15 de noviembre de 2013

Saber lo que no hay que hacer




Viernes XXXII del tiempo ordinario


Lc 17,26-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

‘Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada’. Y le dijeron: ‘¿Dónde, Señor?’. Él les respondió: ‘Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres’”.

COMENTARIO

Es bien cierto que la Palabra de Cristo, Palabra de  Dios, vale y sirve para todos los tiempos. Por eso también lo que les dice a los que le escuchan acerca de que hay muchas personas que viven pensando sólo, o exclusivamente, en lo material, en lo mundano, también vale para hoy mismo.

Es un error actuar como si no hubiera una vida mejor que esta que nos ha tocado vivir. Hacerlo de tal forma es mostrar, en primer lugar, una gran desconfianza hacia Dios y, en segundo lugar, es mantener una actitud de ceguera ante lo que, de verdad, nos importa o debería importarnos.

Lo que, de verdad, importa, es el espíritu. Nuestro cuerpo se pudrirá, será polvo como el polvo vino al mundo pero nuestra alma no morirá nunca sino que será destinada a donde Dios crea que debe ser destinada. Y para no morir eternamente en el infierno debemos tener en cuenta que lo que aquí hacemos, en este mundo, tendrá repercusión en el otro.


JESÚS, nos adviertes muchas veces que no debemos acumular en este mundo sino, en todo caso, para el que tiene que venir. Ayúdanos a no olvidar una verdad tan trascendental como ésta.






Eleuterio Fernández Guzmán

14 de noviembre de 2013

Profeta Cristo



Jueves XXXII del tiempo ordinario




Lc 17,20-25



“En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: ‘El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros’. 



Dijo a sus discípulos: ‘Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: ‘Vedlo aquí, vedlo allá’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación’”.


COMENTARIO

El ansia por el Reino de Dios era grande entre los hijos del pueblo elegido por el Creador. Por eso Jesús ha de advertir acerca de que es posible que venga algunos que les digan o quieran hacerles ver que son ellos el Reino de Dios. En realidad, el Reino de Dios es Cristo mismo.

Jesús habla acerca de cómo será el momento en el que vuelva a venir del Hijo de Dios, Él mismo. No debemos correr tras el primero que diga que lo es porque Cristo llegará de forma que, indudablemente, se sepa que es Él quien ha venido.

Jesús profetiza acerca de lo que ha de pasar Él mismo. Antes de que pase lo do lo que tiene que pasar tendrá que sufrir mucho y morir de una forma terrible. Y, además, se muy duramente criticado por los suyos.


JESÚS, nos adviertes de que no sigamos al primero que diga que eres Tú y que ya has vuelto. Ayúdanos a reconocerte cuando vuelvas.



Eleuterio Fernández Guzmán

13 de noviembre de 2013

Las gracias de Cristo




Miércoles XXXII del tiempo ordinario

Lc 17,11-19

“Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: ‘¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!’. Al verlos, les dijo: ‘Id y presentaos a los sacerdotes’.

Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: ‘¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?’. Y le dijo: ‘Levántate y vete; tu fe te ha salvado’’”.

COMENTARIO

La fama de santidad se adelantaba a los lugares por donde iba pasando Jesús. Por eso era de lo más normal que, cuando llegaba a un lugar ya había personas esperando para pedir por sus necesidades.

Aquellos leprosos lo pasaban muy mal. No se trataba, que ya era suficiente, de una enfermedad muy grave e incurable sino que la misma los incapacitaba para vivir en sociedad. Y eso los mataba, literalmente, de hambre y de otras muchas necesidades.

Pero no todos los que quedaron curados agradecieron a Jesús el gran favor que había hecho por ellos. Sólo uno, y además extranjero, se volvió para dar gracias. Y es que Jesús sabía que su llamada no era, en exclusiva, para el pueblo judío sino para toda la humanidad.




JESÚS, tus beneficios para nosotros, tus hermanos e hijos de Dios, son innumerables. También el mucho desagradecimiento que muchas veces te mostramos. Ayúdanos a no caer en tal tentación.





Eleuterio Fernández Guzmán


12 de noviembre de 2013

Somos siervos inútiles

Martes XXXII del tiempo ordinario
Lc 17,7-10

"En aquel tiempo, el Señor dijo: ¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’.


COMENTARIO

Jesús acierta siempre con lo que hace y, sobre todo, con lo que dice. Cuando pone ejemplos no se anda con chiquitas ni con disimulos. Sabe que nos conviene lo que nos dice y no calla nada de lo que debe decir. 

El Señor llegará cuando menos lo esperemos. Nos llamará en el momento menos esperado porque, francamente, nadie espera ser llamado todavía porque tenemos tanto que hacer...

Hacer la voluntad de Dios. Es el objetivo de nuestra vida, el destino que tenemos reservado si es que somos hijos que amamos a nuestro Padre. Y después de cumplir con la misma saber que lo hemos hecho aunque sepamos que no somos nada ante Dios. 



JESÚS, ayúdanos a ser humildes y a reconocer que somos, en efecto, siervos inútiles. Inútiles...



Eleuterio Fernández Guzmán

11 de noviembre de 2013

Palabra de Dios





Lc 17,1-6

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

‘Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás’.

Dijeron los apóstoles al Señor; ‘Auméntanos la fe’. El Señor dijo: ‘Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido’”.


COMENTARIO

Jesús siempre hablaba diciendo aquello que era muy importante para sus discípulos. Por ejemplo, cuando habla de lo que no puede hacerse en lo referido a confundir en la fe a los que menos conocen de ella, quiere decir que debemos tener cuidado con llevar a confusión a tales personas o que otros nos lleven a confusión a nosotros.

Jesús recomienda el perdón. Como Dios misericordioso que es, Dios hecho hombre entre hombres, sabe que perdonar es el mejor camino para ir juntos al encuentro del Creador en su definitivo Reino. Por eso de perdonar siempre, siempre, siempre.

Por otra parte, los que querían que Jesús les aumentase la fe lo hacían porque, a lo mejor, querían poner poco de su parte. Por eso dice que si tuvieran fe como un pequeño grano de mostaza…





JESÚS,  los que quieren escucharte saben siempre que escucharán lo que les convienen. Ayúdanos a tener siempre en cuenta tus palabras.



Eleuterio Fernández Guzmán


10 de noviembre de 2013

Dios de vivos




Domingo XXXII (C) del tiempo ordinario

Lc 20,27-38

En aquel tiempo, acercándose algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: ‘Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; y la tomó el segundo, luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer. Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer’.
Jesús les dijo:’Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven’”.

COMENTARIO

Aquellos que no estaban de acuerdo con Jesús ni, claro, con lo que decía y hacía, procuraban, en la medida de lo que eso era posible, cogerlo en algún fallo teológico. Lo hacían para denunciarlo e intentar, así, callar su santa voz.

Le pregunta por aquel caso de la mujer casada varias veces. Sin embargo ellos no comprenden ni entiende que en el cielo, en la vida eterna, las cosas no son como en la tierra donde peregrinamos. Jesús lo dice con toda claridad: seremos como ángeles.
Jesús les hace ver, nos hace ver, que Dios es, en efecto, un Dios de vivos porque está vivo y porque quiere que todos lo estemos tras nuestro paso por este mundo. Vivos en el Cielo a su lado para siempre, siempre, siempre.


JESÚS, muchos no comprenden que el Padre nos ama y nos quiere con Él, que es un Dios de vivos y no de muertos. Ayúdanos a tenerlo siempre bien presente.



Eleuterio Fernández Guzmán


9 de noviembre de 2013

El Templo de Dios es Cristo


Jn 2,13-22


“Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: ‘Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado’. Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.
Los judíos entonces le replicaron diciéndole: ‘Qué señal nos muestras para obrar así?’. Jesús les respondió: ‘Destruid este templo y en tres días lo levantaré’. Los judíos le contestaron: ‘Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?’. Pero Él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús”.

COMENTARIO

Si hay algo que Jesús no puede soportar es que se tome a Dios, su Padre y Creador nuestro, como objeto de compra y venta. Eso le enfada de tal manera que echando a las personas del templo nos indica qué es lo que nunca se debería haber hecho.

Np extraña que algunos recuerden aquello de “El celo por su Casa me devorará” porque a Jesús le comía por dentro ver a qué se había llegado en la Casa de su Padre, el Templo de Jerusalén, entendiendo mal la voluntad de Dios.

Por otra parte, Jesús habla de su propia muerte. Cuando Él muera, nuevo Templo de Dios, en tres días volverá a la vida. Es lógico que muchos no lo creyeran y se enfadaran con Él. Sin embargo, Jesús, que sabía que decía la verdad, hablaba de Él mismo y eso le daba fuerzas para lo que tenía que venir.



JESÚS,  eres el Templo de Dios Vivo. Ayúdanos a no olvidar que, en efecto, estás Vivo entre nosotros y que nunca nos abandonarás.





Eleuterio Fernández Guzmán


¡Cuidado con los hijos del mundo!



Viernes XXXI del tiempo ordinario
Lc 16,1-8

En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando’. Se dijo a sí mismo el administrador: ‘¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas’.
‘Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’. Respondió: ‘Cien medidas de aceite’. Él le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta’. Después dijo a otro: ‘Tú, ¿cuánto debes?’. Contestó: ‘Cien cargas de trigo’. Dícele: ‘Toma tu recibo y escribe ochenta’.

‘El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz’”.

COMENTARIO

A lo mejor alguien entiende que este texto del evangelista san Lucas quiere decir que está muy bien engañar a los demás con tal de obtener un buen fin. Jesús anda muy lejos de eso pues no puede enseñar que hacer el mal, con fines supuestamente buenos, esté bien.

Jesús nos advierte de que no podemos engañar a Dios con nuestras tretas y trampas de seres humanos mundanos. A lo mejor podemos tratar de hacerlo pero lo más seguro es que no consigamos más que hacer el ridículo ante el Padre y Creador nuestro.

Es bien cierto que, para las cosas de este mundo los mundanos tienen más tino a la hora de engañar a los hijos de Dios. Pero está muy bien que Jesús nos advierta de eso para que no nos coja por sorpresa.


JESÚS, gracias a tus advertencias podemos ver venir las asechanzas del Mal que en el mundo domina. Ayúdanos a no caer en determinadas tentaciones.





Eleuterio Fernández Guzmán



7 de noviembre de 2013

Lo que, de verdad, vale la pena




Jueves XXXI del tiempo ordinario

Lc 15,1-10

En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: ‘Éste acoge a los pecadores y come con ellos’.

Entonces les dijo esta parábola. ‘¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

‘O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta’”.

COMENTARIO

Resulta curioso como Jesús había acertado, perfectamente, en las personas a las que se dirigía. Los considerados “sabios” en su tiempo no podían ni verlo; los considerados pecadores, eran los que querían escuchar su palabra. En realidad era los que Jesús quería salvar: los pequeños en la fe.

Jesús ha de corregir fraternalmente a quienes están equivocados porque sabe que en comprender lo que dice les va la salvación eterna. Por eso paraboliza diciendo lo que tienen que entender de forma que todo el mundo lo entienda.

Y esto último supera a todo lo superable: importa que se conviertan los pecadores. En eso está la alegría de los ángeles y, claro, de Dios mismo. Aquellos que no necesitan conversión, irán al cielo como Dios quiere que vayan pero los que necesitan limpiarse… necesitan limpiarse.



JESÚS, nos conviene entender a la perfección aquello que nos dices porque es demasiado importante para nosotros como para no tenerlo por dicho por Ti. Ayúdanos a no mirar para otro lado cuando nos hablas de nuestra propia salvación eterna.





Eleuterio Fernández Guzmán


6 de noviembre de 2013

Dios exige porque lo merece




Miércoles XXXI del tiempo ordinario

Lc14, 25-33

“En aquel tiempo, caminaba con Jesús mucha gente, y volviéndose les dijo: ‘Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

‘Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío’”.

COMENTARIO


Dejar lo que nos sobra

Llevar la cruz tras Jesús no es nada que pueda parecer bueno a los ojos de personas mundanas. Sin embargo, parte de tal cruz es tener que abandonar lo que, en verdad, no vale la pena. Y todo para ser, verdaderamente, discípulo de Cristo.

Construir sabiendo lo que hacemos

Jesús nos recomienda saber lo que hacemos a la hora de seguirle. Sacrificios pueden haber muchos y no tener donde recostar la cabeza, también. Pero sabe que es la única manera de hacer las cosas según quiere Dios y según es su voluntad.

Ser, totalmente, de Dios

Entregarse al Creador es ser, verdaderamente, discípulo de Cristo. Tal entrega no puede sustentarse en maquinaciones o en actuaciones perversas. Al contrario ha de ser la verdad porque Dios nos conoce y a Él no podemos engañarlo.

JESÚS, seguirte a Ti supone saber qué se hace. Ayúdanos a hacerlo de forma que no pueda haber duda alguna en nuestra intención.

Eleuterio Fernández Guzmán

5 de noviembre de 2013

Invitados al Reino de Dios






                                                          Martes XXXI del tiempo ordinario


Lc 14,15-24


“En aquel tiempo, dijo a Jesús uno de los que comían a la mesa: ‘¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!’. Él le respondió: ‘Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado’. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses’. Y otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses’. Otro dijo: ‘Me he casado, y por eso no puedo ir’.
‘Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos’. Dijo el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio’. Dijo el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa’. Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena’”.

COMENTARIO

Por mucho que, en demasiadas ocasiones, creamos que somos nosotros los que escogemos a Dios porque somos muy buenos (¡!), lo bien cierto es que es el Creador el que nos escoge. Por eso en esta parábola se invita a venir a una fiesta, a la comida del definitivo Reino de Dios.

Ante tal invitación podemos hacer dos cosas: no aceptarla con cualquier excusa y, entonces, quedar alejados, a lo mejor definitivamente, del Creador y de sus bienes inmensos que bien nos tiene preparados desde la eternidad. Y gozar de ellos es, no lo olvidemos, ¡voluntario!

Pero también podemos hacer oídos buenos y sanos a lo que nos dice el Creador. Nos invita a su definitivo Reino porque nos ama y porque nos quiere con Él. Decir sí a su invitación es ganar mucho porque es alcanzar, nada más y nada menos, la vida eterna.


JESÚS, la invitación que nos hace Dios es franca porque es Padre que ama a sus hijos. Ayúdanos a no rechazar ¡nunca! tal propuesta.





Eleuterio Fernández Guzmán


4 de noviembre de 2013

Quién es verdaderamente importante







Lunes XXXI del tiempo ordinario
Lc 14,12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo también a aquel hombre principal de los fariseos que le había invitado: ‘Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos’”.


COMENTARIO

¡Jesús tenía cada cosa! Mira que decir a un jefe fariseo que hiciese lo que sería incapaz de hacer para que comprendiese en qué, de verdad, residía lo importante...

Jesús sabe que sólo con ejemplos de tal jaez hará comprender a los que escuchan lo que deben hacer en sus vidas, muchas veces perdidas. Invitar a quienes no pueden agradecer nada pero, en verdad, quedar agradecido por Dios es lo mejor que podían hacer.

Parece mentira que tuviera Jesús que hacerles comprender que el amor y la misericordia de Dios tenía mucho que ver con la forma de ser que el ser humano, hijo suyo y creación suya, llevara a cabo en esta vida... Y así, en la resurrección ser considerados justos.


JESÚS,  tienes que hacer comprender que en la bondad  y la misericordia está la verdadera voluntad de Dios. Ayúdanos a comprender tan gran verdad.



Eleuterio Fernández Guzmán


3 de noviembre de 2013

Salvador de pecadores

 


Domingo XXXI (C) del tiempo ordinario

Lc 19,1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: ‘Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa’. 
El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: ‘Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador’. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: ‘Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más’. Jesús le contestó: ‘Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido’”.

COMENTARIO


Había muchos que querían conocer a Jesús. Entre ellos algunos de los considerados “pecadores” porque actuaban, según decían, contra el pueblo judío como, por ejemplo, los publicanos. Tal era el caso de Zaqueo que también quería conocer a Jesús.

Aquel hombre quería salvarse porque comprendía que se había comportado de forma no correcta con muchas personas. Busca a Jesús porque sabe que con Él llegaba la salvación a toda su casa.

Mientras eso pasa hay muchos que murmuran acerca de lo que hace Jesús. Ellos se creían muy especiales porque no pensaban que un pecador pudiera salvarse. Sin embargo Jesús había venido, precisamente, para eso. Ellos, muy a pesar de lo que veían y habían visto no comprendieron nada de nada y seguían aferrados a sus cosas.


JESÚS, a pesar de que muchos no creían en lo que hacías y te perseguían, precisamente, por hacerlo, Tú sabías que seguías un plan trazado por Dios. Ayúdanos a creer en Ti y en Quien eres.



Eleuterio Fernández Guzmán


2 de noviembre de 2013


Santos y Difuntos

ELEUTERIO






Los días 1 y 2 de noviembre son muy especiales para un cristiano y, en concreto, para un católico.  

Apartadas de nuestra mente y, sobre todo, de alguna que otra práctica, barbaridades como Hallowenn que atentan directamente, por demoníacas, contra la fe católica, la verdad es que recordar lo que traemos a nuestro día los dos primeros días del undécimo mes del año, estamos más que seguros que nos ha de hacer muy bien.

Cada año, cuando llega la fecha del 1 de noviembre, vienen, a nuestra memoria, la vida y hechos de aquellas personas que, por su comportamiento y cumplimiento de la Palabra de Dios son un ejemplo para el esto de cristianos.

Es cierto que, a lo largo del año celebramos a muchos santos, pero la Iglesia entiende que es importante dedicarles un día para que, al menos, tales 24 horas, sirvan para tener una conciencia, en conjunto, de aquellas personas que son, además, muy amadas por Dios.

De aquí que el Beato Juan Pablo II, en la Homilía que sobre esta festividad de Todos los Santos del año 1997, dijera que “Durante todo el año celebramos la fiesta de muchos santos famosos. Pero la Iglesia ha querido recordar que en el cielo hay innumerables santos que no cabrían en el calendario”.

Sin embargo, no deberíamos creer que el 1 de noviembre es, exclusivamente, para que no olvidemos a los Santos. Va mucho más allá porque va dirigida, tal fecha, a recordarnos la vocación a la santidad que cada persona creyente tiene.

¿Quién es, qué es, ser santo?

De muchas maneras se puede definir la palabra “Santo”. Por ejemplo, es santa aquella persona que ha amado a Dios sobre todas las cosas, cumpliendo, así, su voluntad. Por eso, no sólo lo son las personas que están en los altares porque a nosotros también nos es dado amar al Padre y podemos llamarnos, así, santos.

Por tanto, por la forma del amor, a nadie le está vedado ser santo sino, al contrario, favorecida tal posibilidad porque depende de nuestra voluntad cumplir tal mandamiento divino.

Así, sabemos cómo se puede ser santo y, entonces, quién puede serlo.

Por eso, ante la situación de la fe por la que pasa nuestra sociedad, bien podemos exclamar, con San Josemaría, lo que éste dice en el nº 301 de su libro “Camino”: “Un secreto. —Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos.  —Dios quiere un puñado de hombres “suyos” en cada actividad humana. —Después… “pax Christi in regno Christi” —la paz de Cristo en el reino de Cristo”.

Por su parte, el emérito Papa Benedicto XVI, al referirse al día de Todos los Santos, en 2007, dijo que el cristiano “ya es santo, pues el Bautismo le une a Jesús y a su misterio pascual, pero al mismo tiempo tiene que llegar a ser santo, conformándose con Él cada vez más íntimamente”. Entonces “A veces se piensa que la santidad es un privilegio reservado a unos pocos elegidos. En realidad, ¡llegar a ser santo es la tarea de cada cristiano, es más podríamos decir, de cada hombre!”

Realidad de Cristo es que los hijos de Dios formamos parte del Cuerpo de Aquel (imagen, ésta, dotada de mucha fuerza, porque representa todo el depósito de la fe en la que vivimos y existimos)

Por tanto, la santidad está destinada a todos.

Santidad actual

Dice el evangelista Mateo, o recoge, una expresión de Jesucristo que centra, muy bien, la cuestión de la santidad hoy día porque supone, en realidad, un buen punto de partida: “sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48) que es, más exactamente, una parte de lo que sigue al Sermón del Monte en el que predicó acerca de las Bienaventuranzas.
Hay que ser, pues, perfectos, aunque sabemos que no es, tal realidad espiritual, nada fácil de conseguir. Por eso, vale la pena recordar lo que en el Génesis (17,1) dice Dios: “Anda en mi presencia y sé perfecto” porque, al menos, nos dice que hemos de tener presente, siempre, a Dios en nuestra vida y tal presencia la hemos de transformar en fruto para que pueda decirse de nosotros lo que San Josemaría dice y que no es otra cosa que “Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo” (número 2 de “Camino”)
Pero, para que tengamos conciencia de lo que la santidad supone, el Concilio Vaticano II, en la Constitución Lumen Gentium (11) dejó dicho que “Todos los fieles, cualesquiera que sean su estado y condición, están llamados por Dios, cada uno en su camino, a la perfección de la santidad, para lo que el mismo Padre es perfecto”. Entonces, “A todos los cristianos nos pertenece, por propia vocación, buscar el reino de Dios, tratado y ordenado según Dios los asuntos temporales” (31).
Por tanto, además, de tener a Dios en nuestras vidas, hemos de llevar a la práctica lo que el Concilio Vaticano II llama “asuntos temporales” es decir, aquellos que corresponden a nuestras vidas mientras peregrinamos por el mundo hacia el definitivo reino de Dios.
Ordenar la vida según Dios es lo que, fundamentalmente, nos acerca a la santidad, lo que nos procura el Amor del Padre y lo que, al fin  y al cabo, nos hace santos.
Vemos, pues, que todos los santos que en el cielo no son todos los santos que en el mundo hubo sino una porción de las personas a las que se les reconoció, y se reconoce, el cumplimiento de la perfección citada supra.
Y, sobre todo esto dicho, las Sagradas Escrituras dice esto tan importante:
“Sed santos para mí, porque yo, Dios, soy santo, y os he separado de las gentes para que seáis míos”, en Lev 20,26
“Pero el que guarda sus palabras, en ese la caridad de Dios es verdaderamente perfecto. En esto conocemos que estamos en Él”, en 1Jn 2,5.
“Por cuanto que en Él  nos eligió antes de la constitución del mundo para que fuésemos santos e inmaculados ante Él en caridad”, en Ef 1,4.
Por eso, porque fuimos elegidos desde la misma eternidad, merece Dios la santidad que nos reclama pero no como deuda sino como pura devoción y amor.
Pero, además de tener que ser santos ahora mismo o, al menos intentarlo, no podemos dejar de recordar a las almas que se encuentran en el Purgatorio. Por eso lo recordamos, precisamente, el 2 de noviembre.
Recordamos a las benditas almas del Purgatorio y pedimos (¡pidamos!) por ellas porque también necesitan de tales peticiones por nuestra parte, al Padre Dios. Con ello procuraremos que su tiempo (entendido esto en lo que supone el del Purgatorio) se acorte algo con relación al que les queda por purgar antes de ir al cielo.
Por eso, por ejemplo, el 2º libro de los Macabeos dice (12, 46) que “”Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados” o, también, que San Agustín contaba que su madre Santa Mónica pidió al morir que no se olvidaran “de ofrecer oraciones por mi alma”.
En realidad, tanto un día como el otro o, lo que es lo mismo, el 1 y 2 de noviembre, nos traen a la realidad (para que no lo olvidemos) que después de esta vida hay otra y que a la misma se llega según y cómo: según hayamos actuado en esta vida y como consecuencia de tal forma de ser. Es decir que tras el juicio al que seremos sometidos por el tribunal de Dios, nuestro destino será bien el Cielo, bien el Purgatorio o bien el Infierno. Y por eso recordamos que hay muchas almas de muchos hermanos nuestros que se encuentran limpiándose antes de presentarse ante Dios. Tales almas nunca, nunca, irán al Infierno pero pueden limitar su estancia en el Purgatorio en atención a los ofrecimientos que, por ellos, hacemos las personas que aún estamos peregrinando hacia el definitivo Reino de Dios.
Por eso, estos dos días son tan importantes para los fieles católicos y aunque no debemos limitar nuestra oraciones por unos y por otros (santos y purgantes) a estos dos días, está la mar de bien saber que, al menos el 1 y 2 de noviembre, están ahí puestos para que sepamos a qué atenernos.
¡Padre Misericordioso, ayúdanos a ser santos y a no pecar!

Eleuterio Fernández Guzmán

Publicado en Análisis Digital

1 de noviembre de 2013

Bienaventurados

Festividad de Todos los Santos


Mt 5,1-12a


“En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos'".


COMENTARIO


La predicación de Jesús era continua. Desde que comenzó su vida pública no cesaba de enseñar aquello que era importante para los hijos de Dios. Cuando se sentó, entonces, en aquel monte para decir lo que tenía que decir es de pensar que todos estaban muy pendientes de lo que decía.


Fue, entonces, un momento muy importante. Las palabras santas que salieron de su boca llenaban el corazón de los que le escuchaban. Y llama bienaventurados a muchos de los desplazados de la sociedad y a los que se tenía por nada importantes.


Las Bienaventuranzas son instrumentos espirituales de importancia vital para quien se considera discípulo de Cristo. Nada en ellas sobra y todo está dicho de manera que enriquece el corazón de quien las cumple.


JESÚS, cuando proclamas bienaventurados a los que sufren o a los que quieren justicia o a los que son perseguidos por ser discípulos tuyos, siembras en el corazón una semilla santa. Ayúdanos a no echar a perder tal cosecha.


Eleuterio Fernández Guzmán

31 de octubre de 2013

Hacer lo que hay que hacer



Jueves XXX del tiempo ordinario
Lc 13,31-35

“En aquel tiempo, algunos fariseos se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte’. Y Él les dijo: ‘Id a decir a ese zorro: ‘Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén’.

‘¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!’”.

COMENTARIO

Jesús manifiesta, con las palabras que dice a los fariseos, que no puede dejar de cumplir la misión para la que había sido enviado al mundo. Por eso no puede salir corriendo como si temiera a una muerte que sabe va a producirse. Eso está fuera de lugar.

Muchas veces habían matado a los profetas que Dios había suscitado entre el pueblo elegido. Eso era lo que le esperaba a Jesús. No puede hacer otra cosa y sigue predicando la Palabra de Dios para que aquellos que crean en ella y se conviertan, se salven.

A Jesús le duele mucho que la ciudad santa, Jerusalén, haga lo que hace con aquellos que Dios ha suscitado entre sus miembros para que comprendan la Verdad. Por eso el Hijo de Dios les dice que sólo cuando vuelva será admirado con Quien es.

JESÚS, algunos no quieren que te maten como van a matarte. No comprenden, sin embargo, que eres el Mesías y que debes actuar según tienes mandado por Dios. Ayúdanos a no tratar de disuadirte del cumplimiento de tu misión en nosotros.





Eleuterio Fernández Guzmán