1 de abril de 2022

Reconocer a Cristo

Jn 7, 1-2.10.25-30



Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.

Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también Él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. Promediaba ya la celebración de la fiesta, cuando Jesús subió al Templo y comenzó a enseñar.

Algunos de Jerusalén decían: ‘¿No es éste Aquél a quien querían matar? ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es éste; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es’.

Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: ‘¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy?

Sin embargo, Yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de Él y es Él el que me envió’.

Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre Él, porque todavía no había llegado su hora.”



COMENTARIO


Ciertamente, puede haber mucha maldad en unas pocas palabras y, más aún, en las intenciones llevadas por odio o por la ira. Y eso es lo que pasa con aquellos que querían matar al Hijo de Dios y al que citaban por “éste” con todo lo que de desprecio tiene referirse a alguien así.

Es, también, más que terrible que haya quien se crea en disposición de matar a un ser humano con la facilidad como, al parecer, tienen algunos en tiempos de Jesucristo. Y aquí mismo se dice que si Aquel no era quien querían matar. En fin…


Lo último es síntoma claro de que, en efecto, aún no había llegado el momento de que mataran al Hijo de Dios. Y lo más terrible es que sí llegó...


JESÚS, gracias por soportar tanta inquina, ira y rabia.



Eleuterio Fernández Guzmán

31 de marzo de 2022

Cumplir la Voluntad de Dios

 Jn 5, 31-47



“Jesús dijo a los judíos:

‘Si Yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría.

Pero hay otro que da testimonio de mí, y Yo sé que ese testimonio es verdadero.

Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad.
No es que Yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes. Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que Yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que Yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que Él envió.

Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí, y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida.

Mi gloria no viene de los hombres. Además, Yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes.

He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ése sí lo van a recibir. ¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que viene del único Dios?

No piensen que soy Yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza.

Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí. Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que Yo les digo?’”


COMENTARIO

Es cierto y verdad que aquellos que no querían para nada al Hijo de Dios no iban a escuchar las palabras que tenía que decirles. Sin embargo, hubiera sido importante para ellos, al contrario, llevárselas al corazón.

El caso es que Jesucristo no decía nada raro cuando se refería a que había sido enviado por el Todopoderoso y que, por eso, lo que hacía no lo hacía por su propia voluntad sino que cumplía la de su Padre del Cielo.

Ellos creían que su creencia en Moisés les salvaba de toda crítica. Sin embargo, dado que no creían en el Enviado de Dios, Cristo, tampoco lo hacían en Moisés muy al contrario de lo que ellos decían y creían...


JESÚS, gracias por ser tan franco al hablar.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de marzo de 2022

Cumplir la Voluntad de Dios

Jn 5, 18-30


18 Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. 19 Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ‘En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo. 20 Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. 21 Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. 22 Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, 23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. 24 En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 25 En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. 26 Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, 27 y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. 28 No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz 29 y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. 30 Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.’”


COMENTARIO


Ya podemos imaginar que para muchos judíos que hubiera alguien que se dijera que es Hijo de Dios y lo llamara Padre era algo así como un gran escándalo. Y por eso querían matar a Jesucristo.

En realidad, lo que nos dice el Maestro no es nada extraño sino que responde a la verdad de las cosas y a lo que Él había venido a hacer al mundo. Y es que no hacía lo que quería sino lo que debía hacer según quería su Padre del Cielo.

El caso es que eso tiene consecuencias. Y es que quien cree en Jesucristo se salvará y quien no crea, no se salvará. Es así de sencillo pero, a la vez y como vemos en el mundo, así de difícil.



JESÚS, gracias por ser tan claro a la hora de decir las cosas.


Eleuterio Fernández Guzmán


29 de marzo de 2022

Misericordia

Jn 5, 2-3a.5-16



Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.

Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, lisiados y paralíticos.


Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: ‘¿Quieres sanarte?’


Él respondió: ‘Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes’.


Jesús le dijo: ‘Levántate, toma tu camilla y camina’.


En seguida el hombre se sanó, tomó su camilla y empezó a caminar.


Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser sanado: ‘Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla’.


Él les respondió: ‘El que me sanó me dijo: ‘Toma tu camilla y camina’. Ellos le preguntaron: ‘¿Quién es ese hombre que te dijo: ‘Toma tu camilla y camina’?’


Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.


Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: “Has sido sanado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía”.


El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había sanado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.


Él les respondió: ‘Mi Padre trabaja siempre, y Yo también trabajo’. Pero para los judíos ésta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.”


COMENTARIO


Podemos decir que aquellos que no querían para nada al Hijo de Dios tuvieron una oportunidad más que grande en aquella ocasión. Y es que aquel hombre hacía cosas para las que no estaban preparados.

Curar a un enfermo no era nada extraño para Jesucristo. Y es que cuando alguien estaba necesitado (del cuerpo o del alma) nada hacía que no colaborase todo lo que podía en curar y sanar. Y aquel hombre merecía ser atendido por su parálisis.

Sin embargo… ¡curó en sábado! Pero es que, además, le dijo al enfermo que llevase su camilla que era algo que, al parecer, no estaba bien visto hacer aquel día de la semana.

Jesucristo, de todas formas, tuvo que decir lo que era importante: como Dios, que era su Padre, nunca dejaba de trabajar tampoco lo iba a hacer él. Y eso fue, ya, el colmo para muchos...


JESÚS, gracias por tu fidelidad y tu valentía.



Eleuterio Fernández Guzmán

28 de marzo de 2022

Creer tiene buenos resultados

Jn 4, 43-54

 “43 Pasados los dos días, partió de allí para Galilea. 44 Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria.

45 Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. 46 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en

vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. 47 Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. 48 Entonces Jesús le dijo: ‘Si no veis señales y prodigios, no creéis.’ 49 Le dice el funcionario: ‘Señor, baja antes que se muera mi hijo.’ 50 Jesús le dice: ‘Vete, que tu hijo vive.’ Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. 51 Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. 52 Él les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: ‘Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.’ 53 El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: ‘Tu hijo vive’, y creyó él y toda su familia. 54 Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.”

 

COMENTARIO

 

Resulta síntoma de tener que ver para creer que aquel hombre insistiese en que el Hijo de Dios fuese a su casa a curar a su hijo como si no pudiera hacerlo, digamos, a la distancia. En esto fue, justamente, contrario al centurión que sabía que no era digno de que entrase en su casa y sabía que Jesucristo podía curar, eso, a la distancia.

 

Jesucristo sabía que su pueblo, aquel que Dios se había escogido como el suyo, pecaba de necesitar señales para creer en lo que se decía. Por eso, digamos, se dice eso de que, en efecto, las necesitan. Pero cura Jesucristo al hijo de aquel hombre porque era misericordioso y bueno.

 

Nos dice el texto bíblico que aquella fue la segunda señal que hizo el Hijo de Dios después de la cena en la boda a la que fue invitado y faltó vino. ¡Ni siquiera el propio evangelista puede obviar que aquello era una señal!

 

JESÚS,  gracias por ser tan bueno a pesar nuestro…

 

Eleuterio Fernández Guzmán

27 de marzo de 2022

Volver dándose cuenta

Lc 15, 1-3. 11-32



“1 Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. 11 Dijo: ‘Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y él les repartió la hacienda. 13 Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. 14 ‘Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. 15 Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. 16 Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.17 Y entrando en sí mismo, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! 18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti.


19 Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.” 20 Y, levantándose, partió hacia su padre. ‘Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. 21 El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.” 22 Pero el padre dijo a sus siervos: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. 23 Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron la fiesta. 25’Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas;26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 El le dijo: “Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.” 28 El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. 29 Pero él replicó a su padre: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; 30 y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!” 31 ‘Pero él le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32 pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado.’”

 

COMENTARIO

La llamada Parábola del hijo pródigo es todo un ejemplo de enseñanza espiritual que el Hijo de Dios regaló al mundo en su día y que tiene mucho que decirnos si es que, y debería ser así, nos interesa aprender.

Son más que conocidas las actitudes de cada uno de los personas que en este texto del Evangelio de San Lucas nos muestran cómo debemos ser ante las circunstancias de la vida.

El padre y los hijos vienen a ser como podemos ser nosotros: misericordiosos y buenos como el primero o egoístas como los segundos aunque cada uno de ellos lo fuera por algunas, “sus”, razones.

 

JESÚS,  gracias por mostrarnos claramente lo que debemos y no debemos hacer.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

26 de marzo de 2022

Ser humilde

Lc 18, 9-14




Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús dijo esta parábola:

‘Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas’.


En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!’


Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.’”



COMENTARIO


La verdad es que el Hijo de Dios no puede ser más claro en este texto del Evangelio de San Lucas y que es conocido como la parábola del fariseo y el publicano. Y es que lo único que vale y sirve ante Dios es la verdad y no la apariencia…

Aquel hombre, el fariseo, se creía muy pagado de cómo era. Creía cumplir con las normas establecidas y eso le hacía sentir no pecador. Sin embargo, el otro, el publicano, se tenía a él mismo por pecador y así lo decía en el lugar adecuado ante Dios.

En realidad, aquí se trata de una lección que deberíamos aprender y servirnos para siempre: debemos tener cuidado con ensalzarnos a nosotros mismo y, sí, ser más humildes. Sólo eso; nada más y nada menos que eso.



JESÚS, gracias por mostrarnos el camino hacia el Cielo.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de marzo de 2022

Anunciación y vida eterna

Lc 1, 26-38



Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.’ Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.’ María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’ El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril, porque no hay nada imposible para Dios.’ Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.’ Y el ángel, dejándola, se fue.”


COMENTARIO

Esperanza, fe, creencia, sometimiento a la Voluntad de Dios o salvación del hombre son expresiones que bien pueden ser aplicadas a la comprensión de este importantísimo texto del Evangelio de San Lucas.

Podemos imaginar a la joven María cuando escucha lo que le dice el Ángel enviado por Dios. Y es que no era poca cosa lo que dijo y lo que ella debía aceptar… o no. Pero el Todopoderoso nunca se equivoca cuando escoge a una persona para cumplir su Voluntad. Y así pasó…

Aquella joven se manifestó, allí mismo y tras escuchar lo que le tenía que decir el Ángel Gabriel, como “esclava del Señor”. Pero es que, como para certificar aquello que decía, quiso que se hiciese según la palabra que le había dicho el Ángel. Y, así, todo se cumplió.



JESÚS, da gracias a tu Padre Dios por todo aquello.



Eleuterio Fernández Guzmán

24 de marzo de 2022

Recoger con Cristo

Lc 11, 14-23




Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, pero algunos de ellos decían: ‘Éste expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios’. Otros, para ponerlo a prueba, exigían de Él un signo que viniera del cielo.

Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: ‘Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra. Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- Yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. Si Yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si Yo expulso a los demonios con la fuerza de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.

Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita las armas en las que confiaba y reparte sus bienes.

El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama’”.



COMENTARIO


Ciertamente, aquellos que no querían para nada al Hijo de Dios y buscaban su ruina aprovechaban cada ocasión que les parecía buena para ponerlo en mal lugar. Y no es poco decir que expulsaba demonios porque Él actuaba por orden del Diablo…

De todas formas Jesucristo, que conocía muy bien sus artimañas y en muchas ocasiones se había librado de ellas con la inteligencia propia de Dios, sabía a la perfección dónde estaba la verdad de las cosas y por eso aprovecha esta ocasión para volver a enseñar.

Lo que hace el Hijo de Dios es sencillo: al conocer su naturaleza divina sabe que quien no está con Él no recogerá, en el sentido que eso tiene aquí, y, sin embargo, quien sí esta con Él, sí recogerá y no desparramará...



JESÚS, gracias por decir las cosas como deben ser dichas.



Eleuterio Fernández Guzmán

23 de marzo de 2022


 

La Ley de Dios

Mt 5, 17-19


17 ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 18 Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una ‘i’ o una tilde de la Ley sin que todo suceda. 19 Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el mas pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y loe enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.’”

COMENTARIO

La verdad, es que lo que dice aquí el Hijo de Dios tiene todo que ver con el qué será de nuestra alma cuando hayamos muerto. Y es que, según recoge el Evangelio de San Mateo, no es lo mismo ser de una forma que de otra.

En realidad, Jesucristo había sido enviado al mundo a cumplir con la Voluntad de Dios y, así, hacer que su Ley se cumpliera. Y si así era es porque, en realidad, no se cumplía. Y había venido, por tanto, a que no se pasara por alto ni una tilde siquiera.

Todo esto tiene que ver con el qué será de nuestra alma… pues, en realidad, según hagamos al respecto de la Ley de Dios así seremos recompensados en el Cielo. Y es que, como vemos, el Cielo también tiene espacios distintos...



JESÚS, gracias por decir las cosas como son.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de marzo de 2022

Cuidado con nuestras deudas

Mt 18, 21-35


Se adelantó Pedro y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?’ Jesús le respondió: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.

Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: ‘Señor, dame un plazo y te pagaré todo’. El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.


Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?’ E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.


COMENTARIO


La pregunta que hace Pedro al Hijo de Dios tiene su intríngulis pues no es fácil, como bien sabemos, perdonar muchas veces a quien nos ofende. Sin embargo, Jesucristo le dice que debe perdonar...¡siempre!

Por otra parte, la parábola de aquel que mucho debía y a quien mucho se le perdonó tiene una gran moraleja para nosotros que, tantas veces, debemos en muchos sentidos y queremos que se nos perdone pero…

. pero nosotros no queremos perdonar a los que nos deben porque somos muchas veces egoístas y no comprendemos que si a nosotros Dios nos ha perdonado… lo mismo debemos hacer nosotros.



JESÚS, gracias por enseñarnos el camino recto hacia Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

21 de marzo de 2022

Y quisieron matarlo

  

Lc 4,24-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio’.

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.”

 

COMENTARIO

 

Que había muchos que, en tiempos de Cristo, creían que sólo el pueblo judío se iba a salvar de la defenestración del mundo. Por tanto, ni se les pasaba por la cabeza que las personas de otro pueblo pudiesen recibir el parabién de Dios.

 

Pero Jesucristo, el Hijo del Padre Todopoderoso, sabía que, ya en otros tiempos había muchos que, aún no siendo miembros del pueblo judío, habían recibido el favor del Creador. Dios era un Dios de todos y no sólo de unos pocos.

 

Decir eso supuso mucho para muchos. No extraña, para nada, que quisiesen despeñarlo aunque bien sabía Jesucristo que nada podían hacer contra Él que no quisiera soportar.

 

 

JESÚS, ayúdanos a tener fe en el Amor inmenso del Padre.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

20 de marzo de 2022

Convertirse para vivir

Lc 13, 1-9


“En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ‘Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.’  Les dijo esta parábola: ‘Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo  encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?’ Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.’”
 

COMENTARIO

Lo que dice el Hijo de Dios cuando aquellos le hablan de los muertos como si aquellos muertos hubieran sido pecadores y se merecieran la muerte… en fin, debería haberles hecho pensar que estaban más que equivocados.

En realidad, bien sabía Jesucristo que no había relación entre aquella muerte y sus posibles pecados. Por eso les dice que ellos, lo que deben hacer, es convertir sus corazones. Y eso era señal de que no los tenían convertidos…

Ciertamente, es posible que se tarde tiempo en convertir el corazón pero no quiere decir que sea imposible convertirlo.

 

JESÚS,  gracias por darnos pistas acerca de qué es lo que debería importarnos de verdad.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

18 de marzo de 2022

S. José, esposo de María y padre putativo de Jesús


Gracias, José, por ser un Padre

excepcional,

por ser un Padre-Padre,

como quien sabe, porque lo sabe,

la misión que tiene encomendada.

Gracias, José, por ser un Padre

siempre a punto,

preparado para todo,

como quien conoce el bien que hace

y lo hace con gozo y ansia de lo mejor.

Gracias, José, por ser un Padre

que supo decir cuando debía decir sí. 


San José Bendito, ruega por nosotros.


Envió a Su Hijo

Mt 21, 33-43.45.46

 

“Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
‘Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: ‘Respetarán a mi hijo’. Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: ‘Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia’ . Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.


Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?. Le respondieron: ‘Acabará con esos miserables y ‘ arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo’ .


Jesús agregó: ‘¿No han leído nunca en las Escrituras: ‘La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?’. El que caiga sobre esta piedra quedará destrozado, y aquel sobre quien ella caiga será aplastado. Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos’ . Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

 

 

COMENTARIO

 

Ahora tenemos muy claro que cuando el Hijo de Dios predicó acerca de esta parábola se estaba refiriendo a Él. Y es que aquellos que no lo querían iba a hacer lo mismo que al heredero del dueño de la viña.

 

Resulta esencial lo que nos dice acerca de la piedra angular que no era querida por ciertos arquitectos y que ahora es el quicio sobre el que apoyar nuestra vida. Y tal piedra angular es Cristo.

 

Tampoco nos extraña nada de nada que aquellos que lo querían mal no duden lo más mínimo acerca de lo que deben hacer porque ellos sí han entendido a la perfección lo que ha dicho aquel Maestro. Y, como sabemos, bien que lo hacen…

JESÚS,  gracias por ser tan franco como eres.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

17 de marzo de 2022

Ser Lázaros o Epulones

Lc 16, 19.25.27-31



Jesús dijo a los fariseos: ‘Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y había un pobre, llamado Lázaro, cubierto de llagas y echado a la puerta del rico, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle las llagas. Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron. Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Abrahán y a Lázaro a su lado. Lo llamó y le dijo: ‘Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas’. Respondió Abrahán: ‘Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro, por su parte, desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado. Además, entre vosotros y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta vosotros ni pasar desde allí hasta nosotros’. Insistió el rico: ‘Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre, donde tengo cinco hermanos; que los amoneste para que no vengan a parar también ellos a este lugar de tormentos’. Le dice Abrahán: ‘Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen’. Respondió: ‘No, padre Abrahán; si un muerto los visita, se arrepentirán’. Le dijo: ‘Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso’".


COMENTARIO


Este texto del Evangelio de San Lucas nos muestra, por decirlo así, dos formas de ser que tiene que ver también con nosotros mismos. Y no queremos decir que podamos ser tan pobres como Lázaro o tan ricos como Epulón. No se trata de eso.

En realidad, estas palabras del Hijo de Dios tienen que ver con dos actitudes ante la realidad: ser como Epulón o como Lázaro. Y es que cada uno de ellos acaba con su alma en un sitio muy distinto.

Por lo que aquí leemos, Lázaro acabó en el seno de Abrahán que, con el tiempo, sería llamado Cielo; Epulón, por su parte, acabó en el infierno por su actitud ante la pobreza de Lázaro. Y eso es lo que nos pide Dios: que no seamos egoístas con lo que tenemos pues es posible que podamos socorrer a un prójimo necesitado. Y es que las consecuencias de una cosa o la otra no son, precisamente, iguales...


JESÚS, gracias por poner sobre la mesa las verdades de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán