24 de marzo de 2017

Recoger con Cristo


Jueves III de Cuaresma
Lc 11,14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama’”.

COMENTARIO

No es poco cierto que cuando el Hijo de Dios, dotado del poder absoluto por parte del Todopoderoso, expulsaba un demonio de una persona, había muchos que se extrañaban de aquello y se preguntaban hasta qué punto aquello era ordinario de parte de un hombre.

Jesucristo, sin embargo, sabía que eso lo decían para utilizar un argumento así en contra de Quien había venido al mundo a salvar a quien necesitaba ser salvado aunque hubiera muchos que no quisiesen entender eso.

Hay algo que, al final de este diálogo, dice el Hijo de Dios que deberían haberlo tenido muy en cuenta aquellos que le escuchaban. Y es que quien no está con Él pierde lo que cree que tiene mientras que quien está con el Enviado de Dios, recoge lo bueno y mejor.

JESÚS, ayúdanos a recoger contigo.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de marzo de 2017

La Ley de Dios


Miércoles III de Cuaresma
Mt 5,17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.

COMENTARIO

Muchos creían, en tiempos del Mesías, que cuando llegara al mundo en Enviado de Dios muchas cosas iban a cambiar. Y es que lo tenían por un Mesías batallador que iba a restablecer el reino de Israel terminando con la invasión extranjera. Pero estaban muy equivocados.

El Hijo de Dios, Jesucristo, el Mesías esperado por el pueblo elegido por el Todopoderoso había venido a que se cumpliera la Ley de Dios. No había venido a que se implantara un nuevo Derecho sino, simplemente, a que se cumpliera. Y eso era señal de que no se estaba cumpliendo.

La Ley de Dios debía ser cumplida en todos sus puntos y acentos. Ni siquiera, por eso mismo, podía incumplirse el más pequeño de ellos pues quien eso hiciera, y haga, no es que no vaya al Cielo (así, dicho, en general) sino que, en caso de ir, será muy pequeño allí.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la Ley de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán


21 de marzo de 2017

Saber ser misericordiosos


Martes III de Cuaresma

Mt 18,21-35

En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ’No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

‘Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’”.


COMENTARIO


Cuando Pedro le pregunta a Jesucristo acerca del perdón sabe que, a lo mejor, le iba a extrañar la respuesta que le iba a dar el Maestro. Por eso, podemos imaginar qué pensaría cuando le respondió que debía perdonar, sencillamente, siempre.

Para hacer comprender lo que significa el perdón, el Hijo de Dios plantea la parábola de aquel rey que quería ajustar cuentas con uno de sus siervos porque sabía, se lo habrían dicho, que le debía mucho dinero. Y le perdona todo porque tiene buen corazón.

Aquel siervo, sin embargo, no hace lo mismo con alguien que le debe muy poco (con relación a lo que él le debía al rey). No sabe perdonar y eso le cuesta su propia libertad.



JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de marzo de 2017

El Amor de Dios es para todos sus hijos



Lunes III de Cuaresma
Lc 4,24-30


"En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio’.

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.”

COMENTARIO

Que había muchos que, en tiempos de Cristo, creían que sólo el pueblo judío se iba a salvar de la defenestración del mundo. Por tanto, ni se les pasaba por la cabeza que las personas de otro pueblo pudiesen recibir el parabién de Dios.

Pero Jesucristo, el Hijo del Padre Todopoderoso, sabía que, ya en otros tiempos había muchos que, aún no siendo miembros del pueblo judío, habían recibido el favor del Creador. Dios era un Dios de todos y no sólo de unos pocos.

Decir eso supuso mucho para muchos. No extraña, para nada, que quisiesen despeñarlo aunque bien sabía Jesucristo que nada podían hacer contra Él que no quisiera soportar.


JESÚS, ayúdanos a tener fe en el Amor inmenso del Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de marzo de 2017

Domingo, 19 de marzo de 2017- Cristo siempre sorprende.



Domingo III de Cuaresma

Jn 4,5-42

“En aquel tiempo, Jesús llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: ‘Dame de beber’. Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: ‘¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?’ (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: ‘Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva’. Le dice la mujer: ‘Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?’. Jesús le respondió: ‘Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna’.

Le dice la mujer: ‘Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla’. El le dice: ‘Vete, llama a tu marido y vuelve acá’. Respondió la mujer: ‘No tengo marido’. Jesús le dice: ‘Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad’.

Le dice la mujer: ‘Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar’. Jesús le dice: ‘Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad’.

Le dice la mujer: ‘Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo’. Jesús le dice: ‘Yo soy, el que te está hablando’.

En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: ‘¿Qué quieres?’, o ‘¿Qué hablas con ella?’. La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: ‘Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?’. Salieron de la ciudad e iban donde Él.

Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: ‘Rabbí, come’. Pero Él les dijo: ‘Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis’. Los discípulos se decían unos a otros: ‘¿Le habrá traído alguien de comer?’. Les dice Jesús: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga’.

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: ‘Me ha dicho todo lo que he hecho’. Cuando llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: ‘Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo’.


COMENTARIO

En este texto del Evangelio de San Juan hay muchas personas que resultan sorprendidas por lo que el Hijo de Dios les dice. La primera que se sorprende es aquella mujer samaritana que se da cuenta de que ha encontrado al Mesías por lo que le dice.

También se sorprenden los Apóstoles que no acaban de entender aquello de que su alimento no es de comer, digamos, como ordinariamente nos alimentamos los seres humanos sino que tiene un sentido espiritual.

Pero también se sorprenden los vecinos de aquella mujer samaritana. Ellos no la creen y necesitan ver con sus propios ojos a quien ella dice que es el Mesías. Luego sí, luego si se convencen, por lo que le escuchan decir, de que han conocido al Enviado de Dios.

JESÚS,   ayúdanos a no dudar de Ti nunca.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de marzo de 2017

Hacer lo que hay que hacer


Lc 15,1-3.11-32

En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Este acoge a los pecadores y come con ellos’. Entonces les dijo esta parábola. ‘Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre. 

‘Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta. 

‘Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’”.

COMENTARIO

La parábola del hijo prodigo que Cristo pone sobre la mesa informa del comportamiento que, muchas veces, tenemos con relación a Dios, Padre Nuestro. Y es que en tantas ocasiones nos equivocamos.

La actitud de cada uno de sus hijos es síntoma de comportamiento inadecuado. Ninguno de los dos hace las cosas bien en materia espiritual. Ni el pequeño ni el mayor se comportan como debería comportarse un hijo con su padre que es lo mismo que decir que nosotros con el Creador.

Destaca, sin embargo, la actitud del padre. Perdona a quien se ha ido y hace lo propio con quien se ha quedado, el mayor. Él los quiere a los dos por igual aunque el mayor de ellos eso no lo comprenda. Vale, pues, la misericordia del Padre.


JESÚS,  ayúdanos a ser fieles hijos de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de marzo de 2017

Lo que es conveniente saber




Jueves II de Cuaresma
Lc 16,19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

‘Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’. 

‘Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’”.


COMENTARIO

Lo que Cristo cuenta a los que le quieren escuchar es de una importancia crucial porque es importante que conozcan aquello que les ha de venir muy bien a la hora de la muerte. Y el caso de Lázaro y Epulón es sintomático y expresión de lo que debemos saber.

Aquel hombre rico se lo pasaba muy bien. Pero había quien, en su propia puerta, pasaba muchas necesidades y, al parecer, no podía esperar remedio alguno de parte de aquel rico que tan bien se lo pasaba. Y eso iba a pasarle una factura muy elevada a Epulón.

Debemos tener en cuenta que lo que Cristo nos quiere decir con esto no es que ser rico sea, en sí mismo, pecaminoso. Pero sí lo es comportarse como lo hace Epulón sin tener en cuenta a los más necesitados. Y eso, como aquí se ve, tiene malas consecuencias.


JESÚS,  ayúdanos a no ser como Epulón.

Eleuterio Fernández Guzmán


15 de marzo de 2017

Ser servidor


Miércoles II de Cuaresma
Mt 20,17-28

En aquel tiempo, cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará’.

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: ‘¿Qué quieres?’. Dícele ella: ‘Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino’. Replicó Jesús: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?’. Dícenle: ‘Sí, podemos’. Díceles: ‘Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre’.

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: ‘Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’”.

COMENTARIO

La ambición es una característica muy humana. Por eso la madre de Santiago y Juan, haciéndose eco de lo que ellos mismos pensaban, querían estar en un buen lugar al lado del Hijo de Dios. Habían comprendido que era, en efecto, el Mesías.

Pero Cristo sabe lo que, en verdad, es conveniente para sus discípulos. Sabe, además, que tanto un hermano como otro darán su vida por el Enviado de Dios pero el lugar dónde estarán en el Cielo es cosa del Todopoderoso.

Y todo esto tiene una razón de ser: el servicio. Y es que Jesucristo sabe que él mismo no ha venido a ser servicio sino a servir y sus discípulos no pueden hacer otra cosa que no sea servir. Y ahí está el verdadero cielo y la vida eterna.

JESÚS,  ayúdanos a ser buenos servidores.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de marzo de 2017

Lo que hay que hacer


Martes II de Cuaresma
Mt 23,1-12

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.

‘Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Doctores’, porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’”.


COMENTARIO

En este diálogo que mantiene Jesús con sus discípulos se ve en la obligación de corregir muchos pensamientos de aquellos que le escuchan. Y es que llevan muchos siglos modificando la doctrina santa que Dios quiere para su pueblo.

Sabe el Hijo de Dios que aquellos que son puestos para regir la vida espiritual del pueblo elegido por dios saben perfectamente qué deben enseñar. Así lo hacer pero, luego, en su vida ordinaria, no aplican aquello que enseñan. Por eso Jesucristo les dice que hagan lo que dicen pero no lo que hacen.

Y algo muy importante: en el Cielo no sirven las categorías humanas donde el más importante es el que más poder tiene. No. En el Cielo el primero es el último que así actúa en el mundo, en el siglo. Por eso debemos hacernos servidores de nuestros hermanos los hombres.


JESÚS, ayúdanos a ser humildes.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de marzo de 2017

Lo importante que es perdonar



Lunes II de Cuaresma


Lc 6, 36-38

“Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.”


COMENTARIO

Jesucristo siempre pone a Dios como ejemplo de cómo debemos ser. Y es que el Hijo ama al Padre y eso se nota siempre. Por eso quiere que seamos compasivos porque Dios es compasivo y así alcanzaremos un lugar privilegiado en el corazón del Todopoderoso.

Pero nos dice Cristo algo que es muy importante: no debemos juzgar. Eso no quiere decir que nunca podamos decir nada de nadie sino que debemos decirlo como lo diría Dios y bajo el prisma del amor.

Y una cosa más que muchas veces olvidamos: aquello que hagamos con los demás, se hará con nosotros. Por eso debemos dar para recibir, entregar para que Dios se nos dé de corazón.


JESÚS, ayúdanos a ser compasivos y misericordiosos.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de marzo de 2017

Domingo, 12 de marzo de 2017 – Transfigurarse



Mt 17, 1-9

“Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos  como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.’ Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.’ Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo.  Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: ‘Levantaos, no tengáis miedo.’  Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.  Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.’”

COMENTARIO

No podemos negar que Jesucristo sabía que, entre sus Apóstoles, había unos cuantos que eran muy especiales. Por eso los escoge para que lo acompañen en determinadas situaciones. Y eso es lo que hace ahora, cuando acude con ellos al monte donde va a pasar algo maravilloso.

Podemos imaginar cómo aquellos discípulos muy cercanos al Mesías miran la escena. Y es que no todos los días se les iban a aparecer profetas como Elías y Moisés. Por eso se sienten tan bien que quieren quedarse allí para siempre. Estaban, claro, un poco equivocados a tal respecto.

Pero había algo más que nunca iban a olvidar: la resurrección del Maestro. Y ellos, que entonces no comprendían para nada aquello de que tenía que resucitar quien todavía no había muerto, guardaron aquello en su corazón hasta que llegó, precisamente, el día en el que, en efecto, volvió a la vida el Hijo del hombre.

JESÚS, ayúdanos a comprender, de verdad, lo que significó tu resurrección.



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de marzo de 2017

Lo que pide Cristo…


Sábado I de Cuaresma
Mt 5,43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial’”.

COMENTARIO

El Hijo de Dios, en su predicación, pedía cosas que, para la gran mayoría de las personas, eran muy difíciles de llevar a cabo. En realidad, lo que decía era propio de la voluntad de Dios y, por eso mismo, era tan difícil de comprender y de cumplir.

Lo que ahora dice Cristo es, ni más ni menos, que ante un enemigo, no se le tenga odio y se le odie sino que se haga algo que, muchas veces, no es fácil: que se le ame. Y lo dice a sabiendas de que lo que se entendía acerca de tales situaciones era, justamente, lo contrario.

Pero Jesucristo sabe lo que importa. Al fin y al cabo, hacer lo que ya se espera de nosotros no es nada del otro mundo. Por eso, resulta importante amar a quien te odia porque eso supone que se ejercita la misericordia y el perdón. Y eso lo ha de tener muy en cuenta el Todopoderoso.


JESÚS, ayúdanos a perdonar a quien nos odia; ayúdanos.



Eleuterio Fernández Guzmán

10 de marzo de 2017

La verdadera Ley de Dios

Viernes I de Cuaresma
Mt 5,20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano ‘imbécil’, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame ‘renegado’, será reo de la gehenna de fuego. 

‘Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.’”

COMENTARIO

Jesucristo sabía que debía corregir mucho de lo que sus contemporáneos y hermanos en la fe creían que era la Ley de Dios. Por eso, en muchas ocasiones, debía decir aquello que no querían escuchar.

Hace el Hijo de dios muchas advertencias. Quiere que cumplamos la Ley del Padre de forma correcta y no cómo nos convenga. Y así habla del precepto divino “no matarás”. Pero, sobre el mismo, va mucho más lejos porque además de matar incluye en el mismo aquello que o es tal matar pero sí hacerlo con la dignidad de la persona.

No salir hasta haber pagado todo lo debido. Así viene a referirse Jesucristo a la pena que nos puede corresponder por incumplir alguno de los preceptos de Dios. Y por eso pone sobre la mesa cómo han de ser las cosas.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la Ley de Dios



Eleuterio Fernández Guzmán

9 de marzo de 2017

Buscar a Dios y encontrarlo

Jueves I de Cuaresma
Mt 7,7-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas’”.

COMENTARIO

Lo dice Cristo con toda claridad. No puede haber duda alguna acerca de lo que quiere decirnos. Y es que los que quieran ser discípulos suyos tienen que buscar y tienen que llamar.

Lo que quiere decirnos el Hijo de Dios es que debemos buscar a Dios para hallarlo, que debemos llamar a la puerta del corazón del Creador para que nos abra la puerta y entremos por ella. Y, en resumidas cuentas, que debemos dirigirnos al Todopoderoso.

El caso es que Jesucristo nos dice que siempre nos da cosas buenas porque nosotros, como padres que somos (o como prójimos de otros) damos cosas buenas si amamos. Pues eso, aumentado en mucho, hace Dios con nosotros, sus hijos.


JESÚS, ayúdanos a llamar a la puerta del corazón de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

8 de marzo de 2017

La advertencia de Cristo


Miércoles I de Cuaresma
Lc 11,29-32

En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: ‘Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás’”.

COMENTARIO

El Hijo de Dios conocía muy bien el devenir de la historia de la salvación. Por eso reconocía que la generación en la que estaba tenía una fe demasiado llevada y traída por intereses mundanos y humanos. Y debía enseñar.

Conoce Cristo aquella historia. Por eso sabe que los habitantes de Nínive se convirtieron por la predicación de Jonás. Lo que les está diciendo Jesús es que ellos, que le piden una señal en demostración de su filiación divina, ya tienen el aviso de catástrofe que Jonás hizo a los habitantes de aquella ciudad.

Ellos, sin embargo, al parecer, no les sirve aquello de Jonás. Pero serán juzgados por los que sí se convirtieron con lo que les dijo aquel que no quería ser profeta. Y, es más, Aquel que les habla es mucho más que Jonás. Deberían haber entendido…


JESÚS,  ayúdanos a creer en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán

7 de marzo de 2017

La oración según Cristo

Martes I de Cuaresma
Mt 6,7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

‘Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas’”.

COMENTARIO

El Hijo de Dios quería que sus apóstoles y todos aquellos que querían ser sus discípulos orasen a Dios como Dios quería que orasen. Y les explica que no deben hacer como muchos hacen creyendo que el Todopoderoso les va escuchar de cualquier forma.

Jesucristo les enseña la oración que, desde entonces, ha sido la que hemos utilizado para dirigirnos a Dios. El Padre Nuestro es aquel instrumento espiritual que, bien entendido, es agradable al corazón del Padre.

Y, para terminar, algo que es muy importante: debemos perdonar porque, perdonando, Dios nos va a perdonar. De otra forma, no queramos lo que, simplemente, no es posible.


JESÚS,  ayúdanos a ser mejores.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de marzo de 2017

Ser como Cristo quiere que seamos


Lunes, 6 de marzo de 2017

Lunes I de Cuaresma
Mt  25, 31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’. 

‘Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna’”.

COMENTARIO

El mensaje de Jesús no siempre era bien recibido. Por eso cuando habla de temas como el que hoy trae este texto del Evangelio de San Mateo, muchos debieran haberse preocupado. Y es que llegará el día en el que a cada uno se le dará lo que le corresponda.

El caso es que Jesús se pone de ejemplo pero el ejemplo lo pone en el prójimo de aquellos que le escuchan. Por eso el bien que se hace al prójimo se le hace a Cristo mismo y el daño que se hace al prójimo se le hace a Cristo mismo.

El resultado de todo esto es bien claro: aquellos que hacen el bien a los necesitados tendrán un gran gozo en el Cielo pero aquellos que no hagan el bien a quien de verdad lo necesiten no tendrá ninguna recompensa ni nada por el estilo.


JESÚS,  ayúdanos a ser como quieres que seamos.



Eleuterio Fernández Guzmán

5 de marzo de 2017

Domingo, 5 de marzo de 2017 – Ser tentado y vencer al Maligno



Mt 4, 1-11

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.’ Mas él respondió: ‘Está escrito: = No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.’ =   Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: = A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.’ = Jesús le dijo: ‘También está escrito: = No tentarás al Señor tu Dios.’ = Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria,  y le dice: ‘Todo esto te daré si postrándote me adoras.’ Dícele entonces Jesús: ‘Apártate, Satanás, porque está escrito: = Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.’ =  Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.”


COMENTARIO

Era de esperar que el Maligno, aquel que se había revelado contra Dios, quisiese echar a perder al Hijo del Todopoderoso. Por eso, en cuanto acude al desierto el Mesías no tarda en plantearle una serie de tentaciones que harían caer a cualquiera… menos al Señor.

Todo lo que le dice Satanás quiere alejarlo de Dios. Así, el hambre, el poder o todo lo que supone querer prevalecer sobre la voluntad del Creador, le es planteado a Quien nunca sucumbió.

El Maligno es vencido porque el Hijo de Dios sabía que no podía prevalecer sobre lo que era aceptar lo que el Todopoderoso quería sobre su vida. Por eso, una a una, va venciendo las tentaciones y hace que nosotros tengamos en su actitud un ejemplo claro a seguir.


JESÚS,  ayúdanos a vencer las tentaciones del Maligno.



Eleuterio Fernández Guzmán