18 de mayo de 2015

La ignorancia religiosa











Hoy tengo una medio historia para comenzar. Después de pasar la Semana Santa, he regresado a nuestra ciudad y, antes de acercarme al televisor para recibir la bendición del Papa, he tomado Las Provincias. En la página segunda he encontrado destacada una frase perteneciente a una columna de Opinión. Decía así: un año, se reunirá a cenar toda la familia en Navidad y los niños preguntarán: ¿por qué en diciembre nos vemos más? Esas palabras pertenecen al Jefe de Opinión de la casa, pero a fe mía que no cito a Pablo Salazar para hacerle la pelota, sino porque realmente han atraído mi atención.

 Y la verdad es que venía preparado porque ahora me ha dado por releer libros ya leídos, pero me gustan y extraigo mejor su jugo. Hay otros, en cambio, que jamás volveré a tomar porque tienen menos caldo que un esparto. Bueno, esos, en realidad, no los acabo nunca. Uno de los que vuelvo a repasar es el libro entrevista de Peter Seewald –un alejado de la fe- al entonces cardenal Ratzinger. El cardenal dice en los primeros compases que la fe de los cristianos significa ver en Cristo vivo, hecho carne por nosotros, al Hijo de Dios hecho hombre, y creer en Dios, en la Trinidad de un solo Dios, Creador del cielo y de la tierra; y creer que este Dios que se humilló y –por así decir- se hizo pequeño, vela por nosotros los hombres y forma parte de nuestra historia; y creer también que el espacio donde todo esto se manifiesta es la Iglesia, lugar privilegiado de su expresión. Claro, sin ambages.

Qué tiene todo esto que ver con las frases de LP? Pienso que mucho. Existe ahora como el prurito de dárselas de ateo, agnóstico o juez de Dios. Quizás son personas de buena voluntad, pero no acaban de percatarse de algo de esto: de que si es parte de nuestra cultura, y lo ignoramos, las procesiones de Semana Santa las pensaremos como un  museo peripatético sin significado alguno; o intentaremos buscar un Dios al que yo pueda decir qué está bien y qué está mal de cuanto hace o permite. Tal vez sin darme cuenta,  me estoy erigiendo yo mismo en Dios. Cabe también una cierta mala intención procedente de no sé qué atavismos, que mezclando política con religión, acarrean ciertas ideologías hacia el lado ateo o anticristiano como algo inexorable.  Podríamos multiplicar las posibilidades. Todas ellas camino abreviado a la incultura.

¿Y por qué son ese camino? Todo el manantial de ideas que nutre al mundo occidental procede del judaísmo,  luego del cristianismo que haría suya buena parte de la filosofía griega –la buena filosofía de Platón y Aristóteles, por ejemplo- para anclarse después en el avanzado nivel cultural del pueblo romano, que tendrá su continuación posterior en todos los desarrollos formativos que construyeron Europa, toda América, buena parte de África, todo el mundo colonizado por el Viejo Continente, dando un estilo de vida que nos ha hecho lo que somos, y de lo que ahora se avergüenzan algunos hasta límites pertinazmente ridículos. En la obra citada, Ratzinger afirma que nuestro mundo ha ido fraguando poco a poco una suerte de histeria general sobre las grandes expectativas del futuro.

Nunca ha habido tantos finales ni tantos comienzos como ahora pero, según hacia donde miremos, nos parecerá que evolucionamos positivamente, mientras que oteando hacia otra parte, se nos ofrece un mundo demencial. La sociedad del bienestar, ávida de consumo, de lujo y placer, convive con una gran carencia de alimentos para subsistir, para gozar de una cierta salud y de educación. Somos el mundo de la Declaración Universal de los Derechos del hombre y, a la vez, el mundo que mira hacia otro lado cuando se masacran miles de cristianos. Es un sarcasmo que fueran a París los mandatarios del Orbe para clamar por la libertad de expresión de una revista que no lo merece –como suena-, aunque el acto terrorista fuera injustificable, mientras que África, Próximo, Medio y Lejano Oriente se desangran en guerras fratricidas o son víctimas del terrorismo más brutal.


A todo eso podríamos unir la drogadicción, el chabolismo, niños abandonados u obligados a trabajar con edades mínimas, tantas cosas que el Papa Francisco ha descrito como  globalización de la indiferencia. No piensen que me alejo del tema. Todo eso no sucede  precisamente por culpa de Dios, sino de la maldad humana, de utilizar depravadamente el gran don divino  del libre albedrío. ¿Por qué? Lo dice el salmo segundo: ¿por qué se confabulan las gentes y trazan las naciones planes vanos? Abunda el mismo salmista inspirado: todos los reyes convinieron contra Dios y contra su Ungido. Rompamos sus coyundas, tiremos lejos sus ataduras… Sí, cuando no se sabe por qué nos reunimos las familias en diciembre, o se desconoce qué sentido tiene un pintura religiosa de Rembrandt o Velázquez, si se ignora el trasfondo cristiano de la Declaración de los Derechos del Hombre, ya estamos en poder de la incultura por el camino más rápido: el del olvido de Dios.


P. Pablo Cabellos Llorente

Publicado en Las Provincias

Cristo y Dios son Uno

Lunes VII de Pascua



Jn 16,29-33

“En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús: ‘Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola. Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que has salido de Dios’. Jesús les respondió: ‘¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo’”.


COMENTARIO

Había muchos de los que escuchaban a Jesús que tenían un corazón abierto a la Palabra de Dios y a su verdadera Ley. No todos ignoraban de qué hablaba. Por eso aquellos que lo entienden la manifiestan que, en verdad, es el Hijo de Dios, que salido del Padre.

Jesús es más que consciente de lo que le va a pasar. Morirá y muchos le van a abandonar. Sin embargo, el Hijo del hombre sabe que todos no lo van a dar de lado y que habrá otros muchos que han creído en Él y esperarán su vuelta al mundo.

Consuela el Hijo de Dios a los que le escuchan porque sabe que van a necesitar auxilio espiritual y que sin él no van a poder seguir adelante. Jesús ha venido en nombre de Dios, es Dios mismo hecho hombre y eso debe animarles. Todo lo demás no debe importarles nada.




JESÚS, ayúdanos a esperar tu segunda venida. ¡Ven Señor Jesús!


Eleuterio Fernández Guzmán



17 de mayo de 2015

Evangelizar


Mc 16, 15-20

“Y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.  Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.’ Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.  Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales  que la acompañaban.”


COMENTARIO


Evangelizar

Jesús envía a sus discípulos más allegados, a sus apóstoles, a ir por el mundo a transmitir la Buena Noticia de que el Reino de  Dios había llegado. Era una misión que debían cumplir a rajatabla y sin demora.

Creer y salvarse

Jesús dice algo que es muy importante. En realidad es lo que debían enseñar a todo aquel que quisiese conocer a Dios mismo hecho hombre: hay que creer en Cristo Jesús porque tal creencia supone, nada más y nada menos, que la salvación eterna.

No creer y condenarse

Sin embargo, también les informa de algo muy importante y que tiene que ver con lo único que debe importar al ser humano: no creer en Él supone, ni más ni manos, la muerte eterna, el Infierno para siempre, siempre, siempre.

JESÚS, queremos creer en Ti, creemos en Ti.

Eleuterio Fernández Guzmán

16 de mayo de 2015

Saber pedir a Dios

Sábado VI de Pascua


Jn 16, 23-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado. Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre’”.


COMENTARIO

Era lógico y normal que los discípulos quisieran saber cómo dirigirse a Dios en oración. Jesús les enseña el Padre Nuestro pero hace algo más: les dice en qué sentido deben pedir a Dios: en su nombre.

Era cierto que hasta entonces se habrían dirigido a Dios sin tener en cuenta que podían hacerlo a través del Maestro, Dios mismo hecho hombre. Y Jesús lo dice con toda claridad: el Padre mismo nos quiere porque Cristo es el Señor hecho hombre.

Jesús habla acerca de que ha de volver al Padre. Los testigos de aquellas palabras debieron entristecerse porque habían sido demasiados siglos esperando la llegad del Mesías y ahora les decía que los iba a dejar. Sin embargo, les deja la forma de orar, de dirigirse a Él.


JESÚS, también te decimos nosotros: enséñanos a orar.

Eleuterio Fernández Guzmán


15 de mayo de 2015

La esperanza del regreso de Cristo

Viernes VI de Pascua

Jn 16,20-23a

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada’”.


COMENTARIO

Jesús, en este texto del evangelio de san Juan, siembra en el corazón de aquellos que entonces le escuchan, una esperanza basada en la voluntad Dios. Sabe lo que ha de pasar pero también sabe que en lo que pase no está el final.

Ciertamente, la muerte de Jesús y, luego, su resurrección, será como un nacimiento. Nacerá un hombre nuevo, un mundo nuevo y será, ciertamente, una nueva creación.

Y Jesús sienta, en el corazón de los que le escuchan, algo bueno: ha de volver. Se refiere, entonces, a su resurrección. Y, como bien sabemos, poco pudieron preguntarle cuando sucedió porque su asombro sería total.



JESÚS, ayúdanos a tener siempre presente tu resurrección.


Eleuterio Fernández Guzmán

14 de mayo de 2015

El Amor de Cristo




Jn 15,9-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 

‘Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 

‘No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’”.


COMENTARIO

El Amor de Cristo

Jesús dejó un mandamiento que es el primero de la Ley de Dios, aquel que muestra que somos hermanos suyos y discípulos del Hijo del hombre: el amor. Y debemos amar como Cristo nos amó… hasta el extremo.

Somos amigos de Cristo

Aquellos que nos consideramos discípulos de Cristo podemos gloriarnos de que nos llamara “amigos”. Por eso dio su vida y por eso, precisamente por eso, somos hermanos unos de otros.

Cristo nos ha elegido

Aunque alguien pueda pensar otra cosa, no es uno quien elige a Cristo sino que es el Hijo de Dios quien nos elige a cada uno de nosotros. Y no lo hace para nada sino, al contrario, para que demos fruto abundante y, además, nuestro fruto permanezca en el corazón de Dios.

JESÚS, ayúdanos a permanecer siempre en tu amor.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de mayo de 2015

El Espíritu Santo nos guía


Miércoles VI de Pascua


Jn 16,12-15

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros’”.

COMENTARIO

Jesús, en el tiempo aquel en el que sabía que su muerte se aproximaba, sabía que debía consolar a los discípulos más allegados, a los que eran sus apóstoles. Los necesita fuertes de espíritu y de corazón.

Jesús, como había hecho otras veces, les habla del Espíritu Santo. Pero, para que sea enviado desde el definitivo Reino de Dios, él debe marchar junto al Padre o, lo que es lo mismo debe morir. Y eso lo deben tener por muy bueno.

El Espíritu Santo cumplirá su misión según le sería encomendada. Iba a guiar al pueblo de Dios por los caminos tortuosos que el hombre había establecido. Lo hará, además, porque todo lo que transmita lo habrá recibido de Dios Padre y, por tanto, habrá recibido de parte de Cristo.


JESÚS, ayúdanos a confiar en las mociones del Espíritu Santo.

Eleuterio Fernández Guzmán


12 de mayo de 2015

El Espíritu Santo nos ilumina

Martes VI de Pascua

Jn 16,5-11

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’. Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado’”.


COMENTARIO

No hay que extrañarse de que los discípulos de Jesús que andaban con él por los caminos se entristecieran porque les dijera que debía morir. El caso es que Jesús les recompensa con una verdad muy importante que tiene que ver con la tercera persona de la Santísima Trinidad.

El Espíritu Santo lo iba a enviar Cristo en cuanto subiera a la Casa del Padre. Antes de eso o, mejor, para poder hacer eso, debía pasar por la muerte y una muerte de cruz. Pero la venida del Espíritu Santo, como luego vino sobre ellos, supondría mucho para la humanidad.

El Espíritu Santo no iba a venir al mundo a pasar el rato. No. El Espíritu Santo Dios debía cumplir una misión muy importante como era, por ejemplo, llevar al mundo por el camino recto hacia el definitivo Reino de Dios. Los iba a convencer de la Verdad y de todo aquello que no habían sido capaces de entender mientras Jesús se lo decía.



JESÚS, ayúdanos a escuchar las mociones del Espíritu Santo.


Eleuterio Fernández Guzmán

11 de mayo de 2015

El Paráclito



Lunes VI de Pascua


Jn 15, 26—16,4

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho’”.


COMENTARIO

Jesús sabe que cuando vaya a la Casa del Padre y vuelva con Aquel de quien salió, cumplirá una misión muy importante para el ser humano: enviará al Paráclito, al Espíritu Santo para que el mismo cumpla lo que tenía encomendado por parte del Todopoderoso.

Jesús los pone sobre la pista de lo que pasará. No dice que es posible que persigan a sus discípulos sino que, en efecto, van a ser perseguidos. Pero, además, hay algo que es mucho peor: que crean sus perseguidores que eso es lo que quiere el Creador.

Jesús sabe que es posible que cuando les está diciendo tales cosas muchos no crean que eso se va a cumplir. Sin embargo les confirma que pasará y que creerán cuando vean que, en efecto, se ha cumplido lo que tantas veces les había dicho.



JESÚS, ayúdanos a creer en tus promesas.


Eleuterio Fernández Guzmán



10 de mayo de 2015

El mandamiento del amor



Jn 15, 9-17.


“Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto,  para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros   como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos,  porque el siervo no sabe lo que hace su amo;  a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí,  sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre  os lo conceda. Lo que os mando es   que os améis los unos a los otros.”
       
COMENTARIO

Jesús, a lo largo de su predicación, enseñó mucho acerca del Reino de Dios y de cómo alcanzarlo. Sin embargo, debía enseñar algo que fuera esencial y crucial para tal fin: el mandamiento principal de tal Reino.

El amor, dice Jesús, es lo primero, lo principal. Por eso lo enseña como el mandamiento nuevo. No es que antes los hijos de Dios no se amasen sino que ahora se deben amar de una forma distinta, más profunda: perdonando siempre, por ejemplo.

Jesús nos dice, también, que no es que hayamos sido elegidos para que estemos pagados de eso y vivamos mirando para otro lado. No. Jesús nos dice que debemos dar fruto y lo damos si hacemos la voluntad de Dios y aplicamos, a nuestra vida ordinaria, el Amor del Padre.




JESÚS, ayúdanos a amar siempre y a tener el amor como la principal ley de nuestra vida ordinaria.

Eleuterio Fernández Guzmán


9 de mayo de 2015

No ser del mundo



Sábado V de Pascua

Jn 15,18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado’”.



COMENTARIO

Jesús sabía que sus discípulos iban a ser perseguidos. Él lo había sido y el discípulo no puede ser más que el Maestro. Pero eso no debe preocuparnos porque al igual que Cristo venció a la muerte también  nosotros resultaremos vencedores de las asechanzas del Maligno.

Jesús escoge a sus discípulos. Por eso tenemos la garantía divina de haber sido salvados por una muerte en cruz. Por eso el mundo odia a sus discípulos y por eso, precisamente por eso, la victoria la tenemos asegurada.

Jesús, sin embargo, nos pide algo: debemos guardar su Palabra, Palabra de Dios. Así, poniéndola en práctica en nuestra vida ordinaria alcanzaremos la vida eterna por haber cumplido la voluntad de Dios.


JESÚS, ayúdanos a guardar tu santa y verdadera Palabra.

Eleuterio Fernández Guzmán


8 de mayo de 2015

El Amor de Dios



Viernes V de Pascua


Jn 15,12-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros’”.



COMENTARIO

La doctrina de Cristo es doctrina de Dios. Por eso su Hijo enseña lo mejor que debemos aprender. Y el mandamiento nuevo, aquel que había traído al mundo del definitivo Reino de Dios: el amor.

El Amor de Dios es el mandamiento más amado por el Padre. Quien ama según es la voluntad de Dios hace lo mejor para sí mismo y para su prójimo. Por eso Jesús se entregó a sus amigos y al mundo entero con una muerte terrible: lo hizo por amor.

Dice Jesús algo importante: es Él quien nos elige a nosotros y lo hace no para que nos quedemos mirando nuestra fe y la escondamos debajo de cualquier celemín sino para que vayamos al mundo y demos fruto abundante.



JESÚS, ayúdanos a saber amar como tú amas.

Eleuterio Fernández Guzmán


7 de mayo de 2015

Guardar los mandamientos de Dios

Jueves V de Pascua



Jn 15,9-11

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado’”.

COMENTARIO

El máximo interés de Jesús está en la salvación de las almas de aquellos que son hermanos suyos o, lo que es lo mismo, de la humanidad toda y entera. Por eso siempre, a lo largo de su predicación dedicó mucho tiempo a instruir sobre tal tema.

¿Qué hacer para salvarse? Jesús lo dice con toda claridad: hay que guardar los mandamientos de Dios. Y eso quiere decir que debemos hacer lo posible para que los mismos guíen nuestra vida y no sólo los tengamos como algo bonito y bien traído i dicho.

Pero Jesús no se limita a instruir sino que hace todo lo posible para que su vida sirva de ejemplo a nosotros, sus hermanos. Por eso vive de forma que de su vida pueda deducirse el cumplimiento de la voluntad de Dios. Así permanece en Dios y Dios en Él.


JESÚS, ayúdanos a consentir tu permanencia en nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán


6 de mayo de 2015

Vid y sarmientos


Miércoles V de Pascua

Jn 15,1-8

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos’”.


COMENTARIO

Para los que no tuvieran muy claro qué era y qué suponía ser discípulo de Cristo, el Hijo del hombre, en este texto del evangelio de san Juan lo dice con toda claridad.

Jesús hace uso de imágenes propias de su tiempo. No busca elucubraciones teológicas que nadie entienda sino, como ahora, lo más sencillo. Busca ser entendido. Y la imagen de la vid y los sarmientos es clara, sencilla y fácil de comprender.

Si no estamos unidos a la vid, Cristo, nosotros, sarmientos de la misma, no podemos hacer nada. Eso se entiende con facilidad porque es lo que pasa al respecto de una vid y de sus sarmientos. Sólo quien permanece en Cristo, vid, da fruto. Quien no permanece unido a la vid… sencillamente muere.


JESÚS, ayúdanos a estar siempre unidos a ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

5 de mayo de 2015

Cristo se fue para volver

Martes V de Pascua

Jn 14,27-31a

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado’”.


COMENTARIO

Cuando Jesús habla con sus discípulos acerca de la paz que les da lo dice con toda claridad: no da la paz del mundo sino como la da quien es Dios mismo hecho hombre. Y es una paz que tiene validez universal y que vale para la vida eterna.

También les dice algo muy importante que tenía que ver no con el hecho de irse al Padre sino, sobre todo, con el de volver. Jesús anuncia que iba a volver, que volvería.  Y lo decía para que, al ver que sucedía lo que decía, creyeran.

A lo largo de su vida, Jesús no había hecho su voluntad sino la de Dios. Es bien cierto que tuvo que llevar a cabo muchas acciones que dependerían de su voluntad pero siempre guiadas por la del Padre. Por eso dice que actuaba guiado según lo ordenado por Dios.

JESÚS, ayúdanos a amarte siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán