7 de abril de 2018

Sábado, 7 de abril de 2018 - No creer en la Verdad



Mc 16,9-15

Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación’”.


COMENTARIO

María Magdalena debía sentir mucho amor por Aquel que le había librado del demonio. Por eso no duda en cumplir aquello que le dijera el Resucitado. Acude donde están los otros que, por miedo, están escondidos. Les transmite la noticia.

Había muchos, seguramente todos, que no creían lo que les estaba diciendo aquella mujer. La tenían por nerviosa y alterada por todo lo que ella misma había vivido con la intervención del Maestro en su vida y ahora, ahora mismo, con la muerte de su Salvador.

Pero Jesús, cuando se les aparece, hace algo que ha sido fundamental para el devenir del mundo y de la humanidad entera: los envía a predicar, a transmitir la Buena Noticia de que el Reino de Dios se había confirmado.






JESÚS, ayúdanos a  no ser incrédulos.

Eleuterio Fernández Guzmán


6 de abril de 2018

Reconocer a Cristo

Jn 21,3-14

Simón Pedro les dice: ‘Voy a pescar’. Le contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo’. Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: ‘Muchachos, ¿no tenéis pescado?’. Le contestaron: ‘No’. Él les dijo: ‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis’. La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: ‘Es el Señor’. Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: ‘Traed algunos de los peces que acabáis de pescar’. Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: ‘Venid y comed’. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’, sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos
”.

COMENTARIO

Cuando Pedro dice “voy a pescar” quiere decir más de lo que pudiera significar. Quiere decir, por ejemplo, que han vuelto a la rutina y que nada parece que es ha afectado todo lo que ha pasado con Jesús y con ellos mismos. Vuelven a lo mismo como hicieron los discípulos de Emaus.

Jesús vuelve. Sabe que necesita enseñar mucho aún. Por eso se presenta ante ellos para que vean que es Él. Y Pedro se da cuenta de que se trata el Señor y se lanza al mar. Se convierte, nuevamente, como hizo con la mirada de Jesús cuando, tras las negaciones, lo perdonó.

Jesús hace cosas comunes: come pan y pescado. Ellos se han de dar cuenta, al ser la tercera vez que lo ven, que está allí porque debe estar y ellos, que fueron tan incrédulos como lo fue Tomás, reconocen que todo ha de cambiar, que todo ha cambiado para ellos y para el mundo.



JESÚS, ayúdanos a reconocerte.

Eleuterio Fernández Guzmán

5 de abril de 2018

Resucitó y se presentó


Lc 24,35-48

En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo habían conocido a Jesús en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros’. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: ‘¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo’. Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: ‘¿Tenéis aquí algo de comer?’. Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. 

Después les dijo: ‘Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’’. Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas’”.


COMENTARIO

Los apóstoles no las tenían todas consigo. Cuando ven a Jesús es poco decir que se sintieron sorprendidos. Al parecer aún no habían comprendido eso de que resucitaría al tercer día como había dicho el Maestro.

Jesús tranquiliza a los atribulados testigos de su aparición. Es de carne pero también es de Espíritu. Por eso les pide algo de comer pues así verían que no era un fantasma (como ellos habían creído). Confirma, así, que todo había sido verdad y según lo prometido.

En realidad, todo se ha cumplido. Por eso Jesús les vuelve a decir lo que tantas veces les había dicho: Dios no hace las cosas sin sentido alguno sino, muy al contrario, de acuerdo a su santa y providente voluntad. Y así había sido.


JESÚS, seguramente no daban crédito los que te vieron por primera vez después de tu Resurrección. Ayúdanos a no tener tantas dudas de fe como aquellos otros nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán

4 de abril de 2018

Saber ver a Cristo




Lc 24,13-35

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 

Él les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’. Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’. Él les dijo: ‘¿Qué cosas?’. Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron’. Él les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’. Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. 

Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado’. Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 

Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’. Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan”
.


COMENTARIO

Aquellos que se volvían al lugar de donde habían venido, Emaús, había perdido la esperanza. Ellos creían que Jesús acabaría de cumplir con aquello que estaba escrito pero, al verlo morir, creen que nada ha valido la pena.

Jesús, sin embargo, que conoce la dura cerviz de aquellos que con Él hablando, les cuenta todo lo que deben saber para que se dieran cuenta de que había resucitado y que era Él, el Maestro, quien les hablaba.

Ellos sólo lo reconocen al partir el pan. Seguramente habían visto muchas veces como lo hacía, como daba gracias a Dios por el pan. Eso les hace volver en sí y correr a Jerusalén a decir que habían visto al Señor. Se levantó el velo que tenían en su corazón.



JESÚS, ayúdanos a verte siempre y a encontrarte siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de abril de 2018

El bien recompensado

Jn 20, 11-18


“11 Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, 12 y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. 13 Dícenle ellos: ‘Mujer, ¿por qué lloras?’ Ella les respondió: ‘Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.’ 14 Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. 15 Le dice Jesús: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?’ Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: ‘Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.’ 16 Jesús le dice: ‘María.’ Ella se vuelve y le dice en hebreo: ‘Rabbuní’ - que quiere decir: ‘Maestro’ -. 17 Dícele Jesús: ‘No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.’ 18 Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.”

COMENTARIO

María Magdalena estaba junto al sepulcro donde habían puesto a su Maestro porque lo quería mucho. Por eso había ido antes a terminar el trabajo que no habían podido finiquitar el viernes. Por eso Jesús la recompensa.

Cuando Jesús se aparece a la de Madgala lo hace porque quiere. Es decir, quiere que sepa que tiene un amor grande por ella y quiere, por decirlo así, recompensar su amor y su entrega hasta después de la muerte. Por eso la busca y, al encontrarla, le agradece así y de tal manera sus desvelos.

La labor de María Magdalena no iba a terminar en aquella que era acabar de terminar el cuerpo del Maestro. No. Debía dar un mensaje a sus hermanos en la fe que era el que Jesucristo le iba a dar a ella. Y ella cumplió con aquella labor de enviada de Dios en la persona del Hijo.



JESÚS, gracias por haber dado el mensaje a María Magdalena y por haberla elegido para aquella labor de apóstol.

Eleuterio Fernández Guzmán

2 de abril de 2018

Es que el Mal nunca descansa frente al Bien

Mt 28, 8-15

“8 Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. 9 En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: ‘¡Dios os guarde!’ Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. 10 Entonces les dice Jesús: ‘No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.’ 11 Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. 12 Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, 13 advirtiéndoles: ‘Decid: “Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos.” 14 Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones.’ 15 Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.”

COMENTARIO

Cuando las mujeres que habían ido al sepulcro a terminar con la labor de embalsamación del Maestro se dan cuenta de que ha resucitado no tardan en ir a dar la noticia a los que estaban escondidos por miedo a los judíos. Pero Jesús les sale al encuentro.

El Maestro quiere que sean sus mensajeras. Las envía, por tanto, a decir a sus hermanos que los espera en su tierra, en Galilea. Pero había quien, a la misma hora, no podía consentir que se creyera que, en efecto, había resucitado quien dijo que iba a resucitar.

Hubo quien quiso hacer más trampa. Al parecer, no habían tenido suficiente con haber preparado a su gusto y gozo la muerte del Hijo de Dios sino que no querían que supiese que había resucitado como ellos sabían que había resucitado. Y siguieron insistiendo en el Mal.


JESÚS, perdona a los que tanto daño te hicieron y a los que hoy día te lo hacemos.

Eleuterio Fernández Guzmán

1 de abril de 2018

¡Resucitó!

Jn 20, 1-9

“1 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. 2 Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.’
3 Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6 Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, 7 y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9 pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.”

COMENTARIO

Seguramente, María de Magdala fue al sepulcro donde habían puesto a Jesús para acabar de embalsamarlo porque, con las prisas del viernes, no habían podido hacerlo bien. Y fue, pues, por amor a su Maestro. Y dio la noticia: no estaba el cuerpo del Señor.

Cuando los Apóstoles se enteraron de lo que podía haber pasado seguro que no acabaron de creer en María. Pero Pedro y Juan, muy alarmados, van corriendo al sepulcro. Casi podemos verlos por las calles de Jerusalén rumbo al mismo.

Cuando Juan entro, dice el texto, dice el mismo, que vio y creyó. Y no es antes no creyera en lo que les había dicho Jesús sino que ahora acababa de juntar las piezas de aquel puzle tan difícil de juntar como era la Palabra de Dios en la boca de Cristo.


JESÚS,  gracias por haber vuelto a la vida.

Eleuterio Fernández Guzmán

30 de marzo de 2018

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo



COMENTARIO

El Hijo de Dios, a lo largo de aquellos días previos al Viernes Santo, manifestó que había llegado su hora. Entonces sí había llegado la hora de Quien se iba a entregar por sus hermanos los hombres como aún no había llegado (Cristo dixit) su hora en la boda de Caná. Ahora sí era el momento.

Lo que ocurre entonces, en aquella primera Semana Santa, ha quedado escrito para la historia de la salvación, como esencial y como aquello que Dios quería. Es difícil y resulta dificultoso aceptar una muerte como la que sufrió y padeció Jesucristo. Sin embargo, lo hacemos porque sabemos que es lo que nuestro Creador quiere que aceptemos.

Jesucristo sufrió lo indecible. Eso lo sabe todo aquel que tenga conocimiento de las Sagradas Escrituras y medite, aunque sea algo, acerca de aquellas últimas horas de la vida del Santo por excelencia, del único que, de verdad, lo es según Dios entiende que debe serlo.

JESÚS,  gracias por haber dado tu vida para que se puedan abrir las puertas del Cielo y la salvación eterna no sea un sueño sino una realidad gratuita por parte de Dios hacia quien quiera salvarse.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de marzo de 2018

Servir y saber servir



Jn 13, 1-15

“1 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 2 Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, 3 sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, 4 se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Llega a Simón Pedro; éste le dice: ‘Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?’7 Jesús le respondió: ‘Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.’8 Le dice Pedro: ‘No me lavarás los pies jamás.’Jesús le respondió: ‘Si no te lavo, no tienes parte conmigo.’9 Le dice Simón Pedro: ‘Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.’10 Jesús le dice: ‘El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.’11 Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: ‘No estáis limpios todos.’
12 Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa,
y les dijo: ‘¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13 Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.  15 Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros.”


COMENTARIO

Cuando llega el momento de que el Hijo de Dios entregue su vida, ha de celebrar la Pascua con sus más allegados. Y en el Cenáculo cambian muchas cosas porque era necesario que cambiaran.

Cuando Jesús se pone a lavar los pies a los Apóstoles está haciendo algo que, además, era una enseñanza que debían aprender sin dilación porque era muy importante que supiesen que debían servir.

Jesús dice que se ha de servir. Es más, alguna vez dijo que él no había venido a ser servido sino a servir. La enseñanza acerca de que debían servirse unos a otros era el germen del amor que, también, fue enseñado en aquel momento.


JESÚS, ayúdanos a servir y a no ser egoístas.

Eleuterio Fernández Guzmán

28 de marzo de 2018

Judas


Mt 26, 14-25

“14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, 15 y les dijo: ‘¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?’ Ellos le asignaron treinta monedas de plata. 16 Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle. 17 El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?’ 18 El les dijo: ‘Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.”‘ 19 Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. 20 Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. 21 Y mientras comían, dijo: ‘Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.’ 22 Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: ‘¿Acaso soy yo, Señor?’ 23 El respondió: ‘El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. 24 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!’ 25 Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: ‘¿Soy yo acaso, Rabbí?’ Dícele: ‘Sí, tú lo has dicho.’”


COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Mateo empieza y termina con una persona que, a pesar de ser amado por Jesucristo, traiciona al Maestro por el vil metal del dinero. Judas es de quien hablamos.

Seguramente, aquel hombre no había cubierto sus expectativas humanas con la llegada del Mesías. Y es que no veía avance alguno en contra de la dominación romana y eso, creyendo que el Enviado de Dios sería guerrero y sangriento, no entraba en sus ideas sobre el futuro.

Jesús sabe, de todas formas, que Judas lo va a traicionar. Sin embargo, quizá espera de aquel avaricioso hombre que se arrepienta de su inicial idea. En realidad, todo estaba escrito y eso no iba a pasar.


JESÚS, ayúdanos a no ser como Judas.

Eleuterio Fernández Guzmán

27 de marzo de 2018




Jn 13,21-33.36-38

En aquel tiempo, estando Jesús sentado a la mesa con sus discípulos, se turbó en su interior y declaró: ‘En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará’. Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: ‘Pregúntale de quién está hablando’. Él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: ‘Señor, ¿quién es?’. Le responde Jesús: ‘Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar’. Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: ‘Lo que vas a hacer, hazlo pronto’. Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: ‘Compra lo que nos hace falta para la fiesta’, o que diera algo a los pobres. En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche. 
Cuando salió, dice Jesús: ‘Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto. Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros’. Simón Pedro le dice: ‘Señor, ¿a dónde vas?’. Jesús le respondió: ‘Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde’. Pedro le dice: ‘¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti’. Le responde Jesús: ‘¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces’”.


COMENTARIO

La historia de la salvación se estaba cumpliendo paso a paso. Todo lo escrito se iba a llevar a cabo. Y el momento de la Última Cena era crucial porque mucho de lo malo se iba a revelar.

Aquel que iba a entregar a Cristo había llegado a la culminación de su ruindad espiritual. Había decidido entregar al Hijo del hombre de una forma bárbara y muy alejada de lo que debía ser el comportamiento de un discípulo del Maestro. Todo, sin embargo, se estaba cumpliendo.

Jesús les dice lo que va a pasar. Es más, a Pedro le dice que, en efecto, irá donde Él va a ir pero no en tal momento sino más tarde. Y es que Jesucristo conoce la historia de la humanidad en su totalidad. No profetiza sino que afirma con rotundidad lo que va a pasar.


JESÚS, ayúdanos a no traicionarte.

Eleuterio Fernández Guzmán

26 de marzo de 2018

El Mal parece vencer

Mc 15, 1-39

1 Pronto, al amanecer, prepararon una reunión los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín y, después de haber atado a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato. 2 Pilato le preguntaba: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» El le respondió: «Sí, tú lo dices.» 3 Los sumos sacerdotes le acusaban de muchas cosas. 4 Pilato volvió a preguntarle: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.» 5 Pero Jesús no respondió ya nada, de suerte que Pilato estaba sorprendido.

6 Cada Fiesta les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. 7 Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el motín habían cometido un asesinato. 8 Subió la gente y se puso a pedir lo que les solía conceder. 9 Pilato les contestó: «¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?» 10 (Pues se daba cuenta de que los sumos sacerdotes le habían entregado por envidia.) 11 Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente a que dijeran que les soltase más bien a Barrabás. 12 Pero Pilato les decía otra vez: «Y ¿qué voy a hacer con el que llamáis el Rey de los judíos?» 13 La gente volvió a gritar: «¡Crucifícale!» 14 Pilato les decía: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaron con más fuerza: «Crucifícale!»

15 Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado. 16 Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio y llaman a toda la cohorte. 17 Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen. 18 Y se pusieron a saludarle: «¡Salve, Rey de los judíos!» 19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. 20 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacan fuera para crucificarle. 21 Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. 22 Le conducen al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario. 23 Le daban vino con mirra, pero él no lo tomó. 24 Le crucifican y se reparten sus vestidos, echando a suertes a ver qué se llevaba cada uno.


25 Era la hora tercia cuando le crucificaron. 26 Y estaba puesta la inscripción de la causa de su condena: «El Rey de los judíos.»

27 Con él crucificaron a dos salteadores, uno a su derecha y otro a su izquierda. 29 Y los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo levantas en tres días, 30 ¡sálvate a ti mismo bajando de la cruz!» 31 Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban entre ellos junto con los escribas diciendo: «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. 32 ¡El Cristo, el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.» También le  injuriaban los que con él estaban crucificados. 33 Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. 34 A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: = «Eloí, Eloí, ¿lema sabactaní?», - que quiere decir - = «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» = 35 Al oír esto algunos de los presentes decían: «Mira, llama a Elías.» 36 Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber, diciendo: «Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarle.» 37 Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró.

38 Y el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo.  39 Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»


COMENTARIO

La Semana Santa tiene todo que ver con la salvación del hombre. Por eso tiene que pasar lo que estaba escrito acerca y con relación con el Cordero de Dios.

El juicio de Jesucristo fue ilegal. Eso es una realidad insoslayable. Cumplió, sin embargo, con la voluntad de Dios que, conocedor de la naturaleza humana, quiso que las cosas siguieran lo que estaba establecido.

La Pasión, aquella muerte injusta, sirvió para que muchos se salvaran y para que Dios comprobase que el ser humano, hecho a su imagen y semejanza, era como debía ser.


JESÚS,  gracias por morir por nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán

25 de marzo de 2018

Domingo, 25 de marzo de 2018 - Murió por nuestra salvación


Mc 15, 1-39

Pronto, al amanecer, prepararon una reunión los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín y, después de haber atado a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntaba: ‘¿Eres tú el Rey de los judíos?’ Él le respondió: ‘Sí, tú lo dices.’ Los sumos sacerdotes le acusaban de muchas cosas. Pilato volvió a preguntarle: ‘¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.’ Pero Jesús no respondió ya nada, de suerte que Pilato estaba sorprendido.

Cada Fiesta les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el motín habían cometido un asesinato.  Subió la gente y se puso a pedir lo que les solía conceder.  Pilato les contestó: ‘¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?’  (Pues se daba cuenta de que los sumos sacerdotes le habían entregado por envidia.)  Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente a que dijeran que les soltase más bien a Barrabás.  Pero Pilato les decía otra vez: ‘Y ¿qué voy a hacer con el que llamáis el Rey de los judíos?’ La gente volvió a gritar: ‘¡Crucifícale!’  Pilato les decía: ‘Pero ¿qué mal ha hecho?’ Pero ellos gritaron con más fuerza: ‘Crucifícale!’

Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado.  Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio y llaman a toda la cohorte. Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen. Y se pusieron a saludarle: ‘¡Salve, Rey de los judíos!’ Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacan fuera para crucificarle. Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. Le conducen al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario.  Le daban vino con mirra, pero él no lo tomó. Le crucifican y se reparten sus vestidos, echando a suertes a ver qué se llevaba cada uno.


Era la hora tercia cuando le crucificaron. Y estaba puesta la inscripción de la causa de su condena: ‘El Rey de los judíos.’ Con él crucificaron a dos salteadores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Y los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: ‘¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo levantas en tres días,  ‘¡sálvate a ti mismo bajando de la cruz!’ 31 Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban entre ellos junto con los escribas diciendo: ‘A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. ¡El Cristo, el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.’ También le  injuriaban los que con él estaban crucificados. Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: = ‘Eloí, Eloí, ¿lema sabactaní?’, - que quiere decir - = ‘¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?’ = Al oír esto algunos de los presentes decían: ‘Mira, llama a Elías.’ Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber, diciendo: ‘Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarle.’ Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró.

Y el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo.  Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, dijo: ‘Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.

COMENTARIO


Todo el recorrido de la Pasión de Nuestro Señor está trufado de momentos cruciales para la salvación de la humanidad. Desde los interrogatorios infames e ilegales hasta su propia muerte todo es verdad porque todo es de Dios.

Jesús sabe que nada de lo que diga va a dejar de precipitar su muerte. Por eso actúa como sabemos que actuó ante aquellos que le preguntaban. Sufrió todo lo sufrible, y más, porque era lo que estaba escrito. Él sabía que estaba escrito porque era el protagonista principal de aquel drama de salvación.

Había quienes se daban cuenta de lo que estaba pasando. Incluso algún pagano, como aquel centurión que allí estaba, creyó cuando se apreció que lo que estaba pasando sólo era posible si aquel hombre al que habían matado era el Hijo de Dios. Y así lo afirma.



JESÚS, en estos momentos de dolor pero de esperanza eterna… ¡Alabado seas!

Eleuterio Fernández Guzmán


24 de marzo de 2018

El Mal ruge su angustia


Jn 11,45-54

En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él. Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: ‘¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán en Él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación’. Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: ‘Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación’. Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación —y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos—. Desde este día, decidieron darle muerte. 

Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraim, y allí residía con sus discípulos.

COMENTARIO

El Mal se había adueñado de los corazones de muchos. Por eso estaban tramando cómo atrapar a Jesús. A muchos no les importaba mucho lo que el pueblo pudiese decir de ellos porque sabían que, de no terminar con el Maestro ellos terminarán su existencia recreada que llevaban.

Jesús sabe que está llegando su hora, su momento, aquel en el que dará su vida por todos por cumplir la voluntad del Padre. Se retira. No lo hace por miedo sino porque aún faltaban unos días para que se cumpliese todo lo que estaba escrito.

Había quienes, incluso, dudaban de que Jesús fuera perseguido. Lo pensaban así porque lo veían circular por Jerusalén sin que fuera detenido. Y es que la trama se estaba urdiendo y no podía ser descubierta todavía por miedo a que fallara.



JESÚS, te acompañamos en este momento de dolor y de la Pasión.

Eleuterio Fernández Guzmán


23 de marzo de 2018

Las señales de Cristo Señor




Jn 10,31-42

En aquel tiempo, los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: ‘Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?’. Le respondieron los judíos: ‘No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios’. Jesús les respondió: ‘¿No está escrito en vuestra Ley: ‘Yo he dicho: dioses sois’? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios —y no puede fallar la Escritura— a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre’. Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes bautizando, y se quedó allí. Muchos fueron donde Él y decían: ‘Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste, era verdad’. Y muchos allí creyeron en Él”.
               

COMENTARIO

Es bien cierto que, como muchos de sus contemporáneos gustaban mucho de los signos no tenían intención alguna de condenar a Jesús por los que había hecho. Era por otra cosa que tenía relación con su sentido de la fe.

Jesús dice entonces, y ahora, que Él había venido a llevar a cabo la obra de su Padre, de Dios. Por eso creerlo a Él era lo mismo que creer a Dios Creador. Y eso no era, precisamente, nada a su favor porque aquellos que le perseguían no querían, siquiera, plantearse tal posibilidad.

Jesús no podía morir entonces. Aún no había llegado su hora. Por eso se les escapa de las manos y va a otro lugar donde aún no lo estaban buscando. Y eso, lo que hacía fue, precisamente, lo que demostró que era el Hijo de Dios porque como muchos habían escuchado de Juan el Bautista, era el Cordero de Dios.


JESÚS, ayúdanos a tenerte por Quien eres.

Eleuterio Fernández Guzmán


22 de marzo de 2018

No entender tu propia fe



Jn 8,51-59

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: ‘En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás’. Le dijeron los judíos: ‘Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: ‘Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás’. ¿Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?’. Jesús respondió: ‘Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: ‘Él es nuestro Dios’, y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró’. Entonces los judíos le dijeron: ‘¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy’. Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo”.


COMENTARIO

Los que perseguían a Jesús, que eran sobre todo los más poderosos, no querían, siquiera, escucharle. Así, hiciera lo que hiciera o dijera lo que dijera era bien cierto que tenían claro que actuaba en nombre del Mal. Y es que no habían entendido nada o, mejor, no querían entender nada.

Jesús, sin embargo, sabía que era el Hijo de Dios. Por eso no deja de decirlo, de una manera sencilla de entender para el ser humano. Él no se glorifica a sí mismo sino a Quien lo ha enviado que no es otro que el Padre del Cielo.

Jesús, además, muestra cómo son las cosas en la vida eterna: Abrahám, allí, en el Cielo, había visto qué haría Jesús, qué sería Jesús. Y se alegró viendo cumplida la voluntad de Dios. No extraña, nada de nada que quisieran apedrear a Jesús… por sus corazones corrompidos.


JESÚS,  ayúdanos a confiar en Ti y en Quien te ha enviado.

Eleuterio Fernández Guzmán


21 de marzo de 2018

Creer en la Palabra de Cristo-Dios



Jn 8, 31-42

“31 Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: ‘Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, 32 y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.’’ 33 Ellos le respondieron: ‘Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?’ 34 Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. 35 Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. 36 Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. 37 Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. 38 Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre.’
39 Ellos le respondieron: ‘Nuestro padre es Abraham.’ Jesús les dice: ‘Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. 40 Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.’ Ellos le dijeron: ‘’Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios.’
42 Jesús les respondió: ‘Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado.’”


COMENTARIO

No se puede decir que el Hijo de Dios no supiera, exactamente, lo que querían aquellos que no querían saber nada ni de lo que decía ni de lo que hacía. Por eso no dudaba en hablar, ante ellos, sin preocuparle lo que pudieran pensar.

Jesucristo sabe perfectamente que los que le acusan son descendencia de Abraham. Sin embargo, también sabe que no siempre actúan como el padre de la fe preferiría. Y Cristo sabía que Abrahám se había alegrado de ver su día.

Sabe el Hijo de Dios que aquellos que quieren matarlo no quieren escuchar nada de lo que les pueda decir. Y es bien cierto que Cristo no ha venido al mundo por sí solo sino porque Dios ha querido que venga. Y es que es su enviado.


JESÚS, ayúdanos a creer siempre en su santa Palabra.

Eleuterio Fernández Guzmán


20 de marzo de 2018

La meridiana claridad de Cristo

Jn 8,21-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’. Los judíos se decían: ‘¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?’. El les decía: ‘Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados’. 
Entonces le decían: ‘¿Quién eres tú?’. Jesús les respondió: ‘Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar de vosotros y juzgar, pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a Él es lo que hablo al mundo’. No comprendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: ‘Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él’. Al hablar así, muchos creyeron en Él”.
COMENTARIO

Es bien cierto que muchos de los que seguían a Jesús no entendían del todo lo que decía. Eran cosas demasiado elevadas como para que todo el mundo conociera a la perfección lo que quería decir. Sin embargo había muchos que sí lo entendía pero no querían entenderlo…

Jesús les dice la verdad de las cosas. Donde Él va aquellos que no creen en su persona, en su doctrina y, en fin, en todo lo que representa, no puede ir donde Él va a ir que no es a otro lugar que al Cielo junto a Dios Padre. Por eso les advierte de lo que les va a pasar de seguir en aquella negativa actitud al respecto de Él.

Jesús les dice algo que es muy importante: lo que hace no lo hace porque sea su voluntad (que también) sino porque es la voluntad de Quien le ha enviado que no es otro que Dios mismo. Y sabe, además, que nunca lo ha abandonado y menos aún en el momento, el que ha de venir, de tribulación.



JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de tu santa intención.

Eleuterio Fernández Guzmán