4 de mayo de 2015

Guardar la Palabra


Lunes V de Pascua

Jn 14,21-26

“En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él’. Le dice Judas, no el Iscariote: ‘Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?’. Jesús le respondió: ‘Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho’”.


COMENTARIO

Jesús no se anda con poca cosa cuando habla acerca de la verdad y del Reino de Dios. Por eso a muchos les parecía que sus palabras eran demasiado directas y que sus burdos y mundanos intereses se iban a ver perjudicados. Al parecer, había que acercarse demasiado a él.

Lo que nos dice Jesús en este texto evangélico es muy sencillo: quien le ama a él ama al Padre, es decir, a Dios mismo. Por eso era tan importante tener en cuenta todo lo que hacía y decía porque no lo hacía y decía sino por ser voluntad de Dios.

Jesús avanza algo muy importante para la humanidad: el Espíritu Santo, que Dios enviará en el momento oportuno, tendrá una misión muy importante que cumplir: transmitir la Verdad, enseñar acerca de la misma.

JESÚS, ayúdanos a guardar tu Palabra que es Palabra de Dios.



Eleuterio Fernández Guzmán

3 de mayo de 2015

Cristo, la vid; nosotros, los sarmientos



Jn 15,1-8

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: ‘Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 

‘Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos”
.


COMENTARIO

Jesús utiliza elementos de la vida ordinaria de su pueblo. Así habla de las ovejas, de la semilla que se siembra y, aquí, de la vid. La vid es un buen ejemplo porque el pueblo judío se tenía como la que había sido plantada por Dios y se consideraba fruto de aquella vida.

Jesús quiere que aquellos que son discípulos permanezcan en su corazón. Pero también quiere que su corazón permanezca en nosotros. Sólo así se alcanza la vida eterna. Y lo debemos hacer porque los sarmientos no pueden vivir alejados de la vida en la que nacieron y crecieron para dar fruto.

Pero Jesús dice algo más que nunca deberíamos olvidar: existe el Infierno y allí van a parar aquellos que, conociendo a Jesús, no quieren permanecer en Él. Y no se trata de una amenaza vana sino de algo que es cierto porque lo dice el Hijo de Dios.



JESÚS, ayúdanos a permanecer en ti y que tú permanezcas en nosotros.



Eleuterio Fernández Guzmán

2 de mayo de 2015

Confiar en lo que nos dice Cristo


Jn 14, 7-14


“’Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.’ Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta.’ Le dice Jesús: ‘’¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘“Muéstranos al Padre’”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.  En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré’”.


COMENTARIO

Los que cenaban con Jesús en aquella Última Cena aún no conocían del todo al Maestro. Habían estado algunos años junto a Él pero no acababan de entender lo que decía. Jesús, por eso, debió entristecerse cuando Felipe le dijo aquello que le dijo acerca de querer que se le mostrase al Padre.

Jesús lo dice con toda claridad: Él no actúa por sí mismo en el sentido no de que esté controlado por Dios o dominado por el Padre sino porque el Todopoderoso permanece en Él como Él permanece en Dios. Por eso podía hacer aquello que había hecho con tantos milagros.

Jesús predica la confianza en Él. No es que lo haga por querer controlar a los apóstoles ni nada por el estilo sino por todo lo contrario: quiere que hagan lo mismo que ha hecho con ellos. Y les enseña, aquella última noche antes de su Pasión, acerca de lo verdaderamente importante.


JESÚS, ayúdanos a permanecer siempre en Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán



1 de mayo de 2015

Las mansiones de Cristo


Viernes IV de Pascua



Jn 14,1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino’. Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’. Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí’”.

COMENTARIO


Jesús sabía que debía hacer ver a sus discípulos más allegados (también a los demás, claro) que había algo que debían tener siempre en su corazón: la vida eterna. Por eso los anima hablándoles de cómo es la vida junto al Padre.

Jesús se iba a ir porque debía hacer algo: preparar las mansiones que, luego, ocuparían sus discípulos, aquellos que, habiéndole conocido lo habían amado y, convirtiéndose, habían creído en Él.

Jesús, además, afirma algo que es esencial para todo discípulo suyo: es el Camino, es la Verdad… es la Vida. Y con tales verdades aquellos que le siguen han de hacer el camino hacia el definitivo Reino de Dios teniendo en cuenta quién es la Verdad y quién les da la vida eterna.


JESÚS, ayúdanos a no olvidar nunca que eres el Camino, la Verdad y la Vida.


Eleuterio Fernández Guzmán

30 de abril de 2015

Servir como sirvió Cristo

Jueves IV de Pascua

Jn 13,16-20

Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado’”.


COMENTARIO

Después de haber lavado lo pies a sus apóstoles, Jesús debía comunicarles algo que iba a ser muy importante para ellos y, también, para el resto de la humanidad a lo largo de los siglos: no se puede pretender ser más que Dios.

Jesús sabía que Judas lo iba a traicionar. Por eso habla de que alguien que ha comido con él, que estaba comiendo entonces, iba a cometer una verdadera barbaridad con su persona. Pero sabe que Satanás ha entrado en su corazón.

Jesús nos dice que debemos creer en Él. En realidad, sabe que es Dios hecho hombre y que, al creer en Él, hacemos lo propio con el Creador Todopoderoso. Por eso, acogerlo a Él en el corazón es tener a Dios el su templo.





JESÚS, ayúdanos a creer en Ti.


29 de abril de 2015

Creer en Cristo es creer en Dios


Miércoles IV de Pascua


Jn 12,44-50

En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: ‘El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí’”.

COMENTARIO

Nadie podía decir que Jesús se callaba lo que era importante. Por eso, para que ninguno de los que le estaba escuchando tuviese duda alguna lo dice con toda claridad: creer en él es hacer lo mismo como el Padre que lo envió.

Jesús dice algo que es muy importante: ha venido a salvar al mundo y, para eso, ha de procurar que la voluntad de Dios se cumple de forma total y perfectamente. Por eso rechazarlo a Él es hacer lo propio con el Padre que lo envió.

El mandato de Dios no es cosa pequeña ni de poca importancia. Al contrario es la verdad. Por eso Jesús hace ver que lo que manda el Padre cumplir no es por capricho ni por controlar a sus hijos. Lo hace porque sabe que es lo mejor para ellos, para nosotros.


JESÚS, ayúdanos a tener por bueno y verdad que creer en ti es creer en Dios. Y hacerlo siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán

28 de abril de 2015

Creer que Cristo es el Mesías y Dios hecho hombre


Martes IV de Pascua

Jn 10,22-30

“Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: ‘¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente’. Jesús les respondió: ‘Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno’”.

COMENTARIO

Podía parecer que muchos de los que escuchaban a Jesús no habían entendido nada. Es bien cierto que muchos de aquellos eran sencillas personas que no alcanzaba a comprender muchas cosas pero otros hacían ver que no entendían para no darse cuenta de lo que eso significaba en sus vidas.

Pero Jesús lo dice de muchas formas: es el Mesías. Y hace mucho para demostrar que lo es: signos como ellos querían, hechos extraordinarios… Y, a pesar de eso, había muchos que ni lo querían ver ni lo amaban.

Jesús, sin embargo, sabía lo más importante: quien le sigue tiene la vida eterna asegurada porque tal es la voluntad del Padre. No habrá muerte eterna para los que crean en Cristo y en la misión que tiene encomendada.



JESÚS, ayúdanos a tener siempre presente que Tú el Padre sois Uno.


Eleuterio Fernández Guzmán

27 de abril de 2015

Ser del redil de Cristo



Lunes IV de Pascua


Jn 10,1-10

“En aquel tiempo, Jesús habló así: ‘En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños’. Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. 

Entonces Jesús les dijo de nuevo: ‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia
’”.

COMENTARIO

Jesús avisa acerca de la forma en la que muchos quieren entrar en el definitivo Reino de Dios, en la vida eterna. Está la forma que no tiene que ver nada con la que el Creador quiere y está la que es apropiada: ser miembro del pueblo de Dios.

Jesús no se anda con disimulos: Él es la puerta por la que se entra en el Cielo. Lo dice con toda claridad. Por tanto, sólo se llega al definitivo Reino de Dios a través del Hijo que vino por primera vez en tiempos de Poncio Pilato.

Pero Jesús añade algo más que es crucial para nuestra vida de discípulos suyos: vino al mundo para que la vida fuera eterna y para que sus discípulos, aquellos que lo aceptan como Mesías, alcancen el mayor bien que pudiera soñar: estar con Dios, vivir la bienaventuranza, tener la visión beatífica.


JESÚS, ayúdanos a no olvidar nunca Quién eres.


Eleuterio Fernández Guzmán

26 de abril de 2015

El Buen Pastor es Cristo



Jn 10, 11-18

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas,          ve venir al lobo,  abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre  y yo conozco a mi Padre          y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas,  que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño,  un solo pastor. Por eso me ama el Padre,  porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla  y poder para recobrarla de nuevo;  esa es la orden que he recibido de mi Padre.”



COMENTARIO

Jesús se presenta como el Buen Pastor. En una imagen que era muy bien entendida por aquellos que le escuchaban por ser, el suyo, un pueblo de pastores. Él es quien cuida a sus ovejas y vela por ellas y a Él, Buen Pastor, deben obedecer.

Jesús, que sabe que todos los hombres son hijos de Dios, quiere que todos estén en el redil del Padre. Por eso tiene la misión de acerca a todos y a cada uno de los seres humanos, al Padre. Por eso envía a sus discípulos al mundo a predicar lo que es verdaderamente importante.

Jesús sabe que va a dar la vida. También sabe que lo hace porque quiere, porque es su voluntad que coincide, como siempre, con la del Padre. Y sabe que luego va a resucitar. Y lo sabe porque todo estaba escrito y lo había visto.



JESÚS, ayúdanos a reconocer tu voz de Buen Pastor.


Eleuterio Fernández Guzmán

25 de abril de 2015

Creer para salvarse



Mc 16,15-20

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien’. 

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban
”.


COMENTARIO


Enviados

Jesús, antes de subir al lado del Padre, debía terminar con la misión que debía cumplir. Envía a sus apóstoles al mundo a transmitir que el Reino de Dios había sido implantado en la Tierra.


El Bautismo

Jesús establece una condición para salvarse: creer en que el Reino de Dios había sido implantado, creer en Él. Quien no crea se condenará, por sí mismo; quien crea, se salvará.

Saberse enviados

Aquellos que escuchaban a Jesús, después de haber comprobado que había resucitado, hicieron lo que debían hacer: saliendo al mundo a predicar, a cumplir con la misión que les había encomendado el Maestro.


JESÚS, ayúdanos a ser buenos predicadores tuyos.

Eleuterio Fernández Guzmán


24 de abril de 2015

Cuerpo y Sangre de Cristo

Viernes III de Pascua

Jn 15,1-8

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’. Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre’. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.”

COMENTARIO

Es más que cierto que había cosas que Jesús decía que no eran entendidas por casi nadie. Y eso no es extraño porque eran realidades que se encontraban muy lejos de aquellos que le escuchaban.

Aquello de comer su carne y beber su sangre era cosa delicada. Tampoco extraña que muchos se alejaran de Él porque no entendían aquello. Pero tampoco se dejaban atraer por aquella resurrección prometida por el mismo que eso les decía.

Jesús fue enviado por el Padre. Eso tampoco lo comprenden. Pero Él, que pone como ejemplo de lo que Dios dio a sus antepasados (aquel maná que los salvó de la muerte por inanición en el desierto) sabe la verdad por es la Verdad.

JESÚS, ayúdanos a que la verdad permanezca en nosotros



Eleuterio Fernández Guzmán

23 de abril de 2015

Creer para alcanzar la vida eterna




Jueves III de Pascua



Jn 6,44-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ’Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’”.

COMENTARIO


Hasta tres veces habla Jesús del pan que es Él, de lo que esto supone y que se infiere de su ingestión (física, luego, en la Eucaristía que constituyó en la última cena, pero sobre todo, espiritual); hasta dos veces habla, de esas tres, de que baja del cielo. 

Cuando el Mesías habla de pan vivo entiendo que se refiere a que el pan  tiene vida en sí, que en sí es alimento para la eternidad. El que come de este pan adquiere una vida que es distinta a la que ha llevado hasta ese  momento, vida que cambia para ser, siendo en esta vida, un acercamiento  al Reino de Dios en este lado de ese Reino, en este mundo. 

Jesús, con aquellas palabras, quería que los que le escuchaban supiesen cuál era el camino hacia la vida que no termina y que discurre junto a Dios Todopoderoso. Él es el camino porque es la verdad y es la vida.



JESÚS,  ayúdanos a no despreciar el Pan de Vida.



Eleuterio Fernández Guzmán

22 de abril de 2015

El Pan de Vida; en Pan de la Vida eterna


Miércoles III de Pascua



Jn 6,35-40

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día’”.

COMENTARIO

Ir a Cristo

Jesús vino al mundo enviado por el Padre Dios todopoderoso para que aquellos que se habían alejado del Creador volvieran a su seno y, también, para que aquellos que no lo conocían, lo llevasen a su corazón.

Hambre y sed verdaderas

Querer alcanzar la vida eterna supone tener hambre y sed de Dios. Y Cristo nos da el Pan de vida y el Agua Viva que nos permitirá no morir para siempre sino, al contrario, llegar a la vida eterna y habitar una de las mansiones que el Hijo de Dios está preparando.

La resurrección

La gran promesa de Jesús tiene todo que ver con lo que hacemos y queremos tener en nuestro corazón. Él resucitará todo cuerpo que, cuando vuelva en su Parusía, haya muerto. La resurrección es manifestación de la voluntad de Dios que, por tanto, ha de cumplirse y se cumplirá a su debido tiempo.


JESÚS, ayúdanos a querer ir siempre a Ti.


Eleuterio Fernández Guzmán

21 de abril de 2015

El Pan bajado del cielo



Jn 6,30-35

En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed’”.

COMENTARIO

Los que escuchaban a Jesús quería saber todo sobre el Maestro, sobre su vida espiritual y sobre su relación con Dios Padre Todopoderoso. Y continuamente le preguntan acerca de eso que, para ellos, es verdaderamente crucial.

Jesús sabe que debe transmitir aquello que es esencial, aquello que les puede ayudar. Lo más importante, por eso, es que sepan que lo que le pasó a Moisés con el maná, en el desierto, era un antecedente del Pan que alimenta para siempre.

Danos de tal pan. Ellos saben que lo que Jesús les dice es la verdad. Por eso quieren del Pan que lleva a la vida de eterna. Y Jesús, que es el Pan de vida, revela la verdad: es el Pan bajado del cielo y, además, el Agua que quita la sed para siempre.


JESÚS, ayúdanos a tenerte como el Pan del cielo.

Eleuterio Fernández Guzmán


20 de abril de 2015

Creer en Cristo


Lunes III de Pascua

Jn 6,22-29

Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. 
Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?’. Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello’. Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?’. Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado’”.

COMENTARIO

Después de la multiplicación de los panes, muchos querían seguir a Jesús. En realidad, era mucho lo material que ocupaba su corazón y, por eso, cuando miraban a Jesús veían en Él a quien podía hacer grandes cosas por ellos.

Jesús, sin embargo, conocía los corazones de aquellos con los que hablaba. Y sabía que esperaban de Él. Lo más importante es tener en cuenta lo que vale para la vida eterna. Lo demás… es accesorio y nada de lo demás vale la pena.

Y ellos quieren saber cómo hacer lo que Él hace. Y Jesús les recomienda lo que deben hacer: creer en Quien había venido al mundo. Sólo así alcanzarán la vida eterna.


JESÚS, ayúdanos a creer en Ti siempre.


Eleuterio Fernández Guzmán



19 de abril de 2015

Apóstoles sin miedo





Lc 24, 35-48


Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.  Pero él les dijo: ‘¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.’ Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies.  Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: ‘¿Tenéis aquí algo de  comer?’ Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: ‘Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí."‘ Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.48       Vosotros sois testigos de estas cosas”.


COMENTARIO

Según nos dice san Lucas, en aquel momento habían llegado a la casa donde estaban los apóstoles, los discípulos de Emaús. Entonces se les aparece Jesús y les da la paz. Les de la Paz de Dios que era la que más necesitaban en aquellos momentos de zozobra espiritual.

Jesús sabe que tienen miedo y que creen que lo que ven es un fantasma o un espíritu. Y les pide algo de comer porque sabe que viendo tal signo creerán que ha resucitado.

Hasta entonces no habían comprendido casi nada de lo que les había estado enseñando. Pero ahora, cuando les abre la mente y el corazón, comprenden que todo era cierto y que, a partir de ahora iban a ser verdaderos testigos de Cristo.



JESÚS, ayúdanos a ser apóstoles tuyos en el mundo de hoy.

Eleuterio Fernández Guzmán