18 de agosto de 2020

Cristo lo sabe todo: ser los últimos

Mt 19,23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos’. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: ‘Entonces, ¿quién se podrá salvar?’. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: ‘Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible’. 

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?’. Jesús les dijo: ‘Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros’”.


COMENTARIO

Como siempre, Jesús dice cosas muy importantes en este texto. Ahora se refiere a lo que ha de venir y de qué es lo que nos conviene hacer con respecto a nuestra vida futura, a nuestra vida eterna.

La salvación es cosa de Dios. Quiere decir el Hijo del Padre que es el Todopoderoso el que salva pero que también debemos poner de nuestra parte. Por eso dice que hay que ser el último y, más que nada, seguirlo a Él, Mesías y Enviado de Cristo.

Lo que obtendremos de hacer eso no es poca cosa sino, al contrario, lo más importante de nuestra pecadora existencia: la vida eterna que dura para siempre, siempre, siempre. Y, para eso, hay que dejarlo todo y seguir a Cristo. Así se sencillo.


JESÚS, los que te siguen queremos saber cómo estar siempre contigo. Tú nos dices que debemos seguirte y creer en Ti. Ayúdanos a cumplir siempre con tan gran verdad.


Eleuterio Fernández Guzmán


17 de agosto de 2020

El verdadero interés


Mt 19,16-22

“En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: ‘Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?’. Él le dijo: ‘¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos’. «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Dícele el joven: ‘Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?’. Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme’». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.”


COMENTARIO

Ciertamente, aquel joven, que era rico, había cumplido con todo lo que la ley decía que se había que cumplir. Seguramente tenía, en su corazón, la certeza bien asentada de que hasta entonces todo lo había hecho bien y que, bien poco, podría reprochársele.

Jesucristo, como suele ser habitual, da sorpresas y, por el hecho de serlo, no son esperadas. Y es que aquel joven, que tan orgulloso estaría de cómo se había comportado toda la vida, aún le faltaba algo que cumplir con lo que, a lo mejor, no podía.

Darlo todo, cuando se tiene mucho, a los pobres, no suele plato de buen comer de casi nadie. Por eso aquel joven se marchó, triste como nos dice el texto bíblico. Y es que riqueza le nublaba el corazón de donde salen las obras y aquella, al parecer, no quería salir.

JESÚS, gracias por decir las cosas bien dichas aunque puedan doler.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de agosto de 2020

La Fe mueve corazones


Mt 15, 21-28

21 Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. 22 En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: '¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.' 23 Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: 'Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.' 24 Respondió él: No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.' 25 Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: '¡Señor, socórreme!' 26 Él respondió: 'No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.' 27 'Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.' 28 Entonces Jesús le respondió: 'Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.' Y desde aquel momento quedó curada su hija.”


COMENTARIO

No son pocas las ocasiones en las que ocurre esto: a Jesucristo se le acerca alguien porque tiene una necesidad imperiosa o la tiene otra persona para la que pide intervención del Hijo de Dios. Y cuele concurrir otro elemento que tiene que ver con el resultado de todo lo que va a pasar: la fe.

Tener confianza en alguien, podemos pensar, suele ser un punto a favor de que tal alguien nos eche una mano pues lo contrario sería extraño. Y eso es lo que pasa en el caso de la mujer que pide a Cristo su intervención: ella confía, sabe que sólo el Maestro puede echarle una mano. Y así se lo pide.

Que Jesucristo eche una mano, como decimos, a aquella mujer, no es nada extraño ni es para que nadie se eche las manos a la cabeza. No. Es lo lógico que puede pasar cuando se pide a Dios algo y de pide con fe.



JESÚS,  gracias por comprender la fe de aquella mujer.


Eleuterio Fernández Guzmán

15 de agosto de 2020

María, la creyente


  
Lc 1,39-56

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!’. 

Y dijo María: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos’. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.”


COMENTARIO

Tras la Anunciación y Encarnación, aquella joven que se había declarado “esclava del Señor” y, por tanto, dispuesta a cumplir su voluntad, no puede, por menos, que acudir donde su prima Isabel vive para ayudarla en sus últimos meses de embarazo pues Dios había hecho lo imposible.

Isabel, sin duda inspirada por el Espíritu Santo, proclama la grandeza de Aquella que había acudido a visitarla por amor y por entrega. Lo supo, además, porque el niño que llevaba en su seno, Juan llamado luego el Bautista, saltó de gozo al saber que el Hijo de Dios lo visitaba.

María, por su parte, proclama lo que se ha dado en llamar “Magnificat”. En tal oración, de agradecimiento a Dios por lo que ha hecho por ella, nos ofrece una magnífica oportunidad de alabar al Creador por su bondad misericordia, por su inmenso Amor hacia sus criaturas.


JESÚS, tu madre y tu tía Isabel saben que no eres un niño más que va a nacer. Te conocen como el Hijo de Dios que ha venir, como el Mesías, a salvar al mundo. Ayúdanos a tenerlo siempre en cuenta.

Eleuterio Fernández Guzmán


14 de agosto de 2020

La verdadera Ley de Dios

Mt 19,3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: ‘¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?’. Él respondió: ‘¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre’. 

Dícenle: ‘Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?’. Díceles: ‘Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio’. 

Dícenle sus discípulos: ‘Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse’. Pero Él les dijo: ‘No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda’”.

COMENTARIO

Como sabemos había muchos que querían poner a prueba a Jesús. Le tentaban con pruebas relacionadas con la fe que decían tener aquellos que habían hecho de la Ley de Dios un artificio difícil de cumplir.

La pregunta sobre el divorcio tenía trampa. Querían ver si Jesús conocía la norma establecida según la cual el hombre puede repudiar a su esposa. Sin embargo Jesús sabe que Dios no quiso que eso pudiera llevarse a cabo y fue la dureza del corazón lo que posibilitó que Moisés admitiera tal actitud.

Jesús lanza una propuesta: quien quiera entregarse a Dios de una forma total y no contraigan matrimonio puede hacerlo. De todas formas deben saber que es el Creador quien escoge a los que eso deben llevar a cabo.


JESÚS, ayúdanos a comprender la Palabra de tu Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán


13 de agosto de 2020

Misericordia quiere Dios

  
Mt 18, 21—30. 32-35

En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré». Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y  
encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’”.


COMENTARIO

Ser misericordioso con el prójimo es uno de los valores que más tenía en cuenta Jesús. Siendo Dios hecho hombre y teniendo el corazón puramente misericordioso se comprende que eso fuera así.

Cuando le preguntan a Jesús por el perdón lo hacen, seguramente, para ver cuál es la voluntad de Dios. Y la cosa es bien sencilla porque según quiere el Creador un hermano debe perdonar siempre a su hermano y, teniendo en cuenta que todos somos hijos de Dios, el perdón no debe ser algo restringido sino, al contrario, extendido.

Aquel siervo, el de la parábola, había sido verdaderamente malvado. Al parecer no comprendía aquello que dice que no hay que hacer a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. A lo mejor creía que no iba a ser sorprendido en su mala acción. Y es que nunca deberíamos olvidar, llevando las cosas a la verdad, que Dios lo ve todo y lo sabe todo.

JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de agosto de 2020

Estar con Cristo


Mt 18, 15-20

“’Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.

‘Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. ‘Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.’” 


COMENTARIO

Ciertamente, es posible que se dé la ocasión en la que un hermano en la fe católica deba ser corregido porque, simplemente, no ha acabado de entender el significado de la Ley de Dios o por la causa que sea.

Acabar por considerar a un hermano en la fe como si se tratase de un gentil o un publicano ha de querer decir que no ha escuchado nada de nada la Voluntad de Dios.

Hay, de todas formas, una forma de pedir sea solucionado esto. Y consiste en pedir a Dios en nombre de su Hijo Jesucristo. Entonces, en tal caso, el Creador escuchará nuestra solicitud de auxilio.


JESÚS,  gracias por darnos a entender cómo debemos actuar en según qué situaciones.

Eleuterio Fernández Guzmán

11 de agosto de 2020

Los principios que valen y sirven

Mt 18,1-5.10.12-14

En una ocasión, los discípulos preguntaron a Jesús: ‘¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, le puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños’”.


COMENTARIO

Es más que probable que muchos de los que seguían a Jesús tuvieran, del Reino de Dios, un sentido equivocado. Para ellos sería el más grande quien lo fuera en la tierra. Sin embargo, el Hijo de Dios sabía que eso no era así.

Ser como un niño. Jesús, que quiere mucho a los infantes porque los sabe libres de todo lo malo de los adultos, los pone de ejemplo para alcanzar el Reino de los Cielos. Ser, pues, como un niño es lo mismo que situarse muy bien para alcanzar la vida eterna.

Dios, el Padre de Cristo y el nuestro, no quiere que ninguno de sus hijos se pierda por los recovecos del mundo y sus asechanzas. Por eso Jesús nos dice que siempre nos busca y cuando estamos perdidos sale a por nosotros, nos llama y espera que regresemos a su seno.

JESÚS, tus discípulos han de ser de aquellos que crean que Dios siempre los quiere a su lado. Y eso para cambiar lo que haya que cambiar y olvidar lo que haya que olvidar. Ayúdanos a ser fieles a la voluntad del Creador.

Eleuterio Fernández Guzmán


10 de agosto de 2020

Amar la vida que vale la pena ser amada

Jn 12, 24-26

En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere,
queda él solo;
pero si muere,
da mucho fruto.
El que ama su vida, la pierde;
y el que odia su vida en este mundo,
la guardará para una vida eterna.
Si alguno me sirve, que me siga,
y donde yo esté, allí estará también mi servidor.
Si alguno me sirve, el Padre le honrará. 


COMENTARIO

Lo que dice el Hijo de Dios pudiera parecer contradictorio. Y es que no son pocas las veces en las que, en efecto, pareciera que quiere meternos en un lío de palabras. Y, sin embargo, nada de tal apreciación es cierta.

Ciertamente, quien prefiere su vida a la que Dios le ofrece… en fin, bien podemos decir de tal persona que es necia y que no sabe lo que le conviene.

Sin embargo, quien guarda su vida para la vida eterna y, por tanto, no atiende ni a las tentaciones que el Maligno le presente ni se las crea él mismo… tal persona tendrá la vida eterna como justo resultado de una vida como debe ser tomada y puesta en práctica.


JESÚS,  gracias por ponernos sobre la pista de cómo debemos actuar.

Eleuterio Fernández Guzmán

9 de agosto de 2020

100 veces gracias, Lolo

100 veces gracias, Lolo: Cuando se cumplen 100 años del nacimiento del Beato Manuel Lozano Garrido, tan sólo una palabra debe bastar: gracias, y un añadido: Lolo. Gracias, Lolo.

Creer, de verdad, en Cristo



Mt 14, 22-33

“22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. 24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. 25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’, y de miedo se pusieron a gritar. 27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: ‘¡Animo!, que soy yo; no temáis.’ 28 Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.’ 29 ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. 30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’ 31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’ 32 Subieron a la barca y amainó el viento. 33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios.’”

COMENTARIO

El caso que nos muestra hoy el Evangelio de San Mateo muestra hasta dónde somos capaces de creer aquellos que decimos tener fe. Y es que suponemos que Pedro, que era considerado el primus inter pares, el primero entre iguales porque tenía la predilección del Maestro, no parecía tenerlas todas consigo.

Cuando Pedro ve que el Señor va hacia ellos no duda en echarse al agua. Sin embargo, le parece que, al fin y al cabo, va a acabar hundiéndose en el agua, deja de confiar en Quien está allí, delante de él, y está a punto de hundirse.

Haciendo aquello, Pedro muestra bien a las claras que su fe no es tan profunda como cree y tampoco nos extraña que Jesucristo le diga que es hombre de poca fe. Y tan poca…



JESÚS,  gracias por comprender tan bien a Pedro.

Eleuterio Fernández Guzmán

8 de agosto de 2020

El grano de mostaza

Mt 17,14-20

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, arrodillándose ante Él, le dijo: ‘Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle’. Jesús respondió: ‘¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!’. Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento. 

Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: ‘¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?’. Díceles: ‘Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada os será imposible’”.

COMENTARIO

Muchos le pedían a Jesús porque había muchos que necesitaban ayuda de la buena, de la que sólo puede dar quien la tiene. Algunos por enfermedades físicas y otros por estar dominados por demonios e hijos privilegiados de Satanás.

Jesús comprende perfectamente a las personas que lo llaman porque lo necesitan. Él, además, había venido al mundo a salvar lo que necesitaba ser salvado y, como aquel caso de la persona enferma mental, lo necesitaba.

Pero Jesús dice algo importante: se necesita fe para hacer determinadas cosas. Dice que como un grano de mostaza… que es muy pequeño. Y aquello era un aviso a los que creían que tenían mucha fe pero, en verdad, no era así.


JESÚS, ayúdanos a tener fe.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de agosto de 2020

La fe mueve corazones como el de Cristo

Mt 15, 21-28

“Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: ‘¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.’ Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: ‘Despídela, que viene gritando detrás de nosotros.’ Respondió él: ‘No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.’ Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: ‘¡Señor, socórreme!’ Él respondió: ‘No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.’ ‘Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.’ Entonces Jesús le respondió: ‘Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.’ Y desde aquel momento quedó curada su hija.

COMENTARIO


Ciertamente, cuando alguien se presenta ante el Hijo de Dios y, manifestando confianza y fe, le pide algo que, además, no es para sí sino en beneficio de su prójimo, es más que probable que Jesucristo haga lo que desea quien se lo pida.

Aquella mujer tenía una necesidad muy grande. Y es que su hija estaba endemoniada y sabía que sólo aquel al que llamada Señor e hijo de David podía solucionar aquella situación.

Aquella mujer, además, es perseverante y hace sonreír al Señor porque sabe que la buena madre insiste e, incluso, acepta ser llamada perrito. Ella tiene fe y sabe que Jesús no la va a defraudar.



JESÚS,  gracias por ser tan bueno y misericordioso.

Eleuterio Fernández Guzmán

6 de agosto de 2020

Escuchar a Jesucristo


Mt 17, 1-9

“En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. 

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: ‘Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle’. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: ‘Levantaos, no tengáis miedo’. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos’”.

COMENTARIO

Había momentos en los que el Hijo de Dios escogía a algunos de sus discípulos para que vieran o escucharan algo que iba a ser muy importante para ellos. Y eso hace ahora con Santiago, Pedro y Juan. Los lleva a un monte donde va a transfigurarse. Pero pasa mucho más.

Aquellos tres asustados hombres, seguramente analfabetos en muchos aspectos, tiene miedo. Lo que están viendo hace que sus corazones se aceleren y no sepan a qué quedarse. Pedro, por eso, quiere hacer tras tiendas mientras Dios les dice que escuchen a su amado Hijo Jesucristo.

Hay algo, sin embargo, muy importante: Jesús les dice que nada de eso digan hasta que resucite de entre los muertos. Y ellos, que ya debían andar bastante preocupados por lo que habían visto, añadían a su preocupación eso de la resurrección que ni entendían ni acababan de ver cómo qué era.

JESÚS, ayúdanos a escucharte.

Eleuterio Fernández Guzmán



5 de agosto de 2020

Sobre una reliquia de Lolo

Sobre una reliquia de Lolo: Ciertamente es poca cosa, materialmente hablando, pero en las cosas de alma cuando algo que las dimensiones; cuenta la fe.

El beato Lolo en Andalucía Viva, de Radio María

El beato Lolo en Andalucía Viva, de Radio María: Por el Centenario del nacimiento del beato Manuel Lozano 'Lolo', el programa Andalucía Viva, de Radio María dedicará un espacio en los próximos programas al beato Lolo

La fe salva


Mt 15,21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: ‘¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada’. Pero Él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: ‘Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros’. Respondió Él: ‘No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel’. Ella, no obstante, vino a postrarse ante Él y le dijo: ‘¡Señor, socórreme!’. Él respondió: ‘No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’. ‘Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos’. Entonces Jesús le respondió: ‘Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas’. Y desde aquel momento quedó curada su hija.”


COMENTARIO

La mujer que sigue a Jesús y le implora su intervención tenía una necesidad muy grande e imperiosa. En realidad su petición no tenía como destino su misma persona sino la de su hija que estaba endemoniada. Pero ella tiene confianza en Cristo.

Para Jesús la fe es muy importante. Es más, sin confianza en el Hijo del hombre nada de lo que se quiera se puede obtener porque no otra cosa ha de ser según voluntad de Dios. Y aquella mujer tenía fe, mucha fe.

Jesús sabe que lo que pide quien tanto insiste es justo que se lo conceda. Y es que se da cuenta de que ella se somete totalmente a la voluntad del Padre porque se conforma con migajas de su amor. Por eso no extraña nada de nada que su hija quedara curada al instante.

JESÚS, ayúdanos a tener fe y a tenerla muy arraigada en nuestros corazones.

Eleuterio Fernández Guzmán

4 de agosto de 2020

No ser guía de ciegos

Mt 15, 1-2.10-14

“Entonces se acercan a Jesús algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, y le dicen: ‘¿Por qué tus discípulos transgreden la tradición de los antepasados? Pues no se lavan las manos a la hora de comer.’ Luego llamó a la gente y les dijo: ‘Oíd y entended. No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.’ Entonces se acercan los discípulos y le dicen: ‘¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra?’ Él les respondió: ‘Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz. Dejadlos: son ciegos y guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.’”


COMENTARIO

Lo que nos dice el Hijo de Dios en este texto del Evangelio de San Mateo tiene una importancia primordial porque, de hacerle caso y no dejarlo pasar (como hacemos muchas veces) es seguro que no caeremos en la trampa del Maligno consistente en echarnos en el fuego eterno por haber rehuido la eterna.

El caso es que, como nos dice Jesucristo, lo que importa es lo que sale del corazón porque del  corazón salen las obras, las buenas y las malas, las intenciones y, en general, todo lo que hacemos en la vida.

Hay, sin embargo, algo muy importante: no debemos querer guiar a nadie por el camino hacia el definitivo Reino de Dios si no tenemos claro qué somos y Quién es nuestro Padre.


JESÚS,  gracias por ponernos sobre la pista de cómo debemos ser y cómo no debemos ser.

Eleuterio Fernández Guzmán

3 de agosto de 2020

Confiar siempre en Cristo

Mt 14, 23b-36

Jesús subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. 

La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino Él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’, y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: ‘¡Ánimo!, que soy yo; no temáis’. Pedro le respondió: ‘Señor, si eres tú, mándame ir donde tú sobre las aguas’. ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’. Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’. Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios’. 

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos. Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.”

COMENTARIO

Jesús necesitaba tiempo para orar. Y, para conseguirlo, debía apartarse de aquella multitud que le seguía. Y eso hace en esta ocasión: mientras envía a sus apóstoles a ir a otro lugar, Él se marcha solo. Necesita soledad para dirigirse a su Padre.

Jesús tenía una sorpresa preparada para aquellos que le seguían de cerca. Caminar sobre las aguas no era algo corriente. Y Pedro, que en principio confía en Cristo pierde la fe. Y Jesús, lógicamente, se lo echa en cara. Y es que lo tenía más que merecido.

El caso es que los que seguían a Jesús le buscaban sin cesar. Por eso en cuanto se dan cuenta de dónde se encuentra van tras él. Y todos los que confiaban en el Hijo de Dios quedan salvados.

JESÚS, ayúdanos a no desconfiar nunca de ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


2 de agosto de 2020

Pedir a Dios



Mt 14, 13-21

“13 Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades. 14 Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.15 Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: ‘El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida.’ 16 Mas Jesús les dijo: ‘No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.’ 17 Dícenle ellos: ‘No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.’ 18 Él dijo: ‘Traédmelos acá.’ 19 Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. 20 Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. 21 Y los que habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños”.


COMENTARIO

Al parecer, el Hijo de Dios, el Mesías enviado por el Todopoderoso al mundo para que el mundo se salvase, no podía estar solo aunque quisiera estar solo para, por ejemplo, orar a su Padre del Cielo. Por eso aquellas gentes se le acercan y por eso, por eso mismo, pone a prueba la fe de sus Apóstoles que, como era de esperar, no son capaces de solucionar aquella papeleta.

Jesucristo, sin embargo, miró al cielo. Esto nos lo dice el texto bíblico como para advertirnos que se dirigía a Dios. Por eso, y gracias a eso, de produjo la multiplicación de los panes y los peces que no era expresión, como muchos dicen, de solidaridad como si se hubieran repartido, entre todos, lo que llevaban. No. Fue Dios quien hizo aquello y no el hombre.


JESÚS, gracias por mostrar el poder de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de agosto de 2020

Juan el Fiel

Mt 14, 1-12

"En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.» Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe. Porque Juan le decía: 'No te es lícito tenerla.' Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta. Mas, llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, 'dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.' Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús."

COMENTARIO


El caso de Juan el Bautista es uno que tiene todo que ver con la fidelidad a Dios y con el cumplimiento de la Voluntad del Creador. Y es que al primo de Jesucristo se le había dicho que debía hacer ver la Verdad al mundo y, por eso mismo, fue encarcelado por Herodes: le puso sobre la mesa su propio caso y que no debía casarse con Herodías. Y eso no gustó mucho a la ambiciosa mujer que le procuró la muerte en cuanto tuvo la menor ocasión y no dudo lo más mínimo en arrebatarle la vida a quien había dicho que Cristo era el Cordero de Dios.


El ejemplo del Bautista nos muestra, por su comportamiento y su vida, que no es imposible ser lo que Dios quiere que seamos.


JESÚS, agradece a Juan haber sido tan fiel.


Eleuterio Fernández Guzmán

31 de julio de 2020

Los dos Lolos

Los dos Lolos: Es cierto y verdad que a Lolo se le puede conocer de dos maneras y que cualquiera de ellas es un don entregado por Dios a sus hijos que quieren tenerlo cerca.

Tener falta de fe

Mt 13, 54-58

"Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí. Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: '¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?' Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: 'Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.' Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe. 


COMENTARIO


Nosotros partimos de la convicción de que el Hijo de Dios no era un profeta al uso porque el profeta es una persona de la que, digamos, se ha apoderado Dios y le ha encargado cumplir determinada misión y Jesucristo era Dios hecho hombre y, por tanto, que fuera profeta era, en boca de Él una forma de hablar.


Hay algo, sin embargo, algo que sí se entiende a la perfección y es lo otro. Y lo otro era que aquellos que conocían al hijo de María y, adoptivo, de José, no eran capaces de entender cómo era posible que hablara como hablaba y que hiciera las cosas extraordinarias que, habían oído, hacía.


Jesucristo, como vio que sus propios vecinos no tenían mucha confianza en su labor de Mesías… en fin, como que no pudo hacer mucho por ellos pues ya sabemos eso de convertirse y luego… pero primero debían convertirse y no estaban por la labor.


JESÚS,


Eleuterio Fernández Guzmán


30 de julio de 2020

Claro mensaje de Cristo

Mt 13, 47-53

"También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. '¿Habéis entendido todo esto?' Dícenle: 'Sí.' Y él les dijo: 'Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.' Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí."

COMENTARIO


No podemos negar que hay textos bíblicos que son bastante claros en cuanto a lo que se quiere decir en ellos. Y en Hijo de Dios, hablando con toda claridad como siempre lo hace, despeja muchas dudas acerca de cómo debemos ser y cómo debemos conducir nuestra vida. Y es que, según nos dice Jesucristo, cuando llegue el momento que tiene que llegar, los Ángeles han de venir al mundo a separar lo bueno de lo malo. Y eso lo dice Cristo porque quiere que nosotros ocupemos en lado de aquello que no es malo y seamos de los vayamos al Cielo.

Cristo, que no se guarda nada para sí, nos lo dice para que entendamos cuál ha de ser el camino que debemos seguir en el mundo.


JESÚS, gracias por avisarnos acerca de todo esto que mucho nos conviene.



Eleuterio Fernández Guzmán