, creemos que nos conviene.
JESÚS, enseñaste a tus discípulos la oración más amada por ti. Pedir a Dios como hijos que se saben dependen de su Padre es la mejor forma de tener la filiación divina como algo muy importante para nosotros. Sin embargo, no siempre rezamos reconociendo, en nuestra vida, lo que supone lo que decimos.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.
‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’.
COMENTARIO
Los discípulos tenían un interés entendible en que el Maestro les enseñara a orar porque veían en Jesús a una persona que se relacionaba con Dios de una forma muy especial a través de la oración.
Jesús les enseña la oración que ha de ser principal para un discípulo suyo: el Padre Nuestro. A través de ella se le pide a Dios una serie de realidades espirituales que ningún hijo del Creador puede dejar de pedir.
Jesús les dice algo que es muy importante y que no es otra cosa que Dios ya sabe lo que necesitan. Es más, lo sabe mejor que ellos mismos porque ve en lo secreto del corazón. Sabe, así, lo que nos conviene y no lo que, a veces, creemos que nos conviene.
JESÚS, enseñaste a tus discípulos la oración más amada por ti. Pedir a Dios como hijos que se saben dependen de su Padre es la mejor forma de tener la filiación divina como algo muy importante para nosotros. Sin embargo, no siempre rezamos reconociendo, en nuestra vida, lo que supone lo que decimos.
Eleuterio Fernández Guzmán
15 de junio de 2011
Dios ve en lo secreto
Mt 6,1-6.16-18
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”
COMENTARIO
Que Dios ve en lo secreto es una verdad grande. Quien ha creado todo por fuerza ha de conocer todo y siempre. Por eso Jesús dice a los que le escuchan que han de saber, exactamente, qué hacen.
Dios ve cuando damos limosna. Por eso sabe cuál es nuestra intención y si, en realidad, lo hacemos por disimular o, como aquel que lo hacía para que lo vieran. Igual pasa con la oración que se ha de hacer en lo secreto del corazón y no a vista de los que pueden adularte.
Pero aún hay más porque Jesús sabe que ayunar puede ser un gran sacrificio que se siente como ofrenda a Dios o, simplemente, algo con lo que demostrar que, a lo mejor, crees haciéndolo. Tampoco, aquí, vale hacer como si… pero, en verdad, no sentirlo. Dios también sabe.
JESÚS, todos los consejos espirituales que dabas lo eran para tener una vida lo más cercana posible a Dios. Y sabiendo que ve, que ves, en lo secreto, nada mejor que no ocultar la verdad de las cosas aunque, muchas veces, nosotros no hacemos lo que nos corresponde.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”
COMENTARIO
Que Dios ve en lo secreto es una verdad grande. Quien ha creado todo por fuerza ha de conocer todo y siempre. Por eso Jesús dice a los que le escuchan que han de saber, exactamente, qué hacen.
Dios ve cuando damos limosna. Por eso sabe cuál es nuestra intención y si, en realidad, lo hacemos por disimular o, como aquel que lo hacía para que lo vieran. Igual pasa con la oración que se ha de hacer en lo secreto del corazón y no a vista de los que pueden adularte.
Pero aún hay más porque Jesús sabe que ayunar puede ser un gran sacrificio que se siente como ofrenda a Dios o, simplemente, algo con lo que demostrar que, a lo mejor, crees haciéndolo. Tampoco, aquí, vale hacer como si… pero, en verdad, no sentirlo. Dios también sabe.
JESÚS, todos los consejos espirituales que dabas lo eran para tener una vida lo más cercana posible a Dios. Y sabiendo que ve, que ves, en lo secreto, nada mejor que no ocultar la verdad de las cosas aunque, muchas veces, nosotros no hacemos lo que nos corresponde.
Eleuterio Fernández Guzmán
14 de junio de 2011
Amor sobre todas las cosas
Mt 5,43-48
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”.
COMENTARIO
La Ley de Dios no era, como otras veces puede leerse, como se había llegado a hacer ver que era. Muy al contrario era la voluntad de Dios que se manifestaba a favor del Amor y de la Misericordia.
Jesús sigue diciendo lo que debe ser y no lo que es. Amar es, como se sabe, el primer precepto de la Ley de Dios. Sin él nada se entiende ni, sobre todo, es posible conseguir. Fuera del amor no hay filiación divina.
Amar al prójimo. Eso es lo que, de verdad, quiere Jesús para nosotros. Pero, sobre todo, amar a quien te hace daño es lo importante porque amar a quien te quiera, ciertamente, tiene poco mérito. Tal amor extremo es lo que Dios quiere y es lo que predica Jesús.
JESÚS, el amor es lo que siempre manifestaste en tus relaciones con el prójimo. Perdonaste, incluso, a los que te mataban y por ellos pedías a tu Padre. Nosotros, sin embargo, en muchas ocasiones, no somos capaces de hacer lo que, en cambio, defendemos.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”.
COMENTARIO
La Ley de Dios no era, como otras veces puede leerse, como se había llegado a hacer ver que era. Muy al contrario era la voluntad de Dios que se manifestaba a favor del Amor y de la Misericordia.
Jesús sigue diciendo lo que debe ser y no lo que es. Amar es, como se sabe, el primer precepto de la Ley de Dios. Sin él nada se entiende ni, sobre todo, es posible conseguir. Fuera del amor no hay filiación divina.
Amar al prójimo. Eso es lo que, de verdad, quiere Jesús para nosotros. Pero, sobre todo, amar a quien te hace daño es lo importante porque amar a quien te quiera, ciertamente, tiene poco mérito. Tal amor extremo es lo que Dios quiere y es lo que predica Jesús.
JESÚS, el amor es lo que siempre manifestaste en tus relaciones con el prójimo. Perdonaste, incluso, a los que te mataban y por ellos pedías a tu Padre. Nosotros, sin embargo, en muchas ocasiones, no somos capaces de hacer lo que, en cambio, defendemos.
Eleuterio Fernández Guzmán
13 de junio de 2011
La Ley de Dios cumplida por Cristo
Mt 5,38-42
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda”.
COMENTARIO
La ley de Dios no suele coincidir, en muchos aspectos, con la que lo es humana. Es más, muchas veces tiene un sentido y una realidad muy, pero que muy distinta.
Jesús, Él mismo lo dijo, había venido a dar cumplimiento a la Ley de Dios. Eso sería porque en realidad no se cumplía. Y así en muchas ocasiones tiene que rectificar el sentido de lo que Dios quiere que se haga.
Saber perdonar, para un discípulo de Cristo, es algo que resulta del todo fundamental porque supone comprender el Amor de Dios; saber manifestar capacidad de comprensión hacia el prójimo no deja de ser ejemplo de que se tiene como importante la caridad para uno mismo y para con los demás.
JESÚS, por mucho que pudiera dolerle a los que te escuchaban, la Ley de Dios tenía que ser cumplida. Por eso les tienes, nos tienes, que decir que lo que hacemos aunque pudiera parecer de acuerdo con la voluntad de Dios está, las más de las veces, contra ella.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda”.
COMENTARIO
La ley de Dios no suele coincidir, en muchos aspectos, con la que lo es humana. Es más, muchas veces tiene un sentido y una realidad muy, pero que muy distinta.
Jesús, Él mismo lo dijo, había venido a dar cumplimiento a la Ley de Dios. Eso sería porque en realidad no se cumplía. Y así en muchas ocasiones tiene que rectificar el sentido de lo que Dios quiere que se haga.
Saber perdonar, para un discípulo de Cristo, es algo que resulta del todo fundamental porque supone comprender el Amor de Dios; saber manifestar capacidad de comprensión hacia el prójimo no deja de ser ejemplo de que se tiene como importante la caridad para uno mismo y para con los demás.
JESÚS, por mucho que pudiera dolerle a los que te escuchaban, la Ley de Dios tenía que ser cumplida. Por eso les tienes, nos tienes, que decir que lo que hacemos aunque pudiera parecer de acuerdo con la voluntad de Dios está, las más de las veces, contra ella.
Eleuterio Fernández Guzmán
12 de junio de 2011
Pentecostés
Jn 20,19-23
“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros’. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’.
COMENTARIO
Los discípulos más cercanos a Cristo tenían miedo. Habían visto lo que le habían hecho al Maestro y su reacción fue, humanamente, de esperar. Estaban escondidos pero Jesús, no por eso, los iba a dejar solos.
Cuando Jesús llega a ellos los saluda no con desprecio por el abandono en el que lo habían dejado sino, al contrario, con Amor y Misericordia. La paz les da para que la paz de Dios estuviera con ellos.
La efusión del Espíritu Santo sobre los presentes supuso un primer envío. Jesucristo los enviaba al mundo para transmitir la Buena Noticia y, con eso, para perdonar los pecados o retener los pecados. Como hicieran así quedará para siempre.
JESÚS, Tu misión continuaba y en los discípulos tenías, además de unos amigos a unas personas que tenían que continuar con tu labor de transmisión de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo los acompañaría para siempre y, en sus tribulaciones, podrían acogerse a Él. Nosotros también deberíamos escuchar sus mociones.
Eleuterio Fernández Guzmán
“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros’. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’.
COMENTARIO
Los discípulos más cercanos a Cristo tenían miedo. Habían visto lo que le habían hecho al Maestro y su reacción fue, humanamente, de esperar. Estaban escondidos pero Jesús, no por eso, los iba a dejar solos.
Cuando Jesús llega a ellos los saluda no con desprecio por el abandono en el que lo habían dejado sino, al contrario, con Amor y Misericordia. La paz les da para que la paz de Dios estuviera con ellos.
La efusión del Espíritu Santo sobre los presentes supuso un primer envío. Jesucristo los enviaba al mundo para transmitir la Buena Noticia y, con eso, para perdonar los pecados o retener los pecados. Como hicieran así quedará para siempre.
JESÚS, Tu misión continuaba y en los discípulos tenías, además de unos amigos a unas personas que tenían que continuar con tu labor de transmisión de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo los acompañaría para siempre y, en sus tribulaciones, podrían acogerse a Él. Nosotros también deberíamos escuchar sus mociones.
Eleuterio Fernández Guzmán
11 de junio de 2011
Todo lo que Jesús hizo
Jn 21,20-25
“En aquel tiempo, volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: ‘Señor, ¿quién es el que te va a entregar?’. Viéndole Pedro, dice a Jesús: ‘Señor, y éste, ¿qué?’. Jesús le respondió: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme’. Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: ‘No morirá’, sino: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga’.
Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.
COMENTARIO
Juan fue testigo privilegiado de muchas de las cosas que le pasó a Jesucristo. Llamado el discípulo amado por el especial amor que le tenía el Hijo de Dios, fue el que le preguntó quién iba a traicionar al Maestro.
Jesús insiste a Pedro para que le siga y que, en realidad, no se preocupe del amor que pueda tener el Hijo de Dios por otras personas. Importa, más bien, el amor que el propio Cefas pueda tener por aquellos que le rodean.
Jesús, diciendo aquello a Pedro, estaba insistiendo en que estaría con ellos siempre y que nos los iba a abandonar. Así, los apóstoles darán continuación a la doctrina de Cristo y llevarán, por el mundo, lo bueno y benéfico que hizo el Maestro.
JESÚS, tú quieres que todos nos salvemos. Por eso, insistes en que todos pueden permanecer contigo siempre que ellos quieran estar con el Hijo de Dios. Nosotros, sin embargo, somos muchas veces como Pedro y no comprendemos que tu Amor y tu misericordia no tienen límites.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: ‘Señor, ¿quién es el que te va a entregar?’. Viéndole Pedro, dice a Jesús: ‘Señor, y éste, ¿qué?’. Jesús le respondió: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme’. Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: ‘No morirá’, sino: ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga’.
Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.
COMENTARIO
Juan fue testigo privilegiado de muchas de las cosas que le pasó a Jesucristo. Llamado el discípulo amado por el especial amor que le tenía el Hijo de Dios, fue el que le preguntó quién iba a traicionar al Maestro.
Jesús insiste a Pedro para que le siga y que, en realidad, no se preocupe del amor que pueda tener el Hijo de Dios por otras personas. Importa, más bien, el amor que el propio Cefas pueda tener por aquellos que le rodean.
Jesús, diciendo aquello a Pedro, estaba insistiendo en que estaría con ellos siempre y que nos los iba a abandonar. Así, los apóstoles darán continuación a la doctrina de Cristo y llevarán, por el mundo, lo bueno y benéfico que hizo el Maestro.
JESÚS, tú quieres que todos nos salvemos. Por eso, insistes en que todos pueden permanecer contigo siempre que ellos quieran estar con el Hijo de Dios. Nosotros, sin embargo, somos muchas veces como Pedro y no comprendemos que tu Amor y tu misericordia no tienen límites.
Eleuterio Fernández Guzmán
10 de junio de 2011
Seguir a Cristo
Viernes, 10 de junio de 2011
Jn 21,15-19
“Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: ‘Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?’ Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis corderos’. Vuelve a decirle por segunda vez: ‘Simón de Juan, ¿me amas?’. Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas’.
Le dice por tercera vez: ‘Simón de Juan, ¿me quieres?’. Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ‘¿Me quieres?’ y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: ‘Sígueme’”.
COMENTARIO
Jesús tenía que restablecer, en el corazón de Pedro, la tranquilidad que había perdido con las negaciones. Seguramente cuando Cristo pasó ante el negador, aquel se sintió muy mal porque sabía que lo había traicionado.
El Hijo de Dios le pregunta tres veces, las mismas que lo negó, si lo quería. La respuesta sólo podía ser la que fue y, al final, la insistencia de Cristo, produjo una lógica tristeza en el primer Papa de la Iglesia fundada por Jesús.
Jesús, al igual que a otras personas, también dice a Pedro “Sígueme” porque sabía que había elegido bien a aquel que luego le traicionaría. Y Pedro lo siguió hasta dar su vida, como bien dijo el Maestro, por el Enviado de Dios.
JESÚS, entregaste a Pedro las llaves de tu Iglesia. Por eso tenías que hacerle aquellas preguntas que sanaron su corazón triste. A nosotros también nos conviene que nos las hagas pero no tres sino muchas más veces para que respondamos que sí, que te queremos para siempre.
Eleuterio Fernández Guzmán
Jn 21,15-19
“Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y comiendo con ellos, dice Jesús a Simón Pedro: ‘Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?’ Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis corderos’. Vuelve a decirle por segunda vez: ‘Simón de Juan, ¿me amas?’. Le dice él: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas’.
Le dice por tercera vez: ‘Simón de Juan, ¿me quieres?’. Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: ‘¿Me quieres?’ y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero’. Le dice Jesús: ‘Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: ‘Sígueme’”.
COMENTARIO
Jesús tenía que restablecer, en el corazón de Pedro, la tranquilidad que había perdido con las negaciones. Seguramente cuando Cristo pasó ante el negador, aquel se sintió muy mal porque sabía que lo había traicionado.
El Hijo de Dios le pregunta tres veces, las mismas que lo negó, si lo quería. La respuesta sólo podía ser la que fue y, al final, la insistencia de Cristo, produjo una lógica tristeza en el primer Papa de la Iglesia fundada por Jesús.
Jesús, al igual que a otras personas, también dice a Pedro “Sígueme” porque sabía que había elegido bien a aquel que luego le traicionaría. Y Pedro lo siguió hasta dar su vida, como bien dijo el Maestro, por el Enviado de Dios.
JESÚS, entregaste a Pedro las llaves de tu Iglesia. Por eso tenías que hacerle aquellas preguntas que sanaron su corazón triste. A nosotros también nos conviene que nos las hagas pero no tres sino muchas más veces para que respondamos que sí, que te queremos para siempre.
Eleuterio Fernández Guzmán
9 de junio de 2011
Ser uno con Cristo
Jn 17,20-26
“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
‘Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos’”.
COMENTARIO
Jesús pide al Padre por los que le había entregado. Sabe que tendrán que pasar por duras pruebas y al igual que Él se siente consolado por Dios también quiere tal consuelo para sus discípulos.
El Hijo de Dios espera que sus discípulos y aquellos que, a lo largo de los siglos, lo serán, sean uno con Él y con Dios. Aceptar la Ley de Dios es una forma de empezar a ser uno con el Padre.
Jesús, que en otra ocasión promete estar con nosotros siempre, hasta el fin del mundo, dice que seguirá dando a conocer el Nombre de Dios. Por eso el Emmanuel nunca nos dejará solos ante la tribulación.
JESÚS, quieres que seamos uno contigo y con el Padre. Por eso ruega por nosotros para que no olvidemos la misión que habías venido a cumplir. Ser uno con Dios y contigo ha de ser aceptar la voluntad de tu Padre y Padre nuestro, ser misericordiosos y cumplir los preceptos de Su Ley.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
‘Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos’”.
COMENTARIO
Jesús pide al Padre por los que le había entregado. Sabe que tendrán que pasar por duras pruebas y al igual que Él se siente consolado por Dios también quiere tal consuelo para sus discípulos.
El Hijo de Dios espera que sus discípulos y aquellos que, a lo largo de los siglos, lo serán, sean uno con Él y con Dios. Aceptar la Ley de Dios es una forma de empezar a ser uno con el Padre.
Jesús, que en otra ocasión promete estar con nosotros siempre, hasta el fin del mundo, dice que seguirá dando a conocer el Nombre de Dios. Por eso el Emmanuel nunca nos dejará solos ante la tribulación.
JESÚS, quieres que seamos uno contigo y con el Padre. Por eso ruega por nosotros para que no olvidemos la misión que habías venido a cumplir. Ser uno con Dios y contigo ha de ser aceptar la voluntad de tu Padre y Padre nuestro, ser misericordiosos y cumplir los preceptos de Su Ley.
Eleuterio Fernández Guzmán
8 de junio de 2011
No ser del mundo
Jn 17,11b-19
“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
‘Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad”.
COMENTARIO
Jesús se dirige al Padre porque sabe que va a volver a Él. El Hijo de Dios vino para cumplir la misión que le había sido encomendada: salvar a la humanidad de la perdición. Tales personas le fueron dadas por Dios.
Jesús sabe que el mundo odia y odiará a sus discípulos porque la doctrina del Único Santo no es del gusto del mundo y sus mundanidades. Por eso muchas veces les previene ante lo que tendrán que sufrir y de aquí que la Palabra de Dios les servirá de refugio en la tribulación.
Jesús envía a aquellos que han querido seguirlo. Serán los que transmitirán, a lo largo de los siglos, la Buena Noticia de que el Reino de Dios ha sido implantado y, sobre todo, que la salvación ha sido ganada al precio de la sangre de Cristo.
JESÚS, cuando te diriges al Padre-Dios-Creador lo haces a sabiendas de que te escucha y, por eso, le abres tu corazón que es tierno y de carne y no duro. Preservaste del mundo a los que Dios quiso que preservaras para que, libres de las ataduras del Maligno, se entregarán a la transmisión de tu Doctrina. Y así hasta hoy mismo y, luego, hasta siempre.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
‘Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad”.
COMENTARIO
Jesús se dirige al Padre porque sabe que va a volver a Él. El Hijo de Dios vino para cumplir la misión que le había sido encomendada: salvar a la humanidad de la perdición. Tales personas le fueron dadas por Dios.
Jesús sabe que el mundo odia y odiará a sus discípulos porque la doctrina del Único Santo no es del gusto del mundo y sus mundanidades. Por eso muchas veces les previene ante lo que tendrán que sufrir y de aquí que la Palabra de Dios les servirá de refugio en la tribulación.
Jesús envía a aquellos que han querido seguirlo. Serán los que transmitirán, a lo largo de los siglos, la Buena Noticia de que el Reino de Dios ha sido implantado y, sobre todo, que la salvación ha sido ganada al precio de la sangre de Cristo.
JESÚS, cuando te diriges al Padre-Dios-Creador lo haces a sabiendas de que te escucha y, por eso, le abres tu corazón que es tierno y de carne y no duro. Preservaste del mundo a los que Dios quiso que preservaras para que, libres de las ataduras del Maligno, se entregarán a la transmisión de tu Doctrina. Y así hasta hoy mismo y, luego, hasta siempre.
Eleuterio Fernández Guzmán
7 de junio de 2011
Somos de Dios
Jn 17,1-11a
"En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: ‘Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.
‘Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.
‘Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti”.
COMENTARIO
Jesús lo dice con toda claridad: la vida eterna es creer en Dios. Por lo tanto, conocer a Dios y aceptarlo como Padre es la manera, modo y forma más segura de saberse, ya, en su Reino.
Jesús entregó, a sus discípulos y, con ellos, a nosotros mismos, el pensamiento de Dios, su Palabra y su doctrina. Por eso creer en Dios ha de significar tener en cuenta su Ley.
Somos de Dios. Y por ser hijos suyos, no nos cabe otra que hacer su voluntad. No se trata de nada extraño ni que eso suponga someternos a Alguien sino, en todo caso, demostración de una filiación divina digna de ser llamada de tal forma.
JESÚS, quisiste que aquellos que te seguían comprendiesen que eras Dios hecho hombre y que te habían sido entregados todos los hombres para que los salvaras. Algunos hicieron caso a tus palabras pero otros no. A veces nosotros mismos miramos para otro lado porque no nos conviene lo que nos dices.
Eleuterio Fernández Guzmán
6 de junio de 2011
Saberse enviados por Cristo
Mt 28,16-20
“En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: ‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’”.
COMENTARIO
Jesús envía a sus discípulos a evangelizar. La Buena Noticia tiene que ser conocida por todo el universo de personas que, entonces, era conocido.
Había que hacer discípulos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Santísima Trinidad tenía que ser citada porque ahora el velo de la misma había sido destapado y el pueblo elegido de Dios sabía de la misma y de su realidad.
Jesús promete estar con nosotros hasta el fin del mundo o, lo que es lo mismo, hasta que Él vuelva a estar entre sus discípulos. La Parusía no sabemos el día que se manifestará y, por eso mismo, tenemos que estar preparados.
JESÚS, prometiste a sus discípulos estar con ellos, con nosotros, siempre. Eso debería ser suficiente como para que no siguiéramos disimulando como si Tú no estuvieses entre nosotros. Estás presente, estás vivo aunque, a veces, lo olvidemos.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: ‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’”.
COMENTARIO
Jesús envía a sus discípulos a evangelizar. La Buena Noticia tiene que ser conocida por todo el universo de personas que, entonces, era conocido.
Había que hacer discípulos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Santísima Trinidad tenía que ser citada porque ahora el velo de la misma había sido destapado y el pueblo elegido de Dios sabía de la misma y de su realidad.
Jesús promete estar con nosotros hasta el fin del mundo o, lo que es lo mismo, hasta que Él vuelva a estar entre sus discípulos. La Parusía no sabemos el día que se manifestará y, por eso mismo, tenemos que estar preparados.
JESÚS, prometiste a sus discípulos estar con ellos, con nosotros, siempre. Eso debería ser suficiente como para que no siguiéramos disimulando como si Tú no estuvieses entre nosotros. Estás presente, estás vivo aunque, a veces, lo olvidemos.
Eleuterio Fernández Guzmán
4 de junio de 2011
Pedir en nombre de Cristo
Jn 16,23-28
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre’".
COMENTARIO
Pedir a Dios lo que necesitamos, aún sin saber si cree oportuno que lo tengamos, es hacerlo de forma que nos escuche. Pero no podemos hacerlo de cualquier forma e invocando, sólo, nuestros particulares intereses.
Jesús sabe que Dios escucha lo que se pide en su nombre. Por eso dice que no hace falta que él ruegue al Padre porque es Dios mismo. sin embargo, deben pedir a través de Cristo que es el Hijo que Dios ama tanto.
Jesús lo dice con toda claridad: ha salido del Padre o, lo que es lo mismo, es el mismo Padre que ha venido en forma de hombre para salvarnos y alcanzarnos la vida eterna.
JESÚS, querías, más que nada, que tus discípulos comprendieran que eras el Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre. Por eso les pide que demanden, a Dios, en tu hombre porque que forma más directa de que el Creador escuche su/nuestra súplica.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre’".
COMENTARIO
Pedir a Dios lo que necesitamos, aún sin saber si cree oportuno que lo tengamos, es hacerlo de forma que nos escuche. Pero no podemos hacerlo de cualquier forma e invocando, sólo, nuestros particulares intereses.
Jesús sabe que Dios escucha lo que se pide en su nombre. Por eso dice que no hace falta que él ruegue al Padre porque es Dios mismo. sin embargo, deben pedir a través de Cristo que es el Hijo que Dios ama tanto.
Jesús lo dice con toda claridad: ha salido del Padre o, lo que es lo mismo, es el mismo Padre que ha venido en forma de hombre para salvarnos y alcanzarnos la vida eterna.
JESÚS, querías, más que nada, que tus discípulos comprendieran que eras el Hijo de Dios y Dios mismo hecho hombre. Por eso les pide que demanden, a Dios, en tu hombre porque que forma más directa de que el Creador escuche su/nuestra súplica.
Eleuterio Fernández Guzmán
3 de junio de 2011
Alegría y gozo por la Resurrección
Jn 16,20-23a
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada’.
COMENTARIO
Jesús les dice a sus discípulos que el mundo se alegraría de su muerte porque el mundo, según lo que Él decía no gustaba mucho de su doctrina porque ponía sobre la mesa la verdad. Es más, era la Verdad misma.
Jesús sabe que cuando volviera a ver a sus discípulos, tras la resurrección, mucho de lo que no habían entendido les quedaría claro como el agua limpia. Por eso la alegría que tendrá será, ya, para siempre, siempre, siempre.
El gozo por la resurrección, de la que vivimos los discípulos de Cristo, es propio de aquellos que creen en Dios y saben, a verdad cierta, que Su Hijo vino para no irse nunca, Por eso creer en Jesucristo es creer, a su vez, en el Creador.
JESUS, cuando resucitaste tus discípulos sabían que la alegría no les sería quieta ya nunca. Por eso les avisas de lo que tiene que pasar. Así manifiestas el don de profecía que es propio de aquellos que mucho ama Dios. Sí, además, Tú eres Dios hecho hombre es comprensible que luego supieran que todo era cierto y que habían sido salvados para siempre
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada’.
COMENTARIO
Jesús les dice a sus discípulos que el mundo se alegraría de su muerte porque el mundo, según lo que Él decía no gustaba mucho de su doctrina porque ponía sobre la mesa la verdad. Es más, era la Verdad misma.
Jesús sabe que cuando volviera a ver a sus discípulos, tras la resurrección, mucho de lo que no habían entendido les quedaría claro como el agua limpia. Por eso la alegría que tendrá será, ya, para siempre, siempre, siempre.
El gozo por la resurrección, de la que vivimos los discípulos de Cristo, es propio de aquellos que creen en Dios y saben, a verdad cierta, que Su Hijo vino para no irse nunca, Por eso creer en Jesucristo es creer, a su vez, en el Creador.
JESUS, cuando resucitaste tus discípulos sabían que la alegría no les sería quieta ya nunca. Por eso les avisas de lo que tiene que pasar. Así manifiestas el don de profecía que es propio de aquellos que mucho ama Dios. Sí, además, Tú eres Dios hecho hombre es comprensible que luego supieran que todo era cierto y que habían sido salvados para siempre
Eleuterio Fernández Guzmán
2 de junio de 2011
Resurrección
Jn 16,16-20
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: ‘¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?’. Y decían: ‘¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir’. Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo’".
COMENTARIO
Eran enigmáticas las palabras de Jesús sobre que le iban a dejar de ver para, pronto, volverlo a ver. Hablaba de la resurrección y aquello aún no estaba en los planes espirituales de sus discípulos.
Jesús sabe lo que va a pasar cuando muera. Dice que el mundo, lo mundano, lo pagano, se alegrará porque, en verdad, no querían oír lo que tantas veces les había dicho y que no era otra cosa que no iban por el buen camino hacia el definitivo reino de Dios.
Al contrario, sus discípulos se iban a alegrar mucho en cuanto lo volvieran a ver. Entonces iban a comprender que lo que tantas veces les había dicho era cierto y que ahora tenían una misión que cumplir y que no era otra que la de transmitir, al mundo, la doctrina santa de Dios.
JESÚS, aquellos que te seguían no entendían lo que era la resurrección porque no entraba en sus esquemas espirituales. Sin embargo, aquellos creyentes que sabemos lo que sucedió no podemos comprender sino que resucitaste para la vida eterna y para estar siempre con nosotros.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: ‘¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’?’. Y decían: ‘¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir’. Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?’. En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo’".
COMENTARIO
Eran enigmáticas las palabras de Jesús sobre que le iban a dejar de ver para, pronto, volverlo a ver. Hablaba de la resurrección y aquello aún no estaba en los planes espirituales de sus discípulos.
Jesús sabe lo que va a pasar cuando muera. Dice que el mundo, lo mundano, lo pagano, se alegrará porque, en verdad, no querían oír lo que tantas veces les había dicho y que no era otra cosa que no iban por el buen camino hacia el definitivo reino de Dios.
Al contrario, sus discípulos se iban a alegrar mucho en cuanto lo volvieran a ver. Entonces iban a comprender que lo que tantas veces les había dicho era cierto y que ahora tenían una misión que cumplir y que no era otra que la de transmitir, al mundo, la doctrina santa de Dios.
JESÚS, aquellos que te seguían no entendían lo que era la resurrección porque no entraba en sus esquemas espirituales. Sin embargo, aquellos creyentes que sabemos lo que sucedió no podemos comprender sino que resucitaste para la vida eterna y para estar siempre con nosotros.
Eleuterio Fernández Guzmán
1 de junio de 2011
Paráclito
Jn 16,12-15
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros’".
COMENTARIO
Bien sabía Jesús que para sus discípulos aquello que les estaba pasando les venía demasiado grande y que necesitaban mucho más tiempo para, siquiera, comprender algo de lo que les decía el Maestro.
Jesús tenía algo guardado en su corazón y que iba a venir muy bien a la humanidad: el Espíritu Santo que vino, cuando fue enviado por Él mismo, como dice el texto de San Juan, para guiarnos “en la verdad completa”.
El Espíritu Santo, por decirlo así, no va por libre sino que, muy al contrario, al formar parte de la Santísima Trinidad, lleva lo que es de Dios porque es Dios y recibe lo que es de Cristo porque es Cristo. Y vino para anunciar lo que es bueno para los hijos de Dios.
JESÚS, el Paráclito que enviaste fue enviado para cumplir una misión muy importante: guiar a los hijos de Dios. Sabiendo que procede del Padre y que Contigo y el Padre, recibe una misma adoración y gloria, sólo necesitamos escuchar sus mociones.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros’".
COMENTARIO
Bien sabía Jesús que para sus discípulos aquello que les estaba pasando les venía demasiado grande y que necesitaban mucho más tiempo para, siquiera, comprender algo de lo que les decía el Maestro.
Jesús tenía algo guardado en su corazón y que iba a venir muy bien a la humanidad: el Espíritu Santo que vino, cuando fue enviado por Él mismo, como dice el texto de San Juan, para guiarnos “en la verdad completa”.
El Espíritu Santo, por decirlo así, no va por libre sino que, muy al contrario, al formar parte de la Santísima Trinidad, lleva lo que es de Dios porque es Dios y recibe lo que es de Cristo porque es Cristo. Y vino para anunciar lo que es bueno para los hijos de Dios.
JESÚS, el Paráclito que enviaste fue enviado para cumplir una misión muy importante: guiar a los hijos de Dios. Sabiendo que procede del Padre y que Contigo y el Padre, recibe una misma adoración y gloria, sólo necesitamos escuchar sus mociones.
Eleuterio Fernández Guzmán
31 de mayo de 2011
Magnificat
Lc 1,39-56
“En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.
Y dijo María: ‘Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
COMENTARIO
María había atendido a lo que dijo Gabriel cuando le anunció lo que iba a ser de ella si es que aceptaba la propuesta que le hacía. Con su fiat permitió que la vida de la humanidad tomara el rumbo establecido por Dios.
La prima de María, Isabel, sabía sin saberlo quien se le acercaba. El Espíritu Santo, con sus mociones, le hizo expresar aquel “Bendita tú entre las mujeres” que ha pasado a la historia como inspiración suprema del Paráclito.
María proclama aquel Magnificat que contiene mucha verdad de la Verdad que Dios quería revelar al mundo. María dice aquello que el Creador quiere que sepamos y que por boca de quien aceptó ser su Madre nos llega con Amor.
JESÚS, tu Madre supo decir sí a Dios en el momento más oportuno. Quiso, también, acudir en ayuda y auxilio de Isabel, la madre de tu primo Juan y ser, así, imagen de quien se entrega sin esperar que se le diga nada. Tu Madre, que también es madre nuestra,
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’.
Y dijo María: ‘Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
COMENTARIO
María había atendido a lo que dijo Gabriel cuando le anunció lo que iba a ser de ella si es que aceptaba la propuesta que le hacía. Con su fiat permitió que la vida de la humanidad tomara el rumbo establecido por Dios.
La prima de María, Isabel, sabía sin saberlo quien se le acercaba. El Espíritu Santo, con sus mociones, le hizo expresar aquel “Bendita tú entre las mujeres” que ha pasado a la historia como inspiración suprema del Paráclito.
María proclama aquel Magnificat que contiene mucha verdad de la Verdad que Dios quería revelar al mundo. María dice aquello que el Creador quiere que sepamos y que por boca de quien aceptó ser su Madre nos llega con Amor.
JESÚS, tu Madre supo decir sí a Dios en el momento más oportuno. Quiso, también, acudir en ayuda y auxilio de Isabel, la madre de tu primo Juan y ser, así, imagen de quien se entrega sin esperar que se le diga nada. Tu Madre, que también es madre nuestra,
Eleuterio Fernández Guzmán
30 de mayo de 2011
Dar testimonio de Cristo
Jn 15,26—16,4
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho’.
COMENTARIO
El Espíritu Santo, el Paráclito que Jesús prometía a sus discípulos, iba a tener una labor muy importante que hacer en la vida de los hijos de Dios: enseñar a recorrer el camino que nos lleva al definitivo Reino de Dios.
Jesús les habla del testimonio que dará el Espíritu Santo pero no olvida el que deberán dar sus propios discípulos. No quiere, por eso, que lo tengan como a una persona que pasó por sus vidas sino que, al contrario, es Alguien que les impactó por lo dijo e hizo.
El futuro que les plantea Jesús no es nada edificante: serán perseguidos e, incluso, morirán teniendo que ver como aquellos que los matan creen que hacen bien o, peor, que lo hacen por Dios. Decirles eso, sin embargo, les debería reconfortar.
JESÚS, fuiste profeta y como profeta les hiciste ver, a tus discípulos, el final que muchos de ellos iban a tener. Hoy día, incluso hoy día, la situación de tus hermanos en la fe no es buena en determinados lugares del mundo. Sabían, sabemos, que Tú siempre estas con nosotros y eso nos conforta, sobre todo, en el momento de desesperación.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho’.
COMENTARIO
El Espíritu Santo, el Paráclito que Jesús prometía a sus discípulos, iba a tener una labor muy importante que hacer en la vida de los hijos de Dios: enseñar a recorrer el camino que nos lleva al definitivo Reino de Dios.
Jesús les habla del testimonio que dará el Espíritu Santo pero no olvida el que deberán dar sus propios discípulos. No quiere, por eso, que lo tengan como a una persona que pasó por sus vidas sino que, al contrario, es Alguien que les impactó por lo dijo e hizo.
El futuro que les plantea Jesús no es nada edificante: serán perseguidos e, incluso, morirán teniendo que ver como aquellos que los matan creen que hacen bien o, peor, que lo hacen por Dios. Decirles eso, sin embargo, les debería reconfortar.
JESÚS, fuiste profeta y como profeta les hiciste ver, a tus discípulos, el final que muchos de ellos iban a tener. Hoy día, incluso hoy día, la situación de tus hermanos en la fe no es buena en determinados lugares del mundo. Sabían, sabemos, que Tú siempre estas con nosotros y eso nos conforta, sobre todo, en el momento de desesperación.
Eleuterio Fernández Guzmán
29 de mayo de 2011
Cumplir la Ley de Dios
Jn 14,15-21
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él”.
COMENTARIO
Seguir a Cristo no puede querer decir, simplemente, hacer como que se cree en lo que hace y pone en práctica el Hijo de Dios. Tal forma de comportarse no puede estar de acuerdo con la voluntad del Padre.
Hace falta guardar, en nuestro corazón, lo que Jesús dijo e hizo y, luego, llevarlo a nuestra vida particular. Para ello tenemos las mociones del Espíritu Santo que, como dice Jesús, mora con nosotros, está con nosotros.
Amar a Cristo es, por eso mismo, ser hermano del Hijo de Dios y traer, a nuestra vida, los Mandamientos y las Bienaventuranzas que Jesús hizo cumplir y pronunció su vida pública. Sólo así podremos decir que somos hijo de Dios.
JESÚS, nos enviaste al Espíritu Santo para que nos acompañase hasta el fin del mundo y hasta que Tú regreses en la Parusía. No basta, sin embargo, con hacer como que te seguimos por Tú mide un seguimiento verdadero.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él”.
COMENTARIO
Seguir a Cristo no puede querer decir, simplemente, hacer como que se cree en lo que hace y pone en práctica el Hijo de Dios. Tal forma de comportarse no puede estar de acuerdo con la voluntad del Padre.
Hace falta guardar, en nuestro corazón, lo que Jesús dijo e hizo y, luego, llevarlo a nuestra vida particular. Para ello tenemos las mociones del Espíritu Santo que, como dice Jesús, mora con nosotros, está con nosotros.
Amar a Cristo es, por eso mismo, ser hermano del Hijo de Dios y traer, a nuestra vida, los Mandamientos y las Bienaventuranzas que Jesús hizo cumplir y pronunció su vida pública. Sólo así podremos decir que somos hijo de Dios.
JESÚS, nos enviaste al Espíritu Santo para que nos acompañase hasta el fin del mundo y hasta que Tú regreses en la Parusía. No basta, sin embargo, con hacer como que te seguimos por Tú mide un seguimiento verdadero.
Eleuterio Fernández Guzmán
28 de mayo de 2011
Perseguidos por amor a Cristo
Jn 15,18-21
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado’.
COMENTARIO
Nadie ha dicho que ser discípulo de Cristo sea fácil. Si alguien hay que piense así es que, en verdad, que no conoce lo que significa seguir a quien dio su vida por sus amigos. Hasta ahí llegó su entrega.
Jesús mismo dijo que no tenía, el Hijo del hombre, ni donde reclinar la cabeza. Eso suponía que suponía no poco sacrificio material seguirlo. Sin embargo, espiritualmente mucha ganancia había en seguir al Hijo de Dios.
Desconocer a Cristo y, por eso mismo, a Dios, es causa de lo que trae como consecuencia la persecución de sus hijos. El odio del mundo hacia los discípulos del Mesías es lo que dificulta la vida del hijo de Dios.
JESÚS, sabes que el odio del mundo hacia tus discípulos estaba previsto en el Plan de Dios. Por eso previenes a tus discípulos para que sepan que será así y para que perseveren en su fe. De tal manera es la vida del hijo de Dios que sabe que nada ha de temer por tener como Padre al Creador.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado’.
COMENTARIO
Nadie ha dicho que ser discípulo de Cristo sea fácil. Si alguien hay que piense así es que, en verdad, que no conoce lo que significa seguir a quien dio su vida por sus amigos. Hasta ahí llegó su entrega.
Jesús mismo dijo que no tenía, el Hijo del hombre, ni donde reclinar la cabeza. Eso suponía que suponía no poco sacrificio material seguirlo. Sin embargo, espiritualmente mucha ganancia había en seguir al Hijo de Dios.
Desconocer a Cristo y, por eso mismo, a Dios, es causa de lo que trae como consecuencia la persecución de sus hijos. El odio del mundo hacia los discípulos del Mesías es lo que dificulta la vida del hijo de Dios.
JESÚS, sabes que el odio del mundo hacia tus discípulos estaba previsto en el Plan de Dios. Por eso previenes a tus discípulos para que sepan que será así y para que perseveren en su fe. De tal manera es la vida del hijo de Dios que sabe que nada ha de temer por tener como Padre al Creador.
Eleuterio Fernández Guzmán
27 de mayo de 2011
Primero es el amor
Jn 15,12-17
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros".
COMENTARIO
El Amor no es un tema de poca importancia en la predicación de Jesús. Al contrario, es el que más destaca de entre todos los que le correspondió comunicar a sus contemporáneos y, desde entonces, a todos sus discípulos.
Dar la vida por aquellos que se ama es algo más que entregarse. Es, por decirlo así, expresar a la perfección lo que Dios quiere que hagamos con nuestra vida entregada por el Creador.
Tenemos que pedir a Dios. Pero no podemos hacerlo de cualquier forma. Jesús mismo nos dice la mejor de todas: hacerlo a través del Hijo de Dios es una garantía de que el Creador escuchará nuestra petición.
JESÚS, amar es un mandamiento importante. Tú bien lo sabías y, por eso mismo, trataste de que lo supieran tus discípulos. Nosotros, sin embargo, a veces olvidamos lo que es amar y miramos, sólo, por nuestro egoísta interés.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros".
COMENTARIO
El Amor no es un tema de poca importancia en la predicación de Jesús. Al contrario, es el que más destaca de entre todos los que le correspondió comunicar a sus contemporáneos y, desde entonces, a todos sus discípulos.
Dar la vida por aquellos que se ama es algo más que entregarse. Es, por decirlo así, expresar a la perfección lo que Dios quiere que hagamos con nuestra vida entregada por el Creador.
Tenemos que pedir a Dios. Pero no podemos hacerlo de cualquier forma. Jesús mismo nos dice la mejor de todas: hacerlo a través del Hijo de Dios es una garantía de que el Creador escuchará nuestra petición.
JESÚS, amar es un mandamiento importante. Tú bien lo sabías y, por eso mismo, trataste de que lo supieran tus discípulos. Nosotros, sin embargo, a veces olvidamos lo que es amar y miramos, sólo, por nuestro egoísta interés.
Eleuterio Fernández Guzmán
26 de mayo de 2011
Ser vid y ser sarmientos
Jn 15,1-8
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos’”.
COMENTARIO
Jesús, con su venida al mundo y a estar entre sus hermanos (todos somos creación de Dios) vino a salvarnos. Antes de eso tuvo que decir lo que le correspondía decir de forma que lo entendieran todas las generaciones.
Vid y sarmiento son elementos de la naturaleza creada por Dios. La vid es aquella de donde surge el vino, sangre de Cristo tras la transubstanciación; el sarmiento, una parte de la viña de la que vive y sin la cual no puede existir.
Permanecer con Jesús es garantía de vivir una Vida que ha de dar fruto gozoso de pertenencia a Dios y a su Reino. Sólo con Cristo somos capaces de generar la paz que el mundo necesita y sin la cual nada puede ser posible.
JESÚS, Tú eres la Viña y nosotros los sarmientos. Eso, que parece sencillo de entender no es tan fácil de llevar a cabo por parte de nosotros que, a veces, creemos que somos capaces de vivir sin ti, si tu aliento y sin tu Palabra. Eso, sin embargo, no es posible y deberíamos darnos cuenta de ello.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos’”.
COMENTARIO
Jesús, con su venida al mundo y a estar entre sus hermanos (todos somos creación de Dios) vino a salvarnos. Antes de eso tuvo que decir lo que le correspondía decir de forma que lo entendieran todas las generaciones.
Vid y sarmiento son elementos de la naturaleza creada por Dios. La vid es aquella de donde surge el vino, sangre de Cristo tras la transubstanciación; el sarmiento, una parte de la viña de la que vive y sin la cual no puede existir.
Permanecer con Jesús es garantía de vivir una Vida que ha de dar fruto gozoso de pertenencia a Dios y a su Reino. Sólo con Cristo somos capaces de generar la paz que el mundo necesita y sin la cual nada puede ser posible.
JESÚS, Tú eres la Viña y nosotros los sarmientos. Eso, que parece sencillo de entender no es tan fácil de llevar a cabo por parte de nosotros que, a veces, creemos que somos capaces de vivir sin ti, si tu aliento y sin tu Palabra. Eso, sin embargo, no es posible y deberíamos darnos cuenta de ello.
Eleuterio Fernández Guzmán
24 de mayo de 2011
Hacer según Dios quiere
Jn 14,27-31a
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado’”.
COMENTARIO
La paz que el mundo da suele ser falsa porque se refiere no a la propia paz sino a la que considera como buena para convivir dentro de la mundanidad. Tal paz no era la de Dios ni podía ser la de Cristo.
Jesús avisa a sus discípulos de lo que tiene que pasar. Es algo más que un don de profecía porque, en realidad, sabía a la perfección lo que iba a suceder y por eso les avisa para que sepan que todo lo que les había dicho era verdad. Es más, era la Verdad.
En realidad, cuando Jesucristo dice que obra según el Padre, su Padre, le ha ordenado, lo que quería darles a entender es que Él mismo era Dios hecho hombre y que, aunque en aquel entonces no llegasen a comprender lo que quería decir con eso, tras su resurrección lo tendrían más que claro: era el Mesías, quien tenía que venir, quien vino.
JESÚS, obrabas según te había dicho tu Padre, Dios mismo, que tenías que obrar. Los hechos extraordinarios son y la misma Ley que haces cumplir es lo que debías hacer y, en efecto, hiciste. A nosotros, a veces, nos falta creer, del todo
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado’”.
COMENTARIO
La paz que el mundo da suele ser falsa porque se refiere no a la propia paz sino a la que considera como buena para convivir dentro de la mundanidad. Tal paz no era la de Dios ni podía ser la de Cristo.
Jesús avisa a sus discípulos de lo que tiene que pasar. Es algo más que un don de profecía porque, en realidad, sabía a la perfección lo que iba a suceder y por eso les avisa para que sepan que todo lo que les había dicho era verdad. Es más, era la Verdad.
En realidad, cuando Jesucristo dice que obra según el Padre, su Padre, le ha ordenado, lo que quería darles a entender es que Él mismo era Dios hecho hombre y que, aunque en aquel entonces no llegasen a comprender lo que quería decir con eso, tras su resurrección lo tendrían más que claro: era el Mesías, quien tenía que venir, quien vino.
JESÚS, obrabas según te había dicho tu Padre, Dios mismo, que tenías que obrar. Los hechos extraordinarios son y la misma Ley que haces cumplir es lo que debías hacer y, en efecto, hiciste. A nosotros, a veces, nos falta creer, del todo
Eleuterio Fernández Guzmán
23 de mayo de 2011
Creer y cumplir
Jn 14,21-26
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él’. Le dice Judas, no el Iscariote: ‘Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?’. Jesús le respondió: ‘Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho’”.
COMENTARIO
Verdaderamente Jesucristo quería que aquellos que le escuchaban no se quedaran, sólo, en las palabras sino que diesen un paso al frente y fuesen, en verdad, sus discípulos.
Jesús vino a hacer cumplir la Ley de Dios. Los mandamientos que el pueblo elegido por el Creador había transmitido de generación en generación habían sido mal comprendidos o, simplemente, tergiversados.
El Hijo sabía que necesitaríamos que Alguien nos recordase aquello que debíamos hacer. El Espíritu Santo era, es, quien debía hacerse, en nuestro corazón, el templo donde habitar.
JESÚS, querías y quieres que te amemos. Pero el amor que pides no es uno que lo sea de boca o, lo que es lo mismo, sólo dicho pero no cumplido. La Ley de Dios es clara pero, a veces, miramos para otro lado como si sólo nos interesara lo nuestro, nuestras cosas y nuestros caprichos de hombres.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él’. Le dice Judas, no el Iscariote: ‘Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?’. Jesús le respondió: ‘Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho’”.
COMENTARIO
Verdaderamente Jesucristo quería que aquellos que le escuchaban no se quedaran, sólo, en las palabras sino que diesen un paso al frente y fuesen, en verdad, sus discípulos.
Jesús vino a hacer cumplir la Ley de Dios. Los mandamientos que el pueblo elegido por el Creador había transmitido de generación en generación habían sido mal comprendidos o, simplemente, tergiversados.
El Hijo sabía que necesitaríamos que Alguien nos recordase aquello que debíamos hacer. El Espíritu Santo era, es, quien debía hacerse, en nuestro corazón, el templo donde habitar.
JESÚS, querías y quieres que te amemos. Pero el amor que pides no es uno que lo sea de boca o, lo que es lo mismo, sólo dicho pero no cumplido. La Ley de Dios es clara pero, a veces, miramos para otro lado como si sólo nos interesara lo nuestro, nuestras cosas y nuestros caprichos de hombres.
Eleuterio Fernández Guzmán
21 de mayo de 2011
Creer en Cristo
Jn 14,7-14
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto’. Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.
‘Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré’.
COMENTARIO
Jesús se esforzó para que sus discípulos tuvieran conocimiento de que era el Hijo de Dios y que el Padre estaba en Él y Él en el Padre. Era, sobre todo, para que confiaran en su persona y que siguieran su doctrina que era la de Dios.
Tenían que creer a Jesucristo porque hacerlo así sería manifestar creencia en Dios mismo. Al menos debían creer por las obras que hacía porque sus corazones aún parecían no estar preparados para comprender lo que les estaba pasando.
Pedir a Dios por medio de Jesucristo era, Él mismo lo dice, un medio seguro de dirigirse al Padre. Es más, Jesús mismo hará lo que se le pida si es que, en verdad, nos conviene.
JESÚS, Dios está contigo y Tú con Dios. Por eso lo que hiciste en tu vida pública era el ejemplo a seguir por aquellos que te seguían y que querían que les enseñases. Nosotros, hoy día, queremos seguir tu camino pero solemos equivocarnos y pedir signos. Y ahí nos equivocamos como muchos de los que decían seguirte entonces.
Eleuterio Fernández Guzmán
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto’. Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta’. Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.
‘Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré’.
COMENTARIO
Jesús se esforzó para que sus discípulos tuvieran conocimiento de que era el Hijo de Dios y que el Padre estaba en Él y Él en el Padre. Era, sobre todo, para que confiaran en su persona y que siguieran su doctrina que era la de Dios.
Tenían que creer a Jesucristo porque hacerlo así sería manifestar creencia en Dios mismo. Al menos debían creer por las obras que hacía porque sus corazones aún parecían no estar preparados para comprender lo que les estaba pasando.
Pedir a Dios por medio de Jesucristo era, Él mismo lo dice, un medio seguro de dirigirse al Padre. Es más, Jesús mismo hará lo que se le pida si es que, en verdad, nos conviene.
JESÚS, Dios está contigo y Tú con Dios. Por eso lo que hiciste en tu vida pública era el ejemplo a seguir por aquellos que te seguían y que querían que les enseñases. Nosotros, hoy día, queremos seguir tu camino pero solemos equivocarnos y pedir signos. Y ahí nos equivocamos como muchos de los que decían seguirte entonces.
Eleuterio Fernández Guzmán
20 de mayo de 2011
Ir a Dios
Jn 14,1-6
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino’. Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’. Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí’.
COMENTARIO
Las palabras que Jesús dice cuando está conversando con sus discípulos son verdaderamente esperanzadoras y nos han de mover a sentirnos agradecidos a Dios por habernos enviado a su Hijo a salvarnos.
Jesús nos está preparando el lugar para que, cuando Dios quiera, subamos a la Casa del Padre. Y tiene que volver para tomarnos con él y llevarnos a gozar para siempre, siempre, siempre, de lo que es la eternidad misma.
El Camino, la Verdad y la Vida. Así es Jesucristo, que vino al mundo a mostrarnos hacia dónde ir, qué tener como fundamento de nuestra existencia y tenerlo a Él mismo como lo que nunca muere.
JESÚS, nos estás preparando, ya lo haces desde la eternidad misma, el lugar donde permanecer para siempre en la Casa de tu Padre. Mientras, nosotros, no estamos siempre contigo ni con la Palabra de Dios sino a nuestras cosas mundanas no haciendo caso a lo que, con claridad, dijiste: eres el Camino, la Verdad y la Vida.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino’. Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’. Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí’.
COMENTARIO
Las palabras que Jesús dice cuando está conversando con sus discípulos son verdaderamente esperanzadoras y nos han de mover a sentirnos agradecidos a Dios por habernos enviado a su Hijo a salvarnos.
Jesús nos está preparando el lugar para que, cuando Dios quiera, subamos a la Casa del Padre. Y tiene que volver para tomarnos con él y llevarnos a gozar para siempre, siempre, siempre, de lo que es la eternidad misma.
El Camino, la Verdad y la Vida. Así es Jesucristo, que vino al mundo a mostrarnos hacia dónde ir, qué tener como fundamento de nuestra existencia y tenerlo a Él mismo como lo que nunca muere.
JESÚS, nos estás preparando, ya lo haces desde la eternidad misma, el lugar donde permanecer para siempre en la Casa de tu Padre. Mientras, nosotros, no estamos siempre contigo ni con la Palabra de Dios sino a nuestras cosas mundanas no haciendo caso a lo que, con claridad, dijiste: eres el Camino, la Verdad y la Vida.
Eleuterio Fernández Guzmán
19 de mayo de 2011
Servir
Jn 13,16-20
“Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado’.
COMENTARIO
El evangelio del servicio es uno de los que Jesús vino a traer al mundo. Era tan importante que en la Última Cena hizo todo lo posible para que supieran que Él mismo lo ponía en práctica.
Jesús envía a sus discípulos a sabiendas de que, en efecto, son enviados del Hijo de Dios. Por lo tanto, si alguien los recibe será igual que si recibiera al mismo Jesucristo. Y, por tanto, quien sea consciente de que, acogiéndole a Él mismo acoge al Padre tendrá la vida eterna.
Algo muy importante dice Jesús: el siervo no puede ser más que su amo. Por eso lo mínimo que puede ser quien es discípulo de Cristo es trata de imitar su forma de vida porque, en efecto, nunca podrá ser más que el Maestro.
JESÚS, enseñaste a tus discípulos que era muy importante aprender a servir y, así, a ser el último de entre los presentes. También les enseñaste que los enviabas y que te recibirían a Ti si los recibían a ellos. Nosotros también deberíamos comprender que somos enviados tuyos y no cejar en el empeño de serlo.
Eleuterio Fernández Guzmán
“Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado’.
COMENTARIO
El evangelio del servicio es uno de los que Jesús vino a traer al mundo. Era tan importante que en la Última Cena hizo todo lo posible para que supieran que Él mismo lo ponía en práctica.
Jesús envía a sus discípulos a sabiendas de que, en efecto, son enviados del Hijo de Dios. Por lo tanto, si alguien los recibe será igual que si recibiera al mismo Jesucristo. Y, por tanto, quien sea consciente de que, acogiéndole a Él mismo acoge al Padre tendrá la vida eterna.
Algo muy importante dice Jesús: el siervo no puede ser más que su amo. Por eso lo mínimo que puede ser quien es discípulo de Cristo es trata de imitar su forma de vida porque, en efecto, nunca podrá ser más que el Maestro.
JESÚS, enseñaste a tus discípulos que era muy importante aprender a servir y, así, a ser el último de entre los presentes. También les enseñaste que los enviabas y que te recibirían a Ti si los recibían a ellos. Nosotros también deberíamos comprender que somos enviados tuyos y no cejar en el empeño de serlo.
Eleuterio Fernández Guzmán
18 de mayo de 2011
Creer en Dios
Jn 12,44-50
“En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: ‘El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí".
COMENTARIO
Jesús no vino para demostrar el poder de Dios sin ningún sentido más. Muy al contrario, tenía una misión que le encomendó su Padre y que era que nadie permaneciera en las tinieblas.
El Hijo de Dios proponía, ofrecía la Palabra de Dios para que fuese aceptada como la Verdad. Sin embargo, no obligaba, ni obliga, a que nadie la siga si tal no es el querer de su corazón. Da libertad para que se acepte… o no.
La finalidad principal de Cristo es mostrar la vida eterna para que sea amada y querida por los hijos de Dios. Que se acepte que es Dios hecho hombre y que se crea en su ministerio y en lo que tuvo que venir a hacer por el comportamiento de los hijos de Dios.
JESÚS, quien cree en ti cree en Dios que te envió. Tú tienes palabras de Vida eterna y tal vida es la que deberíamos querer alcanzar tus hermanos en la fe. Sin embargo, a veces, no queremos hacer esfuerzo alguno como, por ejemplo, amar y perdonar. Sólo gozamos sabiendo lo que nos espera pero poco hacemos al respecto.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: ‘El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí".
COMENTARIO
Jesús no vino para demostrar el poder de Dios sin ningún sentido más. Muy al contrario, tenía una misión que le encomendó su Padre y que era que nadie permaneciera en las tinieblas.
El Hijo de Dios proponía, ofrecía la Palabra de Dios para que fuese aceptada como la Verdad. Sin embargo, no obligaba, ni obliga, a que nadie la siga si tal no es el querer de su corazón. Da libertad para que se acepte… o no.
La finalidad principal de Cristo es mostrar la vida eterna para que sea amada y querida por los hijos de Dios. Que se acepte que es Dios hecho hombre y que se crea en su ministerio y en lo que tuvo que venir a hacer por el comportamiento de los hijos de Dios.
JESÚS, quien cree en ti cree en Dios que te envió. Tú tienes palabras de Vida eterna y tal vida es la que deberíamos querer alcanzar tus hermanos en la fe. Sin embargo, a veces, no queremos hacer esfuerzo alguno como, por ejemplo, amar y perdonar. Sólo gozamos sabiendo lo que nos espera pero poco hacemos al respecto.
Eleuterio Fernández Guzmán
17 de mayo de 2011
Jesús es Dios hecho hombre
Jn 10,22-30
“Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: ‘¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente’. Jesús les respondió: ‘Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno’.
COMENTARIO
Aquellos que acompañaban a Jesús querían saber, lógicamente, quién era porque, sin duda alguna, estaban maravillados de lo que decía y, sobre todo, de lo que hacía.
Bien les dice Jesús, también a nosotros, que aquellos que le preguntaban no eran sus ovejas. En realidad, sólo querían ve cosas extraordinarias y les importaba poco si era o no Hijo de Dios y lo que eso suponía.
Decir “Yo el Padre somos uno” quería decir que Jesús era Dios hecho hombre. Por eso les dice que debían creer en Él al menos por lo que hacía porque, según es de creer, poco llegaba a su corazón de lo que les decía.
JESÚS, lo que hacías en nombre de Tu Padre era la prueba que más podían entender aquellos que vivieron contigo. Sin embargo, a veces ni siquiera eso les bastaba. Estaban convencidos que el reino que Tú proponías no les convenía porque no era de guerra sino de amor y de misericordia.
Eleuterio Fernández Guzmán
“Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: ‘¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente’. Jesús les respondió: ‘Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno’.
COMENTARIO
Aquellos que acompañaban a Jesús querían saber, lógicamente, quién era porque, sin duda alguna, estaban maravillados de lo que decía y, sobre todo, de lo que hacía.
Bien les dice Jesús, también a nosotros, que aquellos que le preguntaban no eran sus ovejas. En realidad, sólo querían ve cosas extraordinarias y les importaba poco si era o no Hijo de Dios y lo que eso suponía.
Decir “Yo el Padre somos uno” quería decir que Jesús era Dios hecho hombre. Por eso les dice que debían creer en Él al menos por lo que hacía porque, según es de creer, poco llegaba a su corazón de lo que les decía.
JESÚS, lo que hacías en nombre de Tu Padre era la prueba que más podían entender aquellos que vivieron contigo. Sin embargo, a veces ni siquiera eso les bastaba. Estaban convencidos que el reino que Tú proponías no les convenía porque no era de guerra sino de amor y de misericordia.
Eleuterio Fernández Guzmán
16 de mayo de 2011
Dar la vida
Jn 10,11-18
“En aquel tiempo, Jesús habló así: ‘Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.
También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre’.
COMENTARIO
Jesús dice algo que es muy importante y que, seguramente, aquellos que le escuchaban no le entendían: daba su vida por las ovejas, por aquellas personas que le había entregado Dios para que cuidara.
Jesucristo da su vida de forma voluntaria. Por eso dice que, en verdad, nadie le quita algo que es suyo sino que Él mismo lo entrega para cumplir la voluntad de su Padre.
Jesús cumple, por eso mismo, con la fidelidad que todo hijo debe a Quien lo trae al mundo. Por eso el Hijo de Dios sabe que volverá a recuperar la vida, para ser eterna, mediando la resurrección de entre los muertos.
JESÚS, te sabes Pastor porque Dios te entregó un rebaño que debes cuidar. No se debe perder ninguna oveja aunque, a veces, alguna de ellas prefiere vivir lejos de Ti ignorando lo que eso significa. Por aquellas ovejas, por nosotros mismos, te entregas al Mal y, así, nos salvas.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús habló así: ‘Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.
También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre’.
COMENTARIO
Jesús dice algo que es muy importante y que, seguramente, aquellos que le escuchaban no le entendían: daba su vida por las ovejas, por aquellas personas que le había entregado Dios para que cuidara.
Jesucristo da su vida de forma voluntaria. Por eso dice que, en verdad, nadie le quita algo que es suyo sino que Él mismo lo entrega para cumplir la voluntad de su Padre.
Jesús cumple, por eso mismo, con la fidelidad que todo hijo debe a Quien lo trae al mundo. Por eso el Hijo de Dios sabe que volverá a recuperar la vida, para ser eterna, mediando la resurrección de entre los muertos.
JESÚS, te sabes Pastor porque Dios te entregó un rebaño que debes cuidar. No se debe perder ninguna oveja aunque, a veces, alguna de ellas prefiere vivir lejos de Ti ignorando lo que eso significa. Por aquellas ovejas, por nosotros mismos, te entregas al Mal y, así, nos salvas.
Eleuterio Fernández Guzmán
15 de mayo de 2011
El Buen y mejor Pastor
Jn 10,1-10
“En aquel tiempo, dijo Jesús: ‘En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños’.
Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: ‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’.
COMENTARIO
Al reino de Dios se llega a través de Jesucristo. Es por eso que seguir al Hijo de Dios es garantía de entrar en el definitivo del Creador.
Aquellos que vienen en nombre de Cristo y robar a sus discípulos y llevarlos por el camino de la perdición son como los que quieren quedarse con los rebaños ajenos por codicia o por la razón que sea.
Jesús fue enviado por Dios para que la salvación de la descendencia del Creador tuviera una posibilidad de salvarse del fuego eterno. Así, se entregó por nosotros y por tal razón sólo Él es la puerta que nos permite entrar en la eternidad.
JESÚS, eres la Verdad y, también, eres el Camino para llegar al definitivo reino de Dios. Por eso insistían en que comprendiesen que tenían que seguirte con todas las consecuencias. Y así, siglos después, seguimos haciendo lo mismo.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, dijo Jesús: ‘En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños’.
Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: ‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’.
COMENTARIO
Al reino de Dios se llega a través de Jesucristo. Es por eso que seguir al Hijo de Dios es garantía de entrar en el definitivo del Creador.
Aquellos que vienen en nombre de Cristo y robar a sus discípulos y llevarlos por el camino de la perdición son como los que quieren quedarse con los rebaños ajenos por codicia o por la razón que sea.
Jesús fue enviado por Dios para que la salvación de la descendencia del Creador tuviera una posibilidad de salvarse del fuego eterno. Así, se entregó por nosotros y por tal razón sólo Él es la puerta que nos permite entrar en la eternidad.
JESÚS, eres la Verdad y, también, eres el Camino para llegar al definitivo reino de Dios. Por eso insistían en que comprendiesen que tenían que seguirte con todas las consecuencias. Y así, siglos después, seguimos haciendo lo mismo.
Eleuterio Fernández Guzmán
14 de mayo de 2011
Amor
Jn 15,9-17
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
‘Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
‘No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’.
COMENTARIO
Dios lo es de Misericordia y de Amor por sobre todas los comportamientos. Por eso Jesús trajo el verdadero ser del Creador y, por eso mismo, trata de que sus discípulos comprendan que han de cambiar el corazón.
No llama siervos a sus amigos porque el siervo ha de obedecer por obligación a su amo y los hijos de Dios tenemos la libertad de escoger lo que queramos escoger aún a sabiendas de que podemos equivocarnos y con la seguridad que el Creador, incluso alejándonos de Él, siempre nos estará esperando.
Dios nos escoge a cada uno de nosotros y nos envía para que hagamos todo lo que podamos por su reino y por lo que supone su reino: Amor y Misericordia con el prójimo.
JESÚS, fuiste Amor porque eras Dios hecho hombre. Eres Amor porque eres Dios hecho hombre. Nosotros, en cambio y en determinadas ocasiones, te rechazamos y no queremos comprometernos con tu Reino porque no nos conviene. Y eso te debe doler tanto…
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
‘Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
‘No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’.
COMENTARIO
Dios lo es de Misericordia y de Amor por sobre todas los comportamientos. Por eso Jesús trajo el verdadero ser del Creador y, por eso mismo, trata de que sus discípulos comprendan que han de cambiar el corazón.
No llama siervos a sus amigos porque el siervo ha de obedecer por obligación a su amo y los hijos de Dios tenemos la libertad de escoger lo que queramos escoger aún a sabiendas de que podemos equivocarnos y con la seguridad que el Creador, incluso alejándonos de Él, siempre nos estará esperando.
Dios nos escoge a cada uno de nosotros y nos envía para que hagamos todo lo que podamos por su reino y por lo que supone su reino: Amor y Misericordia con el prójimo.
JESÚS, fuiste Amor porque eras Dios hecho hombre. Eres Amor porque eres Dios hecho hombre. Nosotros, en cambio y en determinadas ocasiones, te rechazamos y no queremos comprometernos con tu Reino porque no nos conviene. Y eso te debe doler tanto…
Eleuterio Fernández Guzmán
13 de mayo de 2011
Cuerpo y sangre de Cristo
Jn 15,1-8
“En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm."
COMENTARIO
Ciertamente era difícil que los contemporáneos de Jesús comprendiesen lo que decía al respecto de comer su cuerpo y beber su sangre. Aún no eran conscientes del gran cambio que introduciría el Hijo de Dios en la Última Cena.
Comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre era, es, como aceptar la divinidad del hijo del carpintero José y reconocerlo como Dios mismo hecho hombre.
El pan que da Cristo no es como el maná que desaparecía cada día para alimentar al pueblo elegido por Dios en su caminar hacia la tierra prometida sino que es para siempre, siempre, siempre y, por eso mismo, tiene que ser aceptado como alimento para la eternidad.
JESÚS, eres el alimento que nos lleva a la vida eterna. Aquellos que te escucharon entendían lo que les decías de forma un tanto irregular y pensaban que, a lo mejor, querías que te comieran físicamente. No entendieron que en el pan y en el vino estaban tu cuerpo y tu sangre y que a través de tales especies entrábamos en la vida eterna estando aquí mismo.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm."
COMENTARIO
Ciertamente era difícil que los contemporáneos de Jesús comprendiesen lo que decía al respecto de comer su cuerpo y beber su sangre. Aún no eran conscientes del gran cambio que introduciría el Hijo de Dios en la Última Cena.
Comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre era, es, como aceptar la divinidad del hijo del carpintero José y reconocerlo como Dios mismo hecho hombre.
El pan que da Cristo no es como el maná que desaparecía cada día para alimentar al pueblo elegido por Dios en su caminar hacia la tierra prometida sino que es para siempre, siempre, siempre y, por eso mismo, tiene que ser aceptado como alimento para la eternidad.
JESÚS, eres el alimento que nos lleva a la vida eterna. Aquellos que te escucharon entendían lo que les decías de forma un tanto irregular y pensaban que, a lo mejor, querías que te comieran físicamente. No entendieron que en el pan y en el vino estaban tu cuerpo y tu sangre y que a través de tales especies entrábamos en la vida eterna estando aquí mismo.
Eleuterio Fernández Guzmán
11 de mayo de 2011
Por voluntad de Dios
Jn 6,44-51
“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’.
COMENTARIO
Esto dicho por Jesús tiene un sentido plenamente escatológico porque se refiere a lo porvenir, a los denominados novísimos. Por voluntad de Dios seremos enseñados por el Creador.
Todo hay que hacerlo en un sentido claro que es el que Jesucristo vino a traer al mundo.
Necesitamos creer para tener la vida eterna y tal vida se deriva, precisamente, de comer el pan que no muere nunca.
Jesús es, como dice Él mismo, el pan vivo que ha bajado del cielo. Sólo comiendo de tal pan podemos vivir para siempre y, por eso mismo, Jesús se ofrece como alimento y se da por nosotros.
JESÚS, quisiste que todos se salvaran, que todos nos salvemos. Para que pueda suceder tal cosa te ofreciste, te ofreces, como alimento. Pero, a veces, no comprendemos que eres Tú, que es Dios, quien escoge a quien quiere para atraerlo hacia Él.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’.
COMENTARIO
Esto dicho por Jesús tiene un sentido plenamente escatológico porque se refiere a lo porvenir, a los denominados novísimos. Por voluntad de Dios seremos enseñados por el Creador.
Todo hay que hacerlo en un sentido claro que es el que Jesucristo vino a traer al mundo.
Necesitamos creer para tener la vida eterna y tal vida se deriva, precisamente, de comer el pan que no muere nunca.
Jesús es, como dice Él mismo, el pan vivo que ha bajado del cielo. Sólo comiendo de tal pan podemos vivir para siempre y, por eso mismo, Jesús se ofrece como alimento y se da por nosotros.
JESÚS, quisiste que todos se salvaran, que todos nos salvemos. Para que pueda suceder tal cosa te ofreciste, te ofreces, como alimento. Pero, a veces, no comprendemos que eres Tú, que es Dios, quien escoge a quien quiere para atraerlo hacia Él.
Eleuterio Fernández Guzmán
Hacer la voluntad de Dios
Jn 6,35-40
“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día’.
COMENTARIO
El alimento verdadero, el que no perece y sirve para hasta la vida eterna es Cristo mismo. Es Él el verdadero pan de vida que no muere nunca y alimenta para siempre, siempre, siempre. Pero también es verdadera bebida.
Si viéndolo no creían algunos… ¿Qué podía esperar Cristo de aquellas personas? Decirles lo que tenían que saber: venía del Padre y quien lo veía a Él, aceptando lo que decía y llevándolo a la práctica, aceptaba, también, a Dios.
La resurrección en el último día es promesa firme de Jesús. Se hace necesario, de todas formas, creer en Él que es la condición sin la cual nada del resto vale ni sirve: o se cree en Cristo o se abandona a Dios.
JESÚS, querías que conocieran hasta qué punto era importante creer en ti porque tú hacías la voluntad de Dios y, entonces, aceptarte a ti era aceptar al Padre. Muchos no comprendieron aquello que les decías y hoy día también, a veces, miramos para otro lado cuando nos llamas a seguirte.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día’.
COMENTARIO
El alimento verdadero, el que no perece y sirve para hasta la vida eterna es Cristo mismo. Es Él el verdadero pan de vida que no muere nunca y alimenta para siempre, siempre, siempre. Pero también es verdadera bebida.
Si viéndolo no creían algunos… ¿Qué podía esperar Cristo de aquellas personas? Decirles lo que tenían que saber: venía del Padre y quien lo veía a Él, aceptando lo que decía y llevándolo a la práctica, aceptaba, también, a Dios.
La resurrección en el último día es promesa firme de Jesús. Se hace necesario, de todas formas, creer en Él que es la condición sin la cual nada del resto vale ni sirve: o se cree en Cristo o se abandona a Dios.
JESÚS, querías que conocieran hasta qué punto era importante creer en ti porque tú hacías la voluntad de Dios y, entonces, aceptarte a ti era aceptar al Padre. Muchos no comprendieron aquello que les decías y hoy día también, a veces, miramos para otro lado cuando nos llamas a seguirte.
Eleuterio Fernández Guzmán
10 de mayo de 2011
Pan de Vida
Jn 6,30-35
“En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed’.
COMENTARIO
El pueblo elegido por Dios, a lo largo de su historia, necesitó muchas señales del poder del Creador. Por muchas que el mismo hiciera, al parecer, no se sentían cercanos a Él. Eso mismo es lo que le piden a Jesucristo. Necesitan ver para creer.
Se refiere a Él mismo cuando dice “el pan de dios es el que baja del cielo” porque Jesucristo es la verdadera comida que lleva a la vida eterna. Por eso Jesús les dice que se deberían venir a su persona y por eso se entrega como alimento para la eternidad.
Hace falta creer en Él. No se trata de un comportamiento alienante o que quita libertad sino que, al contrario, da la libertad que es buena y benéfica para nuestra alma y para nuestra vida de aquí, en este valle de lágrimas y, sobre todo, para la vida eterna, que dura siempre, siempre, siempre.
JESÚS, querías que se salvasen todos aquellos que te escuchaban. Por eso les dices que Tú eres la salvación y que ir a ti y tenerte en sus corazones es necesario para alcanzar la vida eterna. Muchos no te creyeron pero otros sí. Nosotros queremos ser de los que te aman, entienden y quieren.
Eleuterio Fernández Guzmán
“En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed’.
COMENTARIO
El pueblo elegido por Dios, a lo largo de su historia, necesitó muchas señales del poder del Creador. Por muchas que el mismo hiciera, al parecer, no se sentían cercanos a Él. Eso mismo es lo que le piden a Jesucristo. Necesitan ver para creer.
Se refiere a Él mismo cuando dice “el pan de dios es el que baja del cielo” porque Jesucristo es la verdadera comida que lleva a la vida eterna. Por eso Jesús les dice que se deberían venir a su persona y por eso se entrega como alimento para la eternidad.
Hace falta creer en Él. No se trata de un comportamiento alienante o que quita libertad sino que, al contrario, da la libertad que es buena y benéfica para nuestra alma y para nuestra vida de aquí, en este valle de lágrimas y, sobre todo, para la vida eterna, que dura siempre, siempre, siempre.
JESÚS, querías que se salvasen todos aquellos que te escuchaban. Por eso les dices que Tú eres la salvación y que ir a ti y tenerte en sus corazones es necesario para alcanzar la vida eterna. Muchos no te creyeron pero otros sí. Nosotros queremos ser de los que te aman, entienden y quieren.
Eleuterio Fernández Guzmán
9 de mayo de 2011
No importa lo terreno y perecedero
Jn 6,22-29
“Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?. Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello’. Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?’. Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado’.
COMENTARIO
Jesús conocía muy bien el comportamiento de muchos de los que le seguían. Estaban admirado por lo que había hecho con unos panes y unos peces y esperaban, seguramente, volver a ver otro hecho extraordinario.
El Hijo de Dios sabe, y por eso se lo dice a aquellos que pueden oírlo, que hay algo que importa más que la misma comida. En el desierto ya tuvo que decirla al Demonio que no sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios. Y eso es lo que quiere decirles.
La voluntad de Dios es, en efecto, no que estemos a lo que aquí muere con la materia sino a lo que, verdaderamente importa que no es otra realidad que aquello que es espiritual y que mira hacia el Creador. Eso no muere ni morirá nunca.
JESÚS, aquellos que te seguían querían ver en ti a un gran hombre que hacía cosas que ellos no habían visto nunca. No entendían que lo que importaba no era lo que hacías sino la razón de por qué lo hacías. Ellos suspiraban por la materia mientras que tú les enseñabas que había otro alimento que importa más y que no perecía nunca.
Eleuterio Fernández Guzmán
“Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?. Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello’. Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?’. Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado’.
COMENTARIO
Jesús conocía muy bien el comportamiento de muchos de los que le seguían. Estaban admirado por lo que había hecho con unos panes y unos peces y esperaban, seguramente, volver a ver otro hecho extraordinario.
El Hijo de Dios sabe, y por eso se lo dice a aquellos que pueden oírlo, que hay algo que importa más que la misma comida. En el desierto ya tuvo que decirla al Demonio que no sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios. Y eso es lo que quiere decirles.
La voluntad de Dios es, en efecto, no que estemos a lo que aquí muere con la materia sino a lo que, verdaderamente importa que no es otra realidad que aquello que es espiritual y que mira hacia el Creador. Eso no muere ni morirá nunca.
JESÚS, aquellos que te seguían querían ver en ti a un gran hombre que hacía cosas que ellos no habían visto nunca. No entendían que lo que importaba no era lo que hacías sino la razón de por qué lo hacías. Ellos suspiraban por la materia mientras que tú les enseñabas que había otro alimento que importa más y que no perecía nunca.
Eleuterio Fernández Guzmán
8 de mayo de 2011
Al partir el pan
Lc 24,13-35
“Aquel mismo día, el domingo, iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.
Él les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’. Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado, Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’. Él les dijo: ‘¿Qué cosas?’. Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron’.
Él les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’. Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado’.
Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’. Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
COMENTARIO
“Quédate con nosotros” le dicen aquellos discípulos de Emaús a Jesús. Se habían alejado de Jerusalén porque no habían comprendido lo que tantas veces les había dicho el Hijo de Dios: moriría a manos del mal y, luego, resucitaría.
Aquellos hombres tenían velados los ojos. Es decir, no podían reconocer a Jesús. Lo reconocieron en cuanto partió el pan porque, seguramente, muchas otras veces lo habrían visto partirlo, dar gracias a Dios y, acto seguido, repartirlo entre los presentes. Entonces lo reconocen... al partir el pan.
No pueden callarse lo que les había sucedido. Enseguida vuelven a Jerusalén a contar que habían visto al Señor y que lo habían reconocido al partir el pan. Entonces se dieron cuenta que, cuando el Maestro les contaba acerca de Él en las Sagradas Escrituras, su corazón ardía. Pero sólo entonces.
JESÚS, tenías que hacerte presente entre tus discípulos para que no olvidasen lo que tantas veces les habías dicho. No te reconocieron hasta que partiste el pan y lo repartiste entre los presentes. Entonces les ardió el alma. Quédate con nosotros... eso te dijeron. Al igual que nosotros... también queremos que te quedes, siempre, en nuestra compañía.
Eleuterio Fernández Guzmán
“Aquel mismo día, el domingo, iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.
Él les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’. Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado, Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’. Él les dijo: ‘¿Qué cosas?’. Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron’.
Él les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’. Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado’.
Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’. Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
COMENTARIO
“Quédate con nosotros” le dicen aquellos discípulos de Emaús a Jesús. Se habían alejado de Jerusalén porque no habían comprendido lo que tantas veces les había dicho el Hijo de Dios: moriría a manos del mal y, luego, resucitaría.
Aquellos hombres tenían velados los ojos. Es decir, no podían reconocer a Jesús. Lo reconocieron en cuanto partió el pan porque, seguramente, muchas otras veces lo habrían visto partirlo, dar gracias a Dios y, acto seguido, repartirlo entre los presentes. Entonces lo reconocen... al partir el pan.
No pueden callarse lo que les había sucedido. Enseguida vuelven a Jerusalén a contar que habían visto al Señor y que lo habían reconocido al partir el pan. Entonces se dieron cuenta que, cuando el Maestro les contaba acerca de Él en las Sagradas Escrituras, su corazón ardía. Pero sólo entonces.
JESÚS, tenías que hacerte presente entre tus discípulos para que no olvidasen lo que tantas veces les habías dicho. No te reconocieron hasta que partiste el pan y lo repartiste entre los presentes. Entonces les ardió el alma. Quédate con nosotros... eso te dijeron. Al igual que nosotros... también queremos que te quedes, siempre, en nuestra compañía.
Eleuterio Fernández Guzmán
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