29 de marzo de 2017

Porque Cristo es Dios



Miércoles IV de Cuaresma
Jn 5,17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo’ Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. 

Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ‘En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 

‘En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado’”.

  
COMENTARIO

Jesucristo dice, con toda claridad, que hace lo que Quien lo ha enviado dice que haga. Por eso no puede pararse ante las asechanzas de aquellos que le persiguen porque supondría venirse atrás en la misión que tenía encomendada.

Jesús ha de dialogar con aquellos que lo quieren mal y que quieren verle muerto. Lo hace no porque crea que ellos, así, se van a convencer de lo que dice sino porque quiere que se convenzan.

Pero lo más importante es lo que dice el Hijo de Dios al final de este diálogo: llegará un día en el que el Hijo del hombre juzgará a todo aquel que haya vivido en el mundo. Así, quien haya hecho bien alcanzará la vida eterna y quien haya hecho el mal alcanzará la muerte, también, eterna.


JESÚS,  ayúdanos a no incumplir la Ley de Dios.




Eleuterio Fernández Guzmán


28 de marzo de 2017

Aprender a ser misericordiosos


Martes IV de Cuaresma
Jn 5,1-3.5-16

Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: ‘¿Quieres curarte?’. Le respondió el enfermo: ‘Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo’. Jesús le dice: ‘Levántate, toma tu camilla y anda’. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. 
Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: ‘Es sábado y no te está permitido llevar la camilla’. Él le respondió: ‘El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’’. Ellos le preguntaron: ‘¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’’. Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: ‘Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor’. El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.

COMENTARIO

Ciertamente, aquellos judíos tenían mucha confianza en el hecho de que, entrando en el agua de aquella piscina iban a quedar curados de sus males. Pero aquel hombre, paralítico, no tenía ayuda de nadie lo cual, por otra parte, mostraba en talante poco misericordiosos de sus vecinos.

Jesús, sin embargo, sabe que el amor es más importante que lo que establezcan ciertas y determinadas equivocadas normas. Por eso cura a aquel paralítico. No le importa lo más mínimo cierto tipo de convenciones sociales.

Aquello que hace Jesús lo lleva a cabo en sábado. Por eso sus perseguidores lo único que hacen es ir acumulando odio hacia su persona buscando el momento apropiado para entregarlo.

JESÚS,  ayúdanos a ser misericordiosos.




Eleuterio Fernández Guzmán

27 de marzo de 2017

Confiar en Cristo

Jn 4, 43-54

“Pasados los dos días, partió de allí para Galilea. Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. Entonces Jesús le dijo: ‘Si no veis señales y prodigios, no creéis.’ Le dice el funcionario: ‘Señor, baja antes que se muera mi hijo.’ Jesús le dice: ‘Vete, que tu hijo vive.’ Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. Él les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor.
Ellos le dijeron: ‘Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.’ El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: ‘Tu hijo vive’’ y creyó él y toda su familia. Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.’”

COMENTARIO

Si hay que Cristo tiene muy en cuenta es la confianza que se tiene en su persona o, por decirlo de otra forma, la fe que se manifiesta en el Enviado de Dios. Por eso cura a muchos necesitados como, por ejemplo, ciegos y leprosos.

Aquel hombre no pedía para sí. No. Lo hacía porque su hijo debía estar en las últimas e iba a morir pronto. Y confía en aquel Maestro del que había oído hablar mucho. Pone en Él su única y última esperanza.

Y Jesucristo, como tiene el corazón bueno, aunque conoce la falta de creencia de muchos de sus contemporáneos, no duda en curar, a distancia, al hijo de aquel hombre que puso su confianza en el Enviado de Dios.

JESÚS,  ayúdanos a confiar siempre en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán


26 de marzo de 2017

Domingo, 26 de marzo de 2017 - Creer


Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

“Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento.

Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: ‘Vete, lávate en la piscina de Siloé’ (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo.   Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: ‘¿No es éste el que se sentaba para mendigar?’  Unos decían: ‘Es él’. ‘No, decían otros, sino que es uno que se le parece.’ Pero él decía: ‘Soy yo.’

Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: ‘Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.’  Algunos fariseos decían: ‘Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.’ Otros decían: ‘Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?’ Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: ‘¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?’ El respondió: ‘Que es un profeta.’

Ellos le respondieron: ‘Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?’ Y le echaron fuera. Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: ‘¿Tú crees en el Hijo del hombre?’ El respondió: ‘¿Y quién es, Señor, para que crea en él?’ Jesús le dijo: ‘Le has visto; el que está hablando contigo, ése es.’   El entonces dijo: ‘Creo, Señor.’ Y se postró ante él.”

COMENTARIO

A Jesús le podían las dificultades que tenían determinadas personas que, sin culpa alguna, eran separadas de la sociedad por estar enfermas. Y la ceguera era una de las enfermedades que más daño hacían al ser humano (y no sólo por no ver).

El Hijo de Dios sabe que aquel ciego necesita su ayuda. Sabe, también que aquel día es sábado y que no puede hacer según qué tipo de cosas. Pero su amor puede más que las formas y cura al ciego.

Los que persiguen a Jesús saben, creen saber, que hace lo que no debe hacer quien cura en sábado. Por eso procuran que el ciego les diga que ha sido Jesús quien lo ha curado. Pero aquel hombre sabe que el bien hecho es muy importante y cree que aquel hombre es el Mesías. Lo cree por lo visto… pero lo cree.


JESÚS, ayúdanos a poner en nuestra vida el amor por encima de todas las cosas.



Eleuterio Fernández Guzmán

25 de marzo de 2017

Anunciación


La Anunciación del Señor
Lc 1,26-38

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin’. 

María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’. El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios’. Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y el ángel dejándola se fue.

COMENTARIO

Dios tenía un plan para la humanidad. El mismo pasaba, porque al era su voluntad, porque una joven judía, de nombre María, aceptara voluntariamente ser su Madre.

María se sorprendió. No es nada extraño que haya sorpresa cuando se le presenta un Ángel y le dice lo que le dice. Pero María escucha atentamente lo que le tiene que decir aquel enviado por Dios. Y escucha porque tiene fe y confianza en Dios.

María podía haber dicho que no. El Todopoderoso no se lo hubiese tenido en cuenta. Pero sabía que aquella joven, que lo amaba con todas sus fuerzas, no podía decir otra cosa que “sí”. Y María, que se sentía esclava del Señor, dijo que sí. Y fue la Madre de Dios.

Padre Dios, gracias por habernos dados una Madre como María.  



Eleuterio Fernández Guzmán

24 de marzo de 2017

Conocer la Ley de Dios

Viernes III de Cuaresma


Mc 12,28b-34

En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: ‘¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?’. Jesús le contestó: ‘El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos’. 

Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios’. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

COMENTARIO

A lo mejor querían poner a Jesús a prueba, pero resulta curioso que alguien se atreviera a preguntarle por la Ley de Dios. Y es que de sobre sabía cuál era el primer Mandamiento. Lo que pasa es que muchos de los que eso le preguntaban no tenían muy buenas ideas al respecto.

Cuando Jesucristo les habla del Mandamiento primero y del segundo (que resume muchos de los diez normas divinas) les quiere decir que, en efecto, primero hay que amar a Dios. Y eso tenía consecuencias que, muchas veces, no eran tenidas en cuenta.

En alguna que otra parte del Nuevo Testamento se dice que hay quien hablaba de Cristo como de alguien que enseñaba “con autoridad”. Y tal era su autoridad que, como nos dicen aquí mismo, nadie quería hacerle más preguntas… no sucediera que les dijera algo que no querían escuchar.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la Ley de Dios como Dios quiere que la cumplamos.



Eleuterio Fernández Guzmán

Recoger con Cristo


Jueves III de Cuaresma
Lc 11,14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron. Pero algunos de ellos dijeron: ‘Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios’. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo. Pero Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?, porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama’”.

COMENTARIO

No es poco cierto que cuando el Hijo de Dios, dotado del poder absoluto por parte del Todopoderoso, expulsaba un demonio de una persona, había muchos que se extrañaban de aquello y se preguntaban hasta qué punto aquello era ordinario de parte de un hombre.

Jesucristo, sin embargo, sabía que eso lo decían para utilizar un argumento así en contra de Quien había venido al mundo a salvar a quien necesitaba ser salvado aunque hubiera muchos que no quisiesen entender eso.

Hay algo que, al final de este diálogo, dice el Hijo de Dios que deberían haberlo tenido muy en cuenta aquellos que le escuchaban. Y es que quien no está con Él pierde lo que cree que tiene mientras que quien está con el Enviado de Dios, recoge lo bueno y mejor.

JESÚS, ayúdanos a recoger contigo.


Eleuterio Fernández Guzmán

22 de marzo de 2017

La Ley de Dios


Miércoles III de Cuaresma
Mt 5,17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos’”.

COMENTARIO

Muchos creían, en tiempos del Mesías, que cuando llegara al mundo en Enviado de Dios muchas cosas iban a cambiar. Y es que lo tenían por un Mesías batallador que iba a restablecer el reino de Israel terminando con la invasión extranjera. Pero estaban muy equivocados.

El Hijo de Dios, Jesucristo, el Mesías esperado por el pueblo elegido por el Todopoderoso había venido a que se cumpliera la Ley de Dios. No había venido a que se implantara un nuevo Derecho sino, simplemente, a que se cumpliera. Y eso era señal de que no se estaba cumpliendo.

La Ley de Dios debía ser cumplida en todos sus puntos y acentos. Ni siquiera, por eso mismo, podía incumplirse el más pequeño de ellos pues quien eso hiciera, y haga, no es que no vaya al Cielo (así, dicho, en general) sino que, en caso de ir, será muy pequeño allí.


JESÚS, ayúdanos a cumplir la Ley de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán


21 de marzo de 2017

Saber ser misericordiosos


Martes III de Cuaresma

Mt 18,21-35

En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’. Dícele Jesús: ’No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

‘Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

‘Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano’”.


COMENTARIO


Cuando Pedro le pregunta a Jesucristo acerca del perdón sabe que, a lo mejor, le iba a extrañar la respuesta que le iba a dar el Maestro. Por eso, podemos imaginar qué pensaría cuando le respondió que debía perdonar, sencillamente, siempre.

Para hacer comprender lo que significa el perdón, el Hijo de Dios plantea la parábola de aquel rey que quería ajustar cuentas con uno de sus siervos porque sabía, se lo habrían dicho, que le debía mucho dinero. Y le perdona todo porque tiene buen corazón.

Aquel siervo, sin embargo, no hace lo mismo con alguien que le debe muy poco (con relación a lo que él le debía al rey). No sabe perdonar y eso le cuesta su propia libertad.



JESÚS, ayúdanos a ser misericordiosos.


Eleuterio Fernández Guzmán

20 de marzo de 2017

El Amor de Dios es para todos sus hijos



Lunes III de Cuaresma
Lc 4,24-30


"En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: ‘En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio’.

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.”

COMENTARIO

Que había muchos que, en tiempos de Cristo, creían que sólo el pueblo judío se iba a salvar de la defenestración del mundo. Por tanto, ni se les pasaba por la cabeza que las personas de otro pueblo pudiesen recibir el parabién de Dios.

Pero Jesucristo, el Hijo del Padre Todopoderoso, sabía que, ya en otros tiempos había muchos que, aún no siendo miembros del pueblo judío, habían recibido el favor del Creador. Dios era un Dios de todos y no sólo de unos pocos.

Decir eso supuso mucho para muchos. No extraña, para nada, que quisiesen despeñarlo aunque bien sabía Jesucristo que nada podían hacer contra Él que no quisiera soportar.


JESÚS, ayúdanos a tener fe en el Amor inmenso del Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán

19 de marzo de 2017

Domingo, 19 de marzo de 2017- Cristo siempre sorprende.



Domingo III de Cuaresma

Jn 4,5-42

“En aquel tiempo, Jesús llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: ‘Dame de beber’. Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: ‘¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?’ (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: ‘Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva’. Le dice la mujer: ‘Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?’. Jesús le respondió: ‘Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna’.

Le dice la mujer: ‘Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla’. El le dice: ‘Vete, llama a tu marido y vuelve acá’. Respondió la mujer: ‘No tengo marido’. Jesús le dice: ‘Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad’.

Le dice la mujer: ‘Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar’. Jesús le dice: ‘Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad’.

Le dice la mujer: ‘Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo’. Jesús le dice: ‘Yo soy, el que te está hablando’.

En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: ‘¿Qué quieres?’, o ‘¿Qué hablas con ella?’. La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: ‘Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?’. Salieron de la ciudad e iban donde Él.

Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: ‘Rabbí, come’. Pero Él les dijo: ‘Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis’. Los discípulos se decían unos a otros: ‘¿Le habrá traído alguien de comer?’. Les dice Jesús: ‘Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga’.

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: ‘Me ha dicho todo lo que he hecho’. Cuando llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: ‘Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo’.


COMENTARIO

En este texto del Evangelio de San Juan hay muchas personas que resultan sorprendidas por lo que el Hijo de Dios les dice. La primera que se sorprende es aquella mujer samaritana que se da cuenta de que ha encontrado al Mesías por lo que le dice.

También se sorprenden los Apóstoles que no acaban de entender aquello de que su alimento no es de comer, digamos, como ordinariamente nos alimentamos los seres humanos sino que tiene un sentido espiritual.

Pero también se sorprenden los vecinos de aquella mujer samaritana. Ellos no la creen y necesitan ver con sus propios ojos a quien ella dice que es el Mesías. Luego sí, luego si se convencen, por lo que le escuchan decir, de que han conocido al Enviado de Dios.

JESÚS,   ayúdanos a no dudar de Ti nunca.

Eleuterio Fernández Guzmán


18 de marzo de 2017

Hacer lo que hay que hacer


Lc 15,1-3.11-32

En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Este acoge a los pecadores y come con ellos’. Entonces les dijo esta parábola. ‘Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre. 

‘Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta. 

‘Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’”.

COMENTARIO

La parábola del hijo prodigo que Cristo pone sobre la mesa informa del comportamiento que, muchas veces, tenemos con relación a Dios, Padre Nuestro. Y es que en tantas ocasiones nos equivocamos.

La actitud de cada uno de sus hijos es síntoma de comportamiento inadecuado. Ninguno de los dos hace las cosas bien en materia espiritual. Ni el pequeño ni el mayor se comportan como debería comportarse un hijo con su padre que es lo mismo que decir que nosotros con el Creador.

Destaca, sin embargo, la actitud del padre. Perdona a quien se ha ido y hace lo propio con quien se ha quedado, el mayor. Él los quiere a los dos por igual aunque el mayor de ellos eso no lo comprenda. Vale, pues, la misericordia del Padre.


JESÚS,  ayúdanos a ser fieles hijos de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán


16 de marzo de 2017

Lo que es conveniente saber




Jueves II de Cuaresma
Lc 16,19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: ‘Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

‘Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’. 

‘Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’”.


COMENTARIO

Lo que Cristo cuenta a los que le quieren escuchar es de una importancia crucial porque es importante que conozcan aquello que les ha de venir muy bien a la hora de la muerte. Y el caso de Lázaro y Epulón es sintomático y expresión de lo que debemos saber.

Aquel hombre rico se lo pasaba muy bien. Pero había quien, en su propia puerta, pasaba muchas necesidades y, al parecer, no podía esperar remedio alguno de parte de aquel rico que tan bien se lo pasaba. Y eso iba a pasarle una factura muy elevada a Epulón.

Debemos tener en cuenta que lo que Cristo nos quiere decir con esto no es que ser rico sea, en sí mismo, pecaminoso. Pero sí lo es comportarse como lo hace Epulón sin tener en cuenta a los más necesitados. Y eso, como aquí se ve, tiene malas consecuencias.


JESÚS,  ayúdanos a no ser como Epulón.

Eleuterio Fernández Guzmán


15 de marzo de 2017

Ser servidor


Miércoles II de Cuaresma
Mt 20,17-28

En aquel tiempo, cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino: ‘Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, para burlarse de Él, azotarle y crucificarle, y al tercer día resucitará’.

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: ‘¿Qué quieres?’. Dícele ella: ‘Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino’. Replicó Jesús: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?’. Dícenle: ‘Sí, podemos’. Díceles: ‘Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre’.

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: ‘Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos’”.

COMENTARIO

La ambición es una característica muy humana. Por eso la madre de Santiago y Juan, haciéndose eco de lo que ellos mismos pensaban, querían estar en un buen lugar al lado del Hijo de Dios. Habían comprendido que era, en efecto, el Mesías.

Pero Cristo sabe lo que, en verdad, es conveniente para sus discípulos. Sabe, además, que tanto un hermano como otro darán su vida por el Enviado de Dios pero el lugar dónde estarán en el Cielo es cosa del Todopoderoso.

Y todo esto tiene una razón de ser: el servicio. Y es que Jesucristo sabe que él mismo no ha venido a ser servicio sino a servir y sus discípulos no pueden hacer otra cosa que no sea servir. Y ahí está el verdadero cielo y la vida eterna.

JESÚS,  ayúdanos a ser buenos servidores.



Eleuterio Fernández Guzmán

14 de marzo de 2017

Lo que hay que hacer


Martes II de Cuaresma
Mt 23,1-12

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: ‘En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame ‘Rabbí’.

‘Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar ‘Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar ‘Doctores’, porque uno solo es vuestro Doctor: Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado’”.


COMENTARIO

En este diálogo que mantiene Jesús con sus discípulos se ve en la obligación de corregir muchos pensamientos de aquellos que le escuchan. Y es que llevan muchos siglos modificando la doctrina santa que Dios quiere para su pueblo.

Sabe el Hijo de Dios que aquellos que son puestos para regir la vida espiritual del pueblo elegido por dios saben perfectamente qué deben enseñar. Así lo hacer pero, luego, en su vida ordinaria, no aplican aquello que enseñan. Por eso Jesucristo les dice que hagan lo que dicen pero no lo que hacen.

Y algo muy importante: en el Cielo no sirven las categorías humanas donde el más importante es el que más poder tiene. No. En el Cielo el primero es el último que así actúa en el mundo, en el siglo. Por eso debemos hacernos servidores de nuestros hermanos los hombres.


JESÚS, ayúdanos a ser humildes.


Eleuterio Fernández Guzmán

13 de marzo de 2017

Lo importante que es perdonar



Lunes II de Cuaresma


Lc 6, 36-38

“Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.”


COMENTARIO

Jesucristo siempre pone a Dios como ejemplo de cómo debemos ser. Y es que el Hijo ama al Padre y eso se nota siempre. Por eso quiere que seamos compasivos porque Dios es compasivo y así alcanzaremos un lugar privilegiado en el corazón del Todopoderoso.

Pero nos dice Cristo algo que es muy importante: no debemos juzgar. Eso no quiere decir que nunca podamos decir nada de nadie sino que debemos decirlo como lo diría Dios y bajo el prisma del amor.

Y una cosa más que muchas veces olvidamos: aquello que hagamos con los demás, se hará con nosotros. Por eso debemos dar para recibir, entregar para que Dios se nos dé de corazón.


JESÚS, ayúdanos a ser compasivos y misericordiosos.


Eleuterio Fernández Guzmán

12 de marzo de 2017

Domingo, 12 de marzo de 2017 – Transfigurarse



Mt 17, 1-9

“Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos  como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.’ Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.’ Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo.  Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: ‘Levantaos, no tengáis miedo.’  Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.  Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.’”

COMENTARIO

No podemos negar que Jesucristo sabía que, entre sus Apóstoles, había unos cuantos que eran muy especiales. Por eso los escoge para que lo acompañen en determinadas situaciones. Y eso es lo que hace ahora, cuando acude con ellos al monte donde va a pasar algo maravilloso.

Podemos imaginar cómo aquellos discípulos muy cercanos al Mesías miran la escena. Y es que no todos los días se les iban a aparecer profetas como Elías y Moisés. Por eso se sienten tan bien que quieren quedarse allí para siempre. Estaban, claro, un poco equivocados a tal respecto.

Pero había algo más que nunca iban a olvidar: la resurrección del Maestro. Y ellos, que entonces no comprendían para nada aquello de que tenía que resucitar quien todavía no había muerto, guardaron aquello en su corazón hasta que llegó, precisamente, el día en el que, en efecto, volvió a la vida el Hijo del hombre.

JESÚS, ayúdanos a comprender, de verdad, lo que significó tu resurrección.



Eleuterio Fernández Guzmán