18 de diciembre de 2013

La fe de José



Mt 1,18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados’. Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: ‘Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’’. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer”.

COMENTARIO

San Mateo hace hincapié en algo muy importante: Jesús debía de tener un padre-hombre para que fuese reconocido como tal y evitar, así, los posibles problemas que podía tener María al decir que estaba embarazada. Es seguro que había sido lapidada.

Conocedor, como era, el Ángel, de lo que iba a pasar, le dice a José lo que ha de suceder, el nombre del niño que va a nacer, Jesús, apostillando, para demostrar lo que le decía, con las palabras del profeta Isaías (Isaías 7, 14) lo que acabó de convencer a José: Virgen, María, profeta, Emmnanuel-Dios con nosotros-… Todo era cierto, verdad.

La fe que tiene aquel hombre que, escuchando al enviado de Dios para consolar su corazón atribulado, no se le ocurre más que hacer lo que le dice quien era mensajero de Dios. A José otra cosa no se le pasa por la mente ni, por supuesto, por el corazón pues también debió consagrarse a Dios desde pequeño al igual que lo debió hacer la joven María, su esposa


JESÚS, tu padre adoptivo, José, el carpintero de Nazaret, tuvo una fe inquebrantable en Dios e hizo lo que dijo tu Ángel. Ayúdanos a ser fieles como el esposo de María, Madre de Dios y madre nuestra.



Eleuterio Fernández Guzmán





17 de diciembre de 2013

De quién viene Jesucristo


  

Mt 1,1-17

Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. 
David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia. 

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.”


COMENTARIO

Podría pensarse que la relación de antepasados de Jesús tiene poca importancia. Sin embargo, es bien cierto que la intención del evangelista que fuera recaudador de impuestos es mostrarnos que el Hijo de Dios, Jesús, es Hombre. Es más, que es verdadero Hombre.

Jesús, pues, es hombre porque así lo quiso Dios. Y lo es con todas sus consecuencias: cosas buenas y malas que le pasan a lo largo de su vida mortal, situaciones por las que pasa todo ser humano que también le afectan. Así llora y ríe, sufre la pérdida de amigos como cualquier hijo de Dios.

Pero lo más importante es que este texto de san Mateo nos presenta al niño que pronto va a nacer y que tanto queremos que vuelva, otra vez, tras su partida a la Casa del Padre. Así, Jesús, quien tiene antecedentes muy humanos, es Dios hecho hombre. Y así nos lo recuerda aquel que lo dejó todo para, años después, seguirlo.



JESÚS, tienes antepasados como todos tenemos. Los tuyos, claro y por voluntad de Dios, son de linaje escogido por el Creador. Los hubo pecadores graves pero siempre atendiendo, en lo posible para ellos, a la voluntad de tu Padre. Ayúdanos a contemplar tu nueva venida con amor y esperanza.





Eleuterio Fernández Guzmán


16 de diciembre de 2013

La autoridad de Cristo viene de Dios






Lunes III de Adviento

Mt 21,23-27

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo. Mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: '¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?'. Jesús les respondió: 'También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella, yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?'. Ellos discurrían entre sí: 'Si decimos: ‘Del cielo’ , nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’. Y si decimos: ‘De los hombres’, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta'. Respondieron, pues, a Jesús: 'No sabemos'. Y Él les replicó asimismo: 'Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto'.


COMENTARIO

En una ocasión dijo Jesús que el mundo era más astuto que los hijos del cielo. Lo dijo porque sabía que aquellos que lo perseguían se las sabían todas. O, al menos, eso era lo que ellos creían. Sin embargo, a Jesús no era fácil engañarle.

Le pregunta por la autoridad que tiene aquel Maestro para hacer lo que hace y decir lo que dice. Pero Jesús, que en verdad sí lo sabe todo, tiene en su corazón la respuesta perfecta: ¿qué creían ellos de Juan el Bautista? Y ellos por miedo, no responden.

Jesús, ante una forma de actuar tan cicatera y tan tramposa sabe que a tales personas no puede revelar nada que sea importante o que pueda ser crucial. En realidad ellos no quiere saber nada bueno de su parte sino, en todo caso, hacer lo posible para que calle de una vez por todas.


JESÚS, los que te persiguen buscan la forma de cogerte en algún renuncio. En verdad, como más dirías más tarde, no saben lo que hacen. Ayúdanos a no ser como ellos.



Eleuterio Fernández Guzmán

15 de diciembre de 2013

Cristo era Quien tenía que venir





Domingo III (A) de Adviento


Mt 11,2-11


En aquel tiempo, Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: ‘¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?’. Jesús les respondió: ‘Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!’.

Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: ‘¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. Entonces, ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Éste es de quien está escrito: ‘He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino’. En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él’”.

COMENTARIO

Quien había de venir

Los que pertenecían al pueblo elegido por Dios sabían que, según voluntad del Creador, tenía que venir al mundo un Mesías que serían el Salvador de tal pueblo. Por eso los discípulos del Bautista van a preguntarle a Jesús si era Él mismo.


Pruebas más que suficientes

A Jesús le basta con acudir a las Sagradas Escrituras hasta entonces conocidas para demostrar a Juan que, en efecto, Él era: los ciegos veían y los cojos, por ejemplo, andaban que era la forma de mostrar, quien eso pudiera hacer que había llegado el Enviado de Dios.



La primacía de Juan

Aunque a muchos aquel hombre que vestía con piel de camello y se alimentaba con lo poco que podía encontrar en el desierto era persona poco importante, Jesús sabía que había sido puesto allí por Dios para ser su Precursor, quien anunciara que había llegado el Cordero de Dios.

JESÚS, los que quieren saber de ti, Mesías, preguntan si eres el Enviado de Dios. Ayúdanos a no alejarte de nuestro corazón.



Eleuterio Fernández Guzmán


14 de diciembre de 2013

Juan vino y Cristo vino y permanece


  

Sábado II de Adviento




“Sus discípulos le preguntaron: ‘¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?’ Respondió él: ‘Ciertamente, Elías ha de venir a restaurarlo todo. Os digo, sin embargo: Elías vino ya, pero no le reconocieron sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el Hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos.’ Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.
       

COMENTARIO

Jesús sabe que aquellos que son doctores de la ley conocen muy bien lo que tenía que pasar cuando viniera el Mesías. Por eso preguntan los discípulos, le preguntan al Maestro, qué es lo que quieren decir los escribas cuando dicen que Elías tenía que venir primero.

En realidad, Elías, no en forma de carne sino en espíritu, había venido en la persona de Juan el Bautista. Eso no quisieron comprenderlo quienes debían haberlo comprendido y, por eso mismo, lo mataron.

Jesús, que sabe lo que ha de pasarle, pone sobre aviso a los que le escuchan porque es importante que así sea. Sabe que tiene que padecer un gran dolor antes de morir y, por eso mismo, no cesa de recomendar aquello que es importante.

JESÚS, conoces lo que ha de pasar y, por eso, avisas para que estemos preparados. Tu muerte será nuestra salvación pero, a veces, no hacemos mucho caso a lo que nos dices. Ayúdanos a tenerte siempre presente.




Eleuterio Fernández Guzmán


13 de diciembre de 2013

Creer en los profetas de Dios


Viernes II de Adviento



Mt 11, 16-19


“¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado’.’Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Demonio tiene.’ Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras’”.

COMENTARIO

Jesús conocía el comportarse de su pueblo. A lo largo de los siglos habían recibido la inspiración de los profetas que Dios había suscitado entre ellos pero no los habían escuchado porque no decían lo que querían escuchar.

Sobre Juan, su introductor en el mundo y su Precursor, habían dicho y hecho lo mismo que otras tantas veces. Lo acusaban de todo lo acusable porque no les gustaba que les dijera que tenían que enderezar sus vidas. Y de aquello de tener que regalar una túnica si se tenían dos…

Pero sobre Jesús dicen, según Él mismo sabe y cuenta, peor aún: que se sienta con pecadores. De corazón duro aquel pueblo que no entendía, gran parte de él, que no necesitan médico los que están sanos sino, en todo caso, los enfermos. Y a ellos iba Jesús, médico del alma y, muchas veces, del cuerpo.


JESÚS, los que te persiguen no saben qué hacer para llevar a cabo su terrible misión. Ayúdanos a no ser, de una forma o de otra, como ellos.





Eleuterio Fernández Guzmán


12 de diciembre de 2013

Lo que estaba escrito se cumplió



Jueves II de Adviento 

Mt 11, 11-15



“’En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga.’”


COMENTARIO

Jesús tenía por su primo Juan, que le bautizó, un amor muy especial. No era, además, una persona cualquiera por quien sintiera cercanía por ser familiar suyo sino porque ocupaba un papel muy importante en el plan de Dios.

Juan vino al mundo porque estaba puesto por Dios para ser quien introdujera a su Hijo. Pero él, incluso aquella persona tan válida espiritualmente hablando era poco, pequeño, en el definitivo Reino de Dios. Diciendo eso ya nos avisa el Hijo del hombre de cuál ha de ser nuestro comportamiento.

El Reino de dios está dominado por el Príncipe de este mundo, llamado también Satanás, que controla los corazones de no pocos fieles, se supone, a Dios. Pero Juan vino porque los caminos hacia Dios tenían que ser enderezados. Y muchos no le escucharon.



JESÚS, lo que nos dices acerca de Juan, quien te bautizó en el Jordán, nos debería hacer pensar lo importante que es la fidelidad a Dios. Ayúdanos no caer en las trampas del mundo.





Eleuterio Fernández Guzmán


11 de diciembre de 2013

Mansedumbre y humildad





Miércoles II de Adviento

Mt 11, 28-30

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: ‘Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera’”.

COMENTARIO

Dios nos quiere a todos

Jesús quiere acercar a todos a  Dios, su Padre y el nuestro. Busca a los que están cansados porque no tienen muchas expectativas de vida, a los pobres que se sienten desamparados y a todos los que, de una manera o de otra, sufren.

Mansedumbre

Jesús, como Maestro, enseña todo lo que es bueno y benéfico para nuestra existencia. Enseña, por ejemplo, a ser manso. Dice que seamos mansos como Él lo es. Y quiere que llevemos su carga como Él lleva la nuestra y que seamos, así, compañeros en el camino hacia el definitivo Reino de Dios.


Humildad

Pero Jesús nos pide, también, que seamos humildes. Él lo fue y lo es porque sabe que la humildad es una buena cualidad del hijo de Dios. Si Él lo fue, nosotros, que somos sus discípulos, también lo debemos ser.


JESÚS, a lo largo de tu vida pública sólo nos diste buenos consejos y buenas recomendaciones. Ayúdanos a cumplir aquello que para ti es esencial.





Eleuterio Fernández Guzmán


10 de diciembre de 2013

¿Somos ovejas perdidas?





Martes II de Adviento

Mt 18,12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños’”.

COMENTARIO

Ser oveja perdida

En muchas ocasiones somos como aquella oveja que se le perdió al pastor. Yendo por donde bien nos parece sin tener en cuenta la voluntad de Dios, actuamos como si no fuera la misma no fuera importante para nuestra vida.


Dejar encontrarse por Dios

El Creador siempre nos busca. Nos ama como lo mejor de su creación y, por eso mismo, en cuanto siente que nos hemos perdido hace todo lo posible para atraernos a su regazo de Padre.


No dejarse perder

Tenemos, sin embargo, una labor importante que hacer a lo largo de nuestra existencia. No podemos dejarnos dominar por el mundo como si no fuera importante seguir la voluntad de Dios. Así Dios no tendrá que salir a buscarnos.

  



JESÚS, siempre quieres que sigamos aquello que el Creador quiere para nuestra vida. Ayúdanos a no olvidarnos de algo tan importante como eso.





Eleuterio Fernández Guzmán


9 de diciembre de 2013

Lo que puede la fe







Lunes II de Adviento

Lc 5,17-26

Un día que Jesús estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones. En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de Él. Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: ‘Hombre, tus pecados te quedan perdonados’. 
Los escribas y fariseos empezaron a pensar: ‘¿Quién es éste, que dice ‘blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?’. Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: ‘¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dijo al paralítico- ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’’. Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: ‘Hoy hemos visto cosas increíbles’”.

COMENTARIO


Son muchas las ocasiones en las que Jesús da a entender que la fe, al confianza en su persona, tiene una gran ventaja para nosotros, hijos de Dios y hermanos suyos. Sencillamente, se consigue todo lo que nos conviene con tal comportamiento.

Aquel hombre lisiado tenía buenos amigos. Confiaban en que Jesús podía curarlo pues, de otra forma, no habrían hecho aquel esfuerzo para poner a su amigo ante el Maestro. Y Jesús lo sabe.

Como Jesús es valiente con la misión que tiene que cumplir no le importa lo que puedan decir de lo que hace o dice aquellos que le miran mal. Están equivocados al respecto del Hijo de Dios pero eso no puede hacer que cambie su misión a cumplir... y lo hace.



JESÚS, los que a Ti se dirigen y lo hacen con fe tienen muchas probabilidades de conseguir lo que quieren. Ayúdanos a no perder nunca la confianza en Ti.



Eleuterio Fernández Guzmán


8 de diciembre de 2013

Fiat, hágase



  
 



Lc 1,26-38

En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 

Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: ‘No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin’. María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?’. El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios’. Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y el ángel dejándola se fue.’”

COMENTARIO

La piadosa María

La joven María era joven de oración. Piadosa fiel de Dios se dirigía al Padre en oración a la espera, pidiendo, la salvación del mundo que tan erróneo mantenía su camino.


Gabriel, el Ángel del Señor

Aquel Ángel tenía que cumplir una misión muy importante: transmitir a María el mensaje de Dios de que la quería como Madre de su Hijo y de Él mismo. Y se presenta ante la joven judía para presentar las palabras y la verdad de parte de su Creador.


La esclava del Señor

No es raro ni extraño que María se turbara. Le debieron parecer las palabras del Ángel muy turbadoras para ella que no había mantenido relaciones sexuales con ningún hombre ni, tampoco, conocía a ningún hombre en tal sentido. Acepta, sin embargo, el misterio que le propone Gabriel: es la esclava del Señor y hace la voluntad de su Padre.



JESÚS, tu Madre aceptó las palabras del enviado de Dios porque era mujer de fe probada. Ayúdanos a no olvidar nunca aquello que hiciera aquella joven porque lo hizo por nosotros.  



Eleuterio Fernández Guzmán


7 de diciembre de 2013

Dar gratis





 Sábado I de Adviento
Mt, 35—10,1.6-8

“En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies’. 
Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: ‘Dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis’”.


COMENTARIO

La misión de Cristo

Dios envía a su Hijo a que lleve a cabo una misión importante: recuperar a los que son socialmente indignos de vivir en sociedad. Así, los pobres o los enfermos encuentran en Jesús a un amigo verdadero que ha venido a sanarlos.

Necesita el Reino sus trabajadores

Sabe Jesús que necesita de muchos de sus discípulos para que cumplan la misión de ser pastores de la grey de Dios. Y sabe que se ha de pedir a Dios que escoja a muchos de ellos para que así actúen y lleven a cabo tan crucial misión.

¿A quién busca Cristo?

Según lo que el Hijo de Dios lleva a cabo en su vida llamada pública es bien cierto que no se dirigía a los que estaban salvados por su forma de ser y comportarse sino a los que necesitaban, de una manera o de otra, la salvación. Y a ellos se dirige muy especialmente.

JESÚS, envías a tus apóstoles a que cumplan con la misión de evangelizar. Les das poderes divinos para que cumplan con tal misión. Ayúdanos a aceptar la misión que nos corresponda aceptar.



Eleuterio Fernández Guzmán


6 de diciembre de 2013

Una fe proclamada



Viernes I de Adviento



“Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: ‘¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!’ Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: ‘¿Creéis que puedo hacer eso?’ Dícenle: ‘Sí, Señor.’ Entonces les tocó los ojos diciendo: ‘Hágase en vosotros según vuestra fe.’ Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: ‘¡Mirad que nadie lo sepa!’ Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.”
       
COMENTARIO


En tiempos de Jesús había enfermedades que incapacitaban mucho más de lo que físicamente suponían. En realidad, apartaban a las personas de la sociedad. Y tal era el caso de los ciegos que se veían abocados a pedir limosna. Y es lo que hacen con Jesús.

Aquel Maestro es querido por muchas personas porque reconocen su naturaleza divina. Aquellos ciegos le llaman “Hijo de David” que era lo mismo que decir Mesías. Y le piden con confianza una curación que, por otros medios, era imposible.

Jesús atiende a los que de tal manera se dirigen a Él. Sabe que debe hacer eso y lo hace. Sin embargo, aquellos hombres no atienden su requerimiento de que a nadie digan lo que había pasado pues estaban demasiado felices como para callar.


JESÚS, curas a quien necesitan ser curados por estar necesitados de la salud física y, también, la espiritual. Ayúdanos a proclamar tu bondad.





Eleuterio Fernández Guzmán


5 de diciembre de 2013

Construir sobre la Roca que es Cristo






Jueves I de Adviento


Mt 7, 21.24-27

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina’”.

COMENTARIO

Es muy común que creamos que, como discípulos de Cristo, nos basta hacer una oración de una forma, digamos, acelerada y repetir como si fuésemos loros las palabras con las que nos dirigimos a Dios. Sin embargo, Jesús sabe que tal no es la forma de hacer las cosas del espíritu.

Poner las palabras de Cristo en práctica. Tal es la recomendación del Hijo del hombre. Y esto, lo que quiere decir, es que si Jesús es humilde y habla acerca de la humildad, debemos ser humildes en nuestra vida ordinaria. Y así con toda la palabra que sale de la boca de Jesús-Dios.

Podemos hacer aquello que nos corresponde como hijos de Dios de Muchas formas. En realidad sólo debemos hacerla de una forma que es asentándola sobre la roca firma que es Jesús. Sólo así seremos capaces de construir una existencia acorde con la voluntad de Dios.


JESÚS, sólo nos dices lo que nos conviene para nuestra vida, la de ahora y la eterna. Ayúdanos a escuchar siempre lo que dices y a ponerlo por obra.





Eleuterio Fernández Guzmán


4 de diciembre de 2013

Multiplicación de la gracia






Miércoles I de Adviento

Mt 15,29-37

En aquel tiempo, pasando de allí, Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y Él los curó. De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel. 

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ‘Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino’. Le dicen los discípulos: ‘¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?’. Díceles Jesús: ‘¿Cuántos panes tenéis?’. Ellos dijeron: ‘Siete, y unos pocos pececillos’. El mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.”


COMENTARIO

Muchos seguían a Jesús. En algunas ocasiones lo hacían por curiosidad de conocer al Maestro del que mucho se hablaba. En otras ocasiones porque, de verdad, creían en Él. El caso es que era lógico que se quedaran, digamos, en descampado sin nada que comer o que beber.

Jesús siempre ayuda a quien lo necesita. Por eso cura a los enfermos. Lo hace porque sabe, en primer lugar, que necesitan ser curados y, en segundo lugar, porque con tal acción los incorpora a la sociedad de la que estaban apartados.

Cuando, con la ayuda de Dios, multiplica aquella comida que era bien poca, lo hace porque sabe que para el Creador nada hay imposible. Por eso, incluso antes de que se multipliquen, da las gracias a su Padre. Y es que Jesús sabe, muy bien, ser agradecido.


JESÚS, cuando ayudas a quien lo necesita sólo estás cumpliendo, muy bien, con la misión que te encomendó tu Padre. Ayúdanos a tener por Dios mismo hecho hombre y a reconocer tu poder sobre nosotros, humildes hijos.






Eleuterio Fernández Guzmán


3 de diciembre de 2013

Agradecer a Dios





Martes I de Adviento
Lc 10,21-24

En aquel momento, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’. Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: ‘¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron’”.

COMENTARIO

Jesús siempre agradecía a Dios todo lo que hacía por Él. Sabía que lo que era importante para el ser humano no era aquello que los denominados sabios de la sociedad entendía como bueno sino lo que procedía de la voluntad de Dios.

Por mucho que muchos quisieran tener un conocimiento elevado de Dios sólo su Hijo, Jesucristo, el Enviado y Mesías, tenía un conocimiento perfecto del Creador. Por eso se dirige al Todopoderoso sabiendo que siempre le escucha.

Aquellos que ven lo que Jesús dice es hasta posible que no comprendan mucho de lo que dice. Sin embargo, ya en su compañía les explica que, aun no entendiéndolo, deberían estar alegres por haber visto la plenitud de los tiempos.





JESÚS, sólo Tú conoces a Dios porque Tú eres Dios. Ayúdanos a no fijar nunca nuestra atención en aquello que no tenga relación contigo y con el Padre.





Eleuterio Fernández Guzmán


2 de diciembre de 2013

La fe, que es fe, puede mucho



Lunes I de Adviento

Mt 8, 5-11

En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: ‘Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos’. Dícele Jesús: ‘Yo iré a curarle’. Replicó el centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace’. 

Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: ‘Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos’”.

COMENTARIO

Aquel hombre, militar del ejército romano, quería mucho a un criado suyo. A lo mejor lo había cuidado desde niño y le tenía un cariño muy especial y, aunque por la diferencia social pudiera pensarse que eso no debía ser así, la llama del amor anidaba en el corazón de aquel centurión.

Pero también tenía fe. Confiaba en aquel Maestro al que muchos seguían. Y a Él se dirigió porque sabía que sólo Él podía curar a su amado criado. Y tal es su fe que no necesita, siquiera, que acuda a su casa. Le bastará una palabra de Jesús para que se cure aquel enfermo al que tanto ama.

Jesús, entre sus preferencias, tiene la que supone confiar en su persona porque es confiar en Dios mismo. Por eso cura al criado pues ha demostrado, su señor, que tiene una fe como pocas veces había visto. Fe que, en confianza, pudo obrar la curación de aquel hombre necesitado.



JESÚS, confías muchos en los que confían en Ti. Ayúdanos a tenerte siempre por Quien eres: Hijo de Dios y Dios mismo hecho  hombre.





Eleuterio Fernández Guzmán