4 de abril de 2017

Creer en Cristo


Martes V de Cuaresma
Jn 8,21-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’. Los judíos se decían: ‘¿Es que se va a suicidar, pues dice: ‘Adonde yo voy, vosotros no podéis ir’?’. El les decía: ‘Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados’. 

Entonces le decían: ‘¿Quién eres tú?’. Jesús les respondió: ‘Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar de vosotros y juzgar, pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a Él es lo que hablo al mundo’. No comprendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: ‘Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él’. Al hablar así, muchos creyeron en Él.

COMENTARIO

Jesús tenía muy claro dónde se situaba el hombre, así dicho, en general y, en particular, el creyente judío y Él. En realidad no decía nada extraño sino la pura y simple realidad: Él es del Cielo; los demás, no o aún no.

El caso es que el Hijo de Dios sabe que ha sido enviado por Dios al mundo. Eso supone mucho para Él mismo porque lo pone en el camino hacia la vida eterna y quiere que eso pase con el resto de hermanos suyos, los hombres.

Y, por último, lo que ha visto ya que va a pasar: cuando sea levantado en la Cruz sabrán todos que era el Hijo de Dios. Para muchos ya será tarde pero otros, que habrán creído, se salvarán.


JESÚS, ayúdanos a creer en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

3 de abril de 2017

No pecar más

Jn 8, 1-11

“Mas Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?’ Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.  Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: ‘Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.’ E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: ‘Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?’ Ella respondió: ‘Nadie, Señor.’ Jesús le dijo: ‘Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.’”

COMENTARIO

Aquellos que querían lapidar a la mujer adúltera parecían tenerlo todo claro. Ellos habían sorprendido a una mujer manteniendo relaciones sexuales con quien no era su marido y eso, según la ley, suponía la muerte inmediata mediante apedreamiento.

Aquello, claro está, era un pecado. Considerado muy grave tanto por la ley y, luego, por los creyentes judíos. Sin embargo, ellos habían olvidado algo que Jesús les iba a recordar y que iba a echar atrás sus vengativas pretensiones.

Ellos, al parecer, también eran pecadores. Es más, seguramente muchos de aquellos hombres habrían incurrido también en adulterio. Por eso, en el fondo de su corazón, saben que deben retirarse oportunamente no pasara que el Maestro los pusiera más en evidencia todavía.

JESÚS, ayúdanos a no pecar.

Eleuterio Fernández Guzmán


2 de abril de 2017

La gloria del Todopoderoso



Domingo V de Cuaresma
Jn 11,1-45

En aquel tiempo, había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo. 

Las hermanas enviaron a decir a Jesús: ‘Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo’. Al oírlo Jesús, dijo: ‘Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella’. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba.

Al cabo de ellos, dice a sus discípulos: ‘Volvamos de nuevo a Judea’. Le dicen los discípulos: ‘Rabbí, con que hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?’. Jesús respondió: ‘¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él’. Dijo esto y añadió: ‘Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle’. Le dijeron sus discípulos: ‘Señor, si duerme, se curará’. Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. Entonces Jesús les dijo abiertamente: ‘Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él’. Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: ‘Vayamos también nosotros a morir con Él’. 

Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a Jesús: ‘Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá’. Le dice Jesús: ‘Tu hermano resucitará’. Le respondió Marta: ‘Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día’. Jesús le respondió: ‘Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?’. Le dice ella: ‘Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo’. 

Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: ‘El Maestro está ahí y te llama’. Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde Él. Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: ‘Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto’. Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó y dijo: ‘¿Dónde lo habéis puesto?’. Le responden: ‘Señor, ven y lo verás’. Jesús se echó a llorar. Los judíos entonces decían: ‘Mirad cómo le quería’. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?’. 

Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. Dice Jesús: ‘Quitad la piedra’. Le responde Marta, la hermana del muerto: ‘Señor, ya huele; es el cuarto día’. Le dice Jesús: ‘¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?’. Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: ‘Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado’. Dicho esto, gritó con fuerte voz: ‘¡Lázaro, sal fuera!’. Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: ‘Desatadlo y dejadle andar’.

Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él.


COMENTARIO

Todo lo que se refiere a la resurrección de Lázaro, el amigo de Jesús, tiene tintes espirituales muy profundos. En primer lugar, por ejemplo, que la muerte de aquel hombre se produjera para gloria de Dios no era poco extraño. Y es que, en efecto, a través de Cristo se manifestaría la misma.

También nos viene muy bien este acontecimiento milagroso para sentar en nuestro corazón la verdad según la cual el poder de Dios todo lo puede porque es Todopoderoso. Por eso quien cree en Cristo ha de hacer lo propio con su Padre, el Creador.

Y por las obras. Queremos decir que muchos creyeron, confiaron en Jesucristo a partir de tal momento, porque vieron lo que había hecho con alguien que llevaba cuatro días muerto. Seguramente, a otros eso les pareció el colmo de lo malvado y querían matarlo.



JESÚS, ayúdanos a contemplar la gloria de Dios y a gozar con ella.

Eleuterio Fernández Guzmán


1 de abril de 2017

Saber Quién es Cristo

Sábado IV de Cuaresma
Jn 7,40-53

En aquel tiempo, muchos entre la gente, que habían escuchado a Jesús, decían: ‘Éste es verdaderamente el profeta’. Otros decían: ‘Éste es el Cristo‘. Pero otros replicaban: ‘¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?’. 

Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: ‘¿Por qué no le habéis traído?’. Respondieron los guardias: ‘Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre’. Los fariseos les respondieron: ‘¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos’. 

Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: ‘¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?’. Ellos le respondieron: ‘¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta’. Y se volvieron cada uno a su casa.

COMENTARIO

Muchos de los que perseguían a Jesús querían saber. En realidad, ellos querían perseguirlo y nada de lo que hiciera o que dijera les podría convencer de otra cosa que no fuera, eso, perseguirlo.

Muchos de los sacerdotes y fariseos habían enviado a sus guardias a apresar a Jesús pero ellos se habían dado cuenta de la forma que tenía de enseñar y de que lo hacía con autoridad. Por eso no lo habían detenido.

Ellos, al parecer, no tenían muy claro dónde había nacido Jesús. Y es que si hubiera sabido que había venido al mundo en Belén, la ciudad en la que iba a hacer el Mesías según los Sagradas Escrituras, hubieran actuado de una forma muy distinta.

JESÚS, ayúdanos a comprenderte.


Eleuterio Fernández Guzmán

31 de marzo de 2017

Cristo viene enviado por Dios

Viernes IV de Cuaresma
Jn 7,1-2.10.14.25-30


En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.

Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: ‘¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es’. Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: ‘Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado’. Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

COMENTARIO

Conforme se acerca el momento en el que los que perseguían a Jesús se hagan con el poder de matarlo, no son pocos momentos en los que el Hijo de Dios está en boca de todos. Y el caso de hoy es síntoma y expresión de que algo estaba pasando.

Había muchos que sabía, ya se sabía, que los más poderosos querían matar a Jesucristo. Era, digamos, un secreto a voces y eso posibilitaría al Hijo de Dios hablarles de lo de siempre: Él era, en todo caso, el enviado de Dios.

El final de este evangelio es bueno para conocer que todo, al fin y al cabo, estaba escrito. Y es que dice que aún no había llegado la hora en la que sería detenido, juzgado ilegítimamente y, por fin, condenado a muerte. Por ahora sólo le correspondía darse cuenta de que había muchos que lo querían más que mal.


JESÚS, ayúdanos a reconocerte como el Enviado de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

30 de marzo de 2017

Saber quién es Cristo

Jn 5, 31-33.36-47


“’Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado. ‘Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creéis en sus escritos, ¿Cómo vais a creer en mis palabras?’”.


COMENTARIO

Digamos que, en esta conversación que mantiene Jesús con algunos de los de su tiempo, llama la atención sobre algo muy importante que muchas veces no lo tenían en cuenta. Él es el enviado de Dios.

Ellos debían saber que era el Enviado de Dios y que dijera lo que dijera lo hacía porque era la voluntad del Todopoderoso la que debía imperar. Pero no sería siquiera Él quien le echaría en cara sus malas artes.

El caso es que es el propio Moisés quien iba a acusar a los que eran miembros del pueblo elegido por Dios. Por eso debían tener en cuenta lo que aquel profeta dijo porque de no hacerlo no alcanzarán la vida eterna.

JESÚS,  ayúdanos a creer en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán


29 de marzo de 2017

Porque Cristo es Dios



Miércoles IV de Cuaresma
Jn 5,17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo’ Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. 

Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ‘En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 

‘En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado’”.

  
COMENTARIO

Jesucristo dice, con toda claridad, que hace lo que Quien lo ha enviado dice que haga. Por eso no puede pararse ante las asechanzas de aquellos que le persiguen porque supondría venirse atrás en la misión que tenía encomendada.

Jesús ha de dialogar con aquellos que lo quieren mal y que quieren verle muerto. Lo hace no porque crea que ellos, así, se van a convencer de lo que dice sino porque quiere que se convenzan.

Pero lo más importante es lo que dice el Hijo de Dios al final de este diálogo: llegará un día en el que el Hijo del hombre juzgará a todo aquel que haya vivido en el mundo. Así, quien haya hecho bien alcanzará la vida eterna y quien haya hecho el mal alcanzará la muerte, también, eterna.


JESÚS,  ayúdanos a no incumplir la Ley de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


28 de marzo de 2017

Aprender a ser misericordiosos


Martes IV de Cuaresma
Jn 5,1-3.5-16

Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: ‘¿Quieres curarte?’. Le respondió el enfermo: ‘Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo’. Jesús le dice: ‘Levántate, toma tu camilla y anda’. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. 
Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: ‘Es sábado y no te está permitido llevar la camilla’. Él le respondió: ‘El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’’. Ellos le preguntaron: ‘¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’’. Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: ‘Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor’. El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.

COMENTARIO

Ciertamente, aquellos judíos tenían mucha confianza en el hecho de que, entrando en el agua de aquella piscina iban a quedar curados de sus males. Pero aquel hombre, paralítico, no tenía ayuda de nadie lo cual, por otra parte, mostraba en talante poco misericordiosos de sus vecinos.

Jesús, sin embargo, sabe que el amor es más importante que lo que establezcan ciertas y determinadas equivocadas normas. Por eso cura a aquel paralítico. No le importa lo más mínimo cierto tipo de convenciones sociales.

Aquello que hace Jesús lo lleva a cabo en sábado. Por eso sus perseguidores lo único que hacen es ir acumulando odio hacia su persona buscando el momento apropiado para entregarlo.

JESÚS,  ayúdanos a ser misericordiosos.




Eleuterio Fernández Guzmán

27 de marzo de 2017

Confiar en Cristo

Jn 4, 43-54

“Pasados los dos días, partió de allí para Galilea. Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. Entonces Jesús le dijo: ‘Si no veis señales y prodigios, no creéis.’ Le dice el funcionario: ‘Señor, baja antes que se muera mi hijo.’ Jesús le dice: ‘Vete, que tu hijo vive.’ Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. Él les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor.
Ellos le dijeron: ‘Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.’ El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: ‘Tu hijo vive’’ y creyó él y toda su familia. Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.’”

COMENTARIO

Si hay que Cristo tiene muy en cuenta es la confianza que se tiene en su persona o, por decirlo de otra forma, la fe que se manifiesta en el Enviado de Dios. Por eso cura a muchos necesitados como, por ejemplo, ciegos y leprosos.

Aquel hombre no pedía para sí. No. Lo hacía porque su hijo debía estar en las últimas e iba a morir pronto. Y confía en aquel Maestro del que había oído hablar mucho. Pone en Él su única y última esperanza.

Y Jesucristo, como tiene el corazón bueno, aunque conoce la falta de creencia de muchos de sus contemporáneos, no duda en curar, a distancia, al hijo de aquel hombre que puso su confianza en el Enviado de Dios.

JESÚS,  ayúdanos a confiar siempre en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


26 de marzo de 2017

Domingo, 26 de marzo de 2017 - Creer


Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

“Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento.

Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: ‘Vete, lávate en la piscina de Siloé’ (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.   Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: ‘¿No es éste el que se sentaba para mendigar?’  Unos decían: ‘Es él’. ‘No, decían otros, sino que es uno que se le parece.’ Pero él decía: ‘Soy yo.’

Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: ‘Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.’  Algunos fariseos decían: ‘Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.’ Otros decían: ‘Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?’ Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: ‘¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?’ El respondió: ‘Que es un profeta.’

Ellos le respondieron: ‘Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?’ Y le echaron fuera. Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: ‘¿Tú crees en el Hijo del hombre?’ El respondió: ‘¿Y quién es, Señor, para que crea en él?’ Jesús le dijo: ‘Le has visto; el que está hablando contigo, ése es.’   El entonces dijo: ‘Creo, Señor.’ Y se postró ante él.”

COMENTARIO

A Jesús le podían las dificultades que tenían determinadas personas que, sin culpa alguna, eran separadas de la sociedad por estar enfermas. Y la ceguera era una de las enfermedades que más daño hacían al ser humano (y no sólo por no ver).

El Hijo de Dios sabe que aquel ciego necesita su ayuda. Sabe, también que aquel día es sábado y que no puede hacer según qué tipo de cosas. Pero su amor puede más que las formas y cura al ciego.

Los que persiguen a Jesús saben, creen saber, que hace lo que no debe hacer quien cura en sábado. Por eso procuran que el ciego les diga que ha sido Jesús quien lo ha curado. Pero aquel hombre sabe que el bien hecho es muy importante y cree que aquel hombre es el Mesías. Lo cree por lo visto… pero lo cree.


JESÚS, ayúdanos a poner en nuestra vida el amor por encima de todas las cosas.



Eleuterio Fernández Guzmán

25 de marzo de 2017

Anunciación


La Anunciación del Señor
Lc 1,26-38

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin’. 

María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’. El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios’. Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y el ángel dejándola se fue.

COMENTARIO

Dios tenía un plan para la humanidad. El mismo pasaba, porque al era su voluntad, porque una joven judía, de nombre María, aceptara voluntariamente ser su Madre.

María se sorprendió. No es nada extraño que haya sorpresa cuando se le presenta un Ángel y le dice lo que le dice. Pero María escucha atentamente lo que le tiene que decir aquel enviado por Dios. Y escucha porque tiene fe y confianza en Dios.

María podía haber dicho que no. El Todopoderoso no se lo hubiese tenido en cuenta. Pero sabía que aquella joven, que lo amaba con todas sus fuerzas, no podía decir otra cosa que “sí”. Y María, que se sentía esclava del Señor, dijo que sí. Y fue la Madre de Dios.

Padre Dios, gracias por habernos dados una Madre como María.  



Eleuterio Fernández Guzmán

24 de marzo de 2017

Conocer la Ley de Dios

Viernes III de Cuaresma


Mc 12,28b-34

En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos’. 

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios’. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

COMENTARIO

A lo mejor querían poner a Jesús a prueba, pero resulta curioso que alguien se atreviera a preguntarle por la Ley de Dios. Y es que de sobre sabía cuál era el primer Mandamiento. Lo que pasa es que muchos de los que eso le preguntaban no tenían muy buenas ideas al respecto.

Cuando Jesucristo les habla del Mandamiento primero y del segundo (que resume muchos de los diez normas divinas) les quiere decir que, en efecto, primero hay que amar a Dios. Y eso tenía consecuencias que, muchas veces, no eran tenidas en cuenta.

En alguna que otra parte del Nuevo Testamento se dice que hay quien hablaba de Cristo como de alguien que enseñaba “con autoridad”. Y tal era su autoridad que, como nos dicen aquí mismo, nadie quería hacerle más preguntas… no sucediera que les dijera algo que no querían escuchar.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la Ley de Dios como Dios quiere que la cumplamos.



Eleuterio Fernández Guzmán

Recoger con Cristo


Jueves III de Cuaresma
Lc 11,14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama’”.

COMENTARIO

No es poco cierto que cuando el Hijo de Dios, dotado del poder absoluto por parte del Todopoderoso, expulsaba un demonio de una persona, había muchos que se extrañaban de aquello y se preguntaban hasta qué punto aquello era ordinario de parte de un hombre.

Jesucristo, sin embargo, sabía que eso lo decían para utilizar un argumento así en contra de Quien había venido al mundo a salvar a quien necesitaba ser salvado aunque hubiera muchos que no quisiesen entender eso.

Hay algo que, al final de este diálogo, dice el Hijo de Dios que deberían haberlo tenido muy en cuenta aquellos que le escuchaban. Y es que quien no está con Él pierde lo que cree que tiene mientras que quien está con el Enviado de Dios, recoge lo bueno y mejor.

JESÚS, ayúdanos a recoger contigo.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de marzo de 2017

La Ley de Dios


Miércoles III de Cuaresma
Mt 5,17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.

COMENTARIO

Muchos creían, en tiempos del Mesías, que cuando llegara al mundo en Enviado de Dios muchas cosas iban a cambiar. Y es que lo tenían por un Mesías batallador que iba a restablecer el reino de Israel terminando con la invasión extranjera. Pero estaban muy equivocados.

El Hijo de Dios, Jesucristo, el Mesías esperado por el pueblo elegido por el Todopoderoso había venido a que se cumpliera la Ley de Dios. No había venido a que se implantara un nuevo Derecho sino, simplemente, a que se cumpliera. Y eso era señal de que no se estaba cumpliendo.

La Ley de Dios debía ser cumplida en todos sus puntos y acentos. Ni siquiera, por eso mismo, podía incumplirse el más pequeño de ellos pues quien eso hiciera, y haga, no es que no vaya al Cielo (así, dicho, en general) sino que, en caso de ir, será muy pequeño allí.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la Ley de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán


21 de marzo de 2017

Saber ser misericordiosos


Martes III de Cuaresma

Mt 18,21-35

En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ’No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

‘Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’”.


COMENTARIO


Cuando Pedro le pregunta a Jesucristo acerca del perdón sabe que, a lo mejor, le iba a extrañar la respuesta que le iba a dar el Maestro. Por eso, podemos imaginar qué pensaría cuando le respondió que debía perdonar, sencillamente, siempre.

Para hacer comprender lo que significa el perdón, el Hijo de Dios plantea la parábola de aquel rey que quería ajustar cuentas con uno de sus siervos porque sabía, se lo habrían dicho, que le debía mucho dinero. Y le perdona todo porque tiene buen corazón.

Aquel siervo, sin embargo, no hace lo mismo con alguien que le debe muy poco (con relación a lo que él le debía al rey). No sabe perdonar y eso le cuesta su propia libertad.



JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de marzo de 2017

El Amor de Dios es para todos sus hijos



Lunes III de Cuaresma
Lc 4,24-30


"En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio’.

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.”

COMENTARIO

Que había muchos que, en tiempos de Cristo, creían que sólo el pueblo judío se iba a salvar de la defenestración del mundo. Por tanto, ni se les pasaba por la cabeza que las personas de otro pueblo pudiesen recibir el parabién de Dios.

Pero Jesucristo, el Hijo del Padre Todopoderoso, sabía que, ya en otros tiempos había muchos que, aún no siendo miembros del pueblo judío, habían recibido el favor del Creador. Dios era un Dios de todos y no sólo de unos pocos.

Decir eso supuso mucho para muchos. No extraña, para nada, que quisiesen despeñarlo aunque bien sabía Jesucristo que nada podían hacer contra Él que no quisiera soportar.


JESÚS, ayúdanos a tener fe en el Amor inmenso del Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de marzo de 2017

Domingo, 19 de marzo de 2017- Cristo siempre sorprende.



Domingo III de Cuaresma

Jn 4,5-42

“En aquel tiempo, Jesús llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: ‘Dame de beber’. Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: ‘¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?’ (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: ‘Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva’. Le dice la mujer: ‘Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?’. Jesús le respondió: ‘Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna’.

Le dice la mujer: ‘Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla’. El le dice: ‘Vete, llama a tu marido y vuelve acá’. Respondió la mujer: ‘No tengo marido’. Jesús le dice: ‘Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad’.

Le dice la mujer: ‘Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar’. Jesús le dice: ‘Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad’.

Le dice la mujer: ‘Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo’. Jesús le dice: ‘Yo soy, el que te está hablando’.

En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: ‘¿Qué quieres?’, o ‘¿Qué hablas con ella?’. La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: ‘Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?’. Salieron de la ciudad e iban donde Él.

Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: ‘Rabbí, come’. Pero Él les dijo: ‘Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis’. Los discípulos se decían unos a otros: ‘¿Le habrá traído alguien de comer?’. Les dice Jesús: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga’.

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: ‘Me ha dicho todo lo que he hecho’. Cuando llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: ‘Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo’.


COMENTARIO

En este texto del Evangelio de San Juan hay muchas personas que resultan sorprendidas por lo que el Hijo de Dios les dice. La primera que se sorprende es aquella mujer samaritana que se da cuenta de que ha encontrado al Mesías por lo que le dice.

También se sorprenden los Apóstoles que no acaban de entender aquello de que su alimento no es de comer, digamos, como ordinariamente nos alimentamos los seres humanos sino que tiene un sentido espiritual.

Pero también se sorprenden los vecinos de aquella mujer samaritana. Ellos no la creen y necesitan ver con sus propios ojos a quien ella dice que es el Mesías. Luego sí, luego si se convencen, por lo que le escuchan decir, de que han conocido al Enviado de Dios.

JESÚS,   ayúdanos a no dudar de Ti nunca.

Eleuterio Fernández Guzmán