4 de febrero de 2014

Fe, la fe que salva


Mc 5,21-43

“En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: ‘Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva". Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: ‘Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré’. Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: ‘¿Quién me ha tocado los vestidos?’. Sus discípulos le contestaron: ‘Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’’. Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: ‘Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad’.

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: ‘Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?’. Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: ‘No temas; solamente ten fe’. Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: ‘Talitá kum’, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate’. La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.”

COMENTARIO

A Jesús se le acercaban muchas personas porque sabían que era un Maestro distinto a los demás. Confiaban en su persona y en lo que podía hacer por las personas por las que pedían o por ellas mismas.

Jairo necesitaba la ayuda de aquel hombre que demostraba ser mucho más que un hombre. Nadie más podía ayudar a su hija, que se estaba muriendo. Acude a Jesús con fe y, por eso mismo, obtiene lo que tanto quiere: su hija vuelve a la vida pues había muerto.

Aquella mujer, que tenía flujos de sangre, sabía que Jesús sería su salvación. Sólo con tocar algo de Él sabía que estaría curada. Por eso le dice el Hijo de Dios que la había curado su fe pues mucha era su confianza.



JESÚS, seguramente lo que más aprecias es la fe. Tenerla es muy importante para cada uno de nosotros. Ayúdanos a no perderla nunca o a encontrarla si es que, en verdad, no la tenemos.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de febrero de 2014

El poder de Diios


Mc 5, 1-2.6-13.16-20


Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo.

Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él y gritó con gran voz: '¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.' Es que él le había dicho: 'Espíritu inmundo, sal de este hombre.' Y le preguntó: '¿Cuál es tu nombre?' Le contesta: 'Mi nombre es Legión, porque somos muchos.' Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región. Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: 'Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.' Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara - unos 2.0000 se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar.


Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: 'Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.' El se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.

COMENTARIO

Los de espíritu perdido

Hay muchos hijos de Dios que han escogido, entre el Creador y el mundo, éste. A pesar de los dones que le entrega el Todopoderoso, pronto se olvidan del Señor y prefieren acumular en este mundo antes que acumular para el venidero, la vida eterna.

El Mal reconoce a Cristo

Pero el Mal sabe Quién es el Bien, quien es Cristo, el Hijo de Dios. Sabe que nada puede contra el poder de Dios y le tiene miedo. Por eso huye de donde es descubierto por el Mesías.

No siempre gusta el Bien

A pesar de que Cristo es el Bien en su máxima expresión, no es poco cierto que en demasiadas ocasiones preferimos aquello que, humanamente nos conviene porque la doctrina del Hijo de Dios no siempre nos viene bien. Y lo abandonamos con demasiada facilidad.


JESÚS, Tú eres el Bien que todo lo puede, el más Misericordioso de los hombres y Dios mismo. Ayúdanos a no escoger al mundo antes que a Ti.




Eleuterio Fernández Guzmán


2 de febrero de 2014

Presentación de Cristo al mundo




a Presentación del Señor
Lc 2,22-40


Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: 'Todo varón primogénito será consagrado al Señor' y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 'Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel'. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él.
Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: 'Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones'.
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.”



COMENTARIO

Cumplir con la Ley

Lo que hacen José y María es significativo. En vez de no cumplir con la Ley y no presentar a Jesús hacen lo que se espera de personas fieles a Dios y a las normas de Moisés. Jesús no había venido a abolir la ley.

Descubrir el Hijo de Dios

Aquellos ancianos, Simeón y Ana, esperaban, como todos los miembros del pueblo judió, la llegada del Mesías. Se dieron cuenta, por inspiración del Espíritu Santo, de que aquel Niño era el Enviado por Dios y gozaron hasta el extremo.

Ésa espada


De aquella visita la Madre María obtiene una profecía emitida por Simeón: una espada le atravesará el corazón. En el momento determinado por Dios, aquella mujera, Inmaculada, recibiría el dolor más grande que era ver morir a su hijo de una forma terrible.



JESÚS, cuando tus padres te llevan al Templo por primera vez, te presentaron a Dios. Ya nunca lo abandonarías en cuanto persona. Ayúdanos a recordar, siempre, que eres Hijo y eres el mismo Dios hecho hombre.




Eleuterio Fernández Guzmán


1 de febrero de 2014

La tan importante confianza en Dios






Mc 4, 35-41

Este día, al atardecer, les dice: ‘Pasemos a la otra orilla.’       Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: ‘Maestro, ¿no te importa que perezcamos?’ El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: ‘¡Calla, enmudece!’ El viento se calmó y sobrevino  una gran bonanza. Y les dijo: ‘¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?’ Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: ‘Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le  obedecen?’”.


COMENTARIO

Los que más de cerca seguían a Jesús, aquellos a los que había elegido para ser sus apóstoles, vivían con Él siempre y, por eso, debían aprender de todas las circunstancias por las que los hacía pasar.

El oleaje era muy fuerte y ellos tenían miedo. A pesar de saber que Jesús estaba allí con ellos sentían miedo. El Hijo de Dios estaba durmiendo porque sabía que nada les iba a pasar estando allí con ellos. Pero, a pesar de lo primero, se ven en la tesitura de tener que despertarlo.

Y Jesús les espeta si es que no tienen confianza en Él, que está allí con ellos. Sabe que la fe, la confianza, es esencial para alcanzar el definitivo Reino de Dios y por eso les conmina a tenerla. Jesús dominó el mar y ellos, a lo mejor, su falta de fe.


JESÚS, incluso aquellos que te siguen más de cerca no tienen perfecta fe. Ayúdanos a no comportarnos, en las tribulaciones, con falta de fe.





Eleuterio Fernández Guzmán


31 de enero de 2014

Hermanos de Cristo




Mc 3, 36-34

“Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si  no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear  su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas  sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.’ Es que decían: ‘Está poseído por un espíritu inmundo.» Llegan su madre y sus hermanos, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: ‘¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.’ El les responde: ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’ Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: ‘Estos son mi madre y mis hermanos’”.
       
COMENTARIO

Jesús sabe que el ser humano es pecador y es malo. Por eso reconoce que, por nuestra naturaleza, es más que posible, que caigamos más de una vez en actuaciones u omisiones que determinen una ruptura de la relación que mantenemos con Dios.

Sin embargo, hay un pecado que no se perdona y que es el que se comete contra el Espíritu Santo. Por eso dice Jesús que todo aquello que se cometa, a saber, pecados, blasfemias, etc. es perdonado por Dios pero no aquello que se cometa contra Su Espíritu pues es cometerlo contra Dios mismo.

Jesús sabe que es hijo de Dios aquel que cumple la Palabra del Padre. Por eso aquellas personas que, al parecer, escuchan a Cristo pero, al fin y al cabo, nada hacen para aplicar en sus vidas, aquello que escuchan no son, en realidad, verdaderos hijos de Dios. Sí lo son los que, escuchando a Cristo, ponen por obra sus palabras.







JESÚS, siempre quieres lo mejor para nosotros. Ayúdanos a no rehuir lo que dices y a seguir, siempre, tu voluntad que es la de Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán


30 de enero de 2014

Dios todo lo conoce





Jueves III del tiempo ordinario


Mc 4,21-25

En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: ‘¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga’. 
Les decía también: ‘Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará’”.

COMENTARIO

Jesús sabe que aquello que enseña, que es muy importante para el devenir de la humanidad y del hombre concreto, no puede ser escondido. A lo mejor alguno creía que le bastaba con quedarse para sí lo aprendido. Muy al contrario era y es la verdad.

En realidad, Dios, que todo lo sabe, conoce lo que es de nuestro corazón lo más íntimo y aquello que, a lo mejor, no queremos que nadie sepa. Sin embargo, el Creador, que ve en lo secreto de nuestro corazón, conoce hasta lo más recóndito del mismo y nada podemos ocultarle.

Había muchos de la época de Jesús que creían tener mucha fe. Eran los considerados sabios de su tiempo, del tiempo y modo de vida judío. Sin embargo, bien sabía el Hijo de Dios que andaban muy equivocados. Por eso a esos todo se les iba a quitar pues, en realidad, no tendrían nada. Y a los que mucho dieron por tener mucho amor, mucho también se les dará.


JESÚS,  quieres que aquello que conozcamos de Ti, lo bueno que eres y el amor que siempre muestras, lo digamos desde las azoteas y no lo guardemos para nosotros mismos. Ayúdanos a no olvidar que somos hermanos tuyos y a que todos los sepan.





Eleuterio Fernández Guzmán


29 de enero de 2014

Salió el sembrador; salió Dios


  


Miércoles III del tiempo ordinario


Mc 4,1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso otra vez a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: ‘Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento». Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga’”.

COMENTARIO

A Jesús, en cuanto empezó su predicación como Maestro, le seguía mucha gente. Eran muchos los que quería escuchar lo que decía aquel hombre que gozaba de una fama ganada a base de fe y de obras. Y les enseñaba de forma que pudieran entenderlo.

El sembrador, Dios, arroja su semilla de amor por los caminos del corazón del mundo. Quiere, claro está, que la acojamos porque es lo mejor que podemos hacer al respecto de nuestra vida; que la tomemos y que hagamos de ella algo grande. Eso es lo que quiere el Creador.

A cada cual, la semilla arrojada por Dios la recibe de una forma o de otra. Así, hay muchos corazones que pronto se olvidan de ella; que se dejan dominar por el mundo y sus mundanidades. Pero también los hay que la reciben bien y la hacen rendir mucho. Esos corazones son importantes para Dios.


JESÚS, el sembrador, Dios, siembra para recoger, un día, su fruto. Ayúdanos a ser corazones que reciban bien al semilla divina del Amor de Dios.





Eleuterio Fernández Guzmán


28 de enero de 2014

Los que creen en Jesús




Martes III del tiempo ordinario


Mc 3,31-35

En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: ‘¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan’. Él les responde: ‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’. Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: ‘Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre’”.


COMENTARIO

Los que siguen a Jesús

Como es más que conocido a Jesús le seguían muchas personas. Pero también allí donde iba y se presentaba para predicar siempre tenía a otras tantas que querían escucharle. Y allí estaban, a su alrededor sentados o de pie.


Madre y hermanos

Esta expresión causa mucha controversia pues pudiera parecer que cuando en el texto evangélico dice lo de “hermanos” pudiera pensarse que la Virgen María tuvo más hijos. Sabemos, sin embargo, que tal término se refiere a personas de la familia de Jesús como, por ejemplo, primos suyos.

Madre y hermanos según Cristo

De todas formas, Jesús sabe muy bien a quien considerar madre y hermanos. Sabe que quien escucha su Palabra, que es la de Dios, y la pone en práctica, puede considerarse hermano suyo y madre suya. Y eso no dice nada en contra de María, su Madre quien, además, ponía en práctica las enseñanzas de Jesús.


JESÚS, muchos te siguen porque quieren escucharte. Lo hacían con gozo porque aprendían mucho de Ti. Ayúdanos a ser como los que, escuchándote, ponen en práctica lo que dices.





Eleuterio Fernández Guzmán


27 de enero de 2014

No saber entender a Dios


Lunes III del tiempo ordinario


Mc 3, 22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: 'Está poseído por Beelzebul' y 'por el príncipe de los demonios expulsa los demonios'. Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: '¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno'. Es que decían: 'Está poseído por un espíritu inmundo'.

COMENTARIO

Ciertamente el Mal se adueña de los corazones con mucha facilidad teniendo en cuenta que no siempre estamos dispuestos a separarnos de Él. Por eso muchos de tus comporáneos pensaban lo que pensaban de Jesús

Dicen algunos que quita los demonios el Hijo del hombre porque actúa, digamos, por órden del Mal. Sin embargo, lo que no saben es que no lo hace por eso, como sabemos, sino porque es mandato de Dios que así lo haga.

Jesús dice algo muy importante: se perdonan todos los pecados pero no aquel que va contra el Espíritu Santo, Espíritu de Dios y Espíritu de Cristo. Y esto porque curaba en defensa de los más necesitados.


JESÚS, los que te persiguen no pueden entender que quites el Mal de aquellos que lo tienen. Ayúdanos a no desconfiar nunca de Ti.l




Eleuterio Fernández Guzmán



Hoy, al leer el Evangelio del día, uno no sale de su asombro —“alucina”, como se dice en el lenguaje de la calle—. «Los escribas que habían bajado de Jerusalén» ven la compasión de Jesús por las gentes y su poder que obra en favor de los oprimidos, y —a pesar de todo— le dicen que «está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios» (Mc 3,22). Realmente uno queda sorprendido de hasta dónde pueden llegar la ceguera y la malicia humanas, en este caso de unos letrados. Tienen delante la Bondad en persona, Jesús, el humilde de corazón, el único Inocente y no se enteran. Se supone que ellos son los entendidos, los que conocen las cosas de Dios para ayudar al pueblo, y resulta que no sólo no lo reconocen sino que lo acusan de diabólico.

Con este panorama es como para darse media vuelta y decir: «¡Ahí os quedáis!». Pero el Señor sufre con paciencia ese juicio temerario sobre su persona. Como ha afirmado Juan Pablo II, Él «es un testimonio insuperable de amor paciente y de humilde mansedumbre». Su condescendencia sin límites le lleva, incluso, a tratar de remover sus corazones argumentándoles con parábolas y consideraciones razonables. Aunque, al final, advierte con su autoridad divina que esa cerrazón de corazón, que es rebeldía ante el Espíritu Santo, quedará sin perdón (cf. Mc 3,29). Y no porque Dios no quiera perdonar, sino porque para ser perdonado, primero, uno ha de reconocer su pecado.

Como anunció el Maestro, es larga la lista de discípulos que también han sufrido la incomprensión cuando obraban con toda la buena intención. Pensemos, por ejemplo, en santa Teresa de Jesús cuando intentaba llevar a más perfección a sus hermanas.

No nos extrañe, por tanto, si en nuestro caminar aparecen esas contradicciones. Serán indicio de que vamos por buen camino. Recemos por esas personas y pidamos al Señor que nos dé aguante.

26 de enero de 2014

Elegidos por Dios




Domingo III (A) del tiempo ordinario




Mt 4,12-23


Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: '¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido'. Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: 'Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado'.

Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: 'Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres'. Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron. Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.



COMENTARIO

Sabía Jesús

Podemos decir que Jesús estaba esperando el momento de que se diera la señal. Una vez encarcelado Juan, su Precursor, sabía que había llegado el momento de salir al mundo y predicar la Buena Noticia:el Reino, por fin el Reino de Dios, había llegado mundo.

Escoge y elige

A nadie le puede caber duda alguna acerca de que Jesús escoge a los que quiere y elige a los que cree que pueden ser los mejores para cumplir con la misión que ha de entregarles. No es que sean los más sabios de su tiempo pero, a lo mejor, sí los que mejor puede recibir el Reino.

Responden los elegidos

Aquellos a los que Jesús llama podían haber respondido que no y seguir con su vida. Sin embargo, saben que en aquel hombre hay algo que, aún no entendiéndolo, es muy importante. Y lo dejan todo al instante y le siguen.


JESÚS, cuando escoges a tus primeros discípulos sabes lo que va a ser de ellos. Ayúdanos a ser como ellos y a seguirte sin dudarlo.




Eleuterio Fernández Guzmán


25 de enero de 2014

Un buen pensamiento para empezar y seguir el día


Enviados


  

Mc 16,15-18

“En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Éstas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien’.”



COMENTARIO

Enviados por Cristo

Jesús envía a los que ha escogido. Sabe que es la única manera de que la Palabra de Dios, que ha venido a recordar y a que se cumpla la Ley del Creador, debe llegar en boca de los hombres.


Creer

Jesús ofrece dos posibilidades a todos aquellos que escuchen que el Reino de Dios ha llegado. Pueden creer y, entonces, convertir su corazón al Padre y llevar una vida acorde con su Ley. Entonces, aquellos que así lo hagan, serán salvados.

No creer

Pero también se puede optar por no creer y seguir con su vida perdida. Entonces, tal persona no será bautizada, lógicamente y, como es de esperar y así lo dice Jesús la condenación eterna caerá sobre su alma. Y lo dice con toda claridad el Hijo de Dios.





JESÚS, propones la Verdad pero no obligas a aceptarla. Sin embargo, sabemos que es muy importante creer en Dios. Ayúdanos a no caer en la trampa del Maligno y a seguirte siempre como Hijo de Dios.






Eleuterio Fernández Guzmán

24 de enero de 2014

Apóstoles




Viernes II del tiempo ordinario


Mc 3,13-19

En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.”

COMENTARIO

Jesús había salido, como en alguna ocasión lo dice Él mismo, para traer la Palabra de Dios y para atraer hacía el Padre a todo aquel que se hubiera desviado del camino que lleva a su definitivo Reino.

Para cumplir aquella misión, que no era nada fácil dado el punto al que había llegado, como poco, el pueblo elegido por Dios para hacer lo que tenía que hacer ahora Jesucristo, debía escoger, en principio, a unos creyentes judíos que le ayudasen a llevar el Reino a todo aquel a quien pudieran llegar.

Cuando Jesús ha de escoger a sus primeros discípulos sube al monte. Lo hacer para acercarse a Dios y tener por bueno y mejor para su vida y para la del mundo, aquello que le pudiera transmitir el Padre. Así escoge a los discípulos que serán sus apóstoles, incluso a quien sabía le iba a traicionar.




JESÚS, cuando escoges a tus apóstoles lo haces confiando en ellos. Ayúdanos a hacerte ver que puedes confiar en nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán


23 de enero de 2014

Confiar en Cristo





Jueves II del tiempo ordinario
Mc 3,7-12


En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: 'Tú eres el Hijo de Dios'. Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.


COMENTARIO

Muchos seguían a Jesús. Las necesidades de muchas personas de su tiempo eran de todo tipo. Sin embargo, aquellas relacionadas con enfermedades eras las que más incapacitaban socialmente. Dice el texto evangélico que tan sólo con escuchar lo que hacía, quedaban convencidos. Y allí donde iba, muchas personas iban donde estuviera.

Aquellas personas, los que le seguían, confiaban en Jesús. La confianza era fundamental para que el Hijo de Dios supiese que eran de los que habían cambiado su corazón.

Lo peor de lo peor que podían soportar muchos de su tiempo era estar poseídos por espíritus inmundos que les dominaban de tal manera que les obligaban a hacer aquello que no querían hacer. Pues aquellos espíritus demoníacos conocían a Jesús y quedaban dominados por ellos.



JESÚS, los que confiaban en tu persona sabían que lo podían obtener todo de Ti. Ayúdanos a tener tanto confianza como ellos.




Eleuterio Fernández Guzmán


22 de enero de 2014

Contra el bien de Dios






Miércoles II del tiempo ordinario


Mc 3,1-6

En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: ‘Levántate ahí en medio’. Y les dice: ‘¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?’. Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: ‘Extiende la mano’. Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.”


COMENTARIO

Para muchos judíos el respeto a las tradiciones legales era lo más importante que se podía hacer y llevar a cabo. Por eso, hacer algo que estaba prohibido hacer, por ejemplo, en sábado, no era muy bien visto.

Jesús, que era Dios hecho hombre, sabía que había algo más importante que el sábado y que era la misericordia. Por eso cura a la persona que tenía una mano seca. Sabía que era lo que Dios quería que hiciera y lo hizo sin preocuparse por las consecuencias mundanas que eso pudiera tener.

Muchos, sin embargo, que buscaban cogerlo en un renuncio, están seguros que aquello puede ser elemento probatorio de su mala actuación en contra de la ley. Y se confabulan, dice el texto evangélico, para acabar con Él. Nada más lógico cuando no entendía nada de lo que hacía Jesús.




JESÚS, sabes que es más importante tener piedad por quien lo necesita. Ayúdanos a no poner por encima de la voluntad de Dios lo que creemos los hombres que es más importante.





Eleuterio Fernández Guzmán



21 de enero de 2014

El Hijo del hombre y el sábado





Martes II del tiempo ordinario

Mc 2,23-28

“Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: ‘Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?’. Él les dice: ‘¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?’. Y les dijo: ‘El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado’”.


COMENTARIO

En muchos aspectos de su predicación Jesús era un revolucionario. Bueno, lo que en realidad pasaba es que aquellos que creían entender muy bien la Ley de Dios no habían llegado a captar lo que significaba la misma. Por eso le dicen a Jesús que creen que se está equivocando.

Jesús, sin embargo, como es Dios hecho hombre, conocer a la perfección lo que quiere el Padre. Es fácil pues es él mismo, comprender, que ante una situación difícil, como es el de pasar hambre, poco importa que sea sábado para saciar el hambre. Puede, digamos, la vida del ser humano, sobrenadar aquella situación para que prevalezca lo que en verdad importa.

Dice Jesús algo que es muy importante: tiene prevalencia sobre la Ley del sábado. En realidad, no dice nada extraño porque Dios estableció todo para bien del hombre y no puede ser que se cambie el sentido de su voluntad para hacer prevalecer una norma sobre la vida de una persona.


JESÚS, eres Dios hecho hombre. Por eso no hay norma humana que pueda prevalecer sobre Ti. Ayúdanos a tenerte siempre presente como Quien eres y a no olvidarlo nunca.





Eleuterio Fernández Guzmán

20 de enero de 2014

Odres nuevos





Lunes II del tiempo ordinario

Mc 2,18-22

Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: '¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

'Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos'”.



COMENTARIO

Cuando algunos, en otra ocasión, escuhan lo que dice Jesús y ven lo que hacen dice que enseña con autoridad y no como otros de su tiempo. Enseña con autoridad porque es Dios hecho hombre y trae la Verdad para que sea escuchada y llene el corazón de los que escuchan.

Él ejemplo que pone Jesús acerca de lo que ha de venir, de lo nuevo que ha de acontecer con su propia muerte es apropiado en el sentido de venir a explicar lo que ha de hacer quien quiera alcanzar el definitivo Reino de Dios o, lo que es lo mismo, la vida eterna.

Jesús refiérese a cambiar el corazón, a cambiarlo para tenerlo de carne y no de piedra y poder recibir, así, la Buena Nueva, la Palabra de Dios, el Agua Viva que Él trae para todo quien quiera recibirla. El odre nuevo, que es el corazón nuevo, es el que Jesús quiere para nosotros.



JESÚS, quieres para nosotros un corazón nuevo. Ayúdanos a poder llegar a tenerlo para recibirte como mereces.






Eleuterio Fernández Guzmán

19 de enero de 2014

El Cordero de Dios




Jn 1, 29-34

Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: 'He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.' Y Juan dio testimonio diciendo: 'He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: 'Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo'. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.”



COMENTARIO

Juan continúa con la misión que le había dado Dios. En un momento determinado ve venir hacia él a Jesús que había sido bautizado el día anterior. Sabe que es el Cordero de Dios y así lo anuncia a todos los que quieran escucharlo.

Juan sabe que Jesús existía antes de todo lo existente y que es mucho más importante que él. Bautiza Juan con agua porque es necesario que así sea para que el pueblo de Israel conozca que el Enviado de Dios ha llegado al mundo y él lo tiene que anunciar.

Juan el Bautista habla de Dios. Aquel que lo envió a bautizar es, sin duda alguna, Dios mismo, que sabe que debe bautizar a Jesús no porque sea pecador sino porque debe dar ejemplo de cuál es camino a seguir: bautizo-perdón de los pecados-conversión.




JESÚS, cuando te presentas a Juan el Bautista te anuncia como el Cordero de Dios. Ayúdanos a tenerte siempre presente en nuestra vida como Quien se entregó por nosotros para que fuéramos salvados.




Eleuterio Fernández Guzmán