6 de agosto de 2016

Cristo se transfigura para hacernos entender

Lc 9,28-36

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con Él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén. 
Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Y sucedió que, al separarse ellos de Él, dijo Pedro a Jesús: ‘Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’, sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: ‘Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle’. Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.”

COMENTARIO

No podemos negar que Jesús tenía, entre sus apóstoles, a algunos de ellos para los que tenía reservada una misión especial. Y aquellos tres, los Zebedeos, Santiago y Juan, y Pedro son, digamos, los más destacados de entre ellos.

Cuando Jesús se transfigura y aparecen allí Moisés y Elías, dos grandes miembros de la fe del pueblo elegido por Dios, lo que hacen es hablar de la muerte que va a tener el Hijo de Dios. Y le confirmarían todo lo que había estado predicando.

Pero aquellos tres hombres que acompañaban a Jesús actuaban como lo que eran: unos discípulos que aún no habían comprendido del todo aquello que suponía ser, precisamente, discípulos de aquel Maestro. En realidad, comprendieron más bien poco.

JESÚS, ayúdanos a comprender tu santo mensaje.



Eleuterio Fernández Guzmán

5 de agosto de 2016

Negarse a sí mismo



Viernes XVIII del tiempo ordinario

Mt 16,24-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino’”.

COMENTARIO

No podemos negar que el Hijo de Dios, como suele decirse, lo tenía todo bastante claro. Es decir, no había venido al mundo a decir las cosas con medias tintas ni a contentar a los tibios. Para seguirle a él todo debía ser abandonado.

El caso es que Jesús sabía perfectamente que la muerte acababa con todo. Ciertamente, todo el mundo sabía eso pero al parecer no se daban cuenta de que lo único que valía la pena era salvar el alma.

Es más, avisa acerca de que ha de volver. Claro, antes había de morir y, cuando volviera no lo iba a hacer para pasar el rato. No. Iba a venir, vendrá, para juzgar a vivos y a muertos. Y eso debería ser un aviso bastante claro.


JESÚS, ayúdanos a acumular para la vida eterna.

Eleuterio Fernández Guzmán


4 de agosto de 2016

Confiar en Pedro



Jueves XVIII del tiempo ordinario

Mt 16,13-23

En aquellos días, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas’. Díceles Él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro contestó: ’Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’. Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro:’ ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’”.

COMENTARIO

Quién es Cristo

Cristo quería saber qué pensaba la gente de Él. Y es que como hombre no podía saberlo. Pero lo que, en realidad, quería saber era qué pensaban sus Apóstoles. Y Pedro le contesta con toda verdad y realidad.


Pedro

Aquel hombre, quien lo iba a negar tres veces, le dice la verdad: es el Hijo de Dios. Y a aquel hombre lo convierte en piedra sobre la que iba a edificar su Iglesia y a quien da las llaves de la misma.

Lo que ha de pasar

Pero había algo que no iba a gustar, precisamente, a Pedro. Cristo les dice lo que va a pasar y eso no es del gusto de ninguno de los presentes. Y Cristo se da cuenta de lo difícil que va ser el final de su misión.


JESÚS, ayúdanos a confiar en Pedro 


Eleuterio Fernández Guzmán

2 de agosto de 2016

Confiar plenamente en Cristo

Mt 14, 22-36


“22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. 24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. 25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.

26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’, y de miedo se pusieron a gritar. 27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: ‘¡Animo!, que soy yo; no temáis.’ 28 Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre
las aguas.’ 29 ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. 30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’ 31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’ 32 Subieron a la barca y amainó el viento. 33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios.’ 34 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. 35 Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos.
36 Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.”

COMENTARIO

El Hijo de Dios tenía mucho que enseñar a los que había escogido como Apóstoles. Y lo hacía de muchas formas porque era consciente de que necesitaban aprender lo que era la voluntad de Dios Todopoderoso.

El episodio de ver a Jesús caminar sobre las aguas debió dejar helados a los que estaban en la barca. Y es que no era muy habitual ver una cosa así. No nos extraña que tuvieran miedo y tampoco que el Maestro los tranquilizara.

Pedro, aquel que tenía cierta primacía sobre los demás, no tiene dudas… en principio. Se tira al agua porque sabe que es Jesús pero su confianza no es del todo plena. Y cae a las aguas. Al contrario que la de aquellos que sabían que tan sólo con tocar la orla de su manto iban a quedar curados. Y quedaban…


JESÚS, ayúdanos a tener plena confianza en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


1 de agosto de 2016

El poder del Todopoderoso


Lunes XVIII del tiempo ordinario
Mt 14,13-21

En aquel tiempo, cuando Jesús recibió la noticia de la muerte de Juan Bautista, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras Él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. 

Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: ‘El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida’. Mas Jesús les dijo: ‘No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer’. Dícenle ellos: ‘No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces’. Él dijo: ‘Traédmelos acá’. 

Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.”

COMENTARIO

Podemos suponer el dolor que Jesús debió sentir cuando supo que su primo Juan, que lo había bautizado en el río Jordán había muerte de aquella forma tan injusta y terrible. Quiso retirarse a orar, pero muchos lo siguieron.

Jesús quiso probar a sus apóstoles. Quería ver hasta dónde eran capaces de llegar con su confianza en Dios. Fallaron en esto porque ellos pensaban como hombre y no como el Creador. No supieron cómo hacer frente a tanta boca necesitada de comida.

Pero Cristo era Dios hecho hombre. Sabía perfectamente cómo salir de aquella difícil situación. Y se dirige a su Padre Dios para que, mediante Él, auxilie a quien tanta necesitad habían de auxilio. Y es que Cristo sabe cómo dirigirse a Dios.

JESÚS, ayúdanos a confiar en su voluntad misericordiosa.

Eleuterio Fernández Guzmán


31 de julio de 2016

Lo que verdaderamente interesa




Domingo XVIII (C) del tiempo ordinario

Lc 12,13-21

En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: ‘Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo’. Él le respondió: ‘¡Hombre!, ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?’. Y les dijo: ‘Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes’.

Les dijo una parábola: ‘Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios’”.


COMENTARIO

A lo largo de sus años de predicación, el Hijo de Dios sabía que había algo que debía poner en conocimiento de todos aquellos que le pudiesen escuchar algo que era muy importante: hay cosas que no valen la pena de cara a la vida eterna.

La ambición humana siempre ha estado al orden del día desde que el mundo es mundo y desde que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza. Caín, por ejemplo, ambicionaba el amor que él creía que Dios tenía por su hermano Abel. Y, desde entonces…

Sin embargo, la voluntad de Dios suele ir por caminos distintos a los que el ser humano prefiere. Y es que Creador tiene en cuenta otros parámetros de vida y no los que nosotros solemos tener. Sólo vale, para Él, aquello que no enriquece para el Cielo.


JESÚS,  ayúdanos a saber qué es lo que nos conviene.


Eleuterio Fernández Guzmán


30 de julio de 2016

El Bautista

Sábado XVII del tiempo ordinario
Mt 14,1-12

En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: ‘Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas’. 

Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: ‘No te es lícito tenerla’. Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta. 

Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, ‘dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista’. Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.”

COMENTARIO

Aquel hombre, Herodes, debía tener un cacao mental muy grande al respecto de lo que era la resurrección. Y es que lo que está diciendo acerca de Jesús no es que haya resucitado sino que se habría reencarnado porque la resurrección supone ser la misma persona y era evidente que Cristo no era la misma persona que Juan el Bautista.

La muerte del primo de Jesús fue la propia de un héroe de la fe. Y es que Juan el Bautista había cumplido a la perfección con la misión que le había encomendado Dios. Y decir la verdad al poderoso era una de las características de aquel gran profeta, el último del Antiguo Testamento.

Podemos imaginar cómo quedaría el corazón de Jesús cuando supo el final que había tenido su primo Juan, el hijo de Zacarías e Isabel. Sin embargo, con eso supo que había llegado el momento de dar los pasos definitivos acerca de su ministerio.

JESÚS,  ayúdanos a tener la confianza del Bautista.

Eleuterio Fernández Guzmán


29 de julio de 2016

Lo que vale la pena

Lc 10,38-42

En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude’. Le respondió el Señor: ‘Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada’”.

COMENTARIO

Jesús, por mucho que quiera plantearse algo contrario a eso, tenía amigos como los tenía cualquiera de sus contemporáneos. Marta, María y Lázaro, de Betania, eran seguramente de los mejores amigos que tenía Cristo. Por eso muchas veces acude a su casa.

Marta y María atienden a Jesús cuando las visita. Sin embargo, no es la misma forma de atender al Maestro. Marta anda de un lado para otro atendiendo a la vista y se enfada con María porque ha optado por quedarse escuchando a Jesús.

Sin embargo, el Maestro sabe que es más importante que María escuche a quien le ha de enseñar. En realidad, Marta ha escogido la agitación del mundo mientras que María ha preferido la tranquilidad del Espíritu de Dios y el conocimiento de su amigo y Maestro. Y esa es la mejor parte de todas.

JESÚS,  ayúdanos a ser como María sin olvidar a Marta.

Eleuterio Fernández Guzmán


28 de julio de 2016

Otro aviso sobre el Juicio Final

Jueves XVII del tiempo ordinario
Mt 13,47-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?’ Dícenle: ‘Sí’. Y Él les dijo: ‘Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo’. Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.”

COMENTARIO

Empecemos por el final. Queremos decir que es muy importante que Jesús, una vez, digamos, había avisado de aquello que iba a suceder (no como posibilidad sino como realidad insoslayable) sabe que debe ir a otro lugar a predicar lo mismo. Todo aquel que lo conozca ha de saber, al menos, lo que puede escoger o no escoger.

¿A qué se refiere ahora? En realidad, se refiere a lo que siempre predica que es, además, lo que había sido objeto de predicación desde que empezó su vida pública: las consecuencias de la vida o, lo que es lo mismo, acceder o no a la vida eterna.

No cabe duda alguna de aquello a lo que se refiere el Hijo de Dios: habrá, entonces, cuando eso suceda, buenas acciones o malas acciones, buenos comportamientos o malos comportamientos. Es decir, la vida del creyente será tenida muy en cuenta a la hora de destinar nuestra alma a Cielo, al Infierno o al Purgatorio-Purificatorio.
JESÚS,  ayúdanos a ser de los buenos

Eleuterio Fernández Guzmán


27 de julio de 2016

Encontrar el tesoro de la fe



Miércoles XVII del tiempo ordinario
Mt 13,44-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
‘También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra’”.

COMENTARIO

Cualquiera diría que Jesús entendía que el Reino de Dios era algo que nadie podía tener, digamos, de ordinario. No. Lo que quiere decir el Hijo de Dios es que hay que hacer algún esfuerzo para alcanzar el definitivo Reino de Dios, el Cielo.

Cristo compara el Reino de los Cielos con dos cosas. Digamos que la referida al tesoro escondido tiene mucho que ver con quien encuentra el Reino sin buscarlo. Es decir, quien como san Pablo se encontró con Cristo cuando, precisamente, andaba persiguiendo a sus discípulos.

Sin embargo, hay quien sí busca el Reino de Dios. Tales creyentes quieren encontrar a Dios y hacen lo posible para dar con el Padre. Tales personas, cuando encuentran a Quien tanto había buscado, lo dejan todo, abandonan todo su pasado y van tras el Reino del Todopoderoso.

JESÚS,  ayúdanos a encontrar el definitivo Reino de Dios cumpliendo la santa voluntad del Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán


26 de julio de 2016

Así será el fin del mundo

Martes XVII del tiempo ordinario
Mt 13,36-43

En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: Explícanos la parábola de la cizaña del campo’. Él respondió: ‘El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 
‘De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga’”.

COMENTARIO

De las muchas que Jesús habla de lo que ha de pasar, en el porvenir de la humanidad, la que viene referida en este evangelio de San Mateo, es la más clara. No se anda con medias tintas ni nada por el estilo sino que lo dice todo con meridiana claridad.

Los apóstoles le preguntan por el significado de la parábola de la cizaña. Ellos, en realidad, no la han entendido porque no es poco cierto que no estaba muy formados intelectualmente. Pero el Hijo de Dios sabe eso y procura que aprendan y conozcan lo que es esencial.

Pero lo mejor viene luego. Habla Cristo de lo que será el fin del mundo. No habla en hipótesis o imaginativamente sino sobre lo que ha de pasar. Y, en verdad, según lo dice es mucho mejor no haber ocupado el papel de la cizaña.
JESÚS, ayúdanos a no ser cizaña sino trigo que da buen fruto.

Eleuterio Fernández Guzmán


25 de julio de 2016

Servir

Mt 20,20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: ‘¿Qué quieres?’. Dícele ella: ‘Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino’. Replicó Jesús: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?’. Dícenle: ‘Sí, podemos’. Díceles: ‘Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre’. 

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: ‘Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’”.

COMENTARIO

Muy a pesar de los deseos humanos e, incluso, muy a pesar de los deseos humanos de carácter espiritual, lo que Dios quiere de nosotros lo decide Quien nos ha creado. Por ejemplo, decidir quién se sienta a su derecha o a su izquierda.

De todas formas, bien nos dice Cristo que para estar ahí, a la derecha o a la izquierda de Dios (sea lo que sea que quiera decir eso) no basta con manifestar preferencia por tales lugares. Hay que hacer algo más que manifestar tal deseo.

Lo que el Hijo de Dios quiere decirnos es que hay seguir su ejemplo. Vino a servir y a no ser servido y en esto, en esto también, el discípulo no puede ser más que el Maestro. Si Él vino a ayudar al prójimo en tal sentido dicho el servicio… lo mismo debemos hacer sus discípulos.

JESÚS, ayúdanos a saber ser servidores.


Eleuterio Fernández Guzmán

24 de julio de 2016

La oración según Cristo




Domingo XVII (C) del tiempo ordinario

Lc 11,1-13

Un día que Jesús estaba en oración, en cierto lugar, cuando hubo terminado, uno de sus discípulos le dijo: ‘Señor, enséñanos a orar, como Juan lo enseñó a sus discípulos’. Les dijo: ‘Cuando oréis, decid: ‘Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Danos cada día el pan que necesitamos. Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos todos los que nos han ofendido. Y no nos expongas a la tentación’’.

También les dijo Jesús: ‘Supongamos que uno de vosotros tiene un amigo, y que a medianoche va a su casa y le dice: ‘Amigo, préstame tres panes, porque otro amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa y no tengo nada que ofrecerle’. Sin duda, aquel le contestará desde dentro: ‘¡No me molestes! La puerta está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme a darte nada’. Pues bien, os digo que aunque no se levante a dárselo por ser su amigo, se levantará por serle importuno y le dará cuanto necesite. Por esto os digo: Pedid y Dios os dará, buscad y encontraréis, llamad a la puerta y se os abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra y al que llama a la puerta, se le abre. ¿Acaso algún padre entre vosotros sería capaz de darle a su hijo una culebra cuando le pide pescado? ¿O de darle un alacrán cuando le pide un huevo? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre que está en el cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!’”.

COMENTARIO

Aquellos que estaban en contacto directo con Jesús, a diferencia de aquellos que lo escuchaban esporádicamente, sabían que había algo que el Maestro hacia muy bien y querían aprender cómo lo hacía: orar, la oración, dirigirse a Dios.

Jesús no les enseña una oración muy alambicada. En apenas unas líneas les dice lo que Dios quiere escuchar de ellos. Y es que se trata, más que nada, de pedir a cambio de una fe que se mantiene firme y segura.

No debían creer ellos, sin embargo, que orar era algo que se debía hacer de vez en cuando. No. Al contrario era la verdad: debían orar con perseverancia y, al menos, como aquella que muestra el amigo importuno de lo que cuenta.

JESÚS, ayúdanos a orar como Dios quiere que oremos.


Eleuterio Fernández Guzmán


23 de julio de 2016

La cizaña entre el trigo


Sábado XVI del tiempo ordinario
Mt 13,24-30

“En aquel tiempo, Jesús propuso a las gentes otra parábola, diciendo: ‘El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: ‘Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?’. Él les contestó: ‘Algún enemigo ha hecho esto’. Dícenle los siervos: ‘¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?’. Díceles: ‘No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero’”.

COMENTARIO

Dios siembre el bien; otros, la cizaña

El Creador, desde que dio comienzo a la Creación, no manifestó mala intención alguna. Es decir, su voluntad era crear lo bueno y no permitir que lo malo se adueñase de aquello a lo que había dado vida. Pero hubo quien, seguramente desde aquel Principio, quiso otra cosa.

El ansia de corrección del hombre

No es nada extraño que el ser humano creyente, cuando se da cuenta de que hay quien siembra cizaña en el campo del Señor, quiere solucionar expeditivamente la cuestión. Sin embargo, Dios entiende las cosas de otra forma.


Lo que se hace con la cizaña

El mensaje claro y diáfano lo pone Cristo al final de este texto del Evangelio de San Mateo. La cizaña no va a quedar impune de su labor malintencionada. Por eso dice eso de que ha de ser quemada y, ya sabemos a qué se refiere el Maestro.

JESÚS, ayúdanos a no ser cizaña; a no seguir siéndolo.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de julio de 2016

La fe y el amor de la Madgalena


Jn 20,1-2.11-18


“El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto’.

Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: ‘Mujer, ¿por qué lloras?’. Ella les respondió: ‘Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto’. Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: ‘Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?’. Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: ‘Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré’. Jesús le dice: ‘María’. Ella se vuelve y le dice en hebreo: ‘Rabbuní’ —que quiere decir: Maestro’—. ‘Dícele Jesús: ‘No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.”


COMENTARIO

Aquella mujer, María Magdalena, tenía mucho que agradecer a Cristo. Al parecer había sacado de ella una serie de demonios que la habían hecho perderse por caminos nada recomendables para quien quiere entrar en el reino de los cielos.

María de Magdala acude al sepulcro porque quiere cuidar un poco el cuerpo del Maestro. Ella se sorprende de que no esté allí su cuerpo y pregunta. En principio no lo reconoce pero cuando sí lo reconoce exulta de alegría y gozo.

Jesús la envía. Lo que quiere que haga el Hijo de Dios es que comunique a los otros, a sus apóstoles y demás discípulos que están escondidos por miedo a los judíos, que ha resucitado. Era el principio de todo un devenir divino.

JESÚS, ayúdanos a tener la fe de María Magdalena


Eleuterio Fernández Guzmán


21 de julio de 2016

Ver y entender; oír y comprender



Jueves XVI del tiempo ordinario
Mt 13,10-17
En aquel tiempo, acercándose los discípulos dijeron a Jesús: ‘¿Por qué les hablas en parábolas?’. Él les respondió: ‘Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’.
‘¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron’”.
COMENTARIO

Los discípulos más allegados de Jesús, aquellos que eran sus apóstoles, aprendía lo que era la santa doctrina que el Maestro había venido a traer al mundo. Y se extrañaban que los demás no pudiesen hacer lo mismo. Pero Jesús sabía que no todos estaban preparados para eso.

El corazón de todos no estaba preparado para comprender la Verdad. Por eso Jesús habla de algo que pudiera parecer extraño: hay quien ve pero no ve y hay quien oye pero no entiende. Y es que, en verdad, había quien caminaba tras Cristo sin saber lo que estaba escuchando.

Ellos, sin embargo, los apóstoles de Cristo estaban presenciando lo que muchos profetas, a lo largo de los siglos, habían querido presenciar. Ellos eran, verdaderamente, unos privilegiados y debían darse cuenta de eso.

JESÚS,  ayúdanos a entender y a comprender tu santo mensaje.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de julio de 2016

Santo sembrador

Miércoles XVI del tiempo ordinario

Mt 13,1-9

En aquel tiempo, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: ‘Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga’”.

COMENTARIO

Había muchos que querían saber lo que Jesús decía. Por eso, en muchos textos del Nuevo Testamento se refleja la circunstancia de que eran, en efecto, muchos los que le seguían. Allí donde estuviese otros lo buscaban.

En esta ocasión les hace espiritual frente con la parábola del sembrador. En este caso es Dios quien sale a sembrar su voluntad y su ley. Y hay quienes la acogen de forma impetuosa pero, luego, la olvidan. Y hay quienes, así, la acogen mejor o peor e, incluso, quienes la acogen perfectamente y dan mucho fruto.

Ante aquello que decía, el Maestro hace uso de una expresión que utiliza otras muchas veces. Y es que decir que quien tenga oídos que oiga es lo mismo que manifestar que todo el mundo puede hacer lo posible para aceptar aquello que les está diciendo.



JESÚS, ayúdanos a aceptar tu santa Palabra.

Eleuterio Fernández Guzmán


19 de julio de 2016

Hermanos en Cristo

Mt 12, 46-50

“Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: ‘¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.’ Pero él respondió al que se lo decía: ‘¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?’ Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: ‘Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.’”

COMENTARIO

Con Jesús había mucha gente. Nos dice este texto del evangelio de san Mateo que había allí una muchedumbre. Y cómo sería la cosa para que la Virgen María ni siquiera pudiera acercarse a su hijo amado para hablar con Él.

Muchos de los que escuchan a Jesús tienen, de su fe, una concepción en exceso equivocada. Por eso, cuando allí se presentan María con otros miembros de su familia, no se dan cuenta de que Jesús tiene un concepto muy distinto de las cosas que pasan en su vida.

Para Jesús hay algo que es muy importante. Y no es que quiera hacer de menos a su Madre y a sus parientes sino que sabe que quien actúa según la voluntad de Dios transmitirá su Palabra con gozo y, lo que es más importante, la pondrá en práctica.


JESÚS, ayúdanos a ser verdaderos hermanos tuyos.


Eleuterio Fernández Guzmán

18 de julio de 2016

No hacen falta signos


Lunes XVI del tiempo ordinario

Mt 12,38-42

En aquel tiempo, le interpelaron algunos escribas y fariseos: ‘Maestro, queremos ver una señal hecha por ti’. Mas Él les respondió: ‘¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás. Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón’”.


COMENTARIO

Muchos de los que perseguían a Jesús estaban ávidos de señales. Es decir, como no creían en lo que hacía o decía el Maestro buscaban excusas para que mostrase, con signos, que era quien decía ser según sus hechos.

Jesús, sin embargo, había venido no a demostrar que era el Hijo de Dios sino a serlo. Por eso les echa en cara que aquellos que eso quieren no es que tengan intención alguna de conocer la verdad sino, en todo caso, de esconderla.

En dos ocasiones, en este texto, se pone Cristo muy por encima de dos personas muy importantes en la historia del pueblo elegido por Dios. Tanto Jonás, como profeta, como Salomón como rey de Israel, habían dejado una huella muy importante de su paso por el mundo. Pues Aquel que les hablaba, y lo decía con autoridad y sabiduría, era más que ellos.


JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de tu palabra.


Eleuterio Fernández Guzmán