11 de enero de 2017

Para eso vino Cristo al mundo

Miércoles I del tiempo ordinario
Mc 1,29-39

En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. 

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. 

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan’. El les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido’. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.


COMENTARIO

La misión de Cristo consistía, sobre todo, en salvar lo que necesitaba ser salvado. Y las enfermedades físicas encerraban al ser humano en sí mismo y, muchas veces, lo apartaban de la sociedad que, además, los rechazaba según la consideración que se tenía de las mismas.

Tanto la suegra de Simón como aquellos endemoniados a los que curó Cristo fueron testigos de que la autoridad con la que hablaba y actuaba era propia de ser el Mesías, el Enviado de Dios y no un ser humano corriente.

Pero Jesús sabía que había venido al mundo a hacer lo que debía hacer. Y la expresión “para eso he salido” mostraba, bien a las claras, que no tenía intención de volverse atrás sino, muy al contrario, de seguir adelante.


JESÚS, ayúdanos a aceptarte en nuestro corazón para siempre.




Eleuterio Fernández Guzmán

10 de enero de 2017

La santa doctrina de Cristso


Martes I del tiempo ordinario
Mc 1,21-28

Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios’. Jesús, entonces, le conminó diciendo: ‘Cállate y sal de él’. Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. 

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen’. Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

COMENTARIO

Para cumplir con la misión que tenía encomendada, Cristo debía predicar por el mundo que tenía a su alcanza. Por eso la sinagoga era el lugar más adecuado para hacer tal cosa. Muchos, claro, no estaban de acuerdo con lo que decían, pero otros sí.

Cristo acompañaba sus palabras con signos. Y es que el pueblo judío estaba necesitado de signos para entender qué se le decía. Por eso curó a muchos poseídos por el demonio, el Mal que procuraba poner trabas a la misión de Cristo.

No extraña nada que pasar lo que pasó. Es decir que, cuando muchos vieron lo que decía y hacía, y que era verdaderamente extraordinario, corrieron a comunicarlo a los que conocía. Y es que Jesucristo enseñaba con una autoridad que antes no se había visto.



JESÚS, ayúdanos a aceptar tu santa Palabra. 


Eleuterio Fernández Guzmán


9 de enero de 2017

Seguir a Cristo


Lunes I del tiempo ordinario
Mc 1,14-20

Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva’. Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: ‘Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres’. Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.

COMENTARIO

La misión de Cristo había comenzado con el apresamiento de su primo Juan, el Bautista. Por eso caminaba predicando y enseñando que había llegado el tiempo del esperado por el pueblo elegido por Dios. Todo se estaba cumpliendo.

Jesús ha de buscar, por haber comenzado a cumplir su misión predicadora y salvadora, a quien le ayude. No es que no se valiera por sí mismo sino que sabía que era necesario que más personas continuaran su labor tras su muerte. Y debían ser enseñados.

Resulta curioso la actitud de aquellos a los que llama Cristo. A lo mejor alguno podría haberse preguntado que quién era aquel que los llamaba y albergar en su corazón alguna duda. Sin embargo, nada de eso pasa: ellos, al escuchar la voz de Jesús que los llama se marcha con él sin duda alguna.

JESÚS, ayúdanos a no dudar nunca de Ti y de tu llamada.


Eleuterio Fernández Guzmán

8 de enero de 2017

Dios se complace en Cristo



Mt 3,13-17

En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: ‘Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?’. Jesús le respondió: ‘Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia’. Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: ‘Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco’”.

COMENTARIO

Jesús debía cumplir con todo lo que estaba escrito. Y, aunque, no tuviera pecado alguno que le hubiera llevado a que se le perdonase mediante el bautismo de agua de Juan, debía dar ejemplo para que los demás viesen qué debían hacer.

La voluntad de Dios debía cumplirse. Queremos decir que Juan no quería bautizarlo porque sabía que era el Enviado de Dios. Sin embargo, Jesucristo sabía que, por encima de esto se encontraba qué es lo que quería Dios.

Cuando Jesús sale de las aguas del Río Jordán se produce una manifestación de Dios. La voz del Padre hace ver que aquel hombre que ha sido bautizado no es un hombre más sino, en todo caso, su propio Hijo en quien se complace. Hay, pues, que escucharle.


JESÚS,  ayúdanos a cumplir con la misión que se nos ha encomendado.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de enero de 2017

El mensaje de Cristo al mundo

Mt 4,12-17.23-25

En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, se retiró a Galilea. Y dejando la ciudad de Nazaret, fue a morar en Cafarnaúm, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Neftalí. Para que se cumpliese lo que dijo Isaías el profeta: ‘Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz’. 

Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: ‘Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca’. Y andaba Jesús rodeando toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Y corrió su fama por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían algún mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalén y de Judea, y de la otra ribera del Jordán.”


COMENTARIO

Jesús, que conocía a la perfección la misión que debía llevar a cabo, supo que había llegado el momento esperado cuando conoció que Juan el Bautista había sido puesto en prisión. Si su Precursor no podía seguir con la labor que tenía encomendada por Dios, sería Él mismo el que lo hiciera.

Jesús predica acerca del Reino de Dios. Era una realidad espiritual que el pueblo judío llevaba muchos siglos esperando: la llegada del Mesías y la instauración del Reino del Todopoderoso. Por eso, sabiendo que todos esperan escuchar eso, lo proclama a los cuatro vientos.

Jesús había venido al mundo a salvar a los necesitados de ser salvados. Por eso cura a los enfermos que, además de padecer diversos males, eran apartados de la sociedad por tales enfermedades. No extraña, por tanto, que muchos lo siguieran.

JESÚS, ayúdanos a confiar en tu ayuda y auxilio.



Eleuterio Fernández Guzmán

6 de enero de 2017

Cristo se presenta al mundo

La Epifanía del Señor

Mt 2,1-12

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle’. En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: ‘En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’. 

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: ‘Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle’.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

COMENTARIO

Este episodio que nos trae el Evangelio de San Mateo muestra hasta dónde puede llegar el Mal en su afán egoísta. Y es que Herodes, como sabemos que hizo, no era una persona que quisiera adorar al Rey de los judíos que iba a nacer. Él era el Rey de los  judíos y ya podemos imaginar que no le haría demasiada gracia aquella noticia.

Los Reyes Magos se presentan ante el Niño, María y José. Saben que han llegado al destino que tanto habían querido alcanzar. Y presentan sus regalos (costumbre de la época al llegar a una casa ajena) que son el oro, el incienso y la mirra.

Pero Dios, que conocía la voluntad de Herodes de terminar con la vida del Niño, avisa a los Reyes Magos: no deben volver a Jerusalén a dar la noticia del nacimiento de Jesús. Sabía el Todopoderoso la malsana intención de Herodes.


JESÚS, permítenos adorarte en este día tan especial.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de enero de 2017

Encontrar a Cristo


Jn 1,43-51

En aquel tiempo, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: ’Sígueme’. Felipe era de Bestsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: ‘Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret’. Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’. Le dice Felipe: ‘Ven y lo verás’.

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Le dice Natanael: ’¿De qué me conoces?’. Le respondió Jesús: ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Jesús le contestó: ‘¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores’. Y le añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’”.


COMENTARIO

Aquellos que encuentran a Jesús por primera vez no quedan insatisfechos. Si Cristo dijo más tarde que era bienaventurado quien, al encontrarlo, no se alejaba desilusionado, tanto Felipe como Andrés y Pedro quedaron más que satisfechos y gozosos.

Ellos, los que encuentran a Cristo, no quieren dejarlo de contar. Y es que habían sido demasiados siglos esperando al Mesías como para ir por ahí callando eso. Y se lo dicen a Natanael.

Natanael se sorprende por lo que le dice Jesús. Y, siendo eso nada de extrañar más aún debió extrañarle cuando le dice que verían al Hijo del hombre en las circunstancias que les dice.


JESÚS, ayúdanos a buscarte, a buscarte y encontrarte.



Eleuterio Fernández Guzmán

4 de enero de 2017

Buscar a Cristo

Jn 1,35-42

En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: ‘He ahí el Cordero de Dios’. Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: ‘¿Qué buscáis?’. Ellos le respondieron: ‘Rabbí —que quiere decir, “Maestro”— ¿dónde vives?’. Les respondió: ‘Venid y lo veréis’. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: ‘Hemos encontrado al Mesías’ —que quiere decir, Cristo—. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: ‘Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas’ —que quiere decir, ‘Piedra’”.

COMENTARIO

El Hijo de Dios, al haber hecho su aparición en el mundo a través de su bautismo en el río Jordán, se da a conocer. Por eso no es extraño que algunos de aquellos que allí estaban quisieran conocerlo.

Jesús les lleva a su casa. A lo mejor nos quiere decir el texto que los llevó al lugar donde vivía pero podemos pensar que les diera a entender qué es lo que quería llevar a cabo según lo establecido por Dios.

Cuando Simón conoce Jesús, el Hijo de Dios sabe que va a ser una persona muy importante en su futura Iglesia. Por eso le cambia el nombre y, a partir de entonces, será llamado Cefas, Pedro porque, en efecto, iba a ser la piedra sobre la que edificaría el Reino de Dios.


JESÚS,  ayúdanos a ser, nosotros mismos, piedras vidas de tu Iglesia.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de enero de 2017

El Cordero de Dios

Jn 1,29-34

Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: ‘He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel’. Y Juan dio testimonio diciendo: ‘He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios’”.


COMENTARIO


La labor de Juan Bautista tenía mucho que ver, todo, con lo que sería la salvación de la humanidad. Por eso presenta a Jesús como el Cordero de Dios que ha venido al mundo a salvar al mundo.


El Bautista sabe perfectamente que el Cordero de Dios, a pesar de ser su primo Jesús, existía antes que él. Seguramente fue iluminado por el Espíritu Santo para conocer tal verdad. Por eso sabe que debe cumplir la misión que le había sido encomendada.


Juan fue advertido. Dios le comunicó, como fuera que fuese tal comunicación, que sobe quien viera bajar al Espíritu Santo, tal sería su Hijo amado, el Mesías, su Enviado.



JESÚS, ayúdanos a cumplir la misión que nos sea encomendada.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de enero de 2017

Quien ha de venir


Jn 1, 19-28

“Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’ El confesó, y no negó; confesó: ‘Yo no soy el Cristo.’ 21 Y le preguntaron: ‘¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?’ Él dijo: ‘No lo soy.’ – ‘¿Eres tú el profeta?’ Respondió: ‘No.’ Entonces le dijeron: ‘¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?’ Dijo él: ‘o soy = voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, = como dijo el profeta Isaías.’ Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: ‘¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?’ Juan les respondió: ‘Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia. Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.”

COMENTARIO
En la historia de la salvación, ha habido personas que han comprendido cuál era su misión. El Bautista sabía que no era el Hijo de Dios y que Otro iba a venir para cumplir una misión más que importante.

En efecto, el Bautista es la voz que clama en el desierto de la espiritualidad judía. Había llegado, el pueblo elegido por Dios, a una tal situación que estaba como si anduviera de nuevo por el desierto a la espera de la tierra prometida.

Juan es consciente de que quien tiene que venir es una persona más que importante. Sabe, además, que ya ha llegado al mundo porque dice que está en medio de los que le escuchan o, lo que lo mismo, que ha ya nacido.

JESÚS, ayúdanos a cumplir la misión que nos sea encomendada.


Eleuterio Fernández Guzmán

1 de enero de 2017

Alabar a Dios



Lc 2,16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.”


COMENTARIO

Aquellos pastores no dudaron lo más mínimo acerca de lo que les había dicho el Ángel. Por eso no debieron extrañarse cuando vieron la escena que les había sido dicha. Tampoco debe extrañarnos que contaran a todos lo que les había pasado.

La Virgen María, como en otros episodios que contienen las Sagradas Escrituras, guarda en su corazón aquello que le está pasando con relación a su recién nacido hijo. Y es que debería servir de alimento espiritual para toda una vida de amor y de entrega.

Y le pusieron por nombre Jesús. Aquel era el que les había dado el enviado de Dios. Cumpliendo con lo establecido en la Ley no dudan en hacer todo lo que se les había dicho. Y es que cumplir con la voluntad de Dios no era nada extraño en ellos.

JESÚS, ayúdanos a ser tan cumplidores con la Ley de Dios como lo fueron José y María, alabando a Dios con ello.


Eleuterio Fernández Guzmán

31 de diciembre de 2016

En el Principio

Jn 1, 1-18

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.  Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.  Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: ‘Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.’ Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. 18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.”

COMENTARIO

Este texto del Evangelio de San Juan es extremadamente rico. En él nos habla de lo que era el Principio, en aquel Principio cuando el Creador creaba. Entonces, la Palabra, Cristo, estaba junto al Padre, junto al Todopoderoso. Entonces todo se hizo y, luego, se envió al mundo a la Luz para que la Luz iluminara al mundo. Sin embargo, el mundo, con su ceguera habitual, no quiso recibir a la Luz, no quiso recibir al Enviado de Dios. Algunos, sin embargo, sí lo recibieron, comprendieron que Aquel Maestro era el Hijo de Dios. Por eso aquellos que lo recibieron también fueron considerados hijos de Dios y, entonces, hermanos del Hijo del Padre. Y todo lo escrito a lo largo de los siglos se estaba cumpliendo.



¡Desde este humilde blog les deseo una buena entrada de año y un buen año 2017!



JESÚS, gracias por ser, gracias por estar siempre junto a nosotros.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de diciembre de 2016

Y fueron a Nazaret

Mt 2,13-15.19-23

Después que se fueron los Magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle’. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo. 

Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño’. Él se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: ‘Será llamado Nazareno’”.

COMENTARIO

José cumple con todo aquello que le viene dicho de parte de Dios. Tanto cuando le dijeron que se fuera con su esposa y el Niño a Egipto como ahora que le dicen que vuelva a Israel.

Podemos imaginar el gozo de José cuando escuchó que habían muerto los que querían matar a Jesús. Por eso no duda lo más mínimo en hacer lo que le dicen y toma a María y a Jesús y regresan a Israel.

De todas formas, a José le quedaba el recelo de que el hijo de Herodes quisiese continuar la mala labor de su padre y querer matar a Jesús. Por eso José no fue donde tenía pensado ir, sino que fue a Galilea, en concreto a Nazaret. De ahí el sobrenombre dado a Cristo.



JESÚS, ayúdanos a ser tal fieles como fue José.

29 de diciembre de 2016

Presentación de Cristo

Lc 2,22-35

Cuando se cumplieron los días de la purificación según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. 

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y en él estaba el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al Niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: ‘Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel’.

Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: ‘Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones’”.

COMENTARIO

José y María cumplen con lo establecido y acuden al Templo de Jerusalén para presentar a Dios a Jesús. Deben presentarlo porque es el primogénito y se le ha de entregar al Todopoderoso.

Aquel anciano de nombre Simeón sabe que ha llegado el día que tanto estaba esperando. Dios le había prometido que vería al Mesías y, por eso, sabe que aquel niño lo es.

Simeón profetiza lo que, luego, va a pasar. Aquel niño, que sus padres llevan al Templo, ha sido enviado por Dios para que se produzca una gran contradicción en el mundo. Pero a María le tiene reservar una no muy agradable sorpresa: una espada le va a atravesar el corazón. Y bien sabemos a qué se refiere.


JESÚS, gracias por haber sido presentado y ser entregado al Padre.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de diciembre de 2016

Santos e Inocentes

Mt 2,13-18

Después que los magos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al Niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al Niño para matarle’. Él se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: ‘De Egipto llamé a mi hijo’. 

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: ‘Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen’”.

COMENTARIO

José ya se había mostrado dócil a la voluntad de Dios cuando el Ángel del Señor le dijo que el hijo que iba a tener su desposada María era obra del Espíritu Santo. Ahora hace otro tanto cuando se le dice que tome a su esposa y al niño y marche con ellos a Egipto.

El Mal, sin embargo, nunca descansa de ser, precisamente, Mal. Por el aquel hombre pagado de sí mismo y con miedo a que otro Rey lo destronase, se da cuenta de que los Magos, aquellos que le prometieron que le dirían dónde había nacido el Rey de los judíos, no habían cumplido lo prometido. E idea la vengada.

Aquellos niños de menos de dos años, a lo mejor no eran más de cincuenta o sesenta, no tenían culpa alguna para morir de aquella terrible forma. Por eso los tenemos como los Santos Inocentes porque dieron su vida por la vida del Hijo de Dios.


JESÚS, abraza, de nuestra parte, a los Santos Inocentes.

Eleuterio Fernández Guzmán

27 de diciembre de 2016

Juan, el que creyó

Jn 20,2-8

El primer día de la semana, María Magdalena fue corriendo a Simón Pedro y a donde estaba el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto’. Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.

COMENTARIO

La figura de Juan, el Apóstol más joven de los elegidos por Jesús, es muestra de fe y de confianza en el Maestro. Cuando Cristo muere en la Cruz sabemos que es el único de entre ellos que estaba a los pies de la misma.

No nos extraña nada que cuando escucha lo que dice María Magdalena corra a la par de Pedro pero llegue el primero porque es más joven. Las ganas de comprobar lo que decía la discípula de Magdala le hacen correr más rápido.

Sabemos que no entra el primero al sepulcro. No lo hace por respeto a Pedro que es el primero de entre ellos. Pero cuando entra donde habían puesto a Cristo creyó. Y se nos quiere decir con eso que se dio cuenta de que todo lo dicho por el Maestro se había cumplido.


JESÚS, ayúdanos a tener fe como la tuvo Juan.

Eleuterio Fernández Guzmán


26 de diciembre de 2016

Perseverar



Mt 10, 17-22

“Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. ‘Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.’”


COMENTARIO

Lo que dice Jesús en este texto del Evangelio de San Mateo no podemos negar que sea poca cosa. Y es que nos habla de lo que pasará con aquellos que quieran seguirle y ser sus discípulos. Humanamente nada bueno.

El futuro es terrible, si lo consideramos desde el punto de vista terreno. Serán entregados los que sigan a Cristo pero ellos tendrán defensa en el Espíritu Santo que hablará por ellos. Y deben dejarse conducir por Él.

Pero lo bueno, aquello que vale la pena, sirve para el bien del discípulo de Cristo. El odio hacia los que sigan a Cristo tendrá un gran don y un gran regalo de Dios: la salvación eterna. Para alcanzarla, sin embargo, hace falta perseverar en la fe y en la oración.

JESÚS, ayúdanos a perseverar en la fe y en la oración.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de diciembre de 2016

En el Principio



Jn 1, 1-18

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.  En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.  Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: ‘Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.’ Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. 18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.’

COMENTARIO

En el Principio

Cuando Juan habla del Principio habla porque sabe de lo que habla. Y es que es probable que escribiera su Evangelio después de las visiones del Apocalipsis. Sabía, perfectamente, que Dios creó y el Hijo estaba presente.

Vino Cristo al mundo y muchos no lo recibieron

Cuando Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salvase muchos miraron para otro lado. Y es que muchos, que no querían que cambiasen las cosas ni la situación del pueblo elegido por Dios, preferían no mirar a la Luz y seguir en sus tinieblas.

Los que sí lo recibieron

Otros, sin embargo, sí lo recibieron y supieron que era el Mesías enviado por Dios al mundo. Y a tales personas el creer en Cristo les salvó la vida eterna al hacerlos hijos de Dios.



JESÚS, ayúdanos a ser buenos hijos del Padre.

Eleuterio Fernández Guzmán