17 de febrero de 2018

Seguir, sin duda, a Cristo



Lc 5,27-32

En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: ‘¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?’. Les respondió Jesús: ‘No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores’”.


COMENTARIO

Escuchar a Cristo

A lo largo de la historia de la humanidad creada por Dios el Creador ha llamado al hombre a seguir hasta su definitivo Reino. Al final de los tiempos lo ha hizo a través de su Único Hijo y llamó la atención acerca de escucharlo y seguirlo.


Seguir a Cristo

Entre los dones que nos entregó Dios se encuentra el de la libertad. Por eso cuando Jesús le dijo a Mateo que le siguiera podría no haber hecho caso. Era publicano y, seguramente, llevaba una buena vida. Pero lo dejo todo, todo, por seguir al Maestro sin, siquiera conocerlo.


Necesitar salvación

El caso es que Jesús vino al mundo a hacer lo que Dios le había indicado. Tenía relación con la salvación de la humanidad. Todos, sin embargo, no necesitaban salvación por llevar una vida verdaderamente justa y de hijos de Dios. Sin embargo, otros muchos sí la necesitaban, sí la necesitamos.



JESÚS, sálvanos y llévanos con el Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de febrero de 2018

Entender la voluntad de Dios



Mt  9,14-15

En aquel tiempo, se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán’”.


COMENTARIO

La Ley de Dios o, lo que es lo mismo, los Diez Mandamientos que el Creador entregó a Moisés, podían interpretarse de una u otra forma. Es decir, ellos mismos son lo que son pero concretarlos, al parecer del pueblo judío, era otra cosa.

Algunos interpretaban las cosas de una forma algo tergiversada. No habían llegado a entender lo que quiso decir Dios cuando dejó dicho lo que dijo. Y ellos, por su parte, querían tomar sus propias normas a rajatabla de las mismas. Y el ayuno era una muy grave para aquel pueblo.

Jesús, sin embargo, que prefiere la misericordia a los sacrificios entiende de otra forma la Palabra de Dios. Por eso les profetiza acerca su futuro (Él es el novio de la Esposa la Iglesia) y, cuando falte… entonces habrá que ayunar. Y eso, sin duda, hacemos.

JESÚS, ayúdanos a comprender la Palabra de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de febrero de 2018

Negarse a sí mismo

Lc 9,22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día’. Decía a todos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?’”.


COMENTARIO

Como se ha podido comprobar a lo largo de la historia, seguir a Jesús no es nada fácil. No lo es si el seguimiento es verdadero y es cierto y no está llevado por aquello que suponga no hacer lo que se tiene que hacer. Por eso Jesús dice, en este texto evangélico, lo que dice.

Lo que anuncia es terrible: ha de morir de una forma terrible traicionado por los suyos y a manos de los suyos. Pero hay esperanza: resucitará al tercer día y eso será el máximo gozo de los suyos.

Sin embargo, en estas palabras de Jesús encontramos el quid de la cuestión de nuestra fe: debemos seguir a Jesús con nuestra cruz. Así salvaremos nuestra vida… eterna. Lo demás no tiene importancia alguna.


JESÚS, ayúdanos a cargar con nuestra cruz.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de febrero de 2018

Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
‘Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’”.

COMENTARIO

Dar limosna

Hacer lo posible para que se sepa que se ha socorrido a un necesitado no es buena cosa de cara a Dios. El Creador no gusta de todo lo que sea soberbia o actuación similar y, por eso mismo, no hay que ir trompeteando cuando se hace el bien. Es obligación de cada hijo de Dios hacer y actuar así.

Orar

¿Hay algo más íntimo que la oración? Con ella nos dirigimos al Padre Creador y con ella manifestamos lo que queremos al respecto del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!). Por eso tampoco es conveniente ir proclamando que oramos. Basta con que lo sepa Dios.

Ayunar

Ofrecer un sacrificio personal por un bien superior es algo que Dios tiene en cuenta en beneficio espiritual de quien así actúa. El Padre ve en lo secreto de nuestro corazón. Con esto nos debería bastar.


JESÚS, ayúdanos a actuar como es la santa voluntad de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de febrero de 2018

Confiar plenamente en Dios

Mc 8,14-21

En aquel tiempo, los discípulos se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan. Jesús les hacía esta advertencia:’Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes’. Ellos hablaban entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta, les dice: ‘¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?’ ‘Doce’, le dicen. ‘Y cuando partí los siete entre los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?’ Le dicen: ‘Siete’. Y continuó: ‘¿Aún no entendéis?’”.



COMENTARIO

Jesús sabía que sus discípulos más allegados o, lo que es lo mismo, sus apóstoles, estaban en fase de aprendizaje de la voluntad de Dios y de la santa doctrina emanada del corazón del Padre. Por eso había muchas cosas que no acababan de entender.

Ellos dudaban, al parecer, de que tendrían alimento para todos con un solo pan. Por eso Jesús les recuerda el poder de Dios con el que repartió unos pocos panes y peces entre miles de personas. Les hace ver que con fe todo se puede conseguir.

Procura Jesús que sus apóstoles comprendan lo que supone tener fer. Sabe que les va a costar pues después de haber visto la multiplicación de panes y peces con la que alimentó a tantas personas ninguna duda debían tener. Pero, en efecto, aún tenían el corazón embotado.



JESÚS, quieres que tus apóstoles, que serán los evangelizadores, comprenden que es muy importante confiar en Dios. Ayúdanos a no caer en las tentaciones en las que ellos cayeron.





Eleuterio Fernández Guzmán


12 de febrero de 2018

Los que necesitan señales de parte de Dios



Mc 8, 11-13

“11 Y salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. 12 Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: ‘¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará, a esta generación ninguna señal.’
13 Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.”

COMENTARIO

Es seguro que los que no querían bien al Hijo de Dios buscaban cualquier ocasión para perderlo. Y si había algo que caracterizada a los fariseos era aquella enfermiza tendencia a perseguir a Jesucristo.

Ellos querían una señal. Y aquello era como pedir a Jesucristo una prueba de que era el Hijo de Dios, el Mesías. Al parecer, no se convencían ni con lo que decía ni con lo que hacía siendo eso, muchas verdad, exactamente extraordinario o milagroso.

Pero Jesucristo sabe que hay cosas que son más importantes que eso. Y es que sabe que quien pide pruebas no tiene demasiada confianza en Quien debería tenerla. Por eso, Jesucristo les promete, al contra de su deseo, no darles señal alguna.

JESÚS, no permitas que dudemos de tu naturaleza y de tu poder.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de febrero de 2018

Una fe muy grande



Mc 1,40-45

En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: ‘Quiero; queda limpio’. Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: ‘Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio’.

Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes”.

COMENTARIO

Muchos necesitados sabían que Jesús podía hacer mucho por ellos. Por eso aquel leproso se arrodilla, en señal de adoración, ante Jesús. Quiere quedar limpio de la terrible enfermedad de la lepra que le aparta de la sociedad.

Jesús se compadece de aquel hombre que muestra confianza en su persona. Y es que le dice que si quiere puede curarlo. ¡Si quiere! Es expresión de entender que el Maestro puede, si quiere, hacer mucho por él. Y Jesús lo cura. No puede hacer menos por quien le muestra una tal fe, una tal confianza.

Jesús no quiere que se sepa aun que ha llegado el Mesías. Sabe que no están preparados todavía. Pero aquel hombre, curado de su enfermedad, no puede callar. Nos lo podemos imaginar dando loas y alabanzas a grito pelado por los caminos.

JESÚS, ayúdanos a tener una fe tan grande como la que manifestó aquel leproso.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de febrero de 2018

Multiplicando la fe

Mc 8,1-10

En aquel tiempo, habiendo de nuevo mucha gente con Jesús y no teniendo qué comer, Él llama a sus discípulos y les dice: ‘Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos’. Sus discípulos le respondieron: ‘¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?’. Él les preguntaba: ‘¿Cuántos panes tenéis?’. Ellos le respondieron: Siete’.

Entonces Él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.


COMENTARIO

Al parecer, en muchas ocasiones, las personas que seguían a Jesús eran muchos. Es de suponer que tenían que comer y, aunque tales personas les pudiera bastar el alimento espiritual que les daba Jesús no estaba de menos, eso lo sabía el Hijo de  Dios, que se alimentasen, también, de lo material.

No es la primera vez que Jesús multiplica los panes y los peces o, si es la misma que refleja el Evangelio de San Lucas sí que manifiesta el verdadero poder de Dios y lo que se puede hacer pidiendo al Padre como hay que pedir.

Pero Jesús no descansa. Una vez que da de comer, el comer material, a los miles de personas que le escuchaban, sigue con su labor. Sabía que disponía de poco tiempo y que su misión tenía que ser cumplida porque era la voluntad del Padre.


JESÚS, multiplicas los panes y los peces porque sabes que quien te sigue merece su sustento. Ayúdanos a seguirte siempre y a dejarnos llevar por la Providencia de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


9 de febrero de 2018

Todo lo hizo bien


Mc 7,31-37

En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: ‘Effatá’, que quiere decir: "¡Ábrete!". 
Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos’”.

COMENTARIO

Es bien cierto que muchas personas eran presentadas a Jesús porque sus discípulos tenían plena confianza en que podía obrar milagros y que, por eso mismo, era importante tener eso en cuenta. Cuando nadie podía hacer nada todo lo podía hacer el Maestro.

Aquel sordo, y casi mudo, sabía que tenía una vida muy difícil de sobrellevar. Apartado del mundo social sólo podía acogerse a lo sagrado, a lo divino. Y algunos, seguramente amigos o familiares (como pasó en el caso del paralítico llevado ante Jesús) lo llevan para que sea curado. Y lo fue. La fe pudo, otra vez, en el corazón de Cristo.

Era de esperar que muchos de los que había visto aquello (y otras cosas) pensasen que Jesús todo lo había hecho bien. Y no podía, por mucho que Jesús les dijese lo contrario, dejar de contar lo que habían visto. Fueron, por así decirlo, enviados a la fuerza… a la fuerza de las circunstancias dichosas que habían contemplado.


JESÚS, las personas que se dirigen a Ti lo hacen porque confín en Ti. Ayúdanos a ser de tal grupo y a serlo siempre, siempre, siempre.





Eleuterio Fernández Guzmán


8 de febrero de 2018

Lo que hace la fe



Mc 7,24-30

En aquel tiempo, Jesús partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido, sino que, en seguida, habiendo oído hablar de Él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies. Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Él le decía: ‘Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’. Pero ella le respondió: ‘Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños’. Él, entonces, le dijo: ‘Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija. Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y ‘que el demonio se había ido”.


COMENTARIO

No podemos dejar de reconocer que Jesús estaría bastante agobiado por la “persecución” a la que estaba sometido por aquellos que necesitaban de su Verbo y de su acción. No nos extraña, por tano, que no pasar inadvertido allá donde fuera. Y, seguramente, era lo que quería.

Muchos lo seguían. Aquella mujer, por ejemplo, sabía que Jesús podía ayudar a su hija. Estaba poseía por un demonio y sólo quien tiene poder sobre los demonios puede dominarlos. Y le pide a Jesús. Lo hace con confianza en el Maestro.

Jesús sabe que, según actúa aquella mujer, quiere mucho a su hija pero, sobre todo, confía en su persona. Sabe que ella cree que salvará a quien está endemoniada. Sólo esperaba lo mínimo, sólo un pequeño “sí” por parte de Jesús. Y eso, precisamente eso, salvó a su hija.


JESÚS, ayúdanos a tener fe, ayúdanos.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de febrero de 2018

Corregir nuestros muchos errores


Mc 7,1-13
En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas-. 

Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: ‘¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?’. Él les dijo: ‘Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres’. Les decía también: ‘¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte’. Pero vosotros decís: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro "Korbán" -es decir: ofrenda-’, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas’”.


COMENTARIO

No podemos negar que la fe, la creencia en Dios, en tiempos de Jesús, había alcanzado un desarrollo no pequeño. Hacía ya muchos siglos que el pueblo judío esperaba la llegada del Mesías y había tenido mucho tiempo para establecer sus propias normas religiosas.

Jesús sabía que mucho de lo que hacían sus compatriotas estaban muy equivocadas y debía corregirlas. El caso es que la verdadera Ley de Dios había sido sustituida por la tradición del hombre y el mismo, el poderoso, había hecho todo lo posible para que la misma fuera muy ventajosa para aquel que la establecía.

Jesús les dice algo que es muy importante: violar el mandamiento de Dios y poner, sobre el mismo, la elaboración del mismo por parte del hombre es algo que el Creador no tiene por bueno sino, al contrario, por muy malo.



JESÚS, ayúdanos a no tergiversar la Verdad.

Eleuterio Fernández Guzmán


5 de febrero de 2018

Reconocer a Cristo


 Mc 6, 53-56


“53 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.
54 Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, 55 recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba. 56 Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.”

COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Marcos nos muestra la concepción que el pueblo judío tenía de la enfermedad. Así, consideraban salvados a los que había sido curados porque tenía al enfermo, también, por un pecador.

Muchos sabían que aquel Maestro no era como otros de los muchos que había en Israel. Y es que le reconocían una autoridad superior a los demás. Por eso le llevaban a los enfermos, para que curaran.

Allí donde iba Jesús mucho sabían que podían acudir a Él. Tenían confianza y fe en aquel hombre que era más que un hombre. Y, como en toras ocasiones, la fe les había curado y, a la vez, salvado.


JESÚS,  ayúdanos a tener fe en ti siempre, siempre, siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán

4 de febrero de 2018

Para eso vino Cristo



Mc 1, 29-39

Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.      Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar  a los demonios, pues le conocían. De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan.’ El les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.’ Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”.


COMENTARIO

Jesús no pierde su ocasión para cumplir son su misión curativa. En cada ocasión que se le presenta muestra al mundo el inmenso poder de Dios que, siendo Él mismo el Creador hecho hombre, cuenta con sus manos y corazón para hacerse efectiva.

Muchos necesitaban ayuda: física y espiritual. Y aquellos muchos que habían creído en Él no cejaban en su voluntad de encontrarlo, de seguirlo y de pedirle ayuda. Por eso Jesús no deja de expulsar demonios (de exorcizar) o, en otros casos, de curar otro tipo de enfermedades. Y luego oraba. Siempre se dirigía a Dios Padre para dar gracias por lo que había podido llevar a cabo.

Pero Jesús sabía que había otros muchos que aún necesitaban de su ayuda y auxilio. Dice algo que es muy importante: “para eso he salido”. Dice que ha salido, de Dios Padre, para llevar al mundo su Palabra y su bondad, su misericordia y su ansia de tener a sus hijos a su lado para siempre, siempre, siempre.

JESÚS, ayúdanos a querer buscarte.

Eleuterio Fernández Guzmán


3 de febrero de 2018

La compasión de Cristo


Mc 6,30-34

En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco’. Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas”.

COMENTARIO

Recoger los frutos

Los apóstoles debían estar muy contentos. Habían cumplido con la misión que les había encomendado el Maestro y, al volver de la misma, habían dado cuenta del cumplimiento de la misma. Y Jesús, también seguramente, debió de sentirse satisfecho de ver que, poco a poco, la Buena Noticia llegaba al corazón de muchos.

El descanso del obrero de la mies de Dios

Pero Jesús sabe que aquellos hombres, seguramente sorprendidos de que su misión se hubiera cumplido de una forma tan provechosa, necesitan descanso. Por eso Jesús los aparta, al menos eso es lo que pretende, del mundanal ruido. Sin embargo las cosa son como Él quiere que sean.


La compasión de Cristo

El inmenso Amor de Jesús por sus hermanos los hombres le hace cumplir su misión predicadora y curativa sin tener en cuenta su propio cansancio. Sabe perfectamente que aquellas personas que lo buscan de verdad lo necesitan y los ve, en efecto, perdidos en un mundo que no los comprende ni los ama.


JESÚS, ayúdanos a buscarte como aquellos que, yendo tras de Ti, buscaban tu consuelo.


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de febrero de 2018

Y Cristo fue presentado


Lc 2, 22-35.39-40

“22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, consagrado al Señor = 24 y para ofrecer en sacrificio = un par de tórtolas o dos pichones =, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. 25 Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. 26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. 27 Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, 28 le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29 ‘Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; 30 porque han visto mis ojos tu salvación, 31 la que has preparado a la vista de todos los pueblos, 32 luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.’ 33 Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. 34 Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - 35 ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.’"

39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.”

COMENTARIO

Cumpliendo con la ley establecida, María y José llevan a Jesús al Templo para ofrecérselo a Dios. Y, para recuperarlo para sí, ofrecen el sacrificio que los pobres podían ofrecer.

Simeón es un anciano que ha entregado a Dios su vida. Espera, porque lo sabe, que la salvación de Israel llegue al mundo. Por eso, cuando se da cuenta de que aquel niño es Quien iba a venir para salvación del hombre, se alegra y goza con aquel momento.

Nos dice el texto de San Lucas que aquel Niño, Dios hecho hombre, con sus padres, creció en sabiduría. Y no nos extraña nada que la gracia de Dios estuviera con Él porque era Dios hecho hombre.


JESÚS, gracias por haber saber cumplido tu misión desde bien temprana edad.

Eleuterio Fernández Guzmán


1 de febrero de 2018

Enviados a transmitir la Buena Noticia



Jueves, 5 de febrero de 2018

Mc 6, 7-13
En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: ‘Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas’. Y les dijo: ‘Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos’. Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban”.

COMENTARIO

Hay muchos momentos de la vida de Cristo y de sus apóstoles que no conocemos. Por eso muchas veces nos imaginamos que siempre estaban juntos. Sin embargo este texto nos muestra que, en determinado momento, envió a los Doce a predicar la Palabra de Dios.

Jesús no los envía de cualquier forma. En primer lugar, los envía con unas instrucciones muy concretas: no deben llevar más de lo necesario porque Dios sabe que  sus trabajadores no les puede faltar el sustento y ha de proveer sus necesidades.

Pero hace, también otra cosa: les transmite, les otorga, les dona, una serie de poderes propios del Creador y de todo su poder. Por eso tendrán poder sobres los demonios y se les provee del don de curar, de la curación de los padecimientos físicos.


JESÚS, ayúdanos ser tus enviados ahora mismo, en este siglo nuestro.


Eleuterio Fernández Guzmán

31 de enero de 2018

Predicar y no ser aceptado

Mc 6, 1-6

“Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. 2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: '¿De dónde le viene estos? Y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?
3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?' Y se escandalizaban a causa de él.
4 Jesús les dijo: 'Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio'. 5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. 6 Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.”


COMENTARIO

Pudiera dar la impresión de que Jesucristo, cuando acude a su pueblo para predicar no es escuchado porque sus vecinos, que lo conocían, no podían creer que uno de los suyos fuera un gran maestro. Y no le tenían fe.

Eso lo sabe el Hijo de  Dios. Es más, aquellos que lo conocen saben de quién es hijo e, incluso, hablan de otros que son pariente suyos. Y es que creen conocerlo bien aunque, en realidad, poco sabían de Aquel que había venido al mundo a salvar al mundo.

El Maestro, de todas formas, no rehuye ayudar a los que necesitan ayuda. Por eso nos dice San Marcos que, aunque no hizo milagro alguno sí cura a los que han necesidad de curación porque sabía que no merecían desprecio aquellos que lo necesitaban.


JESÚS, ayúdanos a creer en Ti siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán


30 de enero de 2018

El poder sanador de Cristo



Mc 5, 22-24.35-43

"22 Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae
a sus pies, 23 y le suplica con insistencia diciendo: 'Mi hija está a punto de
morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.'
24 Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía. 35 Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: 'Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?' 36 Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: 'No temas; solamente ten fe.' 37 Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. 39 Entra y les dice: '¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.'» 40 Y se burlaban de él. Pero él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña.
41 Y tomando la mano de la niña, le dice: 'Talitá kum', que quiere decir: 'Muchacha, a ti te digo, levántate.' 42 La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor.
43 Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer."




COMENTARIO

No es poco cierto que la fama de santidad y de poder que había atesorado el Hijo de Dios llegaba a muchas partes. Por eso había quien se dirigía a Él porque tenía un problema muy grave. Y tal es el caso de Jairo.

Jairo, como es de suponer, quería mucho a su hija. Por eso acude al único que puede hacer algo por ella. Y es que suponemos que había estado en manos de los médicos y nada habían podido hacer por ella.

Jesús le dice a Jairo que tenga fe. Y, seguramente, eso es lo que manifestó en su corazón porque su hija volvió a la vida cuando ya estaba muerta. Y, en efecto, la fe la había salvado.


JESÚS, ayúdanos a tener fe, siempre, en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de enero de 2018

Los intereses del hombre



Mc 5,1-2.9-13.17.20


“1 Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. 2 Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo 9 Y le preguntó: ‘¿Cuál es tu nombre?’ Le contesta: ‘Mi nombre es Legión, porque somos muchos.’ 10 Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. 11 Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; 12 y le suplicaron: ‘Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.’ 13 Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara - unos 2.0000 se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar.

17 Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término.

20 Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús
había hecho con él, y todos quedaban maravillados.”


COMENTARIO

No podemos negar que nuestros intereses mundanos no suelen ser los que siempre nos convienen. Y el caso que hoy nos trae el Evangelio de San Marcos es síntoma de que las cosas no son como deberían ser.

A los propietarios de los cerdos les parecía de poca importancia que hubiera un hombre que tuviera un demonio dentro. Eso les traía sin cuidado. Ellos estaban más a sus intereses humanos y mundanos y preferían su poder económico antes que la curación de un enfermo que, a lo mejor, hasta había sido amigo suyo.

Jesús sabe, sin embargo, qué es lo que importa. Y, por tanto, le saca el demonio de dentro. No nos extraña, para nada, que unos, según eran, criticaran aquello y que el beneficiado por el amor de Jesucristo proclamara su gozo y su creencia en aquel Maestro que lo había curado.


JESÚS, ayúdanos a creer y a no poner nuestros egoístas intereses por encima del bien del prójimo.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de enero de 2018

La vieja-nueva doctrina de Cristo


Mc 1, 21-28


Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.’ Jesús, entonces, le conminó diciendo: ‘Cállate y sal de él.’ Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.’ Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea”.


COMENTARIO

Jesucristo enseña. Y, cuando lo hace, siempre que venga la cosa así, trata de demostrar, con ejemplos, cuál es el poder de Dios y qué puede hacer su Hijo con el mismo. Domina a los demonios porque, además, ellos sí saben quién es.

El espíritu le dice al Mesías si es que había venido a destruirlos. Y, en efecto, el Hijo de Dios había venido al mundo a destruir al mal y a vencerlo con el bien y el amor. Y eso, como era de esperar, iba a tener consecuencias para el Mal.

No extraña nada que la fama de Jesucristo se extendiera allá por donde podía llegar su nombre. En realidad, era lo que debía pasar cuando dominaba a los demonios de aquella forma tan poderosa. Y, sin embargo, no era una doctrina nueva sino la vieja doctrina y antigua doctrina de Dios que el pueblo había olvidado.

JESÚS, ayúdanos a no olvidar nunca tu santa doctrina.





Eleuterio Fernández Guzmán